Disclairmer: KnM no me pertenece. Es propiedad de kaishaku.
¿No es agradable sentir la brisa del mar golpear tu cara? O ¿Cómo se siente al estar bajo un sol resplandeciente a horillas de la playa? Definitivamente esta fue la mejor decisión que has tomado después de ver si podías visitar tus orígenes antes de la reunión.
Pero a pesar de estar aquí, aun conservas recuerdos de una pequeña discusión en la oficina de reuniones…
Caminas en dirección a tu oficina para ver los últimos detalles de tu media jornada, ya que has decidido ir más temprano a tu casa de verano solo para relajarte y ver unas cuantas caras conocidas. Y entre ellas estaban: tu medre, la cual no ves hace mucho y Otoha-san, la doncella que se ha encargado de los quehaceres del hogar y que ahora es como una hermana para ti.
Sientes como una sonrisa se forma en tus labios. ¿Cuánto tiempo has dejado pasar para ver a tus seres queridos? El tiempo que le has dedicado a la empresa no fue proporcional a tu estancia con aquellos que son y serán importantes para ti.
Sientes que no está todo perdido y eso, aunque no lo creas, también aplica para Himeko.
–Himeko…–sale de tus labios con un suspiro y una nostalgia que se aloja en tu corazón. Pero a pesar del poco tiempo que llevas recordándola, sientes que el dolor se hace más fuertes.
¿Remordimiento? Tal vez…
Al recordar y soñar despierta, no te percatas de que has llegado a la oficina, hasta que alguien te llama la atención.
–Vaya, así que la princesa sueña despierta…–dice Souma con un ligero tono de reproche–no vuelvas a mencionar su nombre. Tú no la mereces
–y supongo que tú si–le dices sin mirarlo a la cara y en cambio buscas lo que necesitas–hasta donde yo recuerdo, fue ella la que eligió con quien se quedaba, así que te pediría que no me moleste con el asunto ¿quedó claro?–esta vez te giras para mostrar una mirada severa.
Cuentas ganas tenías de golpear al chico, pero debías contenerte. Le has hecho una promesa a la familia del sujeto, así que no debías caer en esos bajos instintos. Pero este personaje a veces se pasaba y se sentía con el derecho de criticar a los demás.
–Escúchame bien tú a mí...–dijo un poco molesto–ella no te escogió por cuenta propia, sino que tú la persuadiste con tus encantos de joven noble y ella como niña inocente cayó bajo tus redes. Y también te recuerdo que fuiste tú quien la alejó luego de mostrarte cómo eres en realidad: fría e inmadura–dijo alzando la voz y acercándose de manera amenazante.
–gracias Souma-kun por recordar mi penosa historia–le has dicho con sarcasmo–,pero te recuerdo que ESO ya lo sé, así que no sirve de nada decirlo, ya que mi ERROR lo estoy pagando con su perdida–a pesar de que le estás contestando a Ogami, no puedes evitar sentir una pequeña punzada en tu corazón por la reflexión que estás teniendo–. Pero de algo estoy segura…–por un momento callas y es que no sabes bien lo que vas a decir, pero sientes que las palabras fluyen con naturalidad–si Himeko no es para mí, entonces no volveré a ver, pero…–tomas un poco de aire, ya que éste se ha convertido en tu mayor deseo–si el destino quiere que estemos juntas. Lo estaremos, sin que nadie lo pueda evitar.
Luego le das la espalda para salir de ahí, sin darle la oportunidad de decir algo más.
Para pasar el mal recuerdo, te diriges al mar para sumergirte en sus aguas y relajar el cuerpo. Eso nunca lo habías hecho, pero como Mako-san había dicho: "siempre hay una primera vez para todo". Y con esa frase en mente, sientes que lo puedes hacer todo y que lo que has considerado difícil, puede tener la solución más sencilla. Puedes sentir el frío relajante del agua abrazar tu cuerpo, te agrada esa sensación. Miles de emociones se acumulan en tu pecho, pero lo que más resalta es la tranquilidad que sientes.
