Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.

Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.

AU (Universo Alterno). Espero les guste.


Recuperándote

Capítulo 15.-

(14 de marzo de 2016)

Una melodiosa voz se escuchaba resonar en el lugar en el que me encontraba, sabría de esa voz donde fuese. Mis ojos estaban cerrados y aunque mi cerebro percibía el canto todo era un poco nubloso ya que aún estaba un poco dormida, intente dormir un poco más, pero la voz siguió cantando tratando de llamar mi atención, pero mis ojos se negaban a abrir.

- … feliz cumpleaños a ti – fue todo lo que entendí antes de que labios cálidos tocaran mi cuerpo frio, la suavidad de los labios y la ternura de ellos era miel para mi corazón. – despertad Katniss – mi queridísimo esposo murmuraba en mi oído, pero yo me negaba abrir mis ojos, quería perderme en su tacto y fundirme en sus caricias. No abrí mis ojos y Peeta continúo besando desde mi barbilla hasta llegar a mi ombligo y ahí simplemente se detuvo, pero percibí una sonrisa contra mi piel – despierta Katniss, tengo una sorpresa para ti – mis ojos automáticamente se abrieron y una risa rica se percibió en el ambiente – buenos días bella cumpleañera – Peeta picotee mis labios cubriendo mi cuerpo con el suyo.

- Buenos días – respondí con voz ronca y excitada, sus besos previos dejaron mi cuerpo en llamas y deseoso por más de su toque.

- ¿Has dormido bien? – él pregunto.

- Mucho – me gire y vi que estaba en una habitación de hotel, las persianas estaban cerradas y no tenía vista a ningún lugar de la ciudad, el ambiente era más frio de lo que debería ser para la ciudad de Miami - ¿ha estado lloviendo? – pregunte.

- No – Peeta respondió retirando mi cabello de la cara.

- Entonces ¿Por qué es tan frio aquí?, pensé que Miami era más cálido.

- Ve y mira por ti misma – Peeta se retiró de mi para darme acceso a levantarme, me tome mi tiempo para pararme ya que la cama en la que estaba era demasiado cálida como para querer salir de ella.

Luego de logar estar de pie y después de que Peeta me cubriera con mi bata camine hasta lo que pensé que era una ventana, pero me sorprendió ver que era un balcón, abrí las cortinas y una puerta de vidrio salió a la vista, con ambas manos jale de ella y me dio la libertad de salir. Esperé encontrarme con la soleada Miami y tal vez con vista al mar, pero me sorprendí al encontrarme con grandes montañas y sus picos cubiertos aun de nieve.

- ¿Dónde estamos? – pregunté, ya que se sentí la presencia de Peeta a mis espaldas.

- Colorado – el me tomo por la cintura y beso mi cabello – para ser más exactos estamos en Vail Village – mis ojos se abrieron, ¿pero ¿cómo habíamos llegado hasta aquí?

- ¿Cómo? – Pregunte atónita – digo, pensé que íbamos a Miami – me voltee, pero aun así sin salir de sus brazos – pensé que tenías negocios que atender.

- No hubo ningún negocio Katniss, todo fue una mentira para traerte aquí – él retiro un mechón de cabello – quería que fuera una sorpresa, se cuánto amas este lugar – era cierto, colorado era hermoso y más en especial este pueblo. – quería celebrar en un lugar como este tu cumpleaños, donde solo éramos tú y yo – mi corazón se hincho y lágrimas picaron en mis ojos, me sentía como una niña de 17 años que se había escapado un fin de semana con su novio.

- ¡Gracias! – exclame antes de tirarme a sus labios a devorarlos con pasión autentica, nuestro beso fue caliente, pero ninguno de los dos lucho por el dominio, la lengua de Peeta saboreaba la mía mientras sus manos descansaban en mi espalda – es el mejor regalo que me has dado – dije luego de separarnos.

- Eso no es todo – él afirmo, pero no dijo más, lo mire entornando mis ojos, pero él siguió sin dar indicio de nada, resople y volví la mirada al hermoso paisaje que tenía enfrente de mí.

