Percy no tuvo una noche fácil, por eso, se despertó muy tarde al día siguiente. Cuando se miró en el espejo, notó sus ojos hinchados y gimió pensando en la apariencia pobre y débil que mostró la noche anterior para tener que aceptar los cuidados de un chico de la edad de su hermano menor. Sólo de recordarlo, su cara se calentaba de vergüenza, tenía que estar muy jodido para apreciar la atención de una persona prácticamente desconocida, pero el niño de los Malfoy siempre brilló por donde pasaba. Aún sentía una culpa atroz al recordar que apenas unas semanas después de la muerte de Fred se sintió atraído por el chico rubio y delgado en las celdas del Ministerio. Otro pecado suyo para añadir a la larga lista. Con desgana, se puso a hacer un té, intentando fuertemente no mirar hacia la cicatriz en su brazo derecho, la que quedó del ataque de George. Tembló al pensar en aquello nuevamente. Entendía que su hermano lo había elegido a él como blanco de todo su odio y dolor por la muerte de Fred, a George le podía perdonar, era claro como el día que necesitaba culpar a alguien, tener a alguien a quien gritar y atacar probablemente, pero le dolía terriblemente que los demás siquiera lo fueran a ver para saber si estaba bien. Cuando intentó ir al entierro de Fred, su madre sólo pudo llorar y mirarlo con ojos tan llenos de dolor y acusación, que no aguantó, los demás no dijeron nada, pero las miradas eran claras al decirle que era un intruso allí. Lo peor fue que, cuando se alejó de ellos, dispuesto a ver la ceremonia alejado de la familia, George explotó y lo expulsó a base de hechizos, uno de ellos lo hizo volar hacia una lápida y el mármol se rompió, cortándole el brazo profundamente. Como San Mungo aún estaba rebosando con enfermos y heridos en recuperación de la batalla, su atención tardó más de lo esperado, cosa que le hizo necesitar de una transfusión, ya que la poción para reanudar su sangre no trabajó bien. Casi le dio risa saber que Ron tuvo que ir a darle su sangre, ya que cuando despertó sólo encontró a Harry allí. Los encuentros con los miembros de su familia fueron pocos desde aquel accidente, todos estaban muy al pendiente de George y su madre, no deseaban molestarlos, y por eso, se veían nerviosos e incluso incómodos al hablarle. Su vena egoísta los odiaba por eso, a él también le vendría bien un poco de apoyo. Estaba sólo, sus amigos estaban ocupados trabajando, y él ya no tenía más a su adorado trabajo en el Ministerio, ser un excluido de su familia trajo más inconvenientes de los que pudo imaginar.
Sus pensamientos oscuros fueron interrumpidos por el picotear de un elegante halcón en su ventana. Con un pase de varita, le dejó entrar y para su sorpresa, se trataba de una carta con el sello de los Malfoy. Le dio al ave un trocito de pan, pero como no se fue, imaginó que recibió instrucciones para esperar por una respuesta. Curioso, Percy abrió el sobre.
Estimado, Percival, ¿cómo estás?
No pude dejar de pensar sobre la herencia de Severus después de lo que me dijiste ayer. Sé que es imperativo hacerme cargo de sus cosas y conocer su legado, pero con mis clases, sencillamente no tendré tiempo, y me da lástima pensar en todos sus libros y materiales llenos de polvo y humedad. Me pregunto si te gustaría hacerte cargo de ese inventario, me harías un enorme favor, porque según oí de mi padre, eres de los eficientes y eso es decir mucho viniendo de él. Si estás interesado, envíame una respuesta, sólo puedo quedarme dos días más y sería el tiempo justo para que los abogados hagan un contrato.
Cordiales saludos,
Draco Malfoy.
Ps: Creo que me gusta llamarte por tu nombre completo, es más formal, como tú lo eres.
Percy boqueó por unos segundos antes de morder el labio inferior con fuerza. Claro que necesitaba del empleo, su despido en el Ministerio fue pocos meses después del accidente, aunque al nuevo ministro le gustara su trabajo, las miradas, censuras e incluso acusaciones verbales frecuentes de los nuevos miembros del equipo hicieron que su posición fuera imposible. Ya estaba sin empleo formal desde hace cinco meses, sus reservas casi terminaban, era la oportunidad perfecta. Demasiado perfecta, si lo pensaba bien, pero si había una cosa que se podía decir sobre Percy Weasley era que siempre fue sensato y práctico. No podía rehusar tal empleo, era temporario, pero los Malfoy eran ricos y tenían varios negocios, si lo hacia bien podía tener un nuevo trabajo estable. El hecho que eso probablemente haría que su familia tuviera un desmayo colectivo, le hizo escribir una corta aceptación. Ya hablarían más si el chico realmente deseaba que se quedara con el trabajo. Le daba una emoción enorme el pensar en la colección de Severus Snape en sus manos antes que cualquiera, tantas cosas que leer, hacer… sería bueno para su mente.
