Disclairmer: KnM no me pertenece. Es propiedad de kaishaku.
–Chikane-chan…
–…
–por favor Chikane-chan, yo…
– ¡¿Qué quieres ahora, Himeko?!–la voz de esa mujer no deja de ser intimidante, pero…–. No ves que estoy tratando un tema importante. Déjame en paz. –había dicho mientras volvía la mirada al portátil para seguir con sus asuntos.
–yo solo quería…–hacia lo posible por no llorar, pero el aura de la peli azul le intimidaba.
– ¡¿sabes qué?! ¡Hazte a la idea de que no quiero volver a ver tu cara por el resto del día! ¡Así que hazme un favor y vete!–se levantó bruscamente de su sitio para tomar del brazo de la rubia con brusquedad y sacarla hacia fuera de la casa.
La ojiamatista no opuso resistencia, sentía temor de la mirada dura de Chikane. Quizás debió quedarse callada o fingir que no le había dolido el comentario de: "por favor, tú jamás serás alguien importante a menos de que estés con alguien de ese calibre y ¡qué buena surte! Te has topado conmigo". Ella le rebatió lo anterior dicho, lo que provocó una fuerte pelea donde Himemiya no dio su brazo a torcer y se alejó de Himeko, sin prestar más atención, por el resto del día.
Hasta ahora.
Y para tratar de llevar la "fiesta" en paz, fue Himeko la que "pidió perdón", siendo que la verdadera responsable fue la peli azul. Pero como siempre no quiso escuchar.
Pero aun así, ella hizo el intento otra vez. Así que la esperó paciente en la entrada de la vivienda que compartían, ya que sabía que en algún momento ella saldría para "pasarla bien".
Cuando pasaron una par de minutos, sintió que la puerta se abría para dar paso a la "princesa". Pero para la rubia era más que eso, ella presentía que en el fondo de su corazón escondía al individuo más dulce y bondadoso que jamás haya conocido, pero su amada no dejaba ver nada. Ni si quiera daba señales de querer demostrar "debilidad", como solía decir, si no que se encerraba en su mundo y parecía no querer salir de ahí, se sentía a gusto.
–Chikane-chan…–con una voz un poco temerosa, se atrevió a intervenir en el andar de ella–. P-podemos hablar, yo…
–tengo prisa, Himeko–interrumpió su "futura disculpas"–. Sea lo que tengas que decir, dilo rápido, sabes bien que no soy paciente. –descargó su frustración, el llegar tarde a un "evento" no le agradaba nada ni menos si era a causa de ella.
–lo siento…–no aguantó la fría mirada sobre ella, por lo que habló sin pensar y se tensó al ver que no tenía nada más que decir.
Pero lo que sus ojos no vieron, era la mirada un poco más suave de Himemiya, quien se había sentido culpable otra vez por lo ocurrido.
–está bien, Himeko. Ya pasó–dijo en un tono que parecía ser suave, pero ligeramente desinteresado–. Si quieres podemos ir por ahí a divertirnos un poco–la idea no le sonaba tan mal, ni menos si se trataba de complacer a su novia, pero sobre la misma, se había dado cuenta que ya había hecho un compromiso–. ¡Oh! Lo olvidé. Perdón Himeko, lo dejaremos para otro día. – y en modo de disculpas Chikane besó fugazmente los labios de su amada para irse sin decir nada más.
–Chikane-chan…
– ¡Ah!–te despiertas sobresaltada–. Quérecuerdos se me vienen a la mente–para poder calmar un poco tu estado agitado, colocas las manos en tu cara para poder relajarte y así regular tu respiración, y conforme se va normalizando todo, suspiras de frustración–. ¡Maldición! ¡Todo es culpa tuya Himemiya! ¡¿Por qué tuviste que aparecer de nuevo en mi vida?!
No sabías si esto se trataba de una mala jugada del destino, pero estaba claro que esto no era lo que esperaba. Lo que realmente querías era vivir una vida feliz junto a esa persona especial. Sin contratiempos ni peleas innecesarias.
Pero tu caso era distinto.
Tenías que lidiar con una persona de tu pasado para así sostener la empresa del hombre que te sacó de las tinieblas. Se lo habías prometido, pero eso no significaba que todo sería fácil. Y además tenías que lidiar con cierto inconveniente familiar…
Si tan solo estuvieras aquí, esto sería más fácil para mí…
Te levantas con desgano. De alguna manera ese sueño/recuerdo hizo que empezaras de mal humor tu día.
