Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.

Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.

AU (Universo Alterno). Espero les guste.


Recuperándote

Capítulo 19.-

(18 de marzo de 2016)

A los 5 años soñamos con ser princesas, a los 10 soñamos con ser modelos y a los 15 soñamos con encontrar nuestro príncipe de brillante armadura, pero cuando pasan los años y comienzas a explorar los caminos de la vida te das cuenta que las tres opciones anteriores eran simple fantasías que todo el mundo tiene. Al crecer olvidamos de soñar y al olvidarnos de soñar olvidamos en creer que las cosas pueden ser posibles, yo soy una de las pocas niñas que nunca soñó con arcoíris y unicornios, pero al final de mi adolescencia encontré mi príncipe azul ¿coincidencia? No lo creo. Siempre pensé que todo tendría que pasar por una razón, pero luego llego Peeta tan perfecto que pensé que las historias que nos contaban cuando éramos niñas era verdad, pero como todas las historias siempre terminaban en '' y vivieron felices para siempre'' me había olvidado que cuando nos levantamos del sueño nos encontramos con las pesadillas.

Mi madre siempre dijo ''Katniss debes ser buena esposa y ser todo lo que un hombre necesita, la mujer es el complemento del hombre'' Amo a mi madre y eso no lo voy a negar, pero ella no entiende que hay más en la vida que solamente ser todo lo que se necesita para un hombre, y a veces en mis años de adolescencia me sentaba a meditar y a preguntarme ¿y que complemento debe ser el hombre para nosotras? Nunca encontré la respuesta y después vino mi matrimonio, resulto ser el cuento de hadas que muchas sueñan pero que pocas tienen, en los años de casada me di cuenta de que era verdad lo que mi madre decía, nosotras las mujeres somos un complemento para el hombre o yo por lo menos, pero, aunque Peeta era el mejor esposo él nunca fue un complemento para mí.

Volviendo la memoria al pasado comenzaron a aparecer recuerdos de nuestra vida, todo era perfecto y siempre estábamos felices. Peeta siempre que me necesito yo estuve, en nuestros años de estudio fui yo quien lo termino de impulsar para terminar con éxitos y en nuestra vida de casados siempre fui yo quien tenía las riendas, Peeta me complació con todo lo que quise y a la hora que lo quise, él nunca chisto y siempre me complació. Pero el hecho era de qué él nunca se sentó y tomo una decisión importante conmigo, él nunca opino en cosas tan mínimas como la pintura que cubría nuestra sala de estar.

Veras son cosas mínimas y que tal vez en muchas parejas no se les pasa por la cabeza, pero cuando se tiene un problema de la magnitud que lo tenemos mi esposo y yo te das cuenta de que hay cosas que no funcionan desde un principio. Una semana antes de mi matrimonio tres personas me habían hecho la misma pregunta ¿están seguros de que son el uno para el otro? Yo solo había sonreído y danzando con mi vestido por todo lugar respondiendo ''él es el indicado'' en ese momento me creía esas palabras y aun las creo, no creo que haya existido una persona que ame más a otra de la forma que yo amo a Peeta.

Pero no por él hecho que lo ame dejé de resaltar sus defectos y ahora con 5 años de casados me di cuenta de que eran muchos, más de los que pensé, pero aun así no lo amo menos, al contrario lo amo más porque desde muy joven entendí que las verdaderas personas están llenas de defectos. Mi esposo no es la excepción.

Nunca me detuve a pensar como me sentí al descubrir que me fue infiel, la verdad fue que sentí muchas emociones y a la vez me sentí vacía, como si una parte de mi murió y nunca volverá a nacer, pero luego el volvió a los tiempos atrás y me demostró que nuestro amor era más grande que cualquier otra cosa, yo fui feliz en ese entonces, pero la pregunta es ¿ahora soy feliz? Y luego de pensar y pensar la respuesta fue que ''No', y no es por qué no lo ame si no es porque él y yo nos hemos perdido en el camino y él no está haciendo nada para buscarme.

Nuestros días en ''cielo'' por así llamarlo habían sido perfectos, pero nos habíamos olvidado del obstáculo que teníamos y no era Alma precisamente, éramos él y yo, no había pasado que en un solo días nos hubiéramos sentado a hablar de que queríamos para nuestro futuro, en el momento sabíamos dónde estábamos parados pero la cuestión final era ¿Dónde queremos estar en 5 años? Y al parecer ese fue un grave error que estamos cometiendo, no solo él si no yo también, Peeta cometió el error, pero yo como su esposa también debo aportar a nuestra situación, como llevo diciéndole mucho. Estamos juntos en esto.