A pesar de estar a mediados de marzo aún se podía apreciar la nieve en los picos de las montañas, por donde uno viera había grandes montañas, el día en si era gris, pero había posibilidades que el sol nos calentara un poco con el pasar de las horas, miré el paisaje un poco más abajo y me encontré que a pocas millas había un rio y una gran cascada caía sobre él. El agua era tan azul que se podía ver el fondo de la misma.

- Son aguas termales – Peeta murmuro en oído y beso mi cuello – puedes bañarte en ella sin sentir frio – mire más el rio y definitivamente estábamos haciendo uso de él. No respondí solo asentí para dar a entender que la idea me gustaba, mire más y note que, aunque estábamos en un balcón si bajaba 5 escalones estaríamos en el piso.

- ¿En qué hotel estamos? – pregunte. Peeta sonrió y me tome de la mano.

- En ninguno – levante una ceja inquisitivamente y eso le causo reír más.

- Ya verás – él me tomo de la mano y camino dentro de la habitación.

Al salir de la habitación mi boca se abrió para luego volverse acerrar, él no mentía cuando dijo que no nos quedábamos en un hotel y la razón era porque nos estábamos quedando en una casa. Al caminar por la casa mi asombro crecía un poco más, este lugar era una hermosa joya arquitectónica.

La casa era solo de un nivel, pero con ese era suficiente, fue fabricada en madera. Al llegar a la sala principal vi que no había paredes en su lugar eran grandes ventanales que se sostenían por medio de cerchas y vigas circulares, el techo era en dos aguas y la única estructura de material era la gran chimenea fabricada en piedra grisácea. El piso era de madera pulida y todo el lugar fue amueblado con sofás de color beige. El ambiente era hogareño y cálido.

Por los grandes ventanales se podía apreciar mejor la cascada y el bosque, al solo mirar a estos dos me sentí en paz con la vida, Peeta tomo mi mano y siguió con su recorrido, pero nunca dijo nada, él solo me guio atreves de la casa y me dejo apreciarla. La cocina era hecha totalmente en madera y mármol negro, el diseño de sus paredes daba la alusión de que fueran troncos unos sobre otros, la cocina era en isla y contaba con una mesa redonda para 6 personas, los electrodomésticos eran todos en acero inoxidable.

Las habitaciones tampoco tenían paredes a excepción de la que contenía la chimenea y está también era igual que la de sala todo en piedra, y aunque no eran muy grandes si estaban bien decoradas y el espacio estaban bien distribuido, no sabía quién o que vivía aquí, pero fuese quien fuese tenía un paraíso. Por último, fue la habitación en la que desperté, la aprecie mejor y esta era la única que no tenía ventanales, el único que había era el que daba al balcón, en una esquina divise una puerta más pequeña y la abrí, al salir me encontré con una piscina de aguas cálida y azulejos.

- ¿Te gusta? – Peeta pregunto.

- Esto es hermoso, creo que es el lugar más perfecto que puede existir – dije mirando todo a mi alrededor – ¿de quién es? – miré a Peeta para ver que él tenía una chispa curiosa en sus ojos.

- Tuya – dijo, mis ojos se abrieron a tal punto que creí que se saldrían de sus orbitas.

- No, esto no puede ser mío, no he pagado por ella – dije y luego entrecerré mis ojos - ¿acaso me estás haciendo una broma Mellark? – acuse, si esto era una broma no era nada agradable, digo ¿quién no quisiera poseer una belleza como esta?

- No es una broma – Peeta de repente estaba serio, detrás de su espalda saco un sobre de manila que no sabía que estaba escondiendo, me lo entrego y yo casi lo dejo caer.

- ¿Qué es?

- Ábrelo y mira que es – su voz era seria al igual que su rostro, recuerdos de la última vez que Peeta me dio un sobre brillaron en mi mente y trajo un sabor amargo en mí, deseché los pensamientos y abrí el sobre.

