Equestria de Leyenda: Alquimia y Extinción
–Volar sería más adecuado para nuestro viaje. Es limpio, rápido y evita que los cascos se abran.
–Me encantaría, pero sucede que no sé nada sobre volar…
–Bueno, podría enseñarte si así lo deseas.
–Vamos, joven pegaso. My lady ha caminado por días enteros.
–No tengo problemas con la caminata –Dijo Amalthea–. Sin embargo, la noche ya se avecina. Necesitamos un lugar donde guarecernos y alimentarnos. Tanto caminar abre el apetito.
–Un lugar donde comer y guarecernos. Hecho.
Tres días después de haber dejado foals montains permitió que los ponys avanzaran hacia lo que Finn señalaba el mejor lugar para montar una vivienda. Él trataba de dirigir a los dos directo hasta Canterlot, la ciudad más antigua de Equestria. No así, ser guiados por él atraía algunas rencillas en contra de Merlín.
Una vez que Finn partió, Merlín intentó razonar un poco con Amalthea.
–Aunque demasiado listo, ese joven es un salvaje. Un bruto que apenas tiene consideración hacia una dama embarazada.
–¿Acaso consideraste que él no sabe que estoy esperando una cría?
–Bueno…
–Desconocemos mucho de él, y así desconoce él demasiado de nosotros. Tal vez si pudiéramos confiar nuestro pasado en él.
–¿Confiar nuestro pasado? Ese monigote aquejumbrado solo busca una razón para…
–Busca un hogar, Merlín. Al igual que nosotros. No tenemos demasiado para compartir, pero sé que con él a nuestro lado podemos sobrevivir aquí –Merlín bajo la cabeza con preocupación–. Sé que tal vez no confías tanto en los nuevos seres que conocemos.
–Ya nos han entregado una vez… cuatro de hecho. Entenderá que yo no puedo confiar mucho en…
Merlín tuvo que detener su boca cuando escuchó el rápido aleteo de Novel regresando. Este se detuvo en el cielo y señaló con su casco hacia el oeste.
–Hay un campo de margaritas y zarzamoras en aquella dirección. Si nos vamos ahora, tal vez podamos acampar de aquel lado.
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Las zarzamoras son quizás uno de los mejores frutos de Equestria después de las manzanas. Los tres alcanzaron a llegar antes del atardecer, permitiéndose un tiempo para disfrutar de los frutos que entregaba Equestria a sus habitantes. Aunque de aspecto silvestre, el sabor de este fruto de arbusto hizo que sus paladares recibieran una buena experiencia de lo que esperaba en Equestria.
–Deliciosas –dijo Merlín–. Maduras y exquisitas. No recuerdo la última vez que disfruté un fruto tan delicioso.
–Merlín…
–En mi infancia solía salir con mi padre a recoger frutos en el campo. Yo los recogía, y él cazaba conejos o cosa tal…
–Merlín…
–No era demasiado justo, pero jamás me gustó arrebatarle la vida a…
–¡Merlín!
–Dime…
–Guárdatelo un momento, por favor.
Merlín dirigió su mirar a donde estaba Finn. Ante sus ojos, el pegaso parecía contemplar las zarzamoras, con demasiada atención. Sin embargo, poco a poco su visión fue bajando, hasta clavarse en el suelo. El motivo: muchas veces Novel y Rose se sentaron a disfrutar de unas zarzamoras por el camino. Ahora Finn estaba solo. Este campo fue bastante cruel para la cordura del analista, que se sentó a contemplar las zarzamoras mientras Amalthea y Merlín se daban un gusto. Algunas lágrimas tuvieron que ser ahogadas en su garganta, y tratando de mantenerse estoico, se limpió el rostro y volvió a su asunto.
–Finn, ¿Te encuentras bien?
–Si… hace mucho que dejé de ser humano, pero aun recuerdo muy bien mi pasado.
–Y no te culpo –intervino un instante Merlín.
–Pasa algo, Finn.
–Una tontería… mi hija…
–¡¿Tienes una hija?! –Merlín parecía más que sorprendido, mientras que Amalthea sintió cierta alegría interior.
–Mi pequeña y yo solíamos visitar un campo de moras. No este tipo de moras, sino arándanos… recuerdo que ella solía coger los más azules y se las llevaba a la boca con una enorme sonri… –una lágrima cayó al suelo, y antes de que volviera a suceder se limpió el rostro y se tragó la tristeza, emanando un ligero espectro que más podía hacerse pasar por humo.
