El capítulo final de esta extraña historia que disfruté mucho.
Disclaimer: Naruto le pertenece a Kishimoto.
Advertencia: Universo alternativo.
Nirvana
VI
Lirios
Los días se les hacían eternos esperando la información necesaria. En ese tiempo, Sasuke recapacitó y le habló a la chica sobre la situación en la que se encontraban y aunque le costó bastante asimilarlo (no todos los días te enteras que estás, en realidad, muerta) pero al fin y al cabo, aceptarlo era la única opción. Ambos debían afrontarlo y eso estaba bien, era lo correcto. Inclusive hizo lo que Tsunade le había dicho: se disculpó por su comportamiento y trató de ser lo más delicado posible con ella, asegurándose de que disfrute lo que le queda en este mundo y, claro, no sienta dolor... ese dolor que le hizo sentir desde el momento en que se enteró que no era real.
Bueno, al menos es real para él.
La espiritista les había confirmado que justo ese día pasaría para contarles lo que halló. Claro, ella no puede ver a Sakura pero de todas formas sabe que estará escuchándola. El azabache preparó todo para la llegada, le dejó la mesa completamente desocupada y las únicas dos sillas que tiene. Seguramente él se quedará parado, no importa mucho. Estaban bastante nerviosos, a decir verdad, por lo que pudieran llegar a saber y las posibilidades eran infinitas. Este nerviosismo era tal que estaban sentados en el incómodo sofá, esperando impacientemente que el timbre suene de una vez.
—Si me voy al lugar que pertenezco... ¿no vamos a volver a vernos?—. No era la primera vez que preguntaba algo similar y aunque deseaba decirle que se calle de una vez (que así es él), su promesa de tratarla bien sin importar qué seguía en pie hasta que se fuera. Suspiró con pesadez y le mostró una pequeña sonrisa, tratando de que se quedara más tranquila.
—No hasta que yo muera, supongo y conociéndome, tal vez no me falte tanto—. Una carcajada bastante sarcástica con un poco de soberbia en él mientras que a ella no le hizo ni un poco de gracia. Nunca hace chistes pero, cuando los hace, no puede evitar pensar que son algo deprimentes.
Cuando estaba a nada de comentárselo, un sonido que les causó un pequeño susto apareció. Era el timbre del departamento, que les pareció que se escuchó mucho más fuerte de lo normal. También puede ser que simplemente lo están imaginando.
Antes de recibir a la persona que habían estado esperando, se miraron detenidamente. Sasuke puso sus manos en el suave rostro de la chica y la besó. No fue algo particularmente largo pero era significativo.
La rubia entró al departamento y sintió algo muy diferente a lo que habría imaginado. Supone ella que ese es el poder de esta conexión y aunque sea muy cliché, percibió una energía especial y acogedora. Haruno, quien estaba ahora en la silla, le echó el ojo. Es que era una mujer de otro planeta con esas curvas y esa cara. Más le vale que los ayude. Por supuesto, la profesional en lo espiritual encontró un lugar totalmente vacío así que trató de ver si esa energía podía llegar a ayudarla a encontrarla. Miraba para todos lados, notado en su totalidad por el Uchiha.
—Sakura está sentada ahí—. Señaló y la otra siguió su dedo. Imaginando a la chica, ya que ha visto fotos, sonrió.
—Es un placer conocerte, Sakura.
Sabiendo que la mujer no estaba viéndola y sin poder aguantarlo por más de dos segundos, lágrimas gruesas recorrieron sus mejillas, intentó no llorar muy fuerte a pesar de que estaba conmovida. Sasuke no le preguntó nada, él ya sabía. Sacando de lado a Sasuke, nadie le había prestado atención o siquiera le hablaron, por obvias razones. Recién ahora fue Tsunade la que le habló amablemente, la saludó, evidenciándo que a pesar de que no la ve, sabe que está ahí. Había conocido a alguien y se sentía maravilloso después de haberse sentido tan ignorada. Atesoraría esas palabras todo lo que su mente pueda. Se sentó a su lado y se sintió aún mejor por eso. En sus manos tenía una carpeta repleta de hojas.
