I've battled demonds that woulnd't let me sleep.

Called to the sea but she abandoned me.

...But I won't never give up.

No, never give up.


—Hace frío, ¿por qué no estás abrigado?

Fue lo que escuchó después de abrir la puerta y quedarse un momento en silencio, atónito, al ver a cierta persona ahí.

—Madre...

No, definitivamente no era quién esperaba.

—¿Puedo pasar?

—Claro, claro...—dijo aprisa— Pero, madre, prometiste que no vendrías.

Se escuchaba molesto, sí, pero Itachi jamás había dejado de ser amable. Su madre entró e inmediatamente se abstuvo a rodearle con sus brazos como cuando era un crío.

—Traje la cena.

¿La cena?

Siendo un mundo de locos, Itachi se dejó llevar. Tomando lugar en la mesa trataron de aparentar la cena más normal de todas.

—Verduras hervidas.

—Tus favoritas.

Bien, hacerle el loco iba bien, excelente.

—Basta, ¿qué estamos haciendo? —Preguntó Mikoto soltando su bocado.

—Cenando. —Contestó él, simple, encogiéndose de hombros con falsa indiferencia.

—Y hacer que no pasa nada, ¿no?

Bueno, en la mente del muchacho sólo cruzó la idea de pensar que había sido muy bueno para ser verdad.

—¿Es preciso hablarlo ahora?

—Tú y yo nos debemos una plática, hijo.

—La tuvimos en la mañana, ¿lo olvidas?

—Eso no fue una plática...—habló viendo su plato como si su atención recayera en él.

Pero la realidad era que en el mundo de Itachi ya no había tiempo para pláticas. No sabía cómo digerir las ideas y el resto sí esperaba que él las comunicara.

—Madre, escucha; me rehúso a la idea de irme pensando que les debo alg...

—¿Es mucho pedir una plática, hijo? —Interrumpió incapaz de escuchar esas palabras.

Él suspiró cansado, volteó a su plato sólo para arrojar en él los palillos y retirarlo de su vista.

—Está bien.

—Nada de esto está bien...

—¿Y cuándo algo ha estado bien? —dijo algo desesperado—, pero claro, estás aquí porque esperas que solucione esto también, ¿no?, porque no sabes que hacer o porque vas a huir mañana o cualquier día a otro país lejos y te quieres ir sin pendientes, ¿verdad?

—Itachi...

No era ese su hijo. ¿Qué tan desahuciado se debía sentir Itachi para hablarle de esa forma?

Jamás en la historia de los jamases se había visto tal suceso. Pasaron un par de minutos en silencio hasta que se atrevió a levantar la mirada.

—Perdón, madre, estoy cansado, mañana hablamos, ¿sí?

—Espera, hijo...

La comadreja sólo detuvo su trayecto y medio giró su cabeza.

—Te quiero. Dime si necesitas algo, estaré afuera.

Y el corazón de Itachi dolió al ver la tristeza en su más cruel estado en los ojos grandes y negros de su madre, su barbilla temblando y anhelando un sólo deseo. E Itachi decidió cumplirsélo.

Se acercó a ella y la abrazó.

—Perdón, madre. Te amo también.

Porque nadie le tenía seguro si tendría alguna próxima vez.

[...]

Al primer ruido fuerte convenció a su mente de que había sido su ingrata imaginación, cruel y despiadada que venía a jugarle bromas pesadas. Sin embargo, al segundo con un quejido adjunto, decidió correr y salir de esa habitación sin mas preámbulos, sin embargo, no llegó a su destino y se quedó quieta en medio del pasillo.

Algo le había dicho que Itachi no se encontraba en condiciones óptimas para estar ahí. No sabía bien qué tenía, no habían querido darle respuestas, él no había querido explicarle, sólo sabía que se moría y él se había dado a la derrota.

¿Por qué ella permitía que estuvieran ahí entonces?, es decir, ¿no se suponía que debía velar por la salud de su hijo?

—¿Tachi?

No escuchó respuesta clara a ese tímido llamado, sólo se oía del otro lado una ahogada tos a medias. se escuchó más ruido y eso la alteró más.

—Estoy bien.—Escuchó por fin su voz, débil y pausada.

Sin percatarse, el sol afuera ya se posicionaba para comenzar un día más. Ya había amanecido y ella no había podido pegar el ojo en toda la noche. Se sorprendieron cuando la puerta recibió un llamado. Por fuera, llenando de intriga a Mikoto.

