Equestria de Leyenda: Canterlot
Camino a donde estará próximamente Canterlot, Finn apresura el paso por delante para evitar cruzar miradas con cualquiera de los dos. Cabizbajo intenta ensayar en silencio la explicación que le dará a Merlín y sobre todo a Amalthea sobre lo que ocurrió. Por su parte, Amalthea y Merlín mantenían distancia solo porque Finn se lo había pedido.
–Acaso… ¿querrá que lo dejemos solo? –preguntó Merlín a Amalthea, llamando la atención de esta.
–Lo de ayer fue muy fuerte para él. Ni siquiera se ha recuperado del todo. Sus alas están demasiado lastimadas para volar. Deberíamos respetar su deseo, antes de hacer preguntas.
–A mí me tiene fascinado, la evaporación de esas creaturas originarias del bosque, como los hizo polvo tan solo con mirarlo a los ojos. Si pudiéramos averiguar de dónde proviene toda esa energía y el origen de la magia de ese pegaso. Manejar todo ese poder debe ser excitante.
–¡Excitante! ¡Excitante dices! –Novel aún permanecía afectado por la maldición, lo que se pudo mostrar por pequeñas emanaciones de energía en sus ojos. Al ver a los ojos a Merlín este comenzó a sentir el frio de la muerte, y escuchar cada una de sus palabras fue tan aterrador como recibir el hechizo en si–. Cada que mi cabeza se altera siento como mi cuerpo se entumece, me cuesta respirar y siento mis alas quemándose. Cada que siento el más ligero temor obtengo una muestra de terror, lo que lamentablemente es contagioso. ¿Acaso quieres saber de dónde viene toda esta energía? ¡Viene de mis miedos más profundos! ¡Mis temores vienen a cobrar factura cada que siento el más ligero roce de miedo!
Merlín estaba recogido en su propio ser, aterrorizado e infectado del hechizo del miedo. Lo que vio fueron espejismos del mayor de sus errores, aquel al que maldecía y se obligaba a olvidar. Apenas se enteró de esto, Finn se replegó en si mismo cancelando el hechizo.
–Merlín… Merlín, lo siento. Yo…
–Tú… realmente estás en problemas, amigo. Esa maldición es aterradora. Descuida, trataré de hacer lo que sea para quitártela.
–Imposible, Merlín. La única forma de quitarme la maldición es convirtiéndome en pony por completo. Mientras conserve humanidad, mis sentimientos son especialmente peligrosos para Equestria.
–¿De qué hablas? –Preguntó Amalthea con autentico interés.
–Para Equestria, los seres humanos suelen ser peligrosos. Algo intensifica los sentimientos y los convierte en magia. Cuando los sentimientos son predominantemente positivos no hay tanto problema, pero los sentimientos negativos suelen ser… autodestructivos. El miedo es el peor de mis defectos. Y lo peor es que es contagioso.
–Lo es… así como lo es una sonrisa –dijo Amalthea acercándose comprensivamente a Finn–. Tal vez debas empezar a contagiar algo diferente al miedo.
–Te juro que si buscara esto no podría hacerlo tan bien…
–Tal vez debes analizar esto también. Novel, ¿No crees que los ponys a tu alrededor se contagian de miedo porque confían más en ti de lo que confían en ellos mismos?
En ese momento, Finn lo notó. Algo en las palabras de Amalthea estaba fuera de lugar.
–Espera, ¿Cómo me llamaste?
Amalthea enrojeció de inmediato. Había llamado a Finn como Novel, despistándose por completo debido a la ilusión de que él era la reencarnación de su prometido. Aun cuando ella no podía probarlo, ya se había hecho esa idea. Tratando de evitar completamente cruzar mirada con Novel, Amalthea se dio vuelta y comenzó a trotar despacito y delicadamente. El salvador en esta ocasión fue Merlín, quien tratando de permitirle un escape a la alicornio se dirigió a Novel con paz.
