Disclairmer: KnM no me pertenece. Es propiedad de kaishaku.
Ha pasado una hora desde que despertaste sobre tu cama, aun vestida. Una hora, donde no te has movido, ni siquiera para comer algo. ¿para qué hacerlo? Si volviste a soñar con ella. Un recuerdo que aún no has podido olvidar… ¿Cómo podrías comer después de aquel pasado?
Eran alrededor de las once y media de la noche. Tú aun estabas despierta, tecleando en una computadora portátil un documento que tu padre te ha pedido ahora. No te importa hacer el trabajo, ya que, necesitas estar despierta. Ella aun no llega de su trabajo, así que haces lo necesario para poder estar activa para su llegada. Sabes que llegará agotada…
Con el paso de los minutos te vas dando cuenta que estás a punto de acabar, pero ella aun no regresa. Sientes como poco a poco la casa va tomando otra tonalidad…no te gusta. Se siente más fría y lúgubre.
Vuelves a chequear la hora, son las doce. Y nada de su presencia.
De pronto sientes que lo escrito de la carta, te retumba en la cabeza. Ahora le tomas el peso a lo que está plasmado en ese papel. Tratas de no dar importancia al nudo que se está formando en tu garganta y ese malestar que se forma en tu estómago. Pero sabes que todo es inútil, ya que si tu mente no quiere ver la realidad, tu corazón es otro órgano importante, el cual te hará ver lo que no quieres. Tus ojos se humedecen, pero aun tienes la fuerza de voluntad para poder retener el aguacero.
Detienes todo lo que estabas haciendo, tus manos ya no te responden. Sientes como el frío te inunda poco a poco, calando su hielo por tus huesos, sientes que al dejar de escribir, el sonido se esfumó de manera abrupta. Tratas de percibir algo que te indique que aún haya posibilidad de un tintinear de algo o quizás el crujir de una puerta…
Pero no hay tal acto.
Y para poder evitar sentir el vacío que se está formando en tu corazón, te levantas y te preparas una taza de café. Te sienta a gusto ese líquido que recorre por tu cuerpo, pero como es algo que transitorio, nuevamente sientes que el frío te cala hasta los huesos. Quizás era la hora de acostarse. Te encaminas a tu habitación en silencio. Al abrir las cobijas de tu cama, sientes que el ambiente se vuelve más denso y helado, pero pronto tratas olvidar todo y cierras lo ojos fuertemente para conciliar el sueño.
El cual llegó muy tarde…
Tras "despertar", luego de la noche eterna, te quedas pensando, y una pregunta salta por tu cabeza, "¿y ahora qué?"
En tu mente resuena: "haz lo de siempre".
¿Pero que era hacer lo de siempre? Si tus hábitos siempre fueron: despertar, besar a la rubia, y si estabas de buen humor, le dabas "más atención"; luego ibas al trabajo, pasabas la mayor parte del día en ese lugar, sintiéndote como un robot que teclea en computadoras, para luego ir a reuniones y después volver a teclear. Y así repetías ese patrón casi todo el día.
Por ello, terminabas cansada. Y como ya le hiciste el favor a Himeko, piensas que es mejor divertirse un poco con otra persona para no desgastar a la rubia. Y antes de volver a casa, pasabas "inconscientemente" por las calles que te conducían a tu "rincón de relajo", donde la pasabas bien, pero a veces te sentías un poco culpable de no llegar tan luego a tu vivienda. Sobre todo cuando salías temprano.
Pero que era mejor ¿estar al lado de alguien que no era del todo "divertida"? o ¿estar con chicas que estaban para complacer tus caprichos? Porque bien sabías que la ojiamatista no era del todo complaciente. Pero a pesar de tu rebeldía, tu amada aún continuaba contigo porque ella SI sentía eso que las demás no sentirían por ti. Ese amor incondicional que a pesar del trato que le dabas a ese acto cálido, siempre brillaba y te hacía sentir parte de una unión que al parecer te agradaba.
