Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.
Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.
AU (Universo Alterno). Espero les guste.
Recuperándote
Capítulo 20.-
(19 de marzo de 2016)
Sus manos son como el más rico néctar que se desliza por mi piel, donde su tacto me toca deja un punto ardiendo y la piel erizada. Cada toque, cada caricia me hacía volar a lo más alto y cada vez que él se enterraba en mi cuerpo me llenaba de sensaciones que aún no era capaz de describir…
- … te amo – él repetía una y otra vez mientras adoraba mi cuerpo con el pasar de la noche, sus labios siempre acariciaron cada espacio de mi piel y sus manos eran gentiles conmigo, su respiración me envolvía como una manta caliente y el latido de su corazón era dulce melodía para mis oídos.
Su cuerpo envolvía el mío como una dulce manta y mientras afuera caía una tormenta y la temperatura descendió varios grados, mi cuerpo estaba en llamas como gotas de sudor cubrían cada pulgada de mí… la sensación de sentirlo salir y entrar de mi era algo exquisito y el placer al que tenía sometido a mi cuerpo era algo indescriptible…
- Tierra llamando a Katniss – una muy alegre Annie saludo sacándome de mi ensoñación cuando se sentó a mí lado trayendo dos cafés. Actualmente estábamos en la cafetería de la clínica intentándonos poner un poco al día con nuestras vidas. Cuando ella tenía totalmente mi atención señalo divertida – por tu rostro deduzco que pasaste una muy buena noche – ella levanto sus cejas dando a conocer su punto.
- Puede ser – dije aun con la sonrisa en mi rostro y arrebatándole el café de sus manos. Di un sorbo y di la bienvenida de cafeína que este trajo a mí cuerpo.
- ¿Habrá algo de contar? – Annie siempre fue curiosa y más a lo que mi vida sexual se refiere. Ella siempre pensó que Peeta era un Dios y que todo lo que él hacía lo hacía perfecto, ella tenía razón en algo, él era un Dios y sobre todo en la cama.
- ¿Qué quieres saber? – conteste su pregunta con otra, ella rodo sus ojos y dándome una mirada traviesa comento.
- Todo – dijo – que tal si empezamos por la parte de ¿Por qué has faltado el día de ayer? Y más importante aún ¿Por qué estas usando un pañuelo con ese traje? – solté una carcajada, a Annie no se le escapaba ninguna y eso era algo muy frustrante a veces.
- Bueno – comencé – para responder tu primera pregunta, no vine él día de ayer por que Peeta no me dejo salir de la cama todo el día. – dije, ella se quedó mirando con los ojos brillosos y espero a que respondiera la segunda pregunta, solté un suspiro y me quite el pañuelo, sus ojos se fueron a mi cuello y estos se abrieron tan grandes que pensé que se saldrían de sus orbitas.
- Pero ¿qué te ha pasado? ¿Acaso Peeta ya se cree vampiro? – solté una carcajada cuando las palabras salieron de su boca. Ella toco mi cuello y las pequeñas marcas de amor que tenía por todo el, si mentir podían contar como 15.
- No, no lo es – dije como me coloque nuevamente el pañuelo – si eso te asombro deberías ver el resto de mi cuerpo. Digamos que a Peeta le gusta marcar su territorio.
- Valla chica, pero sí que lo sabe hacer bien – comento causándonos reír a las dos – pero enserio quiero los detalles jugosos, con puntos y comas – Annie se puso cómoda dándome a entender que no saldrían de esta cafetería hasta que le contara los detalles jugosos. Resople como me di cuenta de que ella no lo dejaría pasar fácilmente.
- Digamos que Peeta ayer estaba un poco insaciable y lo hicimos de todas las maneras posibles - me mordí el labio y Annie solo dejo salir un chillido emocionado.
- Detalles, detalles – me rendí y le conté todo.
- Dios Annie, era tan delicioso, ese hombre sabe cómo hacerme volver loca, por no hablar que me ha dado el mejor sexo oral de la vida – suspiré cuando recordé sus labios en mi parte más intimida – y Dios cuando él está al mando me maneja como una muñeca de trapo y sabe cómo llevarme hasta el éxtasis.
- ¡Dios! te envidio tanto – Annie exclamó con un poco de celos, yo por mi parte sonreí como recordé que tengo un inglés del sexo como esposo.