—Tengo muchas historias sobre ti aquí mismo—. Vio al hombre que estaba frente a ella parado. —¿Tienes un poco de sake para darme?
—Creo que hay un poco de vodka—. Es increíble que tomara desde tan temprano y en un momento así.
—También sirve.
Tenía su vaso en mano y tomó algunos sorbos. La chica de cabellos rosas no podía entender cómo es que una mujer podía beber tanto. Parecía una experta.
—¿Vas a contar algo o no?—. Ansioso y poco tolerante, le insistió que siguiera, con la particularidad de tutearla, de paso. La rubia frunció el ceño, "este tipo no entiende nada". Aclaró su garganta y sacó algunos papeles.
—Estás muy lejos de ésta época, querida—. En la mesa dejó la copia de una partida de nacimiento. 28 de marzo de 1963. —Naciste hace unos 54 años en Tokio pero, claro, era una ciudad muy diferente en ese entonces. Eras hija única. Traté de buscar a tus padres pero fallecieron hace tiempo. Sus nombres están ahí.
Apuntó a la copia que había dejado. Si Sakura estuviera viva, sería probablemente una vieja... le dio escalofríos al pensar cómo sería. Entonces ella siempre perteneció a este lugar, el problema es que no lo recordaba porque ha cambiado mucho, logicamente. Ahora mismo, sin embargo, se veía muy joven, más joven que él inclusive. Esto le hizo pensar que tuvo una muerte temprana, tornando todo aún más triste.
—¿Cómo conseguiste esto?
—Nunca me preguntes eso, realmente no quieres saber—. Sacó un sobre blanco grande, se lo pasó. —Esas son fotos. Te recomiendo que no se las muestres.
—¿Por qué? ¿Qué tienen de malo?—. Comenzó a ojearlas, eran fotos normales. Se veía muy parecida a ahora, bueno, casi. En algunas fotografías, al parecer más viejas, se la veía con el cabello largo. "Le quedaba bastante bien", pensó. Su ropa tenía un estilo ochentoso, indumentaria que hoy en día nadie se pondría y que solamente se encontrarían en ferias especializadas en artículos antiguos. Parecía feliz y jovial.
—Tal vez no le haga precisamente un bien—. Bebió un trago largo de alcohol.
La última foto que tenía el sobre era una que le llamó poderosamente su atención. Estaba ella, claro, pero a su alrededor había muchas chicas más. Todas, incluyéndola, estaban en una pose de meditación, vestidas completamente de blanco. Se podía apreciar que se encontraban en un parque y que las caras de serenidad, podría decirse, abundaban. No hay duda alguna de que estaba metida en algo espiritual.
—Eras muy budista y si existiera una mejor definición, la usaría. Te convertiste cuando cumpliste veinte años, volviéndote muy devota—. Volteó a verla aunque realmente no estaba segura si veía para el lado correcto o si ella la estaba mirando o lo que fuera. La curiosidad que tenía la muchacha en saber cómo era su vida anterior aumentó al saber de las fotos y todo tomó un giro distinto ahora que hablaban de su religión. Claro, no recordaba nada de eso. —Integrabas un grupo de chicas que meditaban en los parques y se ayudaban mutuamente con sus problemas. Eras... eres una chica admirable.
Claro, no recordaba nada de eso pero esa mención hizo que distinguiera un sentimiento particular, muy cálido, como si pudiera estar en ese momento meditando con sus compañeras que no recuerda pero imagina. Se siente bien consigo misma, aliviada inclusive. Tuvo una buena vida al fin y al cabo, fue una buena persona, tomó un buen camino aunque sea a lo último y esperaba haberle cambiado la vida a alguna persona para bien. Se preguntaba si es que alguien más se acordaba de ella, inclusive en estos tiempos. No es como si hubiese pasado tanto tiempo. Quiso pensar con optimismo, así es, alguien se debe acordar de ella con una sonrisa. Eso la hacía feliz... pero no lo suficiente. Tuvo una buena vida, fue una buena persona, tomó un buen camino. Todo en pasado debido a que en algún momento de su vida pasada falleció. Era eso lo que le molestaba verdaderamente pero, aún más, el no saber exactamente qué fue de ella.
