Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.

Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.

AU (Universo Alterno). Espero les guste.


Recuperándote

Capítulo 11.-

(10 de marzo de 2016)

Besos regados por mi cuerpo me trajeron a la realidad, no quería abrir los ojos sentía que, si lo hacía despertaría de un sueño y me encontraría con una pesadilla, pero esos besos se sentían tan reales que estaba segura de que no era un sueño, continúe con mis ojos cerrado, la persona continúo besándome por los pómulos y fue bajando por mi cuello, sus besos eran besos de pluma, pero igual de placenteros.

- Sé que estas despierta – una voz divertida hablo, conocería esa voz de donde fuese. No dije nada, continúe fingiendo estar dormida. Sentí cambiar la cama de peso y en unos segundos estaba sobre mí – abre los ojos Katniss – Peeta dijo divertido, pero yo seguía con ellos cerrado – está bien tú lo quisisteis – y con eso comenzó a hacerme cosquillas, no pude fingir más y comencé a reírme.

- ¡Ya, ya me desperté! – dije entre risas, odiaba las cosquillas siempre me dejaban el estómago doliendo. Abrí mis ojos y me encontré con una vista hermosa. Peeta estaba sobre mí, tenía los ojos brillosos y una sonrisa contagiosa en sus labios.

- Buenos días – salude. Él no me respondió en cambio bajo sus labios y los sello con los míos en un beso, el beso fue lento y lleno de emociones, Peeta suavemente mordió mi labio y pidió entrada, yo se la concedí, él metió su lengua en mi boca y no pude dejar de gemir, esto se sentía tan rico, el enredo su lengua con la mía y ambas parecían bailando entre sí, hacia tanto tiempo no me despertaba así. Después de un tiempo nuestros pulmones pidieran aire por lo que ambos nos separamos, pero antes de perder el contacto Peeta volvió a morder mi labio causándome estremecerme de placer.

- Mmm – balbuceo él – sí que son buenos días – deje salir una risa que sonó más como la de una colegiala.

- ¿Qué hora es? – pregunte, como Peeta me tenía clavada a la cama con él encima de mí para mí era imposible girar mi torso.

- Las 6 am – mis ojos se abrieron.

- ¿Se puede saber por qué me has despertado tan temprano?

- Por que pronto tengo que ir a la oficina y quería desayunar contigo – ''buena respuesta'' pensé para mis adentros.

- ¿Tu cocinas? – pregunte emocionada, mi comida era buena pero la de Peeta era a otro nivel.

- Si – él picoteo mis labios y se levantó, vi que aún estaba en sus pijamas y se veía tan sexi, el pantalón de pijama colgaba de sus caderas dejando expuesto los huesos de la cadera, era tan sexi por no decir que su abdomen bien trabajado era otra cosa deliciosa de apreciar - ¿ves algo que te gusta? – él pregunto con una mirada picara.

- Hey – protesté – ese es mi dicho – dije, él se encogió de hombros y respondió:

- Lo tuyo es mío cariño – y con eso salió de nuestra habitación, yo me tire de nuevo en sobre las almohadas e intente despertarme.

Desde que llegamos anoche hemos actuado como una pareja normal, como lo éramos hace un año. Al llegar a casa Peeta se excusó y se encerró en su oficina, al principio me puse un poco arisca ya que pensé que estaba hablando con esa mujer, pero cuando salió me informo que él doctor Aurelius me recibiría hoy a las 8:00 de la noche y que Peeta me acompañaría, pero esperaría a fuera, mi corazón se calentó y me regañe por dudar de él, pero eso hace la infidelidad, hace que las personas duden.

Otra cosa que decidimos mantener normal es volver a dormir en la misma cama y no me quejo, me encanta despertar en sus brazos o ser despertada como hoy, anoche, sin embargo, tuvimos una charla en la cual deje claro que aún no estaba lista para dormir con él. Creo que en un futuro pueda, pero en este momento no, él solo asintió y besándome me dijo que no tenía ningún problema.

Estaba un poco nerviosa a lo que sería mi conversación con el doctor, digo yo también soy doctora, pero no de este tipo, no sé cómo puedo confiar mis problemas a un desconocido, pero nuevamente hay personas que confían sus vidas a mi diariamente, pero era un poco difícil y vergonzoso tener que contarla a un extraño que tu marido te engaño casi por un año y que su amante resulto en embarazo, Ahhh y la mejor parte de todas es que no sabemos quién es el papá, si creo que tengo una gran historia.

Me levante de mi cama y estire los músculos, mire alrededor y decidí que si salíamos de este problema nos iríamos de esta casa, es demasiado grande y egocéntrica para mi gusto. No por tener dinero tenemos que presumirlo, la casa que compre días atrás brillo en mi mente, y sabía que esa era la casa en la que quería formar mi hogar. Preferiblemente con Peeta.

Vi que estaba usando una de mis camisas de seda y no cualquiera, era la favorita de Peeta por lo cual el día de hoy me salte la bata y baje a desayunar. La casa tenía un olor increíble, olía a panqueques y dulce, bajé silenciosamente para poder apreciar la vista, Peeta cocinando era algo digno de apreciar y no me equivoqué, dándome la espalda estaba mi esposo, con cada movimiento que hacia sus músculos se flexionaban. Era tan irresistible que de solo verlo se me hacía agua la boca.

