Disclaimer: Los personajes no me pertenecen sí que los creó Suzanne Collins en su saga original titulada "The Hunger Games". Yo solo los tome prestados.
Aquí les dejo esta adaptación, la historia "30 DIAS" que le pertenece a MIUV.16, quien me dio permiso para adaptarla a los personajes de los Juegos del Hambre.
AU (Universo Alterno). Espero les guste.
Recuperándote
Capítulo 26.-
(30 de setiembre de 2016)
Algunas personas dicen que tu mente puede ser tu peor juez, en este caso mi mente es mi peor enemigo, lo digo en sentido figurado, mientras estoy acostada aquí en los brazos de mi esposo, si como lo dije, ¡MI ESPOSO! joder eso suena tan raro, en fin, mientras estoy aquí envuelta en sus brazos no puedo dejar de pensar en todo lo que ha pasado en estas últimas 24 horas, todo ha sido demasiado rápido y no he tenido tiempo de tomar nota de todo.
Mi querido Esposo estaba acostado con ambos de sus brazos alrededor de mi cintura, aunque su respiración era un indicio de que estaba profundamente dormido el agarre en mi cintura me decía una cosa distinta, cada vez que intente moverme él se aferró a mi como si aún en su inconciencia tuviera miedo de que me fuera y no volvería, se me calentó el corazón de solo pensarlo.
Sin embargo, por más lindo que fuera, me estaba asando, literal, el embarazo había sido un trauma, pero a su vez la bendición más grande en mi vida. Dos semanas después de estar en Inglaterra me hizo la prueba y dio positivo, en ese momento me sentía dichosa, no hubo un solo momento en el que me sintiera triste, el anuncio de mi hijo fue como la bendición que me mantuvo en pie, sin embargo, no fue suficiente para no dejarme caer en el agujero negro que había sido mi vida, pero a su vez fue mi motivo de lucha para salir de ese agujero.
Mi alimentación no había sido la mejor pero aun así mi hijo jamás sufrió las secuelas, siempre le decía ''hijo'' porque nunca tuve el valor de averiguar el sexo, sentía que era una traición a Peeta por lo cual siempre me hacia las ecografías, pero nunca pregunté que era o porque mi estómago era tan grande, sin embargo, todo estaba perfecto.
Logre zafarme de su brazo que pesaba lo que yo misma pesaba y me levante de la cama, suspire de alivio cuando el aire golpeo mi cuerpo hirviendo, tome del suelo la camisa que Peeta quiso ponerme horas atrás y me la coloque, su olor me inundo las fosas nasales y me sentí protegida por ella.
Sin hacer mucho ruido camine por la habitación y mire todo a mí alrededor, el cuarto era como lo recordaba desde mi cumpleaños, pues al irme de Los Ángeles Peeta se mudó a Colorado, a la casa mis sueños, las paredes estaban llenas de fotografías de nosotros. Entre en el baño y vi que en un lado estaba mi maquillaje y cosas de aseo que había dejado el día en que me fui, entre en el armario y las luces LED se encendieron segándome con su resplandor, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz los abrí y miré a mi alrededor, el closet era inmenso, más que el de Los Ángeles, en un lado estaban todas las cosas de Peeta como sus trajes, relojes de lujo, lociones entre otras cosas, pensé que era lo único que había, pero me sorprendió cuando en la otra mitad encontré mis cosas, como vestidos, carteras, zapatos y joyas, todo lo que había dejado atrás estaba aquí y estaba bien colgado, si yo fuera un desconocido creería que aquí siempre ha vivido una mujer.
Una lagrima cayo por mi ojo, no era de tristeza si no de felicidad, felicidad de saber que Peeta me había perdido como yo a él, mi hijo sintió mi estado de ánimo porque con un golpecito me advirtió que ya no había razón por que estar triste, lo tenía a él y tenía a mi esposo, sobe mi más que creciente estómago y murmure.
- Te amo tanto pequeño, te prometo que nada te va a faltar y vas a crecer en una familia con mucho amor – su respuesta fue una patada, cosa que me hizo sonreír más ancho, era sensacional estar embarazada.