—¿De qué me morí?—. Le preguntó al azabache. Este la miró, no entendiendo muy bien. —Pregúntale.
Cierto, al igual que no puede verla, tampoco puede escucharla.
—¿De qué murió?
Había algo en la mirada de Tsunade parecido a la melancolía y es que, después de todo, se trataba de una muerte joven. Trató de ser cuidadosa al expresarse.
—Ingresaste al hospital a finales de 1986 por un accidente cerebrovascular. No tengo mucha idea de qué lo causó porque los archivos fueron poco específicos, tal vez por los tiempos que corrían—. Sasuke no duró ni dos segundos en el lugar que estaba para simplemente acercarse a la chica que estaba en shock. Le agarró la mano y la acarició con suavidad, para al menos reconfortarla un poco. Para que supiera que no estaba sola y que estaban juntos escuchando esto, que la iba a ayudar a enfrentarlo. —Estuviste ahí muchos meses hasta que a mitad de 1987, tuviste otro ACV que fue mortal. Tenías veinticuatro años.
Silencio. La espiritista no se iba a atrever a hablar, era un momento muy frágil e íntimo para ellos que se podían entender, que se podían ver y escuchar. Curiosamente, no estaba llorando. Tal vez sea por todo el tiempo que estuvo llorando cuando su amante la ignoraba, tal vez era porque uno no debería llorar su propia muerte o tal vez es que ya pudo aceptarlo y que no cambiaba en nada la causa. Murió y no tiene nada de malo. Ya no quiere llorar. Ya no quiere dolor.
—¿Algo más?
Estaba un poco distraída así que tardó en responder.
—La fecha de su muerte fue 22 de julio—. No estaba segura si habían entendido lo importante que era esto. Tal vez el hombre pudo entenderlo así que su próximo comentario fue dirigido a él. —Tú naciste al día siguiente.
Tenía mucho sentido que las fechas estuvieran increíblemente cerca. Otra razón por la que estaban conectados, seguramente. Aunque... fue inevitable que su ceño se haya fruncido al repasar bien todo.
—¿Conoces mi fecha de nacimiento?—. Comenzaba a pensar que de verdad tenía poderes sobrenaturales.
—¿Creíste que no iba a investigarte? Pero si fue lo primero que hice antes de nuestro encuentro—. Lo dijo casi maliciosamente, esto hacía que el respeto que le tenía por tratarse de alguien mayor, se desvaneciera. —No iba a dejar que cualquiera entrara a mi casa.
Touché.
—Sasuke, por favor, vayamos a lo importante—. La voz de la Haruno automáticamente lo volvió a la realidad y su cara de molestia desapareció.
—¿Qué tenemos que hacer?—. Directo y práctico.
—Te voy a dejar la ubicación del lugar donde está enterrada—. El comentario asombró bastante a la protagonista en cuestión, no sabía que necesariamente iban a necesitar ese tipo de información. Porque su verdadero cuerpo es ese que está bajo tierra. —Vayan antes del amanecer.
—Eso es ilegal—. Protestó.
—Van a tener que hacerlo igual porque al mundo espiritual no le importa las reglas de nuestro mundo—. Diciéndole lo obvio y cerca de querer tener una discusión.
—Si te sientas lista y sin dolor ni deseos, todo pasará pronto. No hay nada más que hacer—. Pensando en justamente eso, la muchacha asintió varias veces, sin importarle que realidad no podía verla. —Por cierto, ¿hiciste lo que te pedí?
No recordaba muy bien a qué se refería... o tal vez si. Lo del dolor y el deseo. El deseo. ¡El deseo! Ni tocaron eso todavía. Tuvo que responderle negativamente.
—Tendrás que hacerlo pronto—. Se tomó el último sorbo de vodka que había. Ese era su pie para retirarse. Se paró y, después de despedirse cordialmente de Sakura, le pidió al otro que la acompañara un momento afuera. Estando ahí, tenía que ser completamente sincera. —Todo esto será muy bueno para ti.
