Toneri alzó su vista por sobre las páginas del libro que había estado leyendo atentamente, pero una extraña sensación lo hizo interrumpir sus estudios, no fue una voz, ni un aroma, ni tampoco una rápida visión, solo un presentimiento. Observó atentamente los alrededores del campus y vio una gran cantidad de alumnos paseando o descansando perezosamente por los jardines, a otros desplazándose de un salón a otro, para tomar su siguiente clase y a algunos estudiantes de instituto que se movían en grupos por los edificios. Por primera vez se daba cuenta de la presencia de alumnos externos a la universidad, e inmediatamente reconoció el uniforme de su ex escuela en uno de los grupos. Observó atentamente a cada uno de los diez estudiantes, pero su búsqueda no dio frutos, ella no estaba ahí.
Hace un par de días los profesores habían estado preguntándoles a los mejores estudiantes si querrían ser tutores en una visita guiada para algunas escuelas que vendrían a visitar el campus, pero había olvidado que ese día era hoy. Sin embargo al ver pasar a otro grupo de chicos con el mismo uniforme, se arrepintió enormemente. Que tantos chicos y chicas de su escuela estuvieran deambulando por el campus significaba que ella también estaba allí, entre alguno de esos juveniles grupos que hablaban y reían entre ellos. ¿Por qué ella no estaba ahí? ¿Lo habría visto? ¿Se estaría escondiendo de él? Si fuera así, no podría culparla.
De sus compañeros de Universidad, nadie sospecharía que su mente se había alterado de un segundo a otro, pero si supieran lo personalmente involucrado que estaba con una de esas escolares, adivinarían el porqué de esa mirada analítica y el hecho de que su libro descansaba inmóvil sobre su regazo.
Entre las risas y conversaciones de sus amigos, él ignorante de todo solo podía pensar en un escenario hipotético en donde volvía a verla, paseando por los jardines de la Universidad, ¿Podría mantener la compostura? ¿La ignoraría simplemente? Después de todo no se sentía con el derecho de inmiscuirse en su vida de nuevo, no después de cómo había pasado de ella. Pero la verdad es que los días en los que esa chica no se le pasaba por la cabeza eran una rareza, más de una vez se había imaginado verla por la calle entre la multitud y apresuradamente se abría paso para confirmar sus sospechas, pero siempre había sido una falsa alarma, nunca era ella, ni una sola vez. Hasta que ese día llegó, un día, saliendo de una de sus clases más densas de su primer año de Astronomía.
- - Toneri-kun – Lo llamó sonriente una de sus compañeras de clase - ¿Vas a la biblioteca hoy?
- - Si – Respondió secamente, él siempre iba a la biblioteca después de su última clase para repasar los contenidos y buscar información adicional, le gustaba esa sensación de tranquilidad, pero lo apacible del lugar en ocasiones era interrumpido por chicas que lo seguían, simplemente pasa observarlo o para preguntarle cosas sin sentido.
Él de cierta manera ya estaba acostumbrado, desde el instituto se había vuelto un joven bastante popular con el sexo opuesto, pero siempre había sorteado a sus admiradoras con mucha gracia y estilo. No es que no le gustaran las mujeres, todo lo contrario, se enorgullecía de su popularidad de una manera muy discreta, pero para tener una relación con una chica, él buscaba algo más que una cara bonita y debido a su éxito con las mujeres, sus compañeros de clase empezaron a sentir envidia de él y poco a poco lo fueron dejando de lado. La verdad se sentía un poco solo. Por eso, había decidido que cuando entrara a la Universidad, esa vida de solitario desaparecería, tendría amigos y novias que borraran de una vez esa soledad que sentía y que no lo dejaba vivir en paz.
Toneri deseaba con todo su corazón ser parte de algo más grande, buscaba una unidad, un grupo irrompible, una comunidad, una familia. Desde muy temprana edad, se le enseñó a ser independiente. Sus padres fueron unidos en un matrimonio arreglado, tradición familiar que se cumplía desde antiguas generaciones, para mantener el estatus de la familia intacto, pero ellos nunca se amaron, la familia Otsuzuki no era más que un espectáculo de puertas afuera. Se hablaban, pero no se escuchaban, sonreían, pero no reían juntos, se contaban su día, pero no ponían atención, se besaban en público, pero no se tomaban de las manos, tenían relaciones, pero solo para procrear. Nadie puede vivir así por mucho tiempo, no en estos tiempos al menos. Ambos se enamoraron de otras personas, aunque muchas veces intentaron hacer de esa pantomima algo real, pero no pudieron más. Cuando su único hijo cumplió los quince años y tuvo edad suficiente para aprender a vivir por sí solo, sus padres decidieron que ya habían cumplido con su deber. Comenzando con los trámites de divorcio que tanto habían esperado.