Salí del closet y fui hacia la cocina, ya estábamos iniciando otoño, pero aún me sentía con mucho calor como si estuviéramos aun en verano, entre en la cocina y todo era perfecto, fui al refrigerador y me serví un gran vaso de jugo de naranja con hielo, la frescura que sentí al beberla fue mágica, mi cuerpo se sentía un poco más fresco.
Me quede sentada sobre una silla y mire la noche, esta era hermosa, la luna era más grande de lo que era normalmente y su brillo era alucinante, era como si estuviera feliz, tal vez yo la veía así porque yo estaba feliz, más que feliz, estaba en las nubes, sé que muchos piensan que debería sentarme y hablar con Peeta, pero eso era como poner condiciones y términos a mi matrimonio y eso era algo que no iba hacer, yo lo perdone y en el fondo ya estaba segura de eso, sé que nunca iba a mirar atrás porque simplemente no había por qué.
Mire la noche un poco más, me sentía en paz, me sentía completa y sobre todo me sentía feliz. Me levante de la silla con un poco de dificultad por mi gran vientre y con paso lento camine por la casa, y mire más de las fotografías, el lugar estaba llenada de ellas, llegue a la sala y vi que sobre el piano había una en particular, me senté en él y la tome, una sonrisa grandísima apareció cuando me di cuenta de cual era, en esa gran foto éramos Peeta y yo el día en el que nos casamos, la foto estaba en blanco y negro, Peeta tenía su frente apoyada con la mía y ambos sonreíamos al otro, era una foto que no supimos que nos tomaron hasta que un día Ann me la dio como un regalo.
- es mi foto favorita – una voz roca y espesa hablo desde atrás, me voltee para encontrarme con mi esposo totalmente vestido.
- ¿A dónde vas? – pregunte dejando la foto sobre el piano y haciéndome a un lado para que él se sentara.
Peeta me miro como si fuera un sueño, como si yo no fuera real, él se sentó a mi lado y apoyo su cabeza sobre mi pecho como si fuese un niño pequeño, yo fruncí mi seño no comprendiendo su forma de actuar - ¿estás bien? – pregunté mientras sobaba su cabello.
- pensé que te habías ido – él dijo con la voz tan baja que casi ni le escucho – me levante y tú no estabas por ningún lado, tenía miedo de que te hayas vuelto a marchar o peor, tenía miedo de que en realidad nunca hubieras estado aquí.
- ¿pensabas salir a buscarme? – el asintió con la cabeza - ¿y donde pensabas buscarme?
- no lo sé – admitió – pero te encontraría – sus brazos se envolvieron alrededor mío – no pienso perderte de nuevo – su voz estaba rota y desolada.
- Peeta no voy a ningún lado ni ahora ni nunca – dije tratando de calmarlo.
- ¿Cómo puedo estar seguro? – él se apartó un poco de mí y me miro a los ojos - ¿Cómo puedo saber que no te iras de mi lado?
- porque simplemente no puedo vivir sin ti – tome su rostro con ambas manos y hable con la mayor verdad que podía trasmitirle – volví para quedarme, para tener nuestra familia juntos y envejecer junto a ti, no pienso irme ni hoy ni nunca.
- ¿siempre juntos? - su voz era suave pero aún había terror en ella.
- para toda la vida amor – dije como acerqué sus labios a los míos, su piel era sudorosa como si hubiera corrido un maratón, sus labios se estrellaron con los míos en el más dulce de los besos.
Sus labios eran cálidos y húmedos, su lengua busco entrada en mi boca la cual se la concedí, ella recorrió cada espacio a la que llegaba, saboreo cada parte de mí, su boca paso de ser gentil a agresiva, sus manos pasaron de mi cadera a mis cabellos llevando mi cabeza más a la suya, mis manos parecían tener mente propia porque se pegaron a su pecho y comenzaron a quitar su camisa que por el sudor se había pegado a su cincelado cuerpo.