- ¿Acaso Ricitos no te complace cómo quieres?
- Lo hace – ella frunce su ceño por un momento y tomando una mirada hacia su alrededor se inclina un poco solo para que yo pudiera escucharla – es solo que él nunca toma el dominio, siempre soy yo la atrevida en la relación – ella se mordió el labio como tratando de acomodar las ideas, cuando logro hacerlo lo que salió de su boca me tomo por sorpresa – el otro día salimos a la ciudad y entramos en un club, yo no sabía al principio pero después de estar allí me di cuenta de que era un bar swinger, Finnick al ver esto se puso pálido, más de lo que es y quería salir de allí pero lo convencí para que nos quedáramos un poco más…
- Annie ¿tú no has intentado cambiar pa…? - me detuve cuando sus ojos se abrieron en el horror cuando ella callo en cuenta de lo que estaba tratando de preguntar.
- ¡QUE! Por supuesto que no – ella tomo un respiro y continúo con su historia – él accedió y nos quedamos, el gerente del lugar nos preguntó que si éramos nuevos y respondimos que sí, él al ver esto nos ofreció ver, al principio no sabíamos de qué se trataba pero igual aceptamos, él nos condujo por varios cuartos y nos hizo pasar a una sala, al principio esta era muy oscura y Finnick y yo no sabíamos que estaba pasando hasta que el gerente cerro las puertas y un tramo de cortinas se abrió, al principio todo estaba muy oscuro pero luego el vidrio se volvió claro como el agua y vimos que delante de nosotros era una habitación – ella se detuvo y un color carmesí tiño sus mejillas – la habitación era cubierta de espejos y totalmente limpia a excepción de la cama que había en el centro, al principio no entendíamos que hacíamos allí pero luego de tres segundos las puertas se abrieron y una mujer morena ingreso con dos hombres – por mi cara se dibujó una sonrisa pícara al descubrir a donde se dirigía esta historia – los hombres la miraban como si fuera una diosa que en realidad era, era una mujer muy hermosa y al pensarlo bien era muy parecida a ti solo que un poco más alta que tú, en fin, los hombres comenzaron a desnudarla y darle placer – sus mejillas cada vez eran más rojas – y ella les daba placer, Finnick y yo veíamos todo como si fuera un peli porno, pero la diferencia era que esto eran en vivo. Ella disfrutaba de cada toque, de cada beso, pensé que no pasaría de ahí pero después de un tiempo los hombres se desvistieron y ella comenzó a darle placer a los dos a la vez, ella se dejó… - Annie se detuvo por un momento y yo me confundí, ella parecía no encontrar las palabras.
- ¿Ella se dejó que Annie? – pregunte animándola a que continuara.
- Ella se dejó… sabes… que ambos hombres la… - nuevamente se detuvo, tomé sus palabras y cuando entendí lo que eran solté unas carcajadas.
- Ella dejo que le dieran una doble penetración – dije como si fuera lo más obvio y normal del mundo.
- Si – Annie admitió, sus mejillas en este punto ardían y ella tenía calor - ¿Cómo puedes decirlo sin vergüenza? – me encogí de hombros y respondí.
- Primero porque soy doctor y he visto muchas cosas o por lo menos escuchado y segundo porque Peeta y yo siempre hemos sido abiertos con nuestra sexualidad y lo que tú has experimentado nosotros ya lo habíamos hecho – sus ojos se abrieron aún más.
- ¿Cómo? ¿Tú y él han intercambiado pareja?
- Sabes muy bien que no, de hecho, si mal no recuerdo estamos en esta situación porque él me fue infiel – ella me dio una sonrisa de disculpa, pero no dijo nada dejándome continuar con mi historia – un día fuimos a un bar, pero era en Londres, entramos y presenciamos lo mismo que tu solo que eran 6 personas, dos mujeres y cuatro hombres, en la habitación había dos camas y cada mujer tenía sus dos hombres.
- ¿Y cómo te has sentido? O más bien ¿Cómo se sintió Peeta?
- Al principio fue incomodo, pero después de ver un poco fue como tu dijiste, era como presenciar una película porno y terminamos haciéndolo en el cuarto oscuro.
- Que descarada eres – Annie soltó unas carcajadas.