- Es de mala educación espiar Katniss – él dijo, pero no se dio la vuelta.

- ¿Cómo lo sabias? – pregunte cuando tome asiento en la mesa al lado de la gran ventana.

- Te conozco hace 6 años, creo que puedo saber algunas cosas de ti – él se volteo sonriéndome, pero mi mirada dejo su rostro cuando vi lo que tenía en su mano, sin dar tregua arrebate el plato que tenía en sus manos y grite de la emoción.

- ¡DONAS! – No la pensé y sin importar más tome una y la devore en un abrir y cerrar de ojos.

- Como hay cosas que nunca cambian – él dijo divertido y se volvió a seguir haciendo los panqueques. Yo no respondí, él tenía razón hay cosas que nunca van a cambiar y es el hecho de que mi segundo amor son las donas. Peeta es mi primero. – te recogeré a las 7:30pm y después de que vea al doctor Aurelius podremos ir a cenar ¿Qué te parece?

- ¿No tienes trabajo? – por lo general Peeta nunca salía de la oficina hasta después de las 8.

- Hay cosas más importantes que el trabajo - ¡Dios me lo como! Literal. Él estaba poniendo tanto de su parte, Peeta se sentó enfrente de mí y me pasó un plato de panqueques y se puso otro para él - ¿entonces qué me dices?

- Me encantaría – no lo dude – pero que tal ¿si vamos al cine? – había una película que me moría por ver y no quería ir sola.

- Me parece genial, pero solo iremos si comemos antes del cine – él frunció el ceño y yo solté una carcajada, él estaba recordando la primera vez que fuimos al cine.

- Ven Peeta, come un poco no te va a pasar nada, solamente es un hot dog– utilice mi carita de perrito. Actualmente estábamos en el cine, con Annie y su última conquista, al principio no quería venir, digo quien quiere venir a ver crepúsculo, pero después de un día entero de Annie rogarme acepte, pero luego me toco rogarle a mi otro día a Peeta, pero después de un beso muy pero muy caliente él accedió.

- Katniss ni lo creas – él negó con su cabeza, estaba intentando darle de comer un Hot Dog hace más de media hora, pero este se reusaba – no pensaras que comeré algo así Katniss, tu mejor que nadie sabes lo que esa comida les hace a las personas.

- Por lo mismo porque lo sé, sé que no te hará ningún mal – dije, sosteniendo el perro enfrente de él. – venga vamos cariño, no te hará daño, solo comete este y te prometo que no te hare comer más esta noche – dije dándole mi mirada de perrito.

- Kat – él dejo caer su cabeza hacia atrás y yo grite mentalmente. Lo tenía donde quería – solo esto y ya.

- Prometido – dije alzando mi mano en muestra de honor.

- Bien – él tomo el perro caliente y se lo metió a la boca, su cara era de asco y parecía que quería vomitarla, cuando se lo termino bebió una botella entera de agua – pero qué asco Katniss – Yo en este punto no podía de la risa, si esos perros son un asco, y su sabor es horripilante, no veo como hay gente que aun come esas cosas, Peeta entrecerró sus ojos y luego en ellos apareció una chisma de diversión – ahora me merezco un beso – él camino hasta mi con los brazos abierto, mientras yo retrocedía. Amaba los besos de Peeta, pero no después de haber consumido esa porquería.

- Oh no te preocupes cariño, puedo esperar – dije. Me di media vuelta y quería salir corriendo, pero él era más rápido que yo. Me tomo por la cintura y llevo sus labios a los mío, y sí que me arrepiento de haberle dado de comer ese hot dog - ¡Peeta! Eso es asqueroso – dije cuando nos separamos. Él se estaba riendo a carcajadas mientras yo me tomaba una botella de agua.

- Vamos Katniss solo es un hot dog – él me dijo las mismas palabras que yo le había dicho. – Ahora si me enfermo, todo será tu culpa – yo rodee mis ojos. ¡Qué exagerado!

Pues resulta que me equivoqué, Peeta si se enfermó y fue algo feo, por los siguientes tres días él no salió del baño y había bajado 4 Kilos, se podrán imaginar cómo me sentí de culpable. Los tres días solo podía consumir caldos porque de lo contrario todo terminaba en el retrete. Fueron los peores tres días y espero nunca repetirlos.

- Debes admitirlo, tienes un estomago muy delicado – por mis mejillas corrían lágrimas y mi estómago dolía de todo lo que me había reído.

- No, esa comida era mala y sabia asqueroso – él dijo con el ceño fruncido pero sus ojos bailaban de la diversión.

- Está bien, fue mi culpa, ¿recuerdas la cara de tu madre cuando llego al campus? – eso nos causó reír a ambos, Porta ese día nos reprendió o más bien a Peeta de cómo no debía comer porquerías en la calle.