—¿Esperas a alguien, hijo?—preguntó mientras caminaba a abrir, como si le hubiera dado la orden el mísmiso rey.

No escuchó -o ignoró bastante bien- la petición de su hijo cuando le pidió que se quedara quieta y no abriera. Ella emocionada salió a recibir a los invitados.

Abrió la puerta aprisa y la primer imagen le hizo retroceder con miedo.

'Impresión...'

Se autocorrigió de inmediato. Ella había sido altruista de hueso colorado, viajaba de tribu en tribu porque tenía que demostrarle al mundo que ni todo el dinero del mundo -o de Uchiha's royalties- le harían perder la humildad. Había pasado años realizando actividades en las que dejaba en claro que, a pesar de su altísima posición en la sociedad noble, para ella no había distinción de clases. Por dios, Expansión le había dado una portada cuando anduvo en los congos de África. Incluso ella misma le compró la primer edición a los empleados del servicio doméstico de su casa.

Una reacción como esa al ver a semejante... individuo en la puerta, sólo diría lo contrario de ella.

—¿Está Itachi-san?

Al diablo los estereotipos falsos, esa voz, esa grande sonrisa y esos dientes puntiagudos estaban de miedo.

[...]

—Es que no me hiciste caso, fue eso.

—Ino, por favor...

—¡Te dije que te lo cogieras cuando podías hacerlo!, era un cuero y te aferraste a tu romanticismo cursi en lugar de dártelo.

No había sido buena idea hablar con su amiga, la que sólo pensaba en lo que podría haber entre las piernas, de sus averías amorosas.

Esto era serio, lo de Itachi lo era. Incluso más de lo que fue con Sasuke. Era mágico, bello, puro... Como si fuera su primera vez. Itachi Y ella merecían eso después de todo.

—Te quisiste dar a tu papel de mustia y mírate.

—¡Ino!, entiende; estoy enamorada.

—Ajá, ¿me pasas el esmalte rosa?

Rodó los ojos y el pobre esmalte salió volando en dirección a la cara de la Yamanaka.

—¡Oye!

Ino ya se preparaba para el contraataque cuando Sakura saltó de su lugar al recibir un mensaje.

¡Oh, pero no cualquier mensaje!

—¿Qué pasa?, ¡te pusiste pálida!, no me digas que es del hospital —se levantó de su lugar y siguió con ojos vivaces la pantalla del teléfono—, no me digas que murió el de la 49, se veía bastante mal anoche... Pero estaba guapísimo, ¿recuerdas esos labios?

—¡Cállate de una vez, puerca!

Ofendida, la rubia volteó con gracia. Encontró a una Sakura con ojos acuosos y tapándose la boca, como si fuera a salir algo en cualquier momento por ahí.

—¡Qué carácter!, por eso Itachi se fue.

Esperó una represalia o cualquier ofensa, en cambio, sus delgados brazos la rodearon y casi la tumban. Sakura no había escuchado sus palabras.

—¡Es un mensaje de Itachi!

—¡¿De Itachi?! —Preguntó sin saber qué decir.

Disculpa el medio, Sakura. Estoy Isla Miyako, lo sé, no debía hacerlo... Pero ahora sé que te quiero y necesito conmigo, por favor, acepta venir. Sé que Tsunade no tendrá problema en dejarte venir, te he comprado el vuelo, ya debió haberte llegado el correo con el boleto adjunto. Puedes usarlo cuando quieras, tiene fecha abierta. Si no lo usas y ya no quieres saber más de mí, lo entiendo perfectamente. Te quiero.

-Itachi U."

—¿A parte de zorra eres sorda?, ¡Me dice dónde está!, quiere que vaya con él... Tengo que informarle a Shisui.

—¡No, tonta!, ¿No entiendes?, quiere que vayas tú, sólo tú... Una luna de miel o algo así. —Dijo la descarada.

—¡Basta!, esto es serio, ha sido nuestra pena, Shisui merece saberlo.

El que no sabe de amores, no sabe lo que es martirio. De eso se trataba. Era su sueño personificado, y aún así, le daba los peores momentos para luego regresarle los mejores.

[...]

Había momentos en los que a Sasuke le hubiera gustado irse lejos. Desde niño manifestó esos deseos, y una vez se los confesó a su hermano. Este, seguro, le había dicho que huir jamás sería la respuesta y mucho menos la solución. Él le había creído ciegamente y permaneció de mala gana en aquel mundo donde no quería estar.