- Hey sabes que eso no es verdad. Además, lo hice con mi esposo así que no es un pecado, pero volviendo a la cuestión actual ¿Cómo terminaron las cosas para ustedes dos? – su risa se desapareció y sus mejillas se volvieron a teñir de carmesí.
- Después de ver eso me excite mucho y para decir la verdad medio una pena inmensa, porque pensaba que Finnick que pensara de mí, pero cuando me voltee a verle él estaba duro como una tabla – fruncí el ceño, la verdad que a diferencia de Annie a mí no me importaba su vida sexual. Ella ignoro mi cara y continuo – no pasó nada, y después de que el trio de amantes terminara salimos y fuimos a casa, pero antes de llegar Finnick paro en una calle y me follo como nunca – tape mis oídos, esto era demasiada información.
- ¿Entonces por qué dices que él no es atrevido? Por así decirlo – pregunte no entendiendo el punto.
- Porque antes de ese día él no era atrevido, ni siquiera me tocaba en público más allá de tomar mi mano, y no me gusta saber que perdió la razón solo por haber visto esa escena, digo fue erótico y todo pero me gustaría que siempre fuera así, no solo cuando tuviera momentos de calentura – no podía decir que lo sentía por que ciertamente no era verdad, Peeta y yo en nuestra vida privada éramos muy sucios por lo cual nunca había estado en los zapatos de Annie, sin embargo tome su mano tratando de trasmitir todo el consuelo que pude y como mejor amiga que era la aconseje.
- Annie pues debes de hablar con él, decirle todo esto que me dices a mí y llegar a una conclusión juntos y aparte de todo debes dejar de ser tan mojigata y debes aprender de hablar sin miedo, ¡por todos los cielos! Eres un médico ¿cómo es que te da vergüenza decir penetración? – Negué con la cabeza antes de continuar – puede ser que él ve tu timidez y por eso es que él no va más allá de lo básico y sé que me has dicho que eres la atrevida, pero conociéndote cómo te conozco sé que no has probado otra posición más allá que la del misionero, eso no es ser atrevido Annie.
- ¿Entonces que lo es Katniss? – ella pregunto con un poco de desespero en su voz.
- Annie primero que todo no darte vergüenza la palabra ''penetración'' y luego saber jugar con tu pareja y experimentar, no solo en el cuarto o en su casa, donde sea y la hora que quieran, el sexo no puede ser planeado, saber que hay cosas que ayudan a estar en la intimidad, existen juegos sexuales que créeme son muy placentero, pero lo más importan es que debes hacerle ver a Finnick que te excita que él te toque más allá de tomar tu mano en público, debes hacerle notar que su vida sexual puede ser más extensa que solo limitarse al dormitorio – termine mi discurso y estaba bastante orgullosa de él, a veces creía que en otra vida fui psicóloga o algo así.
- No se Katniss, no soy tan liberal como tú y tu Dios del sexo – sonreía al apodo que le tenía a Peeta.
- Annie yo solo te doy las ideas a una solución temprana ya está en ti ponerlas en práctica – mire el reloj y vi que era 5 minutos tarde para mi citas – mira piénsalo y háblalo con él, y luego me comentas – me levante tomando mis cosas y besando su mejilla me despedí pero antes de irme le recordé – no tengas miedo a experimentar, nadie te va a juzgar por tener sexo sucio en cualquier sitio con tu esposo, esa es la idea de que sean nuestros esposos hacerlo cuando queramos y a la hora que queramos, tampoco tengas miedo de probar nuevas técnicas con él al fin y acabo es para el placer de ambos – ella asintió pero un poco perdida en sus pensamientos, sonreí negando con la cabeza. Annie siempre sería una puritana.
Caminando por el pasillo me encontré con que el día de hoy era suave y un poco tenue, algo raro para un hospital, pero amaba los días así, soy de las personas que piensa que es muy triste cuando hay enfermos, sé que soy médico, pero no por eso significa que me gusta ver familias tristes o dar malas noticias. Mire a mi alrededor y sentí un poco de nostalgia al mudarme echaría esto de menos, pero sé que era un bien para mí y mi futuro con mi esposo.
Camine por recepción y mi día se vio oscurecido, en toda la entrada de este estaba mi peor pesadilla, a veces creo que era mejor encontrarme con la muerte que con esta mujer, parada en la mitad del vestíbulo usando un traje elegante y unos tacones bajos estaba el mismo satanás.
