Percy agradeció mentalmente que su trabajo en la casa del profesor Snape le permitiera pasar todo el día solo, de esa manera pudo sonreír tontamente cada vez que recordaba su cena con Draco Malfoy. El chico no había mentido, podía cocinar realmente y le hizo el mejor salmón que jamás probó en su vida, incluso sus malditos espárragos estaban deliciosos y crujientes, con un sabor especial que no podía explicar. El rubio incluso le informó que se había rebajado a hacerle una sobremesa de chocolate con un nombre francés que Percy no recordaba, pero que le hizo gemir al probarlo, con eso dijo que pagó su deuda por no haberle dado la debida atención, y le atacó la boca por segunda vez en la noche, llamándole provocador. Cosa totalmente injusta, ya que quedaba claro que la culpa era del cocinero, quién llenó la copa de cristal con una crema de chocolate tan deliciosa a tal punto de hacerle soltar unos sonidos indiscretos. Lo malo fue que el rubio tuvo que volver a Paris aquella noche, ya que el día siguiente tenían una cena sólo para invitados que preparar en el restaurante donde trabajaba. El pelirrojo estaba tan distraído en sus pensamientos que tropezó con el hombre sentado frente a su puerta.

- ¡Ouch! – Ron reclamó, mirándole desde abajo.

- Lo siento, pero, ¿qué haces sentado fuera de mi apartamento?

- Te esperaba, claro. – Fue la respuesta del menor, como si eso fuera lo más normal del mundo.

Percy luchó contra las ganas de sonreír, Ron era el hermano cuyas expresiones faciales eran más fáciles de leer, si estaba cabreado se le veía, si estaba dudoso y un poco avergonzado también.

- Eso ya veo, pero, ¿por qué?

La cara de su hermano se puso tan roja como su pelo.

- Vine a saber cómo estabas… tardé un montón porque tuve que vigilar a George y no sabía que escribir en una carta. Lo siento, Percy. – Ron dijo, bajando los ojos.

Si había una cosa que el menor de los chicos Weasley podía regodearse era ser el preferido de Percy, siempre lo había sido, y aunque se sintió muy triste y justamente ofendido que no le buscara para nada después de las escenas en el cementerio, una de ellas que lo envió a San Mungo, no podía dejar de creer en él.

- Ya sé, anda, pasa un momento. – El mayor dijo, abriendo la puerta con un pase de varita.

Percy pasó primero, dejando su pasta sobre la mesita y no se sorprendió mucho cuando Ron lo abrazó con un poco de vergüenza.

- Te eché de menos. – Dijo el pelirrojo menor.

- ¿A mí o a mis consejos? – Percy bromeó.

- Son como una sola cosa, así que no seas malo. – Ron pidió, con los ojos brillando de alegría. – Aunque, creo que me hiciste mucha falta cuando le dije a Hermione que no volvería a la escuela, creo que casi le provoqué un paro cardíaco.

Percy frunció las cejas, a él tampoco le gustó esa decisión de su hermano.

- La pobre chica tendría que haberte tirado de las orejas hacía la escuela, aún no creo que tuviste la caradura para no terminar tus estudios. – Dijo, sacando el sobre y caminando rumbo a la cocina. - ¿Quieres un té?

- ¿Por qué no? – Ron dijo. – ¿No estás molesto conmigo?

- Claro que sí, pero creo que no estás en tan buena posición en la familia, ¿cierto? Por lo que dijiste y lo que vi en el cementerio te quedaste con la responsabilidad de cuidar a George.

- Sí, Bill está casado y con un bebé en camino, Charlie está en Rumania, Ginny se fue a jugar como profesional, ya sabes… bueno, soy el que puede hacerlo. – Ron explicó. – Tiene buenos días.

- ¿Son más que los malos?

- Antes del aniversario de la batalla sí, pero ahora está más deprimido que nunca y lo ahoga en el whisky de fuego. – Ron dijo, con un tono reprobador que ciertamente había sacado de su hermano mayor. – Papá se quedó con él hoy, ya no sé qué hacer.

- ¿Los medimagos no pueden ayudar? – Percy preguntó, preocupado.

- Hermione casi tuvo otro paro cardíaco cuando descubrió que en el Mundo Mágico no tenemos clínicas de recuperación para los adictos. – Ron dijo, con una cara tan estricta y sin emoción que apretó el estómago de Percy. Siempre había sido un niño tan alegre y divertido, sin preocupaciones, maldita guerra que robaba eso de su hermanito, y no pudo evitar maldecir un poco a George, que se perdía en su dolor sin poner atención a lo que hacía con su hermano menor. – Ella explicó que está enfermo, pero no podemos enviarlo a un sitio muggle, su magia tiene brotes como los de un niño ahora que se ahoga en alcohol.

