Notas:
Lectura no apta para menores de 18 años!
Esta lectura contiene alto contenido con violencia.
-Disclaimer: SHINGEKI NO KYOJIN No me pertenece. Es propiedad de Hajime Isayama. Solo tomo prestados a sus personajes.
-OTRA VEZ ADVERTENCIA: Esta historia tendrá lenguaje obsceno, violencia y referencias de abuso sexual.
Menores de edad, abstenerse a leer. Si no te gustan este tipo de fics, favor de salir de este y pasarte a otro.
Historia:
Atzuko-san
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Lemon?/ violencia/ violacion/(18)
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(LEVI ACKERMAN x LECTOR)
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ESCLAVA
ONE SHOT
2
Final
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dedicado a:
JJ.KC
por pedir una continuación y ayudarme con su comentario a desarrollarla
gracias de verdad
Y a Laura por estar siempre ahí para darme consejos y presionarme :v
Esto va para ti baby.
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El sonido de un disparo rompió el silencio del desierto, la sangre tibia hervía bajo el sol del mediodía y los ojos vacíos miran al cielo azul ya sin luz.
Su lenta respiración se interrumpe cuando ya no queda nada de vida dentro de su pequeño cuerpo y su dueño le deja en medio de la nada sin remordimientos. Su amo ya no conoce ese sentimiento, así que solo se regresa a su auto negro y lo arranca, dejando su cuerpo solo a merced de los buitres.
Levi es el nombre de su dueño, que no mira atrás para dar un último adiós a su adorado perro que lo acompañó por años en ese infierno al que llamaba vida.
Puede que no fuera verdaderamente necesario quitarle la vida a tan inocente animal, pero francamente era algo que deseaba desde hacía algún tiempo. El can ya era viejo, enfermo y no se movía como antes, se había vuelto una carga que no deseaba llevar.
El es el hombre que alguna vez fue la cabeza de la familia Ackerman, una de las más poderosas de la mafia del bajo mundo tenía que rebajarse a usar un auto robado, huyendo cual rata de un montón de militares comandados por una mujerzuela rubia que había jurado atraparle.
Tch, malditos sean los mocosos de ahora, que se sentían con las suficientes bolas como para querer cambiar las cosas en ese país maldito que fue levantado sobre una montaña de mierda y cadaveres despues de la guerra.
Presionó el acelerador cuando la molestía le regreso a las venas y lo enfureció al pensar como casi todo su mundo se había desmoronado bajo sus narices.
En pocos días su imperio, aquel que había heredado de su tío, el viejo y buen Kenny al morir, ese que pensaba dejarle a su adorada mocosa engreída estaba hecho escombros.
La traición le había llegado por la espalda y lo único que le quedaba por hacer era eliminar todo rastro que llevará a los militares hacia el. Ni siquiera sus socios o gente que alguna vez lo llamo "amigo" le había dado su apoyo.
Cada uno de ellos le dejó hundirse solo, sin apoyo ni ayuda, todos aquellos que pudieron le dispararon por la espalda para rematar.
Pero la familia Ackerman tenía honor, aun siendo una familia de matones a sueldo, contrabandistas y extorsionistas, hasta los más jóvenes del clan lo sabían, por lo que no se sorprendió cuando al ver las noticias, en la transmisión en vivo de un cateo en la casa principal de su familia los policías entraron solo para encontrarse con el cadáver de la heredera Ackerman, que se había colgado con su bufanda roja después de quemar las oficinas y bodegas.
Solo teniendo doce años, Mikasa le había comprado tiempo suficiente para que siguiera con la tarea de prender fuego a todo y dejarle arder hasta las cenizas.
Primero silenció a todo aquel que le había traicionado, una tarea que ciertamente disfrutó bastante.
Luego, borró todo rastro que quedará de la familia Ackerman, sus negocios y acuerdos a largo plazo, incluso corto ramas enteras para que no llegaran los militares a encontrar a su familia lejana o a los hijos bastardos que llevan la sangre Ackerman.
Algo increíble para un solo hombre y en menos de un mes. Pero así era el, efectivo y rápido. Algo característico de su clan: desde hacía siglos, y que estaba a punto de terminar.
