La primera cita
¿Te ha pasado alguna vez? Que sientes cómo el tiempo se detiene, lo vez todo en una cámara lenta que te libera de la presión de un momento intenso y a la vez te reprime el pecho, sin dejarte respirar. Así se sintió Hinata en ese momento, al estar sentada tras Naruto en esa motocicleta que se movía a vertiginosa velocidad, solo por un momento sus sentidos, su cuerpo y su mente se detuvieron al levantar la cabeza y observar un abrumador atardecer, pasando por azul claro del día que ya estaba desapareciendo a lo anaranjado del crepúsculo y al azul obscuro de la noche, que llegaba cómo una ola sorda junto a la primera estrella.
La presión de su pecho le subió a la garganta y un gemido de tristeza fue callado por la velocidad del viento que pasaba a sus costados y se preguntó ¿Por qué? Pero a veces ni siquiera nosotros mismos sabemos todas las respuestas de nuestras propias emociones, podemos estar tan equivocados que perdemos la fidelidad a nosotros mismos y comenzamos a ser una persona completamente diferente, comenzamos a actuar en vez de vivir, empezamos a analizar en vez de sentir y las preguntas se siguen acumulando sin darles respuesta.
Ella no sabía realmente que estaba pasando por su mente cuando se subió a esa motocicleta y se aferró al torso del rubio, sin dudas en su mente. Por un lado, pensaba que era un deseo de escapar de sus sentimientos, que la habían estado persiguiendo incesantemente durante todo ese día. Y cómo evitarlo, de echo por más que su mente se mantuviera ocupada en las charlas y conferencias, la idea de verlo a él por cualquier posible rincón de esos edificios la aterraba, le aterraba la expresión que pondría al verlo, le aterraba la idea de qué él de dijera algo, le aterrorizaba la idea de cómo reaccionaría ella al verlo y es que no confiaba en ella misma, no confiaba ni en sus decisiones ni en sus pensamientos desorbitados cuando de amor se trataba. No confiaba en ella cuando estaba cerca de Naruto y tampoco con la idea de volver a ver a Toneri.
La motocicleta atravesó un túnel, cuyas luces que iluminaban el camino le hicieron perder el hilo de sus pensamientos, se mareó levemente pensando en esos dos hombres que había tenido insistentemente en su cabeza en ese último par de días, que la atormentaban día y noche sin tregua. Una tenue luz marcó el final del túnel y al acercarse, el atardecer se dejó ver en todo su esplendor, el cielo de un rojo fuego.
Al salir del túnel pasaron a toda velocidad por el lado de un apacible y largo río, bordeado por un parque, en donde a esa hora, estudiantes y trabajadores caminaban con rumbo a sus casas. Ella conocía muy bien ese río, usaba ese camino para ir y venir de la mansión Hyuuga hasta su instituto. Muy temprano por las mañanas, los rayos del sol iluminaban el río, proyectando un brillo que resplandecía cómo millones de diamantes. Esa era su postal favorita y a veces se levantaba de madrugada, muy silenciosamente para no despertar a nadie de su familia, se ponía el uniforme que había dejado preparado la noche anterior y se saltaba el desayuno, todo para poder caminar tranquilamente por el borde del río y ver esa pista resplandeciente, solo para observar, sin pensar, sin analizar, solo para deleitarse con la vista. Solía llegar demasiado temprano a la escuela, por más pausada que fuera su caminata en aquellas mañanas, así que pasaba a comprar un café en la cafetería de la esquina y se sentaba en la terraza a esperar que el conserje abriera las puertas de la escuela.
Pero a esta hora, el río no brillaba cómo diamantes, ahora era cómo un espejo, un cristal que reflejaba los colores que se proyectaban sobre las nubes, los colores se mezclaban en el agua cómo si se tratara de una pintura de Van Gogh y la calidez de los colores parecía invitarte a entrar en aguas calmas y temperadas, aunque sabía que ese río era endemoniadamente frío.
Pero ella ya no vivía en la mansión Hyuuga, ya no tendría la oportunidad de caminar por el lado del río cómo lo hacía antes, por mucho que ella quisiera que no, las cosas estaban cambiando, cambiaban a un ritmo vertiginoso que nadie era capaz de controlar. Nadie te avisa, nadie lo sabe, y tú muchas veces no puedes hacer nada al respecto, como pequeños y diminutos seres, estamos condenados a dejarnos llevar por las circunstancias de la vida, de lo único que podemos hacernos cargo es de si seremos felices y plenos con estos cambios o si nos negaremos hasta el fin de nuestros tiempos a algo que no podemos controlar.