- Lo siento, Ron. – Percy dijo.

El menor sacudió la cabeza.

- La verdad es que soy yo quien debería decir eso… Ni siquiera me quedé cuando estabas en el hospital. – Dijo, realmente avergonzado. – Me fui allá inmediatamente, después que te llevaron, hice la donación, pero tuve que volver a La Madriguera porque mamá tuvo una crisis.

- ¿Cómo está ella? – Percy preguntó, con un dolor en el pecho.

- Te echa de menos. – Ron afirmó. – Está mejor, es decir, no llora todo el tiempo e incluso se puso a cocinar nuevamente desde hace unos dos meses.

- ¿Mamá estaba sin cocinar? – Percy preguntó, realmente preocupado.

- Sí, nada le salía bien por un tiempo, entonces dejó de cocinar. Decía que cuando cocinas triste, la comida sale mal, cosa real, porque por primera vez en mi vida la vi quemar una tarta y las patatas. – Ron dijo con una mueca. – Tuvimos que comer lo que yo hacía, puedo decirte que ahora sé preparar a la perfección carne con patatas de varias maneras.

Percy sonrió, dejando la cabeza un poco de lado.

- Te creo sin probarlo, Ron. – Contestó.

- Hermione dijo que me sale muy bien. – Fue la respuesta del menor, sonriendo. – Incluso le gustó el pastel que le hice por nuestro aniversario de noviazgo.

- Claro, como si te fuera a decir si estaba un desastre. – Bromeó, sorprendiéndose a sí mismo por sonreír tan fácilmente y el golpe que recibió por eso valió la pena por los ojos brillantes de su hermano.

- Oye, mi novia es muy sincera. – Ron dijo, sonriendo. – Ella envía saludos.

- Dile que deseo que recupere el juicio y se aleje de mi hermanito sin seso. – Dijo, pinchando al menor, que hizo un mohín.

- Suerte la mía que ella está conmigo por mi cuerpo. – Fue la respuesta de Ron, que tenía una sonrisa maliciosa, y rió abiertamente al ver como su hermano mayor se ponía rojo. – Ajá, necesitas más práctica si vas a liberar el gen divertido que hay en ti.

Percy bufó, y Ron frunció el ceño, como si recordara algo.

- Escucha… papá dice que está todo bien si te vienes para el almuerzo el domingo. – Dijo con cuidado.

El corazón de Percy dio un vuelco de emoción.

- ¿Y George?

- Bill se lo va a llevar por el fin de semana, creo que le va a dar un buen sermón por lo del cementerio. Se puso muy molesto cuando le dije lo que George hizo… quiere verte también, pero por algún motivo idiota todos me enviaron porque creen que soy tu hermano favorito y no me ibas a cruciar.

Percy terminó de hacer el té y se lo entregó a su hermano, mirándole con cara seria.

- Todos están locos, no sé de dónde sacaron eso. No tengo favoritos. – El mayor afirmó, conteniendo las ganas de reír

La cara de Ron no podía ser más chistosa, incluso hizo un mohín.

- Ya, les dije eso, pero siempre vienen con lo mismo. Ginny es la peor, porque dice que ese debería ser su lugar, por ser la menor.

- El favorito es mío, elijo quién me da la regalada gana. – Percy dijo, la menor de los Weasley fue la que se quedó más al borde con él.

- ¡Ajá! Soy yo, sí soy yo. – Ron vitoreó, haciendo a Percy rodar los ojos.

- Como si ya no lo supieras, niño insufrible. – Percy dijo, sacando unas galletas del armario. – ¿Quieres unas pastas de chocolate?

- Sí, claro. – Ron dijo.

- ¿Y tú, qué haces aparte de vigilar a George y no estudiar? – Percy preguntó.

- Pues, trabajo con él. Descubrí que sí puedo inventar cosas, a veces eso deja a George muy triste porque le hace recordar a Fred, pero me enseñó muchas cosas, es realmente inteligente, no sólo un grano en el culo. – Ron dijo, sintiendo que debería defender un poco al gemelo que les sobraba.