Por último, tenia que borrar la existencia de todo lugar al que podrían llegar a buscar algún indicio de su presencia o su ubicación.
Y eso lo llevaba a esa pequeña mansión a las afueras de la ciudad de Shiganshina, en medio del desierto estaba ese escondite de diversión que uso por algún tiempo.
Frunció el ceño al imaginar lo que se encontraría dentro, la sola idea de tener que tocar un cadáver putrefacto lo asqueo, pero no le quedaba mucho tiempo y no tenia a nadie mas para hacerlo. Así que se adentro rápidamente en la construcción de metal y concreto, acompañado por un galón de combustible, fósforos y una bolsa negra de basura lo suficientemente gruesa para llevarse un cadáver.
La puerta cedió ante la llave y camino entre los pasillos del lugar, debía admitir que a pesar de ser viejo, tenía cierto encanto en su completo abandono.
Cierto...hace cuanto no estaba ahí?
Para ser franco ni le interesaba saberlo, ya nada le interesaba, solo sabía una cosa. Estaba cabreado, lleno de una ira que le hacía tener un insomnio de mierda que le dejaba un humor aún peor.
Apresuró el paso cuando la luz se filtró por las ventanas y le dejó apreciar todas esas toneladas de mugre que cubrían el lugar. Malditos sean Petra y Auro por haberle dado la espalda al haber corrido con la milicia como un par de gallinas sin plumas, esos dos bastardos debían recibir su castigo en cuanto terminen sus asuntos en esa casa.
Abrió otra puerta y se encontró con el salón de estar, hermosos detalles y finos muebles llenaban la habitación. Sin poder evitarlo recordó sus días en esa casa de descanso, esa había sido de sus habitaciones preferidas cuando la compró y solo iba ahí a tomar un respiro de sus molestas tareas tomando café o escuchando el silencio.
Claro, eso había sido antes de que cierta habitación albergará otra "distracción" mucho más...interesante?.
Sobre la mesita cercana a la siguiente puerta se encontró con una fotografía cubierta de polvo, solo la miro por un momento, pero fue tiempo suficiente para que de una patada el marco y el cristal terminaran estrellados contra la pared cayendo cuando el hombre abandonó esa habitación.
La cara de Hange Zoé sonreía en la fotografía, acompañada por su colega y amigo Erwin Smith, ambos con las manos unidas el día de su boda, los mando al infierno a ambos hacía pocos días, ninguno de los dos merecían vivir después de todo lo que habían hecho, y para que él mismo lo pensara era sorprendente.
Erwin fue un político y empresario reconocido, todo aquel poder que usó para mover los jodidos hilos del sistema lo había logrado llenándose las manos de sangre inocente y arruinando vidas de familias enteras, lleno de corrupción, extorsión, sobornos y apoyo a quienes intentaban hundir la monarquía, uso cada herramienta que tenía a su disposición, un rey sobre el tablero ensangrentado, con cuerpos en el piso como si fueran un tapete persa, de esos finos que a todos le gustan.
Hange era algo distinto y al mismo tiempo igual, científica loca: su mejor descripción. Pobres diablos fueron aquellos que se cruzaron en su camino. Miles de pobres y miserables almas habían pasado por el quirófano de la mujer que buscaba las "respuestas" en la anatomía humana. Solo Dios sabia a que se refería especificamente, pero si algo nadie dudaba era que Hange Zoé tenía cierto cariño enfermizo al conocimiento.
De hecho, se habían conocido cuando ella le busco hacía casi veinte años atrás, eran muy jóvenes y casi no conocían el mundo, pero nunca saldrían de sus pesadillas aquellas frías manos sobre su cuerpo cuando se le abalanzó en una reunión de alcurnia criminal.
La cuatro ojos no había dudado en clavarle un bisturí en el costado y abierto su piel en busca de algún órgano importante. Al parecer, la castaña había indagado a profundidad sobre el cuerpo de los que llevaban sangre Ackerman en sus venas y estaba convencida que aquella fuerza y lento envejecimiento podría responderse con "una simple incisión" en la carne joven.
A pesar de no tener una relación tan "buena" con ese par, les había llegado a considerar sus aliados. Erwin era confiable y Hange audaz, tanto que parecía conocerle más que él mismo lo hacía.