Sus familias se habían unido, habían procreado y las compañías familiares se habían fusionado, todo estaba en orden en el mundo para ellos. Sin embargo su felicidad individual representó un enorme trauma emocional para su hijo, quien para no desagradar a sus padres, no dijo nada de lo que sentía, ni deseaba.
El padre y la madre se divorciaron, dejando la casa familiar en manos de su único hijo, con una generosa cuenta de gastos y llamadas de larga distancia para con sus progenitores dos veces por semana. Ellos se establecieron con sus nuevas parejas y se veían muy felices, así que él no dijo nada. A pesar de que no vivían juntos, ellos viajaban para visitarlo todos los meses, y él también viajaba a verlos con frecuencia, así que él no dijo nada. Con el tiempo las visitas fueron menos frecuentes, y las llamadas más cortas, excepto aquellas que tenían que ver con esa malsana tradición familiar. El compromiso arreglado. Sí, eso no cambiaría nunca, ¿Acaso no les importaba la mala experiencia que habían vivido con su propio matrimonio? Pensaba Toneri, que una vez más, no dijo nada para contradecir a sus padres.
- Es una familia muy prestigiosa en Japón – Escuchó la voz de su padre desde los parlantes del celular – Su nombre es Hyuuga y están muy interiorizados en la industria Textil, son una magnifica y tradicional familia que cumple con nuestros mismos ideales y actualmente tienen a dos preciosas hijas en edad de comprometerse y a un joven muy prometedor que estudia en la misma Universidad a la que irás. Me comuniqué con ellos la semana pasada y te han invitado a su casa para este domingo, asegúrate de asistir arreglado y compórtate como un caballero.
- - Está bien padre, iré – Dijo sin rastro de resentimiento en su voz, pero al colgar su estómago se revolvió y un gruñido de ira le subió por la garganta.
No se sentía preparado para dar ese paso, era muy pronto, no había pasado más de un año desde el divorcio de sus padres ¿Y ya estaban pensando en comprometerlo? La rabia y los nervios se mezclaron en su interior generando la sensación de una bomba que estallaría en cualquier momento, solo esperaba poder controlarse el día de la entrevista con la familia Hyuuga. Por mucho que quisiera dar rienda suelta a sus emociones, no quería decepcionar a sus padres.
Y tal como prometió, ese domingo el joven se presentó en la mansión Hyuuga con traje formal y un regalo para el hombre de la casa en sus manos. Al llamar al timbre, una mujer salió a su encuentro en tan solo unos segundos, se presentó como la ama de llaves y lo condujo por los antiguos pasillos de madera, hasta una acogedora sala tradicional con vista al jardín de incomparable estilo japonés. Esa casa era muy distinta a la suya, que era mucho más moderna, con paredes de cristal y sobrio jardín. Dicen que las casas son un fiel reflejo de las personas que viven en ellas y era de esperar que ésta familia, fuera muy distinta a los pedazos que quedaban de la suya. En pocos minutos el dueño de esa inmensa casa apareció por la puerta corredera.
- -Soy Hiashi Hyuuga, la cabeza de la familia – Se presentó sin moverse de la puerta. Las presentaciones estaban de más para Toneri, él sabía perfectamente quien era ese hombre de imponente figura y certero desplante, no se va a la batalla sin primero conocer a tu oponente, pensaba él calculadoramente. El joven de apenas 16 años se levantó de su asiento para hacer una pequeña reverencia ante el hombre que tenía en frente, demostrando su respeto.
- - Soy Toneri Otsutsuki, es un placer conocerlo Hiashi-sama – Dijo solemnemente.
Toneri demostró clase y madurez en la conversación con el cabeza de familia, su discreción y buen hablar complació a Hiashi, era justo como lo había descrito el padre del chico por teléfono. Quedó gratamente impresionado aunque su rostro siempre serio no daba a Toneri ningún ápice de esperanza de estar dejando una buena impresión. Pero más que preocuparse por sí mismo, el joven estaba más interesado en observar el rostro de ese imponente hombre, que poseía unos ojos casi iguales a los suyos. Su padre no le había dicho nada sobre estar relacionados sanguíneamente con la familia Hyuuga. Pero no quiso preguntar nada, para no parecer ignorante frente a su posible futuro suegro.