- Peeta, estas cosas son malas para ti – dijo Portia, ayudando a su hijo a volver a la cama. Después de dos días de vomitar me toco recurrir a la artillería pesada, su madre.

- Eso mismo le he dicho yo. Pero él no me hace caso – dije con ojos de cachorro inocente, Peeta me lanzo una mirada que decía que esta se la pagaría.

- Debes de hacer caso a Katniss, ella sabe de estas cosas – Portia nos dio la espalda y yo me reí malignamente, amaba a mi novio, pero era demasiado cómico ver como su madre lo regañaba.

- Eres mala – él susurro volviendo a la cama.

- ¿Yo? – pregunte, con ojitos triste. Él me iba a responder, pero Portia entro con una taza.

- Tomate esto, te hará sentir mejor – vi que había unas yerbas por lo cual no pregunte.

- Aun puedo recordar tu cara de inocente –él dijo aun sin dejar de reír.

- Es que yo era inocente – me defendí – yo no creía que mi novio tuviera un estomago tan delicado.

- Oh lo dice la mujer que no aguanta un poco de comida india – un rubor se subió por mis mejillas cuando recordé eso.

Estábamos en casa de Portia con mis padres, pues fue la primera vez que se reunirían y yo estaba muy nerviosa, aunque no sabía porque, mi madre estaba feliz de conocer a Portia y viceversa, mi padre estaba compartiendo una cerveza con Peeta y hablando de futbol, rodee mis ojos. Hombres.

La comida se había configurado en la parte trasera de la propiedad de los Mellark y había muchos platos indios, todo se veía delicioso, Portia nos llamó a la mesa y nos sentamos. Peeta me sirvió un poco de comida y me dijo su nombre, aunque después de 5 segundos se me había olvidado, comí de todo y cuando digo de todo es de todo.

- Yo siendo tú, lo llevaría más despacio hija – Wires hablo, su cara era seria, pero su mirada era divertida.

- Esta delicioso – dije como metí otro bocado en mi boca, un ardor se fue subiendo por mi estómago, pero lo ignoré. Cuando estaba por terminar sentí que todo lo que había comido quería salir.

Rápidamente me pare del comedor e intente llegar al baño, pero me fue imposible, no aguante y vomite en la primera parte que encontré, desgraciadamente fue sobre mi cuñada Octavia.

- KATTT – Ella grito con asco, yo no podía disculparme ya que mi boca estaba ocupada en otro asunto, sentí la presencia de personas en la parte de atrás y en dos segundos alguien sostenía mi cabello cuando terminé de desechar todo lo de esta noche.

- ¿Estás bien? – Peeta pregunto sonando preocupado

- Si – dije después de que logré parar.

- Ve y recuéstala, enseguida subo con algo para las náuseas – Wires anuncio y yo me fui, pude ver como Octavia pisoteo dentro de su habitación derecho hacia el baño, creo que nada fue más vergonzoso que esto.

- Dios esa fue la peor cena de mi vida – dije escondiendo mi vergüenza.

- Creo que Octavia piensa igual que tu – Peeta dijo incapaz de dejar de reír, unos minutos después no aguanté más y me uní a su risa.

- Recuerdo que me hizo comprarle un vestido y zapatos nuevos.

- Y también después de que comías comida india estaba a tres pasos lejos de ti.

- Sí, pobre creo que la traume.

- Eso sin duda – nos reímos un poco más de los viejos tiempos.

- ¿Así que donde cenaremos hoy? – pregunte después de que nuestras risas se calmaron, rece por que fuera pizza.

- ¿Qué tal si vamos a este nuevo restaurante italiano que abrieron en el sur de la ciudad? – él pregunto.

- Sabes que no tienes que preguntar, donde haya pasta allí estaré – dije, soy fan número uno de la pasta y todo lo que tenga que ver con ella.

- Creo que debemos prepararnos – dijo Peeta poniéndose de pie y llevando los platos hasta el lava vajilla. Me mordí el labio, tenía una pregunta que hacer, pero no quería que él lo tomará por él lado equivocado.

- Peeta – llame su atención, él acomodo el resto de la vajilla y se volvió a mí - ¿Qué te parece si te unes a mí en el baño? – me mordí el labio. No entendía por qué me sentía nerviosa.

Digo él es mi esposo y nos hemos bañado juntos tantas veces que ya perdí la cuenta. Él me miro en silencio un minuto, pero no dijo nada, me sentí rechazada por lo cual que me levanté y me fui dirigiendo hacia mi habitación, pero antes de dar dos pasos el me detuvo.

-Me parece la mejor idea – su rostro tenía una sonrisa tan grande que creo que sus mejillas dolían.

- ¿Enserio? – pregunte.

- Si – dijo apartando un mechón de mi cabello – sé que no haremos nada, pero el simple hecho de tenerte cerca para mi es suficiente – yo me puse de puntillas y picoteé sus labios.

- Entonces vamos – dije como tome su mano y lo lleve a nuestro dormitorio, mire la hora y vi que aun teníamos una hora por lo cual podríamos disfrutar de la bañera.