- Ya lo sé, Ron, los dos siempre fueron más listos y creativos que la mayoría. Me volvió loco que usasen eso para bromas, pero cada uno tiene una pasión, no hay como luchar contra eso. – Como Draco y la culinaria, no podía imaginar al rubio feliz haciendo otra cosa de la vida.

X~x~X

Querido Draco,

Tuve una noche increíble hoy, cuando llegué a mi casa había un chico muy alto y fuerte esperando por mí. ¿Qué puedo decir? Es mi favorito. Tuve que entretenerlo por horas, charlamos e incluso le di la copa de chocolate que sobró de tu cena, a él le gustó un montón, dice que es la mejor cosa que ya probó en su vida. Estoy tan feliz porque Ron viniera a verme, pasó por malos momentos, es el que cuida de George y tiene que lidiar con sus brotes de borrachera. Eso va muy mal, pero tendré un almuerzo en mi casa el domingo, creo que podemos hacer las paces nuevamente. ¿No es excelente?

Pero no puedo dejar de decir que ahora estoy trabajando en los libros de tu padrino que fueron afectados por el moho, hay que aplicar la solución hoja por hoja de todos los libros, da mucho trabajo, pero ya recuperé a dos. Tu colección estará en perfectas condiciones cuando termine con eso, pero el inventario puede llevar mucho tiempo debido a eso. Lo siento.

Espero verte pronto.

Percy Weasley.

Draco era celoso, siempre lo supo. Era hijo único, egoísta y posesivo, por eso le dio un poco de incomodidad pensar que Ron Weasley era el hermano favorito de Percival, porque eso significaba que el maldito pelirrojo pecoso podría intentar alejar a su novio de él, y bien, Potty eligió al maldito sobre él una vez, no tenían buen historial de peleas, Draco solía perder y odiaba perder más que arruinar un buen pedazo de carne dejándola pasar del punto correcto. No sabía qué decirle a Percival, pero le escribió una respuesta tranquila, felicitándole por la visita de su hermano, y dejando claro que sus familiares eran los únicos hombres altos y fuertes que podrían esperarlo en casa sin que él tomara eso muy mal, era bueno dejar claro que era un celoso de lo peor. Aún así le dijo a Percival debería proteger sus sentimientos, que su familia aún no sabía que trabajaba para los Malfoy y que eso podría echar todo a perder, que fuera muy cuidadoso en sus charlas, que eligiera el mejor momento para hablar sobre eso y que refrenara su genio. Luego escribió una carta a sus padres pidiendo que mantuvieran un ojo en su novio después del domingo, sólo para garantizar. Si la cosa iba mal, siempre podían llamarle para recoger los trocitos del corazón de su león, la familia Weasley era grande y unida, pero podían ser crueles cuando estaban enojados, y les dejaría tener un intento, pero iban a aprender muy rápido que Percival ya no sería blanco para sus ataques.

X~x~X

Percy nunca pensó en mentir a sus padres sobre su vida, pero cuando le preguntaron en qué estaba trabajando, ya que no estaba más en el Ministerio, se puso tenso y se preparó para decir la verdad y tener otra pelea, como la que le hizo salir de casa tanto tiempo atrás, pero fue salvado por Ron.

- Déjenle en paz, ¿no ven que no quiere hablar de eso ahora?

Arthur puso una cara dudosa, pero su esposa le dio unos golpecitos cariñosos en la mano sonriendo a su tercer hijo.

- Ron está en lo correcto. Nuestro Percy es muy responsable y sabe que hace, mejor dime si estás viendo a alguien.

Eso era peor e hizo que él se atragantara con su pedazo de pastel de carne.

- Sí, lo está. – Dijeron Ron, Hermione y Harry al mismo tiempo, los tres con sonrisas pícaras en la cara.

- ¿La conozco? – Su madre preguntó, también sonriendo. Incluso su padre tenía una mirada cariñosa para él, y fue un largo tiempo desde que vio esa mirada, la añoró tanto que casi sintió dolor físico.

Para calmarse, tomó un trago de zumo de calabaza fresco y miró a su plato.

- No es una chica. – Murmuró, deseando que no le presionaran para decir el nombre de su pretendiente, Merlín sabía que los Weasley y Harry podían ser unos paranoicos pesados con su protección hacía la familia.

Hermione soltó una exclamación de victoria.

- ¡Oliver Wood! ¿Los dos están saliendo nuevamente? – La chica preguntó.

- No es él… ¿y cómo sabes que ya salimos? – Percy preguntó, anonadado.

