Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.
Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.
AU (Universo Alterno). Espero les guste.
Recuperándote
Capítulo 13.-
(12 de marzo de 2016)
Me desperté un poco un incomoda y no sabía por qué, ni siquiera recuerdo haberme ido a dormir a la cama, miré a mi alrededor y vi a mi flameante esposo dormido con uno de sus brazos sobre mí, tome su apariencia y él estaba vestido con el traje que se puso el día anterior, baje la vista y vi que de hecho yo también tenía puesto mi vestido de fiesta color plata.
Recuerdos de la noche anterior inundaron mi mente, Peeta nunca llego por mí y yo lloré hasta que caí en la inconciencia, luego recuerdo haberme levantado por que alguien me sostuvo en su pecho y ese alguien era mi esposo, deduzco que después de que terminamos de ''hablar'' o por así decirlo volví a caer dormida en sus brazos.
Peeta a pesar de que estaba dormido se podía notar que no estaba disfrutando de su sueño, pues la V de su frente estaba fruncida y sus ojos se cerraban con fuerza, el brazo que tenía a mi alrededor se apretó tanto, a tal punto que me estaba haciendo daño, Peeta estaba teniendo una pesadilla y por su agarre en mi creo que era algo muy malo.
Intente sacudirlo, pero no podía, cada vez su agarre era más apretado y mi cintura literalmente dolía, intente por todos los medios despertarlo, pero nada estaba funcionando, él se removía y se agitaba un poco violento, pero nunca se soltaba de mí. Me estaba comenzando a preocupar, con mucho esfuerzo logré zafarme de él y rápidamente me puse sobre él, tenía que hacerlo despertar ya.
- Peeta – dije pasando mis manos por su rostro que había crecido sudoroso. Él se agito un poco más, pero siguió sin abrir los ojos, su cuerpo se estaba sacudiendo violentamente y si no me andaba con cuidado caería de culos al suelo. Intente de nuevo, pero nada funciono, me dolía verlo así, sabía que todo era un sueño, pero fuese lo que fuese le estaba causando daño.
- PEETA – esta vez grite más alto y eso fue todo lo que vasto para traerlo de nuevo al presente, sus ojos se abrieron y eran salvajes y más oscuros que la misma noche, él miro todo a su alrededor y por último su vista cayó sobre mí. Él no dijo nada, solo me miro y me miro y me volvió a mirar, pero sin decir ni mover nada, sus ojos cada vez eran más negros y cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor, no sabía lo que le estaba pasando, pero su mirada me estaba dando un poco de miedo por lo cual me decidí romper el silencio - ¿estás bien? – pregunté pasando mi mano por su cara retirando el cabello húmedo.
Sin embargo, no recibí respuesta alguna, ya si me estaba preocupando, pero antes de poder volver hablar el me tomo por el cuello y llevo mi cara a la suya, sus labios tomaron los míos con agresividad, el beso era tan brusco que sentía un poco de dolor en mis labios, pero de igual manera no fui capaz de alejarme, sé que su sueño era el causante de la reacción que tomo y él estaba buscando consuelo en mí. Yo no se lo iba a negar.
Cuando él vio que comencé a devolverle el beso, dejo mi cuello y llevo ambas manos hacia la parte trasera de mi vestido y con la misma agresividad que me beso rasgo el vestido rompiéndolo en dos pedazos, sin apartarme de él bajo la parte superior y mis pechos quedaron al descubierto, no me queje. Cuando Peeta buscaba consuelo en mi lo hacía de esta manera, siempre le gustaba refugiarse en el calor de mi cuerpo, aunque no hubiera acto sexual. Como él decía, mi cuerpo era su escondite.
- No haremos nada – dijo él entre besos leyendo mi pensamiento – solo necesito sentir tu calor – no dijo más y siguió besándome como si no hubiera un mañana. Yo por mi parte rompí su camisa blanca de seda y dejé que nuestros pechos se encontraran traspasándonos calor mutuamente. Mi pecho era cálido y suave a diferencia del suyo que era húmedo, caliente y pegajoso.
Nos deshicimos del resto de la ropa y solo nos quedamos en nuestra ropa interior, yo nunca deje mi posición sobre él y él nunca desenredo sus manos de mi cintura, levemente lo pude sentir pasando la yema de su dedo medio sobre mi columna, me estremecí, la delicadeza con la que trataba mi cuerpo era impresionante nada que ver con la urgencia y brusquedad de sus labios. Mis labios estaban magullados y mi lengua dolía, pero no pensaba parar hasta que Peeta no estuviera bien.
