Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.

Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.

AU (Universo Alterno). Espero les guste.


Recuperándote

Capítulo 21.-

(20 de marzo de 2016)

Su toque era como mil mariposas revoloteando en mi piel, su aliento hacia que hasta el más diminuto cabello se me erizara, sus besos eran suaves pero calientes, no había parte de mi cuerpo que no haya sido adorado esta noche, mi hombre se había encargado de ello…

- Eres hermosa – mi amante no se cansaba de murmurar una y otra vez en mi oído – me muero por hacerte mía – yo gemí por la anticipación y la necesidad de tenerlo.

- Entonces hazme tuya – dije con la intención de que él sedería y me haría suya en este preciso lugar. Peeta continúo besando mi cuello y sus manos exploraron cada curva de mi cuerpo.

- Hay demasiada gente en este lugar – su voz era gruesa haciendo su acento más espeso de lo que era.

- No me importa – y era verdad, mi cuerpo lo ansiaba, cada gota de él la quería en mi interior, quería sus caricias, sus manos por toda mi piel desnuda y su querido amigo enterrado en lo más profundo de mí.

Peeta me volteo y reclamo mis labios en los suyos, primero paso su lengua por mi labio y luego dio un mordisquito causándome una descarga de electricidad por mi columna vertebral, no tomando ninguna burla enredé mis manos en su cuello y devoré su boca, él gimió por la agresividad, pero pronto se unió a mí, su boca era cálida y húmeda y tuve el placer de saborear cada rincón.

- Te necesito – musite en sus labios, mi voz salió con urgencia y necesidad y no me daba vergüenza, necesitaba a mi esposo.

Peeta no dijo nada, él en cambio tomo mis piernas y las envolvió alrededor de su cintura y comenzó a caminar por el bosque, con cada paso que daba el ruido de la gente disminuía en gran cantidad. No abrí mis ojos, la verdad no estaba interesada en donde estuviéramos, al contrario, quería estar lo más lejos posibles para que mi esposo pudiera hacer con mi cuerpo lo que a él le placiera.

Llegamos a un punto donde lo único que se escuchaba era el cantar de los grillos y el soplar de los vientos. Mi espalda choca contra un gran roble y deje salir un gemido de dolor, pero Peeta rápido volvió a calmarlo con sus labios. Sus manos exploraron cada parte de mi cuerpo y cuando llegaron al cierre de mi blusa él la bajo con despacio, tan despacio que estaba empezando a frustarme.

- Tan perfecta – él dijo mirando a mi pecho desnudo, mis senos se pusieron duros por el frio de la noche, Peeta rozo su mano sobre mis pezones dejándolos más erectos que antes, la delicadeza de su tacto solo sirvió para encenderme más.

- Peeta, por favor – mendigué por su toque, rogué por su calor.

- ¿Qué quieres Kat?

- A ti. Por favor.

- ¿Dime que quieres de mí? – él estaba jugando aun con mis pezones, una sonrisa maliciosa adornaba sus labios, sus ojos tenía un brillo travieso que hizo húmedas mis bragas.

- Quiero todo de ti – musite sin aliento.

- Debes de ser más específica Katniss – un rubor subió por mis mejillas cuando me di cuenta de lo que era su juego. Peeta quería que rogara por él, él quería que mendigara por su toque y más aún él quería que le digiera las cosas sucias que quería que me hiciera. No es que fuera penosa ni nada, ni menos tratándose de mi marido, pero no pude evitar sonrojarme. Mire a sus ojos y ellos eran más negros que la propia noche, tome una inhalación profunda y lamiéndome los labios entre en su juego.

- Quiero que me desnudes completa – comencé – y luego de tenerme desnuda, quiero que tu deliciosa boca chupe todo mi coño húmedo – de sus labios salió un gruñido – y luego de que me des el mejor orgasmo, quiero tu deliciosa polla enterrada en lo profundo de mi ser – lo acerque a mí hasta que mi boca quedo en su oído – quiero que me folles tan duro que todo el mundo en este bosque se dé cuenta de lo delicioso que me la estoy pasando – él cuerpo de Peeta se presionó más duro con él mío causándome estremecerme un poco.

- Tus deseos son mis órdenes señora – iba a responder, pero no pude, sus labios estaban en los míos y el comenzó a arrancar mi ropa, cuando me tenía solo en mis bragas un silbido salió de sus labios – amo cuando te pones estas – dijo pasando sus manos por la delgada tira de las tangas que tenía, en un rápido movimiento él las jalo rompiéndolas en dos – pero amo más cuando estas sin ellas.