Después de media hora de conversación en donde el tema principal habían sido las tradiciones familiares y la importancia de mantenerlas en el tiempo, lo que a Toneri le pareció más un mal chiste que otra cosa, un joven apareció por la misma puerta de antes. Era alto y de porte distinguido, una réplica exacta, pero más joven, del cabeza de familia. Toneri lo identifico como el hijo mayor.
- - Este es mi sobrino Neji, es mi mano derecha y futuro líder de la empresa familiar – Lo presentó Hiashi sin levantarse de su asiento. Neji se sentó a su lado e inclinó levemente la cabeza ante el invitado.
- - Un placer – En toda la conversación, Neji no abría la boca más que para contestar con monosílabos a las afirmaciones que Hiashi asía, miraba a Toneri con desconfianza y aires de superioridad y lo analizaba con detenimiento con esos ojos que tanto se repetían en esa habitación.
Toneri empezaba a sentirse incomodo en ese lugar, aunque mentiría si dijera que no lo había estado desde el momento que cruzó el umbral de la puerta principal. Ese chico era tan serio y formal, que empezó a entrarle el pánico de que las hijas de Hiashi fueran de la misma clase, la historia de sus padres pasó por su cabeza en un instante y sus manos empezaron a sudar frío, ¿Podría vivir con una mujer de esa clase? ¿Se repetiría la historia? ¿Estaba dispuesto a vivir en la infelicidad solo para agradar a sus padres?
- Ya puedes llamar a las chicas Neji – Dijo el hombre mayor, sentenciando el momento más esperado de esa tarde- Neji respondió con un movimiento de cabeza y salió del cuarto – Mi hija mayor Hinata tiene 15 años y se trasladará a tu escuela el año que viene y mi hija menor Hanabi tiene 10 años, ambas tienen un futuro muy prometedor, espero que puedas llevarte bien con ellas.
- - Si señor – Respondió inclinándose una vez más. En pocos minutos la puerta se abrió nuevamente, la primera en aparecer fue a quien reconoció como Hanabi, una linda chica de cabello castaño largo y piel clara, iba muy bien arreglada con el cabello amarrado, sujetado por una horquilla de flores rojas y usaba un kimono color anaranjado. Igual como lo hizo su primo, se sentó al lado de su padre y posteriormente se inclinó en una reverencia, se sentó derecha y solo miró al joven frente a ella. La siguiente en aparecer fue la hija mayor, de porte distinguido, cabello también largo pero más obscuro, lo llevaba suelto y sin adornos, tenía la piel más pálida que su hermana, ella también usaba kimono de color lavanda en degradé de la más alta calidad, como podría esperarse de una familia que se dedicaba a las obras textiles.
La segunda hermana hizo lo mismo, se sentó al lado de su hermana menor y reverenció ante él, pero al levantar su rostro le dedicó una amable sonrisa, que Toneri no pudo evitar devolver.
Neji, quién siguió a Hinata, se volvió a sentar, esta vez al lado del invitado, como para asegurarse de que no hiciera nada impropio, pero una vez más, no era más que una sensación.
La presencia de las jóvenes apaciguó un poco el ambiente, pudieron relajarse un poco más y algunas risas aparecieron en la conversación. Toneri se sintió mucho más cómodo, las dos chicas parecían ser muy agradables y sus miedos se disiparon rápidamente. Aún no estaba de acuerdo con la idea del matrimonio arreglado, pero prefirió olvidarse de eso solo por esa vez.
El ama de llaves que lo recibió en la entrada, apareció junto con dos mujeres jóvenes para servirles la cena, un delicioso sushi que solo preparaban en ocasiones especiales. Toneri observó con interés la elegante forma de servirse de las hermanas, que no titubeaban al hacer exactamente los mismos movimientos, como si de nado sincronizado se tratara, se notaba que estaban instruidas en las maneras más clásicas de modales japoneses y para alguien que había sido criado a un estilo tan occidental, eso era muy atrayente.
Quedó embelesado especialmente al momento de ver cómo la hermana mayor servía el té verde con elegantes movimientos de muñeca, donde dejaba ver la blanquecina piel de su brazo interno al entregar los tazones de greda a cada uno de los presentes. El invitado fue el primero en recibir el té, ajeno a ese tipo de ceremonias en su vida cotidiana, no pudo esperar a que le pusieran la taza en frente y se aproximó para recibirla de las manos de Hinata. Esto se salía del protocolo, pero graciosamente la chica aproximo su otra mano a la taza, guiando la mano del chico para que el té descansara en la mesa antes de ser bebido. Hinata lo miró a los ojos solo por un segundo y le dio una cálida sonrisa para decirle que todo estaba bien. Y la ceremonia continuo sin problemas.