–Finn…
–Descuiden. De eso han sido ya varios años.
Finn estaba por retirarse cuando una pregunta fue lanzada al aire.
–¿Qué fue de ella?
Lo interesante de las mentiras que solía maquilar en su cabeza era lo complejas que tenían que ser para ser creibles. Historias de una vida falsa ya habían cruzado por su cabeza la primera noche en el origen de Equestria. Sin embargo, quizás como escritor tenía cierta ventaja para simular. De este modo, aunque había formulado una historia, quizás fue mejor dejar la historia de lado. Después de todo, es posible que sea mejor no saber mucho de él.
–No quiero hablar de eso.
–¿Acaso…?
–Su alteza, de verdad… (suspiro) De verdad no quiero hablar de eso.
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Al caer la noche, mientras los grillos cantaban, una nueva canción se escuchaba en la noche. Amalthea y Merlín se encontraban alrededor de la fogata, recibiendo el calor de un buen fuego y percibiendo un aura bohemio. Mientras Finn se encontraba buscando más leña, Amalthea y Merlín charlaban un poco.
–Esta tierra tiene tanto potencial. Siempre quise alejarme de Camelot y buscar una cabaña en las lejanías. Lejos de toda interferencia civilizada, vivir en la naturaleza. Luego me di cuenta de que no se cocinar muy bien.
–Es un alivio que Finn esté aquí para nosotros.
–Hay algo que no me cabe en la cabeza: si ha estado aquí por tanto tiempo, cómo es que no sabe si es el único "pony" en esta tierra.
–Es extraño que se refiera a sí mismo como Pony. Ha llamado a esta tierra nueva "Equestria" y tiene nombres para todo, pero dice no haber dejado las montañas en mucho tiempo.
–Comienzo a pensar que hay alguna historia detrás de todo esto. Como si no nos hubiera dicho la verdad desde un principio.
–Si no les he dicho verdades, es por falta de deseo –dijo Finn, trayendo sobre su lomo una cantidad considerable de leña–. Mi historia no es algo que quiero compartir. Al igual que es posible que ustedes tengan algo que deseen permanecer en silencio. ¿Verdad, mi señora?
Al ser señalada de ocultar cosas, Amalthea comenzó a pensar en aquellas cosas a lo que pudiera referirse. Solo una llegaba a su cabeza, pensando además en la facilidad con la que podía deducir cosas, y las acciones protectoras de Merlín; dio con el secreto que descubrió.
–Ya veo. Te diste cuenta.
–Ojos apagados, deseos culinarios, falta de actividad intensa, sin mencionar que el anciano tiene demasiado cuidado con todo lo que haces. Si mis ojos e intuición no me fallan puedo sugerir: o que está enferma de algo que te aminora la energía, o que estás preñada cielo.
–¿Cómo te atreves a decir "preñada" como si fuera un animal"?
–Anciano, por si no lo has notado, somos animales. Incluso como seres humanos formamos parte de los animales. Su alteza fue unicornio la mayor parte del tiempo…
–Y solo permanecí como humana por un corto periodo.
–Bueno, si… pero…
–Si sabes que estoy embarazada, ¿Por qué no lo habías dicho?
–Con todo el respeto que me merece, mi lady, no es mi asunto, y no es ningún tipo de información que haga falta tomar en cuenta. A lo mucho tendrás poco de haber sido… concebida. No es necesario permanecer en un sitio reposando eternamente. Además, en tu estado actual, como equino, debes saber que tardará poco menos de un año en nacer.
–No, de hecho podría ser la primer unicornio que queda preñada –Finn permaneció en silencio curioso de lo que escuchaba–. Los unicornios, o al menos el tipo de unicornios que fui alguna vez no procrean de manera sexual. Un unicornio es la representación de la esperanza, y cada uno nacemos con la esperanza de un nuevo día. Hubo un tiempo cuando los unicornios solíamos habitar bosques, éramos más numerosos que las aves. Pero…
–Mi señora, tal vez…
Merlín intervino en el cómo contaba Amalthea lo que estaba por contar. No obstante, al mirar a Finn a los ojos, pudo percibir cierta necesidad del pony por saber.
–Joven Finn… acaso…
–Realmente quieres saberlo –afirmó Amalthea mirando a los ojos a Finn. Dentro de sus ojos percibía curiosidad, y en sus intenciones tal vez pureza–. He tenido la impresión de que deseabas saber de Merlín y de mí desde que nos conocimos. Muy bien…
–Mi señora. Juró ante el portal que…
–Es necesario compartir nuestra historia. Debe saber por qué fuimos atraídos a este mundo, por qué estamos tan perdidos, y sobre todo… de que huimos.