Caminas por los largos pacillos de la mansión para poder tomar tu desayuno. Aun no te acostumbras del todo estar en territorio ajeno, pero también conoces casi cada rincón del lugar, por lo que no se te fue difícil adaptarte. En cuanto llegaste a tu objetivo, lo primero que haces es mirar el gran ventanal que se muestras imponente al entrar.
Suspiras.
¿En qué rayos pensabas cuando aceptaste el estar ahí? Miles de recuerdos vagan por toda la mansión y no puedes evitar que eso ocurra. Cada instante ahí hace que te sientas mal y te pongas de mal humor, pero.
¿Tienes elección?
A pesar de tener una empresa a tu cargo y que ésta es poseedora de un sin número de bienes y servicios, lo cual produces grandes sumas de dinero, sabes que no puedes hacer uso de las ganancias… y el motivo está claro.
Tratas de ordenar tus pensamientos. De nada sirve pensar en el porvenir, ni menos si no tienes idea de lo que pueda ocurrir más adelante. Tras tomar tu desayuno en paz, te diriges a cierta habitación que ahora le pertenece a él. Simplemente suspiras y golpeas la puerta suavemente, esperando una respuesta positiva. Cuando ves que no hay movimiento, solo dices lo necesario.
–Por favor, sal de ahí o llegaremos tarde. –sabes que lo has dicho con un poco de brusquedad, pero en estos momentos no tenías la cabeza en frío.
Tras esperar unos minutos en la puerta principal, sientes los pasos suaves de alguien acercándose a ti. Sonríes con satisfacción, al parecer tu juego de "la mujer gruñona" ha funcionado, pero también sabes que tendrás que darle algo como disculpa por tu actuar tan repentino.
–Al fin vienes–dices con una expresión suave para poder proporcionar más confianza–. ¿Tienes todo a mano? ¿No te falta nada?
El individuo frente a ti solo asiente con desgano, ya que está somnoliento, pero eso tiene arreglo, por lo que le restas importancia a lo acontecido y te vas con él hacia el primer destino.
Y tras llegar a la primera parada, tu acompañante se baja para poder seguir su marcha hacia su sitio, pero lo detienes a mitad de camino.
– ¿Qué? ¿No vas a despedirte de mí?–le dices en tono de reproche juguetón–. ¿Es que ni merezco un poco de amor?
La persona se acerca a ti y deposita un suave beso en la mejilla antes de volver a su caminar.
– ¡Que tengas un buen día!–dices antes de encaminarte hacia tu trabajo.
En cuanto avanzas hacia tu destino, de pronto te siente en la necesidad de andar por ahí sin rumbo, y eso se debe a que no quieres ver a Himemiya, no después de ese sueño. Nuevamente tratas de despejar tu mente y sacas tu móvil para marcar ese número que pensaste que nunca lo marcarias de nuevo.
Tras esperar lo suficientes, al otro lado de la línea se escucha esa voz.
–-¿Russell-san?–en cuanto mencionó tu apellido, te sorprendió, ya que normalmente no se dirige a ti de esa forma cuando están a solas…
–sí. Este…yo…–no hallabas como empezar, realmente te dejó fría cuando te ha contestado de forma formal.
– ¿Le ocurrió algo?–su trato seguía igual, pero ligeramente preocupado–. Dime donde estás y voy a buscarte.
–No. Está bien–hablas apresuradamente–. Solo quería saber si, ¿puedo faltar por hoy a la empresa?
– ¿Te ocurrió algo?–no sabías si responder la pregunta con sinceridad o decir lo primero que se te venga a la mente para calmar la insistencia de esta mujer.
–Solo…–haces una pausa para ver cuál era la mejor escusa–. Estoy un poco cansada. El hacer un cambio de hogar siempre me cansa…
No sabes si con esa escusa bastó para que ella dejara de molestar, pero rogabas que fuera positivo, ya que no quería seguir en línea con esa mujer.
–Está bien–al otro lado de la línea podías escuchar un suave suspiro–, pero si te sientes un poco perdida, solo dime y estaré dispuesta en ayudarte en lo que sea.
–Lo…–tratas de buscar la mejor palabra para "expresar" tu agradecimiento por la "comprensión"–. Lo tendré en cuenta.
Y cortaste antes de que Himemiya dijese algo para alargar más la conversación.
Manejas un par de kilómetros solo con el fin de poder pensar bien dónde ir. Es cierto que te has sacado a la peli azul de encima, pero ahora no tienes idea de que hacer el resto del día. Tras seguir una ruta conocida para ti, de pronto te salta una idea.
