Disclairmer: KnM no me pertenece. Es propiedad de kaishaku.


El silencio y la frialdad siempre estuvieron contigo. Eso no es nuevo, pero lo que sientes ahora es lo mismo que desde hace cinco años, pero más denso. Ninguno de los presente dijo más nada al entrar Himeko a la sala. Las miradas eran difícil de describir, aun para el hombre que estaba presente. El choque de tu mirada con la de ella tenían mucho que decirse, provocando que la sala quedara corta de sonido.

–Mi señora Russell, siempre tan bella–comentó el abogado para aliviar un poco la tensión que se había generado–. Ha tardado más de lo que esperaba, pero le aviso que aún no empezamos la reunión oficial. –finaliza con un semblante más serio.

Señora, resuena en tu cabeza, sacándote del trance que tienes ahora. Así que después de todo si lo hizo…

Desde aquel momento tu cuerpo dejó de responder a tus estímulos y cambió a un estado automático en forma de defensa. Ya no oías bien, no sentías, no veías…tu cuerpo por si solo se encargó de guiarte de nuevo a tu asiento y de ahí solo tratar de escuchar lo más relevante.

–mi señora, se puede sentar donde guste–dice aquel hombre de terno y corbata, cual ya no te simpatiza.

–Está bien, señor Brown–su voz sonaba como siempre la has oído. Angelical. Pero pareciera que hay cansancio en su tono.

–Por favor, señora Russell, ya le dije que podría tratarme con menos formalidad–habló el abogado.

–eso también aplica para usted. Trate de decirme Himeko o Himeko-san– su risa era suave como el viento que te acaricia la cara. Luego de hablar un poco más con el jurista, ella te trae de vuelta a la realidad–. ¿lista para la unión de nuestras empresas? ¿O necesita más tiempo para reflexionar, Himemiya-san?–aquellas pregunta hechas de la manera más fría te tocó en lo más profundo de tu corazón, causando un dolor, soportable, pero latente.

–Por favor…–no sabes de dónde has sacado la voz, pero en este momento no te sientes con la capacidad de hacer un trato, ni menos si le compete a tu empresa– ¿me deja a sola con Himeko…digo, con Russell-san?–al levantar la vista y ves como el hombre presente pone una cara de preocupación. ¿Qué habrá apreciado el abogado en tus orbes? Definitivamente, no querías saber….

–No lo sé…yo…–se giró hacia Himeko y ésta le hizo una señal para que se fuera y pudieran hablar más tranquilas–. Solo puedo darles unos veinte minutos, con su permiso. – y se retiró con un semblante preocupado.

–Himeko…yo…– ¿Qué? ¿Qué le vas a decir? ¿La extrañabas? ¿La amas? ¿La…necesitas?

–Mucho tiempo sin saber de ti, Himemiya…–dice rápidamente, cortándote lo que le querías decir– ¿Cuánto ha pasado? ¿Cinco años?

De pronto se vuelve a formar un incómodo silencio, uno que parece ser que será común entre tú y ella.

–Mira, Himemiya, seré breve…–comenta luego de que no haya comentario alguno con un tono más áspero–. Yo, al igual que tú, tampoco deseaba verte, pero surgieron cosas a lo largo de estos años; cosas de las cuales me ahorraré de comentar, ya que no vienen al caso…–se tomó una pausa, porque lo anterior dicho fue muy rápido. Pareciera como si tuviera prisa o no quisiera estar en el mismo lugar que tú–. Solo quiero que sepas que nuestra relación solo será de socias con un fin en común: tener una gran alianza para beneficios propios…

Y otra vez la sala quedó muda…

– ¿no dirás nada? Te recuerdo que fuiste tú la que pidió un poco de "privacidad"–dijo más molesta, se le notaba por su voz más áspera.

En realidad, no tenías nada que decir, solo se te ocurrió de improviso el estar a solas. ¿Será que solo querías estar así, a solas? ¿O querías apreciar el nuevo cambio de look? Realmente no sabías que era lo que hacías. Pero ya no podías hacer nada, ya habías actuado…como siempre. Así que tenías que plantear un tema de conversación ahora ya.