–Huir…
Amalthea cerró sus ojos, y al abrirlos emitió una energía ominosa, la misma que envió a los tres a un espacio vacío: el universo mágico de la luz y la oscuridad. Era como ver el universo desde un punto más claro y luminoso, estrellas y esferas de luz, que flotaban alrededor de su ubicación. A su alrededor espectros de lo que fue Camelot en su tiempo, y mientras las imágenes pasaban a través de ellos, la voz de Amalthea se escuchaba en todo el sitio, más como si ella contara una historia, mientras esta ocurría.
–Diez años atrás, la alquimia comenzaba a tomar fuerza como una posibilidad de alterar la materia y el estado de salud de cualquier ser humano, animal o vegetal; alcanzando gran popularidad y aceptación por los reyes, especialmente aquellos que deseaban desesperadamente encontrar la forma de vivir eternamente. Miles de recursos fueron invertidos para buscar cualquier otro tipo de alteración a la naturaleza que fuera posible. Tiempo después se buscó usar la magia de otras especies. Específicamente las criaturas mágicas.
–¿Qué trataban de hacer?
–La piedra filosofal –intervino Merlín–. Tú sabes: panacea universal, elixir de la vida eterna, transmutar cualquier metal en oro…. La selección era demasiada como para ignorarla. Ni siquiera yo pude evitar sentirme tentado a esa clase de conocimiento.
–Los primeros en caer fueron las hadas, cazadas hasta que pudieron encontrar un refugio lejos del hombre. Luego le siguieron las ninfas y los elementales, atrapadas y expuestas por los alquimistas que las hicieron sufrir para extraer cualquier tipo de esencia pura de ellas. Finalmente, al cabo de un tiempo, comenzó la persecución de unicornios. Uno a uno, fueron desapareciendo los unicornios de la faz de la tierra. Al final de todo, el genocidio mágico consumió por completo la magia.
–Cazar unicornios…
–Algo curioso que tal vez no sabes: la sangre del unicornio suele ser usada como panacea universal –Intervino Merlín con un poco de información obtenida de sus propios estudios–. Puede curarte cualquier mal en cuestión de horas… incluso estando en los brazos de la muerte. Sin embargo… jamás olvidaré la maldición que esta conlleva. Asesinar así a un unicornio es un crimen atroz. En cuanto su sangre toque tus labios tendrás media vida, llena de dolor y agonía, temiendo por todo, enloquecido por la culpa y cargando las heridas que el unicornio tuvo, antes y después de la muerte.
–¿Cómo lo sabes?
–Aunque Arturo se negó a buscar la sangre del unicornio, mi sed de conocimiento me llevó a presenciar el trabajo de otros alquimistas. Me aceptaron como observador… y terminé sepultando a cada mago de Inglaterra… cada alquimista que experimentó con unicornios fue maldecido con dolor y agonía, provenientes de la culpa y la locura. Los efectos en su cuerpo fueron devastadores. Pero un día hubo un mago que descubrió la forma de contrarrestar la maldición, y usaría la sangre de los unicornios como panacea. Sus experimentos habían funcionado, curando a uno de los alquimistas enfermo de maldición. El rey de ese reino enloqueció tanto que ordeno a sus cazadores capturar a cada unicornio que encontrara. Pronto se dio recompensa por cada uno de ellos, y uno a uno los unicornios desaparecieron.
–La humanidad se ha perdido. ¿Qué pasó con su alteza?
–Al acudir al bosque, encontré a mi lady. Había caído voluntariamente en una trampa colocada para creaturas mágicas. Me suplicó que le llevara a ver a los otros unicornios, pero… no podía llevarla. Y no podía dejarla. Hice cuanto pude para ocultarla: la convertí en mujer. En retrospectiva fue un error de mi parte.
–¿Por qué un error?
–Merlín jamás pudo devolverme mi forma, estaba atrapada en el cuerpo de una mujer –Finn se enfocó en su entorno, y vio a Merlín convirtiendo a Amalthea en mujer. Grande fue su asombro al descubrir que esa mujer ya la había visto con anterioridad.
–¡NO PUEDE SER!
–¿Qué sucede muchacho?
–Yo… creo haberla visto antes.