Esa noche Toneri se fué a su casa gratamente sorprendido por los sucesos de ese día, sinceramente nunca pensó que las cosas pudieran salir tan bien al conocer a la familia Hyuuga y eso hizo que al hablar con su padre esa noche, no tuviera que fingir estar de acuerdo con él. Al colgar el chico no hacia otra cosa más que mirar con detenimiento su mano derecha, tratando de recordar el amable y dulce tacto de las manos de la Hyuuga.
Cuando el año escolar comenzó nuevamente el joven estaba expectante, no había vuelto a ver a ninguna de las hermanas Hyuuga desde la presentación formal y tampoco había recibido otra invitación a la mansión. Quizás no había conseguido impresionar a Hiashi como era debido y habían pasado de él y su padre tampoco le había dado ninguna pista sobre la situación. Así que ese primer día de escuela Toneri estaba especialmente interesado en encontrar a la mayor de las hermanas.
….
- - ¿Te pasa algo? – Le preguntó un joven de blanca tez y cabello obscuro que se había plantado ante él hace algunos minutos, pero Toneri ni siquiera se había dado cuenta de que la luz del sol ya no le llegaba como antes.
- - Itachi – Dijo entrecerrando los ojos para ver el rostro del chico a contra luz – No me pasa nada ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el trabajo? – Por toda respuesta Itachi levantó su mano, en la que sostenía un tuvo negro con un listón azul decorativo – Al fin me dieron mi certificación, tardaron años en dármela - Respondió sentándose al lado de Toneri.
- - Felicidades - Dijo sin demasiada exaltación y volviendo a encontrar el párrafo en el que había quedado hace un rato.
- - Gracias - Respondió con el mismo tono. Toneri e Itachi se habían conocido ese mismo año en una conferencia introductoria sobre constelaciones, ellos nunca antes se habían visto, Itachi era varios años mayor que Toneri y estaba finalizando sus estudios en psicología, pero coincidieron en sentarse uno al lado del otro en una conferencia que para el chico más joven, tenía mucho significado científico, pero para el mayor, representaba el lado más romántico dentro de sus últimos temas de investigación. Ambos discutieron sus puntos de vista luego de la conferencia por horas, pero no pudieron llegar a un acuerdo, Toneri no podía entender que la posición de las estrellas no representara más que romanticismo para su compañero, así que cuando se encontraban en el campus siempre terminaban hablando de lo mismo, hasta que ese tema fue olvidado y empezaron a tener una relación de amistad, si es que así podía llamarse.
- - ¡Sakura, Hola! – Dijo de repente Itachi, llamando a la chica peli rosa que pasaba frente a ellos sin darse cuenta de su presencia. Cuando ella escuchó a esa voz familiar, detuvo su camino para saludar a los chicos con una gran sonrisa.
- - Itachi-san, ¡buenas tardes! – Sakura había visto a Itachi en la residencia un par de veces, el guapo hermano mayor de Sasuke algunas veces trataba de colarse en la casa cuando las fiestas se volvían algo locas, porqué así Sasuke estaba preocupado de cosas más importantes que de echarlo de su habitación. La verdad es que Itachi no estaba interesado en las fiestas, él ya se había graduado de la universidad y se encontraba sacando un master en psicología, la única razón por la que iba a la residencia era para ver cómo estaba Sasuke. Su hermanito menor era una de sus preocupaciones más importantes y eso a Sasuke no le hacía ninguna gracia, él ya había crecido y se sentía completamente capaz de cuidarse a sí mismo, por eso había dejado el departamento de su hermano mayor al entrar a la Universidad. Cuando Naruto le comentó que en su nueva residencia estaban buscando inquilinos, no lo dudó ni un solo momento, se mudó al día siguiente y pagó varios meses por adelantado con los ahorros que tenía guardados. Pero ni con eso se libraba de Itachi.
- - ¿Vas a clases? – Preguntó con una sonrisa. Su actitud cambiaba cuando veía a Sakura.
- - Sí, es mi última clase de hoy
- - Qué bien ¿Cómo está Sasuke? ¿Te ha tratado bien? - Ante tal pregunta, Sakura enrojeció levemente y abrazó los libros que tenía en sus brazos con fuerza.