Hinata tenía miedo, porque sabía que las cosas nunca volverían a ser lo que fueron alguna vez, el pasado parecía tan cercano, cómo si hubiese sido hace solo unos días, todo era tan sencillo y cómodo, pero ya no volvería a ser así ¿verdad? Los días de ingenuidad se habían acabado. Él había cambiado, y eso no era malo, todos cambiamos inevitablemente, el paso del tiempo y las experiencias pasan sobre nosotros y derrumban nuestra percepción de nosotros mismos y de los que nos rodean, nos convertimos en otras personas, empezamos a detestar lo que amábamos y a amar las cosas que antes no les habíamos prestado la suficiente atención.
¿Cómo se aprende a avanzar? ¿Cómo se aprende a hacer lo que es correcto? ¿Cómo se aprende a elegir la felicidad? ¿Es acaso solo sentido común? ¿O es buena o mala suerte el único factor que tiñe nuestros días de esperanza?
¿Qué era Naruto para ella? ¿Era una especie de salvación que había caído del cielo para rescatarla y sacarla por un rato de su mente atormentada por la decepción e imágenes que ella misma colocaba en su cabeza? ¿O había sido ella la que lo había estado buscando? Porque si fuera así, solo estaba tomando la salida más fácil, necesitaba a alguien que la animara y la hiciera sentir una experiencia completamente nueva ¿Era eso realmente tan malo? ¿O estaba haciendo las cosas más fáciles para su propia psiquis e intentaba sacar un clavo con otro clavo? Ya no tenía nada claro dentro de sí, las preguntas brotaban incesantes mientras esa motocicleta pasaba junto a los autos a toda velocidad y su miedo se había congelado, hasta la fuerza del agarre sobre la camiseta de piloto se había debilitado ante semejantes pensamientos que por primera vez venían a ella desde su ruptura con Toneri.
¿Qué pensaría Naruto si supiera lo que estaba pensando? Se sentiría usado y probablemente no volvería a mirarla de la misma manera, aunque para ser sinceros, tampoco sabía exactamente con qué tipo de ojos él la miraba ¿Le gustaba? ¿Le llamaba la atención? ¿O era simplemente atracción sexual? ¿Qué pasaba por la mente de ese misterioso chico que se la llevaba a diestras y siniestras a quizás quien sabe dónde? ¿Y qué le pasaba a ella? Que permitía que un prácticamente desconocido la guiara a algún lugar extraño y no solo eso, había estado dos veces en situaciones verdaderamente comprometedoras.
La soledad es algo que nos llega sin avisar, y tan rápido como llega, desaparece sin siquiera darnos cuenta, es un circulo interminable en el que caemos una y otra vez. Aunque estemos rodeados de gente, eso no nos hace sentir más que como un fantasma de la sociedad. Aunque, la soledad no es tan mala cómo solemos pensar, sentirnos solos no es más que el hecho latente de lo que significan los otros en nuestra vida.
Naruto giró por un callejón estrecho de poca iluminación, lo que hizo que Hinata perdiera el interés en sus pensamientos para poner una señal de alerta ante el repentino cambio de rumbo, pero una sensación de malestar se quedó apretando su estómago. El callejón terminó súbitamente, cuando se conectó con un paseo peatonal ruidoso e iluminado por lámparas de papel muy tradicionales. Era la primera vez que Hinata estaba ahí, no reconocía el lugar, pero era obvio que se trataba de una calle dedicada al turismo y entretenimiento, estaba lleno de bares y restaurantes típicos que servían los más deliciosos platillos, lo sabía por el intenso aroma de comida recién preparada que se filtraba por las entradas de los puestos y esa inconfundible esencia de cerveza y sake con la que tanto había podido familiarizarse la noche anterior. A pesar de ser día de semana las calles estaban repletas de oficinistas y personas extranjera que salía a divertirse y a tomar un trago.
- Pensé que tendrías hambre, después de todo los dos nos saltamos el almuerzo – Dijo Naruto mientras se sacaba el casco y descendía de la motocicleta.
- Si, de hecho, me muero de hambre – Respondió la chica haciendo lo mismo. No pudo mirarlo directamente, la verdad es que cuando dieron la vuelta por ese callejón, sintió un poco de miedo, pero cuando volvió a ver los sinceros ojos azules del chico y esa sonrisa destellante, su confianza volvió a ser la misma - ¿Qué tienes en mente? – Preguntó mientras aceptaba la mano que Naruto le ofrecía para ayudarle a bajar de la moto.