Dentro de este había una cantidad de papeles que de solo verlos me dio pereza leerlos, pero si Peeta quería que los leyera pues eso iba hacer, leí cada uno y en ellos había acuerdos de dinero, clausulas y más mierda sobre acuerdos, al final estaba la firma de alguien y la de mi esposo pero eso no fue lo que más me sorprendió, lo que más me sorprendió fue que en la parte donde estaba escrito el nombre del dueño no era otro que el mío y el de Peeta. Los papeles cayeron de mi mano y mi boca se abrió, pero sin embargo nada salió de ella. Peeta tomo los papeles y los puso desorganizados sobre una mesa de cristal.

- ¿Cómo? – musite.

- ¿Cómo qué? – mi esposo pregunto divertido y tomándome por la cintura.

- No te hagas Mellark – respondí – ¿Cómo es que tenemos esta casa? – no es que no estaba feliz de tenerla, es solo que nunca pensé poder poseer algo así. Espere una explicación de cómo llego a esta casa, pero lo único que llego fue un:

- Feliz cumpleaños amor – fuera lo que tenía que decir él corto las palabras con sus labios, tenía muchas preguntas, pero en el momento en que su lengua toco la mía me perdí en la sensación de sus labios sin embargo no duro mucha ya que él pronto se apartó - ¿recuerdas que cuando eras niña querías una casa así? – él pregunto y vagamente recordé que de niña quise vivir en este pueblo ya que sus casa eran hermosas, asentí esperando que continuara – En montana tenemos una casa que sé que te gusta pero no era la casa de tu sueño y cuando pensaba en regalos para tu cumpleaños recordé que hablaste de este lugar, al principio pensé en un hotel pero luego vi que la casa estaba en venta y supe que era la perfecta para ti – él me miro a los ojos nada más que con amor – solo quiere que tus sueños se hagan realidad – murmuro la última parte y mis ojos se hicieron agua, esto era un sueño, un sueño del cual no quería despertar. - ¿te gusta? – pregunto luego de que no había dicho ni una sola palabra, miré a sus ojos y vi el temor en ellos, me reí mentalmente, no tenía por qué temer.

- Me encanta – y sin más me lance a sus labios devorándolo sin dar tregua, sus manos me aprisionaron y con urgencia me besaba, el frio de antes desapareció de mi cuerpo y fue sustituido por el calor que me despertó esta mañana. Mis pezones estaban en erectos y mi vagina se humedeció con ansias de Peeta.

- ¿Qué tal un baño? – él pregunto, mirando hacia el rio de aguas termales, cobrando un poco de aliento asentí con la cabeza y Peeta comenzó a desnudarme, él con delicadeza quito mis ropas junto con mi ropa interior, al tenerme desnuda yo pase a desnudarlo a él, disfrute de cada roce que tenía mis dedos con su pecho. Desnudar a Peeta era algo placentero para mí, no sé si era el frio o mi toque, pero su piel bronceada y lisa, pronto se vio un poco más oscura ya que cada poro de su piel se había erizado, su pezón era duro dándole un toque más profundo de oscuridad.

Los dos caminamos desnudos por el bosque hasta llegar al rio, los poco metros que separaba la casa de la cascada solo alimento la tensión sexual, al llegar la brisa que emanaba de las aguas me recibió llenando mi cuerpo con un suave roció de calidez, Peeta entro primero y me tendió la mano, la tome sin vacilar y sumergí el primer pie en el agua, me esperaba el agua un poco fría ya que igual estábamos al aire libre pero nuevamente me vi sorprendida al sentirla cálida, era como estar en una bañera. Peeta sonrió al ver mi expresión y tomándome en sus brazos y sumergiéndose hablo.

- ¿Ves la roca detrás de la cascada? – Él pregunto y yo asentí – es lo que la mantiene cálida, según se escucha por estos lados es porque internamente de esa roca hay un volcán por lo cual la roca emana vapor que calienta las aguas – me encantaba cuando Peeta explicaba las cosas para mí. Siempre había escuchado de lugares como estos y de aguas termales, pero nunca imagine estar en unas y mucho menos ser dueña de ella.

