Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.

Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.

AU (Universo Alterno). Espero les guste.


Recuperándote

Capítulo 22.-

(25 de marzo de 2016)

Mire nuevamente las dos bandas de oro en mi dedo anular. Eran tan hermosas, tan delicadas que me dolía tenérmelas que quitar. Pero sabía que era el tiempo de decir adiós. Era el tiempo de partir del lugar que fue mi hogar durante los últimos 5 años, era el lugar donde compartí con mi esposo Peeta Mellark.

Termine de empacar mis últimas cosas, en unas tres maletas, no tenía nada más que mis ropas y un poco de joyas. Al firmar el divorcio accedí a dejarle todo, no quería nada material solo pedía amor y fidelidad. Pero ninguna de las dos se me fue brindada. Cuando por fin tuve todo en las tres grandes maletas di una última mirada a nuestro cuarto y cerré la puerta en silencio.

Baje las escaleras y en nuestra sala principal estaba los dos abogados, mi mejor amiga y mi esposo. Era tan hermoso como el día en que lo conocí, pero ahora mirando esos recuerdos se veían tan lejanos, como si fueran de otra vida. Llegue a la superficie y Annie corrió a ayudarme dándome una mirada de compasión.

- ¿Todo listo? – ella pregunto, yo no confiaba en mi voz por lo que solo asentí. - Esta bien solo tienes que firmar y nos iremos.

Me acerque a la mesa de café y mire las dos actas de divorcio un dolor se acumuló en mi pecho. Dolía condenadamente yo lo amaba tanto, pero nuestra relación no podía ser más. Aguanté lo más que pude, sus desplantes, su olvido a nuestro aniversario y lo peor de todo… su amante, pero llego el momento en el que el agua reboso la copa y simplemente ya no pude aguantar más. Ahora solo había un dolor amargo en mi pecho y el recuerdo de saber que mi vida de felicidad terminaba aquí, en el mismo momento en que firmara los papeles.

- Sra. Mellark por favor firme aquí – dolió escuchar ese nombre, pero a partir de ahora ya no lo tendría que oír más. Cato mi abogado me ofreció una pluma. Yo me senté al lado de mi marido y lo miré por última vez. Nuestros ojos se encontraron y me sentí perdida nuevamente. Sabía que con la mirada él me decía que me quedara, pero ya era tarde. Él jodio todo.

Aunque habíamos intentado las cosas, nada había funcionado, luego de hablar con Alma y enfrentarlo a él me di cuenta de que mi vida había sido una mentira, Peeta fue como una moneda, tenía dos caras y yo solo conocía una de ellas, siempre pensé que él era cariñoso, atento y romántico y en cierto punto lo fue, pero luego de saber el daño que había causado a

Alma esa imagen de hombre perfecto había quedado olvidada por completo, como dijo Alma él no era un masoquista, pero luego de escuchar por la boca de mi esposo el dolor que le hizo pasar a Alma un odio se instaló en mí, no por él, sino por lo que hizo, y más sabiendo el historial que aquella mujer tenía, no importa que tan enfadado hubiera estado. Él nunca debió tratarla así. Apartando la mirada de él tome la pluma que Cato me estaba ofreciendo.

Con mano temblorosa firme la línea negra y larga. Con cada palabra que escribía sentí crecer mis ganas de llorar, pero me negué hacerlo, no iba a soltar una lágrima más. Como terminé de poner la ''k'' de mi apellido supe que todo había terminado. Quité mi dos preciosos anillos y los puse encima de los papeles y supe que le hice daño, pero no más del que él me acuso a mí.

- Perfecto la lectura de los bienes se leerán el próximo viernes – me pare y frene a la abogada de Peeta.

- Creí decir que no quiero nada de eso.

- Kat por favor todo esto lo hemos conseguido juntos. – el intento poner un debate, pero él aún no había entendido que para mí los bienes eran simplemente nada.

- No importa, disfrútalo yo lo trabaje para un hogar. Un hogar que a partir de hoy dejo de existir – di media vuelta y tomé las maletas, Annie estaba esperando en el auto. Con cada paso que daba sentí mi corazón romperse en los más diminutos pedazos posibles, amo a Peeta y nunca amare a nadie como lo amo a él, pero él cometió un error y debe pagar por ello.

Antes de poder salir deje mis maletas y camine hasta donde él estaba, me empine y roce mis labios con los suyos y me permití desfrutar de este último toque, cuando me aparte puse una mano en su mejilla y él puso la suya encima de la mía, le di una última mirada antes de decir mis últimas palabras hacia el hombre que tanto amé. – ten una gran vida Peeta. Te deseo la felicidad que a mí se me fue negada – y con eso deje caer mi mano de su mejilla y me fui nuevamente a la puerta, pero esta vez no mire hacia atrás.