–Imposible. Mi Lady Amalthea poco se mostró al público. Despues de todo vivíamos en la cabaña del cazador.
–No, de verdad juro haberla visto. Ese cabello dorado, esa piel blanca como la luna, y esa figura… esa mujer es la doncella de Everfree (Ever free lady, la doncella siempre libre).
Amalthea sintió que algo dentro de ella despertaba, y espantada por haber sido llamada así dejó que su magia se descompusiera al punto de desvanecer abruptamente la ilusión. En su corazón algo renacía, era un calor intenso que creyó no volver a sentir en su vida. Era como reencender las brasas en mitad de la lluvia, encendiendo un fuego perpetuo. Así se sintió por dentro.
–¿Pasa algo, mi lady?
–Yo… necesito descansar. La atmosfera de Equestria es más pesada que la del mundo humano.
–No, no es verdad.
–Yo… creo que es el embarazo. Lo siento, necesito algo de agua.
Amalthea comenzó a caminar hacia el interior del bosque, donde se perdió en el follaje de algunos arbustos. Sabiendo que se había marchado, y resaltando su estado, Merlín fue inmediatamente por ella.
Al abandonar las cercanías, apareció a las espaldas de Novel el espíritu de Everfree…
–Novel…
–¡Tu eres Lady Amalthea!
–Novel, de verdad espero que me entiendas. Necesitaba que estuvieras aquí. Jamás supe realmente de donde habías venido… hasta hace un tiempo.
–¿Por qué no podemos ser sinceros esta vez? ¿QUÉ es lo que quieres de mí exactamente?
–Tú presencia en el pasado… Tú viviste a mi lado durante años, tomando un papel importante en la fundación de este lugar. Sin ti, quizás nos habríamos perdido en los próximos minutos…
–¿A qué te refieres?
El fuerte rugir de una manada de criaturas hizo que Finn sintiera el peligro cercano: una manada de timberwolves estaba cerca. Sabiendo que tenía poco tiempo para actuar fue en búsqueda de Merlín y Amalthea. No tardó en encontrarlos, corriendo ambos por su vida mientras las bestias les perseguían sedientos de violencia. Finn, que tenía ventaja en velocidad comenzó a levantar el vuelo por encima de los árboles, encontrando una oportunidad para adelantarse. Sin embargo, el espacio era corto, y el temor de perder a los fundadores de Equestria comenzó a consumir sus ojos en energía negativa, esto sin que él se enterase de nada. Algo dentro de él le hizo darse prisa, un ser que había perdido su lugar en la historia se apoderó de él, alcanzando a interceptar al más cercano predador. Al caer, destrozó parte de la punta del hocico del Timberwolf alfa, aterrizando con demasiada fuerza golpeando con fuerza en el suelo.
–¡FINN!
Los seres de madera comenzaron a amenazar a Finn, quien apenas se reponía de la caída. Los Timberwolves, bestias titánicas de madera que imitaban la imagen tallada de un lobo colosal. Una manada es un decir, puesto que se trataban de cuatro únicamente. Sin embargo suficientes para causar un mal día a cualquiera. Aterrado por lo que estaba por suceder, la maldición del miedo comenzó a aparecer en Finn. Volvió su mirar a Amalthea, emanando por sus ojos energía oscura, impregnándose sus orbitas oculares de un color verde. Mientras más estaban avanzando, el aura del pegaso crecía, y con ello el deseo de no liberar su potencial. Finn se hacía daño reprimiendo la maldición para evitar contagiar a Amalthea o a Merlín. Sin embargo, esa energía estaba a punto de implosionar. Y la única reacción posible era temblar de dolor.
–Váyanse ahora –trataba de murmurar en mitad de su dolor.
Sin embargo los timberwolves no parecían interesados en abandonar su ataque. Y mientras avanzaban, Finn descendía un escalón en su cordura. Creyendo que estaba herido por un error al atacar a la bestia alfa, Merlín intentó nuevamente usar su insipiente magia de unicornio.
–A mis espaldas, mi señora. Trataré de enfrentar a estas bestias…
–¡Mi lady! ¡Anciano! –En ese momento ambos se dieron cuenta. No les pedía a los timberwolves que se fueran, era una orden para Amalthea y Merlín–. ¡Váyanse ahora!
Un poco más determinado, Finn alzó la cabeza, ahora dejando escapar un poco de esa maldición hacia su exterior, tiñiendo su pelaje en un tono azul negruzco. Esta forma jamás la había adaptado, y eran las consecuencias de mantener ese miedo encerrado.
