La residencia al fin estaba en paz, el camión de mudanza se había vaciado e ido del patio delantero, dejando marcadas las huellas de los pesados neumáticos en la tierra. Todos los muebles y cajas estaban mal distribuidos por el segundo piso, mientras que su dueña se preocupaba de sacar todo el polvo de su nueva habitación.

Sasuke ya había cumplido con su función y había acabado con la cuota de amabilidad de una semana después de haber acarreado cajas por casi una hora. Así que tomó uno de sus libros de la escuela y empezó a leer en la sala de estar junto con su segundo café de la mañana. Mientras Naruto, que ya iba atrasado a su primera clase de la semana, se daba vueltas por el segundo piso. Habitación, mochila, sala de estar, libros, cocina, cuadernos, baño, ducha, tercer piso, llaves, todo estaba por todas partes y se demoró más de 20 minutos en estar listo para salir, aunque la verdad no quería hacerlo. Cada vez que pasaba por la habitación de Hinata se detenía unos segundos o caminaba alargando el cuello para ver por la estrecha abertura de la puerta.

- - ¿Estas segura de que no quieres ayuda? – Le preguntó por última vez antes de bajar las escaleras.

- - Segura, no quiero molestarte, además, si algo es muy pesado para mi le pediré a Kiba-kun que me ayude cuando llegue – Dijo mientras se sentaba en el suelo y abría una caja, rompiendo la cinta adhesiva con sus llaves.

- - ¿Conoces a Kiba? – Preguntó intrigado

- ¡Claro! Fuimos compañeros en el club de béisbol en mi escuela, hasta que se graduó el año pasado. Nos conocemos desde pequeños.

- - Ya veo…. – Kiba era un chico que había llegado a la residencia el año pasado, él y Naruto se parecían mucho, tanto físicamente como en personalidad. Se llevaban bastante bien, siempre se quedaban bebiendo hasta tarde y hablando de la vida, pero él nunca le había hablado de su preciosa amiga de la infancia, porque si lo hubiera mencionado él lo recordaría ¿no? Realmente ya no estaba seguro de nada – Bueno, ya me voy, llegaré en la noche, nos vemos más tarde – Dijo mientras se despedía con la mano en el aire. Naruto se dirigía a las escaleras cuando sintió unos pasos detrás de él.

- - Naruto-kun, Espera – Hinata se había levantado rápidamente, saltó la caja frente a ella y con un par de zancadas llegó a la espalda de Naruto, cuando él se dio media vuelta, ella se acercó y besó suavemente la mejilla izquierda del chico – Gracias por todo, que tengas un buen día – Dijo con una inocente sonrisa en su rostro y un leve rubor en las mejillas.

Naruto quedó un poco sorprendido, sus ojos estaban más abiertos de lo normal y un rubor casi imperceptible espesaba a aparecer en sus mejillas, así que se dió la vuelta rápidamente para que Hinata no viera su reacción.

- - Claro, nos vemos – Dijo con la mano extendida en el aire y dándole la espalda a la chica – Hinata quedó un poco desconcertada. Por lo poco que conocía a Naruto, sabía que era un joven muy agradable y alegre. ¿Quizás ella no le simpatizaba del todo? o Quizás se sintió incomodo porque recordó el beso que se dieron en la facultad. Probablemente debería ser más cuidadosa con la forma en la que trataba a Naruto, no quería incomodarlo, o hacerlo sentir utilizado de nuevo, le caía muy bien y quería llevar una buena relación con sus nuevos compañeros.

- - Tendré más cuidado – Dijo antes de entrar nuevamente a su habitación.

-¿Y? ¡¿Cómo es ella?! – Preguntó eufóricamente la peli rosa, mientras se sentaba al lado de su amigo.

-¿Qué? – Naruto se sorprendió, la clase aun no comenzaba. Él estaba cómodamente sentado en una de las últimas filas del aula, con la mirada perdida pero fija en el pizarrón, mientras que una de sus manos acariciaba y sostenía su mejilla izquierda. Los alumnos empezaban a llegar a la clase y hacían ruido sordo en sus oídos. Estaba concentrado en revivir los acontecimientos de esa mañana. Pero Sakura lo liberó del hechizo con una pregunta, demasiado complicada de responder para su gusto ¿Cómo es ella? ¿Cómo es Hinata? Pues es preciosa, adorable, intrigante, es atrevida, pero un poco tímida, endemoniadamente sexy y algo manipuladora – ¡Ha! Es… normal.