–Te cortaste el cabello…–fue lo único que se te ocurrió para calmar el tenso ambiente.

–No lo puedo creer…–dice ya bastante cabrada–. Solo eso se te ocurrió, Himemiya, ¿en serio? Esperaba más de ti, se su pone que tienes dotes de una gran oradora. –dijo con el ceño frunciéndose aún más.

–Estoy tratando de hablar contigo–levantas la vista para poder ver su expresión–, pero veo que tú no quieres tener ningún tipo de charla. Al menos no conmigo. –tratas de sostener la mirada con ella, pero al poco tiempo, eres tú la que baja la cabeza. ¿Desde cuándo Himeko puede ser tan intimidante?

–bien. Como veo que no hay nada más de que hablar, traeré de vuelta al abogado para que nos informe de los requisitos. –dice mientras sale de ahí en busca del señor ¿Brown? Mientras tú te quedas sola.

Y la primera pregunta que se formula en tu cabeza es…

¿Requisitos? ¿Qué requisitos? Si bien es cierto que no habías prestado mayor atención en su momento a la charla entre Himeko y el abogado, tampoco sientes que te has perdido de mucho. A fin de cuentas es con la ojiamatista que debe hacer tratos. Pero al parecer no tienes mucho que aportar, ya que todo estaba hecho así desde un principio, por lo tanto tú no eres más que una oyente y tu decisión final puede afectar a la compañía.

Suspiras pesadamente.

Por alguna razón sientes que en las próximas horas tu opinión será tomada en tu contra. Y bien sabes cuál es la causa de todo esto, pero no puedes evitar sentirte un poco dejada de lado en cuanto a lo que tú y tu familia han resguardado por tanto tiempo. De alguna manera deberás de tratar de llevarte bien con la rubia, o si no esto de ser socias será un caos que no tendrá fin.

Al cabo de un tiempo desde tu lucha mental, sientes los pasos de ambos dirigirse hacia la sala para proseguir con el tema. Tú solo piensas que esto acabe luego, por qué crees que no serás capaz de soportar mucho.

–Lamento la demora, señorita Himemiya, pero mi clienta y yo discutimos unos asuntos externos de la empresa–comunica el jurista mientras entra en la sala, con Himeko a la siga de él–. Espero que no le sea un inconveniente el esperar mucho. –agrega al ver que tu expresión no es del todo grata.

–Lo siento…–dices al sentirte observada por ambos–. Pero estoy un poco cansada, recién llegué hoy, así que no he descansado mucho.

–entonces hagamos esto rápido. Yo también quiero terminar luego, tengo asuntos que atender. –habla impulsivamente la ojiamatista después de ti. Al parecer tiene prisa y además de que se ve que no se siente cómoda ahí…contigo.

–bien. No retrasemos más esto. –dijo finalmente el hombre y se dispuso a decir el acuerdo.

Mientras el señor hablaba, no parecías del todo interesada en las primeras estrofas recitadas. Pero todo cambió al oír algo que de seguro fue planeado por Himeko.

– ¿Es una broma, cierto?–era imposible que ella, con lo que te había comentado, pidiera eso, ¿o sí?–. No se supone que no quieres estar cerca mío, entonces, ¿Por qué quieres trabajar directamente conmigo y en mis oficinas?– la pregunta que formulaste no era del todo hecha con enojo, sino más bien con sorpresa–. Explícame ese pequeño detalle, por favor.

–veo que como siempre eres reacia a escuchar el argumento completo…–fue lo primero que dijo antes proseguir–. Esa es petición de la persona que originalmente iba hacer el trato contigo–dijo casi en un susurro, como si quisiera evitar que te enterases de otra noticia–. Y yo no soy quien para desestimar sus deseos–agregó al final, dándote una mirada fría.