¡Mako-chan!
¿Hace cuantos años que no las ves? O mejor aún, ¿Por qué no fue tu primera opción el visitarla? Sientes una renovada energía con el solo hecho de pensar que volverás a ver a tu vieja amiga. En cuanto tomaste la decisión, sientes el pecho estallar de emoción, ya que en cuanto avanzas se te viene a la cabeza una idea que no es del todo descabellada. Es más, con ella se te viene al recuerdo los momentos que has pasado junto a tu mejor amiga.
Estacionas el auto al frente de aquella casa, pero antes de siquiera bajarte, piensas en la posibilidad de que ella ya no viva allí.
¿Qué pasa si no la encuentro? ¿O si no vive ahí? ¿Cómo no pensé en eso?
Hacía tiempo desde que has dudado en entrar a un lugar. Pero como ya estás ahí decides bajaste y comprobar si realmente está presente.
A paso lento e inseguro te colocas al frente de la puerta. No golpeas de inmediato, pero luego de un largo suspiro decides comenzar "el juego".
Golpeas seis veces la puerta, para luego…
– ¿Y si hacemos un muñeco?–sientes como la cara te arde por la vergüenza. Aun adulta conservas ciertas cosas de tu juventud.
Tras decir aquello, sientes unos pasos apresurados acercándose a la entrada.
– ¡ven, vamos a jugar! ¡Himeko!–sin poder evitar, Makoto se abalanzó hacia ti provocando que casi cayeran– ¡no lo puedo creer! ¡Al fin estas de regreso Hime-chan!
Te sentó muy bien el recibimiento de tu amiga, y más aún cuando te llamó por ese apodo cariñoso. ¿Hace cuánto que no te alegra el ver a un ser querido?
– ¡a mí también me alegra verte, Mako-chan!–la estrechas aún más fuerte con tu abrazo.
– ¿pero qué haces afuera? Ven entra. ¡Hay mucho de qué hablar!
Soltaste una carcajada por la emoción que tenía, pero accediste a su petición y entraste para inmediatamente, acomodarte en el sofá.
– ¡¿y bien?! ¿Qué esperas? Cuéntamelo todo, soy toda oídos. –dijo aun emocionada.
– ¿Qué quieres que te cuente?–le contra preguntas divertida.
– ¡de tu vida! ¿Qué ha sido de ella en estos cinco años?
–Honestamente, no hay mucho que contar…–por alguna razón sientes una incomodidad al saber que expondrás parte de tu pasado, aunque sea con tu mejor amiga–. Ya sabes el motivo por el que me fui de Japón.
–lo sé bien, Himeko.
No sabes con certeza, pero pareciera que el ambiente se tornó un poco más denso. Quizás sea tu imaginación, ¿o será que ambas callaron sin saber que decir?
– ¿conociste a muchas personas allá?
La pregunta te tomó por sorpresa y se te vino a la mente John.
–Solo lo conocí a él. – dijiste sin pensar.
– ¿A él?–su pregunta sonaba con un tono de desconcierto.
Y efectivamente, cuando se miraron, comprobaste que ella portaba unas facciones de sorpresa y quizás de horror.
–Si…–has vuelto a titubear, pues no pensabas que Mako se sorprendiera por la revelación–. Yo me casé con un tipo increíble. Él me sacó de ese agujero que jamás pensé que podría salir–puedes ver como Makoto aumenta so sorpresa, pero ya habías iniciado así que debías terminar–. Al conocerle un mundo totalmente desconocido para mí se abrió para que lo pueda escudriñar.
– ¿cu-cuanto tiempo llevan casados?–sabes perfectamente que la sonrisa que te dedicas es forzada, pero lo que más te llama la atención es ¿Por qué? Si ella sabía de tu mal pasar con Himemiya.
¿Por qué se ve que le afectó la noticia?
–en realidad…–callas abruptamente, dejando la frase inconclusa.
Pero tu amiga no era tonta, ella de inmediato captó tu nuevo cambio de actitud de indiferente a sombrío. El problema es que no querías darle la noticia del por qué. ¿La razón? A pesar de la confianza que tenían desde siempre, sientes que algo ha cambiado, no sabes con certeza que es, pero está claro que esta Saotome Makoto ya no es la misma chica con la que podías hablar tan abiertamente.