- Todas las chicas de la torre sabíamos, creíamos que hacían una pareja muy linda. A Ginny no le gustó mucho, porque hacía chistes y bromeaba contigo en frente a los demás a propósito, incluso le hechizó. ¿Wood no te lo dijo?

- Oliver jamás me diría que mi hermanita menor le hechizó por llamarme sabelotodo en frente de todos en la torre. – Percy dijo, con una sonrisa. – A lo mejor le pregunto sobre eso cuando lo vea, será divertido saber si se recuerda ese episodio.

Harry rió y empezó a acordarse de los entrenamientos, Ron le siguió y terminaron por hablar de Quidditch, mientras él y Hermione charlaban sobre la carrera de la chica, que había logrado una posición en el Ministerio a medio tiempo, mientras estudiaba leyes. Terminó por ser un almuerzo muy agradable, aunque, sentía un peso en el estómago al pensar que ocultaba una parte muy importante de su vida a su familia. Sabía que la cosa no se pondría bonita cuando supieran, pero no deseaba estropear esa pequeña paz después de tanto tiempo alejado de su casa de nacimiento.

X~x~X

Draco evitó la casa de su padrino después de su muerte, mismo cuando supo que era su único heredero, también se había quedado con todo el dinero de Bellatrix y de su marido, pero no había tocado en nada. Todo por motivos diferentes, claro está. La herencia de Severus le dejaba con sentimientos confusos de añoranza, rabia y orgullo, la de su tía se sentía sucia. La casucha en la calle muggle se veía fea y cuando entró, oyó a Percival cantando bajito mientras aplicaba con atención una solución en las páginas de un libro de su padrino, sacudió su cabeza negativamente, un día, tendría que enseñarle a mantener la guardia alta a todo momento. Era muy fácil sorprenderlo, y si fuera alguien con malas intenciones… y no fuera tan rápido como él para agarrar el puño del pelirrojo que voló hacía su cara cuando tocó su hombro.

- Me gustaría más que sacaras tu varita. – Draco reclamó, pero no tuvo mucho efecto, ya que se ocupó de besar la mano de Percy mientras lo miraba con ojos maliciosos. – Aunque me gustó mirarte sin que supieras, te ves muy bonito concentrado en tu trabajo.

Percy sonrió y acercó su cara a la del rubio.

- No soy bonito, deja de coquetearme. – Pidió, sabía que no era bonito como Bill o fuerte y seductor como Charlie, era el hermano normal, aunque le gustaba un montón la atención de Draco.

- Tienes razón, eres lindo. – Draco dijo, dejando que sus labios tocasen los del pelirrojo. – Me gustan tus ojos, como mordisqueas tu labio mientras miras un libro, tu cuello… me gustas todo y eres lindo.

Percy no se dio al trabajo de contestar, porque estaba más interesado en dejar que la lengua atrevida de Draco tuviera acceso a su boca, el rubio tenía sabor de chocolate y café al mismo tiempo, un sabor exquisito en la opinión de Percy, que cerró las manos para no tocar al rubio con los guantes sucios de la solución para el moho. Los dos se quedaron sin aire cuando Draco finalmente dejó su boca.

- Si no me besaras tan entusiásticamente, pensaría que no querrías tocarme. – El rubio dijo, besando la barbilla del chico un poco más alto que él.

- Aún tengo los guantes sucios de poción, tonto. – Percy dijo. – No sé si mi jefe aprobaría que estuviera besuqueándome mientras trabajo.

- Tu jefe es un pervertido que desearía que trabajaras usando sólo un delantal. – Draco dijo, riendo ya que Percy se puso del color de su pelo, aunque no perdió la mirada retadora.

- Un delantal no es para mí, es para el cocinero de esta... ¿relación? – Contestó, un poco dudoso, pinchándole en el pecho con el dedo índice, olvidándose del guante sucio.

- Pues, claro que es una relación. – Draco dijo, mirando al pelirrojo con recelo. – Ya sé, quieres que estemos ocultos mientras tu familia te acepta de nuevo.

Percy abrió la boca con sorpresa.

- ¿Qué? No, es que… bueno, pensé que no querrías que tus padres lo supieran. – Dio una sonrisa de desprecio. – No soy exactamente cotizado para un heredero importante.

Draco no aguantó, sabía que no debería hacerlo, pero rió. Sostuvo los brazos de Percy y lo abrazó junto al pecho cuando lo vio estrechar los ojos con rabia, pero no se debatió para soltarse, sólo le envió aquella mirada digna, algo que su padre o su madre aprobarían.