El frio de la noche pego directamente en mi coño húmedo causándome estremecerme. Pero era un sentimiento que rápidamente desapareció cuando sus dedos comenzaron a acariciar mis pliegues, cada vez que se acercaba a mi clítoris retrocedía dejándome con ganas de más. Con mis caderas me impulse y trate de buscar su bulto para mayor fricción, pero como siempre Peeta no me estaba dando nada de eso.

- Aun no pequeña – él picoteo mis labios y sobre ellos murmuro – aún tengo que degustarte – sus palabras me hicieron mojar con anticipación.

Peeta puso mis pies sobre la hierba y se arrodillo quedando a la altura de mi coño, su nariz respiro sobre mi clítoris haciéndome estremecer, eche mi cabeza hacia atrás y me prepare para lo mejor del mundo – hueles tan bien, eres mi aroma favorito en el mundo.

- Peeta no más burlas – dije, con los ojos cerrados, tenía tanta necesidad de él.

Él beso mi monte de venus y bajo con su lengua hasta mi clítoris, cuando su punta toco mi manojo de nervios un grito salió de mis labios, el placer que recorrió mi cuerpo fue algo exquisito e indescriptible. Peeta fiel a su palabra me dio el mejor sexo oral. Su lengua chupo y mordió todos los lugares correctos, sus dedos se unieron a su lengua y juntos se movían a un ritmo placentero. Las cosas que su lengua podía hacer eran dignas de un Dios.

- Sabes delicioso – el musito aun con su boca en mi coño, el resonar de sus palabras fueron mi fin como explote en una sensación maravillosa, una sensación que va más allá del placer que cualquier persona puede experimentar. Mis piernas cedieron, pero rápidamente mi esposo me tomo por la cintura y me mantuvo estable.

- Ahora mi señora te follare hasta que todo el mundo te escuche – sus palabras me hicieron humedecer de nuevo y aunque parezca imposible mi cuerpo estaba reclamando nuevamente el placer de este hombre, mi cuerpo estaba listo para dejarse amar.

Sentí el sonido de su bragueta y antes de darme cuenta mis pies estaban alrededor de su cintura, la punta de su pene tocaba mi coño y el con su mano lo pasaba de arriba abajo lubricándose a sí mismo. Él me pego más al árbol y raspo mi espalda en el proceso, estoy segura de que mañana estaría llena de rasguños que la madera dejo, pero en este momento ese era de mis últimos pensamientos.

Peeta metió su punta y retrocedió, cada vez que lo hacía me sentía más mojada y frustrada, llena de deseo tomé su polla en mis manos y con un movimiento brusco me la metí toda hasta que sus bolas tocaron mi coño. Él gimió por la agresividad.

- Tan apretada – era algo que a él le encantaba, cada vez que teníamos sexo él se maravillaba que aún seguía siendo apretada como el primer día. Me agarre de sus brazos y el flexiono un poco las piernas para quedar más a mi altura, cuando encontró el punto perfecto comenzó a penetrarme, solo que esta vez no fue lento si no al contrario con cada golpe que recibía duros gritos salían de mi boca, la tenía tan adentro que la podía sentir en mi estómago.

Nuestros gritos eran tan altos que silenciamos los sonidos naturales de la noche, Peeta no era uno de hacer ruido, pero esta vez ruidosos gruñidos salían de su garganta que eran ahogados por los míos. Él enterró su cabeza en el hueco de mi cuello y mantuvo el ritmo, rápidamente mi orgasmo comenzó a volver y la prueba de ello eran que mis gemidos habían aumentado de nivel, el bajo la mano entre nosotros y comenzó a jugar con mi clítoris y así fue como vine nuevamente bañando su polla con mis fluidos y él no se quedó atrás con dos golpes más sentí como largos y espesos chorros de semen llenaban mi interior haciéndome sentir llena.

No nos separamos al contrario el me abrazo más a su cuerpo y beso cada espacio de mi piel a la cual tuviera acceso, yo no quería que me soltara, cuando estábamos así me sentía como que podía afrontar cualquier cosa, como si él mundo se pudiera acabar y sería feliz, en otras palabras, me sentía completa…

- ¿En qué tanto piensas? – mi esposo me saco de mi ensoñación de la noche anterior.

- En la noche de ayer – una sonrisa se dibujó en su rostro cuando el beso mi hombro desnudo.

- ¿Te duele? – el toco mi espalda donde tenía varios cortes por las astillas de la madera del árbol.

- Solo un poco – me volví a donde él y bese sus labios – nada que una pomada no cure – me puse mi bata nuevamente y fui a buscar mi traje.