Eso lo había demostrado, la muy maldita siempre le mantenía vigilado bajo una capa de "amiga". Hange era la que más beneficios trajo a sus negocios, por lo tanto, se veía forzado a interactuar y fingir esa "amistad" con ella.
Pero de alguna forma no se arrepentía de esas experiencias, la mujer investigaba cosas interesantes de vez en cuando, logró llamar su atención y hasta que él mismo había hecho sus propios estudios.
Sus pasos pararon al abrir la puerta de la gran biblioteca de la mansión, en más de una ocasión, Mikasa la había llamado "Alejandría" en sus tardes de estudio o cuando preparaba sus lecciones. De alguna forma, la joven Ackerman había dado con la mansión que el se esforzó por mantener en total secreto.
La habitación hecha de libros, recubierta de arriba a abajo, era iluminada por unas suaves líneas de sol que entraban por el opaco tragaluz cubierto de arena de forma superficial.
Al pasar los dedos por los polvorientos lomos de los libros y dirigir su mirada a quel cuadro de casi dos metros a la orilla del salón, sus memorias, ya invadidas con anterioridad por su gusto por el saber lo transportaron a ese día de Mayo tan caluroso.
Camino sintiendo como las memorias marchitas se apoderaban del lugar, como la oscura estancia se iluminaba con luz blanca y pulcra limpieza, sus ropas sencillas y de bajo costo eran reemplazadas por un fino traje.
Apretó la bolsa negra en su mano cuando libreros inmensos, que parecían llegar hasta los cielos lo rodearon y una música alegre junto a los sonidos de la ciudad más poblada del país eran la orquesta de aquella escena de su pasado, y si no se equivocaba a un par de pasos estaba…
-Disculpe caballero, lo iba a tomar usted primero?- su mirada gris se clavó en aquella juvenil figura que le veía sonriente desde su derecha, estando con la mano extendida hacia arriba, ambos habían llegado ese día en busca de un libro en específico.
El brillante sol iluminaba la Biblioteca Unicorn en Shina, el brillo natural que entraba por todas direcciones y la música clásica le habían dado una imagen casi perfecta de la niña que se mantenía con sus ojos sobre el.
Aquella corta falda de colegiala le permitían una maravillosa vista de sus muslos, su saco gris de instituto y su rostro embarrado de inocencia le hechizaron totalmente. En sus manos, apretados contra su casi maduro cuerpo estaban un par de libros, sus piernas estaban enfundadas en medias blancas y su pelo amarrado en un moño floreado.
Nunca había visto algo igual en todos sus años de vida, ni una vez Mikasa había logrado acercarse a tan femenina apariencia y por supuesto, nunca vio antes unos ojos con una luz tan característica.
Una niñata que podía comparar con una mariposa recién salida del capullo le tocaba los dedos con los propios sin quererlo, un contacto que había sido involuntario y la sonrojarón ligeramente, alejándose un par de pasos de él cuando no pronunció alguna respuesta a la pregunta que ella le había planteado.
El, con más de treinta años de vida quedó fascinado por una niña de la ciudad, una de las pocas féminas que quedaban en la tierra después de la caída de natalidad hacía no más de una década.
Pero ella, claramente incomodada por los ojos que la atravesaban como espadas y por ese largo silencio le regaló una reverencia, adornada de una sonrisa que solo ella poseía, dándose el lujo de pasar aun lado del hombre que la veía con demasiada atención, su esencia natural se desprendió gracias a su andar, embriagando con feromonas el ambiente y se alejó por las escaleras, meneando sus caderas, haciendo sonar sus zapatillas en los escalones de cristal.
Con eco de los pasos, la imaginación del Ackerman se apaga, dejando que una fría sonrisa se asomo en sus labios, qué buenos fueron esos tiempos.
Desde ese dia, no falto algun espia que en su nombre visitaban los pasillos de la Biblioteca, reuniendo información para el, fotografías o simples reportes de lo que ella hacía.
Nunca se había considerado un fetichista sexual, podría decirse que tenía sus límites, aun teniendo prostíbulos enteros bajo su protección jamás se interesó a estar demasiado tiempo del necesario en esas casas rojas llenas de infecciones y hedor a miseria, sobre todo porque tenia que dar ejemplo a la niña de ocho años a la que criaba.
