A Percy le gustó mucho eso de trabajar con la herencia de Severus Snape, ya que el propio había dejado instrucciones para que nadie utilizara su solución para el moho por muchos días seguidos, estaba ocupado organizando los ingredientes de su armario antes de volver a los libros y pergaminos. La colección de Severus era impresionante e extremadamente valiosa, había allí cosas que fueron traídas de otros países, plantas raras del Bosque Prohibido, todo cuidadosamente procesado, etiquetado y puesto bajo hechizos de éxtasis por el profesor. Llevó casi una semana para inventariar a todos y comparar con las notas del profesor para saber si tenía que tirar alguna cosa que ya no estaba buena para su utilización, fueron pocos casos así, gracias a Merlín, si Snape no fuera tan perfeccionista con sus ingredientes, podían haber perdidos cosas valiosas y difíciles de encontrar. Cuando el armario estuvo vacío, Percy notó que había un fondo falso en una de las laterales, con cuidado, lanzó un hechizo para saber si había alguna maldición y no encontró ninguna, aún sin usar las manos, levitó la tapa de madera, revelando varios diarios guardados allí. Percy dio un brinquito de emoción, el padrino de Draco era famoso por creaciones y mejoras en varios campos de las pociones, pero nunca se preocupó mucho en registrar y vender sus recetas, por lo que su novio le contó, sólo hacía eso a veces, para tener dinero extra para comprar libros e ingredientes caros.

- No puedo esperar para decirle esto a Draco. – Dijo, animado, y luego hizo una mueca, eso de trabajar sólo en una casa vacía estaba afectando su juicio, nunca antes había pasado tanto tiempo hablando en voz alta con él mismo.

Curioso, como todo buen león, Percy sacó los diarios del escondite y se quedó irritado cuando ningún de ellos abrió.

- Fuiste una serpiente muy lista, profesor, muy lista. – Refunfuñó sólo, haciendo un puchero.

X~x~X

Como todo buen ratón de biblioteca, Percy no podía dejar de intentar saber cómo abrir los diarios, así que fue hacia la librería a buscar algo sobre hechizos de protección. Estaba muy interesado hojeando un libro que hablaba justamente sobre hechizos de pegamento para protección de objetos, cuando sintió alguien a su espalda, la próxima cosa que pasó fue que sacaron el libro de sus manos.

- Sabes, hermanito, soy especialista en ese tipo de cosas, no necesitas de un libro molesto cuando puedes tenerme a mí. –dijo Bill, después de mirar el libro.

- Oh… hola, Bill. – Percy dijo, ajustando sus gafas sobre la nariz, haciendo que su hermano le sonriera.

- Hola, Percy. – El mayor dijo, tendiendo una mano para acariciarle el pelo y sacar las hebras de su sitio.

- No soy un niño pequeño, deja de hacer eso. – Percy protestó.

- Pues, luces muy joven y adorable con ese pelo más largo, me gusta. – Su hermano dijo, pasando los dedos por las hebras más largas de lo habitual.

Percy se coloreó un poco, en sus primeras cartas, había escrito a Draco diciendo que le estaba gustando tanto el trabajo, que aún no había tenido tiempo de ir a la peluquería para hacerse un corte. La respuesta del rubio fue que no debería hacerlo porque le quedaba bien el pelo más largo que le caía por el frente.

- Ajá… todos hablan de tu nuevo novio, así, que le gusta a él, ¿verdad? – Bill bromeó.

- Pues, sí. – Percy confesó.

Bill enarcó una ceja.

- Tienes que presentarnos, a ver si es bueno para mi hermanito.

Percy tragó duro.

- Hum, mejor esperar que las cosas estén más calmadas. – Dijo. – En casa, es decir.

El mayor de los hermanos hizo una mueca.

- La verdad es que te dejamos a un lado por demasiado tiempo, lo siento el (quita el el) de mi parte, ¿vale? – Dijo. – Siquiera conoces a tu sobrina.

- Tu esposa me envió fotografías. – Percy dijo, sonriendo. – Es una niña muy linda.

Bill se puso triste.

- Lo siento, tienes que venirte a mi casa para conocerla. ¿Qué tal mañana?

- Puede, cuando termine en el trabajo. – Percy dijo.

Su hermano frunció el ceño y miró al libro. Sabía que su hermano había salido del Ministerio tras la implantación de la nueva administración, cosa que creyó injusta. Lo usaron para hacer el trabajo más duro y después les dieron un puntapié.