–Espero que le perdones. Mi Lady apenas ha podido dormir después de la experiencia traumática que fue ser perseguida por la humanidad.
–¿Por qué Novel?
–Oh… Novel fue el nombre de un gran amigo de mi lady. Demasiado querido de hecho.
–Entiendo.
Amalthea había escuchado, pero no podía evitar sonrosarse al recordar a su amado.
–¡Wohow!
Fue justo en ese momento cuando lo vio a lo lejos, una enorme montaña con una hermosa cascada que se iluminaba de plata con los rayos del sol. A lo lejos un hermoso valle, arboledas tan majestuosas como salidas de los cuentos de hadas (irónico que un alicornio, un pegaso y un unicornio pensaran algo así). Campos floridos que parecían guiarlos hasta ese lugar, y un asentamiento de construcciones que bien podrían formar parte de un mundo diferente.
–Esas son…
–Lo son, Merlín –Finn analizaba desde su punto de vista lo que estaba ante sus ojos, a no más de media hora de camino–. Asentamientos de excursión. Es posible que algo o alguien busquen un lugar para vivir.
–Entonces hay más como nosotros, mi señora. Aquí habitan algunos seres civilizados.
Merlín comenzó a trotar colina abajo tratando de alcanzar los asentamientos. Amalthea por su parte observaba con reservas, temerosa por lo que pudiera acarrear su presencia.
–Descuide, mi señora. Si hay un sitio donde usted estará protegida es en Equestria.
–No lo sé, Finn. Aunque solo tengo dos ponys como referencia, resalto en tamaño, control y poder entre ustedes dos. Siento que ellos podrían usar eso como una ventaja.
–Eso no pasará. Solo los humanos son tan estúpidos para eso.
Amalthea volvió a ver a Finn, encontrándose con un rostro serio. Asustaba la forma como cambiaba su personalidad.
–Despreocúpese, mi señora. Aun cuando no estoy a favor de la humanidad, no me avergüenza haber nacido como tal. El ser humano es capaz de tanto, que da demasiada pena saber los alcances que tiene. Tal vez una raza más educada podría salvar mi cabeza.
–Tengo curiosidad por saber más de tu vida.
–No es por ser malo, pero… tal vez lo mejor sea que confíes en lo que te digo. Si supieras exactamente quién o que soy, tal vez no me verías de la misma manera como me ves ahora.
–Es curioso. Esta es la segunda vez que alguien me dice eso. Con las mismas palabras que tu has usado.
Amalthea comenzó a seguir los pasos de Merlín, esperando que Finn aún no averiguara nada de lo que ella pensaba.
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Cuando Merlín alcanzó los asentamientos fue recibido de inmediato por un ser interesante a su ver. Un pegaso con una armadura muy similar a la que usaran los centuriones romanos antes de su caída. Este pony al verlo aproximarse dejó lo que estaba haciendo para recibirle con cierta cautela.
–Alto, joven unicornio.
–Oh, por fin algo de compañía civilizada. He estado perdido por cerca de una semana, y no soportaba la idea de creer que ya no encontraría a nadie por los alrededores.
–Interesante en verdad. Un unicornio perdido en los bosques. Mi nombre es Hurricane, comandante Hurricaine. Pertenecemos a la tribu pegaso y nos dirigimos a un nuevo hogar. Larga historia. ¿Qué les trae a este sitio
–Venimos desde Montain Foal, mi señora necesita un poco de comida y agua, si no es mucha molestia.
Al elevar la mirada los pegasos del asentamiento no podían creer lo que veían. Un equino el doble de alto, con un largo cuerno en su cabeza y unas majestuosas alas que brillaban con el sol. Era una imagen estremecedora que hizo a muchos murmurar.
–¡Santo equino volador! ¡Nunca en mi vida había visto esta clase de hibrido! ¿Qué se supone que es usted? ¿Un "Pegacornio"?