- Alma – dije, ella se volvió a mi voz y me dedico una sonrisa dulce, si, nada que ver con la sonrisa manipuladora de las otras veces.
- Buenas tardes Katniss – ella asintió con la cabeza, miré su atuendo y vi que su vestido era un poco más suelto en su zona abdominal.
- ¿Puedo ayudarte con algo? – pregunte educada, algo en su mirada me decía que ella no estaba aquí para tener un problema.
- No, pero gracias – nuevamente me dedico una sonrisa dulce, no entendía que le pasaba a esta mujer – pero me gustaría que pudiéramos hablar.
- ¿De qué? – pregunte no muy segura de querer saber de qué se trataba todo esto.
- Peeta – dijo como si fuera obvio.
- No me interesa lo que tengas que decir – me apresuré a responder, pensé que se enojaría, pero en su lugar ella asintió con la cabeza.
- Entiendo, pero esto ya no se trata de lo que paso, se trata de lo que fue y de que tienes derecho a saber toda la historia.
- ¿Por qué crees que estoy interesada?
- Porque toda mujer quiere saber la historia detrás de por qué su marido le fue infiel – no dije nada, no tenía por qué, ella vio mi silencio y continúo hablando – mira no estoy aquí para amargarte la vida ya lo he hecho mucho durante un tiempo, solo estoy aquí porque quiero que sepas quien es en realidad Peeta.
- ¿Crees que no conozco a mi esposo? – pregunte un poco más brusco de lo normal.
- Sé que si lo conoces Katniss, pero hay una parte de él que no lo haces, y creo que debes conocer, debes ver la fase de tu esposo que nadie aparte de mi ha visto – Alma suavizo su vestido y luego procedió a buscar algo en su cartera, cuando lo encontró lo saco y me lo entrego – no te pido que seas mi mejor amiga pero sí que me escuches, déjame contarte la historia ya que al parecer Peeta no lo ha hecho y luego tú decides que camino escoger – ella paso por mi lado y me volvió a sonreír amablemente.
- ¿Qué ganas tú con todo esto? – pregunte no entendiendo el punto.
- Nada o mucho no lo sé, pero llego la hora de que piense no solo en mi – ella toco su estómago con cariño – todo se reduce a la verdad Katniss, yo sé que me odias y posiblemente lo hagas por el resto de tus días pero como has dejado a tu esposo explicar espero que me dejes a mí, después de todo no soy la única culpable aquí, como doctora sabes que las historias siempre tienen dos puntos de vista y no has escuchado el mío y antes de que lo mal pienses no busco que dejes a Peeta, a pesar de lo que tengo que decir sé que él te ama – ella se calló un momento y parecía melancólica – él te ama más que a nada en el mundo – ella volvió su atención a mi borrando la melancolía de sus ojos – pero no por eso es perfecto y no por eso dejo de cometer el error que hizo, como dije solo quiero que me escuches y luego la decisión es tuya – no dije nada y ella lo tomo como un adiós, paso por mi lado pero antes de que pudiera salir de mi vista llame por su nombre y pregunte.
- ¿Qué pasa con él bebe? – ella acaricio su estómago aun plano y me dijo.
- Cuando decidas escucharme te contare la historia que hay detrás de este ángel – y con eso se marchó dejándome parada en la mitad de la clínica con un papel en la mano, lo desenvolví y vi que era su número de teléfono, no sé por qué, pero no lo bote, en cambio de eso lo metí en mi bata de hospital y decidí ignorar sus palabras, aunque una parte de mi quedo curioso a lo que fuera que Alma tendría que decir.
Mi día a partir de la visita de Alma trascurrió normal y rápido, sus palabras aun estabas presenté, pero ya no tanto como el momento en que las dijo, antes de darme cuenta era la hora de salir, tome mis cosas y me quite la bata dejándola limpiamente colgada en su perchero. Tomé mi bolso y las llaves del auto y decidí salir. La doctora de turno recibió los pacientes que pasarían la noche y con una sonrisa dulce me despidió.
Afuera era un poco frio, pero no era para menos, después de la tormenta de la noche anterior no era raro que esta noche también fuera fría. Estaba a punto de caminar a mi auto que estaba al otro lado de la calle cuando una Harley Davidson freno a mis pies, no reconocí al hombre ya que estaba vestido de cuero y con botas de combate, tenía un casco color negro y lente opaco. Mis entrañas me gritaban correr, tenía miedo, pero mierda ¿Quién no lo tendría? Estoy parada en una calle solitaria y hay un extraño en una moto que luce como un asesino, si, cualquier ser humano estaría asustado.