- - Sí, Sasuke-kun siempre se porta bien conmigo – Dijo mientras recordaba el agridulce incidente de esa mañana.
- - Me alegra oír eso.
Mientras los dos chicos hablaban, Toneri trató de concentrarse en su lectura, pero la verdad es que hace varios minutos que no había logrado pasar de página y parecía que no podría leer más, porque repentinamente sintió la mano de Itachi en su hombro.
- - Sakura, este es mi amigo To….
- - ¡SAKURA-CHAAAAAA! – Pero Itachi fue interrumpido por un grito a la distancia que llamó la atención de todas las personas a su alrededor. Sakura miró en la dirección de donde venía la voz, pero ya sabía perfectamente de quién se trataba. Naruto venía corriendo lo más rápido que podía dando largas zancadas en su overol de trabajo. En cuestión de diez segundos, ya estaba al lado de Sakura con la respiración entrecortada por la larga carrera.
- - Sa…ku…ra-chan – Pronunció jadeante y con las manos en sus rodillas.
- - ¿Qué te pasa ahora Naruto? – Preguntó la chica olvidando un poco la timidez que tenía hace unos momentos por estar hablando con el hermano mayor de Sasuke.
- - Necesito que me prestes tu casco – Dijo Irguiéndose al fin y con la respiración un poco más normalizada.
- - Hem… claro, está en mi casillero, acompáñame a buscarlo. Pero rápido, no voy a volver a perder la clase de Tsunade-sensei por tu culpa.
- - ¡Claro! – Dijo con una sonrisa zorruna.
- - Lo siento Itachi-san, nos vemos pronto – Se despidió rápidamente la peli rosa. Y solo hasta ese momento el despistado de Naruto se dio cuenta de que no estaban solos.
- - ¡Oh! Hola Itachi, lo siento, hay prisa, nos vemos luego – Itachi le respondió al chico despidiéndose con una de sus manos en el aire a lo que Naruto respondió de la misma manera, dándose cuenta de que había un peculiar chico sentado al lado de Itachi, solo lo miró por unos segundos, pero podría jurar que lo estaba viendo con una expresión realmente agresiva. A Naruto eso lo desconcertó y también le molestó un poco, no había visto a ese chico en su vida, ¿Qué le había hecho él para que le diera esa mirada asesina? Si no tuviera tanta prisa seguro que se habría quedado para ver cuál era el problema de ese tipo, pero Sakura lo agarró del brazo para que empezara a correr y rápidamente desaparecieron en la distancia.
- Esa chica es un cielo, ojalá Sasuke no fuera tan cerrado con ella – Dijo Itachi para sí, al mismo tiempo, miró a su amigo para saber que pensaba, pero al ver su rostro sus ojos se abrieron como platos de la sorpresa, entrecejo fruncido, ojos entrecerrados, mueca desagradable en los labios y hasta los cabellos se le habían encrespado, nunca lo había visto con esa expresión, Toneri siempre era muy tranquilo ¿Qué había pasado? – Pero ¿Qué rayos te pasa ahora? – Preguntó un poco asustado.
- - ¡No me pasa nada! - Dijo cortante mientras cerraba su libro de golpe provocando un sonido sordo. Sin siquiera despedirse de Itachi, se levantó de la banca y se fue caminando con paso apresurado. No quería que empezara a analizarlo.
- - Si claro… - Dijo Itachi para sí mismo.
No pudo disimular la rabia y coraje que le dio al ver a ese tipo nuevamente, definitivamente era él, no había duda, esa imagen le había quedado grabada en la mente como una escena de una mala película de terror. Por segunda vez el recuerdo de ese día se le venía a la mente, cuando una de sus compañera le insistía por acompañarlo a estudiar a la biblioteca después de clases…
…
- - ¿Puedo ir contigo? Es que necesito ayuda con la clase de física ¿Puedes ayudarme? – Preguntó la chica con su mejor sonrisa, a lo que el chico no pudo negarse.
- - Está bien, pero solo un rato ¿De acuerdo?
- - ¡Hecho! - Triunfante, la chica tomó el brazo de Toneri para dirigirse con él a la biblioteca.