- Lo siento, Percival. No te molestes, por favor. No me rio de ti, pero la situación es chistosa. – Dijo, respirando hondo para calmarse. – Yo pensaba que tendrías vergüenza de decirle a tu familia que estás conmigo, era un mortífago, maldita sea.

- Eras un niño… aún eres joven, tan joven. Oh, por Merlin, seduje a un chico de la edad de mi hermano menor. – Percy dijo, choqueado.

El rubio irguió una ceja.

- Yo soy el que te sedujo y aún no gané el premio final, así que no te pongas todo león mojigato. – Pinchó. – Y el tema central es que no soy un heredero importante, Percival, tengo el dinero, pero si nuestra relación se hace pública, tú eres el que tendrá más problemas, es peligroso incluso. Tienes que pensar muy bien, porque la sociedad no perdona ese tipo de cosas y habrán chismes y…

Percy sacó los guantes de trabajo, y cogió el rostro de Draco.

- Draco, soy el Weasley traidor, la oveja negra de mi familia, el que debería haber adivinado que un mortífago estaba disfrazado en el Ministerio cuando nadie más lo hizo, el que no se quedó… sé de mala publicidad mejor que nadie. Si crees que tus padres no la tomaran contigo porque estás con uno de los Weasleys pobretones…

- Oye, lo siento. Pero el Wease… Ronald me sacaba de quicio. – Draco dijo.

- Ron es mi favorito. – Percy dijo, sonriendo al saber cómo los dos se odiaban mutuamente. – Pero puede ser un verdadero grano en el culo cuando se lo propone.

Draco tragó las ganas de lloriquear. ¿Tendría que ser ese? Hasta el domador de dragones sería más fácil de agradar. Cambió de tema rápidamente.

- Mis padres creen que tengo un gusto exquisito para elegir pareja. Mi padre ya te respetaba como empleado del Ministerio, mi madre te aprobó cuando vino a traerte el elfo. Créeme, no tendremos problemas con ellos. Mamá debe estar contando los días para prepararnos una boda.

Percy tragó duro con esa información.

- ¿Boda? Pero… ¿qué?

Draco rió.

- No ahora, tonto, en unos años. Los Malfoy no somos promiscuos, elegimos a alguien, seducimos, conquistamos y nos casamos. Es como se hace, soy un sangre pura tradicional. Haremos las cosas a nuestro tiempo, pero esto es para durar, Percival. – Dijo, besando la quijada del pelirrojo nuevamente.

Percy suspiró.

- Sería más fácil si quisieras que fuera tu amante. – Reclamó.

- Pero quiero que seas mi amante. – Draco dijo, con descaro. – Pero me portaré bien hasta nuestra tercera cita, por lo menos.

Percy irguió una ceja e hizo cara de ofendido.

- Los Weasley somos criados para esperar hasta el matrimonio. ¿Qué crees, que soy un cualquiera que puedes seducir después de unas cenas? Qué descarado…

Draco palideció, en la opinión de su novio que reía por dentro, realmente preocupado con la posibilidad.

- Hum… er… creo que eso de esperar unos años es sobrevalorado para las bodas. – Draco dijo, por fin.

Percy rió con ganas.

- Ay, tu cara…

Fue el turno de Draco de refunfuñar un poco, pero luego agarró la cintura de Percy, atrayéndole junto a su pecho.

- Ya veo que eres chistosito, Percival… si me retas demasiado te enseñaré que puedo hacer con mis cucharas de madera, unos golpes y sabrás no bromear con temas tan importantes.

Los ojos de Percy brillaban al inclinar el rostro para besar el cuello del rubio con provocación.

- Si eres lo suficientemente viril para atraparme y hacerme pedir por eso, cariño… bajaré mis pantalones y me pondré sobre tus rodillas para que lo hagas.

Draco tragó duro, totalmente choqueado que el pelirrojo le dijera eso y le hiciera pensar en la escena. Percy, al ver la reacción del rubio, sólo le besó los labios con una sonrisa de victoria.

- Ahora ven, déjame enseñarte los libros que llevaré mañana a Malfoy Manor, tu padre ya hizo un nuevo sector en la biblioteca para los libros de tu padrino.

Definitivamente, ese pelirrojo sería su perdición, Draco pensó, mientras intentaba poner atención en lo que Percy decía y mostraba y no en las imágenes mentales que tenía de sí mismo dejando el culo de su novio tan rojo como su pelo.