–Mi nombre es Amalthea, y según lo que se me ha dicho, soy un alicornio, comandante. Él es mi mejor amigo en este y cualquier otro mundo, Starswirl –Merlín volvió su mirada a Amalthea, confundido por lo que había ocurrido–. Y más atrás está un nuevo amigo, habitante de Foal Montains desde hace años.
–¿Habitante de Foal Montains?
Finn se presentó mirando a sus alrededores el asentamiento de la tribu pegaso y todo lo que acarreaban con ellos. Ante sus ojos esta tribu más bien parecía un batallón militar, camino a una guerra. Sin embargo, el hecho de que no hubiera gente presumiendo, puliendo o preocupado por portar armas cerca de ellos y haberlas dejado más bien en una carroza hacía pensar que estaban camino a un nuevo sitio donde vivir.
–Él es Finn. Finn Proud. Juglar, cantante y analista.
–Analista…
–¿Hacia donde va, comandante?
–Espera, ¿Cómo…?
–Las armas no están al alcance, sino recogidas en carrozas, lo que indica que no camina hacia una guerra. Las carretas son tiradas por un solo pony, lo que puede ser que no tengan exactamente prisa de llegar, el fango en sus pies me dice que atravesaron diferentes zonas: entre ellas desierto, montañas nevadas, bosque cenagoso y recientemente se detuvieron en un lago. Posiblemente para descansar, recuperarse y para la diversión de los críos –Fin asomaba la cabeza por detrás del comandante, notando un par de potrillos que se ocultaban tras de él.
–Impresionante. Pero nada que no se pudiera averiguar con algo de observación.
–Van hacia esa montaña, el sitio donde la alianza se juntará.
El comandante Hurricane se volvió sobre sus cascos, así como todo el resto de la tribu. La información sobre el nuevo sitio donde vivir no era realmente un secreto, pero para alguien que estuvo por años en las montañas es imposible saber del tema.
–Eso… fue extraño. Espero que no hayas estado espiando. De lo contrario deberás de saber que estarás en nuestra mira. ¡Compañía! ¡A moverse!
Mientras la tribu acarreaba sus pertenencias, Amalthea y Merlín se juntaron con Finn, esperando saber qué era lo que ocurría.
–Alianza.
–Algo de historia, bastante interesante, de hecho. Equestria fue fundada por tres ponys, que haciendo a un lado sus diferencias decidieron trabajar por el bien común. El comandante Hurricane, la princesa Platinum y el canciller Puddinghead. Hace no mucho los pegasos, los unicornios y los terrestres estaban enemistados, tonterías políticas, en mi opinión. Hace poco los tres se reunieron en una montaña por coincidencia. Ellos buscaban un buen lugar para habitar. Discusiones, enemistad… varios ciclos solares en completa discordia finalizaron cuando se acordó que esta nueva tierra era ideal para cada uno. La llamaron Equestria.
–¿Cómo sabes todo eso?
–Los árboles suelen contarme muchas cosas. Los árboles, los ríos, el viento… Equestria está lleno de maravillas que mis ojos no terminarán de ver.
–¿También los árboles pueden hablar? Qué mundo tan especial y fantástico –Novel reía en el interior por lo crédulo que podía llegar a ser Merlín–. Me gustaría tener edad para estudiar a fondo este mundo.
Hablar con Merlín debe ser de manera literal, o de lo contrario puede creer todo. Cada instante que pasaba en este el nuevo mundo se enamoraba aún más de lo que ocurría, veía y percibía en este sitio. El interés por el conocimiento siempre lo había llevado hasta donde ningún otro ser llegó. Incluso por encima de las leyes que rigen la imposibilidad.
–¿Hacia dónde vamos, joven Finn?
–Debemos encontrar un refugio para pasar el resto de nuestra vida. Sugiero llegar a esa montaña –Novel señalaba La montaña que Amalthea contempló en un principio saliendo del denso bosque, donde próximamente a través de los años se encontraría Canterlot. Amalthea no pudo estar más de acuerdo.