- Buenos días – una voz ronca y un poco entrecortada hablo, miré abajo en mi regazo y vi que mi esposo me miraba con los ojos hinchados, yo escondí todos mis pensamientos en la parte trasera de mi cabeza y le dediqué una sonrisa.

- Buenos días cielo – me incline un poco y bese su frente, Peeta cerró los ojos y su cuerpo reflejo deleite de mi toque, en momentos como este creía cada palabra de amor que decía a diario.

- ¿Estás bien? – él pregunto tomando una posición sentada, pues la noche anterior él durmió en el sofá recostado en mi regazo, y como yo no tenia la fuerza para levantarlo me quede con él toda la noche, pero no durmiendo precisamente.

- Todo está bien – dije, pero rápidamente añadí – aunque debemos de hablar.

- ¿Qué pasa? – él pregunto frunciendo el ceño.

- Nada malo – conteste, tomé una respiración profunda y comencé a decirle lo que había estado pensando toda la noche. - ¿Qué va hacer de nuestras vidas? – mi pregunta lo tomo por sorpresa y no se molestó en esconderlo.

- ¿Qué quieres decir? – rodee mis ojos a esto me refería cuando decía que Peeta era poco colaborador a la hora de hablar.

- Si Peeta ¿Qué va a pasar con nuestras vidas? No hoy, si no en un futuro ¿en algún momento te has puesto a pensar en ello?

- No Katniss – el admitió bajando su cabeza – siempre pensé que las cosas funcionarían como venía haciendo, nunca hemos necesitado un plan y sinceramente pensé que no lo necesitáramos, digo siempre hemos sabido salir adelante.

- Tienes razón – admití – pero nunca habíamos llegado a tal dimensión, debemos de saber que va a pasar, no solo hoy si no el resto de nuestras vidas, no podemos seguir viviendo el día a día – me detuve por un momento y tomé una fuerte inhalación – juntos queremos una familia, pero no podemos traer al mundo un hijo cuando tú y yo aún caminamos en cascaras de huevos.

- Eso no es verdad – Peeta me interrumpió clavando sus penetrantes ojos en los míos.

- Si es verdad ¿o que me dices del espectáculo de anoche? – Él no dijo nada, yo había tocado un tema delicado – si Peeta, ¿crees que podemos traer un bebe al mundo cuando aún no hemos salido de este problema? Sabes también como yo de que eso no es posible, además sé que hay algo que no me estás diciendo – sus ojos se abrieron y cuerpo se tensó – si Peeta, sigues pensando que no veo las cosas, pero el caso es que sí, pero como dije anoche no te obligare a que me las digas, pero sabes muy bien que si no lo hablas conmigo estarás condenando este matrimonio al fracaso.

- Solo unos días más y te contare todo – asentí con la cabeza, entendía que necesitaba su espacio y yo pensaba respétalo.

- Sabes que lo tienes, pero no creas que es un tema que quedará en el olvido, te estoy dando espacio Peeta, pero eso no significa que me saques de tu vida y de tus problemas – me subí en su regazo y apoyé mi cabeza en su pecho – estamos juntos en esto, pronto la pesadilla será solo eso un mal sueño.

- Solo unos días y te prometo que te diré todo, solo necesito acomodar las ideas – Peeta me abrazo, sé que otras mujeres en mi lugar pelearían hasta sacar su más oscuro secreto, pero yo era diferente, en los años que habíamos estado casados había madurado notablemente, Peeta me amaba si no fuera así ¿para qué montar todo este circo? Por lo cual no lo presionaba, no sabía que tenía que decir ni podía decir si era bueno o malo pero el caso era que yo estaría ahí para escuchar.

Me quede en sus brazos mientras que el masajeo mi cabello, el momento era íntimo y no necesariamente estábamos desnudos, la ventaja que puedo sacar de toda esta historia es que la experiencia nos dio la oportunidad de explorar otra fase de nuestras vidas, no fue la mejor manera y ¡Dios! Espero por lo más sagrado no tener que volver a vivir la experiencia, porque definitivamente es algo que no se lo deseo a la peor persona.

- Estuve buscando casas – él dijo de repente.

- ¿Así? ¿Dónde? – pregunte verdaderamente curiosa.

- Bariloche – mi seño se frunció, nunca había escuchado de ese lugar en mi vida.