Desde aquel día, te diste cuenta de tu realidad, pero no hiciste nada. A pesar de lo incomoda y vacía que te sentías por dentro, no fuiste capaz de abrir los ojos porque tu orgullo pudo más que cualquier cosa que pudiese rebosar de tu frio corazón ¿cierto? Pronto te aburres de estar en la cama con pensamientos que no te van a llevar a ningún lado, por lo que, te levantas para desayunar y volver a empezar una jornada que sabes que será tan igual al día anterior y te sientes nuevamente en un laberinto con zonas sin salida.
¿Habrá algún momento en que dejes de ser "tú"?
Te diriges a la estación de tren que queda cerca de tu casa, ¿Cuál es tu intención de tomar la línea, si sabes que cuentas con el apoyo de una prestigiosa familia? Muy simple: la rubia lo tomaba siempre, porque a pesar de que tenía un buen pasa contigo, ella escogía la sencillez por sobre el "poder económico". Así se sentía más a gusto y podía ser libre, desde su punto de vista. Y a ti, te molestaba esa actitud, ya que según tú, la ojiamatista lo hacía para quedar bien ante la familia y demostrar que ella no era como las demás "espécimen".
Que ingenua fuiste al pensar eso, ya que nunca se te pasó por la mente de que tu rubia se sentía ahogada de tanta atención, porque ella fue criada en una familia modesta; se sentía torpe, por no poder estar "acorde" con los estándares que exigía tu puesto social y además… sentía que no estaba a tu nivel, como persona, pero aun así te amaba y estaba contigo. Y eso no lo pudiste ver antes de que todo se fura como agua por tus dedos, sin poder evitarlo.
Levantas tu vista para poder despejar tu mente, realmente te sientes confundida por las imágenes de la ojiamatista proyectadas en tu mente ¿Por qué ahora? ¿Será la edad? ¿No lo has podido superar? Miles de preguntas rebotan en tu cabeza y suspiras de frustración por no poder dar una respuesta clara a ellas.
Pronto caes en cuenta de que estás llegando a tu destino, por lo que dejas de lado tus inseguridades y bajas del vagón para seguir tu curso. Tras seguir el trayecto descubre que hay nuevas tiendas de ropa a buen precio, y sin dudar, te adentras en una de ellas para ver qué hay de nuevo. Descubriendo así, que hay vestimenta bonita, cómoda y de calidad. Y sin pensarlo mucho compras lo necesario para guardar en tu amplio armario, pero también sonríes un poco ya que Himeko solía venir aquí cuando disponía de tiempo y tú la acompañabas solo para ver esa maravillosa sonrisa que se formaba en sus labios…
– ¿Himemiya-san, que hace aquí?–preguntó una voz, sacándote del trance–pensé que estaría en su trabajo.
–Estás en lo correcto, Makoto-san, me encaminaba hacia él–le dices mientras fijas tu mirada sobre ella–, pero este lugar me "invitó" a entrar y escudriñar su interior–le dedicas una sonrisa al tratar ser más "humorística".
Ella solo sonríe con lo que dijiste–veo que el humor no su fuerte. Si quiere puedo darle algunas clases de eso–dijo mientas se acerca para ver tu reacción.
Tú solo te quedas inmóvil, pero sabes que la castaña no hará nada indebido, ya que ella es la mejor amiga de Himeko. Por lo tanto no sería capaz de tocar a la que una vez fue el amor de su casi hermana.
–Tendrás que ser paciente, entonces–te alejas, para encaminarte hacia fuera–. Ya que soy un poco seria para el asunto–y te vas sin decir nada más.
No te preocupa la reacción de Saotome, porque sabes que ella comprende tu estado de ánimo, y además tienes la sensación de que no será la última vez que la veas en el día.
Sigues tu trayecto a la oficina, y luego de un par de minutos, llegas a destino, pero eso no te llena de alegría como antes. Antes para ti, este lugar era otro de tus tantos "refugios" en el cual podías relajarte sin mayores problemas. Así era hasta que ella se fue de tu vida…
¡Demonios! Piensas con frustración ¿es eso en lo único que piensas? ¿En Himeko? ¿En serio? No puede ser que la eches tanto de menos. Ni que fuera la última mujer sobre la faz de la tierra.