- Prométeme no dejarme – él dijo apartándome un poco. Lo miré y vi que sus ojos aún eran salvajes, pero detrás de ellos se escondían un sentimiento que nunca había visto en sus hermoso ojos color azules. Era un sentimiento de… miedo.
- Te lo prometo – no sé qué fue lo que hizo decir eso, pero el caso era que quería decirlo, nuestra relación estaba muy rota, pero si trabajábamos juntos podríamos poner todo en su lugar y volver hacer felices.
- Necesito que lo jures Katniss – él dijo mi nombre y sabía que estaba hablando enserio, Peeta nunca me llamaba por mi nombre – necesito que me jures que eres mías y que siempre lo serás – su agarre se apretó en mí y dolió un poco. Dios al final del día tendré una gran contusión. Pase mis manos por su cabello y él se inclinó en mi toque.
- Peeta cuando acepte en el altar fue para toda la vida – bese sus pómulos, seguido por la punta de su perfecta nariz – y pienso cumplirla… para toda la vida amor.
- Para toda la vida amor – él repitió después de mi en voz baja, me sentí un poco triste ver el hombre en el que él se había convertido, pero en mi interior sabía que era su culpa, si él nunca hubiera fallado no tendríamos esta discusión, pero no puedo perder el tiempo pensando en lo que fue, tengo que concentrarme en lo que será de ahora en adelante.
Continuamos perdidos en nuestra pequeña burbuja por el resto de la mañana, ninguno de los dos se quiso levantar de la cama. Pero teníamos el conocimiento de que al medio día tendríamos que ir a trabajar, no podíamos desaparecer del mundo, así como así, pero eso no nos impidió pasar toda la mañana en medio de caricias y besos.
…
- Te recogeré a las 7:30 pm, hoy tenemos la cita con el Dr. Aurelius – era cierto, con todo lo que había pasado en la semana ni siquiera sabía que era jueves por fin y no solo eso, mi cumpleaños se estaba acercando, aunque esa idea no me emocionaba mucho, de seguro Peeta con todo por lo que estábamos pasando ni siquiera se le había pasado por la cabeza, pero deseche ese pensamiento, había cosas más importantes.
- Por supuesto – me incliné un poco y nuestros labios se encontraron a mitad de camino – ten un buen día cielo – dije cerca de sus labios y fui recompensada con una hermosa sonrisa.
- Te amo Kat – él musito sin dejar de mirar a mis ojos y no tenía duda de que así fuera.
Baje de su auto y lo vi alejarse, dejando salir un suspiro camine dentro de las grandes puertas de cristal difuminado. Al entrar el frio me recibió y me hizo temblar un poco, miré a mi alrededor y vi que la clínica estaba un poco ajetreada y eso era algo raro, digo esto era una clínica, pero para causar una conmoción de tal magnitud era que algo grande había pasado.
Caminé a grandes zancadas hacia la recepción y vi a una Annie frenética, su bata estaba llena de sangre y su cara estaba llena de sudor, no me gustaba su apariencia, ella era encargada de la llegada de los bebes y por lo general siempre tenía una sonrisa en su rostro cuando un nuevo grito agudo resonó en esta clínica.
- ¿Ann que pasa? – pregunte como llegue a ella, Annie salto un poco al escucharme hablar, pero cuando me reconoció una media sonrisa se dibujó en su rostro, pero rápidamente fue remplazada nuevamente por la preocupación.
- Gracias al cielo – ella me tomo de la mano y me arrastro por la clínica – te he buscado por todos lados ¿Dónde estabas? – ella prácticamente estaba gritando.
- En casa con Peeta – me solté de su mano y ella se frenó en seco - ¿Qué pasa? ¿Porque todo el mundo estaba alborotado y por qué tu estas tan frenética?
- Katniss algo grave a pasado – ella me paso una bata de cirugía y yo fruncí el ceño – póntela y en el camino te explico – yo hice lo que me ordeno y rápidamente me la puse, le entregué mis cosas a una enfermera que no había visto que estaba parada a nuestro lado y ella inclino un poco la cabeza antes de salir disparada.
- Me dirás que está pasando ¿o me vas a llevar corriendo a ciegas? - dije un poco enojada.
- Ha habido un accidente, era un autobús, no hubo muertos – ella aclaro – pero si personas muy heridas, una en particular – ella se detuvo y me entrego la tabla que contenía la historia clínica de una persona – su nombre es Alice y tiene 20 años – leí un poco, pero Annie continuo – el conductor perdió el control del vehículo y por la velocidad choco contra el separador de la carretera y el vehículo se volcó – tragué un poco, los accidentes así no eran nada buenos.