- ¡Sólo el mejor restaurante en el que hayas estado! ¡sígueme! – Respondió sin soltar su mano, mientras empezaban a caminar entre medio de la gente.
Hinata nunca había estado en un distrito de ese tipo, la calle era estrecha, por lo que no se atrevía a soltar la mano de su acompañante, la apretó fuertemente para no perderlo y él le respondió de la misma forma, era un contacto reconfortante y a la vez se sentía nerviosa.
Hombres y mujeres jóvenes caminaban por la calle divertidos, riendo y planeando que bar seguía en la lista, ya que había un número interminable de locales a la disposición del público. Algunas hermosas mujeres vestían coloridos kimonos de seda satinada, con dibujos de flores orientales y remolinos de viento estampados en las tersas telas. La gente las dejaba pasar a sus anchas, sin empujones ni roces y ellas a cambio sonreían coquetamente y dejaban a su paso una estela de dulce perfume floral, eran una atracción más para los múltiples turistas que caminaban por las calles con sus cámaras fotográficas Kanon.
- Naruto-kun ¿Eres extranjero? – Preguntó Hinata al ver a todos esos turistas rubios que paseaban por el lugar hablando Ingles y otras lenguas que no conocía.
- ¡Qué va! Soy japonés, pero mi papá era Ingles, vino a Japón cuando era joven por un viaje de negocios y se enamoró de mi mamá, por eso soy un poco extraño jeje – Le dijo mientras apartaba la mirada y le sonreía.
- Yo no usaría la palabra extraño…. Quizás… exótico
- ¡Eso es lo mismo que extraño! – Protestó adorablemente
- ¡Claro que no!... eres muy apuesto – Dijo en apenas un susurro, al momento que se sonrojaba. Pero Naruto pudo escucharla, al oír eso sintió una alegría desbordante. Quizás otras chicas le habían dicho lo mismo muchas veces, pero nunca se había sentido tan feliz de recibir un cumplido cómo en ese momento, eso significaba que no estaba tan lejos de gustarle a Hinata. Pero quería mantener sus deseos en secreto, desvió su rostro hacia adelante para que ella no pudiera verlo sonreír con aún más ánimo que de costumbre
- Bueno… quizás a ti te gusta lo extraño, Aquí estamos.
Naruto se detuvo en frente de un puesto que parecía una pequeña casa, en el frente tenía una cocina especialmente dispuesta para poder atender a sus comensales, tenía seis asientos altos de madera para acomodarse en la barra, lo que no lo hacía precisamente un lugar muy privado, cómo para una primera cita, por ejemplo, pero si parecía bastante acogedor. Cinco grandes banderas blancas eran la única puerta que separaba en restaurante de la abarrotada calle y en ellas se escribía en letras rojas, Ichiraku Ramen.
Naruto levantó una de las banderas y saludó alegremente al dueño de la tienda, se hacía obvio que él era un cliente frecuente del lugar.
- ¡Narutoooo…! Al fin llegas, ¡Te estábamos esperando! – Le respondió el cocinero sonriente mientras destilaba una porción de fideos y los colocaban cuidadosamente en un hondo plato de ramen - ¡Siéntense! hay dos lugares.
- ¡Gracias viejo! – Dijo mientras se sentaba al lado de otro comensal, dejándole a Hinata el último puesto de la izquierda.
- ¿Sabían que venías? – Preguntó la chica refiriéndose al saludo del chef.
- Básicamente siempre vengo, pero hoy llamé para que nos reservaran un par de asientos, es un lugar muy popular, aunque no lo parezca
- ¿Cómo qué, aunque no lo parezca? – Dijo tenebrosamente el dueño por detrás de la barra, quien puso en frente de Naruto un enorme y humeante plato de miso ramen con trozos de carne de cerdo.
- Jeje, lo siento viejo – Se disculpó con las manos unidas sobre la cabeza.
- Como sea, ¿Qué desea la señorita? – Preguntó amablemente mientras le sonreía a la nueva cliente.
- Quiero lo mismo, se ve delicioso – Hizo la orden devolviéndole a sonrisa al dueño, el cual respondió rápidamente "En marcha" y se dio la vuelta para preparar el platillo.
- ¿Estás segura? Estás porciones no son para tomarlas a la ligera ¿sabes?
- Tranquilo, tengo un muy buen apetito – Dijo mientras tomaba unos palillos de un recipiente de la barra.
- Vaya, es bueno empezar a saber más cosas de ti, eres un misterio – Dijo Naruto mientras se servía un vaso de agua con una jarra a un costado de la barra.