–¡¿En serio viviremos allí?!
–Hay alguna objeción?
–¡Por supuesto que no! ¡Es tan bonito y mágico!
–Se comporta como una potrilla –susurró Novel al verla tan emocionada.
–Sí, me parece un buen lugar. Una buena fuente de agua, tal vez a mediados de la montaña sería adecuada. Mi magia se encargará de construir un buen…
–Ya no eres mago, Merlín –dijo Finn interrumpiendo.
–Apenas has podido controlar lo que haces con tu cuerno –dijo Amalthea recordando la pelea entre los dos cuando se conocieron.
–Sí, bueno. Pero no deben preocuparse. El camino se ve largo. Practicaré día y noche hasta poder despertar nuevamente mi magia. Si tan solo tuviera a la mano una varita de cedro o sauco.
–pues madera es lo que más hay en este bosque, pero ¿Para qué la necesitas exactamente?
–Quiere construir una varita mágica.
–Oh, pero necesitaría algún elemento mágico. Algo como plumas de fénix o crin de unicornio.
Finn entrecerró los ojos, escéptico de lo que escuchaba, así mismo Amalthea se aguantaba una risa. Después de unos segundos de que Merlín estuvo pensando en cómo construir una varita mágica, Novel se acercó, le arrancó con la boca uno de sus cabellos y se lo entregó a Merlín.
–¿Este te parece adecuado, Merlín?
–¡Oh, es perfecto! Ahora solo necesito madera, algo de resina y fuego para fundirlos. Ahora vengo…
Ambos le vieron regresar al bosque, entusiasmado por lo que ocurriría una vez rearmara su equipo de magia.
–Para ser el mejor hechicero humano, es bastante despistado –dijo Amalthea.
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Al atardecer del quinto día, Amalthea, Merlín y Finn encontraron su destino al final de una vereda en la montaña, a la que llamaron Canterlot, que significa… que los tres se pusieron de acuerdo para nombrarlo así. Mientras exploraban las cercanías, encontraron una cueva, una cueva de poca profundidad, ideal de momento para pasar la noche. Mañana sería un nuevo día.
Mientras se alistaban (lo que vendría a ser acarrear hojas, pulverizar o remover piedras, etcétera) Merlín intentó usar su magia con su nueva varita mágica. Esta era de Abeto, no especialmente mágico, pero jamás pudo encontrar madera adecuada para sus intenciones.
–Es hora de probar esta belleza. Veamos si recuerdo las palabras adecuadas… hum… hummmm… no puedo recordarlas.
–¿Qué cosa? –preguntó Amalthea.
–Solía recitar mis hechizos con palabras en latín. El hechizo que busco es para una cama.
–¿Qué palabras eran, anciano?
–Lecho descanso, cama de rosas.
–Lecho… Lectum requiem, lecto rosarum.
–¡Oh, perfecto! –Merlín recitó las palabras que Finn le dijera, y la varita hizo su parte. Quizás no tan poderosa como esperaba, pero lo suficiente para hacer su trabajo. El suelo de la cueva comenzó a alisarse, pulirse de alguna forma misteriosa. Y del polvo resultante emergieron pétalos de rosa, suficientes para levantar un lecho de medio metro de altura. Justo después de colocar las camas, Finn se recostó en el más ligero de los lechos, sintiendo como su mundo se detenía un instante para descansar.
–Por fin. Algo donde descansar que no sea la interperie.
–Finn. ¿Sabes hablar latín? –Preguntó Amalthea.
–No. Son palabras básicas. Nada que no pudiera conocer.
–El latín solo es hablado por el clero o por los hechiceros. ¿Acaso eras…?
–No sacerdote, ni hechicero.
–Escriba –dijo Amalthea, recordando también el pasado con Aslatiel.
–Algo… así. ¿Por qué ese interés en mi vida?