- No me digas que estás rompiendo maldiciones o cosas así. Es peligroso, Percival. – Bill dijo con un tono muy igual al de su padre cuando sermoneaba a uno de ellos. – Son trabajos que pagan bien, pero hay que…

- No hago nada peligroso, Willian. – Percy lo interrumpió, reuniendo valor. Draco le había dicho a sus padres sobre él, que incluso lo trataban muy bien, no iba a ocultarlo de su familia como si fuera algo sucio. – Estoy a cargo del inventario de Severus Snape.

Bill lo miró con suspicacia.

- Trabajas para los Malfoy. – Dijo, por fin. – Si no me falla la memoria, el chico es el único heredero.

- Sí. – Percy confirmó.

- Me pregunto si hará algo con las bóvedas de Bellatrix. – Bill dijo, con aire curioso. – Todos los rompedores de Gringots queremos una oportunidad para entrar allí y lidiar con algunos objetos que sabemos que ella tenía.

Percy enarcó una ceja.

- Las maldiciones son peligrosas. – Canturreó con sarcasmo.

- Pero estudié y entreno todos los días con eso, no para lucir eficiente en mi oficina. – Bill dijo, sin preocupación. – En serio, no intentes nada con las cosas de Snape, puede ser tan peligroso como lidiar con las cosas de Bellatrix.

- Sólo quiero abrir los diarios.

- ¿Quiere que lo haga yo? – El mayor ofreció.

- Puedo hacerlo. – Percy dijo, tercamente, haciendo que su hermano lo mirara con cierta nostalgia. Le fruncía la nariz y apretaba los labios como cuando era pequeñito y no le gustaba recibir ayuda para nada.

- Está bien, pero, por todos los putos dioses que conoces, no vayas a lanzar hechizos antes que sepas exactamente que usó Snape… - Al recibir una mirada afilada del menor, se corrigió. – Que usó el profesor Snape, puedes reventar los diarios, o peor, herirte.

- Está bien, no te preocupes. Los Malfoy tienen la casa bajo hechizos de vigilancia, si pasase algo, ellos sabrían. Y está el elfo que me dejan para limpiar y reparar algunas cosas.

Bill alzó una ceja.

- ¿Papá sabe?

Percy negó, avergonzado.

- ¿Quieres que se lo diga yo? – Ofreció. – Así si se molesta, te ahorras el mal trago.

Bill tuvo ganas de abrazarlo, Percy lucía indefenso.

- Creo que es mejor que lo haga yo, pero prefiero esperar un poco más.

- No te preocupes, eres tan su hijo cómo los demás, entenderán que es trabajo.

Percy asintió, pero sabía que lo suyo con los Malfoy no era sólo trabajo y que eso sí iba a ser un gran problema.

X~x~X

Si había algo que Percy odiaba era el fracaso, intentó de todo con los diarios, pero nada resultó. Vaya que al profesor Snape le gustaba su privacidad y sus secretos, porque nada en su nuevo libro ayudó siquiera a identificar a los hechizos. Frustración era la palabra que podía definir a Percy en aquel momento, pero sabía que no ganaba nada con ese tipo de comportamiento, así que dejó eso de lado y volvió a la limpieza, ahora que sabía que el armario fue donde Snape ocultó sus diarios, lanzó hechizos nuevos, que aprendió específicamente para eso, sólo para tener seguridad que no dejaba pasar nada, y halló un segundo escondite, pero allí habían cartas. Un buen número de ellas, atadas juntas y junto con dos álbumes de fotografías. Sonriendo, Percy vio que el primero era con algunas fotos de Snape cuando niñito, pero era todo muggle, y eso era un poco triste, la sorpresa fue que había fotos de la madre de Harry, y él sabía que era ella porque alguien había puesto el nombre de los niños en la foto. Tendría que pedir a Draco que le dejara enseñar eso al héroe, era una parte de su madre que Harry tal vez no conociera aún. Esperando hallar más cosas, miró a las fotografías y casi se cae de la silla al ver una versión más joven de su profesor besando a Lucius Malfoy. Sus ojos estaban enormes, pero respiró aliviado cuando la próxima fotografía mostraba a Narcissa Malfoy sentada en una manta con un pequeño Draco. En la fotografía, la mujer decía algo al niño que hacía a Lucius sonreír y dejar los labios del moreno, mientras Severus lo golpeaba. Ya sabía qué hacer con todo aquello, y ciertamente aquellas dos serpientes podrían abrir los diarios.