Al escuchar el clic de la cerradura mis lágrimas cayeron sin control, me sentía vacía y sin ganas de vivir, acababa de dejar a mi esposo y aunque tome la decisión correcta sentí como si mi alma había muerto, yo nunca volvería hacer la misma.

Dos minutos después de haber salido escuché a alguien detrás de mí, no me tuve que voltear para saber quién era, su olor a menta con licor me aviso de quien se trataba, él me tomo por detrás y me atrajo a su pecho dejándome llorar, llore por mi esposo, llore por la vida que había acabado de perder, llore por Alma y su desgracia y sobre todo llore por mi amor perdido, nunca pensé que una persona pudiera llorar tanto, pero ahora me doy cuenta de que podría llorar todo un mar y aun si seguiría llorando.

- Tranquila pequeña, todo saldrá bien – Cato sobo mi cabello en un gesto reconfortante, lástima que eso no sirvió de nada.

- Duele mucho, siento como si me hubieran arrancado algo de mi ser, algo importante para vivir - llore más difícil, Cato al ver que no me calmaría me tomo en sus brazos y camino conmigo hasta el auto donde Annie nos esperaba con lágrimas en sus ojos, ella trato de ocultarlos y darme una sonrisa valiente, pero yo vi más allá de sus ojos, ella sufría por verme sufrir.

Vi como Cato me dejo en la parte trasera del auto y se fue por mis maletas, me permití una última mirada a mi casa y en la ventana pude divisar a Peeta, verlo me rompió el corazón y más cuando vi sus ojos manchados de lágrimas, aparte la mirada, no podía seguir viéndolo de lo contrario saltaría de este carro y volvería a sus brazos mendigando porque me llevara de vuelta. Un sonido me sobresalto y era que Cato había acabado de guardar mi última maleta, con paso rápido se metió en el auto conmigo en el respaldo y Annie sin perder tiempo se puso en marcha.

Con cada metro que ella avanzaba el vacío se hacía más difícil de llevar, mi respiración se aceleró y mi cabeza comenzó a palpitar, me sentía enferma y como si mi cuerpo estuviera muriendo lentamente, en determinado momento mi estómago comenzó a molestar y las náuseas se hicieron presentes, con el pasar de los segundos se hacía peor hasta que tuve que vomitar.

- Annie detén el auto ¡ahora! – demande prácticamente gritando.

- Katniss ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien? – Cato pegunto preocupado.

- Detén el auto – volví a decir cuando sentía el vómito llegar. Annie aparco cerca del andén y yo me tire al piso, de inmediato las arcadas vinieron haciéndome botar todo lo que mi cuerpo tenía, percibí a Cato coger mi cabello y diciéndome que intentara respirar. Lo intente, lo juro, pero con cada respiro que tomaba más ganas de vomitar me daban, llegue a un punto donde más vomito no vino, pero si sentía como la respiración me fallaba, mi pecho comenzó a doler por falta de oxígeno, imágenes de mi vida con Peeta pasaron por mi mente y con cada imagen que pasaba el oxígeno abandonaba mis pulmones.

- ¿Qué le pasa? Ella está muy pálida – escuche el pánico en la voz de Annie, quería decirle que me faltaba el oxígeno, pero no podía.

- Ella tiene un ataque de pánico – sentí a Cato tomarme en sus brazos y hablarme – Katniss tienes que respirar, controla tu respiración – hice lo que él me pedía y sentí como el aire llenaba mis pulmones, pero aun así el ardor seguía ahí – lo estás haciendo bien nena, por favor necesito que te calmes, necesito que no dejes de respirar – el continúo respirando conmigo ayudándome a volver en sí.

Cuando mis pulmones estaban completamente llenos de aire Annie me pasó una botella de agua que rápidamente bebí, mi garganta estaba seca y esta ardía, Cato no me soltó en ningún momento y se lo agradecí, él era mi único pilar en este momento, me permití una mirada a Annie y vi que ella tenía lágrimas en sus ojos no pudiéndolas esconder más, verla llorar me hizo llorar, no quería parecer un bebe, pero en este momento lo único que había en mi cuerpo eran lágrimas, me sentía tan condenadamente mal, mi dolor era tan insoportable que pensé que la única salida a esto era la muerte.

Cuando me calme Cato me volvió a meter en el auto y él se puso al volante mientras que Annie cargaba mi cabeza en su regazo, el auto estaba en un silencio sepulcral como si alguien hubiera muerto y de cierta forma era así, yo había muerto en el momento en el que deje de ser su esposa. Intente pensar en mi futuro, pero nada apareció en mi mente, todo era como un lienzo en blanco, como si la historia hubiera llegado a su fin.