Cuando llegue a nuestra habitación Peeta comenzó a quitarse su pijama y yo abrí el grifo para que la gran bañera se llenara, eche dos capsulas de fragancia con olor a coco y de inmediato un vapor con olor a coco lleno la estancia, nunca fui fan del coco, pero Peeta si por lo cual hoy decidí que esas serian.

Mientras la bañera se llenaba yo me quite mi pijama junto con mi ropa interior, sentí a Peeta seguir todos mis movimientos así que me voltee y lo vi mirándome, sus ojos mostraban lujuria, pero sobre todo amor, me encantaba ver lo que podía hacerle con solo mi cuerpo. Creo que hay cosas que nunca cambian. La bañera se llenó por completo y yo cerré el grifo, el agua se veía exquisita y deliciosa.

Peeta entro primero y me tendió su mano para ayudarme, yo con gusto la tome y ambos nos metimos, él se sentó contra el respaldo y yo en su pecho. Sus largas piernas se estiraron un poco y encima de ellas puse yo las mías, así en esta posición nuestros pies estaban a la misma altura, deje caer mi cabeza contra su pecho y solo disfrute de su cercanía.

No recuerdo la última vez que tomamos un baño juntos, pero esto se sentía como si estuviera en el paraíso. La cercanía de él era suficiente para calmar mi intranquilidad. Estaba un poco nerviosa a lo que nuestra vida seria, yo no confiaba en él, pero no me quería convertir en una de esas mujeres celosas y manipuladoras que quieren saber dónde estaba el 24/7 por que siendo sincera ese no era mi estilo, aparte de todo yo también tenía una vida fuera de mi hogar. Pero ahora en mi mente si tendría la duda y las preguntas tales como ¿Dónde está? ¿Esta con ella? Y eso era algo un poco incómodo, porque puede que él no estuviera haciendo nada malo, pero como dice el viejo dicho. El que la hace una las hace dos.

No pude continuar con el carrusel que eran mis pensamientos porque sentí los dedos agiles de Peeta dar Shampoo a mi cabello, yo cerré mis ojos y disfruté como sus dedos masajeaban mi cuero cabelludo. Peeta siempre amo mis risos y cada vez que podía los tocaba, no es que me queje de ello. Cuando termino de darme Shampoo tomo una esponja y roció un poco de mi jabón en él y comenzó a lavar mi cuerpo, primero fue el cuello, luego bajo los brazos, y así sucesivamente me fue limpiando, él en ningún momento evito partes como los pechos o mi vagina, el simplemente me lavo sin ningún morbo ni nada, al contrario, lo hizo con amor y con gusto.

Cuando el termino conmigo yo me di media vuelta por lo que estaba sentada a horcajadas de él y repetí el mismo proceso de él. El momento era tan íntimo, pero no de la manera erótica que cualquiera pensaría, si no de una manera romántica que solamente dos amantes pueden compartir, cuando estábamos limpios y sin jabón Peeta beso mis labios tomándome por la cintura, me fundí en ese beso, mi cuerpo estaba pegado al de él, por lo que mis pechos tocaban el suyo y los podía sentir duros. Peeta enredo una de sus manos en mi cabello húmedo y yo pase una por su cuello acariciando sus mechones. Él sensualmente paso su lengua por mis labios y dio un mordisquito pidiéndome entrada, yo se la concedí, su lengua busco la mía y cuando la encontró él las reunió y danzaron juntas, nada era violento, no besábamos despacio y con pasión, una pasión que creí que se había perdido, pero después de este beso me quedo claro que aún estaba presente. Nos separamos porque si continuábamos las cosas podrían terminar diferente y Peeta sabía que aún no estaba preparada.

- Te amo Kat – fue mágico escuchar esas palabras de sus labios, y tendría que acostumbrarme a escucharlas de nuevo.

- Y yo a ti – dije un poco más bajo, aún tenía miedo de que todo esto fuera un sueño – debemos prepararnos – anuncie cuando él me ayudo a salir de la bañera.

Nos vestimos en silencio, pero no fue un silencio incómodo. Hoy estaría en el consultorio y no en emergencias por lo cual podría volver a vestir mis vestidos de siempre. Me decidí por un vestido azul cielo con una correa delgada de color negro.

- ¿Me ayudas? – pregunte dándole la espalda para mostrar mi cierre.

- Por supuesto – él corrió mi cabello y lo puso a un lado, con su agiles dedos subió la cremallera de mi vestido y dejo la yema de sus dedos rozar contra mi espalda, cuando termino beso mi hombro y dijo – listo.

- Gracias – dije y continúe vistiéndome. Me puse unos tacones beige de punta. Para mi cabello lo recogí en una elegante cola de caballo ya que en la clínica preferían que sus mujeres tuvieran el cabello recogido. Era por presentación.

- ¿Te llevo? – Peeta pregunto cómo terminamos de estar listos, lo miré y sentí mis bragas humedecer, él estaba llevando un elegante traje gris y su corbata era azul que combinaba con mi vestido. El chaleco de su traje le quedaba perfectamente, y le permitía moverse con elegancia y agilidad. Era hermoso.

- Por supuesto – dije, al fin y al cabo, él me debía recoger para poder a la cita con el Dr. Aurelius.