Y entonces fue cuando la maldición se rompió, tantas veces que se la había imaginado caminando por la calle, que su deseo se volvió realidad, ahí estaba ella, preciosa con un vestido blanco inmaculado que recordaba muy bien. Pero no estaba sola, Hinata estaba siendo apasionadamente besada por un desconocido que interrumpía la tersura de la tela de su vestido, abrazando posesivamente las caderas de la chica y recorriendo descaradamente sus costados para aprisionar su cintura. Quiso mirar a Hinata a los ojos, manteniendo la esperanza de que no fuera ella realmente, que se hubiera equivocado una vez más y no tener que digerir esa escena como una realidad, la realidad de que Hinata ya lo había superado. No pudo mirarlos directamente, observarlos era demasiado abrupto y doloroso, temió perder la compostura e iniciar una desagradable escena de celos, en la que seguramente terminaría haciendo el ridículo. Así que en de un brusco movimiento liberó su brazo del agarre de su compañera.
- - Lo siento, creo que hoy me iré directo a casa – Se disculpó rápidamente y se dio la vuelta para tomar rumbo por el otro pasillo. No antes sin mirar de reojo al mal nacido que acorralaba a su dulce Hinata contra los casilleros. Alto, moreno, fornido y legalmente rubio. ¿Era enserio? Ese tipo era completamente lo opuesto a él y por su modo desaliñando de vestir estaba seguro de que no era un joven serio en lo absoluto.
Dejó el pasillo, la facultad y la universidad con una sensación desagradable en la boca del estómago, e imaginándose la escena una y otra vez en su mente, no podía evitarlo, ver a Hinata con otro tipo lo volvía loco.
…
Por eso cuando lo vió nuevamente, todas las emociones de ese momento volvieron a surgir instantáneamente, casi sin poder controlar su enojo, agradeció que esa chica de cabello rosa agarrara el brazo del chico con un contacto casi demasiado familiar. Cuando los vio alejándose y corriendo uno al lado del otro por un momento le dio la impresión que esos dos eran más que simples amigos. Esa idea le permitió respirar profundamente e intentó tranquilizarse. Quizás lo que había tenido con Hinata había sido pasajero y el rubio estaba interesado en esa otra chica. Sacudió su cabeza rápidamente para despejarse y tratar de pensar con coherencia.
- "¡No! Claro que no, Itachi hablaba con la chica sobre su hermano menor, así que ella no puede estar interesada en él" – Pensó ahora detenido en medio de un sendero de uno de los jardines – "Pero quizás él si estuviera interesado en ella" – Siguió caminando en dirección al arco principal un poco más calmado, igual que "ese día" No se encontraba de humor para pasar a la biblioteca, decidió irse caminando para despejar la mente. Acortando camino por el estacionamiento, se dio cuenta de que el universo no estaba de su parte ese día, todos los bellos de su cuerpo volvieron a erizarse cuando dirigió su mirada a una motocicleta negra, que estaba siendo montada por el rubio que había visto hace solo unos minutos atrás. Esos breves 10 minutos no habían sido suficientes para calmarlo y se hubiera abalanzado sobre él, de no ser porque estaba acompañado. Su disgusto se congeló y toda la sangre se le fue a los pies al ver a Hinata poniéndose un casco y subiéndose a la parte trasera de la motocicleta, abrazó con fuerza el torso del desgraciado, sin ninguna señal de disgusto y los dos desaparecieron por la calle en un par de segundos.
Toneri los miró irse con un dolor en el estómago comparable al que sintió la primera vez que los vió juntos y un revoltijo de emociones que llegaban tan rápido, que no las podía identificar. El shock solo duró unos segundos, pero para él fue como si el tiempo se hubiera detenido y todo hubiera pasado muy lentamente. Ver desaparecer el perfil sonriente de Hinata tras ese casco de flores rosadas, ver su largo cabello mecerse con el viento, su falda subiéndose levemente al alzar su pierna para montar la motocicleta y como sus manos se aferraban a la camiseta del rubio. Dios, que coraje le daba ver una escena así nuevamente y ya habían pasado varios meses desde que los había visto por primera vez juntos, ¿abrían estado saliendo por tanto tiempo? ¿Cómo podía ser verdad? ¿Acaso Hinata no sentía lo mismo por él? ¿Tan poco había significado su historia? Pero, ¿Con qué cara se atrevía a pensar algo así? Después de todo él era el que había terminado la relación, pero no había día que no se sintiera culpable. No después de lo que habían vivido.