Pero resultaba ser ese hermano el que ahora había huido y todo mundo lo buscaba.

Bueno, en realidad sólo Shisui, y algo le decía que también su madre. Pero siendo sinceros, el mundo raro de Itachi era pequeño; no había espacio para muchas personas. Sasuke las podía contar con los dedos de dos manos y le quedaba en duda si ocuparía todas sus extremidades. Aún así, aún después de todo lo que la cabeza retorcida de Sasuke pudiese registrar, seguía pensando que una persona como su hermano debía tener una cantidad incontable de personas queridas en su vida.

Pero la vida era cabrona. Lo había sido con él, y con cualquiera de su desgraciada familia.

—Somos unos desgraciados, ¿nunca lo habías pensado?

Lo mismo que un árbol en tiempos de otoño desprendía sus hojas, él había dejado atrás tantas cosas. A Shisui aún le sorprendía cómo era posible que Sasuke, estando enojado a muerte con su hermano mayor, seguía buscándolo con tanto añoro, porque aún hasta ese día, había ido a preguntar por él como no queriendo y sin querer saber.

Era amor, en su más raro estado.

—Somos el reflejo de nuestra mentalidad.

—¡Já!, qué buena esa, Shisui.

Sasuke adoraba cuando la gente estaba de mal humor, porque curiosamente, eso le ponía de un excelente humor. Le causaba la gracia de un niño en un circo poder molestar a los demás, provocarles y recibir la peor de las reacciones.

Shisui estaba de mal humor, y lo que para Sasuke era una visita rápida porque iba a recoger su saco que olvidó el otro día, se convirtió en una larga charla de sofá, fumando y esperando al repartidor de pizza para cenar.

—¿No tienes otro lugar más para molestar, mocoso?

—Dígamos que esta noche este es el indicado. —Respondió con su mejor sonrisa.

—Deja de fumar aquí, si supieras que hay gente muriendo por esa porquería...—Dijo amargo, enojado con todo y sin prestarle mucha atención.

'Si supiera este idiota que su adorado hermano muere por unos pulmones como los que está pudriendo.'

—Qué dramático resultaste... O delicadito, podría decir.

Shisui ni lo volteó a ver, su primo menor y su futura patología pulmunar carecieron de importancia a un lado del semejante problema que cargaba ya.

—¿Tendrás wiskhy? —preguntó con falsa amabilidad.

—¿Te podrías ir?—respondió igual de cínico.

Las carcajadas de Sasuke sonaron por los pasillos del departamento y desde la cocina se escuchó:

—Hoy no me iré de aquí sin saber nada de Itachi.

Cuál no sería su más grande alegría que saber de aquella comadreja. Esta vez, con toda sinceridad contestó que no sabía nada. La puerta sonó y Sasuke se negó en abrir, alegando que él no era ninguna muchacha del servicio doméstico.

Abrió sin preguntar quién era y era eso la indicativa de que nada en ese mundo podía ir peor.

—¡Shisui, me ha enviado mensaje!, ¡Itachi se ha comunicado conmigo!

—¡Sakura!

—¡Está en la playa, esperándonos, él está bien!

—¡Sshh!, cállate.

Trató de taparle la boca, pero la chica estaba extasiada. Brincaba, gritaba lo mismo y se le colgaba del cuello. Probablemente Shisui estaría igual en esos momentos, de no ser por...

—Siempre supe que tú lo sabías, ustedes tienen algo que ver, ¿no?

—¡Sasuke!

Shisui, ya rendido, supo que no había vuelta atrás. El mocoso ya lo sabía.

Sasuke estaba de suerte ese día.

[...]

—Traje la comida, Itachi-san.

Aún le parecía un contraste impactante cómo una persona tan irrelevante seguía usando honoríficos en una sociedad donde saludar se convertía en un protocolo obligatorio. Quizás por eso era su amigo.

—No tengo hambre.

Mintió. No había comido desde esa mañana, pero tampoco quería informarle a su compañero que una pizza tan grasosa de dudosa procedencia no entraba en su estricta dieta y que, si lo hacía, corría el riesgo de matarlo de un paro ahí mismo. Además, no le agradaba la idea de que la piña fuera incluida como ingrediente en una pizza.