En el instante en que tu mirada se cruzó con la de ella, a pesar de que la rubia lo hacía con rabia, sentiste que había algo más detrás de esos orbes. Pero la posibilidad de que volver a hablar eran casi nulas en este momento, más si repentinamente te diste cuenta que otra vez se formó un silencio pesado.

El jurista, suspiró de manera sonora, para que tú y ¿Russell-san? Prestaran atención a las siguientes páginas del acuerdo. Y lo primero que te llama la atención eran los puntos, que ya están estipulados en el informe. Los cuales de desglosan de la siguiente manera, según la conveniencia de ambas: primero está el trabajar juntas bajo "un mismo techo", el cual propone que ambas partes puedan tener un punto de encuentro donde sea más fácil lidiar con los temas más importantes que pueden surgir, de esta manera se ahorra el comunicado por vías de cualquier índole y así estar más atenta a lo realmente importante.

El segundo término del contrato, si en caso de que una de las partes desea operar de forma individual, puede hacerlo, pero bajo la autorización de su contraparte. De esta manera se evitará los conflictos generado de manera externa y una pronta e indeseada invalidez del documento expuesto actualmente.

El tercer término, si por cualquier eventualidad, unas de las participante no ve valoración alguna de la unión, será debidamente analizada. Si por el contrario, esto llegase a ser un problema personal, la socia afectada podrá hacer uso de su autoridad y se encargará de manera personal para resolver el conflicto. Pero si no se llegase a un acuerdo, ambas serán multadas para posteriormente, disolver la unión.

Cuanto término, ambas empresas son participantes exclusivas del contrato. Si por motivo de generar más ingresos, una de ellas pretende hacer partícipe a otros individuos, se analizará debidamente y en caso de un acuerdo positivo, se hará efectiva la unión de la empresa externa. Si por el caso contrario, no se llega acuerdo, se multará a la persona responsable que haya dado la idea, acusada de haber actuado con fin de perjudicar su contraparte.

Quinto termino, ambas participantes serán beneficiadas con este acuerdo de manera económica, es decir, todos los bienes y servicios será valorizados y trasformados en "sueldo líquido" y será repartidos de la siguiente manera: el sesenta por ciento de las ganancia serán destinadas a la compañía de los Russell; mientras que, el resto del cien por ciento será destinado para la empresa de Himemiya…

– ¡¿Qué?!– Estabas impresionada, no podías creer lo que oías– ¡¿en qué momento se decidió esto?! ¡No puede ser que yo me quede solo con un cuarenta por ciento!

–Himemiya, estamos todos presente, no es necesario que grites–dijo la rubia mientras te daba una leve mirada–. Te recuerdo que la empresa que se afilará contigo, tiene más recursos; Recuerda que nosotras somos las encargadas de las exportaciones e importaciones, pero eso no significa que tú seas dueña de maquinaria o naves de navegación y aéreas de última generación. Y te aclaro que, en mi caso, esto se ha llevado por años de sacrificios. No me daré el lujo de exponer lo que tengo.

– ¿Qué pasa si me niego?– estabas a punto de dar marcha atrás, no era que lo quieras hacer, pero estas perdiendo mucho y quizás con esta negación puedas hacer un poco de tiempo para ver cómo cambiar las cosas a tu favor–. Siento que pierdo mucho…

–Señorita Himemiya, si me permite decirle–comentó el abogado, ya que se había formado una pequeña riña–. Si bien es cierto que parece que usted tiene mucho que perder, no es así desde un punto de vista de las finanzas: si se poner a pensar, todo lo que gane en conjunto con mi señora, será para ambas de cierta forma, ya que estarán unidas y por ende, la señora Himeko se encargará darle la mayor información de las ventas y usted, si quiere, puede hacer uso de ellas para futuras negociaciones.

–insisto. Estoy perdiendo mucho, no creo aceptar esto…–comentas molesta y poniéndote de pie. Tenías la sensación de correr y salir de ahí–. No puedo simplemente aceptarlo. ¡es ridículo que actuemos de esta manera!