¿Y qué te hace pensar que ella es la que cambió, si tú también has cambiado? Simple: el hecho de ver su cara de sorpresa lo dice todo. No esperabas esa actitud; muy por el contrario: esperabas unas felicitaciones o en el peor de los caso un apoyo incondicional de parte de ella.
Como siempre.
Pera han pasado cinco años sin verla, ¿Quién te dice a ti que ella no es amiga de esa mujer?
No creo que sea posible…
–Himeko…
Tan absorta estabas en tus pensamientos, que te sobresaltaste al escuchar tu nombre.
–Sé que no nos hemos visto en cinco años, pero quiero que sepas que aun puedes confiar en mí–dijo con decisión impregnada en los ojos. Y para dar más énfasis a sus palabras, ella tomó tus manos–. Pero créeme, yo no he cambiado. Quizás he madurado, como todas las personas, pero sigo siendo la misma de siempre. Tu mejor amiga.
Abriste los ojos, sorprendida. Que tonta fuiste al pensar, precipitadamente, que quizás sea una aliada de tu ex novia. Era obvio que ella seguía siendo la misma.
Deberías dejar tu mala costumbre de sentirte perseguida por los demás.
Estás actuando igual que ella…
Cierras los ojos un instante para ordenar las ideas.
–Él falleció hace un año…–lo dijiste despacio, como si cada palabra fuera una espina en la garganta.
– ¡¿Qué?!–El asombro de Makoto se incrementó con la noticia–. Yo…lo siento….no quería…
Sonríes suavemente para mostrar que no es un tema tan doloroso. A ti aun te duele su muerte, pero por una razón bien especial.
– ¿sabes? En los años que lo conocí, nunca le dije que lo amaba…–tu mirada se perdió más allá de donde estabas, recordando aquellas últimas palabras.
–Hi-Himeko…–aquel llamado parecía provenir desde lo más hondo de su corazón.
–No hables más John–ella trataba de ser fuerte, pero sentía un nudo estrangularle la garganta–. Debes descansar. Pronto te sentirás mejor.
Ambos sabían que eso era ya casi imposible. Él estaba en sus últimos suspiros.
–yo…
–shh…–ella no lo quería oír. No quería oír su último adiós–. Calma, ya te sentirás mejor–sabía que había repetido la frase, pero era más para ella que para él–. Volveré en otro momento.
Pero antes de siquiera hacer el intento de salir de la sala, él la tomó de la mano para después volver a la posición original.
–a mi…-habló con dificultad–. Ya no me queda tiempo, mi Himeko–le dedicó una sonrisa al decir aquella forma cariñosa de nombrar a su amada–. Y al caer en cuenta de ello, quiero que recuerdes esto–se tomó una larga pausa para poder tomar una gran bocanada de aire, pues sentía que los pulmones gastaban su energía–…yo siempre te amaré, mi amor. Eres uno de mis grandes tesoros–su mirada era la de un joven enamorado, pero el brillo de ésta se perdía con rapidez–. Yo…sé que tú nunca me vas a amar como yo a ti…–tras ese lapsus de segundos donde volvió a tomar aire, ella le tomó la mano sin hacer mucha presión en ella–. Por esa razón, quiero que sepas que serás libre para tomar el camino que has perdido…te…amo…
De pronto, la mano se sintió más pesada entre las suyas y él dejó de respirar.
– ¡no, John! ¡No, por favor! ¡No ahora, no tú!–ella sentía impotente por no poder hacer nada. Sentía que lo único que podía hacer era gritar…aunque sabía que ya nada lo traería de vuelta.
Los doctores, al ver el estado de la joven, decidieron sacarla de ahí para examinar más tranquilo al muchacho, quien parecía estar sonriendo y con unas facciones de paz.
–… y fue así como perdí la oportunidad de decir "te amo".
–Oh, Himeko, realmente lo siento. –Makoto parecía muy afectada con la noticia.
O al menos eso reflejaba sus ojos.
Ni si quiera en tu mejor amiga sabes confiar…
– ¿Por qué regresaste a Japón?–su pregunta te sacó de tu nostalgia.
– ¿Eh?–estabas tan concentrada en aquellos recuerdos que no fuiste capaz comprender su pregunta–. ¿Disculpa? No te escuché…
– ¿Por qué volviste aquí? No se supone que tu…
–fue una promesa que hice…
Ambas callaron abruptamente, como pensamientos diferentes: tú sabes bien por qué volviste a tu país de origen, pero aunque se tratase de tu mejor amiga, no estabas dispuesta a revelar tu verdadero motivo. Y también sabes que es lo que piensa Mako, pues la conoces de toda la vida y muy posiblemente esté pensando que estás aquí por…ella.