—¿Sabes?, aún me parece extraño que con tanta urgencia te hayas puesto en contacto conmigo y los demás.

—Kisame, sólo fue un correo.

—¡Cuando tenía años sin recibir noticias tuyas!

—Kisame, sólo fueron cuatro meses.

El más grande, acalambrado por el largo viaje, salió al balcón y estiró sus trabajados músculos. Respiró escandalosamente y habló:

—¡Qué excelente vista!, pero aún no me has dicho para qué me ocupas.

—Verás, Kisame, nada de lo que ves aquí es mío.

Como si fuera un idioma raro, Kisame volteó curioso.

—¿Estás de broma?, aquí está el logotipo Uchiha hasta en las toallas de baño.

—Renuncié a Uchiha Royalties.

El misterio estaba resuelto para Kisame. Sin embargo, mil dudas llegaron.

—Acabo de gastar lo último que tenía en la tarjeta en un vuelo de avión. —Le dijo con una sonrisa simple.

De repente, todo tomó un escenario confuso para Kisame. Ese de ahí no era la gran parte de Itachi que conocía. En esencia, seguía siendo el mismo, pero...

Empezó a verlo diferente.

Cuando conoció al Uchiha, Kisame y otra bola de malandros -en ese entonces- se encontraban tras la celda de una mugrosa penitenciaria. Sin lucha, sin esperanza, sin familia ni dinero, hasta que llegó esa comadreja inteligente y los sacó de esa oscuridad.

Aún cuando parecía increíble que el bastardo del líder ilegitimo de aquella banda de lavado de dinero habría mandado un abogado por su suerte y la de los demás, más increíble resultaba ser que el apellido de aquel que portaba ese elegante traje de vestir, esos zapatos de charol y esa mentalidad de los mismísimos genios reunidos, fuera un Uchiha.

De peso, reconocido hasta en los lugares desconocidos, era difícil de creer que estuviera ahí abogando por unos delincuentes. Pero lo estuvo, los sacó e incluso le vieron un par de veces por la guarida. Sí, ese lugar mugroso donde se reunían, convivían y hasta dormían ahí algunos más porque no tenían otro lugar en aquel asqueroso mundo para pasar la noche.

Hasta que llegó Itachi. Porque sí, incluso a él, siendo de los más sociables de la banda, le costó trabajo dejar de ver con cierta desconfianza al muchacho cuando rondaba por aquel lugar y pasaba horas hablando con Pain, el viejo líder. Sin duda tenían algo en común, y ver aquello de un Uchiha jamás sería común. Fue esa su primer razón para ofrecerle una segunda oportunidad (que no fue pedida) a aquel muchachito de traje.

La segunda razón, y con la que se convenció, fue cuando lo encontró una noche de lluvia por las calles de aquella abandonada vecindad. El chico iba sin su saco, apurado y empapado sosteniendo algo envuelto entre sus brazos. Con la curiosidad nata, Kisame lo siguió, sólo para presenciar cómo dejaba a un pequeño gato callejero en un lugar seguro y le entregaba un sobrecito de alimento abierto mientras lo arropaba con su saco y se marchaba de ahí.

Hoshigaki había nacido con un profundo amor por lo animales, y ver aquello sólo le garantizó que el Uchiha sería su nuevo mejor amigo. Sólo faltaba hablarle, presentarse e informarle de su nuevo rol; el de ser su mejor amigo de siempre por siempre.

Claro que al Uchiha no le agradó que se lo dijeran directamente cuando recién se presentó. Lo miró como bicho raro y se alejó rápidamente de ahí. Entonces Kisame comprendió que su nuevo amigo sería muy peculiar.

Y es que la comadreja no estaba ahí para hacer amigos, si no negocios. Akatsuki, como solían llamarse de pasillo, había andado tras las pisadas de Uchiha Royalties por meses para realizar sus tan especializados fraudes. Hasta que Itachi dio con ellos primero y, aún cuando las leyes de la lógica se negaran, logró hacer alianza con ellos.

Pero no para estafar junto con ellos. No, porque el Uchiha, inteligente como ningún otro, los investigó hasta el hueso y se sorprendió cuando supo que se trataba de una organización completa, con muchísimo potencial y, sin duda, con un brillante futuro si era verdaderamente guiada.

Todos estaban ahí por las obvias necesidades básicas, porque eran buenos en eso y porque no habían podido tener las mismas oportunidades que cualquier otra organización prestigiosa. Y claro, la moral de tamaño de hormiga de muchos bastó para crear lo que era esa maleante sociedad.