Los lobos comenzaron a avanzar más rápido, al punto de comenzar a correr. Al notar esto, Amalthea se alzó sobre sus cascos y comenzó a tratar de invocar la magia original. No obstante, algo detuvo a los Timberwolves de golpe. Era como si de pronto todos estuvieran aterrados. Ellos también fueron cambiando de color, comenzando a tomar una tonalidad grisácea, que fue consumiéndolos como si de fuego se tratase. Los timberwolves fueron convertidos de un momento a otro en ceniza, esparciéndose por los campos con la brisa más ligera.
Al ver la aniquilación de los Timberwolves, Merlín se fue acercando a…
–Finn, muchacho… ¿te encuentras bien?
–¡NO ME TOQUES! –Ante esta orden, Merlín retrocedió dos enormes saltos sorpresivos en reversa, mientras que Finn parecía estarse consumiendo de una forma similar a la que los Timberwolves…–¡Manténganse alejados un momento!
–Finn…
–Es en serio… aléjense de mí. Y-yo solo necesito tranquilizarme…
–Finn…
–Espérenme aquí… Volveré en un momento…
Abriendo sus alas intentaba huir a donde pudiera tranquilizarse. Sin embargo su vuelo no pudo iniciar. Sus extremidades dejaron de funcionar, y sin poder moverse cayó al suelo. Temblando de miedo. Solo podía mover ligeramente su cabeza, y esta se dirigió hacia Amalthea. El rostro del alicornio era suficiente para desalentar a cualquiera. Su rostro reflejaba terror. Ella podía ver como los cascos de Finn comenzaban a agrietarse, su piel temblaba por si misma, y sus extremidades parecían tensarse al punto de deformarse. Tratando de permanecer pasivo, Novel pensó en tranquilizar primero a sus compañeros.
–Hum… bueno… tal vez… deban apartarse ustedes.
–Pero muchacho…
–Estaré bien… siempre que consiga calmarme.
La vegetación alrededor de él comenzaba a perder la vida, razón por la cual, Merlín fue el primero en dar marcha atrás.
–Esta es una maldición fuerte, muchacho. Jamás vi algo tan poderoso como esto. ¿Por qué te ha pasado esto?
–Ahora entiendes que es una maldición, y no has comprendido lo peligroso que es. En caso de que necesiten algo de ayuda ¡LARGUENSE AHORA!
En la voz de Finn existía una desesperación emergiendo. Ya no podía sentir su cuerpo, y su mente parecía tan abarrotada que parecía perder recuerdos de mucho atrás. Uno de ellos, quizás el más tranquilizante de todos provenía de su madre, una canción de cuna que hasta hace poco le cantaba a Rose para dormir. Cerrando los ojos comenzó a cantar en una voz muy baja.
Luna, luna
Que pequeño me siento hoy
Luna, luna
Solo tú sabes como soy
Merlín y Amalthea no podían creer lo que escuchaban. Esta canción que Finn estaba recitando en medio de su situación era un canto que anteriormente ya habían escuchado. Un canto del pasado de Amalthea. Cuando los labios de Finn callaron, ella continuó recitando la canción.
Despacito me voy
Mi secreto te doy
Tu silencio lo guardará
Una gota de ti
Una gota de mí
Y una gota de eternidad
Amalthea se acercó al cuerpo de Finn apartando ella misma la oscuridad que lo envolvía con cada paso. Y con cada nota, este dejaba su dolor para tranquilizarse.
Vuela, vuela
Con el viento de la verdad
Grande y fuerte
Cuando toques la inmensidad
Tocándolo con su cuerno, este comenzó un lento proceso de purificación, el cual parecía dar marcha atrás a su condición maldita. Merlín, que presenciaba cada momento, no podía creer lo que estaba presenciando. Era como ver el mal ser apartado por la esperanza. Porque esto era lo que Amalthea representaba para la humanidad.
*Como duele crecer
Lo que cuesta aprender
¡Santo cielo lo que hay que andar!
El camino de ayer
Hoy lo vuelvo a inventar
Y mañana vuelta a empezar
Cuando la oscuridad se apagó, todavía faltaba recuperar la movilidad de su cuerpo. Para esto, Amalthea se recostó junto a él, envolviendo con sus alas el cuerpo del pegaso, que apenas podía escuchar al fondo a la alicornio tarareando la tonada de la canción, permitiéndole con esto dormir tranquilo.