- No soy para nada misteriosa, pero creo que es un buen momento para que despejes tus dudad.
- Su ramen señorita, que lo disfrute – Interrumpió el Chef, mientras servía el plato frente a Hinata.
- Muchas gracias – Respondió sonriendo.
- ¿Qué hay de Neji? ¿Son unidos? – Preguntó Naruto antes de sorber su primer bocado de fideos.
- Supongo que sí, Ni-san ha sido parte de mi familia desde que tengo memoria, además vivimos juntos desde muy pequeños – Terminó de responder mientras usaba una cuchara de sopa para acomodar los fideos en sus palillos y dar un elegante primer bocado.
- ¿Enserio? No lo sabía – Hinata asintió cabizbajamente, lo que dejó a Naruto desconcertado - ¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? – Preguntó preocupado al ver el cambio en la expresión de la chica, incluso volvió a hundir su cuarta porción de comida en la sopa.
- No… es solo que.… mi tío, el padre de Ni-san falleció cuando yo tenía 3 años, desde entonces él vivió con nosotros en la mansión.
- Ya veo… lo siento mucho, no tenía idea, Neji no es muy bueno para hablar de sí mismo – Dijo mientras mantenía su mirada fija en la sopa frente a él.
Neji era uno de sus preciados amigos, lo había conocido hace algunos años, cuando todavía estaba en su último año de preparatoria.
Flash Back
Naruto no había sido precisamente un estudiante modelo, en la escuela regularmente se involucraba en peleas callejeras en las cuales no tenía nada que ver, pero más comúnmente lo hacía para defender a otros. Tuvo su etapa de héroe justiciero que va contra el mal, propio de un niño de seis años.
Así fue cómo un día recibió un mensaje de texto en medio de su clase de matemáticas del último periodo, para variar no estaba poniendo atención a las palabras de su profesor, estaba más preocupado de enviar mensajes de texto y buscar manga en internet que en la clase, cuando recibió un corto y consiso mensaje.
- S.O.S Gaara.
Inmediatamente, Naruto se levantó de su asiento y salió del aula, por mucho que su profesor le gritara desde adentro "Sr. Uzumaki, vuelva aquí" Hizo oídos sordos y siguió caminando con su mochila al hombro.
Cuando salió de la escuela, saltando por una de las rejas del patio, buscó rápidamente el número de Gaara en su teléfono.
- Gaara ¿Qué sucede? – Preguntó con un tono de voz inexpresivo.
- Naruto, es Lee, está en problemas, unos idiotas de otra escuela se empecinaron en pelear con él cuando se enteraron de que era primer dan.
- Lee les patearía el trasero, no importa cuántos sean – Dijo notoriamente tranquilo.
- Idiota, Lee es un profesional, no le está permitido levantar los puños contra civiles, no importa las circunstancias.
- ¡¿Dónde están?! – Esta vez su calma se disipó, gritó por el auricular notoriamente acelerado.
- Detrás de la escuela Riokan.
- ¡Voy para allá! – Naruto salió corriendo a toda velocidad, la escuela estaba a 15 minutos corriendo en su mejor marca, tenía que apresurarse.
Naruto apreciaba a sus amigos más que nada en el mundo, sobre todo después de la muerte de su padrino, que era la única familia que le quedaba. Sus amigos habían estado ahí para él, aunque nadie pudiera entender realmente su sufrimiento, ellos prometieron que nunca lo dejarían solo. Así que él decidió estar para ellos en cualquier momento, no portaba lo que fuera, él correría tras ellos con todas sus fuerzas aún si lo único que necesitaran, fuera un abrazo.
Cuando llegó a la entrada principal de la escuela, rápidamente rodeó por la pista de atletismo donde los estudiantes hacían sus clases de gimnasia. Y antes de girar a la parte trasera de la escuela, pudo escuchar algo que le llamó la atención y se escondió tras una pared.
- ¿Por qué tenemos que quedarnos aquí mientras ellos se llevan toda la diversión? – Se quejaba un chico de cabello negro rebelde apoyado en la pared, que Naruto pudo ver de reojo.
- Cállate Saku, no tienes derecho de contrariar al jefe – Le respondió otro chico se aspecto tétrico que llevaba vendada toda la cabeza excepto el ojo izquierdo.