Al salir a la superficie, sientes el frío del ambiente, pero no te alarma, ya que el calor del agua te protege. Vuelves a nadar, pero esta vez sin sumergirte y otra vez vuelves a sentir la emoción de tener la adrenalina sobre tu cuerpo.
Te gusta.
Al salir del mar, sientes que los músculos se relajan y pasas a estar en un estado de insomnio leve, ya que tú no estas acostumbra a ese tipo de trato. Te desplomas sobre una cubierta que está en la arena y te cubres del solo que golpea tu cara. Este era el tipo de vida que deberías tener, lejos de problemas, responsabilidades.
Cuando sientes la brisa golpear suavemente tu cuerpo, te sientes más relajada, y sin prestar atención a tu alrededor, cierras los ojos lentamente.
– ¡Chikane-chan!–dice la rubia– ¡mira, el concierto que tanto esperábamos al fin se dará en Tokio!
–Que esperabas…–le corriges despectiva–te recuerdo que tú eres fan de ello, no yo–le dices sin despegar tu vista de la computadora portátil.
–Pero Chikane-chan…–dice con un tono de voz apagado– ¿no me acompañarás, cierto?–dice tratando contener las lágrimas y lo sabes.
– ¿Vas a empezar de nuevo, Himeko?–le dices mientras cierras la computadora y te levantas, ya que esto será breve…–por si no te has dado cuenta, yo trabajo arduamente para la compañía de mi padre y como sabrás, seré la futura heredera de ésta–le explicas tranquila, pero sabes que poco te va a durar–. No tengo tiempo para distracciones que no van a ser ningún aporte en mi vida–le mencionas de manera gélida. Con eso esperabas que la discusión llegara hasta ahí. Pero…
– ¡es que solo en eso piensas! ¡¿Trabajar, en serio Chikane?!–explotó. Eso no te lo esperabas–Chikane-chan, llevo años tratando de sacarte de tu rutina–dice mientras respira hondamente para tranquilizase–, pero me lo estás poniendo tan difícil. Entiendo que tu empresa es importarte, junto con lo que conlleva, pero…–baja la cabeza, sabes que ahora empezará a llorar– ¡¿es que no formo parte de tu vida, así como tú en la mía?!
– ¡ya basta! ¡Deja de molestar con el tema!–le dices ya perdiendo la paciencia, sabes que está mal lo que haces, pero no te gusta que te reclamen. Menos cuando estás estresada– ¡si tan aburrida crees que soy, entonces sal por donde viniste. Yo no te obligue a estar conmigo!–le expresas con rabia mientas le tomas la muñeca y la acercas a la puerta.
–Pero Chikane-chan…–dice bastante asustada con tu actitud. En los pocos años que te conoce, nunca ha visto esta faceta tuya–basta…–susurra asustada.
– ¡¿Qué?! ¿Ahora quieres que pare?…–alzas la voz aun alterada, no te has dado cuenta que te estás descargando con ella todo el estrés que llevas en tu ser– ¡estoy harta!–gritas al tiempo que la empujas. Ella se tambalea y cae al suelo.
Respiras agitadamente, pero sientes que la ira se va y un sentimiento se aloja en tu corazón. Uno que sabes de su significado. Pero ya habías actuado–Himeko, yo…–sin darte cuenta, bajas a la altura de tu novia, percatándote que ella llora en silencio–yo…yo…
–está bien, Chikane…–susurra y te percatas que no dijo "chan" al final de tu nombre–siento las molestias que te he causado, de verdad–dice mientras levanta lentamente su rostro.
Cuando los ojos de ellas y los tuyos conectaron, un escalofrío recorrió tu espalda. Siempre ves esa mirada cuando haces las cosas mal, no es nada nuevo para ti. Pero lo que sí es nuevo es la forma como te está tratando y la mirada un poco más oscura. Y esto te provoca un mal presentimiento.