Peeta esa mañana al dejarme en las puertas del hospital me dio un beso tan caliente que si hubiese habido niños a la vista hubieran quedado traumados. Ya se podrán imaginar cómo fue. Entre en la clínica más feliz de lo que me había sentido en mucho tiempo y todo el mundo lo noto, la sonrisa no abandonaba mi cara. El mundo estaba perfecto el día de hoy.

Llegué a mi oficina y al abrir la puerta un rico aroma me recibió, entre y encendí las luces y mi sonrisa se amplió un poco más, sobre mi escritorio era un gran ramo de flores de cerezo, descargue mi bolso en el perchero y me puse la bata de la clínica y con grandes zancadas llegue a mi escritorio, aprecie las flores, estas eran hermosas, parecían que acababan de abrir sus hojas y su rojo cereza eran más vivo que nunca, las olí y me deleité con su aroma tan peculiar. Mire que en el extremo del florero había una nota por lo cual la tome y la leí.

Por un nuevo comienzo juntos.

Con amor

Peeta

Era simple pero concisa, y sabía que cada palabra significaba lo que Peeta quería que significara. Tomé las flores y las puse en una mesa lateral, ellas dieron un toque colorido a mi consultorio blanco y estéril.

Pronto mi primer paciente llego. Se trataba del hombre que había sido abaleado la semana pasa, su herida se veía bien pero aún no había sanado del todo por lo cual no fue posible retira los puntos.

- ¿Cuánto más tendré que mantener mi brazo con el cabestrillo? – Cinna pregunto.

- Otra semana más por lo mínimo, has hecho un gran proceso en la curación, pero aun la herida sigue sin sanar del todo bien – dije como tecleé una nueva fórmula en mi ordenador.

- ¿Perderé la movilidad del brazo? –él pregunto, yo dejé de teclear y volví mi atención a él

- Mira debo de ser sincera – comencé cuando retiré mis lentes, los odiaba, pero me tocaba utilizarlos para que el ordenador no dañara mis ojos – después de retirar los puntos tendrás que hacer terapia, ella te ayudara a recuperar un 80% de la movilidad de tu brazo, pero el otro 20% está en la disposición que tú le pongas.

- ¿A qué se refiere?

- En terapia la fisioterapeuta te pondrá hacer un ejercicio y te dará otro que deberás realizar en el hogar, de ahí bien el otro 20% si tú lo haces juicioso al final debes tener tu brazo como si nada hubiera pasado, pero si no lo haces sabrás que ese 20% de movilidad la abras perdido – le informe él proceso y asintió estando de acuerdo.

- ¿Y los medicamentos? ¿Aún tengo que tomarlo? – Pregunto – por qué si somos sincero ellos me dopan un poco y estoy harto de parecer un zombie – me reí de su lógica.

- Te bajare la dosis a solo una vez en el día y te los tomaras en la noche para que en el resto del día puedas hacer tus actividades normales, pero aun debes tomártelo sino el dolor será un poco incómodo.

- Está bien – él acepto, lo mire por un segundo no entendiendo como un joven así podría haberse metido en tantos problemas. Imprimir la formula nueva y se la entregue.

- Eso es todo, te veré de nuevo en una semana y debes tomarte los medicamentos para que hagan efecto.

- Gracias doc. – él se levantó y estrecho mi mano y así mismo se fue. Estaba poniendo en orden unas formulas antes de mi próxima cita hasta que el teléfono del consultorio sonó

- Sí, diga – dije sin dejar de mirar la pantalla.

- Katniss – era Annie.

- ¿Qué pasa? – pregunte, ella se escuchaba divertida y un poco agitada.

- Debes bajar a recepción ahora – fruncí el ceño.

- Ann no puedo, tengo una cinta en unos minutos.

- Deja que espere un poco esto valdrá la pena – mi instinto de curiosidad se encendió.

- Te veré en un momento – colgué como me levanté de mi escritorio y Salí de mi consultorio.

Tome el ascensor y baje a la primera planta, no entendía que podría ser tan importante para que Annie me hubiera llamado así tan frenética pero cuando llegue tuve mi respuesta, mi corazón se aceleró como sentí mi rabia crecer dentro de mí, de pie en toda la recepción estaba el demonio de mis pesadillas. Alma.

- Bueno, hola Katniss – ella saludo como me vio llegar.

- Alma – fue todo lo que dije. Mire a Annie y pregunte - ¿Qué era eso tan importante que me interrumpió de mi trabajo?

Annie iba a responder, pero Alma se adelantó – necesitaba hablar contigo – ella dijo con una sonrisa maligna en sus labios.

- Bueno aquí me tienes, soy todo oídos, eso sí… - mire mi reloj y vi que tenía diez minutos antes de mi siguiente cita – tienes tres minutos contando ahora – baje mi mano y le di mi atención a ella.

- No necesitare tanto – ella rebusco en su bolso y saco un sobre blanco – quería que vieras esto – dijo como me paso el sobre.

- ¿Qué es? – fruncí el ceño.

- Ábrelo – me encogí de hombro y abrí el sobre, en él había una prueba de laboratorio.