"Maldición" Pensó Naruto que seguía escondido, "Estos idiotas son una maldita pandilla" ¿Cuántos eran? ¿Tendrían armas? ¿Dónde estaba Gaara? Se hacía todas esas preguntas mientras juzgaba a sus dos primeros objetivos con detenimiento, no serían problema para él, pensó presuntuoso. Pero justo en ese momento escuchó un fuerte y seco golpe y en un segundo, un grito de dolor desgarrador en la dirección de esos dos sujetos, ¡ellos eran los guardias!
Naruto se sobresaltó tanto que sintió un escalofrío en su columna vertebral, sus reflejos lo incitaron a dejar su escondite y salir corriendo hacía donde había escuchado la voz de Lee, pero alguien lo agarró del hombro e hizo que se quedara estantico en su lugar "Me atraparon" Pensó con pánico. No le importaba lo que le pasara a él, pero si lo atrapaban, Lee quedaría indefenso.
- Yo me encargo de ellos – Dijo la persona que estaba atrás de él en un susurro, no pudo reconocer su voz, no lo conocía, pero algún desconocido lo estaba tratando de ayudar ¿Por qué?
Se volteó extrañado por el repentino aliado que se unía a él y reconoció a uno de sus compañeros de clase, el tipo que más odiaba de toda la escuela, un maldito que siempre tenía las mejores calificaciones y a todas las chicas lindas tras él, un solitario que no hablaba con nadie y se hacía el interesante, el irritante Sasuke Uchiha estaba tendiéndole la mano.
- Uchiha, ¿Qué haces aquí? – Preguntó también en un susurro.
- Cómo si importara, ese al que están dando una paliza es tu amigo ¿No? ¡Apresúrate! – Dijo con una severa expresión en su rostro.
Naruto asintió con la cabeza y salió de su escondite a toda velocidad, pasando por enfrente de los dos guardias que descansaban cómodamente sobre la pared del edificio. Cuando lo vieron pasar frente a ellos, ambos se pusieron en guardia para atraparlo, pero ambos cayeron de espaldas cuando Sasuke los atrapó por la parte trasera del cuello y con toda su fuerza los lanzó al suelo.
Naruto corrió cómo nunca lo había hecho, sin mirar hacia atrás, confió totalmente en Sasuke y en solo dos segundos escuchó cómo dos sacos de papas caían sobre la tierra. Llegó al otro costado del edificio y al doblar se encontró con lo que más temía. Gaara estaba tirado en el suelo todo golpeado, apenas podía mantenerse consiente y Lee, aún estaba siendo golpeado y pateado por cuatro idiotas que apenas tenían un par de rasguños en sus rostros. Lee estaba justo en medio de ellos, arrodillado, pero aún con un pie sobre el suelo que lo mantenía estable, con sus brazos tratando de desviar los golpes de esos cuatro salvajes lo mejor que podía.
- ¡Lee! – Gritó desbocado el rubio para llamar la atención de los agresores, que dejaron de golpear al chico de espesas cejas al verse descubiertos. Dos de ellos corrieron en la dirección de Naruto para sacarlo del lugar, pero los otros dos se quedaron al lado de Lee, observando cómo sus compañeros se librarían del intruso.
Pero Naruto no los haría esperar, antes de que ellos llegaran él se adelantó y golpeó certeramente al oponente de la izquierda en el rostro logrando que su puño quedara incrustado en sus ojos por la velocidad opuesta de ambos, el maldito retrocedió tres pasos y calló al suelo de rodillas mientras se cubría la cara con sus dos manos. El segundo adversario sin detenerse estaba a punto de tomar a Naruto por los hombros para hacerlo caer, pero en un ágil movimiento el rubio ladeó su torso y bajó su cabeza levantando su pierna para patearlo con el dorso de su zapato en las costillas, haciendo que se retorciera y se abrazara el estómago en el suelo.
Todo iba bien hasta ahora, tenía que mantenerse firme, la batalla aún no estaba ganada, esos dos aún no estaban completamente derrotados y los otros que estaban custodiando a Lee empezaban a preocuparse, no tardarían en ir tras él para defender a sus compañeros y definitivamente, no podría contra los cuatro él solo. Naruto pasó entre los dos a los que había vencido para ir en contra de los restantes. Uno de ellos no se inmutó y se quedó en su lugar con una desagradable sonrisa en el rostro mientras el que estaba en frente de Lee desenfundaba un largo y grueso pedazo de metal de su cinturón, lo tomó con las dos manos, como lo haría un jugador de Béisbol y corrió desbocado en al encuentro de Naruto con una sonrisa lunática en su rostro. El rubio no alcanzó a reaccionar, estaban tan cerca que no podía detenerse, solo le quedaba intentar esquivarlo, podía imaginar el ángulo de donde vendría el golpe, pero si se equivocaba estaría perdido, un golpe de esa cosa y podría terminar fracturado en el mejor de los casos, sin saber que hacer decidió que no se echaría para atrás. Y justo antes de interceptarse el lunático cambió el ángulo del golpe hacia la cabeza de Naruto, el rubio vio venir el fierro en un instante, directo hacia sus azules ojos, solo pudo reaccionar usando sus brazos para proteger su rostro antes de ser impactado con toda la fuerza del golpe, cerró los ojos esperando lo peor, pero el dolor no llegó. Repentinamente escuchó un sonido metálico y una ondulante vibración de algo muy pesado girando en el aire.