X~x~X

Narcissa y Lucius le sonrieron cuando entró en el salón de Malfoy Manor, los dos podían ser realmente agradables. Lucius era una fuente de conocimiento de negocios y leyes mejor que cualquier libro.

- Buenas noches, Percy. Qué sorpresa adorable. – Narcissa dijo, besando su mejilla.

- Lo siento, espero no haber interrumpido nada importante. – Percy dijo, súbitamente avergonzado. Tendría que controlar mejor sus impulsos si iba a convivir con personas tan elegantes.

Lucius le sonrió y también le besó la mejilla, haciéndole sentarse.

- Nada, somos dos viejos abandonados por nuestro hijo aventurero. – El mayor dijo, sonriendo. – Es un gusto recibirte.

- Tu suegro está aburrido porque no me gusta oírlo reclamar de las nuevas políticas tributarias del Ministerio. – Narcissa dijo. – Como eres un buen chico, sé que le dejarás molestarte con esto mientras pido a los elfos que te pongan un lugar en la mesa… Draco mencionó que te gustó la sobremesa de chocolate que hizo, creo que dio la receta a una de las elfas…

La mujer salió, dejando a los dos solos. Lucius la acompañó con la mirada, con un brillo alegre, que era exactamente igual al de su padre cuando miraba a su madre en las noches que se reunían todos en el salón después de la cena para charlar de todo y nada.

- Tendrás que cenar con nosotros. Se pondrá muy triste si no lo haces, pensará que te dejó avergonzado. – El rubio le dijo.

Percy le sonrió.

- Será un placer. – Fue su respuesta sincera. – Pero vine por un motivo más especifico que visitar a mis… hum… suegros.

Lucius alzó una ceja.

- ¿No te gusta la palabra? Es lo que somos, al fin y al cabo. – El hombre más viejo dijo, mirándole con atención.

- Es raro que acepten eso tan fácilmente. – Percy explicó. – Estaba preparado para que Draco me dijera que no podríamos ser más que amantes ocultos o cosa así, pero soy yo el que no puede decir nada a la familia.

Lucius mantuvo silencio, pero terminó por decir:

- Arthur ciertamente no dejaría que salieras de su vida por algo así. Molly lo golpearía, seguro.

Decir que Percy se quedó sorprendido era quedarse corto. Su quijada casi golpea el suelo, haciendo que Malfoy sonriera maliciosamente.

- Los padres tenemos más secretos de los que puedes imaginar, estimado yerno.

- Oh, eso ya lo sé. – El pelirrojo, dijo, sacando un paquete pequeño y poniendo sobre la mesa para hechizarlo y volver los diarios de Severus al tamaño normal. – Tengo registros fotográficos y todo.

Percy estaba seguro que no era bueno de su parte sentirse tan victorioso por haber sido el responsable por la mirada anonada de Lucius Malfoy. Eso de participar de esa familia estaba siendo más divertido de lo que había imaginado alguna vez.

- Listo, ya podré recibirte como manda Merlín. – Narcissa dijo, volviendo al salón y mirando a los diarios y álbumes en la mesita, sonriendo al notar lo que eran. – Así que él no destruyó nada, sólo lo ocultó. Muy listo, Severus, muy listo.

Percy la miró arrodillarse para tocar los objetos con delicadeza.

- No abrí nada, sólo vi las fotografías porque empiezan con las de su niñez.

- ¿Tenía mala cara, verdad? – Narcissa preguntó, sonriendo al mirar el pequeño Severus. – Siempre fue un amargado.

- Si me disculpan, vuelvo en unos momentos. – Lucius dijo, saliendo apresurado de allí, haciendo a su mujer suspirar.

- Él y Draco no lidiaron bien con la cosa del espionaje. – Contó. – Yo sí. Hizo lo que tenía que hacer para librarnos del monstruo, lástima que rompió algunos corazones en el camino.

- Lo siento. No quise provocar malos recuerdos. – Percy dijo, preocupado. Ya sabía cómo Draco se ponía nervioso o triste al hablar de su padrino.

- No son malos, ese es el problema. – Ella dijo, luciendo mayor por primera vez. – Los recuerdos son buenos y son los peores. La dulzura se mezcla con el duelo y la rabia y los hace recordar como lo echan de menos.