—Supongo que será bueno para mi salud mental dejar de ver muertos, si—. Un poco ácido, a decir verdad. Ella rodó sus ojos marrones.
—No puede ser que todavía no lo entiendas—. Hubiese querido decirlo en voz alta pero podría ser escuchada. —La persona que desencadenó todo esto fuiste tú y tu soledad. Nada de esto es sobre ayudarla, aunque en gran parte lo es. También sobre salvarte a ti mismo.
No iba a discutirle eso, jamás se le ocurriría debido a que en su interior estaba seguro de que era tal cual. No le quedó otra que aceptarlo.
—Gracias.
—No es necesario que lo hagas—. Se rió bastante fuerte. —Después de todo, me pagan por esto—. Su mente recordó algo importante. —Ah, claro, dile a tu amigo que ya tengo la información que quería.
—¿Información?—. ¿Naruto había requerido sus servicios también?
—Su bebé será un niño—. Bufó como si hubiese visto el futuro que le esperaba a la pareja de recién casados. —Pero va a ser un dolor de cabeza.
—No me sorprende en lo más mínimo.
Ya con todo listo para ambos, se despidieron como si nada, teniendo en cuenta que probablemente no se volverían a ver. Y... sinceramente no era tan importante, no se conocían realmente. Tsunade se marchó pero alcanzó a decir unas últimas palabras.
—Si sigo viva cuando mueras, te ayudo a alcanzar el nirvana—. Una sonrisa que él no pudo ver. —No voy a cobrarte mucho.
Ya sabiendo el pasado de Sakura, se sentía bastante tranquilo porque aunque ella no se acuerde precisamente, puede imaginar y saber lo que vivió. Antes de siquiera poder pensar en cómo harían para entrar al cementerio, tuvo que pensar en algo mucho más importante: el deseo. ¿Podrá cumplirlo antes de que sea el amanecer? ¿Su deseo será materialista? ¿Tendrá que gastar mucho dinero? ¿Será difícil de conseguir? ¿Deberá vender un riñón? No iba a ganar nada pensándolo, debía preguntarle.
Al entrar, la vio todavía sentada y viendo su lugar de entierro cmo si fuera una de esas pinturas que tienes que ver por un rato largo para poder divisar sus detalles. Tosió para distraerla. Cuando sus miradas se encontraron, ella fue rápido a abrazarlo. Fue sorpresivo, fue aleatorio pero se sentía muy bien. El abrazo representaba todo lo que quería decirle pero no sabía bien cómo. Era una mezcla de agradecimiento, y amor, digamos. Se alejaron un poco pero no dejaron de estrecharse. Puso su frente contra la de ella, quedándose unos segundos así. Cerraron sus ojos.
—Dime tu deseo.
Si bien él mantuvo su vista apagada, no fue el caso de la chica, cuyas pupilas por poco más se dilatan por lo que acaba de decir. ¿Qué responder a algo que jamás pensó que debería responder?
No lo quería pensar mucho porque no era esa clase de deseo que uno calcula y planifica. Debía ser instintivo y sentimental. Algo que nadie más puede darle.
Y lo dijo.
—Que me amen.
Vio una sonrisa que jamás en la vida (bueno, en esa clase de vida) pensó ver. Sincera y cálida. Una sonrisa que no le había mostrado a nadie. Única.
—Creí que ibas a pedir algo más complicado.
Rió.
.
.
.
Quería parecer un hombre maduro y valiente pero le costaba un poco serlo en el medio de un cementerio a la madrugada. No era un lugar precisamente horrible porque se nota que es cuidado, no obstante, es un cementerio, un lugar donde los muertos siempre ganan en número. Puede ser que el hecho de estar muerta la hacía ver a la mujer bastante tranquila. "Debe sentirse en casa o algo parecido".
Buscar una tumba de noche es de lo más difícil en el mundo, de eso no hay duda, sobretodo si la única ayuda es la linterna de tu celular. Por suerte habían salido temprano porque tardaron cuarenta minutos en hallarla. Fue un poco triste debido a que estaba bastante abandonada. No había flores. Por suerte, como ya se dijo, cuidan las tumbas aquí.