Él se apartó un poco de mi cuando le quite la camisa, cuando la tire al suelo el me tomo de nuevo y esta vez me llevo a su regazo y comenzó a besar con desespero y pasión, el beso era una mezcla desde lo más puro hasta lo más carnal. Sus manos fuero a su camisa y comenzó a desabrochar botón por botón, pensé que me la arrancaría, pero no, él se tomó el tiempo necesario, por cada botón que abría sus manos rosaban mi piel dejando un hormigueo por todos los lados.
No sé en qué momento comenzamos a caminar, pero antes de darme cuenta estaba sobre una colcha al lado de la chimenea, esta estaba apagada pero aún se podía ver el reflejo de la madera donde una vez hubo fuego, la estancia estaba oscura y nuestra única luz era la de la luna que entraba por nuestra ventana.
Peeta se tomó las cosas con calma, nunca dejo mis labios, sus manos adoraban mi cuerpo como si fuera de vidrio y tenía miedo de que me fuera a quebrar, sus labios se separaron de mí y comenzó a besar cada parte mi cara, primero los ojos, luego mis pómulos y así sucesivamente terminando en mi boca con un suave beso.
Sus labios fueron bajando por mi cuello besando en mi punto débil, un delicioso gemido salió de mis labios adorando la sensación de calor en mi cuerpo, sus dientes rasparon mi yugular dejándome la piel de gallina, sus manos exploraron mis caderas y piernas, mis manos estaban en su cabeza atrayéndolo más a mí. La sonrisa que tenía era palpable en mi piel.
Sus labios dejaron mi cuello y bajaron por mi pecho hasta uno de mis senos, el tomo uno entre su boca y comenzó a chupar y mordisquear mi pezón, mis ojos se cerraron y mi cabeza cayo hacia atrás, hace mucho tiempo no me sentía tan necesitada y hormonal. Su pelvis chocaba contra mi vagina y sentía lo duro que era. Baje mis manos y retire sus pantalones junto con su boxers, el me ayudo y quedo desnudo al igual que yo.
Su atención estaba totalmente en mis senos y sus manos en mi abdomen masajeándolo, nuestro hijo por suerte estaba dormido. Mis pechos estaban duros como rocas y mis muslos estaban emparamados, Peeta fue bajando y besando cada rincón, cada centímetro de mi piel fue amado por su boca, el llego a mi monte de venus y retiro mis bragas ya arruinadas por mis flujos, sus ojos se posaron en mi hueso de la cadera y observo con atención mi tatuaje.
- ¿Qué significa? – pregunto mientras recorría con la yema de su dedo las letras en griego.
- significa '' donde hay amor, hay vida'', me lo he hecho en Grecia – Peeta miro un poco más mi tatuaje y me pregunto.
- ¿Por qué te lo has hecho? – yo me encogí de hombros y respondí.
- porque es la verdad, de nuestro amor hemos creado una vida – él sonrió cuando comprendió mis palabras y volvió a besar mi vientre pasando a besar mi tatuaje.
Mis ojos se volvieron a cerrar y me volví a entregar al placer que él me estaba dando, sus labios fueron bajando nuevamente por mi monte de venus y esta vez nada lo detuvo, sus dedos agiles acariciaban mis labios vaginales lubricándolos por todos lados, por mis muslos corrían las gotas de mi lubricación causándome frio, los labios de Peeta besaron delicadamente mi clítoris haciéndome soltar un grito de placer que resonó por todas las paredes.
Sus labios eran agresivos pero gentiles, su lengua bajaba y subía por mis labios, humedeciéndolos más, sus manos estaban entrelazadas con las mías, el no uso nada más aparte de su experta lengua, mis entrañas se retorcían con angustia y deseo, en la boca de mi estómago había una sensación familiar, por mi columna vertebral subía y bajaba la electricidad causándome estremecer de placer, sus dedos apretaron mis manos cuando sus dientes mordieron mi clítoris brindándome el orgasmo tan anhelado por mi cuerpo.