–lo que hagas o digas en este momento, será tomado en tu contra y yo personalmente, me encargaré de desestimar a tu empresa. –ella no pudo ser capaz de decir aquello ¿o sí? Era una amenaza–. Además de que este acuerdo fue aceptado por tu padre, así que seré clara: tómalo o déjalo.

Miraste a la chica que una vez fue dueña de tu corazón con rabia. Si pudieras decir lo que tenías atorado en tu corazón, lo harías sin titubear. Pero lo que estas personas quieren es que pierdas el control y por lo tanto perder la oportunidad de ser alguien importante en el mundo empresarial. Te sientes que estás entre la espada y la pared…

Apretaste la mandíbula y las manos antes de poder responder– lo haré…firmaré el acuerdo…–en tu voz podía notarse la resignación, pero también la desilusión.

Mientras te pasaban los papeles oficiales para firmar, sin querer, tu mirada se fue hacia Himeko y al contemplar su bello rostro serio mientras firmaba, pensaste en que debería hacer para volver a ver su hermosa sonrisa.

Y de pronto te diste cuenta que a pesar de tener todo en tu contra, aún permanece la esperanza de un futuro con la esta chica, quien al parecer lo único que quiere es hundir tu existencia.

Y ahí entre firmas y miradas frías, solo pensaste en una cosa: te voy a recuperar, Himeko. No me rendiré.

–bien. Ya que el trato esta hecho, podríamos dar por finalizada la reunión. Espero que el futuro le sonría a ambas. –expresó los buenos deseos el jurista.

Tú te paraste de manera automática, ya no querías estar más ahí. Sientes que has firmado tu sentencia de muerte y con eso también sientes que le has fallado a tu padre. No has podido resguardar el bienestar de la empresa de los Himemiya que han cuidado por varias generaciones.

–Si eso era todo lo que querían de mí, entonces me retiro–dijiste mientras estaba ya cerca del umbral de la puerta. Pero una pregunta que salto en tu mente te retuvo–. ¿Puedo preguntarte algo, Himeko?

– ¿Qué quieres ahora?–su tono de voz aún era áspero, pero pareciera que también se escuchó más ligera, como si estuviera satisfecha con los resultados obtenidos.

– ¿Tu realmente te has…?–la pregunta completa no salió de tus labios. Pero la rubia entendió el mensaje.

–Veo que has perdido tu nivel de observación–dice mientras se le escapa una risa sarcástica–. ¿Por qué no te das la vuelta y lo compruebas?–te propuso.

Y como si fuera una orden, te giraste para ver su rostro, que aún estaba serio, para luego, de manera mecánica, ver su mano izquierda.

Y ahí estaba la prueba. Un anillo, que parecía brillar por la presencia de miles de diamantes incrustados en él. Y en ese instante, el tiempo se detuvo y tu corazón dejó de latir por un instante.

La he perdido.


No sabes en que momento llegaste a tu casa, con tus seres queridos; no sabes cuánto tiempo ha pasado desde que te encerraste en tu habitación para no salir más; no sabes cuantas veces tu madre golpeó con insistencia para que le abrieras y así desahogarte. Lo único que tienes en tu mente es ese añillo y el apellido Russell que resuena en tu cabeza. Por más vueltas que des bajo las sabanas, no logras sacar esa estaca de tu corazón.

Sí. Fue un golpe duro el enterarte de esa manera que Himeko no era más portadora de su apellido de soltera. Casi suena irreal el hecho que ella sea una señora y tú aun una "señorita". Pronto vuelves a sentir un hielo que te ha perseguido ya varios días, pero esta vez no haces nada para evitarlo, en su lugar, dejas que las lágrimas fluyan de manera natural por tu rostro y que luego de eso tu voz se hizo presente, sacando el llanto con un grito de frustración.

Pronto tu madre entra a tu cuanto y te abraza estrechamente.

–calma, querida, calma–trata de consolarte–. Ya pronto pasará.

– ¿Por qué…?–salió de tus labio sin querer–. Yo…la amo.

–Lo sé, pequeña–dijo tu madre mienta te acariñaba–. Lamento la forma en que te hayas enterado así de la noticia…–soltó de repente y tú de golpe te zafaste del abrazo.