- Es el paraíso – dije mirando a mi alrededor, por la altura de los arboles no podía divisar bien el cielo, pero no me quejaba, era como estar en un cuento de hadas.

- Si lo es – él dijo en voz baja chorreando aguan por mis hombros con su mano y con la otra acariciando mi vientre. – Tú eres el paraíso – murmuro esta vez más bajo y beso detrás de mí oreja, el gesto me causo erizarme.

Su cercanía y el lugar evocaron sentimientos en mí, unos eran de placer, otros de amor, pero el más importante era de deseo, mi cuerpo llevaba días deseando a Peeta y creo que esta vez nada podría detenernos, hoy quería a mi esposo no por miedo, no por celos ni mucho menos por venganza, hoy quería a mi esposo por deseo y por amor.

Tome la mano que descansaba en mi vientre y la fui bajando hasta que llego a mi vagina, él se tensó un poco pero rápidamente hable – tócame, soy tuya – mi voz era cargada de deseo ya que él no vacilo y comenzó a acariciar mis pliegues, sus largos y ásperos dedos se encontraron con mi delicado clítoris y comenzó a frotarlo, mi cabeza callo en su pecho y de mis labios salían silenciosos gemidos.

Su dedo pulgar tomo el lugar de su dedo medio y siguió frotando mientras que su dedo medio se introdujo en mi causándome estremecerme de placer. Con su otra mano comenzó a acariciarme los pechos y a jalar mis pezones, era la mezcla perfecta de dolor y placer.

- Quiero probarte – él dijo y rápidamente me sentó sobre una roca, la superficie era áspera, pero nada de eso importaba, Peeta saco sus dedos y metió la cabeza entre mis piernas. Con suaves besos acaricio mi muslo húmedo y cálido hasta llegar al nido de nervios que era mi coño.

Vi como su lengua humedeció los labios y sus ojos se oscurecieron con lujuria, me volví más húmeda y no hablo del agua que nos rodeaba. La punta de lengua toco mi clítoris y yo chille de placer. ¡Dios! Era como el cielo, pensé que me devoraría el coño como el otro día, pero vi que solo la punta de su lengua era la que me toca, la tortura así era más dulce y aterradora a la vez, quería que tomara todo de mí en su boca y me hiciera chillar de placer, pero no estaba teniendo nada de eso.

Mi capacidad para hablar se había perdido ya que no encontraba las palabras ni siquiera para suplicar por más. Quería sentir algún tipo de alivio por lo cual pasé ambas piernas por sus hombros y con mis manos atraje más su cabeza a mi coño, él sonrió y deposito un suave beso en mi clítoris antes de pasar a devorarlo como tanto quería. Grite de placer como el bosque amortiguo los sonidos.

Sus dientes daban suaves mordiscos dolorosos que luego calmaba con un chupón, descansé mi cuerpo sobre la roca y me entregué al placer, mis ojos se cerraron como Peeta me devoraba el coño con hambre y lujuria, sus manos se sostenían de mis caderas para mantenerme quieta. Mi único trabajo en este momento era gemir y volver a gemir.

Mi orgasmo estaba llegando y casi podía disfrutar de la dulce liberación que este traía, cada vez Peeta aumento su paso y agrego dos dedos de más para tocar el lugar dulce que estaba dentro de mí, lo tenía en la punta de mi ser… podía sentir su llegada… pero el caso fue que nunca llego, los dedos desaparecieron al igual que su boca, mis ojos se abrieron en desconcierto y un gruñido salió de mis labios. Me senté y vi que Peeta estaba parado con el agua llegando solo a la mitad de su torso y sus labios húmedos por mi lubricación.

- Pero que… - no termine la frase porque él tomo mi boca en la suya y me obligo a probarme, disfrute de mi sabor y me encendió más, vagamente sentí como él me bajaba de la roca y el agua volvió a cubrir mi cuerpo.