X~x~X
- Listo, señor Weasley, ya está todo firmado y completo. Mañana tendrás tu copia después que haga el registro en el Ministerio. - El abogado dijo, luciendo muy formal, pero con una sonrisa discreta. - Congratulaciones.
- Gracias. - Contestó, sonriendo también.
- Los Malfoy son empleadores muy buenos, seguro que te gustará más que trabajar en el Ministerio.
- Claro que sí, somos mucho más encantadores que aquellas sanguijuelas del Ministerio. - Draco dijo, entrando con tiempo de oír al abogado. - ¿Ya terminaste con la parte molesta?
El viejo mago soltó un bufido y miró a Draco con cara seria.
- No es molesta, niño, sino necesaria. Eres el único heredero de Lucius, un día tendrás que aprender a lidiar con eso.
Draco le dio una larga sonrisa.
- ¿Yo? Para nada, si para eso atrapé a Percival. - Bromeó. - Ahora cuidarás de mis intereses, ¿verdad?
Percy intentó leer la expresión del rubio, pero no pudo, y sólo asintió.
- Claro, pero el señor Attinks tiene razón. Tendrás que aprender un poco de negocios y leyes un día. – Dijo, ya preguntándose si tendría que ser su secretario y presionarlo para trabajar.
- El chico me gusta. - El viejo abogado dijo, mirando como miraba a Draco con severidad. - Ahora, salgan de mi oficina, tengo cosas que hacer para mantener a tu herencia rindiendo para que puedas jugar con ollas y cucharas… menuda locura.
Los dos obedecieron y Draco empezó a hablar luego que salieron:
- Era amigo de mi abuelo, le da una cosa que mi padre no me haya hecho estudiar algo para los negocios, pero sólo ladra, no muerde.
- Estoy acostumbrado con el tipo, pero la verdad es que se percibe que es dulce.
Draco lo miró horrorizado.
- Ciertamente le gustaste, Percival, dulce no es una palabra que usaría para definir a Attinks, pero como caíste en sus buenas gracias, ándate con ojo, si te invita a jugar al ajedrez, huye, estará planeando proponerte matrimonio.
El pelirrojo rió a carcajada limpia.
- ¿Te ríes? Pues fue así que atrapó a su difunto marido, citas para ajedrez, mi padre me dijo todo. – Draco dijo, recordando al marido y socio del viejo. – Su nombre era Evon, él sí era un hombre dulce, siempre me daba galletas y ranas de chocolate.
- Claro que te gustaría el que te mima y no el que te riña. - Percy dijo, y cuando los dos llegaron a la calle, se sorprendió cuando el rubio le puso la mano en su codo para guiarlo para el otro lado de donde tenía que irse.
- Ciertamente es eso, soy un niño mimado, ¿no sabías? - Dijo, con una sonrisa maliciosa. - Y ahora te llevaré a un buen restaurante para conmemorar que me sacarás del lío con las cosas de Severus.
- Es una herencia preciosa, no un lío. - Percy dijo, y se arrepintió al ver como los ojos del rubio se oscurecían.
- Lo sé, pero es que no puedo lidiar con eso. Creo que su muerte para mí es un poco irreal, si fuera a mirar sus cosas, separar sus libros… se haría demasiado real.
Percy entendía esa sensación mejor que cualquiera. Por semanas después de la muerte de Fred se despertaba con la sensación que todo fue una pesadilla y que podría verlo y realmente disfrutar de hacer una broma y no sentirse culpable porque su última sonrisa fue para él y su muerte luego en seguida también. Pensando en el tiempo que llevó para decir su nombre en voz alta, se compadeció de Draco, quién había enterrado al padrino después de saber que le había mentido toda su vida, enganchó su brazo con el del chico.
- Ya cuidaré de eso, no te preocupes. Ahora llévame a tu restaurante, pero ya te digo que me rehúso a comer babosas.
Draco sonrió largamente.
- No te preocupes, Percival, te presentaré a los mejores platos. Ya verás cómo me creerás el dios de la cocina.
X~x~X
Draco Malfoy,
¿Te olvidaste de decirme que tu padrino hizo de la meta de su vida tener más libros que cualquiera? La casa está abarrotada, y el polvo… déjame decir que limpiar eso te costará un extra, ya que no quieres que nadie entre, tendré que hacerme cargo, sólo la limpieza tardará unos tres días, no puedo hacer todo con magia, tengo miedo de dañar los libros. Y sí, estaba correcto, la humedad afectó los libros, HAY MOHO, tendré que usar una solución especial, receta de tu padrino, claro, para limpiar las hojas y pergaminos afectados. Ahora sé por qué huiste para Paris sin siquiera traerme a la casa, sabías que iba a darme un paro cardíaco. Creo que sólo por eso tendrás que cocinarme algo dulce.