Peeta se apoyó elegantemente en la puerta de nuestro closet y observo como me vestía, él tomo cada movimiento con concentración, hace años atrás me hubiera sentido cohibía y avergonzada pero esta vez no, Peeta me había enseñado a amarme a mí misma y cuando tenía inseguridades solo me bastaba ver a sus ojos o para una mejor opción su polla.

Me decidí usar unos pantalones elegantes con una blusa de seda blanca y tacones de punta de color blanco, mi cabello lo recogí en una elegante moña y mi maquillaje como siempre fue natural, en todo el tiempo en que me organicé nadie dijo ni una sola palabra y no había porque, eso era algo que resaltar de nuestro matrimonio y es que no teníamos que hablar para llenar el silencio, siempre estábamos a gusto entre nosotros. Cuando termine tome mi cartera y estaba lista para salir, pero antes de dar un paso mi esposo me tomo en sus brazos y me cargo al estilo nupcial.

- ¿Pero qué estás haciendo? – pregunte divertida mientras me aferraba a sus brazos.

- Cargarte hasta el umbral – me recosté en su pecho y deje que el caminara conmigo en sus brazos por toda la casa, deje que su loción inundara mis fosas nasales y guarde su olor en mi memoria. Cuando llegamos a la puerta el me bajo y beso mis labios.

- Te amo Kat - suspire como una colegiala enamorada y a decir verdad eso era lo que era, bueno no la parte de colegiala, pero si todo lo demás. Estaba perdidamente enamorada de mi esposo.

- Te amo Peeta – besé sus labios por última vez y me fui hacia mi coche.

Antes de que todo pasara amaba mi trabajo, mis compañeros y me sentía bien con lo que estaba haciendo, pero últimamente no me sentía de esa manera, cada vez me daban menos ganas de venir y más ganas de quedarme en casa con mi esposo. Cuando entré en la universidad lo hice por el simple hecho de la rebeldía. Mi madre siempre fue una de las que pensó que las mujeres debemos ser amas de casas y esperar todos los días con los brazos abiertos a nuestros esposos, siempre fui necia ante esa idea, toda mi vida pensé que las mujeres nacimos para la misma grandeza de los hombres y a veces hasta para ser mejores que ellos.

Nunca fui fiel creyente de que debíamos ser las perfectas amas de casa mientras que el hombre estaba afuera conquistando el mundo, para decir verdad siempre me dio asco la idea de ser esposa florero y tener que esperar a un cerdo con el cual tendría que acostarme y darle placer por el simple hecho de que él era el que ponía la comida en mi mesa. Por eso fui a la universidad y le demostré a mi madre de que las mujeres o por lo menos yo estábamos destinada a cosas grandes.

Y no me equivoque, logre grandes cosas y también tuve un esposo que fue lejos de ser un cerdo y medio más placer del que pudiera imaginar, pero aun así seguí con mi vida y carrera, siempre pensé que estaba completa, pero ahora veo que no es así, ahora puedo ver a que se refería mi madre de que es placentero ver llegar a tu esposo y recibirlo con una sonrisa, me gustaría poder hacer eso y poder recibir a Peeta todas las noches con la cena lista y un beso de saludo, quiero poder hacer eso y no tener que llegar cada noche y tener que comer pizza ya que ninguno de los dos tiene el ánimo para cocinar.

Quiero poder tener tiempo para mí y para mi esposo o simplemente el tiempo para sembrar un jardín, pero viendo ahora mi oficina veo que no tengo nada de eso, lo único que tengo es tiempo limitado para disfrutar de los placeres de la vida al igual que mi esposo, ambos hemos estados tan absortos en nuestros trabajos que hemos olvidado los planes iniciales, hemos olvidado las ganas de viajar por el mundo y ver más allá de los cielos, y creo que llego la hora de volver al plan inicial.

- Buenos días Katniss, ¿tienes un segundo? – Ann entro en mi oficina luciendo un poco tensa.

- Por supuesto ¿en qué puedo servirte? – ella miro a todos lados menos a mí, mi piel se erizo y me prepare para lo peor.

- Alma se ha convertido en mi paciente – fruncí mi seño, no entendiendo el punto.

- ¿Qué hay de malo con ello? Es la prima de tu esposo – señale lo obvio.

- Lo se Katniss - ella resoplo y se mordió el labio como queriendo decirme algo, pero no encontrando el valor para hacerlo.

- ¿Qué pasa Ann? Solo decirlo.

- No se supone que te diga esto, pero hoy le practique una ecografía a Alma y ella está teniendo gemelos. – mis ojos se abrieron al igual que mi boca. No sabía que decir, pues al fin aun no sabíamos si esos bebes eran de Peeta.