Sin dejar de besarme él me tomo por las piernas y las enrollo contra su cintura, su enorme pene estaba erecto y pegaba contra mis labios, él se movió un poco y mi espalda se pegó contra la roca en la que previamente estaba sentada – Te amo Kat, ¿estas segura de que quieres esto? – él era hermoso y cariñoso y siempre me ponía en primer lugar, pase mi mano húmeda por su cara y él se inclinó ante mi tacto.

- Hazme el amor Peeta – murmure en silencio, sus ojos se encontraron con los míos y poco a poco me fue entrando. Dolió, no fue mucho, pero si sentí el pequeño ardor dentro de mí, la mueca que hice hizo que él se detuviera.

- ¿Te he hecho daño? – pregunto alarmado.

- Un poco – admití – ha sido un largo tiempo desde la última vez – sus ojos mostraron entendimiento y a la vez tristeza, pero no íbamos a tener nada de eso, ahora éramos solo él y yo – ya paso, hazme tuya – y con un beso áspero me penetro por completo. Ambos dejamos salir un gemido como nuestros cuerpos se convirtieron en uno.

Las aguas eran un poco alborotadas debido a nuestro encuentro, y el único sonido era el de nuestros gemidos. Peeta me penetraba a un ritmo demasiado lento y doloroso, después de casi un año sin sexo mi cuerpo parecía como si muriera de sed y el único remedio era la polla de Peeta.

- Más rápido – suplique – métemela toda – sé que era un poco sucio, pero que importaba, lo quería todo dentro de mí, el me dedico una sonrisa maliciosa y de una sola estocada sus bolas chocaron con mi coño – Siii, Así es – grite en el éxtasis.

- Uff, eres tan apretada – él silbo entre dientes, mis ojos se cerraron y descanse la cabeza contra la roca, sus embestidas cada vez eran más dura y placenteras, su boca beso mi cuello y dejo una pequeña marca en él y luego bajo a mis senos y comenzó a besarlos bruscamente, dolía un poco su agresividad, pero no podía negar que cada vez me encendía más, con el pasar de los minutos más agua salpicaba entre nosotros y rápidamente nuestros cabellos estaban emparamados. ¿Pero a quien le importaba eso cuando alguien como Peeta te lo estaba haciendo así?

Mi orgasmo anterior comenzó a volver a crecer dentro de mí, mis gemidos eran más altos cada segundo y Peeta estaba más hinchado que nunca. – Peeta me voy a venir – dije y él rápidamente salió de mí.

- Aun no Kat, quiero que tengas el mejor orgasmo de tu vida – y con eso el me volteo y mi cara quedo frente a frente con la roca – quiero volver a sentir como tu apretado coño se envuelve alrededor de mi polla anunciado tu orgasmo, quiero tus deliciosos pechos sean tan erectos como un roca y Dios quiero volver sentir lo que es derramar mi semen en ti – y con eso me penetro desde atrás, deje salir un grito que resonó por todo el lugar y eso lo ínsito más.

Había pasado un largo tiempos desde que habíamos sido uno, pero la conexión que hacia nuestros cuerpos era como si nunca habríamos dejado de hacerlo, Peeta amaba mi cuerpo con caricias y con brusquedad, él me estaba haciendo el amor como nunca me lo había hecho y yo no podría estar más dichosa, sé que estábamos siendo un poco duros, pero nunca nadie dijo que hacer el amor es solo cuando hay velas y flores alrededor. Para mi hacer el amor era estar con la persona que más amo en el mundo, y ese era Peeta.

- Te sientes tan bien Kat – él dijo besando mi cuello, su mano acaricio mi clítoris a sabiendas que me llevaría al borde del éxtasis – eres tan hermosa y eres solo mía – el musitaba en mi oído y aumento sus embestidas.

- Mmm- fue todo lo que dije ya que las palabras no salían de mi boca.

- Di que eres mía – ordeno

- Soy tuya – dije en susurro.

- Más alto – me penetro con más fuerza.

- Soy tuya – esta vez fue más alto, pero no como él quería.

- Grítalo Katniss – ordeno con fuerza y con una dura penetrada sentí su polla en mi estomagó.