*Como duele crecer
Lo que cuesta aprender
¡ Santo cielo lo que hay que andar !
El camino de ayer
Hoy lo vuelvo a inventar
Y mañana vuelta a empezar
Luna, luna
Navegando en un sueño voy
Blanca luna
Me da miedo saber quién soy.
Alcanzar la tranquilidad con una canción de cuna… simplemente hacía de este momento algo más enternecedor. Habiendo por fin controlado la maldición, Finn terminó dormido entre las alas de Amalthea, quien ahora más que nunca sintió que su corazón volvía a latir con fuerza. Merlín, que ahora estaba convencido de las palabras de Amalthea comenzó a analizar al joven pegaso, buscando que pudiera responder en su inconsciencia.
–No puedo creerlo. Esa canción era…
–La canción que "Aslatiel" me cantaba para dormir, cuando estaba asustada. Es imposible que lo encuentre aquí, en mitad de un mundo desprovisto de seres sociables.
–Bueno, jamás fue un sujeto muy sociable. Solía esconderse detrás de mentiras y engaños. Cuentos fantásticos de ser caballero, ante la improbabilidad de lograr serlo. Era como si no quisiera que lo conocieran realmente. Para él, no valía nada su vida.
–Y aun así fue todo para mí. Sin embargo, por más que se parezca a él, este no es el mismo "Aslatiel" que conocimos.
–¿Por qué dice eso?
–Porque lo vimos morir, Merlín. Esas imágenes jamás saldrán de mi cabeza en el tiempo que me quede de vida.
–Bueno, si este no es el joven "Aslatiel de Volges", ¿Quién es?
–Apostaría mis alas y cuerno por decir que tal vez sea una oportunidad de vida para él.
–¿Habla de reencarnación?
–No se me ocurre otro motivo. Sin embargo, por más que lo pienso, eso no se da instantáneamente. Dice que tiene varios años aquí en Equestria. Dice que ha pasado mucho tiempo fuera, como si hubiese estado solo por mucho tiempo.
–Pero dijo que tenía una hija…
–Y le creo…
–Pero…
–En esta época es difícil de creer, pero quizás en otra parte esté su hija. Y la extraña. Es por eso que tal vez quiera acompañarnos, a construir un nuevo mundo, donde podamos vivir en paz de modo perpetuo.
–¿Aquí, en Equestria? Pero solo somos tres.
–Muy pronto seremos cuatro. Y si él está de acuerdo, quiero que pertenezca a nuestra familia.
–¿Piensa pedirle ser el padre del infante?
Amalthea no pudo decir más. Ver al amor de su vida encarnado en un pegaso le hizo sentir una nueva esperanza personal de vida.
–Cree que también nos mintiera diciendo lo del "famoso Finn Proud".
–¿El cuento del caballero de ceniza? Si. Tal vez se llame como realmente se llamaba Aslatiel.
–¿A usted le confesó su nombre?
–Si. Lo hizo cuando me pidió matrimonio.
–Ya veo. ¿Y cómo se llamaba el buen Aslatiel?
–Su nombre era Novel. Novel Logan Feathershy.
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Convocatoria: Se solicita ayuda para este fic. Como han podido leer, en esta linea temporal ficticia, Equestria está aparentemente deshabitada, cosa que no coincide con lo ocurrido en la noche de los corazones cálidos. Esta historia sucederá, solo que ningún pony había llegado a Equestria hasta entonces. posterior a este acontecimiento no tengo idea de que hacer. Esto es debido a que no tengo personajes para agregar aquí en este punto de la historia. Entonces, pensando que no puedo añadir muchos personajes originales, he decidido invitar OC personales de los lectores. Si ustedes desean que su pony salga en este fic, acompañando claro esta a los originales fundadores de Equestria, les pido me dejen en este fic una descripción de su pony en la que venga:
-Nombre
-RAZA o ESPECIE (unicornio, pegaso, terrestre)
-Descripción tanto física como psicológica
-Una historia resumida si es que desean añadirla.
-Algún oficio si es que lo tiene, o lo que es lo mismo, qué les gustaría que hiciera en Canterlot, la primer ciudad que se fundará y construirá.
Tomaré en cuenta a cada uno de los comentarios. Solicito estén atentos a los comentarios de otros lectores, ya que me será imposible repetir algunos oficios (tal vez haya muchos guardias reales, pero no puede haber demasiados sastres o panaderos).
Espero su respuesta positiva.