…
Ese día Toneri se paseó por los pasillos de los estudiantes de primer año como si de un león enjaulado se tratara, observando con detenimiento a cada una de las nuevas alumnas y vigilando las puertas de los salones. Algunos pensaron que solo se estaba exhibiendo ante las chicas de primero y de hecho lo hizo sin darse cuenta, desde el primer día muchas de las alumnas sabían el nombre de Toneri-sempai, aun cuando nadie se lo preguntó directamente. A pesar de que buscó exhaustivamente, no logró encontrar a la hermana mayor de los Hyuuga por ninguna parte. Cuando las campanas de la escuela sonaron, resignado fue en busca de su mochila para volver a casa, sin dejar de atender con la mirada a las chicas que encontraba en el camino, hasta que finalmente sus esfuerzos fueron recompensados, justamente en las puertas de la escuela, encontró a la joven Hyuuga conversando animadamente con otras dos chicas mientras buscaban los zapatos en sus taquillas. Pero por mucho que la hubiera estado buscando, no estaba muy seguro de que decirle, quizás la razón por la que no había recibido otra invitación era porque no había impresionado a ninguna de las hermanas. Al pensar eso, los nervios lo golpearon en el estómago, silenciosamente tomó sus zapatos de su casillero y pasó por la espalda de las chicas sin decir nada y caminó por el patio delantero de la escuela sin mirar atrás. Pero en su interior una parte de él batallaba por intentar regresar.
- - ¿Toneri –kun? – Escuchó repentinamente a sus espaldas junto con una leve palmada en su hombro. Él se volteó inmediatamente y la encontró a ella, radiante y sonriente – Sabía que eras tú ¿Cómo estás?
- - ¡Oh! Hinata, que sorpresa – "Si claro" – Estoy bien ¿Qué tal tu primer día en la escuela? – Estaba tratando de ser casual, pero no podía evitar sentir nervios al tener a una de sus principales preocupaciones de ese último tiempo frente a él.
- - Un poco aburrido – Dijo mientras empezaba a caminar al lado del chico – Pero seguramente se pondrá interesante.
- - ¡Hey! Hinata… no nos abandones – Escucharon de repente a sus espaldas las dos chicas que estaban hablando con la mayor de las Hyuuga hace unos momentos, se acercaban caminando a paso lento. Entonces Toneri se dio cuenta que Hinata se había apresurado para alcanzarlo. Eso lo hizo sonreír y le dio un poco más de confianza.
- - ¿Tus amigas?
- - Sí, nos graduamos juntas del instituto medio y ahora estamos en la misma clase. La seria de la derecha es Temari y la que viene agitando los brazos se llama Ten-Ten.
- - ¿Tienen planes para hoy? – Preguntó determinado.
- - No realmente.
- - En ese caso, ¿Puedo acompañarte a tu casa? Me gustaría saludar a tu padre otra vez – Dijo solemnemente, tratando de aparentar que esa era la razón principal.
- - ¡Oh…! Mi padre no está en casa, está asistiendo a reuniones de negocios en Francia.
- - Ha… ya veo – Suspiró resignado al ver que su excusa no había funcionado.
- - Ya estás lista Hinata ¿Nos vamos? – Preguntó Ten-Ten al llegar al lado de los dos jóvenes.
- - Lo siento chicas, Toneri-kun se ofreció a acompañarme hoy a casa – Dijo mirándolo con una cálida sonrisa. El chico se sorprendió por la respuesta, pensaba que su propuesta había pasado a segundo plano, pero igual cómo había sucedido en su visita en la mansión Hyuuga, una sola sonrisa de esa chica bastaba para dar vuelta cualquier situación desesperanzadora.
Temari y Ten-Ten se miraron la una a la otra con una mirada de complicidad antes de despedirse de su amiga y de "Toneri-sempai" Del cual, por supuesto, ya habían oído hablar.
- - ¿No te saco de tu camino Toneri-kun? – Preguntó Hinata empezando a caminar nuevamente.
- - Para nada, tu casa está de paso – Dijo con una discreta sonrisa, aunque sabía que sus casas quedaban en direcciones opuestas.
La pareja caminó a paso lento durante media hora hasta llegar a la mansión Hyuuga. Hablaron de trivialidades y algunas veces se presentaban silencios que eran borrados con una pequeña sonrisa o miradas indiscretas y otro tema de conversación llegaba a ellos sin pensarlo mucho. Al final del camino parecía que tenían más cosas que decirse, pero la media hora de recorrido no era suficiente para calmar su curiosidad, así que regresar juntos a casa después de la escuela se volvió una costumbre. Los primeros días Toneri aparentaba estar buscando algo en su mochila o se tardaba más de la cuenta en ponerse los zapatos para esperar que Hinata apareciera por las escaleras, pero a medida que pasaron las semanas ya no era necesario fingir nada, simplemente se quedaba en la entrada principal esperando que ella llegara.