Cuando abrió los ojos se encontró justo frente a él, a alguien que nunca había visto en su vida, un hombre joven de largos cabellos castaños que flotaban en una misma dirección al unísono con sus ágiles movimientos, una de sus piernas estaba completamente extendida hacía el cielo, mientras el fierro de metal giraba rápidamente sobre ellos y caía alejándose de cualquiera de los presentes. Todos estaban atónitos, nadie lo había visto aparecer ante la repentina interrupción de Naruto quien había distraído a todo el mundo. Tan veloz cómo había sido su primer movimiento, el hombre impulsó su pierna hacia abajo nuevamente y aplastó con un poderoso movimiento el hombro izquierdo del lunático que había estado a punto de golpear a Naruto, dejándolo fuera de combate incrustado en el suelo.
- Maldición – Gruñó el desgraciado que estaba aún al lado de Lee, que al ver a sus secuaces vencidos no encontró otra opción más que huir del lugar.
- No te escaparás – Gritó el chico con toda la intención de perseguir al bastardo que le había hecho eso a Lee, pero al ver a su amigo que apenas podía mantenerse consiente, desistió – ¡Lee! – Corrió hacía él en su ayuda, se arrodilló a su lado y lo examinó con cuidado.
- Neji… - Pronunció jadeante mientras su amigo lo ayudaba a pararse poniendo su brazo izquierdo sobre su hombro.
- ¡Eres un idiota! ¿Por qué no hiciste nada? Ellos no eran rivales para ti – Lo regañó enfadado.
- Jeje… lo siento Neji, pero no podía ir contra ellos, mi sueño es enseñarles a otros a que la fuerza no es aprovecharse de los más débiles, no puedo ir en contra de mis propios principios– Respondió dándole la mitad de una sonrisa, porque el otro lado de su cara estaba tan inflamado que no podía moverlo.
- Tu no cambias – Dijo resignado.
Naruto solo miraba como su inesperado aliado ayudaba a Lee, los otros dos contrincantes habían desaparecido en algún momento y solo quedaba el lunático del fierro que no se había movido ni un milímetro, pensar que lo había logrado solo con una patada, ese chico debía tener unas piernas increíblemente fuertes. Naruto quién no había cruzado palabra con esa persona, sintió una repentina y profunda admiración por ese sujeto que compartía el deseo de proteger a sus amigos con todas sus fuerzas. Caminó hacia ellos lentamente para quedar en frente del chico de ojos perla – Gracias, me salvaste – Le dijo mientras le extendía su mano a la altura de su cabeza.
- Claro – Le respondió con un toque de arrogancia y tomó la mano del rubio en un apretón que marcó el inicio de una nueva amistad.
- Soy Naruto Uzumaki – Dijo sonriendo finalmente.
- Mi nombre es Neji, Neji Hyuuga – Finalmente todo había terminado, los tres empezaron a caminar cuando escucharon un sonido a sus espaldas y todos dijeron al unísono.
- ¡RAYOS! ¡GAARA!
Fin del Flash Back
Así fue como Naruto había conocido a Neji, le tenía un profundo respeto y prácticamente le debía la vida, desde ese día Sasuke, Neji, Lee, Gaara y Naruto empezaron a formar un grupo inseparable. Cuando Neji se enteró de que Naruto no tenía un lugar donde vivir, le ofreció inmediatamente que fuera a vivir a la casa que se tío le había prestado para administrar, le dijo que no se preocupara por la renta, que podía pagarla cuando terminara la secundaria y consiguiera un trabajo. En parte Neji había sido la razón por la cual había entrado a esa Universidad y había podido encontrar trabajo cómo asistente.