- ¿Y eso donde es? – pregunte, Peeta dejo salir una risa que hizo retumbar su pecho.

- Argentina – mis ojos se abrieron y me aparte de él, mi boca se abrió para rápidamente volverse a cerrar, él al ver mi perdida de palabras dejo salir una carcajada que resonó por todo el lugar.

- ¿Estas bromeando? ¿Verdad?

- No – Peeta dijo después de que su risa se calmó, él reacomodo su postura y me enfrento – después de nuestro viaje a Colorado me di cuenta de que tenías razón desde que estemos en este lugar no podremos ser felices, pensé en Inglaterra, pero yo ya tengo historia allí al igual que tú en Londres, por lo cual busqué y di con ese pequeño pueblo.

- ¿No está muy lejos? Prácticamente es al otro lado del mundo – sé que debería haber dicho algo más pero mi cerebro aún estaba procesando la información que acababa de recibir.

- Sí, y ese era el plan inicial, quería algo donde estuviera lejos de todo y de todos, donde las cosas pudieran ser un nuevo comienzo y donde no tendríamos que mirar atrás.

- ¿Y nuestros amigos y familiares?

- Es hora de un nuevo comienzo Katniss, todos tienen sus vidas y nosotros debemos hacer la nuestra, Annie tiene a Finnick y así sucesivamente.

- ¿y Johanna? – sé que estoy haciendo muchas preguntas, pero esa era la más importante de todas, no podría irme y dejarla sola.

- Sabía que dirías eso por lo cual también pensé en eso, ella puede venir con nosotros Katniss. El hecho es que nos vamos a mudar no a morir, nuestras familias irán y nosotros vendremos a demás si mal no recuerdo tenemos una casa en Colorado – ambos sonreímos de los recuerdos que dejamos en nuestra nueva casa – si Johanna decide puede venir con nosotros, pero debes pensar en nosotros, ella tendrá su propia familia, pero como dije es libre de venir con nosotros o quedarse – Peeta me abrazo fuerte y susurro en mi oído – este será nuestro nuevo comienzo, solo tú, yo …- él coloco una mano en mi abdomen que trajo calidez – y nuestro futuro – mi corazón se hincho y todo dentro de mí se calentó, antes era raro ver a Peeta hablando hijos, pero ahora era nuestro pan de cada día.

- ¿Eso significa que nuestros hijos serán argentinos? – pregunte saliendo de mi ensoñación.

- Serán lo que tú quieras que sean – el me beso en el cuello causándome estremecer, pensé por un momento y la nacionalidad de mis hijos era algo que yo tenía muy en claro desde el día en que me case.

- Quiero que ellos sean ingleses, como su padre – mire a Peeta y sus ojos están brillosos y sus mejillas rojas.

- Entonces ingleses serán – no respondí, no tenía por qué, sus labios estaban en los míos y me beso con pasión y hambre, sus manos fueron a mis caderas y me apretaron más cerca de él, sus besos eran mi perdición, era mi droga personal, no entendía como pude sobrevivir tanto tiempo sin ellos, pero el hecho era que no tenía por qué volver a pasar por eso – quédate hoy aquí conmigo, solo tú y yo – me iba a negar tenía responsabilidades, pero al ver sus ojos de súplica no me importo nada en el momento, solo éramos él y yo. Mi trabajo podía esperar.

- Está bien – sus ojos se iluminaron y él rápidamente se levantó conmigo en sus brazos, camino hasta la habitación y cuando entramos de golpe cerró la puerta, me bajo y puso mi cuerpo mirando hacia la puerta, me iba a dar la vuelta para mirarlo, pero él no me dejo, su cuerpo aprisiono el mío.

Su mano envolvió mi cintura y me apretó contra él. Algo duro presiono mi trasero y un gemido salió de mi boca. Su mano comenzó acariciar mi abdomen por encima de la blusa y cuando llego a mis tetas las apretó con fuerza. Alargue mi brazo buscando su polla y cuando lo encontré lo acaricie por encima de la tela. El comenzó a darme besos en el cuello. Tome su olor y este olía a menta y a sudor. Sus manos descendieron para luego ascender por la parte interior de mi blusa, acaricio mis pechos por dentro del sostén, pero yo quería más.

Apreté su polla con fuerza y como consecuencia el me pellizco los pezones. Mis tetas estaban duras y su tacto solo me acaloraba más.