-¡¿Qué tipo de respuesta es esa?! Dime algo más, ¿Es linda?

-Hem… si, es linda…

-¡¿Es más linda que yo?! ¿Qué pensó Sasuke-kun de ella?

-¿Y cómo voy a saber qué piensa de ella? ¡No leo su mente! – Naruto se arrepintió inmediatamente de lo que había dicho, cuando los ojos siempre animados de Sakura se ensombrecieron levemente – Solo la ayudó con las cajas y se fue a leer, no me dijo nada… si es linda, pero es de un estilo muy diferente al tuyo Sakura-chan.

-¿Cómo diferente? – Sus ojos volvieron a brillar por la pura curiosidad.

-Pues diferente… es un poco tímida, quizás más reservada. Aunque no me guste admitirlo, creo que se parece un poco a Neji…

- ¿Aunque no te guste admitirlo? ¿Qué quieres decir? – Sakura acercó su cara a la de Naruto, para mirar sus ojos de cerca – No me digas que….

¡Atrapado!

- Todos sentados – Dijo el profesor desde la puerta, imponiendo el orden a todos los alumnos en el salón.

…...

Naruto trabajaba en el taller industrial como ayudante para los alumnos de primer año, con el dinero se pagaba parte de la carrera y sus materiales para los talleres de infraestructura. Así que se quedaba trabajando hasta que oscurecía tres días en la semana y debía ir a eventos especiales que tocaran los fines de semana. A pesar de que su carrera no lo tenía muy cautivado, el taller le gustaba, conocía todas las maquinarias y se sentía útil al ayudar a los nuevos estudiantes, creía que había encontrado un buen lugar donde sentirse cómodo.

- - ¡Naruto! – Escuchó de repente, abriendo los ojos y casi cayendo de su silla - ¡¿Qué crees que haces idiota?! – Gritó Iruka, quitándole un pedazo de madera de las manos y de paso, apagando la cierra de mesa.

- - Iruka-sensei, Gomen.

Naruto había estado trabajando en modo zombie toda la tarde, ni si quiera sabía si realmente había estado pensando en Hinata o en otra cosa. Literalmente se le estaba fundiendo el cerebro y no tenía una razón de peso para estar así. Necesitaba ponerse en orden o alguien acabaría perdiendo una mano.

- - Te contraté para que ayudaras a que los de primero no se cortaran las manos, ¿Por qué ahora tengo que evitar que tú no lo hagas?

- - De verdad lo siento – Dijo mientras se levantaba las gafas de protección alborotando sus cabellos - Te juro que no sé qué me pasa hoy.

Iruka lo miró preocupado, no por nada Naruto era su alumno preferido, era uno de los chicos más revoltosos que había pasado por su salón, pero también uno de los más inspiradores. Naruto era un genio con las herramientas del taller, aun cuando algunas de ellas no las había usado antes de llegar a la Universidad, se esforzaba practicando y aprendía rápido. Quizás no era el mejor en las asignaturas de estudio, de hecho, siempre era el peor de todos, pero en el taller personal, siempre salía con temas interesantes. Esto hizo que Iruka se interesara cada vez más en él, hasta que una noche de clases, cuando ya estaba por cerrar el taller de máquinas y vió a Naruto sentado en un rincón, con una pequeña ampolleta iluminando su trabajo, concentrado 100% en su labor, cuidando los detalles y barriendo con sus manos cada pequeña viruta de madera que quedaba impregnada en su trabajo. Iruka decidió quedarse. Mirando, observando, estudiando al pequeño muchacho que no se había dado cuenta de que todos los demás se habían ido hace horas y que su maestro lo examinaba detenidamente desde lejos. Observaba su sutil sonrisa, una muy distinta a la que veía todas las mañanas en clases cuando charlaba y bromeaba con sus amigos, no, ésta sonrisa era diminuta, casi imperceptible e inconsciente, era esa sonrisa que pones cuando amas lo que estás haciendo, cuando pones hasta el último gramo de tu ser en una pieza, tan personal y única que terminas dándole una parte de tu ser a ese objeto inanimado, que termina teniendo vida y sentimientos solo para ti.

Iruka terminó recordando sus años en la escuela, reviviendo cada momento con impresionante lucidez. La primera vez que entró a ese mismo taller como estudiante, la confusión, el miedo y la satisfacción de aprender lo que creías imposible. Así fue como se dió cuenta de que deseaba ser profesor. Y ahí mismo donde estaba sentado, en las penumbras de su taller, supo que aún le faltaban toda una vida de nuevos conocimientos y emociones inexploradas.