Pero si la única que entró en tu helado corazón. Con tal frase en la cabeza no haces más que suspirar y encaminarte a tu encierro de todo el día.
Entras en tu lugar de trabajo, te sientas y haces lo de siempre: teclear tu computadora. Nada ha cambiado, pero a la vez sí. Sientes el tiempo detenerse y te deja en blanco. El sonido del teclado es lo único que te recuerda que el tiempo es constante. Pero eso no te impide distraerte y pensar en cosas; no en lo económico, claro está, pero al menos piensas en cosas positivas, tal como lo decía en esa carta.
Y te salta por la mente en cómo has sido con la gente últimamente. Ni hablar de aquellos días sonde estabas con tu chica: siempre fría, poco amable y carente de emociones "cálida" como te decía la rubia, pero ¿Cómo cambiar lo que has forjado a lo largo de los años?
Al menos crees que has cambiado un poco…
Vuelves a suspirar, tal parece que hoy no será tu día y así será por siempre. O eso crees, porque ¿Quién suspira tanto tiempo por una persona que decías que era una más de tu lista de conquista? ¿Cuándo imaginarias que ella si era la indicada y que además tardaste cinco años en darte cuenta? Al poco tiempo, dejaste de teclear y fijaste la vista en un punto neutro.
–Estoy enamorada de ella…–salió de tus labios como una afirmación que has callado por mucho tiempo– ¿Qué se supone que voy a hacer con "esto" ahora?–te preguntas con una sonrisa que no tiene la menor gracia.
Pronto ves como tu vista se distorsiona producto de las lágrimas que, a pesar de querer salir, las retienes con facilidad. Pero lo que no puedes evitar es el "gritar" de tu corazón, el cual te pide que des un paso hacia delante para poder aliviar un poco la carga que está en él. La pregunta ¿Qué se supone que debes hacer? ¿Olvidar? Eso ya lo has intentado, fallando en el proceso, ¿recuperar lo perdido? Si supieras donde está…
Suspiras frustradamente, así nunca podrás superar al pasado…
– ¡Ya basta!–golpeas el escritorio con rabia y en señal de protesta– ¡en cuanto salga de este condenado lugar, iré por una chica para despejar mi mete!
Con esa seguridad en mente, trabajas con la mayor rapidez posible, sabes que el tiempo no vuela para ti. Pero no te importa, en cambio, digitas lo mejor que puedes, para después hacer las respectivas llamadas para las futuras citas y realizas compromiso con el extranjero para el próximo mes. Te sientes satisfecha con lo que haces e incluso sientes que tu tema no era tan grande como creías.
Sonríes con satisfacción, parece que has vuelto a ser la misma de antes. Por lo que, ahora te tomas con calma, lo que hace minutos era una travesía interminable, y además se esfumó las ganas de "jugar" a la rompe corazones. Y en unas cuantas horas terminas el trabajo de un día completo. Te hace sentir especial, al parecer tienes las mismas habilidades "trabajólicas" que tu padre.
Ves la hora en tu reloj pulsera, eran las cinco y media de la tarde, haz hecho, en poco tiempo, tus deberes como jefa, logrando un nuevo record. Así que ahora te sientes con la libertad de hacer lo que se te plazca el resto del día. Y sin pensarlo mucho, sales de tu "encierro", para ir a un lugar tranquilo. No te importa donde sea eso, solo te interesa que se despeje tu mente y te relajes.
Avanzas con rapidez por los largos pasillos, ves de nuevo a esa gente que te "saluda". Pero a ti no te interesa, ya que te sientes relajada después de trabajar mucho. Y tras pasar por la recepción, te percatas de que alguien te hace señas.
–Himemiya-san–te llama la recepcionista– ¿me puede decir a qué hora llegará? Recuerde que tenemos que agendar la hora para su salida a la casa de los Russell.
– ¿En qué momento se decidió eso?– preguntas sin enojo. Bien sabes que los Russell son una familia en potencia y que con ellos las exportaciones internacionales llegarán a niveles inimaginables, convirtiendo así a tu empresa, en la mejor de todo Japón–no recuerdo dicho acuerdo–le sonríes de buen humor.