En aquel entonces Itachi Uchiha había invertido su completa confianza en ellos, gran parte de su capital y su brillante mente para lograr que Akatsuki S. A de C. V. fuera lo que se conocía hasta ese día; una de las mejores compañías de bienes y seguros.

¿Ahora qué tenía él de ellos cuando era quien se había quedado sin nada?

—Tú solo di qué tenemos que hacer, Itachi, y nos podemos en acción.

Lealtad. En su más puro estado.

—Gracias, Kisame, no estoy aquí para pedirles algo.

—¿Entonces?, ¿qué necesitas?

—Llevaremos esta organización a ser la más poderosa potencia. Contactaré a Pain, prepárense para el más grande ataque de sus vidas, tenemos muy poco tiempo.

—¿A quién hay que aniquilar?

—A Uchiha Royalties.

Aquello fue música para los oídos del Hoshigaki. No pudo evitar brincar emocionado y gritar desde el balcón lo que al mundo le esperaba.

[...]

—No entiendo por qué no veníamos aquí antes.

—Porque siempre estábamos ocupados. —contestó sin mirarla.

Ella no contestó de vuelta. Sólo se detuvo, dejando que el agua fría limpiara sus finos pies de la arena. Miró a su hijo de espaldas a unos metros cerca de ella. Le parecía tan irreal todo, le parecía una locura y lo único que quería era llorar y ver si así podría solucionar algo. Pero sabía que no sería así, no tan fácilmente.

—Hijo, ¿qué haremos?, no nos quedaremos aquí mucho tiempo, ¿no?

—No, en unos tres días nos regresamos, así que disfruta todo lo que puedas, madre.

—Me es imposible disfrutar algo ya...

Él se sentó en una roca y volteó a ella con una sonrisa en los labios, entonces habló cuando la vio a punto de llorar.

—No sabemos nunca cuánto tiempo es el que tenemos para hacerlo, así que no demores mucho en hacerlo.

Contrario a su principal objetivo, aquellas palabras le hicieron soltar un torrente de lágrimas y sollozos.

—Madre, escucha.

Pero Mikoto ya no quería escuchar más. Ya había sido suficiente. Se recriminaba a sí misma por sólo llorar cuando debía hacer más, pero es que no sabía cómo. Su muchacho cada día tenía menos vida en su rostro y ella era incapaz de digerir siquiera la idea.

—Lucharé.

Pero aquellas palabras la hicieron salir de su tormenta.

—Sí, lucharé, no puedo morir todavía.

—Itachi...—corrió a él y le abrazó como cuando era un crío. Besó su frente y no pudo evitar la risa al verle los ojos. Eran los ojos de la persona fuerte que Itachi siempre fue.

—Pero te necesito tan fuerte como siempre has sido, te toca hacerlo por tus hijos, sobre todo por Sasuke.

—Esta vez sólo serán ustedes, mi amor.

—Esta vez los tres, juntos y unidos.

—¿Eso quiere decir que...?

Él levantó la vista al cielo naranja y sonrió con nerviosismo.

—No sé, quizás hable con Sasuke de esto... Ya es un hombrecito. —Dijo para sonreírse tal y como lo caracterizaba; con las mejillas decoradas con hoyuelos y los ojos reducidos y cerrados.

Tal y como reía desde niño.

Ella pegó su frente con la de él y se permitió las últimas lágrimas que sólo su hijo merecía.

Su hijo mayor, su primogénito, su primer compañero, su eterno protector, su Itachi.

Su más fuerte guerrero.


CONTINUARÁ...


Notas de autor:

Lo sé, es corto, pero realmente qué más da; ustedes lean o no, no recibo comentarios (positivos o negativos) de su parte.

No es reproche, ni una cosa infantil, pero hace días descubrí las traffic graphs, y resulta que curiosamente en los últimos capítulos he recibido más visitas y lecturas, pero menos comentarios. En manifestación a esto y apoyo a lo/as escritores novato/as, condiciono ahora mis escrituras. Sí, me uno a esto un tanto ofendido a la cultura que se ha venido tomando.

Sin más, espero ser leído en esto, ya que quizás continúe (o no) esta historia. Pero por el momento no sé si venga después con otro capítulo o descontinuar Stars. Y si lo es; bajo aviso no hay engaño.