- ¿Cómo es posible que no hayan muertos? – pregunte.
- Un milagro – ella dijo – sin embargo, Alice resultó gravemente herida, un gran pedazo de cristal se insertó en su cráneo y está a dos milímetros de su cerebro si llega a tocarlo, ella puede… - Ann se detuvo.
- Morir – lo sabía, el cerebro era algo muy delicado y una vez perforado nada se podía hacer.
- Exacto – dijo – pero eso no es todo, Alice estaba embarazada – abrí mis ojos como me di cuenta de la situación.
- ¿Estaba? ¿Cómo? ¿Ella perdió…? – no pude terminar.
- No – suspiré de alivio – ella estaba embarazada de 8 meses y tres semanas, el impacto la hizo romper agua y al llegar aquí pude salvar él bebe por medio de una cirugía, pero ahora te toca a ti Katniss – ella me tomo de ambas manos y hablo – esa bebe necesita a su mamá y sé que eres la mejor en ese tema, ella está siendo trasladada en este momento a cirugía 3, solo te pido como ser humano que hagas lo que sea para salvarla – mis ojos se abrieron y mis manos comenzaron a sudar, yo no tenía duda de mis conocimientos, pero el caso de Alice era demasiado grabe, si el cristal tocara su cerebro lo perforaría y no había nada que hacer.
- Doctora – una voz pequeña hablo, ambas nos volvimos al sonido para encontrarnos con una señora de unos cuarenta años y una niña de 10.
- Katniss ellas son Laura, la madre de Alice y Angela su hermana pequeña – las mire a ambas y tenía sus rostros manchados de lágrimas – Sra. Laura, esta es Katniss Mellark, la neurocirujana – la expresión de alivio que se dibujó en su rostro me hizo olvidar de todos mis pensamientos anteriores.
- ¡Gracias al cielo! – ella camino con paso largo hasta nosotras y me estrecho la mano – me han dicho que eres la mejor, no tenemos dinero, pero hare lo que usted me pida, solo salve a mi hija, mi nieta la necesita – miré a la señora y por su vestimenta pude apreciar que eran de bajos recursos, la niña me miraba con ojo llorosos mientras sostenía una pequeña muñeca sucia y rota. La falta de dinero no sería un problema, esta era una clínica 5 estrellas, pero la persona que se estaba muriendo en mi sala de cirugía era un ser humano, el dinero era algo por lo que no debemos preocuparnos.
- Hare todo lo posible – ella asintió – y por el dinero no se preocupe, todo está cubierto – Annie me dio una mirada interrogativa y cuando asentí con la cabeza ella capto el mensaje, yo correría con todos los gastos.
- Déjame llevarte – Annie me tomo del brazo y corrió conmigo por toda la clínica, mis palmas sudaban, tenía que salvar a esa mujer, su madre y hermana la esperaban y no solo eso, ella tenía que volver por bebe.
Llegamos a la sala número 3 y vi que todo mi equipo estaba listo, Annie entro hasta el cuarto de esterilización conmigo y me ayudo a prepararme, me quite todas mis ropas y los remplace por un uniforme, lave mis manos y puse el gorro y guantes, cuando termine ella asintió y me dedico una sonrisa.
Entre en la sala y vi que todo mi equipo asintió como muestra de respeto, mire todos los aparatos y finalmente mire a mi paciente, ella era hermosa, con cabellos castaños claros y uno que otro mechón de color rubio, su piel era color canela y aunque su rostro estaba manchado de sangre, ella no dejaba de parecer un ángel, me acerque y tome la tomografía y vi que Annie tenía razón el cristal estaba a solo milímetros de su cerebro esto sería complicado, un mal movimiento y perderíamos a esta mujer.
Con sumo cuidado busque la perforación del cristal y cuando la encontré tome una máquina de afeitar y corte el cabello de ese lado, cuando quedo el área totalmente despejada vi que de hecho, era un cristal muy largo y ancho, eso me iba complicar las cosas, miré la cara de la mujer acostada en mi cama y ella parecía dormida, sin indicio de dolor, me permití bajar un poco más la mirada y la clave en su abdomen, allí había un pequeño bulto donde había crecido su pequeño milagro, la vista de eso me dio la fuerza que necesitaba para sacar a esta mujer viva de esta sala…
Corte por los lados del cristal y retire el tejido muerto, esto sería algo difícil ya que había que cortar y abrir mucho para poder llegar a donde quería, al principio pensé que podría ser fácil sacarlo con solo abrir y romper un poco de tejido, pero entre más fui excavando me encontré que el fragmento estaba más incrustado de lo que parecía, todo en mi sudaba y cada paso tenía que ser con precisión, mi equipo como siempre estaba preparado con lo que necesitaba sin antes yo pedirlo.