Nombre: Alma Coin.

Edad: 35 años

Resultado: Positivo.

Era una prueba de embarazo, pensé que me sentiría mal, pero no, después de todo lo que había hablado con Peeta me sentí segura de que ese hijo no era suyo, aunque todavía le haríamos la prueba de embarazo.

- No sé qué decir – dije – te felicito, pero lamento infórmate que los bebes no son mi área son más las de Annie – Alma no estaba aquí para compartir su alegría, más bien estaba aquí para restregarme en la cara que era ''hijo'' de Peeta.

- No vengo por su ayuda – ella miro con desprecio – vine a decir que Peeta y yo seremos padres – Effie y Annie que estaban a mi lado se quedaron heladas, cuando las palabras abandonaron la boca de Alma, yo por mi pare me eche a reír - ¿Qué es tan gracioso? – ella pregunto obviamente molesta.

- Tu – dije como me limpié una lágrima invisible de mi ojo.

- ¿Y por qué te parezco graciosa? – deje de reír y la mire fijamente.

- Piensas que vas a venir aquí y arruinar mi día – dije devolviendo el papel – querida para tu información estaba más que informada de tu embarazo.

- ¿Pero cómo? solo Peeta y yo sabemos, no hay forma de que sepas a no ser que… - ella se detuvo y me miro con odio.

- Si Alma, yo estaba con Peeta cuando tú lo llamaste – caminé hasta donde ella- y escuché todo y por eso sé que el hijo que llevas no es suyo – dije.

- No puedes saber eso – dijo casi gritando.

- Lo sé – dije simplemente – él me conto todo.

- Pero él dijo que estaba en Las Vegas.

- Y lo hizo, de hecho, pasamos todo el fin de semana en Las Vegas.

- Este hijo es suyo – ella sonrió – ahora él y yo formaremos una familia.

- ¿Así? – Pregunte - ¿y dónde está tu argolla de compromiso?

- Me la dará en cuanto se deshaga de ti.

- Alma, deja de soñar con cuentos de hadas – camine un poco más y ahora solo un paso nos separaba, su colonia empalagosa lleno mis fosas nasales – en serio te crees que Peeta me ha de dejar por alguien como tú – la mire de arriba abajo – sabemos que Peeta cuando quiere algo, lo consigue sin importar lo que tenga que hacer. Y créeme cariño él no te quiere. De ser así hace mucho tiempo tú serias su mujer.

- ¿Pensar eso te hace sentir mejor Katniss? Sabemos que yo le doy lo que tú no eres capaz de darle – dijo pensando ofenderme.

- ¿Qué le das? ¿Sexo? – Pregunte levantando una ceja – si cariño le das eso, pero respóndeme algo ¿al final del día en que cama duerme? O mejor a un ¿con quién está intentando volver? – ella no respondió nada y sus ojos se llenaron de lágrimas.

- Es su hijo – se trató de defender, pero ya era demasiado tarde. Katniss 1 – Alma 0.

- Lo veremos – dije

- No tendrás como – dijo poniendo ambas manos en sus caderas.

- Oh claro que sí, Peeta pidió una prueba de paternidad – su rostro palideció y ella visiblemente trago.

- Él no puede hacer eso.

- Sabes también como yo que, si lo puede, si te reúsas a dejar practicarte la prueba asumiremos que no es su hijo y nada le obligara a responder, de hecho, nada le obliga, él está casado con otra mujer por lo legal y no solo aquí, si sabes algo de nuestra vida deberías saber que al casarnos Peeta y yo firmamos papeles en tres países diferentes por lo cual estamos casado para toda la vida rusas – sus mejillas se volvieron rojas de la ira – ahora si me disculpa tengo trabajo que hacer – di media vuelta y vi que Effie sostenía su mano arriba mostrando 5, no dude y las choque con ella.

Mi día continuo normal, pacientes entran y salen otros felices y otros más trices, pero así era la vida en una clínica por lo general cuando teníamos tres victorias que celebrar teníamos un paciente a quien sepultar, pero así es la ley de la vida, nosotros no somos Dios como muchas personas piensas, nosotros somos gente que hace lo posible para salvar a otras. Pero los milagros no están en nuestra espacialidad. El día paso tan rápido que antes de darme cuenta Peeta estaba entrando en mi consultorio luciendo hermoso como esta mañana.

- Hola – él dijo como picoteo mis labios - ¿estas lista?

- Dame un momento – apague el ordenador y retire mi bata, Peeta se sentó en una silla y me miro moverme – Alma ha venido hoy – dije, pero sin mirarlo.

- ¿Qué quieres decir? – él pregunto con los dientes apretados.

- Ella vino hoy – dije más despacio – a mostrarme la prueba de embarazo.

- Katniss lo siento yo no sa… - levante mi mano y detuve lo que iba a decir.

- No lo sientas. La puse en su lugar – en su rostro se dibujó una sonrisa de orgullo – pero aun así quiero la prueba.

- La tendrás – no dudo en responder – después de que nazca se la realiz… - nuevamente lo interrumpí

- No hay que esperar tanto

- ¿No? – sonaba confundido, exhale y tome la silla a su lado.