Himeko se levanta en silencio, tú solo observas lo que hace sin perder detalle–a partir de ahora, no me verás interrumpiéndote, seré solo un espejismo del cual nunca tuvo importancia, seré…–de pronto se quiebra y tú te acercas para tratar de confortarla, pero te detiene– seré alguien que pasará al olvido–finaliza mientras sale llorando por la puerta.
Tú solo te quedas inmóvil. ¿Qué fue eso? ¿Una despedida? ¿Deberías ir tras ella?
No… resuena en tu mente. No tendría sentido ir tras ella sabiendo como está. Además sabes que no te hará caso y con justa razón…
Tras pensar en que deberías hacer, optas por ir a trabajar para olvidarte de ese amargo momento…
Despiertas de golpe, ¿Por qué has soñado eso? Sientes todo tu cuerpo tenso. Tratas de controlar tu respiración que se hizo irregular después de despertar.
Y luego de relajarte vuelves a recordar eso, ya más tranquila.
–Y pensar que esa fue nuestra última discusión…–dices mientras miras al mar con un peso en tu corazón–Himeko…perdóname–comentas al viento mientras escondes tu rostro entre tus piernas y tratas de retener las lágrimas que, a pesar de poner todo tu esfuerzo, salen libremente y ruedan por tus mejillas.
Mientras tratas de aguantar tu dolor, sientes que alguien te toca el hombro, haciendo que te sobresaltes–señorita Himemiya ¿está usted bien?–esa voz…
– ¿o…to…ha?–dices con dificultad producto del nudo en tu garganta. Y al corroborar que efectivamente es ella, solo te limitas a lanzarte a sus brazos– ¡Otoha!–dices mientras rompes en llanto, cual niña pequeña.
– ¿Chikane-sama?–dice sorprendida por tu actitud– ¿le ocurrió algo? ¿Le pasó algo a la señorita Kurusugawa?–al mencionar el nombre de tu amada, sientes que la tristeza va aumentando. Por ende, las lágrimas también.
– ¡la pendí, Otoha, la perdí!-repites mientras te aferras más la abrazo que te da Otoha para confortarte.
Otoha no entiende nada, solo sabe que estás llorando y que era su deber ayudarte–tranquila, señorita, todo va estar bien–era una oración común que se le dice a las personas afligidas, pero es que la doncella no sabía que más decir–. Vamos a la mansión para que me cuente todo…–comenta al ver que dejas de llorar a mares.
En el trayecto a la mansión, le cuentas a tu criada todo lo que pasó sin dar mucho detalle por la vergüenza que eso significa para ti.
Te sienta a gusto volver a pisar esta casa que también forman parte de un sin número de recuerdos de tu niñez. Aunque algunos de ellos, no son exactamente gratos. Pero a pesar de lo estricto que fueran tus padres para contigo, ellos siempre valoraron el esfuerzo que ponías para ver una leve sonrisa en sus rostro.
–llamaré a su madre, para que tengan una conversación a solas–Otoha interrumpe tus pensamiento–, además les prepararé ese té que tanto les gusta. Con su permiso–finaliza haciendo una pequeña reverencia.
En cuento ella se fue, tú te diriges a tu cuarto. Ése que por muchos años has dejado de ver. Caminas por unos pasillos llenos de habitaciones y al frente de ellos se encuentran con ventanas de estilo colonial y cortinas de sedas. Sonríes por lo costosos que son estos objetos, que son los mínimos, pero de igual forma son cosas compradas con sacrificio, aun que la gente piense lo contrario….
Al llegar casi al final de tu camino, ves dos opciones a tomar; una era la derecha, donde recorrías un trecho más corto y encontrabas el salón donde contenía a un piano de cola, el cual tocabas de niña; y luego estaba la izquierda, donde de igual forma caminabas un corto pasillo para llegar a tu destino: tu habitación.