–Eres un caso interesante –dijo Merlín–. En lo personal te considero una especie de rival intelectual. Por así decirlo. Tienes una mentalidad como pocos de los seres de nuestra época. Es decir, mírate. Tienes un conocimiento y una habilidad para asimilar las cosas tan rápida y analíticamente. Todo ese conocimiento llama la atención…
–Y a diferencia de los estudiosos de nuestra época, tú tienes una sensibilidad como nadie en nuestro mundo. Cautiva la forma como te refieres a las cosas, casi poéticamente.
–Trovador, cantante… cuento historias… de vez en cuando escribo algo… nada fuera de lo común.
–Pero hay cosas fuera de lo común. Esa maldición…
–No quiero hablar de eso.
–Algún día deberás hablar. Estarás a nuestro lado a partir de ahora. ¿Cierto?
Finn se dio media vuelta, olfateando las rosas y recordando el pasado. Su pasado que tanto anhelaba.
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Esa noche, mientras la cascada arrullaba a las creaturas cercanas, Finn se levantó para salir al exterior. Había estado fingiendo haberse dormido desde su última palabra con Amalthea. Una gran pony, a su parecer, considerando lo que había ocurrido en las últimas semanas, y poco a poco se encariñaba con esta nueva vieja tierra.
Al salir de la cueva, se sentó al filo de un precipicio, en la cúspide del todo para visualizar la tierra. Este sitio era el origen, la semilla de lo que pronto se convertiría en una tierra llena de vida y glamour. La cúspide de la excelencia y la belleza hecha ciudad. Sin embargo, desde este momento Canterlot se veía muy lejana.
–En donde estoy situado en el tiempo.
–Mucho antes de Equestria.
A su lado se sentó el fantasma de Everfree, ahora conocido por Novel como Amalthea.
–Tú de nuevo. Tenía tiempo sin verte.
–Espero que no sea por falta de deseo.
–No, jamás he deseado no volver a ver a alguien. Pero si que deseo volver a ver a mi familia.
–Novel. Aquí es donde debes estar ahora.
–¿Pero por cuánto tiempo? Cuanto tiempo debe pasar para que vuelva a los cascos de mi hija? ¿Cuánto tiempo debe pasar para volver a ver a Fluttershy o a Rose? ¿Cuándo voy a pasar sin un beso de mi amada Octavia?
Amalthea de Everfree suspiró algo desanimada. Ella estuvo observando a Novel por semanas antes de tomarlo y traerlo a la época del inicio. Sabía lo que pasaba, sabía lo que estaba por ocurrir… y mucho temía que después de ese día las cosas pasarían a un estado algo gris. Solo que ahora entendía la razón.
–Hay mucho que hacer en estas tierras. Canterlot no se construirá sin la ayuda de un estudioso como tú. Con el tiempo pude notar la gran cantidad de conocimientos que se esconden en tu interior. Jamás imaginé el motivo de eso.
–Amalthea.
–Primero que nada, el castillo. Recuerdo que Merlín logró hacer funcionar la varita solo después de recordar las palabras mágicas. Tardó días en recordarlas. Al final nunca las recordó y…
–Amalthea, quiero irme a casa.
–Los campos por los alrededores son muy fértiles. Pronto llegaría a estas tierras buenos agricultores. Ponys terrestres que vendrán a sembrar de todo. Tal vez tarden un poco, pero mientras tanto tuvimos que arreglárnosla como pudimos. Comiendo papas y otras raíces.
Tantas evasivas hicieron que la maldición volviera a sus ojos, y ella lo sabía. Pero no se tentaba el corazón para revelar la cruda realidad. Él en cambio comenzaba a intuirlo.
–Por favor te lo imploro…
–Tratamos de hacer lo mejor por nuestra tierra y pronto algunos ponys se unirán a Canterlot…
–Te lo ruego, no me hagas esto.
Amalthea suspiró profundamente cerrando los ojos y comenzando a llorar.
–El día posterior que llegamos a esta montaña, tu actitud cambio por completo. Siempre me pregunté por qué. Ahora lo sé con toda seguridad. La verdad es que no puedo regresarte a tu época. No aún.