Mi visión se volvió negra y puntos brillantes bailaron en ella, los dedos de mis pies se enroscaron y de mi boca salió un grito cargado de pasión y erotismo, él hombre entre mis piernas bebió mis flujos como si fuera el agua de la vida, el me brindo placer y me llevo a una nube de éxtasis, su lengua esta vez era tierna y ayudo a sobre llevar el calor que había salido disparo como una bala de mi cuerpo.
Mi mente y cuerpo estaba tan perdido que no lo sentí dejar quieto mi lugar más íntimo y posicionarse sobre mí, su aliento lo sentía en mi boca y sus cabellos rubios sobre mis cachetes haciéndome cosquillas, sus labios carnosos hinchado después del mejor sexo oral se estrellaron con los míos, dejándome degustar el salado de mi cuerpo, el beso fue más allá de cualquier descripción que pueda decir, sentí mis ganas crecer, quería que me hiciera suya, no, yo ya era suya, quería más bien me que demostrara cuanto me amaba, quería que el tomará mi cuerpo como solo él sabía hacerlo y me llevará a la séptima nube de donde nunca quería bajarme.
Su frente se pegó a la mía y sentí la obligación de abrir mis ojos, al hacerlo me encontré con dos grandes esferas color azul mirándome con fuego en sus pupilas, su respiración era pesada y sus labios eran hinchados y del más delicioso color rosa que puede haber, él no me beso ni yo a él, no me penetro y yo no tenía urgencia por que lo hiciera, nos miramos, él me dijo que me amaba con los ojos mientras yo le respondía que también con los míos, las manecillas del reloj se detuvieron y el viento dejo de soplar, el mundo dejo de existir y solo éramos él y yo, nuestro mundo solo era esta pequeña burbuja, donde no había tiempo ni ruido, solo estaba nuestras respiraciones y el latir de nuestros corazones.
Sus labios se enroscaron en una sonrisa, mientras que mis ojos tomaban cada parte de él, una de mis manos fue a su mejilla y el cerro los ojos, mi tacto le puso piel de gallina y sus manos temblaron, él me amaba no había duda de ello.
Sus preciosos ojos color azul se abrieron y sentí su cuerpo moviéndose sobre el mío como si se tratara de la seda, su hermoso, hinchado y grueso pene se fue abriendo paso entre las paredes de mi vagina, esta se abrió sin problema ni dolor alguno, su ritmo era lento pero seguro, sus manos jugaban con mis cabellos y sus ojos no se separaron de los míos, él no vacilo y de una estocada la raíz de sus bolas choco con mi coño haciendo eco en la estancia. Gemí, no, mejor dicho, grité, se sentía tan bien dentro de mí, podía sentir como mis paredes vaginales lo abrazaban y lo sostenían rogando porque no saliera. Mis pezones eran como dos rocas apuntando hacia él y mi piel estaba erizada, pero no del frio.
Su respiración se estaba poniendo agitada, pero sus ojos tenían fervor en ellos, con ayuda de sus caderas se empujó y choco contra mí, era duro pero gentil, una mezcla perfecta sin sobre pasar el límite, en mi mente conté sus penetradas, una, dos, diez, cada vez eran más rápidas, pero si causar dolor alguno, sus manos jugaban con mis pechos con cariño y sus labios estaban en mi cuello, el corazón me palpitaba, el cuerpo me sudaba y se mesclaba con el suyo, no sé dónde terminaba yo y comenzaba él.
La luna brillo por lo alto y baño nuestros cuerpos con su luz, el cuerpo de Peeta brillaba por el sudor y sus músculos se flexionaban por el esfuerzo de sus caderas, mi orgasmo fue anunciado y mis paredes vaginales apretaron su pene obligándole a quedarse ahí, obligándole a darme el placer que me había negado tanto tiempo. Las piernas me temblaban y el sudor corría por mi frente, sus labios dejaron mi cuello y fueron a mis labios, entre besos y penetradas susurraba una y otra vez ''te amo, te amo, te amo'' su voz y sus palabras fueron una dulce melodía, mis manos fueron a su espalda y lo atraje más a mí, sus brazos se doblaron dejando su cuerpo a mi altura y sus labios más unidos a los míos.