Al entrar a ésta, sientes que todo lo vivido ahí, aparece como si de un cine se tratase. Puedes ver a esa niña sonriente jugando con sus muñecas o saltando la cama o, de vez en cuando, tus padres se quedaban contigo en la noche leyéndote un cuento para que durmieras.
Que feliz te veías, pareciera que nunca tendrías problemas. Cuanto añorabas volver a ese tiempo en que tu vida solo consistía en jugar.
–disculpe la intromisión, señorita, pero ya la está esperando su madre–dice un joven de pelo castaño entrando levemente a tu cuarto.
–está bien, Yukihito, gracias.
Al llegar a la sala principal, ves la gran chimenea que no está encendida, pero de igual forma se ve imponente y observas sus adornos que tiene sobre la repisa. Te acercas para ver mejor las fotos que están retratadas y el reloj que está central a los retratos. Puede ver a tus padres, a Otoha, a ti y todos juntos en un retrato.
Sonríes por la nostalgia. Hacía tempo que no te sentías parte de una familia. TU familia, pero para ti, ellos eran como unos extraños en tu vida a pesar de que compartías lazos de sangre.
–Bienvenida a casa, querida–te sorprendió un poco la presencia de tu madre ahí, ¿desde hace cuánto que esta?–veo aun eres despistada, como siempre fiel heredera de los genes de tu padre.
Ese comentario no te lo esperabas, ¿desde cuándo tu propia madre bromea?–disculpe, madre, mi imprudencia–como siempre, mostrabas la careta de la mujer perfecta para los ojos de tus padres…–no fue mi intención en ofenderla…no se volverá a repetir–dices con desgano…siempre el mismo discurso.
– ¿de qué hablas, princesa? Tu vieja madre sabe la familia que tiene, así que relájate– ¡¿Qué?!
–Discúlpeme, pero creo que no la entiendo…–dices con una expresión de sorpresa en el rostro.
–Hija mía, por muchos años tuve que aprender a comportarme en sociedad al estar con tu padre–dijo la mujer frente a ti, que a pesar de los años, ella aún se veía joven– .Tuve que reprimir mi forma de ser para que el "estándar social" no se perdiera, pero lo que conseguí fue una imagen totalmente falsa de mi misma y por eso entiendo que tu hayas actuado igual–dijo mientras se paraba y se acercaba a ti y…te daba un abrazo–¿aceptarías el perdón que te ofrezco, ahora?
Esto no te lo esperabas y lo peor, son esas lágrimas que salieron sin que te dieras cuenta.
–Mamá…–dices al borde del llanto– ¡mamá!– vuelves decir mientras la abrazas fuerte, sin llegar a lastimarla– ¡no sabe la alegría que me da volver a verla!–hablas totalmente sincera.
Tu madre solo se aferra más a ti y hace lo que siempre has querido: te acaricia la cabeza en señal de consuelo y un te quiero. Con eso ya no pides nada más.
Tras pasar un par de minutos abrazadas, se separan, pero la señora antes de dejar eso, te da un beso en la mejilla, para después sentarse. Y para ti, este cálido y sencillo acto era lo mejor que hayas experimentado.
–Y cuéntame… ¿Cómo van las cosas con Himeko?–era una pregunta inocente, hecha por una persona que no sabe nada de ti desde hace cinco años– ¿Por qué no la has traído?
Aquello por un momento te sacó de tu pequeño momento de felicidad, pero también has sabido reponerte rápido para poder explicar tu actual situación–terminamos…–no es que no tengas más que decir, pero el solo hecho de admitir tu realidad, te duele.
– ¡cielos! No sabía…no quería que…–no pudo terminar, ya que tú le has hecho una seña para decir que no siguiera, que la comprendías– ¿puedo saber qué pasó?–su semblante se puso serio, pero sabes que es para ponerte más atención.
–errores…mucho, muchos errores–no sabías como empezar, no quería sonar como una pobre chica desafortunada que llora por amor–. No supe cómo cuidar el noviazgo y terminé por perder a la única persona que realmente amaba–sientes como las lágrimas vuelven a surgir, pero no te importa, ya que estas al lado de alguien que te dará apoyo incondicionalmente–.ahora estoy pagando con mi soledad.