- ¿Puedo ayudarle? – pregunté con la voz más fuerte que pude.
- Claro señora – él hombre respondió con voz ronca – ¿me preguntaba si le gustaría dar un paseo conmigo? – mis manos se pusieron a sudar peor, ahora si estaba cagada del miedo.
- No creo que eso sea adecuando – obligue a mis pies a moverse y rodee la motocicleta, tenía que salir rápido de aquí.
- No tan rápido – el hombre tomo mi muñeca, y una corriente electica paso por mi cuerpo, volví mi mirada al hombre que se estaba quitando su casco, cuando rebelo su identidad alivio cruzo mi cara.
- ¡Peeta! – Exclame alegre pero luego recordé el susto que me acaba de dar así que golpee la parte trasera de su cabeza - ¿en qué demonios estabas pensando? Casi me matas de un susto, pensé que eras un secuestrador o un asesino en serie. – él soltó una carcajada y me atrajo por la cintura.
- Creo que sería un asesino muy sexi – su comentario nos causó reír a los dos. Mire su atuendo y luego la motocicleta.
- ¿De dónde has sacado esta belleza?
- La compre – dijo aun sosteniéndome por la cintura y besando mi cuello. - ¿te gusta? – pregunto una vez que me soltó para poder mirarme.
- Es hermosa, ¿pero por qué comprar una motocicleta? Ya no tienes 18 como para que andes en estas cosas, además llevas mucho sin conducir puedes caerte – reprendí en modo de juego, Peeta siempre quiso una motocicleta y en nuestros años de universidad habíamos tenido experiencias con más de una
- ¿Me acabas de llamar viejo Sra. Mellark? – el pregunto fingiendo enojo.
- Puede ser – admití sonriendo.
- ¿Qué me dices de un paseo? – él pregunto pasándome un casco idéntico al suyo vi que un extremo el mío tenía el logotipo de FOX en letras rosadas.
- No puedo, ¿Cómo piensas que montare en esa cosa vestida así? – señale mi atuendo y el me miro por un segundo entendiendo el punto.
- Sabias que dirías eso por lo cual te traje esto – el me paso una bolsa de lona – cámbiate en tu auto – entrecerré los ojos hacia él, pero igual lo hice.
Entre en mi auto y cambie mis ropas, el traje que Peeta había traído era igual que el de él, todo era echo en cuero y tenía un gran escote en mi pecho, este también tenía botas de combate, pero con un poco de tacón, recogí mi cabello en una cola de caballo y guarde lo demás, si alguien me viera ahora no diría que soy una de las personas más prestigiosas de esta ciudad. Salí del auto y lo bloquee al parecer pasaría la noche aquí, camine hasta donde Peeta y este al verme dejo salir un gruñido de su garganta.
- Dios eres demasiado bueno para ser verdad – el tomo mis labios en los suyos y los devoro.
- Me puedes decir ¿Por qué mi traje me hace ver cómo Gatubela? – pregunte mirando mi atuendo.
- Porque ese era el plan – él dijo, pasando la yema de su dedo por el sendero entre mis pechos, él me atrajo a él y susurro en mi oído – tendremos mucha diversión a la hora de quitártelo – mi cuerpo se erizo como sentí su aliento tan cerca de mí – ahora vamos – Peeta encendió la moto y yo me puse el casco, me monte detrás de él y me agarre con fuerza. La moto rugió bajo nosotros como el salió y nos llevó hacia la noche.
Peeta nos llevó hacia las afuera de la ciudad y se adentró en los bosques, aunque la noche era fría la luna se veía en su más glorioso estado, todo el tiempo yo me agarre de él mientras él conducía sin miedo y a alta velocidad, nunca me imaginé volver a montarme en una cosa de estas y menos con Peeta pero como siempre él sabía cómo sorprenderme. Condujo por el laxo de una hora hasta que llegamos a lo que parece ser el fin de un acantilado, el aparco entre unos árboles y me ayudo a bajar.
- ¿Qué hacemos aquí? – pregunte cuando mire a mi alrededor, vi que había otras personas y carros de comida ambulantes.