– ¿lo lamentas? ¿Sabías de esto y no me dijiste?– te limpiaste el rastro de lágrimas y gritas– ¡sabias de esto y no me lo has dicho! Por eso es que actuabas tan extraño.

–lo siento, yo…

– ¿Hace cuánto que lo sabías?–tu pregunta fue hecha de manera severa. ¿Por qué siempre actúas de manera impulsiva? ¿No se te pasó por la mente de que quizás ella también está sorprendida?

–hace unos poco días, me la encontré paseando por la orilla del mar…

Una mujer que bordea los cincuenta y algo de edad, camina al borde del mar. Le encanta sentir el sonido que se crea al romper las olas y el suave viento que trae esas pequeñas gotas del océano golpeando su cara. Era una sensación única, creo que es uno de los grandes motivos que la llevó a estar ahí por el resto de su vida, tras la muerte de su esposo. Tan absorta estaba en sus pensamientos que no se percató de la presencia de alguien que se paró al lado de ella.

Himemiya-san…–al igual que Chikane, la señora pensó que la voz le sonaba similar.

¡Oh, Himeko!–pero a diferencia de su hija, la sorpresa no se debe al reencuentro tras los cinco años. Ya que no tenía conocimiento de eso– ¡querida, tanto tiempo sin verte! ¿Cómo estás? ¿Y Chikane?

Cuando ella formula la pregunta, de inmediato la joven cambia su mirada a una sombría. Y es ahí donde se percata de que algo había ocurrido.

¿Querida, pasó algo?–su pregunta hace referencia a su hija– ¿está bien Chikane?–pronto su rostro cambió a uno preocupado.

no se preocupe, creo que Himemiya está bien…–tras lo dicho por la muchacha, se percata que la nombró por el apellido–. Me fui de Japón. Han pasado cinco años desde entonces y ahora he regresado para hacer negocios con su hija–dijo al final, ya que vio su duda pintada en el rostro.

¿y mi hija fue…?

terminamos…–no alcanzó al formarse la pregunta, pues la ojiamatista lo soltó rápido–. Es algo difícil de explicar. Pero espero que lo entienda. – a pesar de lo anterior dicho por la joven, se pudo notar tristeza en su voz y expresiones.

ya veo–no sabe que decir, pues siempre ha creído que ellas dos eran inseparables–. ¿Puedo saber qué pasó? No para hacerte sentir mal, pero veo que aun tienes mucho de sacar de tu corazón–al decir aquellas palabras, la chica se echó a sus brazos inhalando profundamente para evitar cualquier rastro de tristeza.

Y cuando Himeko sintió que podía hablar, le contó lo vivido con Chikane, no con intención de hacer quedar mal a su hija. También le contó que había hecho una vida con un joven que la amó profundamente y que además se casó con él, ya que recibió el cariño que no pudo tener en los brazos de la peli azul, entre otras cosas.

La señora solo se limitó a escuchar a Himeko, aún no se creía del todo la historia. ¿Cómo era posible que Chikane haya sido tan fría? No era una pregunta en reproche, sino más bien, con sorpresa. Ya que las pocas noticias que tenia de ella, siempre eran las mismas: "no, madre. Todo está bien.", "Himeko sigue tan radiante como siempre, ya sabes cómo es" o "la vida siempre me sonríe con la empresa y ella". Y tras esas palabras, nunca dejó duda de que eran sinceras, pero ¿Por qué actuó así?

Mi niña, sé que quizás no me tomes en serio lo que te voy a decir–le habló con mucho cariño–, pero creo que ustedes solo han pasado por una época normal de las pareja. Sé que Chikane actuó mal. No la justifico–le dio una leve mirada para ver si le estaba poniendo atención–. Pero creo que cinco años es más que suficiente para cambiar, ¿no lo crees?–la mujer le dedicó una sincera sonrisa.

no lo sé, yo…–no sabía que decir, aunque su mente diga que "no", en su corazón…–. Yo no quiero volver a sufrir. –dijo finalmente, apartando la vista.