Cerré mis ojos y gemí en silencio cuando sentía la familiar corriente eléctrica por mi espalda, sus empujes fueron más feroces y su cara fue a parar a mi cuello, me aferré a su espalda clavando las uñas, mi cuerpo era una bomba de tiempo que estaba a punto de explotar, conté nuevamente mentalmente, uno, dos, cinco, cuando iba a contar el sexto empuje, Peeta planto un beso detrás de mi oreja y estallé, no tuve tiempo para terminar mis pensamientos como sentí que todo dentro de mi estallaba en miles sensaciones, el mundo fue negro y luego de mil colores, su cuerpo se siguió moviendo llevando mi orgasmo, pero lo sentí explotar dentro mí, pronunciando mi nombre como una sagrada oración, sus semillas se enterraron en lo más profundo de mí asegurándose de que nunca saldrían de allí.
Él se desplomo encima de mí, su cuerpo agotado luego de amar el mío, él no me soltó, él simplemente se aferró a mi como su salvavidas, como su vida misma. El lugar se llenó de suaves jadeos cuando mi amante y yo tratábamos de recuperar el aliento. Mi cuerpo antes entumido estaba en el éxtasis, mis piernas temblaban y mi cara tenía una sonrisa que iluminaba el lugar.
- eres increíble – mi amado esposo dijo besando mi cabello ahora húmedo por el sudor – no pienso dejarte marchar nunca más.
- no pienso ir a ningún lado – bese su pecho agitado saboreando el sudor de su piel.
- prometo cuidar de ti y de nuestro hijo – él paso una mano sobre mi vientre donde nuestro retoño comenzó a moverse cuando escucho la voz de su padre.
- será un bebe de papá – dije entre risas, imaginándome una versión pequeña tanto de Peeta y mío.
- yo seré el alcahuete y tú serás la madura – dijo haciendo círculos invisibles sobre mi abdomen.
- no creo, más bien seré yo quien le de dulces antes de la cena y tú serás el que le de sus sopas – ambos nos reímos, porque sabíamos que era la verdad.
- ¿Qué estamos teniendo? – él pregunto con tristeza en su voz.
- no lo sé – admití.
- ¿Cómo? ¿No te has hecho los controles prenatales? – pregunto con reproche en su voz.
- claro que si – dije rápidamente – solo que nunca averigüé el sexo, pensé que era un trabajo de los dos – sus círculos se detuvieron por un momento y sus manos fueron a mi barbilla levantando mi cabeza para mirarle.
- ¿Por qué has hecho eso? – Él pregunto con lágrimas en los ojos - ¿Por qué eres tan buena conmigo?
- porque es nuestro hijo Peeta, y por qué te amo, porque los errores del pasado son del pasado, no quiero mirar atrás, solamente quiero ver mi futuro y verte a ti y a nuestros hijos jugando, quiero que empecemos de cero y quiero hacerlo bien, soy buena contigo porque lo eres conmigo – una lagrima rodo por su mejilla y yo la limpie – no quiero que te culpes de lo que has hecho, al contrario, quiero que lo superes y le eches tierra a eso, olvida ese momento oscuro de tu vida y dale lugar a lo bueno de ella – bese su mandíbula y con voz baja agregue – este es nuestro nuevo comienzo, uno donde no hay cabida a los malos recuerdos ni a las lágrimas, este es nuestro comienzo donde solo somos tú, yo y nuestro fruto, eso es todo lo que debe importarnos – Peeta me miro como si yo fuera la cosa más preciosa en el universo, no dijo nada y no tenía por qué, en sus ojos vi que mis palabras tenían el efecto buscado, sus labios buscaron los míos sellando la promesa de amor que nunca había rompido.
- para toda la vida amor – él murmuro sobre mis labios.
- para toda la vida amor – yo respondí besando sus labios antes de que el sueño me reclamara llevándome a un lugar donde solo había amor y risas, a un lugar donde podría ser el país de las maravillas.