—Voy a venir a verte todas las semanas con las flores indicadas—. Lo comentó para que se fuera sin preocupaciones. No necesitaba nada de eso.
Se quedaron frente a frente. Faltaban unos cinco minutos para el amanecer. Es su despedida. No iban a ponerse a llorar ni nada por el estilo. Todo estaba bien, no es una despedida para siempre. El hecho de que no puedan estar juntos no quiere decir que vaya a ser algo terrible en su vida. Las personas no pueden mantenerse siempre juntas pero los sentimientos si.
—Te amo—. Al decirlo, Sakura sintió que un par de lágrimas recorrer sus mejillas. Cuando Sasuke intentó secarlas, lo detuvo. —Déjalas. Son de felicidad—. Y lo eran. No le pudo decir en ese momento que también la amaba pero no era esencial hacerlo porque lo sabía, claro que lo sabía. Ella sabe que no hubiera hecho todo esto si no la amara y que si cumple su tiempo en este mundo es porque la ama. Su amor la hace libre.
Ya amanecía y no necesitó ver a su alrededor para saberlo, lo sentía. Se paró exactamente sobre donde se supone que está su cuerpo. Era la hora de un nuevo amanecer. Con los ojos oscuros del hombre viéndola a la perfección, fue desapareciendo lentamente, al mismo tiempo que aparecía el Sol. Todo encajaba. Con su corazón palpitando como nunca y sin pestañar para no perderse nada, se dio cuenta lo feliz que era de haberla conocido. Juntos se ayudaron a ser lo que eran ahora. No eran seres perfectos pero estaban conformes. Sin deseos, sin dolor. Hasta lo último, ella no dejó de sonreírle. Era hermosa.
Cuando desapareció, se sintió extraño. Miró al cielo, imaginando que sería ese su lugar. No iba a poder pronunciar palabra en todo el día debido a la emoción que quería reprimir. Cuando suspiró, se le notó la voz temblorosa. No, sería mejor que no diga nada. Le hablaría cuando volviera a su tumba y contarle cómo va su vida.
Lo prometido, era deuda. Uchiha Sasuke la visitaba todas las semanas. Ahí le contaba todo lo que podría llegar a interesarle. Pudo admitirle la primera semana que ya no era un negador serial y que estaba inclusive dudando de su ateísmo. Le pidió por favor que no divulga esta información. También, encontró una buena forma de llenar su columna: historias relacionadas a la espiritualidad, de personas que hayan sentido algo como él o parecido. Para esto, tiene que pedirle ayuda a Tsunade, para informarse del tema y para que le pase contactos interesados en dar a conocer su historia. No estaba nada mal, le parecía más interesante que obligarse a escribir sobre cosas que no le han pasados. Llegaba a un punto donde le agradaba más que los policiales. En fin, esas cosas.
Quería que supiera que estaba bien y que trabaja en sentirse mejor consigo mismo. Por supuesto, que la sigue amando y que nunca dejará de pensar en ella, sabiendo que siempre será recíproco. Porque era otro tipo de amor
Cada vez que la visitaba, le llevaba las flores indicadas, adjutando el significado en todas las oportunidades, para que nunca se olvide de ello.
Eran lirios blancos.
"Te quiero y confío en ti".
"I'm lucky I've met you".
FIN.
El final! Quiero apovechar para agradecer sus reviews, favs y follows. Gracias a ello es que esta historia terminó y me alegra mucho. Es la primera vez que me siento tan emocionada con un final pero seguramente se debe a que todo en general (pero especialmente este capítulo) está cargado de mucha emoción, de todo tipo.
Con esto termina Nirvana. Por cierto, algo que me había olvidado de comentar es que, si bien el nombre no es por la banda (que el nombre es por lo budista, che) aproveché para poner al menos una línea de distintas canciones al final de los capítulos porque... bueno, porque me encantan!
Gracias, gracias y gracias! Por leer, por comentar, por todo. De verdad
Nos vemos en otra historia.