Hasta luego,
Percy Weasley.
PS: Hermes necesita descansar antes de volver, no le des trocitos de bacón, sólo galletas.
Draco sonrió cuando recibió a Hermes aquella noche en Paris, ciertamente que su dueño no se quedó feliz, pero eso era bueno si le daba una cita cuando volviera a Inglaterra.
- ¿Cuánto tiempo crees que me llevará conquistar a tu dueño? ¿Unas semanas, unos meses? – Draco preguntó a la lechuza, acariciando sus alas. – La cosa es que es mejor que yo te guste, porque en un tiempo tendrás que acostumbrarte con los halcones de Malfoy Manor.
X~x~X
Querido, Percival,
¿Pero, cómo te crees que hice algo así a propósito? Jamás te dejaría hacer tamaño trabajo sólo, mi madre puede enviar uno de los elfos, ¿quieres? La magia de ellos nunca dañó a nada en la biblioteca de la mansión y allí hay libros muy sensibles. Ya le avisé que tal vez necesites de uno de ellos, sólo envíale una carta y ella te ayudará con eso. Y aunque no sea mi culpa que Severus eligió vivir en ese tugurio muggle, lleno de polvo, humedad y moho, te haré una cena completa en mi próxima ida a Inglaterra, es una cita. Y mira, te dije antes de viajar, pero te lo repetiré, si hallas alguna caja cerrada con magia o algún libro en que sientas una mala vibración no toques nada. Llama a mi padre, él podrá lidiar con eso o llamar a alguien que lo haga.
Cuento los días para nuestra cena.
Draco Malfoy.
Percy dejó la carta en la mesa y la miró pensativo por mucho tiempo. Ya había salido con un chico, Oliver era un grano en el culo para sus jugadores, pero muy dulce y atencioso como novio, no exactamente lo que le gustaba a él, pero muy bueno. Draco Malfoy era muy bonito y tenía un aura de misterio que le hacía pensar en cosas que no debería. Sabía que no era correcto iniciar ese tipo de relación con su jefe, pero los dos eran adultos, y tenía seguridad que si le decía que no, el rubio volvería a portarse estrictamente amigable, pero no con flirteos, eso no era lo que deseaba. Tenía curiosidad para saber hasta dónde eso los llevaría.
X~x~X
- ¿Tan pronto en casa? – Su madre preguntó, cundo lo vio salir de la chimenea.
- Hola, madre. Estoy bien, gracias. – Dijo, con sarcasmo.
Su padre rió, pero le dio una mirada escéptica.
- Creo que es la primera vez que vuelves antes de un mes desde que saliste para estudiar. No puedes culparnos por quedarnos tan sorprendidos. – Dijo, dejando que le saliera una sonrisa maliciosa. – Y traes ingredientes que no puedes encoger, ¿qué traes entre manos, hijo?
- Nada muy importante, sólo pienso seducir a Percival. – Draco dijo, esperando de corazón que los dos no hicieran una escena. No era su deseo pelear con sus padres, después de la guerra, le dejaron seguir su vida como quiso, no deseaba volver a…
- Eso es importante, Draco. – Su madre dijo. – Si eres tan lento como tu padre, el pobre tendrá que hacer las cosas por sí mismo.
- Oye, no fui lento. – Su padre discordó, pero Draco ya conocía la historia y él no iba a ganar la discusión.
- Cariño, tardaste dos meses para pedirme una cita y uno más para besarme. – Narcissa pinchó. – Y eso después que te envié una carta en San Valentín.
- Eso es ser muy lento, padre. – Draco dijo, divertido.
- Perdón si no todos podemos cocinar y encantar pobres pelirrojos trabajadores. – Lucius dijo, pero luego se puso serio. – El señor Weasley es nuestro empleado, no es necesario que te diga que no debes pasarte de la raya, ¿verdad? Si te dice que no está interesado, acepta como el mago de buena cuna que eres.
- Sí, además, si no te interesa para algo serio, déjalo ya. – Su madre le dijo. – La familia del chico se pondrá furiosa, no le hagas quedarse en peor posición por un capricho… para eso están las señoras y caballeros en aquella casa roja que los jóvenes sangre pura conocen tan bien.
- ¡Madre!
- ¡Narcissa!
Él y su padre protestaron, pero ella sólo les hizo una mueca.
- Es verdad.
-¿Puedo deducir que conocieron al pelirrojo entonces? – Draco preguntó, curioso por la reacción de sus padres.
- Fui a llevarle uno de los elfos y terminé pasando la tarde con él. Es muy inteligente y ágil de pensamiento, y tiene modales impecables, una verdadera sorpresa ya que es un Weasley.
- Eso ya lo sabía. – Su padre dijo. – Ya me agradaba antes, es un buen trabajador, listo y competente, y se ganó a tu madre.