¿Por qué has venido?–preguntó la mujer.

¿Para hacer negocios con su hija?–no sabía el por qué la pregunta, si ya lo había dicho.

¿pero por qué tú? ¿Por qué no pudo ser alguien externo a ti?–insistió.

ya le dije que mi marido lo me lo había comentado y fue su última voluntad…–las facciones de la ojiamatista, le indicaban a la señora, que ella no sabía el por qué tenía que estar en Japón. ¿Será que él sospechaba que aun tiene sentimiento por su hija? Interesante–. Y yo no soy quien para no hacer caso.

pero eso no está escrito. Por lo tanto no tienes validez notarial. Además, ¿Por qué no pudo venir tu esposo personalmente?–ella ya sabía la respuesta, pero quería confirmarlo.

Eso no le interesa…–comentó algo recelosa–. Esto es algo emocional–comentó un poco severa. No entendía que era lo que tenían entre manos, pero no se dejaría caer tan fácil–. Si de verdad cree que vengo con intenciones de volver con su hija, se equivoca.

Nunca he mencionado eso–dijo con picardía reflejada en los ojos–. Si de verdad vienes por algo emocional, está bien. Pero recuerda esto: viejas emociones puede despertar tu pasado.

Himeko no entendió que quiso decir, en su lugar la miró un momento, para después dar media vuelta y se alejó de ahí, enojada. En cambio la señora, se fue con una certeza: "donde hubo fuego, cenizas quedan".

– ¿Crees que aun tenga alguna posibilidad?–con lo anterior narrado por tu madre, sentiste que hay esperanzas de remediarlo todo–. Siento la forma en que grité, pero yo…

–Tranquila, tu madre sabe por lo que estás pasando–interrumpió–. Pero también te digo que lo que pasará a futuro, será un poco difícil. Así que, ¿Qué tal unos consejos antes de dormir?

– ¿Está bien?–no sabes la intenciones que tiene tu "ángel guardián". Pero sabes que es sabia y que tiene mucho que trasmitirte–. Dime lo que tienes en mente.

–presta atención a lo que te voy a decir–no sabes como lo hace, pero ella tiene la extraña habilidad de atraer tu atención rápidamente–; primero, haz de cuenta que le sigues el juego. Nunca la contradigas, ya que sientes que no estás de su lado–estuviste a punto de refutar eso, pero la señora te dio una fugaz mirada–lo sé. Sé que parece que tienes que someterte a ella, pero no–dijo más relajada al ver que aún estaba atenta–. Con lo anterior que te dije, lograrás que ella obtenga más confianza en ti.

Tenía sentido lo que dijo, ya que si llegas en plan "yo mando", lo único que conseguirás es que ella se aleje aún más. Y al hacerla participe de tu trabajos, lograrás que ella te tenga un poco más confianza y así acercarte un poco más. Claro que, todo este esfuerzo es para obtener su amistad… sabías que tenías que comenzar de cero.

–Segundo–prosiguió tu mamá–, trata de crear momentos en donde estén las dos solas, no para ser más románticas, pero si para tener un poco de privacidad y poder hablar de lo que sea; tercero, no vayas a caer en ese círculo vicioso de decir algo para luego arrepentirte y dar un regalo en forma de disculpas. Se clara y discúlpate como es debido.

–Gracias, mamá–dices mientras le das un gran abrazo–. No sé qué haría sin ti.

–Creo que serías un mar de lágrimas sin mí–al decir eso ella estalló en una carcajada, contagiándote en el proceso–. Te daría más de mis consejos, pero creo que es un poco tarde. Así que descansa, ya que mañana debes volver ¿cierto?

Tu asientes, así que ella se separa un poco de ti para luego darte un beso de buenas noches y salir de tu habitación. Y en la oscuridad de ésta, sientes un renovado ambiente y vuelven las fuerzas en tu interior antes de caer en un sueño.