Percy sabía qué era eso. Fred sonriéndole era un recuerdo tan lindo, que le hacía tener ganas de encogerse en la cama y llorar.

- Lo siento. – Dijo nuevamente. – Pero no sabía qué hacer.

Narcissa hizo un gesto restando importancia al hecho.

- Los dos son mayorcitos, tendrán que lidiar con los propios sentimientos. Por el momento, quiero abrir esas cosas. – La mujer afirmó sacando su varita, pero en vez de apuntarla hacia los libros, como Percy esperaba lanzo un hechizo de corte en su dedo. – No creas que sólo Lucius sabe de las cosas por aquí.

Percy miró con interés como ella cogía un diario y pasaba el dedo por las hojas pegadas. El humo que salió de las páginas cuando el diario abrió puso una sonrisa en la cara de Narcissa.

- Ahí está el primero. – La rubia dijo. – Los diarios son de las pociones y cosas profesionales, puedes pesquisar todo lo que desees. Las cartas son otro cantar, creo que aquí dejó explicaciones que mi marido e hijo desearon por mucho tiempo.

- ¿Y no usted?

- No, hice las paces con Severus desde hace mucho tiempo. – Fue la respuesta de Narcissa. – Antes que te vayas hoy terminaré de abrir esos diarios, Lucius me ayudará, no te preocupes si se queda un poco callado, Severus fue su concubino por muchos años.

Percy frunció el ceño.

- ¿Perdón, pero, qué es eso?

Narcisa alzó una ceja, de manera muy similar a su marido.

- Bien, en algunos casos es cuando un matrimonio decide que se puede añadir otra persona a la vida de uno o de los dos.

- Oh. – Percy dijo, porque no sabía qué más comentar. - ¿Eso es común para los sangre pura?

Narcissa rió.

- Cariño, eres sangre pura. No somos de otro mundo, pero hoy en día no es tan común, pero no es un tabú o cosa así. Severus nos preocupó después de la primera guerra, estaba peligrosamente triste y se sentía culpable, intentamos animarlo y las cosas evolucionaron entre él y Lucius. No me importó, fue bueno para todos.

- Entiendo. Por eso Draco estaba tan triste, ¿verdad? Era como un segundo padre.

- Sí, un segundo padre estricto, exigente y tan o más sarcástico que el otro. – Narcissa bromeó. – Lo superará, no te preocupes.

Percy contaba con eso. Odiaba la mirada triste que Draco ponía a menudo, suponía que era la misma que la suya al pensar en Fred, eran dos casos perdidos, pensó, sonriendo.

X~x~X

La sonrisa que estaba en la cara de Draco cuando llegó a casa dos fines de semana después del descubrimiento de Percy de los diarios de Severus y las cartas le dijeron que algo le había dejado muy feliz en Paris.

- Hola, lindura. – Dijo cuando entró en la casa y vio a Percy sentado en la alfombra cercado de pergaminos. – ¿Me echaste de menos?

- No, para nada. Fue un mes muy calmo y productivo sin que estuvieras aquí para distraerme. – Percy contestó, seriamente.

Draco hizo un pucherito, pero luchó para no caer cuando el pelirrojo se arrojó en sus brazos, abrazándole con fuerza. El rubio aprovechó que su novio estaba con la cabeza posada en su hombro y le besó los hilos suaves y más largos de su pelo.

- Tardaste tanto. – Percy reclamó.

- Lo sé, lo sé. Lo siento, pero fue una locura en el restaurante. – Draco explicó. – Nos esperaba la visita de críticos para probar el nuevo menú. Fue una total locura, no te imaginas.

Los ojos brillando del rubio le dijeron a Percy que fue una locura que amó.

- ¿Y cómo fue?

- Dos estrellas Circe, por las gracias de Circe. – Draco conmemoró.

- ¿Dos es bueno? – Percy preguntó.

- Sí, es excelente. Son tres como máximo. – Draco explicó. – La verdad es que elevaron una estrella, tuvimos una fiesta en la cocina… y me dieron mención porque la salsa que ahora está en el plato principal es mía.

Percy sonrió orgulloso.

- ¿Verdad?

- Sí, hice la creación después que mi madre me envió una de las cartas de Severus. – Draco contó. – Me hizo recordar porque empecé a cocinar, es como pociones. Somos mágicos y la comida puede serlo también.

El pelirrojo asintió.