- No Peeta, a los 5 meces se gestación podremos hacerle la prueba de paternidad, no hay que esperar tanto tiempo – visiblemente sus hombros se relajaron.

- ¡Gracias al cielo! – exclamo.

- Ella no estaba feliz de escuchar tal cosa – le conté como había reaccionado mientras daba un poco de labial a mis labios.

- No me importa – anunció – ella se metió en esto, que ella sola salga y busque al verdadero padre de su bebe – me levante de mi silla y me senté sobre su regazo.

- No pensemos en ella – picotee su cuello dejando mi labia impregnado en él – solo por hoy dejémosla a un lado.

- Por hoy y todas las noches – me fue a besar, pero voltee el rostro.

- Labial – dije mostrando mis labios.

- No me importa – y sin más me beso como había deseado todo el día que lo hiciera, cuando nos separamos no podía dejar de reír.

- Pareces un payaso – dije entre risas, tome mi cartera y saque un pañito húmedo.

- no soy el único – él levanto su perfilada ceja y tomo otro pañito. Nos limpiamos mutuamente sin dejar de reírnos. Después de nuestro momento llego el momento de irnos.

La oficina del Dr. Aurelius era simple y sencilla. Sus paredes estaban pintadas de un verde oscuro y lo único que las adornaba era los marcos de sus diplomas y sí que eran un montón, la oficina estaba configurada con un escritorio de caoba rojiza y una silla de cuero negro. En todo el centro había un gran sillón de tres plazas que hacía juego con su silla personal, en todo el lado del sillón había una mesita y una lámpara y en la mitad había una mesa de madera oscura y en todo el frente se encontraba una silla de tela color gris que era la que estaba ocupando el Dr. Aurelius, era un hombre muy guapo a pesar de sus años, tenía cabello negro, pero fue opacado por sus canas, sus ojos eran de un rico verde y tenía labios gruesos y rosados, su cuerpo era musculoso y para ser un hombre de edad se notaba que era de los iba al gimnasio todos los días. El doctor se sentó elegantemente en su silla y de una funda negra saco su Tablet.

- Así que Katniss ¿Cómo te encuentras el día de hoy? – él me pregunto, mirándome a los ojos.

- Bien – mi voz delato nerviosismo, pero no me culpo, estaba nerviosa nunca pensé que tendría que asistir a algo como esto.

- Ya veo – dijo y escribió algo en su Tablet - ¿así que por dónde empezamos?

- Eso debería saberlo usted – dije – es su especialidad – pensé que mi tono lo molestaría, pero no, él solo sonrió y asintió.

- Está bien – dijo dejando la Tablet sobre su regazo y se centró en mi cara - ¿Qué tal si empezamos desde el principio? ¿Por qué has venido a verme Katniss? – pregunto, yo deje salir un suspiro y decidí que lo mejor sería contarle todo.

- Mi esposo me fue infiel – dije. – él me pidió el divorcio a principio de este mes, pero yo decidí que se lo daría únicamente a finalizar el mes, al principio dije que era porque quería tener un lindo recuerdo con él, pero luego todo se fue en picada y cuando accedí a dárselo sin nada más él comenzó a pedir perdón y decir que podíamos arreglar lo nuestro.

- ¿Así que estas aquí por complacerlo a él?

- Si… no – dije – si, por que él está haciendo un esfuerzo para volver a lo nuestro, y no porque yo también quiero poner un poco de mi parte para que esto funciones, aunque no sé cómo – dije en un susurro, pero el doctor me escucho.

- ¿Por qué no lo sabes?

- No hay confianza, y sin confianza no hay nada. ¿Cómo podre saber que él no volverá a cometer el mismo error?

- No tendrás como saberlo – levante una ceja, este hombre solo decía lo obvio.

- Gracias por lo obvio

- Mira Katniss, está en el ser humano desconfiar y más cuando nos han dado motivos, pero está en nosotros volver a recuperar la confianza de esas personas, no podemos ir en la vida desconfiando de todo el mundo simplemente porque han cometido un error.

- Sí, lo sé, pero es que mi esposo no solo cometió un error. Él me fue infiel.

- Y sé que te lastima, pero él acepto su error y ahora quiere remedarlo, no te voy a decir que lo debes de perdonar y volverle amar ya, eso es un proceso – él se detuvo y me estudio por un momento – ¿eres doctora? ¿Verdad?

- Si – respondí confundida, ¿eso que tiene que ver con mi vida amorosa?

- Veras Katniss – él se acomodó en su silla y hablo – cuando te llega un paciente, con algún tipo de herida, tú lo coces, o lo óperas y sacas el fragmento que causo tal situación – yo asentí – pero tú no los curas instantáneamente, tu sellas esa herida para que sane, porque tú sabes que debe tomarse su tiempo y algún tipo de medicación, o terapia para estar bien, y eso nos lleva al mismo punto, tu les das tiempo. Eso mismo pasa en tu relación, ustedes dos están aprendiendo de nuevo como cuando eran novios, solo que la diferencia es que ya no lo son – dijo sonriendo – pero aquí también se necesita tiempo, tú tienes heridas internas que debes sanar y una de ella es la confianza y al igual que tus pacientes ellas solo sanarán con él tiempo, tiempo en el cual tú y tu pareja volverán a crecer como uno solo.