–no, Mako-chan. No volví para regresar con Himemiya–dijiste al ver que ella no había hecho comentario alguno después del silencio–. Sabes muy bien lo que pasó, por eso…
Antes de que pudieras seguir explicando, sonó un teléfono móvil de alguien.
– ¿Tienes un celular?–no preguntaste con mala intención, ya que sabias que hoy en día los celulares son difíciles de adquirir, mas aunque la tecnología se renueva cada año.
–sí, bueno…–la actitud de ella pronto cambió. Parecía estar más nerviosa–. Una amiga me lo dio…
– ¡eso es bueno! Me alegra saber que tienes una amiga bondadosa. –se lo has dicho con sinceridad.
Sin prestar mucha atención a lo que hacía, Mako contestó la llamada, pero lo dejó en altavoz, como lo hacía de costumbre…
–diga. –dijo casi sin pensar.
–Makoto-san, ¿Cómo estás?–en el instante en que esa voz se hizo presente, ambas quedaron heladas.
–Hi-Himemiya-san…–Makoto no sabía cómo responder al llamado, se la veía asustada.
– ¿Himemiya-san? ¿En que habíamos quedado, Makoto-san? Nada de formalidades–Chikane parecía reírse de lo acontecido–. Mako-san, si no es mucha la molestia, me gustaría saber si…
– ¡¿Qué carajos hacer llamando a MI mejor amiga?! ¡¿Cómo te atreves?!–saliste del aturdimiento de la sorpresa, para pasar a la rabia.
¿Cómo se atrevió a engañar a Makoto? Eso sí que no lo vas a tolerar.
– ¡Himeko! ¡Qué alegría escucharte! Pensé que te había pasado algo, por eso llamé a Makoto-san, ya que suponía que la irías a ver–Chikane no ocultó la emocione y quizás alivio en sus palabras–. Si quieres, nos podemos reunir más tarde, ya que hoy me tocó ver un tema bien particular y quisiera saber si tu…
– ¡No quiero nada que tenga que ver contigo!– estabas alterada, no podías creer que tu mejor amiga se había involucrado con esa mujer–. ¡No quiero ver tu cara nunca más en mi vida! ¿Me escuchaste?
–Himeko, yo…
– ¡cállate! No te quiero oír. – y para dar a conocer la seriedad de esto, te levantas de tu sitio dispuesta a marcharte.
– ¡Himeko, por favor espera!–su voz se escuchaba desesperada, pero nuevamente hiciste caso omiso a su llamado.
–Himeko, espera–esta vez Makoto trató de retenerla–. Siéntate, hablemos…
–lo siento, Saotome Makoto–a Makoto le dolió el cómo se dirigió a ella–. Han sido muchas emociones por hoy. Con permiso.
Y sin decir más, saliste de ahí, con sentimientos encontrados.
Sentarte en una banca, no era precisamente lo que tenías en mente, pero al descubrir que Himemiya ha hecho de las suyas con tu ¿mejor amiga? Te dejó en shock.
¿Qué es lo que planea?
En tu mente no existía la posibilidad de esa "amistad". ¿Será que se atrevió a jugar con ella? Lentamente las imágenes de una posible relación de ellas dos se ha presentado, causando una molestia en tu ser.
¡Maldita sea!
No sabías el porqué de tanta rabia. Solo sabías que no dejarías que ellas jugaran contigo, no más.
Miraste la hora para comprobar si aún tienes tiempo para estar a solas. Pero cuando la viste, sentiste sudar helado.
¡Que tarde es!
Tan pronto te levantas de ahí, sales apresurada en busca de él. Sabías que te estaba esperando, quizás un poco asustado, ya que no conoce nada de tu país. Aceleras aún más e instintivamente vas chequeando los minutos y ves que estos pasan más rápido de lo normal.
¡Rayos!
Al llegar a tu destino, buscas con la mirada de manera desesperada, para ver si él aparece por ahí. Tras unos minutos buscando, lo logras divisar y te encaminas a él para luego hablarle.
– ¡Lo siento mucho!–le haces una pequeña reverencia–. Sé que te prometí compensar lo que pasó en la mañana, pero…
–tengo hambre…
– ¿Eh?–tu cara era de sorpresa, pues pensaste que recibirías un regaño.
–quiero ir a casa…
–Ya nos iremos, ¿está bien?–le dices mientras le tomas las manos y le miras con ternura–. Ven, vámonos.