- Su presión arterial está cayendo – un joven residente anuncio, esto no era bueno, miré el monitor y de hecho su pulso estaba bajando con el pasar de los segundos, solté el bisturí y corrí hasta la máquina. Esta mujer moriría hoy aquí en mi mesa de cirugía, pero estaba en mí traerla de nuevo – Dra. no podemos dejarla, tenemos que… - lo detuve.
- Dejadla morir – dije, me pare a su lado y comencé a quitar su bata.
- Pero como puede decir eso, hay que…
- Dije dejadla morir – todos me miraron horrorizados, hasta yo estaba horrorizada, pero tenía algo que sabía que funcionaria, pero ella tenía que morir, dos minutos más tarde el monitor mostro que ella había muerto, yo no perdí mi tiempo y comencé a revivirla a pulso, todos pensaran que era mejor con electrochoque, pero en este caso era mejor manualmente, nadie a mi alrededor se movió todos estaban blancos como una hoja y quietos como una estatua.
- No puedes morir – dije haciendo más presión en su pecho – tu bebe te necesita y es mi trabajo devolverte a ella – esta mujer iba a morir, pero no en mi cama y no conmigo al pendiente.
Después de presionar 10 veces más en su pecho, Alice volvió a nacer, el monitor cobro vida y todo el mundo estaba estupefacto, yo misma lo estaba, yo había dejado morir a Alice por instinto, pero era con buena causa, mientras ella estaba agonizando no podría hacer reanimación por eso tuve que dejarla morir, pero gracias a mi buena decisión la traje de nuevo.
6 horas, varios cortes y una que otra vena cruzada después puedo anunciar que Alice es una mujer viva, el fragmento media casi 17 cm de largo, 7 milímetros de grueso y 10 cm de ancho. Ese pequeño e insignificante trozo de cristal casi acaba con la vida de aquella mujer, después de terminar, mis pies no daban para más y mi cabello estaba emparamado de sudor.
Coloque a Alice en la UCI ya que estaría en supervisión por las próximas 72 horas, ella ya no estaba en peligro, pero con los asuntos del cerebro nadie sabía. Antes de salir de su habitación mire su apariencia y ella aun con una venda en su cabeza y miles de tubos no dejaba de parecer un ángel, cerré su puerta y le encargue a una enfermera todos los cuidados de ella y le dije que vendría en la mañana a verla o que si había cambios me llamase.
- ¿Cómo te fue? – Annie pregunto cuando entre en mi oficina, me deje caer en mi asiento y me suavice los pliegues de mi rostro - ¿ella no mur…? – se detuvo y una lagrima cayo por su mejilla.
- No Ann – dije – en realidad si murió, pero la traje de nuevo, ella está bien ahora – Annie sonrió grande y amplio, yo compartía su alegría. –Debo anunciarle a su familia – dije poniéndome de pie y cambiándome la bata.
- Ellos están en maternidad.
Asentí y salí, la clínica estaba sola, miré el reloj y vi que eran las 7:00 de la noche, Uff que día más largo, pensé. Camine por los largos pasillos hasta que llegue a maternidad, mire por la gran ventana y vi a Laura sosteniendo un pequeño bulto de color rosa, aprecié la imagen y di una plegaria al cielo dando las gracias porque esa nena no perdió su mamá. Entre en la sala y Laura voltio a mi encuentro, sus ojos estaban rojos y su piel pálida, con mucho cuidado dejo la bebe en su cuna y camino hasta mi con paso vacilante.
- ¿Cómo está mi hija doctora?
- Venga por favor – dije señalando la puerta, ella me miro con tristeza y asintió, la saque al pasillo y juntas nos sentamos en unas bancas de color negro – el procedimiento que le practicamos a su hija en el día de hoy fue uno de los más difíciles por no decir peligroso, el cristal traspaso su cráneo y por poco llega a su cerebro – hice una pausa – ella perdió la batalla por… - no pude terminar porque ella me interrumpió con lágrimas.
- ¿Mi hija a muerto? – me dolió verla en tal dolor por lo cual me apresure a calmarla.