- No sé por qué me lo dices Ann – señale tratando de recobrar la compostura.

- Te lo digo, porque hay más detrás de ese embarazo, sabemos muy bien en el lio que esta Peeta, pero debes escuchar a Alma y tal vez sabrás la verdad detrás de esos bebes.

- ¿Cómo? ¿Acaso tu sabes quién es el padre de esos bebes? – pregunte rogando al cielo para que así fuera el caso y poder acabar con esta mierda de una vez, lastimosamente Ann negó con la cabeza y hablo.

- Ella no me lo dijo, dijo que la primera persona a quien se lo diría seria a ti, después de todo tú fuiste la lastimada por los errores suyos y de Peeta.

- Así que ella te mando a convencerme de verle - no fue una pregunta, fue una afirmación, Ann de nuevo negó.

- Sé que todos sabemos los alcances de Alma, pero hay algo más en su historia Katniss, algo que ella solo te dirá a ti, y no sé por qué, pero es algo clave para tu vida – ella se detuvo por un momento y luego hablo con voz baja pero firme - ¿acaso no te da curiosidad por saber cómo fueron las cosas? Por lo menos saber la historia desde otra perspectiva.

- ¡Por supuesto que sí! – exclame ofendida, aunque doliera me moría de ganas por saber la verdad.

- Entonces tienes las respuestas en tus manos, Peeta no ha hablado y no creo que lo haga en el corto tiempo, así que Katniss tienes dos opciones, vivir en la oscuridad por quien sabe cuánto tiempo o dejar tu orgullo y darle dos horas a Alma para que te diga cómo fueron las cosas.

- ¿Qué pasa si ella miente? – Ann se encogió de hombros y respondió.

- Eres mujer y ambas sabemos cuándo la otra miente, además luego de hablar con ella podrás enfrentar a Peeta – ella tomo mi mano y me obligo a mirarla – no puedes pretender que tu vida es un cuento de hadas por qué no lo es, aún están reconstruyendo su relación de entre las cenizas, pero para lograr hacer eso deben de empezar de cero y saber la verdad de todo, de tal manera que el día de mañana mires hacia atrás y no te arrepientas de la decisión que hayas tomado, no quiero verte en 20 años sufriendo por una verdad que nunca llego – yo no dije nada, no tenía nada que decir – mira no te puedo obligar a que lo hagas ni a que la veas, pero Alma tiene razón en algo y es que la historia tiene dos versiones y nadie a oído la de ella, creo firmemente que ella es la que le dará el cierre a toda esta pesadilla, y sobre todo ella es la pieza clave para que tomes una decisión.

- ¿Qué quieres decir? – pregunte no entendiendo el punto.

- Ambas sabemos que tienes hasta fin de mes para ver cuánto Peeta te ama, pero Katniss para eso faltan 11 Días y dime ¿él ya te ha dicho todo? – Negué con la cabeza a su pregunta – por lo mismo, ahora vives entre las rosas y chocolates porque sabes que te fue infiel, pero se arrepintió, pero ¿de verdad nunca te has preguntado qué tan lejos fue su relación? O mejor aún ¿cómo fue él con ella mientras estaban juntos? – odiaba admitirlo, pero ella tenía razón, Peeta y yo aún no habíamos tenido esa conversación.

- No sé qué hacer – dije como deje caer mi cabeza en mis manos.

- Has lo que mejor consideres, pero recuerda que la decisión que tomes es con la que cargaras el resto de tu vida – con eso mi mejor amiga se fue dejándome sola con mis pensamientos.

Por una parte, quería olvidar nuestra conversación y decir que todo es una mentira, pero la otra parte que era más racional me dijo una y otra vez que las cosas no pueden ser así. Por más que me quiera engañar y mentir a mí misma no puedo. No puedo pretender que nada paso cuando está más que claro que si lo hizo y para la prueba de ellos hay dos bebes de por medio.

E buscado la respuesta por días, pero siempre llego al punto de partida. Mi esposo me fue infiel, pero eso no es nada, él no me ha dicho como fueron las cosas, ni que paso en ese tiempo, él dijo que sería sincero, pero él no lo ha hecho, tantas incógnitas y ni una sola respuesta. Me sobe los pliegues de la cara tratando de aclarar la mente, pero por más vueltas que le daba al asunto al final llegue a la única conclusión que había. Tenía que hablar con Alma Coin.


Hola... en compensación que ayer no haber subido ningún capitulo, pues hay tienen este capitulo... Traerte de subir otro capitulo el Jueves pero no prometo nada... Cuídense