El trayecto hacia la oficina fue bastante agotador, ya que después de pasar una noche en vela, por momento de insomnio, no pudiste tener el reposo que merecía tu cuerpo. Y lo peor es que no tienes días de descanso aun, por lo tanto debes ir a trabajar.

Estabas tan absorta viendo los nuevos proyecto que se han creado gracias a la unión con los Russell, que te sobresaltaste al sentir como alguien entraba bruscamente a tu despacho gritando

– ¡¿Por qué nadie me avisa que Himeko ha regresado?! ¡¿Por qué lo tenías tan escondido, Himemiya?!–Entró Souma con rabia impregnada en los ojos– ¡contesta!

– ¡¿Qué forma es esa para dirigirte a mí?! ¡Te recuerdo que soy tu jefa!–alzas aún más la voz que ese necio. ¿Qué se cree para venir a reclamar?–fue hace tan solo un día en que YO también me enteré de su regreso–tratas de normalizar la situación, ya que no puedes hacer un escándalo–. Te recomiendo que te vayas en este momento a tu puesto de trabajo o si no vas a tener problemas…

– ¿Quién te crees para decir lo que tengo que hacer, princesa?–sonríe burlón–te recuerdo que ya no eres la única que tiene "poderío" en este lugar, así que mantén la boca cerrada…

–el que debe tener la boca cerrada eres tú…–aquella voz sacó a ambos de la pequeña pelea– o si no, vas a tener bastantes problemas. Más de los que tienes.

– ¡Himeko! –dice él abalanzándose a ella– ¡por fin has decidido verme!– se expresa con felicidad.

–para ti, soy Russell-san.

– ¡¿Qué?!–Su cara pronto cambió a una de horror–tú…tú…–sus palabras no salía de su boca, parecía que la noticia lo ha dejado helado.

Y a pesar de que ver esa cara de sorpresa en el rostro de Ogami, puede ser lo más fantástico que puedes observar. En esta oportunidad no puedes celebrar debidamente, ya que estás igual de dolida con ese hecho. Y pronto un nuevo silencio reina en la oficina.

– ¿Podrías, por favor, dejarme a solas con Himemiya-san?–su voz era suave para con el chico–. Tengo un asunto que ver con ella. –agregó al ver que Souma no movía un musculo.

–S-sí. –y tan rápido como entró, así también fue su salida.

– ¿en qué puedo ayudarla, señora?–dijiste calcando la última palabra.

–Solo vengo a dejar algunas de las ventas que se han realizado por mi parte–dijo mientras te extiende una carpeta–. Ahí encontraras lo que necesitas saber para que no haya ningún malentendido, según el acuerdo.

Revisas lo que te pasó y das la firma correspondiente al documento, pero luego ves que ella aun no abandona el lugar.

– ¿Necesitas otra cosa?– preguntaste de la manera más suave que pudiste, pero salió un poco forzada.

–Necesito pedirte un favor…–a pesar de que habló, parecía estar pensando que decir.

–claro, dime de que se trata.

Y ahí en medio de la sala, dos corazones latían de manera desincronizada.


Les confieso una cosa: sé que soy yo la persona que escribe esto. Pero no puedo evitar emocionarme a leer el fic XD ¿Por qué será?

P.D: este capítulo fue del punto de vista de Chikane y el próximo será de Hime-chan (no se preocupen, esto le dará más "sabor" al fic o eso creo XD) y no cambiaré la forma narrativa.

Notas Guest:

Guest 1: en este fic, Chikane no la pasará tan bien. Va a tener que aprender la lección y posterior a eso, tratar de reconquistar el amor de Himeko, pero tendrá un laaaargo camino.

Saludos y gracias por comentar!

Guest 2: aprovecha de traer un paquete de pañuelos. Nunca se sabe lo que ocurrirá luego XD

Saludos y gracias por comentar!

Guest 3: paciencia. Si no tuviera cosas que hacer, ten por seguro que actualizaría una vez a la semana. Pero la U absorbe mi tiempo…

Saludos y gracias por comentar!

Ahora sí, para el resto de los lectores: saludos! XD