- Lo hizo, pero la traje de nuevo a la vida, como dije el procedimiento fue largo y peligroso, pero ella lo resistió. Alice sobrevivió – no termine de decir eso porque dos fuertes brazos me sostenían.
- Oh mi Dios, muchísimas gracias – Laura dijo entre lágrimas – te debo la vida de mi hija, y no tendré como pagarte.
- Usted no tiene por qué hacerlo – dije cuando nos soltamos – es mi trabajo salvar vidas y me alegro de haber salvado la de su hija.
- Te debo mucho – ella dijo y antes de responder, se paró y se quitó una cadena de oro que colgaba alrededor de su cuello, la miré y vi que era una cruz – no sé qué tan religiosa eres, pero de donde yo soy creemos mucho en Jesús, quiero que tengas esto como muestra de agradecimiento – ella puso la cruz alrededor de mi cuello y se apartó.
- Usted no tiene por que hacerlo.
- Lo hago – dijo tomándome las manos – hoy has salvado la vida de mi hija, no solo has salvado un ser humano si no que has devuelto a casa a una hija, una hermana y ahora una madre y solo por eso te debo eso y mucho más, muchas gracias Katniss. – ahora la que no se resistió fui yo y la abrasé, el abrazo fue maternal y cariñoso.
…
Deje a Laura en la UCI para acompañar a Alice y me fui de nuevo a mi oficina, estaba agotada, no todos los días operaba de emergencia y mucho menos casos tan complicado, pero en esta profesión se veía de todo, entre en mi oficina y me deje caer en el suelo y puse mis manos en mi cara, no sabría que habría hecho si Alice hubiera muerto en mis manos, yo creo que jamás me lo perdonaría.
- Katniss, Kat ¿Estás bien? – una voz frenética hablo y al cabo de dos segundo Peeta estaba arrodillado a mi lado. No sé qué fue, si su presencia o todo lo del día, pero me encontré
tirándome en sus brazos y llorando como un bebe chiquito. – Katniss háblame cariño, ¿Qué te ha pasado? - y así me encontré contándole todo lo del día y de cómo me sentí y de lo asustada que estaba cuando di la orden de dejarla morir.
- ¿Qué hubiera pasado si no revivido Peeta? ¿Yo podría haber privado esa criatura de su madre?
- Pero sobrevivió Katniss y es lo que importa, tú la has salvado y las has traído a su madre de nuevo – el me tomo en sus brazos y yo me acurruque más en su pecho. No dije nada no tenía palabras, nunca había sentido miedo en lo que hacía, pero como dije para todo hay una primera vez.
- Debemos marcharnos, tenemos la cita – anuncie poniéndonos de pie.
- La aplazaré, iremos mañana hoy descansaras, te darás un buen baño, mientras yo preparo la cena –dijo cuando se ponía de pie junto conmigo.
- Es una gran idea – no era bueno aplazar la cita con el Dr. Pero hoy no estaba para más mierda y menos cuando Alma se involucraba en ella.
Llegamos a casa en silencio nadie dijo nada, yo aún no dejaba de pensar en Alice y de la suerte que tuve de poderla haberla salvado después de haberla dejando morir, pero como ser humano seguí mis instintos y gracias a ellos la había traído de vuelta. Como Peeta lo había prometido me preparo un baño a la luz de las velas y me desvistió como un bebe, cuando yo estaba segura en la bañera él se paró para marcharse, pero yo lo detuve.
- Quédate – lo tomé de su muñeca y él se detuvo – no me dejes – no quería estar sola y menos hoy cuando vi la fina línea entre la vida y la muerte.
Él no vacilo y se quitó rápidamente sus ropas, yo hice espacio para él en la bañera y rápidamente lo ocupo, pegue mi espalda a su pecho y disfrute de su dureza y suavidad, para mí era el cielo. No dijimos nada Peeta solo se limitó a sobar mi brazo y de vez en cuando a sobar mis risos y murmurando cosas lindas en mi oído, pero para mí eso no era suficiente, lo necesitaba, mi cuerpo lo necesitaba de la forma más íntima, antes no era capaz de estar con él, pero hoy al ver la muerte a la cara me di cuenta de que la vida es solo unos segundos y si he de morir mañana o dentro de cien años quiero aprovechar el tiempo que me queda con él. Sea un día o una eternidad.