La chica solo te mira un poco sorprendida con tu actitud. Quizás hasta se pregunte si estás de buen humor…
–v-vera…–no sabía que decir, hace mucho que tú no sonríe–si no mal recuerdo usted tiene una reunión en la casa de esa familia…
–sí. Eso ya me lo dijiste–le pones toda tu atención a la joven–pero quiero saber la hora y lugar, si fueras tan amable de decirme, por favor.
La muchacha se queda un momento quieta, para después despertar del trance–a-ah. Disculpe–ve en sus archivo lo acordado–l-lo siento mucho, pero aquí no tengo dicha información ¿sería tan amable de regresar y esperar en el salón principal?
– ¿Por qué no puede decirme ahora?–tenías prisa. Ya estaba anocheciendo y sentías que la paciencia te duraba poco–bien sabes que soy una persona ocupada, no me gusta la ineficiencia–le dices un poco impaciente.
– ¡per-perdóneme!-dice la chica asustada al ver el ligero cambio de tu tono de voz–pero yo aún estoy trabajando y los papeles se encuentra en la oficina de reuniones, y de seguro estará ocupada a esta ahora…–finaliza con un susurro y bajando la cabeza.
Al ver su actitud, suspiras agotada. Pues de pasar a la felicidad máxima, de nuevo tienes que volver a pisar este lugar, pero no te queda de otra y para no seguir asustando a la joven, solo dices–de acuerdo, pero volveré tarde. Creo que tengo derecho a un poco de relajo después de un arduo día–finalizas con una expresión de agotamiento.
–S-sí–dice la recepcionista.
Finalmente sales de ahí y te propones a caminar, ya que lo de ir a un lugar tranquilo, se vio un poco opacado con la chica…
Avanzas a paso lento por las calles que están atestadas de gente. Y luego de pasar por entre ellos, te aburres, por lo que decides pasar por donde haya menos gentío. Al mirar por los alrededores, descubres que no hay ni un centímetro libre y suspiras irritada. Pero al volver a levantar la vista, ves una cafetería a poco pasos de donde estabas. Pronto te encaminas hacia allí para poder descansar un poco y así evitar a las personas que circulan sin parar.
Al entrar a ese lugar, descubes que te es muy familiar, ¡claro! Piensas. Te es familiar porque es la cafetería que frecuentabas con la rubia y la mejor amiga de ésta. Al adentrarte más, ves que no ha cambiado nada…todo está tal cual como la última vez que pisaste sus alfombras. Que recuerdo te trae a la memoria…
– ¡Chikane-chan! ¡Mira ese lugar!–te dijo Himeko– ¿podemos entrar y descansar un poco? Por favor– cuando ella ponía "esa" cara, era imposible decirle que no.
–de cuerdo, pero solo un instante–le dijiste cortante–sabes que tengo que ir a la empresa a ver el progreso–no habías hallado otra excusa para decir lo que realmente sentías: estabas aburrida.
–está bien…–no dijo nada más. Es probable que se haya desilusionado un poco, pero ella siempre es comprensiva con tu trabajo, así que disfrutaba lo poco que tenía…–entonces no quiero entrar–dijo antes de pisar en local.
Tu solo te la quedas mirando y suspira por la frustración ¿no podrías ser un poco más amable con ella? Después de todo es tu novia. Se supone que la amas, por algo está ahí contigo.
–Está bien, Himeko–le tomas los hombros y la empujas hacia dentro–ya te he dicho que podemos estar un momento.
Y al ver la expresión de felicidad de la ojiamatista, corrobora que has hecho lo correcto.
Es una lástima que solo sea un lindo recuerdo ¿verdad?
– ¡Chikane-san, que bueno volver verte por acá!–grita alguien.
Al buscar a la persona, chocas con la mirada de Saotome.
–Makoto-san, que bueno verte. De nuevo–le dices sinceramente, ya que ella también forma parte de tu exclusivo grupo de amigos– ¿Qué te trae por aquí?
–Recuerdos…–contesta con una voz que suena nostalgia–tú, yo y ella…–evitó mencionar el nombre de la ojiamatista–solíamos venir a relajarnos un poco del extenuante día–dijo mientras apoyaba su cabeza con las manos–sobre todo tú, quien era o eres– se corrigió–la más trabajadora de las tres–finalizó mientras te dedicaba una sonrisa con un reflejo de burla.