- ¿Entonces, nadie va a hacer una escena debido a su familia?
- Es sangrepura, pero si hoy me dijeras que quieres salir con Hermione Granger, te diría "buena suerte", hijo. – Lucius dijo. – Aunque me diera úlceras, intenté guiar tu vida una vez y Merlín sabe que fue un desastre. Respetaré tus elecciones.
- Además, Attinks hizo elogios sobre como Percy es listo para lidiar con la organización de las cosas. Tu padre ya piensa que sus negocios estarán a salvo, que tu novio, futuramente esposo, va a impedirte vaciar las bóvedas de los Malfoy con mala administración. – Narcissa dijo, sonriendo.
- ¿Se acuerdan que siempre me dijeron que sabría cuando fuera la persona correcta? – Draco preguntó y sus padres asintieron. – Pues, fue el único después de la guerra que me miró como si fuera una persona y no un pedazo de mierda, y eso cuando terminaba de perder a su hermano. Siempre estuve fascinado por su actitud en la escuela, diablos, tenía once años y no sabía cómo Ronald Weasley podría ser tan horrible si su hermano mayor trataba de hacer que todos, sin importar las casas siguieran las reglas y estudiaran. Se quedaba en la biblioteca y ayudaba a los menores de cualquier casa a buscar libros y estudiar. Pensé que era el hermano mayor que siempre quise, ahora lo quiero para mí… no para hermano, claro está.
Narcissa sonrió y asintió.
- No pensé que sentarías cabeza tan pronto, menos aún después de tu tiempo con Blaise. – Su padre le dijo. – Pero no voy a negar que eso me gusta, los dos harán buena pareja, eso es, si puedes lograr hacerlo aceptarte. No creo que el chico Weasley sea tan estúpido como para quererte.
Su madre rio de la broma, y él pinchó a su padre:
- Tardaré menos que tú, eso es seguro. Y si mamá aceptó a un… ¿cómo era mismo eso? Heredero sin seso y con una loca obsesión por su pelo, creo que estaré bien con Percival. – Se rió, mientras iba a la cocina, tenía cosas que preparar antes de ir al apartamento del pelirrojo.
X~x~X
Decir que Percy estaba nervioso era quedarse corto, ya hacía más de diez días que recibió la carta de Draco y pasó todos los días, limpiando, puliendo y reorganizando su pequeño apartamento, principalmente la cocina, iba a recibir a un futuro chef, después de todo. Y aun con toda esa preparación, brincó cuando oyó su timbre. Abrió la puerta y lo vio con una sonrisa seductora en la cara, estaba usando una túnica negra y traía dos bolsas llenas.
- Hola, Percival, ¿me echaste de menos?
- Hola, Draco. ¿Cómo podría? Tuve mucho trabajo que hacer, imagino que tú también, ya que siquiera otra carta pudiste enviar. – Percy pinchó, mientras se alejaba de la puerta para hacerle entrar.
El rubio acusó el golpe verbal.
- Lo siento, eso no tiene excusa. – Draco reconoció. – No voy a decir en mi defensa que los restaurantes son prácticamente un régimen de esclavitud, que la cena termina a la media noche, tenemos que limpiar todo casi hasta las dos de la mañana, para luego volver a las nueve del otro día para preparar todo para el almuerzo, no sabes lo molesto que es limpiar pescado y cortar carnes para docenas de personas. – El rubio dijo, con un mohín.
Percy lució culpable.
- Lo siento, no sabía eso, es que…
- Está bien, como dije, no hay excusa para no darte atención. – Draco le dijo, dejando las bolsas sobre una mesa y acercándose al pelirrojo. – Y como quiero que los dos disfrutemos de la cena, voy a hacernos un favor.
Percy no entendió qué quería decir Draco, hasta que el rubio le cogió el rostro entre sus manos y se acercó despacio, dejando que él eligiera si iba a aceptar o no lo que vendría después. El pelirrojo no se alejó, sólo cerró los ojos al sentir como su respiración se mezclaba con la del rubio, y luego sintió sus labios sobre los suyos. Los dos sintieron un temblor al tocarse así, Percy abrió los labios y aceptó que Draco lo besara con pasión, robando su respiración y la seguridad de sus piernas.
- Ya está, ahora ninguno va a pasar la cena pensando si vamos a besarnos o no. – Draco dijo.
- Puedes decir que sólo encuentras irresistible la tentación de besarme. – Percy bromeó, ajustando sus gafas.
Draco rió.
- Si te dijera qué se me antoja cuando te veo, Percival, me sacarías de tu casa a puntapiés.
- Un día me dices y lo decidiré, ¿vale? – Percy dijo, sintiéndose lleno de valor.
- Es una promesa. – Draco afirmó, con una sonrisa maliciosa.