- ¿Pero qué pasa con su amante?

- Peeta sabe muy bien lo que quiere, por lo general las mujeres que son amantes, crean un tipo de vínculo que en realidad no existe con esa persona, lo cual nos lleva a la obsesión, muchas veces se confunde con el amor, pero es todo lo contrario, cuando la persona se cansa de la aventura esa persona pasa de ser su compañero de cama a ser un desafío, ella lo quiere para ella, aunque en realidad ni lo desee.

- Pero hay un bebe de por medio.

- Sí, pero por lo que se y de que todavía estas aquí intentando arreglar lo suyo con tu esposo puedo dar mi fe, de que ambos piensas que él bebe no es él.

- Él dice que no – dije levantando mi mirada.

- Y tú le crees –, no fue una pregunta, pero igual respondí con mi cabeza – ese es el comienzo de sanación, tú le crees y eso es algo muy delicado, pero aun así tú le crees, por lo cual puedo dar conocimiento de que ese niño no fue concebido por este lado – yo le di una sonrisa, después de todo esta terapia no era tan mala idea.

Hablamos un poco más y al terminar él se despidió amablemente programando la cita de nuevo para el jueves en la cual asistiría con Peeta. Cuando salí del consultorio vi a Peeta que me esperaba en la sala de espera con su Tablet, el me vio salir y me dedico una gran sonrisa, dejo lo que estaba haciendo y se levantó para recibirme con un abrazo.

- ¿Cómo te fue? – pregunto

- Bien – dije una vez que me solté – no fue tan malo.

- ¿Así que lo seguirás viendo? – pregunto con esperanza en su voz.

- Si Peeta, de hecho, el jueves tenemos la terapia juntos – él asintió y picoteo mis labios.

- Deberíamos ir- yo asentí y tomé su mano.

La cena fue lo más cómico que he tenido este año, decidimos comer pizza en un local en el centro ya que la película que veríamos empezaría en una hora dándonos así un poco menos de 40 minutos para comer, el lugar era pequeño y lleno de gente metalera, Peeta y yo parecíamos payasos al lado de estas personas, pero eso no nos impidió comer unas deliciosas pizzas de pepperoni y beber en un vaso de plástico. Todas las personas en el lugar nos daban miradas divertidas y por sus expresiones faciales deberían estar pensando '' ¿y estos de donde se son?''

Después de comer y pagar fuimos al cine, el lugar estaba lleno a pesar de ser un lunes, la mayoría de las personas era gente joven y por lo general era numerosos grupos de adolescentes, y a pesar de ser adolescentes de unos 16 años, eso no fue impedimento para que las jóvenes babeen por mi esposo. Decidí que veríamos la película pixeles desde que vi su avance me moría por verla y bueno esta sería la noche.

En toda la película Peeta y yo no dejamos de reír al buen estilo de humor de Adam Sandler. Al final de la película tenía palomitas en todo mi cabello y Peeta tenía palomitas dentro de sus pantalones. No pregunten como sucedió.

- ¿Alguna vez superaras tu amor por las películas de Adam Sandler? – el pregunto cómo caminábamos tomados de la mano en busca del auto.

- ¿Alguna vez superara tu amor por los libros del oeste? – pregunte divertía, el entrecerró sus ojos, pero no dejo de reír.

- Buen punto – encontramos su hermoso Lamborghini color negro que tanto amaba y nos montamos en el – mañana tengo una cena de beneficencia. - me dijo como puso el auto en marcha.

- ¿Beneficencia? – Pregunte - ¿Cuál?

- ¿recuerdas la casa de los niños sin hogar? – asentí con la cabeza, esos niños eran una dulzura, no podía entender como había gente que los pudiera abandonar. – la fundación ha estado baja de recurso y cada día encuentran más niños sin hogar, y ya llego a un punto de que sus instalaciones no dan para soportar más capacidad, por lo cual están realizando la beneficencia, para recaudar fondos y poder ampliar la fundación y equiparla adecuadamente.

- Pobres niños – dije, con tristeza.

- Si lo sé, ¿vendrás conmigo?

- Me encantaría – me estire y bese su mejilla, el me recompenso con una sonrisa – gracias por esta noche – dije como me acomode en mi silla.

- Gracias a ti por hacerla especial – él dijo deteniendo el auto para darme un beso, fue simple, pero fue con amor.

- Estoy cansada – me acomode un poco más y use la chaqueta del traje de Peeta para arroparme. Lo último que recuerdo de esa noche es Peeta subiéndome cargada a nuestra habitación, depositando un beso en mis labios y susurrándome al oído cuanto me amaba.


Hola a todos, antes que nada pedir disculpa, pero bueno mi justificación es que este es un capitulo mucho mas largo. Espero les gustes.

Agradecer a los que siguen la historia, en especial a los review de: Ady Mellark87