Tu solo suelta una leve risa–no ha cambiado nada tu manera de ser Mako-san–le dices mientras te sentabas al frente de ella y coges la carta del menú–, pero tienes razón. Este ambiente tan relajante es digno de visitar para despejar tus neuronas–le dices tratando de sonar chistosa.
–Definitivamente, las bromas no son lo tuyo–luego de decir eso, se formó un silencio, para posteriormente, estallar en una carcajada.
Debías reconócelo, la castaña tiene ese toque que la hace especial, no te sientes atraída por ella, pero si al menos, la puedes considerar como tu mejor amiga. Himeko tenía razón, esta chica te puede sacar de las peores crisis y brindarte un momento de diversión y lo mejor de todo es que con ella podías hablar de la rubia sin llegar a sentirte mal.
– ¿En quién piensas, ojos azules?–esa pregunta te sacó te tus recuerdos.
– ¿Hace cuánto que no me llamabas así?–contra preguntas, para evadir la interrogación anterior, porque sabes que igual terminaste por pensar en la rubia…
Saotome, por un momento, se queda en silencio–desde que Himeko se fue de tu lado…–confiesa mirándote a los ojos–Chikane, sé que esto te afecta–comentó con un tono serio–, pero debo reconocer que aún me duele la indiferencia que tenías hacia ella. Lo sé. Sé que es tu forma de ser, pero yo…–no pudo seguir, ya que se veía que le afectaba.
–tranquila, Mako-san–le dices y le dedicas una sonrisa en señal de comprensión–no me he comportado a la altura con Himeko, pero ahora estoy pagando eso…–le confiesas, bajando la cabeza.
– ¿Por fin has abierto los ojos?–pregunta mientras toma un poco de su café–debo confesar que pensé que nunca lo admitirías, ¿felicidades?–te dijo entre sarcasmo y tristeza, ya que, de alguna manera, te había tomado cariño, pese a sus palabras severas.
– ¿sabes? Aunque no lo creas, te agradezco la sinceridad. Sé bien que yo fui la que empezó todo–sabías que si empezarías tu mea culpa, se te formaría el nudo en la garganta, pero a la vez sentías que lo necesitabas y que con ella podrías desahogar aún más tus penas–y también reconozco que lo terminé. Por eso no te sientas culpable en decir lo que sientes. Yo… lo aceptaré.
–dejamos esto así. Yo de verdad no quise desquitarme contigo, no de esta manera–se pausó y desvió la mirada–sé por lo que estás pasando y yo…
–está bien…–dices de manera calmada, porque así es cómo te sientes, pese al nudo en tu garganta. Y sabes que ella solo quiere ver lo mejor de ti–tú sabes que te escucho todo lo que quieras y aprecio el hecho de que seas una amiga incondicional a pasar de que no lo merezca…
Se formó un silencio, no incomodo, pero si para reflexionar. Y al poco tiempo, dejaron de tocar el asunto y conversaron del día sin mayor problema. Pero pronto te das cuenta que aun tienes otras cosa que hacer por lo que te marchas diciendo que tienes más planes "agendados" y te vas dejando a Makoto en el mismo lugar, pero con la certeza de que ella siempre estará ahí para ti y eso te deja una sensación cálida en tu pecho.
Llegas lo más rápido posible a la oficina y al entrar a ésta, ves que no está la recepcionista con la indicación de tu nueva reunión. Pero por alguna razón, no te sientes acelerada o irritada, así que tomas asiento para esperar a la chica.
Pronto sientes que la puerta se abre y ves entrar a la joven–discúlpeme el retraso–te hace una pequeña reverencia–en cuanto me informaron que ya estaba de regreso, traté de llegar lo antes posible–puede ver como ella tiembla ligeramente y eso te hace sentir un poco culpable ¿tan mala eres con tus empleados?
–está bien ¿Ryoko-san? ¿Ese es tu nombre, verdad?–tratas de ser más cordial al querer acordarte de su nombre.