–No digas eso…–tu madre nunca se vio obligada a darte consuelo, ya que no se lo habías pedido, por eso entiendes que le cuesta un poco encontrar las palabras adecuadas– todo pasa por algo. Es cierto que quizás hayas sido tú la mayor responsable de la ruptura, pero como siempre le he dicho a mí esposo: la relación es de dos. Por lo tanto no te rindas. Yo sé que es difícil recuperar lo perdido, pero nada es imposible…
–en mi caso, sí es imposible…
– ¿Por qué lo dices?– la mujer perece que sabe lo que vas a decir, porque cambio de posición. Para acomodarse mejor.
–yo…no sé donde está. En los cinco años que llevo esperando, no he tenido noticias de ella…
– ¿esperando? Chikane, eso es mucho tiempo, ¿has pensado en que quizás ella…?–era en lo último que quisieras pensar, pero a estas alturas pareciera tener más sentido.
–lo sé, quizás es eso lo que me ha retenido en buscarla.
–Pero Chikane, si ella está muerta y está en otro país, ¿Quién irá por la chica?– ¡¿Qué?!
– ¡Pero qué cosas dices, madre!–no sabías cómo reaccionar a esto, ¿era una broma?– ¡esto es serio!
–primero, no grites porque estoy a un metro de distancia–dice mientras se levanta y camina hacia ti–; segundo, era solo una posibilidad, no es que sea un hecho; tercero, ¿de verdad crees que ella ha formado una familia?
– es lo más lógico pensar…
–aunque fuera verdad, ¿importa?
–pues…
– ¡no! –dice eufórica, no porque estaba enojada–hija, un matrimonio no es el fin del mundo. Además recuerdo que la chica moría por ti y creo que si se ven podrán confirmar lo que sienten la una por la otra–sonará raro, pero esta extraña conversación hizo que lo ánimos subieran y que una risa se atravesara por tu rostro.
–Gracias, mamá–dice muy agradecida–, y hey que quiero ver más esta faceta tuya, me ha gustado.
–Así será pequeña–dice mientras esboza una sonrisa–. Y tu pone en práctica tu humor, aun no te sale bien.
Ambas se miran por algunos segundos, para después estallar en una carcajada. Y en ese momento piensas ¿hace cuánto no te reías así? Definitivamente tienes que volver a repetir la experiencia.
– ¿Tienes algo que hacer ahora?-pregunta tu madre luego de dejar de reír.
–nada en particular, solo tengo que espera hasta las diez para la cita en la casa de los Russell–comentas con una sonrisa que no sale de tu rostro.
–Ya veo…-fue todo lo que dijo, pero parecía haber algo escondido, ya que su expresión cambio bruscamente.
-¿pasa algo?-no eras ninguna tonta, el ligero cambio de actitud de la mujer no pasó desapercibido para ti– ¿hay algo de lo que me deba enterar?
–tranquila, lo sabrás en su momento. Yo no soy la más adecuada para decirte…
Esto no parecía tener buena pinta, pero como no querías arruinar el gran momento con tu mamá, decidiste pasar por alto el misterio–está bien…entonces, ¿Qué quieres hacer?
-¿Por qué no vamos de compras? Así pasamos un momento de madre e hija–ella sabía de tu disgusto por salir de compras, pero lo que no se esperaba era…
–De acuerdo, hace mucho que no salíamos juntas– te das la vuelta para que ella no te vea reír. Y es que ver su cara de sorpresa fue una gran jugada.
Se supone que estás haciendo un gran cambio en tu vida, pero…
–por favor… ¿ya podemos irnos?–dices agotada.
–lo siento, hija, pero aún faltan más parada por hacer. Aún es temprano y quiero aprovechar al máximo el día.