- Hay varios diarios en que habla sobre eso y hace listas de hierbas e ingredientes que pueden dejar bebidas y comidas más sabrosas. Incluso tiene la teoría que se puede tratar ciertas enfermedades con la comida.

Draco asintió.

- Ya sé, haré un trabajo con eso. Mis padres están muy contentos que no iré a vivir en Francia.

Percy se quedó tenso.

- ¿Eso era una opción? No me dijiste nada. – Reclamó, saliendo de los brazos del rubio.

- Fue una propuesta que el Chef me hizo y volvió a hacer cuando salió el resultado de las críticas, pero siempre le dejé claro que mi vida es en Inglaterra. Los Malfoy pertenecemos a Malfoy Manor, Percival. Mis padres tuvieron sus dudas porque en Francia la guerra no fue tan horrible, tuvieron problemas, pero nada tan malo como en la Primera Guerra. Allí, no sufro los juicios y malas miradas. Los dos apoyaron mis clases allá después de la guerra para protegerme. Hubo una serie de ataques a la mansión, ya sabes.

Percy asintió. En el Ministerio recibían los reportes y relatos sobre cómo estaba la situación de los antiguos mortífagos y partidarios del Señor Oscuro.

- Pero jamás pensé en vivir allí. – Draco garantizó, pasando los brazos por la cintura de su novio. – Aunque planee llevarte a la propiedad de mi tía bisabuela, es un sitio lindo dónde producen uno de los mejores vinos mágicos del mundo. Fue ella quién me abrió las puertas de la sociedad de Francia, es una viejita muy interesante. Y que ama mis comidas.

Percy asintió.

- ¿Ahora que ya me expliqué, puedo ganar mi beso?

El pelirrojo juntó sus labios a los de Draco, empujándolo, para que se sentara en el sofá. Draco suspiró en el beso al sentir como su novio se subía en su regazo, sentándose a horcajadas sobre él.

- Creo que mereces un poquito más que un beso, ya que fuiste un tipo de genio culinario. – Percy dijo, mordisqueando sus labios.

- Creo que me porté muy bien, merezco un premio realmente. – Draco concordó rápidamente.

Percy rió.

- Eres un caradura. – El pelirrojo dijo, desabrochando los primeros botones de la camisa de su novio. – Estás loco si piensas que yo y tus padres no vimos los periódicos franceses hablando del nuevo menú, aunque las estrellas aún no salieron a colación… ¿quién era aquel cosito de pelo negro a tu lado? Parecía muy contento de abrazarte en la foto.

Draco mordió los labios, más interesado en sentir los dedos largos y hábiles de Percy tocando sus pezones que en su discurso. Ganó un pellizco fuerte al no dar atención a su novio.

- Era una pregunta seria. – Percy dijo, mirándolo como si fuera un alumno que no estaba poniendo atención a la lección.

- Es Jean, es un amigo.

- Pues parecía muy intimo. – El pelirrojo dijo, estuvo esperando toda la semana por esa charla.

- ¿Eres celoso, Percival? – Draco preguntó, muy interesado en esa novedad acerca de su novio.

- Tremendamente. No me gusta compartir. Hazle saber que eres mío. – Percy ordenó, haciendo un camino de besos desde el cuello del rubio hacía su ombligo.

- Percival… - Draco llamó, con la respiración rápida.

- ¿Sí? – Preguntó el maldito con la cara más inocentona que pudo hacer.

- ¿Qué pretendes hacerme, maldito provocador?

- ¿Y te crees la serpiente aquí? – Percy pinchó, poniéndose a lamer uno de sus pezones. – Pues, te seduzco, idiota.

- Excelente. – Draco dijo, sosteniendo los hombros de su novio para hacerle acostarse en el sofá. – Siempre quise vengarme de Severus y padre por aquella vez que los vi metiéndose mano en la oficina de la mansión.

Percy rió.

- ¿Y esa será tu venganza? ¿Toquetearme en el salón de tu difunto padrino?

- Sí, eso le daría una úlcera. Siempre fue un alucinado sobreprotector. – Draco afirmó, besando a Percy, pero éste no dejaba de reír, terminando con todo el clima romántico.

- Lo siento, Draco… eres… eres imposiblemente mimado y tonto. – Percy dijo, entre risas, mirándole con cariño.

Draco hizo un puchero.

- Eso lo gano por contarte cosas… la próxima vez hacemos unos juegos antes de decirte el propósito.

Percy rió nuevamente, dejándose abrazar por el rubio.