Sentí que el auto se detuvo y Annie me sacudió pensando que me había quedado dormida, ella no sabía que hasta mi sueño se había acabado, me levante y organice mi cabello, saque mis gafas de sol y me bajé del auto, vi que Cato saco mis tres maletas y comenzó a entrar en el aeropuerto.

Annie me tomo del brazo y camino conmigo, después de todo lo que paso decidí que vivir en este país simplemente no era nada sano para mí ni para mi salud mental, vi que Cato registro mi equipaje y yo me senté en una mesa con Annie, mi vuelo estaba programado para las 5 de la tarde y para eso faltaban dos horas. Nadie dijo nada, nadie intento consolarme y eso de cierta forma fue un alivio, en este momento quería estar perdida en mis pensamientos sin ninguna interrupción. Cato llego minutos después y puso tres cafés en la mesa, el me miro con sus hermosos ojos verdes llenos de preocupación, pero no hice nada para borrarla, no sabía cómo.

- ¿Volveré a vivir? – pregunté de repente, mis dos mejores amigos me miraron sorprendidos por la pregunta, ninguno dijo nada y me comencé a preocupar, quería que me digieran algo así fuera una mentira. Al parecer Annie vio mi necesidad y hablo.

- Por supuesto, no ahora, pero si en un futuro, no hay mal que dure cien años…

- Ni cuerpo que lo resista – termine por ella, Annie asintió con la cabeza y continuo.

- Sé que ahora es duro Katniss y no te digo que lo siento por que realmente no sé por lo que estás pasando, pero de amor nadie se ha muerto…

- Romeo que fue un pequeño bastardo – resalte con amargura.

- Tienes razón, pero eso fue hace muchos siglos atrás, en ese tiempo tenían una idea diferente del amor – ella soltó una pequeña risa que no pude evitar imitarla. – el caso es que en algún momento veras la salida y volverás hacer feliz.

- Además – Cato agrego – la vida no está escrita preciosa, como adultos sabemos que tendremos momentos de sal y otros de azúcar, sé que en este momento te sientes como que no tienes vida, pero créeme Katniss el dolor simplemente desaparecerá. – no dije nada porque en el fondo sabía que él no tenía razón, simplemente no veo como el vacío que tenía dentro de mi desaparecería así de fácil. Puse una sonrisa falsa en mi cara y hablé.

- Gracias, creo que tienes razón solo tengo de darle un poco de tiempo – ellos sonrieron creyendo mi mentira y agradecí al cielo que así fuera.

- ¿Debes marcharte? – Annie pregunto con sus ojos agua de nuevo. Quería decirle que no, que me quedaría y mi vida sería normal, pero el detalle era que jamás sería normal, no mientras aun amara a Peeta.

- Si Annie, tengo que pensar en mi por primera vez – ella asintió mordiéndose el labio tratando de ocultar sus lágrimas – pero prometo que vendré y llamare frecuentemente, además tus vacaciones están cercas podrás ir a verme con Finnick.

- Lo sé, pero no será lo mismo, ya no te veré tan frecuentemente.

- Lo sé, pero te prometo que llamare y nos veremos por el chat, es como si nunca me habré ido.

- ¿Piensas volver? – Cato pregunto con esperanza marcada en su voz, pensé por un minuto y luego respondí.

- Un día, pero no sé cuánto me tarde para hacerlo.

- Me basta con saber que volverás, aunque créeme si tu no vienes yo iré – el tomo mi mano en la suya y me miro a los ojos – iría hasta el fin del mundo por ti Katniss.

- Lo sé – dije sonriendo tristemente – es por eso que te amo.

- Yo también te amo pequeña – él se inclinó y beso mi frente.

Mi vuelo fue llamado y yo me despedí de mis amigos con lágrimas en los ojos, al dejarlos otra parte de mi moría, ellos habían sido mi familia por mucho tiempo, Cato tal vez desde hace menos, pero él se había ganado mi cariño como si lo hubiera amado de toda la vida.

- Prométanme visitar – dije abrazándolos más cerca de mí.

- En un mes iremos, te lo prometemos – Cato beso amabas de mis mejillas y me entrego mi pasaporte y mis billetes de avión.

- Los amos chicos – los bese y abrase lo más duro posible, ellos eran mi pilar.

- Y nosotros a ti Katniss, cuídate y ten buen viaje – Cato me sonrió tristemente.

- Te amo. Recuerda esta siempre será tu casa.

- Lo sé Annie, cuídate y cuida de Ricitos – ella sonrió al igual que Cato.