–Pero… si yo he cumplido. Los guie hasta aquí, tal como querías que pasara.
–Cuando te pedí guiarlos no me refería a traerlos hasta Canterlot. Sino como un líder.
–No, no seré parte de esta época. Yo tenía dos hijas y estaba por casarme con una hermosa yegua a la que amo. No quiero nada más diferente a eso.
–Pero Novel. Realmente perteneces a esta época…
–No pertenezco a este sitio. Tú me trajiste aquí sin mi consentimiento. Y aunque acepté ayudarte, no hay forma que me obligues a hacer lo mejor para Equestria cuando me has arrebatado todo cuanto amo.
–Novel…
–¡No es justo! ¡Yo no tengo nada que ver en esta época! ¡Te ordeno que me regreses a donde pertenezco!
–Ya comienzas a hablar como un rey…
–¡Rey! ¡Yo no seré el rey de ningún lugar! Amalthea está en el lugar que le pertenecerá de ahora en adelante! Merlín fue el brazo derecho de Arturo, sabrá guiar a Amalthea a un buen reino. Y yo recuperaré mi lugar al lado de Octavia, Fluttershy y Rose. Eso es como debe ser.
–No. No lo es. Lo siento, pero es así como fue.
Amalthea comenzaba a desvanecerse, desesperando de este modo a Novel, que poco a poco convirtió esa desesperación en terror. Una vez más la maldición acarreaba consigo los efectos secundarios de esta. Solo que por primera vez este los dejó salir. La montaña fue la única testigo de lo que ocurrió esa noche.
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Cuando Amalthea despertó la mañana siguiente, notó la ausencia de Finn en los alrededores. En el exterior se podía percibir el aroma de los pastelillos que él solía preparar, y mientras se despertaba y lavaba su rostro con la cascada, el sonido de la leña ardiendo hizo que el hambre comenzara a sentirse como un malestar general.
–Finn. Hace varios días que no cocinas tus pastelillos. No desde que…
Pero al salir no había nadie. Cerca del fuego había una enorme dotación de pastelitos, quizás suficientes para dos semanas. Ver tantas preparadas hizo que Amalthea pensara lo mejor.
–Creo que te sobrepasaste esta vez Finn. No habías preparado tantos en lo que llevamos de… –al darse la vuelta, Amalthea se encontró con Merlín, quien habiendo mejorado en su control mágico pudo mostrarle una hoja a Amalthea, en la que venía escrita una dedicatoria especialmente a ella.
"Estimada reina Amalthea.
Mucho de lo que les dije era verdad. Otras cosas tal vez no lo fueron al cien porciento. Lo cierto es que algo me trajo a este mundo, a esta época sin mi voluntad. Creí que deseaba que los guiara hasta este sitio. Una vez terminado mi trabajo buscaré la forma de regresar con mis hijas. Realmente espero les vaya mejor de lo que a mi me puede ir. Fue un gusto y un honor conocerla a usted y al anciano. Es solo que extraño demasiado a mi hija menor. Y pase lo que pase volveré a su lado. Mis mejores deseos, Novel Feathershy."
–Si era él.
–Es increíble que lo volviéramos a encontrar aquí. Me hace pensar que realmente se tratara de su prometido. O una versión equina de él.
–Tiene una hija. Es curioso pensar que realmente la tiene. Es solo que él nunca la llegó a conocer.
–Tal vez se trate de la misma creatura. Solo que en un tiempo diferente.
–Tiempo… ¡Tiempo! ¡Por eso sabía de todo lo que ocurría! ¡Novel es un viajero del tiempo! ¡Realmente tiene una hija, y no la verá nacer! ¡Tenemos que encontrarlo, no importa lo que suceda!
–¡Viajero del tiempo! ¿Acaso me he perdido de algo?
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Así es. Novel no podrá volver aún. No hasta que las cosas sucedan como sucedieron en el principio.