En la escuela los rumores de que Toneri-sempai estaba saliendo con una chica de primer año no se hicieron esperar, pero de hecho su relación no llegaba más allá de esos paseos después de la escuela. A pesar de que el interés del chico se había convertido en un sentimiento mucho más concreto, no se había atrevido a dar el siguiente paso, al no saber lo que Hinata pensaba de él, y por mucho que la acompañara todos los días hasta su casa, aún no había recibido otra invitación para reunirse con el resto de la familia, hasta que un día, uno un poco más frio de lo normal, las cosas cambiaron.
- - Por cierto Toneri-kun, mi padre me dijo que te diera esto – Dijo la peli azul mientras sacaba una libreta de su mochila y de dentro de ella deslizó con elegancia una carta con precioso grabado plateado donde estaba escrito su nombre.
- - ¿Qué es? – Preguntó desconcertado mientras recibía el sobre.
- - Es una invitación a una fiesta que se celebrará la próxima semana, mi padre la ha estado organizando con algunos de sus socios… - Hizo una pausa incomoda – Ya sabes cómo son estas cosas, quiere que nos presentemos en sociedad y que conozcamos a los hijos de sus socios…
- - Ya veo… Entonces sigue buscando a alguien para comprometerlas ¿Verdad? – Dijo Toneri después de un suspiro – Supongo que no logré impresionarlo.
- - Que va… si no fuera así no te abría invitado, la verdad es que no hemos vuelto a tener otra entrevista de compromiso después de ti – Se apresuró a contestar al ver la reacción que había desencadenado la entrega de la carta.
- - ¿Enserió? Pensé que no le había agradado, ya que no volvió a invitarme.
- - Mi padre ha estado muy ocupado estos meses, eso es todo, apenas se pasa por casa.
Otro espacioso silencio apareció entre ellos mientras Toneri abría la invitación cautelosamente para no raspar el grabado de las letras cursivas, pero Hinata lo interrumpió con una ansiosa pregunta – Entonces… ¿Piensas ir? – Dijo con sus mejillas sonrojadas.
- - ¿Tú irás? – Le preguntó mirándola a los ojos, intensificando el rubor de sus mejillas.
- - Claro que sí, es la fiesta de mi padre.
- - Entonces supongo que tendré que ir – Respondió tratando de parecer serio.
- - No te sientas obligado… si no quieres… - Hinata miró hacia su costado al escuchar esa respuesta, sus nervios la estaban traicionando.
- - Mi padre me obligará de todas maneras pero… no me malentiendas, tengo dos muy buenas razones para estar allí – Dijo mientras guardaba la invitación en su mochila.
- - ¿Qué razones? – Preguntó confundida.
- - La primera, es que no puedo pretender que tu padre no conozca a un mejor candidato en esa fiesta y segundo, no quiero que ningún chico se te acerque más de la cuenta – Respondió con una cara muy seria y totalmente determinado, a estas alturas sus sentimientos eran más que obvios y no se iría con rodeos frente a ella. Pero debió aceptar que fue difícil ver la cara de Hinata procesando lo que acababa de decirle y acto seguido, liberó una pequeña carcajada que lo desconcertó.
- - Jejejeje Toneri-kun, eres muy posesivo ¿No es cierto? – Dijo cubriendo una sonrisa Irónica con el dorso de su mano.
- - Hm… no sé yo si me gusta ese término… - Dijo ladeando la cabeza como un cachorro – Protector, estaría mejor.
- - Si tú lo dices – Ambos rieron juntos, antes de que Hinata desapareciera por la puerta principal de la mansión.
…..
No fue sino hasta ese momento cundo se dio cuenta de lo verdaderas que eran esas palabras, de alguna manera Hinata logró ver a través de él sin ninguna dificultad y consiguió conocerlo más de lo que él se conocía a sí mismo. Ya no le importaba si ese rubio era una buena persona o no, nadie merecía tenerla más que él, era el único que podía hacerla feliz, él quería ser el dueño indiscutible, quería poseerla de todas las formas posibles y ya no le importaba si la historia de sus padres volvía a repetirse, no después de que se dió cuenta de que había perdido lo que más le importaba, ya no importaban las consecuencias, porque se encontraba perdido de todas formas, sin un rumbo que seguir. Los días sin ella no significaban nada y no dejaba de pensar en retroceder el reloj para que todo fuera cómo antes. Pero eso era imposible, él lo sabía bien y ahora tenía que arrancarla de las garras de ese desgraciado antes de que fuera demasiado tarde.