Sentí como su mano estaba destrozando mi blusa. La tela blanca cayo a mis costados quedando en un simple sostén de encajes blanco. Su mano se deslizo por debajo de mi falda y comenzó a sobarme las piernas mientras su boca mordía y lamia mi cuello. Sentí su mano deslizarse a mi entrepierna.

- Dios - Peeta gruño en mi oído - estas muy húmeda.

Aquellas palabras hicieron que me mojase más. Sus dedos apartaron mis braguitas y comenzaron hacer círculos en mi clítoris de una manera nunca antes experimentada. El cosquilleo aumento más y comencé a gemir. Busqué nuevamente su polla y se lo apreté. Quería más. Alejo sus manos y me quedo un vacío. Sentí su mano húmeda deslizar mis bragas hasta las rodillas. En otras circunstancias nos habríamos desnudado del todo, pero al tocar su polla me di cuenta de la urgencia que tenia de tenerme. Peeta me agarro y me llevo hasta el borde de la cama, pero no me acostó, yo estaba a espaldas de él por lo cual no podía apreciarlo, pero mirando más allá me encontré con el espejo de mi tocador y vi como él deshacía sus pantalones, Se acercó nuevamente a mí y lo sentí acariciar mi culo con su miembro. Su longitud se movía lentamente por mi sexo como una dulce tortura hasta que me penetro de una estocada. Pegue un ligero grito por la sorpresa y el gruño en mi oído de placer.

- Estas muy apretada - dijo para luego penetrarme con fuerza.

Sus embestidas eran por segundos lentas para luego aumentar la velocidad de manera posesiva. Sus manos masajeaban y apretaban mis tetas. Él estaba aún vestido a diferencia mía que solo llevaba la corta falda en la cintura. Su mano bajo hasta mi sexo y me empezó a frotar. Yo me mordía el labio, era demasiado delicioso lo que él me estaba haciendo, demasiado placer para mi cuerpo. Mis piernas comenzaron a temblar y un cosquilleo se almaceno en mi bajo vientre.

- No puedo más - dije apoyando mi peso sobre el borde de la cama

El mordió el lóbulo de mi oreja y un fuerte orgasmo golpeo mi cuerpo provocándome fuertes sacudidas, me solté del borde. Mis brazos ya no podían más. El me agarro de la cintura y me pego nuevamente al borde, me sostuve con la poca fuerza que tenía y Peeta continúo penetrando. Me embistió unas veces más y lo sentí vaciarse dentro de mí. Su cuerpo se apoyó en el mío, aun me sentía débil. Puse una mano en el borde con intención de separarme de él, pero no me lo permitió.

- Aun no terminamos – mi sexi esposo murmuro en mi oído causándome placer, de solo pensar en el placer que me acababa de dar mi cuerpo se erizo con anticipación, el orgasmo que acabo de experimentar fue alucinante a falta de palabras.

Estuvo recostado contra mi cuerpo unos segundos hasta que lo sentí separarse. Mire por el espejo su reflejo. El comenzó a deshacer su ropa quedando poco a poco expuesto ante mí.

Miré su cuerpo mediante el espejo y tuve que tragarme un gemido, su cuerpo era como el país de las maravillas, era musculoso pero delicado, sus brazos eran fuertes, pero cuando se trataban de mi eran gentiles, su abdomen era de roca y sus piernas de envidiar, por no hablar de su delicioso y redondo culo, Dios sí que tenía suerte del marido que tenía. Peeta termino de quitarse su ropa y paso a quitar la poca ropa que aún quedaba en mí. Como siempre sus manos fueron gentiles y cariñosas.

- Cada día me asombro más de lo hermosa que eres – el soltó mi sostén y lo dejo caer a un lado, no dije nada solo gemí como su mano hizo contacto con mi piel, el me volteo para así quedar frente a frente.

Sus manos se situaron a mis costados y comenzaron a moldear mi cuerpo, él acariciaba mi cintura bajando hasta mi cadera donde le dieron un fuerte apretón y siguieron por mis muslos. Se arrodilló y me los comenzó a morder. Tomo una de mis piernas y la subió en su hombro derecho. Me tuve que agarrar del borde cuando hizo lo mismo con la otra. Mi cuerpo quedo montado en sus hombros con su cara enterrada en mi coño. Una de sus manos me sujetaba por la cadera mientras con la otra me agarraba el trasero. El corazón me latía a mil. Su lengua comenzó a lamer mis labios y me tuve que apretar con fuerza del borde. Luego empezó a morder y chupar mi clítoris, podía sentir mis fluidos salir. Su lengua me penetró y comenzó hacer movimiento adentro de mí. Gemidos desesperados salían de mi boca mientras su lengua hacia maravillas.