Lance un último beso y tome mi cartera caminado por las puertas de abordaje, las lágrimas volvieron a salir, pero mis lentes las cubrían. Al abordar el avión y este se elevó me sentí perdida, miré por la ventana y vi como la ciudad desaparecía dando la bienvenida al cielo azul claro. Me recosté en mi silla e intenté acostumbrarme a mi nueva pesadilla…

PDV PEETA

La vida puede ser cruel en muchas circunstancias, ella puede llegar hacer tan cruel que primero te da todo lo que deseas para luego quitártelo abruptamente, no solo dejándote solo si no también miserable. La copa que estaba en mi mano se rompió como vi que mi esposa, mi hermosa mujer, mi vida entera se iba por la puerta si darme una segunda mirada.

Al cerrar ella la puerta vi cómo mi mundo se desmorono, todo por lo que había luchado fue en vano, mi vida se había acabado de terminar, no sé qué pasaría de ahora en adelante, pero fuera lo que fuera no iba hacer bueno. Nunca pensé que yo pudiera ser tan estúpido no solo lastimé a mi esposa si no que le hice daño a otra mujer físicamente.

Podía entender por qué Katniss me despreciaba en este momento, yo mismo me despreciaba, nunca imaginé que yo mismo podía llegar a ser tan cruel con otra persona, pero nuevamente me sorprendí.

- ¿Qué harás ahora? – mi abogada pregunto cerrando su portafolio.

- No es asunto tuyo – mi comportamiento no era el mejor, pero en este momento simplemente nada me importaba – quiero que pongas esta casa en venta y te encargues de todos los papeles – dije como me serví una nueva copa.

- ¿Qué hago con sus cosas? – ella pregunto con un tono suave, miré a mi alrededor y en un principio pensé deshacerme de todo, pero aquí había muchos recuerdos.

- Las cosas que Katniss haya dejado y las cosas personales empácalas y te diré a donde mandarlas, pero el resto se puede quedar – ella asintió y con eso se marchó dejándome solo.

No lo había notado pero esta casa era un poco lúgubre y más cuando se estaba sola, caminé por cada lugar de la casa y con lágrimas en los ojos recordé como mi vida había sido de feliz hace un poco más de un año. Las cosas parecen surrealistas en este punto, quería creer que todo esto era un mal sueño del cual pronto despertaría, yo sabía que no era el caso.

El último lugar al que llegue fue a nuestra habitación, las lágrimas brotaron sin ser invitadas, camine por todo el lugar y aun podía oler su aroma en el aire, podía sentir su presencia en este lugar, aunque yo fuera el único que estaba, me senté en su lado de la cama y aspire el olor de su almohada, aun olía a su Shampoo de frutas.

Solté mi licor y lo deje a un lado, me pare con la almohada abrazándola y entre en nuestro baño, todo seguía igual, en su lado del closet aun había algunas prendas, aunque la mayoría de ellas se fue, abrí todos los cajones que le pertenecían y varias cosas faltaban allí, pero sin embargo la mayoría se habían quedado, abrí otro cajón y vi que la mayoría de las joyas se habían quedado también aquí, saque una pequeña cadena de plata sin nada en ella y coloque sus dos argollas y me la ate al cuello, era mi único recuerdo de ella, sobre la mesa de mármol había una botella de su perfume y la olí por un segundo, era como olerla a ella.

Ella no hace menos de media hora que se había ido y era como si hubiera pasado una eternidad, los recuerdos me estaban matando lentamente y yo sabía que no podía quedarme un minuto más en esta casa, saque una pequeña bolsa de lona y empaque algunas de mis cosas, no fue mucho, pero me servirían por unos días.

Entre en el baño y empaque su perfume y algunas de mis cosas de aseo, cuando termine puse todo en mi carro y no mire la casa, era volver a sentir el dolor 10 veces peor, sabía que mi abogada se encargaría de todo. Con cada metro que me aleje de la casa mi vacío creció, no sabía que hacer o a donde ir, no quería ver a nadie, solo quería ver a Katniss y rogarle por que volviera, pero en este punto ella ya estaría lejos, no sé a dónde fue, no sé si está en América o en la China y eso me duele mil veces más, saber que el amor de mi vida está por ahí y yo no tengo posibilidades de volverle a ver.

Como no tenía a donde ir conduje hasta que la noche callo y aun así no pare de conducir, quería ir lo más lejos posibles, quería olvidarme del dolor, quería simplemente olvidarme de todo. Las cosas nunca serian igual, yo no sería igual porque desde que Katniss salió por la puerta se llevó con ella mis sueños, se llevó mis ganas de vivir…