Y así fue. En la tarde tu madre te lleva de compras, no solo por la amplia ciudad que, a pesar de no ser una urbe tan grande, ésta está llena de comercio. Tiendas de ropas iban y venias, también las de zapatos. La señora se la pasaba probándose cada par de zapatos que veía y tú solo suspira y rezas para que el castigo terminara. Pero ahí estaba tu progenitora otra vez haciendo de las suyas y con eso, te diste cuenta que no tendrá fin en al menos otras tres horas.
–mamá. Creo que ya has arrasado con casi todas las tiendas de esta pequeña cuidad–le dices al ver una pila de bolsas, todas con contenido diverso. Alguna de ella crees que portan contenido sospechoso…
–no creo que sea suficiente, siento que me falta más por recorrer–opina con una vitalidad que hasta a ti te llega a sorprender–pero creo que tienes razón, además de que tienes esa famosa reunión ¿verdad?
Y llega ese momento en que agradeces que falta poco para el encuentro–si, mamá. Ya falta poco…–sin que lo haya pedido, vas con paso apresurado, hasta tu mansión para poder descansar un poco.
Tras un corto trayecto hasta el vecindario, llegas por fin a tu destino, pero antes de ingresar a la vivienda, ves que Otoha te espera en la puerta principal.
– ¿Pasa algo, Otoha?–preguntas levemente preocupada, pues ves que la chica está un poco pálida.
–ve-vera…–esto es raro, normalmente la joven sabe expresarse bien contigo–la reunión que usted tiene con Russell-san se ha adelantado…
– ¡¿Qué?! ¡¿En qué momento se decidió eso?!–puedes sentir como te inunda un poco el miedo. Y es que perder esta oportunidad única de unirse a los Russell, te suponía una gran perdida y peligraba el prestigio de la compañía– ¿a qué hora es y dime dónde?–dices un poco severa, no con enojo, si no por que sientes que se estás perdiendo mucho tiempo–dile que voy en camino–agregas.
–si se observa. Allá en la distancia–señala hacia al frente de tu propiedad–puede ver una casa de color blanco…–por un momento crees que esa era la casa–la que usted debe llegar está detrás de ésa. Es de color roja anaranjada y la persona residente me ha pedido que le diga que llegue lo antes posible, ya que le surgió un compromiso de última hora y no puede esperar más.
–De acuerdo. Iré por unos papeles y voy–vas lo más rápido que puedes hasta tu habitación para tomar unos papeles de legalización y te retiras de inmediato.
Al volver a la salida, ves como Otoha y tu madre tienen una pequeña charla.
–pero Himemiya-sama, ella merece saberlo–dice un poco afligida la criada.
–entiende, Otoha, esto no es nuestro asunto. Por lo tanto no debemos hacerlo–le argumenta mientras le toma un hombro.
– ¿decirme que?–en cuanto te anunciaste, las mujeres se asustaron– ¿Qué se traen ustedes dos?–dices luego de ver que ninguna hace nada.
–Cuando llegues de la reunión, te digo, ahora ve se te hace tarde–fue lo único que dijo tu madre antes de entrar a la mansión y llevarse a Otoha.
–que mujeres más raras…–suspiras antes de partir.
El trayecto no era tan largo como se ve en el principio. Llegaste en menos de quince minutos a la famosa casa. Y te sorprendes al ver lo distinta que se ve: una mansión, que parecía ser del estilo moderno, pero hermoso; la primera parte de lo que apreciabas, parecía ser todo proporcional; el color era una combinación de rojo y naranja que le daba una apariencia rustica, pero moderna; al entrada era muy sencilla: camino de tierra con un amplio jardín con áreas verdes, a lo lejos podías apreciar unos cuantos árboles y, a pesar de estar en la costa, las montañas de podían ver, no mucho, pero la combinación de éstas más los arboles le daban una ambiente del campo, era hermoso.
–disculpe… ¿me podría decir quién es usted?–de la nada aparece un joven rubio de ojos color ámbar.