Sin previo aviso me voltee y me senté sobre él, mi cambio repentino lo tomo por sorpresa, pero rápidamente se compuso, yo saque mi mano mojada del agua, acaricie su mejilla y baje por su cuerpo, él no quito sus ojos de los míos y yo no quería que lo hiciera, quería que él viera que, aunque me había hecho daño yo lo amaba más que a mi vida y que siempre seria su mujer.
- Hazme tuya – sus ojos se abrieron esta vez sin poder ocultar su sorpresa, yo creo que nunca se le habría pasado por la mente que yo digiera eso.
- No tenemos por qué Katniss – él me atrajo a él hasta que nuestros pechos se encontraron – no quiero que te sientas presionada.
- No me siento – bese su barbilla – te necesito, necesito a mi esposo en la forma más íntima que conozco, necesito que me necesites Peeta como yo te necesito – la última parte salió como un susurro, pero basto para que él me escuchara.
- Yo te necesito – el me abrazo más duro – cada día.
- Demuéstramelo.
- Quiero – el me beso en la frente – pero no así Katniss, sé que estas un poco asustada por lo que ha pasado, pero nada malo nos va a suceder, quiero que cuando te vuelvas a entregar a mí, sea por pasión y amor y no por medio.
- No tengo miedo – me defendí.
- Si lo haces – él aparto un mechón de mi cabello y hablo – no tienes por qué darme la razón, lo veo en tus ojos, hoy has visto la muerte a la cara y vistes que tan delgada es la línea que separa la vida de la muerte – que bien me conoce, pensé, aunque no se me hace raro él siempre fue capaz de leerme como un libro abierto – pero no temas, aún nos falta por vivir y te aseguro que te deseo más que a nada en el mundo, pero cuando eso suceda tú debes estar segura.
- ¿Qué pasa si no hay una próxima vez? No sabemos cuánto tiempo nos queda junto – lo sentí tensarse bajo mí.
- No hables así – reprendió – aún nos falta mucho por vivir, no pienses en cosas como eso Kat, esta no será la primera ni la última vez que pases por algo así, sabes que cuando decidiste escoger esta profesión tenías muy en claro a que te enfrentabas.
- Lo sé, es lo que… - me detuve organizando las ideas – tengo miedo de que no volvamos a lo que éramos, y que en cualquier momento nos perdamos y el día de mañana cuando ya no te tenga y este sola, me culpe por haber sido una perra en vez de aprovechar el tiempo que tenemos juntos – una lagrima rodo por mi mejilla y él delicadamente la limpio.
- No soy dueño del tiempo ni de mi vida, pero te prometo que cuando me vaya de tu lado es porque mi cabello es de color blanco y los niños me llamen bisabuelo – me reí de su lógica, ese era Peeta que conocía, él siempre encontraba la manera de hacerme sentir mejor. – no pienses en el futuro mi hermosa Kat, solo vivamos el día a día, y no te preocupes yo no te dejare, no sería capaz.
No dije nada solo me lance sobre él y lo bese profundamente, en ese beso deje salir cada emoción que estaba sintiendo y cada miedo. La verdad es que si quede un poco traumada después de lo de Alice, pero eso también me abrió los ojos y me hizo darme cuenta que la vida es fugaz, hoy estaba en los brazos de mi amante y mañana estaba llorando por él, Gale tenía razón Peeta cometió un error y uno muy grande, pero él ha demostrado que está arrepentido que me ama, joder incluso puedo decir que me ama más que su propia vida, aun no puedo decir que lo perdone del todo porque es difícil, pero si puedo dar fe de que esa herida esta sanando poco a poco y sé que pronto podríamos seguir nuestro camino sin mirar atrás.
Esa noche Peeta me beso cada centímetro de mi piel y me repitió un millón de veces en voz baja cuanto me amaba, no hubo sexo, pero si hubo cariño y amor, cuando era más joven pensé que la única manera de demostrar amor a otra persona era por medio del sexo, pero hoy con unos pocos más años de experiencia puedo dar fe de que el sexo es diversión, placer y lujuria, el amor es algo más profundo, nunca me había sentido más amada por Peeta que esta noche, él no me toco de forma morbosa ni sus manos tocaron mi piel, sin embargo sus labios nunca dejaron de adorar mi cuerpo y con cada beso que me daba sentía que era una promesa silenciosa, tan bien supe que era cuestión de tiempo hasta que mi esposo y yo estuviéramos juntos, estábamos construyendo una tensión sexual que pronto se rompería haciéndonos caer de nuevo. Esa noche más tarde caí dormida plácidamente en los brazos de mi esposo, ambos desnudos solo cobijándonos con el calor de nuestros cuerpos.