Qué le hubiera dicho la pequeña hija de su prima si se hubiese enterado del secreto que mantenía bajo los pisos en los que ella disfrutaba de un buen libro o una tarde de sueño sobre la alfombra?
Y a decir verdad, que aquella colegiala de Shina estuviese viviendo bajo su propiedad no fue cosa suya, había sido culpa de la perra de Zoé.
Se maldijo así mismo un millón de veces por dejarle sola en su oficina, entrometida como el demonio, Hange había descubierto fotos y correos de e-mail que le enviaban sus informantes. Divertida por tan curioso dato sobre él, la esposa de Erwin supo que le daría de regalo de cumpleaños por adelantado.
Pero, aun tendiendo sus principios claros, una niña de su misma sangre durmiendo bajo su techo con la inocencia de su edad y la admiración de muchos otros, no pudo negarse cuando vio al angel de sus fantasías tan frágil, tan vulnerable y débil ser a su merced.
Metida en una camioneta con manos y pies atados, el rostro lleno de lágrimas con aquellos gritos ahogados por la mordaza de cuero que le sonrosaba las mejillas por el pánico y presión.
Aquel día renunció a algo importante y obtuvo una esclava sexual a cambio.
No pensó claramente, no formuló un plan o se cuestionó que era lo correcto o si obtendrá algo a largo plazo de ello. Solo ordenó que la llevaran a su sótano.
Esa noche Mikasa dormía en el piso superior, rodeada de la noche estrellada que la espiaba por las ventanas cristalinas de la habitación, peluches de todo tamaño con una sorpresa dentro de sus estómagos de algodón velaban por ella y una pequeña pistola era con quien compartía su almohada.
Eren, su perro fiel, repasaba la agenda para el dia siguiente, encerrado en aquella habitación que le privaba del mundo exterior y del conocimiento del lugar donde se encontraba específicamente.
Esa noche, el líder de la Familia Ackerman, al abrir la puerta del sótano se dedicó a profanar aquel frágil alma manchandola de sangre y dolor .
Y no sintió arrepentimientos. De hecho, disfruto cada maldito gritó que ella le regalaba cuando arremetía en su interior con una furia que ni él mismo se conocía. Por primera vez en su vida, podria decir que habia perdido todo rastro de cordura que guiarán sus acciones.
Le había dejado marcas en todo el cuerpo. La humilló y utilizo como si se tratase de un juguete, le obligó a mirarlo en todo momento y a callar sus gritos a base de golpes. En el suelo quedó cabello arrancado, ropa rasgada y la dignidad que alguna vez poseyó aquella muchachita.
Y antes de que el sol apareciera, le había prometido que esa no seria la última vez que la disfrutaría, robándole su primer beso sin saberlo, acompañado de una mordida causada por ella. Quizo soltarse a reír cuando el terror reemplazó la ternura e inocencia que esa niña llegó a tener alguna vez.
A la mañana siguiente de eso la Alerta Amber difundió el nombre de aquella niña en todos los noticieros de la nación.
Esa mañana había desayunado con normalidad y se despidió de Mikasa con un beso en la frente al verla partir rumbo el colegio. Con la promesa de que ambos se reencontrarian en la Mansión Principal.
Se encargó de papeleos, llamadas y juntas próximas.
Y poco después de mediodía hizo su segunda visita al sótano de la casa. Extrañando por el comportamiento ligeramente alegre de su amo aquel dia, Eren le siguió escaleras abajo.
Ojala no lo hubiera hecho.
Lo que el joven hijo de Carla Jaeger encontró al otro lado de la puerta de metal jamás podria sacarlo de su mente. La imagen que aprecio en primera fila le hizo perder todo respeto por la familia Ackerman.
Violas mujeres era una aberración en la sociedad donde vivían, peor era el pecado si se trataba de un niña.
Y los gritos que el oyó hicierón que empezará a desear algo que nunca creyó que llegaría a desear en su vida: Venganza.
Finalmente frente aquella puerta metálica, sus recuerdos murieron. Por el momento el presente era la prioridad. Eliminar un cuerpo era el objetivo.
Y salir vivo del país la meta final.
Pero como ya saben...nada de esto llegó a resultar bien de ningún modo.
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