Su lengua seguía causándome placer, cuando lo agarre por el pelo con fuerza y empuje su cabeza contra mi coño. Sus manos me apretaron las nalgas y no pude evitar gemir.

Sentí la presión en mi vientre y un fuerte orgasmo me golpeó y como la primera vez comencé a temblar desenfrenadamente. El bajo mis piernas y se levantó sosteniéndome firmemente por la cintura, me pego a él y su miembro me tocaba el abdomen provocándome millones de sensaciones.

Sus ojos oscuros por el deseo se posaron en los míos. Lentamente comenzó acercar su rostro al mío hasta que nuestros labios se encontraron en un beso erótico, me probé a mí misma en él y no deje de gemir, amaba cuando él me hacía sexo oral, era una sensación maravillosa cuando me tocaba con su boca en mi parte más íntima. Su lengua exploró mi interior mientras su boca succionaba la mía con fuerza. Envolví mis brazos alrededor de su cuello y me estremecí al sentir su pecho duró contra mis tetas. Su erección acariciaba mi abdomen.

Sin dejar de besarme la comencé a tocar y apretarla. Ahogados gemidos salían de su boca. Yo quería más, interrumpió el beso y le mire a los ojos.

- Mi turno – sus ojos brillaron con lujuria cuando entendió el sentido de mis palabras.

Sonreí y me arrodillé ante él. Su virilidad se alzaba frente a mí en todo su esplendor. Con la punta de mi lengua lamí su cabeza y él se estremeció ante el tacto. Besé la punta y comencé a lamer toda su longitud. Era larga y gruesa. ¿Pero que en mi esposo no era así? Me relamí los labios deseosos de probarla. Le solté una escupida y me la metí de golpe en mi boca.

Como él me había echó comencé una dulce tortura con mi boca. Su miembro era grande y lo chupaba con fuerza con cada estocada me lo metía más adentro, cuando la sacaba arrastraba los dientes, luego volvía chuparla. Él se agarró del borde al igual que yo lo había hecho y sus caderas arremetían contra mi boca a mi ritmo. Aumente mi ritmo y mientras la succionaba utilizaba mis manos para masturbarlo. Aumento más el ritmo, más y más, y lo sentí venirse. Todo él se vacío en mi o mejor dicho en mi boca, deje que el líquido corriera por mi cuerpo y comencé a pasarme su miembro por mi cuerpo, me lo estrujé contra mis tetas, su líquido embarrándolas. Levante la cabeza y vi sus ojos estaban cerrados y su pecho se inflaba rápidamente con cada respiración. Él sintió mi mirada en él por qué bajo sus ojos y los encontró con los míos.

-Si sigues haciendo eso me la vas poner dura de nuevo. - Sonreí de manera perversa.

- Eso es lo que quiero - dije de manera provocativa mientras me metía su miembro de nuevo en mi boca. Esta vez lo miraba a los ojos mientras le chupaba la punta y luego se la mordía.

Peeta me tomo por lo brazos y me puso de pie, sus ojos estaban oscuros como la noche y por su cara corrían gotas de sudor.

- Eres una pequeña zorra – susurro rozando sus labios con los míos.

- Si – admití – pero soy tu zorra – él me dio una sonrisa de mil voltios y tomo mis labios en los suyos, el beso era delicado y lleno de pasión. Comencé acariciar sus labios mientras mi lengua se adentraba en su boca. Envolví mis brazos en su cuello. Sentí sus manos apretar mi trasero y por instinto brinqué y envolví mis piernas en sus caderas. Sentí su dureza otra vez y sonreí sobre su boca. El me apoyo en el borde y gemí al sentir la frialdad de esta contra mi trasero. Se alejó ligeramente de mí sin dejar de mirarme. Luego miro a su polla, yo también lo hice. Comenzó a pasar su polla por mi sexo, acariciando mi clítoris y mis labios. Me penetro solo con la punta y luego volvió hacer lo mismo. Cada vez me penetraba más profundo y yo me contraía no queriendo que saliese. Hasta que por fin me penetro de una sola estocada y comenzó las embestidas constantemente, cada vez aumentando más su ritmo.

Sus manos apretaban mi trasero, mientras yo no dejaba de aruñar su espalda. Mis tetas no dejaban de brincar y rozar su pecho mientras él me daba mordida en los hombros.