– ¡oh, disculpe!–dices sorprendida–soy Himemiya Chikane, un placer.
– ¡oh, vaya! Así que usted es Himemiya–dice con una mirada que para ti, es indescifrable.
– ¡Jake! Esa no es forma de tratar a los invitados de Russell-san–dijo una persona que se acerca–disculpe las insolencias de este chico, pero él aun es joven– dijo en cuánto había llegado a ti.
–no se preocupe, él no me ha tratado mal.
–Que bien…ahora si no fuera molestia ¿me acompaña a la residencia, por favor?–dijo el señor de manera amable.
Al entrar a la mansión, lo primero que notas es la uniformidad que tiene: todo está hecho de mármol. Esto te sorprende, porque por fuera el lugar parecía muy sencillo. Conforme avanzas, te das cuenta que los Russell tienen un gusto bastante peculiar con el blanco que le da un toque único al ambiente, parece todo brillar. Los cuadros colgados en las paredes eran, en su mayoría, pinturas de paisajes y en otras parecían plasmar a la familia de generación en generación. Pero había una que te llamó la atención.
En un cuadro, que estaba al centro de una pared con ventanas a los lados, se veía un joven de cabellos castaño y, lo más impresionante, unos grandes y expresivos ojos color amatistas.
Estaba de más mencionar en quien pensaba al ver ese raro color de ojos…
–Señorita Himemiya, venga, es por aquí–te saca de transe el mayordomo de la mansión–. En el salón siguiente a éste le espera Russell-san…–no dijo nada más y se retiró sin acompañarte hasta tu destino.
Das unos cuantos pasos, hasta que entras a la sala. No estaba tan mal, al menos es acogedora….es igual a lo anterior que has visto: blanco del mármol, pero lo que si cambia es el gran ventanal que da una vista del mar asombrosa y además de que hay alguien parado mirando la vista.
–me imagino que es usted Russell-san. Es un gran privilegio conocer-
–Lo siento, señorita–te interrumpe mientras se gira para verte–me temo que tendrá que esperar un poco, ya que mi clienta no ha terminado un asunto que la aqueja, le ruego sea paciente.
¿Clienta? Ahora resulta que tendré que tratar con una mujer…con lo complicadas que son, te quejas, pues no te esperabas este giro tan inesperado… ¿o sí?
–disculpe mi ignorancia, pero ¿Quién es usted?–sabías que estaba de más tu pregunta, pero no podías sacarte de la cabeza la palabra clienta.
–soy el abogado a cargo de hacer efectiva y legal la unión de sus empresas–dice mientras esboza una sonrisa–me alegra conocerla en persona, señorita Himemiya.
–el gusto es mío.
Al poco tiempo se produce un intercambio de palabras con el abogado y te sorprende saber que todo ya está listo para la unión. Solo había que firmar. Al ver que la charla ha durado un poco más, ambos toman asiento y una de las doncellas le da una taza de té y te vuelves a sorprender ya que se trata de tu té favorito.
Pero pronto todo cambia al sentir la presencia de alguien más…
–siento mucho la demora…–esa voz…
No sabes que pasó, solo sientes tu cuerpo ponerse rígido y de pronto la boca se te seca, pese a que hace un momento estabas tomando tu té.
No puede ser…
Te giras lentamente hacia dónde provino esa voz.
No puede ser ella…
En el instante en que los ojos azules y amatistas chocaron, sentiste que el mundo se te venía encima y pronto has dejado de respirar.
–Himeko…
Bueno, esto es todo (por ahora). Ha sido grata la sorpresa al escribir el fic, ya que éste se "escribe por sí solo". Y bueno antes de retirarte les tengo una pregunta: esta historia seria narrada solo desde el pinto de vista de Chikane, pero siento que dejaría de lado a Hime-chan, ¿Qué opinan ustedes? ¿Solo un punto de vista o ambas?
P.D: a partir de este capítulo, las cosas se pondrán más… ¿emocionantes? (eso espero XD)
¡Saludos!