–No. Mi nombre es Hitomi–dice un poco ilusionada y tú solo quieres que te trague la tierra por confundir nombres–, peo le agradezco el querer recordarlo.
–Si…bueno–no sabes cómo salir de ésta–, a lo que venía… ¿me dices la hora y lugar?–como no se te ocurrió nada más que decir, vas directo al grano, para así pasar desapercibido el momento bochornoso.
– ¡oh, sí! Discúlpeme…–dice ella avergonzada.
–y otra cosa. Trata de no disculparte tanto. No has hecho nada malo, así que tranquila–le dices mientras le dedicas una simpática sonrisa.
–está bien…etto…. –tal parece que ya no sabe cómo dirigirse a ti.
–su pongo que sabes quién soy ¿verdad?–si poder evitarlo, le haces una pequeña "jugarreta" a pesar de tu falta de tacto. Y esto, aunque parezca contradictorio, te divierte.
–po-por supuesto sé quién es usted…–se pausa un poco, para luego continuar–usted es Himemiya Chikane-san, la mejor empresaria, joven, ilustre, hermosa…–sin percatarse de tu presencia, la chica sueña despierta, hasta que tú carraspeas–lo-lo siento…
–Volviendo al tema…–tratas e que no te dé un ataque de risa al ver su cara– ¿ahora sí, serías tan amable de decirme lo que tengo que saber?–sabías que estabas cansada, por lo que fuiste directo al grano, nuevamente.
–Bien…–dice sin mirarte y buscando unos papeles en la carpeta que tenía en sus manos–según lo que sale aquí, su cita es cerca de su casa de verano en la costa oeste, el paradero de la casa es similar a la suya y creo…–se detuvo, parecía estar analizando los papeles– creo que está ubicada justo al lado de la suya…–finalizó con una pose, que hasta a ti te ha dejado sorprendida.
–perfecto. Necesito que le avises a Russell-san que estaré a las….-de pronto caes en cuenta de un pequeño detalle– ¿Qué hora es el encuentro?
A estas alturas, la recepcionista ya no sabía cómo actuar. Y es que en pocos minutos, tú le has dado una imagen totalmente distinta a lo que ella conoce–s-si no mal recuerdo y déjeme corrobora…–vuelve a ver los papeles con un semblante más calmado– usted tiene la reunión a las diez de la noche.
–Bien…entonces si no hay más noticias, será mejor retirarme y tu deberías de hacer lo mismo–no sabes como pasó, pero al parecer le has cogido cariño una completa extraña y te pregunta ¿Qué está pasando contigo?–nos vemos en otra oportunidad.
Te marchas sin decir más nada y no esperas una despedida de parte de ella. Y es que no sabes con certeza qué clase de plática has tenido y más aun con una chica que ni del nombre te acordabas. Posiblemente te sientes sola y quizás inconscientemente hayas empezado a buscar pareja. No creo que sea posible, piensas con tu actual sentimiento desolado ¿Quién se podría fijar en ti, si a veces no te aguantas ni tú? Y nuevamente, vuelves a caer en ese agujero que no te deja ver cómo eres realmente.
Tratas de que el malestar no avance por tu corazón, y te encaminas a las alida.
Llamas a un radio taxi para que te lleve a casa. Ya es tarde y bien sabes que estas horas no son las más adecuadas para que deambules por la calle…sola. Pasan los minutos y pronto divisas al automóvil; te subes y tras una corta trayectoria hasta tu casa, te bajas de él y te encierras en tu hogar…donde estás sola.
Mientras te preparas para dormir, sientes que la calidez que habías experimentado la mayor parte del día, se esfumaba, como si de una vela se tratase. Pronto te vuelves a sentir tan vacía como la vez que lo experimentaste cuando la ojiamatista se fue de tu lado.
Tratas de conciliar el sueño, pero antes de hacerlo, por tu mente pasa una oración que no podrías decir en voz alta.
Quiero verte, Himeko.
Bien, aquí les dejo el segundo capítulo de este fic. Gracias a las personas que comentaron, le dieron follows y favorite. También se les agradece un montón a aquellas personas que solo leyeron.
Saludos a todos!