- ¿No lo reconoces? – él pregunto un poco decepcionado, mire el lugar antes de responder, todo era lleno de árboles y desde aquí podía ver la ciudad. Un hermoso recuerdo me llego a la mente.
- ¿Dónde estamos? - pregunte a mi novio cuando me baje de su auto, estábamos actualmente visitando a su familia, pero decidimos tener una noche para los dos.
- Es un lugar al que utilizo para venir mucho – él dijo mientras me tomo en sus brazos – es mi lugar favorito, aquí vengo a pensar o simplemente a observar la ciudad o las estrellas, es mi escondite – el termino mirando hacia la gran ciudad que se extendían ante nuestros pies.
- Es hermoso - dije mientras miraba el lugar, el sol se estaba escondiendo entre las montañas dando paso a la noche, salí del agarre de Peeta y caminé hasta la baranda del acantilado, la ciudad era hermosa, todo era hermoso. – Quisiera poder contemplar esta vista toda mi vida, contigo – añadí tímidamente.
- A mí también – él dijo, pero no hizo nada para alcanzarme, yo observe más la ciudad mientras el hablo – me encantaría poder apreciar esta vista cada día de mi vida por el resto de nuestras vidas, me gustaría poder despertar a tu lado cada mañana y besarte cada noche al irnos a dormir, me encantaría llegar a casa y encontrarme con tu hermosa sonrisa y tus dulces besos… - él se detuvo un momento y yo me voltee para encontrarme con algo que nunca pensé ver. Peeta, mi novio estaba sobre una rodilla mostrando un anillo de compromiso en su mano – por eso hoy aquí, frente a este atardecer te pido que seas mi esposa, para ver este y muchos atardeceres más, para amar tu rostro cada mañana y ante todo para sostener tu mano hasta el fin de nuestros días – mis ojos se opacaron por las lágrimas, no podía creer que Peeta, él hombre del que estaba perdidamente enamorada me haya acabado de pedir matrimonio. Me arrodillé junto a él puse una mano en su mejilla y con voz temblorosa respondí.
- Me encantaría ser tu esposa Peeta – la sonrisa que me dio ese día fue el mejor regalo que me brindo frente al atardecer…
- Aquí me propusiste matrimonio – me volví hacia él que tenía una sonrisa en su rostro – aquí fue donde accedimos a compartir nuestras vidas juntos para toda la eternidad. – Peeta camino hasta mí y me tomo en sus brazos.
- Y hoy te traigo aquí porque quiero jurarte bajo la misma luna que te jure hace 5 años que pienso cumplir mis promesas, que te prometo que te hare la mujer más feliz del mundo y que no habrá día en el que pase que no te diga cuanto te amo – sonreí tímidamente cuando el beso mis labios, nunca pensé volver a este sitio pero al parecer la vida nos trajo de nuevo – eres la mujer más especial que pude haber conocido y te prometo que las cosas será como el cuento de hadas que deseas.
- No quiero un cuento de hadas, quiero algo real.
- Y lo tendrás – él afirmo – tendrás todo lo que deseas y me encargare de ello, me encargare cada mañana de besarte y de abrazarte, me encargare cada día de decirte que te amo, pero sobre todo me encargare cada día de hacerte feliz, porque tu felicidad es la mía – una lagrima salió de mi ojo las cuales él se encargó de quitármelas con sus labios, tal vez después de todo los deseos si se cumple, después de todo mi historia si tenga un final feliz.
Miramos la noche en todo su esplendor y Peeta nunca me dejo ir, la noche se pintó de negro pero con pequeños brillos en ella, pensé en todo lo que ha cambiado y en la forma que hemos madurado, después de todo la terapia no era la solución, después de todo la única solución fue volver a encontrarnos unos a otros, la herida está abierta pero no tanto como semanas atrás, mire la ciudad que estaba a mis pies y me sentí temerosa por su enormidad pero luego sentí dos conjuntos de manos que me sostienen y me protegen, y eso era lo que quería sentir toda la vida, quería sentirme protegida bajo los brazos de mi esposo.
Disculpen la demora... Ayer no hubo energía, por lo tanto no hubo Wifi y tapoco tenia datos... Recien voy llegando de trabajar y lo primero que quize hacer es subir el capitulo... Espero lo disfruten.
Espero sus comentarios. Hasta pronto