Quizás no lo había pensado muy bien antes de eso, pero se estaba sintiendo cómo una escoria al pretender de esa forma su pequeña prima y más aún cuando escuchó que se habían criado prácticamente cómo hermanos. ¿Cómo reaccionaría si se enteraba? No quería enfadar a Neji, él había hecho mucho por él, pero cuando miraba a Hinata sentada a su lado sorbiendo su sopa de fideos, se sentía tan cómodo y feliz al estar a su lado, que no sabía que hacer.
- Eso no es raro, él es así con todo el mundo, incluso conmigo y mi hermana, aunque sea tan sobre protector
Un corto silencio de complicidad se apoderó de ellos, Naruto estaba un poco confundido, pero no dejaba de mirar a Hinata atentamente. Probablemente ella no tenía idea de cómo se habían conocido Neji y él.
- ¿Pasa algo? – Preguntó desconcertada por la mirada del rubio, quien trató de dispersar esos pensamientos de su mente por un momento, después de todo estaba en una cita con Hinata.
- Así que…. ¿Tienes una hermana? – Pregunto solo para reducir ese silencio.
- Así es, tiene 14 años y también somos muy cercanas, pero ahora se encuentra viviendo en Francia con mi padre.
- ¿Qué? ¿Enserio? ¿En Francia?
- Si… ¿Enserio Neji no dijo nada sobre mí?
- Bueno… de hecho si lo hizo, pero yo estaba tan ebrio, que no me acuerdo de nada – Dijo mientras se alborotaba el cabello y mostraba una abierta y despreocupada sonrisa.
- Ya veo… supongo que no era algo tan importante – respondió levemente triste.
- Es que en ese momento no sabía que se trataba de ti, créeme, estaba muy sorprendido al verte ayer por mi ventana
- Yo también me sorprendí mucho al verte, francamente, ¿Cuáles eran las posibilidades?
- Más de las que crees, al parecer – ambos se sonrieron ante tal coincidencia y sintieron una cálida sensación dentro de ellos, sus corazones empezaron a latir más rápidamente y sin siquiera pensarlo unieron sus manos por debajo de la barra.
Continuaron hablando de trivialidades durante toda la cena, no volvieron a aparecer sentimientos de arrepentimiento en la mente de Naruto y Hinata se sintió profundamente feliz de haber aceptado la invitación. Luego de tres gigantescas porciones de ramen por cabeza, ya estaban listos para irse a casa.
- ¡No puedo creer que hayas podido comer tres ball enteros! – Señaló aún sorprendido Naruto, mientras caminaban de regreso hacia la motocicleta por una calle que ya no se encontraba tan abarrotada de gente cómo antes, podían caminar uno al lado del otro sin problemas - ¡Enserio! Es la primera vez que veo a una chica comer así.
- Es que tenía mucha hambre – Dijo un poco avergonzada.
- Jeje está bien, me gustan las chicas con buen apetito – Dijo sin apartar la mirada de su rostro, sabía que causaría un leve sonrojo en sus mejillas que le parecía adorable. Pero Hinata lo sorprendió tomando su brazo con sus dos manos, se acurrucó con él y escondió su rostro en el hombro del rubio. Ese gesto enterneció a Naruto de una manera que nunca había experimentado antes y luego de doblar por el callejón en donde estaba su motocicleta, la acorraló con la pared de uno de los edificios, tomó su nuca con delicadeza, acariciando su cabello y condujo sus labios hacia los de ella de improviso. En un delicado y dulce beso que Hinata no tardó en responder.
- Quisiera poder hacer esto en cualquier momento, sin sentir miedo de que alguien pudiera vernos – Le dijo el rubio en un susurro al separarse de ella solo por un segundo. Pero Hinata no le respondió ella solo abrazó su cuello con la misma delicadeza con la que él lo había hecho y acarició sus rubios cabellos.
Naruto volvió a besarla ansioso, la deseaba tanto, ella lo hacía sentir tantas cosas nuevas, que no sabía cómo expresarse, solo quería besarla y tenerla entre sus brazos cómo ahora, ojalá el tiempo se detuviera, ojalá no tuvieran que volver a casa solo para disimular que no pasaba nada entre ellos, ojalá el día tuviera más horas, ojalá se hubieran conocido en otras circunstancias, ojalá el universo conspirara para poder estar con ella dulce chica que lo abrazaba y besaba con ternura.
- Naruto-kun – Dijo repentinamente Hinata, sacándolo de esa dulce atmosfera en la que el chico se había hundido sin querer escapar – Ya es muy tarde, Ni-san llegará en cualquier momento, si no estoy en casa él… - Naruto la miró con una profunda expresión de decepción en su rostro, antes de soltar los sedosos cabellos de la chica, los acarició extendiendo su mano hasta su espalda baja y dejó escapar un suspiro de resignación.