De repente, al dar un vistazo por la diminuta ventanilla del taller, pudo ver como todas las luces del edificio estaban apagadas, dio un vistazo rápido a su reloj y no cupo en su sorpresa. Las 02:38, él había retrocedido en el tiempo, pero este siguió corriendo constante. El sobresalto que le dió por la sorpresa, hizo que se levantará de la silla alta en donde estaba sentado, tropezándose con las patas de esta y haciéndola caer, el metálico sonido inundó la sala y llegó a los oídos de Naruto que se encontraba sentado en exactamente el mismo lugar. Se sacó los audífonos y miró a su profesor.

- - Iruka-sensei, ¿Qué hora es? – Preguntó desorientado. Iruka simplemente lo miró y se empezó a reír solo.

- - Jajajajajajajajaja, son las 02:40 – Dijo sin parar de reírse.

- - ¿¡QUEEEEEEEE!? – Naruto se levantó sorprendido, de la misma forma que hizo su profesor, golpeando la mesa con sus rodillas haciendo que su trabajo tambaleara, Naruto se agachó y con sus dos manos sostuvo su obra para que no le pasara nada. Miró a su sensei y simplemente dijo – Creo que me pasé – Con una amplia sonrisa.

- - ¿¡Tú crees!? Jajajajajajaja – Soltó sin más, con una carcajada más entusiasta que la anterior, hasta que sus ojos lagrimearon de tanta risa. Cuando al fin pudo parar, Naruto lo miraba con la cabeza levemente ladeada, como si preguntara, ¿Por qué te ríes tanto? A lo que Iruka solo pudo responder – Te lo cuento con una cerveza, vamos al bar de la esquina, debe seguir abierto.

- - ¡Claro!

Desde entonces Naruto e Iruka-sensei fueron confidentes, su relación llegó más allá de ser solo alumno y maestro. Se reunían una vez a la semana para ir al Bar después de clases, o a cenar al puesto de ramen que estaba cerca de la facultad. Su confianza era total y absoluta, tanto que en la temporada de exámenes finales del primer año de estudios de Naruto, necesitaba quedarse toda la noche usando las maquinas del taller para terminar su entrega final. Iruka sin pensarlo le dió las llaves del taller a su alumno, con la condición de que el próximo año sería el nuevo ayudante del taller, ya que el actual se graduaría. Así fue como Naruto consiguió su trabajo.

- - No es bueno que trabajes si tienes cosas en la cabeza que te distraen, ¿Por qué no te tomas el resto del día libre? – Le dijo con el semblante más tranquilo y con tono conciliador.

- - Tal vez no es tan mala idea – Naruto se levantó de su asiento, tomó su mochila del costado de la mesa, se la puso en el hombro y caminó a la salida.

- - ¡Hablemos de esto con una cerveza la próxima vez!

- - ¡Claro! – Respondió con una sonrisa un poco forzada. Cosa que Iruka reconoció al instante.

Naruto salió de la facultad con la mirada fija en el cielo aun azul, pensó que estar en el taller sería bueno, que le ayudaría a distraerse, para no pensar en lo que pasaba en su casa, pero no fué así. Resultó peor, casi pierde una mano, ¿Qué mierda pasaba con él? Nunca había estado tan distraído. Cuando terminó con Shión lo peor que le había pasado fué que casi perdió un dedo, pero el meñique, así que no hubiera sido tan malo… Pensó en volver temprano a casa, pero era obvio que eso no ayudaría, si volvía ahora terminaría ayudando a Hinata a organizar sus cosas y pasaría toda la tarde con ella, eso no lo ayudaría en nada a superar los eventos, necesitaba mantenerse alejado, al menos por una tarde. Poner sus pensamientos en orden y crear un plan de acción para no ser expulsado de la pensión ni perder la cabeza en ese tortuoso año que se le venía encima. Así pues, Naruto se puso en marcha, comer en Ramen Ishiraku siempre lo hacía sentir mejor, y después de eso, bueno, ya vería en donde se escondería.