- ¡SOY TUYA! – grite a los cuatro vientos como mi orgasmo me golpeo haciendo mi visión borrosa y llevándome a un mundo de placer.

- Siempre – dijo él mientras me golpeaba tres veces más y luego sentí la calidez de su esperma llenado todo mi interior, su cuerpo tembló cuando monto su orgasmo y se enterró en lo más profundo de mí.

No dijimos nada, mi cuerpo estaba contra la roca como él estaba contra mí, el agua se fue calmando después de que nuestros cuerpos se quedaron quietos, su pene seguía en mi interior y mi orgasmo me llevo aun mundo que no recordaba, en este punto me sentía como si hubiera consumido una droga tan placentera que mi cuerpo no quería renunciar a ella.

- Te amo – musite recuperando mis sentidos, los labios de Peeta se estrellaron contra mi espalda.

- ¿seguirás amándome en la mañana? – pregunto con voz suave, la última vez que Peeta me había preguntado eso fue cuando tenía 20 años y después de una pelea, él y yo habíamos discutido por algo sin sentido y nuestros gritos terminaron en sexo, al terminar nadie dijo nada. Peeta me había tomado en sus brazos y me había abrazado fuertemente a él. Él se echaba la culpa de nuestra discusión y se podría decir que nuestra relación en ese entonces estaba sobre la cuerda floja, en medio de nuestro silencio él había preguntado las mismas palabras de ahora en el temor de que la ronda de sexo que habíamos tenido hubiera sido una despedida, esa fue la primera vez que Peeta se dejó ver vulnerable.

- Para toda la vida amor – respondí sin dudarlo, Peeta era el amor de mi vida y siempre lo seria, no tenía dudas de eso, la pregunta no venía a la situación, pero en mi interior sabía que él tenía miedo de que esto terminara, no por estar en este rio y haber hecho el amor significara que nuestros problemas en casa estaban solucionados, aun caminábamos en cascaras de huevos, pero con el pasar de los días estas se volvían más firme.

Sus brazos se enrollaron en mi cuerpo y me abrazo de tal manera que no pudiera soltarme, lo que acaba de pasar golpeo algo dentro de él y la culpa salió a flote, sé que no era la culpa de haber hecho el amor conmigo, era la culpa de sus errores en el pasado, con un gran esfuerzo salí de sus brazos y saque su pene que aún estaba dentro mí, me voltee y mi cara quedo al nivel de la suya ya que gracias al agua mi cuerpo flotaba. Mire sus ojos y en ellos vi el amor y la tristeza, con mi mano acaricie su rostro y le dedique una sonrisa.

- Te amo Peeta y mi mejor decisión fue haberme casado contigo, los errores del pasado son eso, errores del pasado, lo importante es el ahora y ya, por eso te tengo que preguntar algo, él asintió con la cabeza y yo procedí a repetir sus palabras. - ¿seguirás amándome en la mañana? – una sonrisa sincera se dibujó en su rostro y yo ya sabía la respuesta.

- Para toda la vida amor – con eso nuestros labios se encontraron en el mas de los dulces besos.

Mi cumpleaños transcurrió de esa manera, Peeta volvió hacerme el amor en nuestro rio y luego procedió hacérmelo en la intimidad de nuestra nueva casa, cada hora del día él paso adorando mi cuerpo y con cada penetrada que entro en mi cuerpo musito el amor que sentía por mí, ese día no hablamos más después de la charla en el rio, ese día hablamos, pero con nuestros cuerpos. Al caer la noche mi cuerpo estaba saciado de todo el sexo y como un bebe me dormí en los brazos de mi amigo, mi amante y mi esposo.


Hola a Todos de nuevo... Ante nada disculpe la demora pero hoy he tenido muchos compromisos pero bueno aunque sea no pase del domingo para subir este capitulo...

Tratare de subir mas amenudo, pero me gustaría saber que opinan de este capitulo... Ha sido un capitulo algo subido de tono... Tienen alguna sugerencia... Pues díganmelo y adaptare según sus sugerencias

Espero sus comentarios. Nos leemos pronto