- Está bien, apresurémonos – Dijo haciendo un esfuerzo sobre humano para alejarse de ella y subirse a la motocicleta - Ahora estoy seguro – Pensó Naruto mientras tomaba velocidad con la motocicleta, debía ser rápido, ya eran las 21:45 y Neji los descubriría si Hinata no estaba en casa en media hora. Pero esos pensamientos quedaron en segundo plano cuando fue consiente sintió una extraña calidez dentro de sí, junto con unas vertiginosas mariposas recorriendo su estómago. Ya lo sabía, no había duda alguna, Hinata era hermosa y sensual, esa había sido su primera impresión de la chica que lo abrazaba fuertemente a sus espaldas, era la única mujer que le había causado una obsesión carnal de esa magnitud y también era la primera chica que lo podía hacer sentir esa ternura y una intensa necesidad de estar a su lado. Quería hacerla reír, quería hacerla feliz. Quizás solo se habían conocido verdaderamente hace un par de días, pero esos sentimientos tan intensos que estaban viviendo, eran más que suficientes para afirmarlo – ¡Hinata, me gustas! – Dijo en voz alta, pero apenas en un susurro, estaba seguro de que ella no podría escucharlo con los cascos puestos ni con las constantes ráfagas de viento que los azotaban. No era solo deseo, no era solo obsesión tampoco un hechizo que lo hubiera embrujado. Estaba seguro y quería decírselo, quería decírselo cuanto antes. Aumentó la velocidad y sintió las manos de Hinata aferrarse con más fuerza de su torso, una sonrisa se dibujó en su rostro aunque nadie pudiera verla y aceleró un poco más para gritar – ¡HINATA, TE QUIERO!
Cuando llegaron a la residencia, la reja estaba abierta y las luces de la sala de estar encendidas, pero no se escuchaba música, risas ni brindis desde adentro. Entraron silenciosamente hasta llegar al frente del garaje que estaba a un costado de la casa y se bajaron sin hacer ruido y sin encender la luz, nadie podía saber que habían estado juntos hasta esas horas. El garaje era el segundo taller de Naruto, en los fines de semanas podía pasar horas trabajando ahí, desde el amanecer hasta el atardecer, así que sabía de memoria cada una de las grietas del piso y hasta la posición de los utensilios y cada caja de herramientas que pudiera estar dentro de ese lugar. Para evitar que se lastimara, tomó la mano de Hinata y la guío hacia adentro del garaje con lentitud, sintió la calidez de su cuerpo que se acercaba a él buscando protección y solo pudo pensar – Te quiero – Otra vez en su mente, dos palabras tan simples que le daba un pequeño terror pronunciar en voz alta, ahora, ahora que la obscuridad y el silencio de la noche permite escuchar hasta el más pequeño suspiro, su corazón empezó a latir fuertemente con la simple idea de decírselo y le preocupó que ella pudiera escuchar el retumbar en su pecho. Tragó saliva.
- Hinata.
- ¿Sí? – Preguntó en un susurro al escuchar su nombre. Miró a Naruto en la obscuridad y lo primero que reconoció fueron sus brillantes ojos, luego sus rubios cabellos, sus facciones empezaron a verse más nítidas a medida que se acostumbraba a la obscuridad, hasta que pudo ver una delicada y casi imperceptible sonrisa en sus labios. Naruto acarició su cabello con ternura y su camino se torció en el oído de la chica hasta llegar a su barbilla y se inclinó lentamente para acercar su rostro al de ella y decirle con un hilo de voz – Hinata… yo…
Las luces se prendieron súbitamente en el garaje, sin darles tiempo de reaccionar los dos se encontraron uno al frente del otro con los ojos expresando un profundo pánico por ser descubiertos, ambos miraron inmediatamente hacía la puerta que daba hacia la casa. Naruto deseó con todas sus fuerzas de que se tratara de Sasuke o Sakura, sabía que si alguien más estaba ahí parado, viéndolos en una posición tan comprometedora, sus días en esa casa estarían contados. Pero la suerte no estaba de su lado, apenas sus ojos se acostumbraron al repentino destello de luz, ambos vieron la estilizada figura de Neji en el marco de la puerta con el dedo apretando el interruptor, una expresión de sorpresa estaba plasmada en su rostro, atónito no parecía procesar la información, hasta que su semblante cambió por un entrecejo fruncido y unos ojos desafiantes.
- ¿Qué está pasando aquí? - Dijo con un tono enfurecido