Mientras tanto, en la pensión una peli rosa se debatía internamente en si debía entrar o si debía irse por donde había llegado. Por un lado estaba terriblemente curiosa de saber cómo era la nueva chica del grupo, por mucho que se había quejado de ser la única mujer, la verdad era que le agradaba ser el único centro de atención femenino ante los ojos de Sasuke, aunque fuera solo dentro de la casa. Aunque esto no significaba poco, ya que Sasuke no salía mucho, a parte de las clases y algunos viajes a la biblioteca municipal, él no salía a fiestas fuera de las de la pensión, y ahí Sakura podía tener pleno control de las chicas se le insinuaban. No estaba muy orgullosa de ello, pero más de una vez había tenido que espantar a chicas, en su opinión, demasiado atractivas para estar ahí. Como lady de la casa tenía algunos derechos, decía siempre en broma en las reuniones con los chicos, todos aceptaban su pequeña y virtual coronación, así que nadie se quejaba si Sakura siempre terminaba siendo la chica más hermosa de la fiesta. La única que tenía ciertos privilegios era Ino, la amiga de la infancia y compañera de clase de Sakura. Por razones obvias, Ino también iba a las fiestas de la pensión, aunque no pasaba tanto tiempo en la casa como Sakura. Además era una de las únicas chicas que no dejaba que Sakura la opacara y eso merecía respeto.

Y por otro lado, se daba cuenta de que el puesto de Lady le había sido arrebatado brutalmente, por mucho que se pasara varios días a la semana en esa casa, ella no vivía ahí. Y si resultaba que Hinata era más hermosa que ella, más agradable o más inteligente, Sasuke podría preferirla antes que a ella misma. Despues de todo, por mucho que lo conociera hace varios meses, Sasuke aún no había demostrado mayor interés. Aunque la llevaba a su casa cuando era tarde, esa no era una razón contundente para pensar que tenía segundas intenciones, Naruto también la llevaba a veces. Se sentía un poco resignada, pero definitivamente no se rendiría tan fácilmente. Por eso tenía que saber todo de la nueva chica, que le estaba robando el lugar que tanto tiempo le había costado hacerse. Ya decidida, puso la llave en la cerradura, y en cuanto la giró, la puerta se abrió sin siquiera haberla empujado. Una linda chica de cabello obscuro estaba del otro. ¡Tenía que ser ella! ¡No había duda!

- - ¡Hola Hinata! es un placer conocerte, soy Sakura Haruno – La peli rosa extendió la mano a la nueva inquilina, con la mejor sonrisa que pudo poner, a pesar de los sentimientos que se debatían en su interior.

Hinata se sorprendió al encontrarse con alguien al otro lado de la puerta, llevaba un par de bolsas de basura en su mano izquierda, de cosas que no sabía cómo habían llegado a sus cajas. Era un buen momento para deshacerse de lo inservible. Cuando abrió la puerta se encontró con una despampanante chica de pelo rosa frente a ella, le pareció que su cara estaba un poco sonrojada, pero tenía una perfecta sonrisa.

- - Mucho gusto Sakura-san – Dijo mientras abría la puerta hasta su tope, quedando las llaves de Sakura incrustadas en la cerradura y dándole la mano que la chica le ofrecía - ¿También vives aquí? – Preguntó con una leve inclinación de cabeza.

- - ¿He? No, que va, solo vengo muy seguido, por eso tengo una llave – Dijo señalando las llaves que habían quedado fuera de su alcance - soy amiga de los chicos. Pero bueno, no seré la única intrusa que veas por aquí, te lo aseguro.

- - ¿Intrusos?

- - Te lo explicaré todo, ¡pero primero vamos de compras! – Dijo mientras agarraba a Hinata del brazo y la arrastraba hacia afuera.

- - Eto… Claro, ¿Qué necesitas? – Hinata dejó las bolsas de basura a un lado de la puerta y se volteó para sacar las llaves de Sakura y entregárselas en las manos.

- - ¡Necesitamos! Esta noche es tu fiesta de bienvenida y soy la encargada de las guarniciones, y es mucho para mi sola.

- - Puedo acompañarlas si quieren – Se ofreció Sasuke, que había presenciado el encuentro de las dos madonas de la casa, se levantó del sillón para tomar las llaves que estaban sobre la mesita de café.

- - ¡No! – Sasuke se detuvo en seco al escuchar la negativa de Sakura – He… esto, quiero decir, gracias Sasuke-kun, pero quiero una charla de chicas con Hinata.

- - Ha… soo – Dijo mientras volvía a sentarse.

- - Entonces, ¿Nos vamos, Hinata?