Sus embestidas eran rápidas y duras y ¡joder! Que rico se sentía, podía sentir su polla casi llegando a mi estómago, abrí mis ojos y me encontré con la vista más placentera del mundo, en el espejo de mi tocador nos reflejábamos, tome cada ángulo de mi esposo y de cómo me la metía, sus piernas se flexionaban como cada musculo de su cuerpo se movía a él hacer cualquier trabajo en mi cuerpo, Aquello me excito más y apreté más su agarre contra mí. El cosquilleo en mi vientre comenzó a golpear. El soltó mis nalgas, alejo su torso de mí y me siguió penetrando mientras sus ojos lujuriosos me miraban. Sus manos volaron a mis tetas y me las comenzó a jalar y apretar. Yo me arquee ante tanto placer y antes de saber que estaba pasando mi cuerpo exploto en otro orgasmo mejor que cualquiera que me haya dado él en el día de hoy. La cama se vio manchada como mis flujos caían como corrientes de aguas, Peeta me penetro dos veces y la calidez de su semen envolvió mi cuerpo, él enterró la cabeza en el hueco de mi cuello y dejo llevarse por el dulce placer de su orgasmo.

Su cuerpo se relajó y él se alejó de mí sonriendo, habían pasado varios días desde que había visto esa sonrisa. Peeta me bajo en el borde y me hecho en la cama acostándose junto a mí, mi cuerpo estaba en el dolor, pero era un buen dolor, mire por la ventana y la lluvia cubría el paisaje y aunque afuera era frio mi cuerpo estaba cálido como un día de verano.

- Eres perfecta – Peeta dijo besando mi espalda, yo sonreí, me encantaba la intimidad con mi esposo, creo que es algo de lo que jamás me cansare.

- Te amo – dije sintiendo la necesidad de que él lo escuchar.

- Lo sé – el continúo besando mi espalda y yo me estremecía con cada beso, nos quedamos en silencio un momento cuando de repente algo se me vino a la mente, volviéndome a él y mirando a sus ojos hablé – sabes… - comencé – cuando tengamos nuestros hijos, no podremos ser tan impulsivos – los besos que estaba dando a mis pechos se detuvieron.

- ¿Por qué? – él tomo una posición cómoda sobre su brazo.

- Porque no debe ser lindo ver a tus padres haciéndolos como conejo por toda la casa – los dos nos reímos de esa imagen.

- No, no podemos – Peeta reconoció – pero no renunciaré a tener sexo fabuloso con mi esposa, siempre podemos escaparnos - aunque los tonos de sus palabras eran divertidas, sabía que no era un chiste. Volvimos a quedar en silencio y luego él fue quien lo rompió – quiero muchos hijos contigo Katniss

- Yo también Peeta.

- Pero… - él dijo y yo fruncí mi seño.

- ¿Pero qué? –pregunte.

- Pensé que tenías un pero – él dijo un poco confundido, yo en cambio sonreí y puse mi cuerpo sobre el suyo.

- Si tuviera un pero, estaría en control de natalidad – él me miro por un segundo procesando mis palabras, le tomo un poco de tiempo entenderlas, pero cuando lo hizo sus ojos se abrieron.

- ¿Cómo? – Pregunto - ¿tú no estás tomando ningún método? – Negué con la cabeza mordiéndome el labio - ¿eso significa que en cualquier momento podemos…? – No termino de decir la frase, pero yo sabía a lo que se refería asentí con la cabeza - ¡Oh por Dios! – Exclamo con una sonrisa en su rostro, Peeta estaba dichoso pues él sabía que al yo no estar tomando la píldora era por que llego el momento de crear nuestra familia – Dios te amo tanto – sus labios se estrellaron con los míos y yo le devolví el beso entre sonrisas.

Sé que no era sabio dejar de tomar la píldora en un tiempo como este, pero creo que llego el momento en que Peeta y yo creáramos nuestra propia familia, y si en algún momento pensaba que era una mala decisión solo me bastaba con mirar a sus ojos y allí encontraría todo el amor del mundo. Quería tener mi pequeño milagro y quería que él o ella tuvieran los mismos ojos que amo cada día al despertar. Nuestro cuerpo reclamo descanso y se lo dimos, pero no antes de besarnos y de repetirnos el uno al otro cuanto nos amábamos.


Bueno les dejo otro capitulo como compensación de la falta de actualización, tratare de actualizar lo mas pronto posible.

No se olviden de dejarme algún review.

Hasta la proxima