Tan pronto como avanzaron, te diste cuenta de que el enojo que sentías hace rato, desapareció. Lo cual agradeces, ya que no quieres que él se preocupe por tus ánimos, ya que sabes que tampoco la ha pasado bien en su vida como ara traerle más problemas. Pronto vuelves a sonreír y sientes el peso en tus hombros salir lentamente.
– ¿Por qué sonríes?
– ¿eh?
– ¡deja de decir "eh"! ¡Me molesta!–se quejó antes las respuestas corta que dabas.
–Tranquilo, tranquilo–le dices mirándolo levemente, ya que aún conduces–. Prometo que te lo contaré luego, ¿sí?
–mientes…
– ¡¿mentir?! ¿Yo? ¿Cómo podría?–aunque a veces no te gusta jugarle malas bromas, pero en el fondo te causa gracia el ver cómo cambia de expresión a una más infantil–. ¿Qué tal si te llevo a otro lugar en vez de la casa?– propones al ver que no has recibido su respuesta–. ¿Un helado tal vez?–vuelves a insistir.
– ¡Bien!-chilla de emoción, pero al ver tu expresión triunfal, él se recompone–. Digo…vamos.
Condujiste en dirección contraria a la mansión, y tras pasar por unas calles que aún son conocidas para ti, lograste ubicar aquel local que era uno de tus favoritos, ya que en él pasabas los días de calor junto a tu familia.
O por lo menos conservo gratos recuerdos.
–ya llegamos…
La expresión de tu acompañante no puede ser más adorable, ya que reflejaba un sinfín de emociones. ¿Cuál de todas ellas será la que más te gusta? Definitivamente todo lo que él disfruta, para ti, es bueno.
– ¿Podemos entrar?–la emoción que él sentía, no solo la reflejaba en sus orbes, sino que el cuerpo también lo acompañaba.
Estaba impaciente.
No esperó a una respuesta y simplemente entró a la heladería, para ver con asombro las múltiples cascadas de todos los sabores de helados que se podía imaginar. Se sentaron junto a la cascada de chocolate. Él simplemente contemplaba lo maravilloso que se veía e incluso estaba a punto de…
–Momento, momento–lo detienes antes de que pudiera hacer algo–. ¿No se te olvida algo?
– ¿Cómo qué?–no solo la duda se reflejaba en sus orbes, sino que también se notaba algo molesto–. ¿Y ahora que se supone que debo hacer?
–Como se nota que eres igual a tu padre…–sin querer mencionaste a la última persona que debías de recordar–. Lo siento yo…
–Lo extraño…–fue lo único que dijo antes de poder sentarse cómodamente en la silla.
– ¿Qué quieres comer?–cambiaste radicalmente de tema, pues sabías que para el pequeño aún era un tema doloroso–. Puedes pedir lo que sea, siempre y cuando lo comas todo, ¿está bien?
– ¡Lo quiero todo!–expresó emocionado, pero al ver que tu arqueabas una ceja, agregó–. Por favor…
Tú solo reíste por su inocencia, y tras pedir "todo", se la pasaron entre risas, juegos, bromas que en algunas ocasiones ponían de mal humor al chico, pero todo se relajaba luego de hacer otro tipo de comentarios de índole más carismático. Después de acabar con casi la mitad de los sabores de helados, te diste cuenta que él ya no podía comer más.
– ¿En qué quedamos, jovencito?–tu rostro reflejaba lo que era "estar enojada", pero en el fondo querías reír por su esfuerzo al tratar de comer todo–. No me digas que ya no puede más, ¡pero si aún no te acabas la mitad!
– ¡ya no puedo más!
–Está bien, tranquilo–le tranquilizó, aunque sabía que era un show para tener como excusa para no comer más–. En cuanto pida la cuenta, nos vamos, ¿te parece?
–pero… ¿y los helados?
A ti te pareció la mirada más tierna que has visto. Ver la inocencia reflejada en sus ojos era un bálsamo que necesitabas para tu vida, y no solamente eso, sino que también lo necesitabas a él, ya que ahora forma parte de tu vida, de la cual no quieres que se vaya.
–Se los vamos a pedir a la vendedora, no te preocupes–le das una sonrisa para que se sienta más tranquilo–. Ahora toma tus cosas que ya nos vamos.
Partieron rumbo a la casa, después de haber hecho los trámites pertinentes. En el trascurso del viaje, ves con sigilo al niño, quien se encontraba mirando por la ventana del copiloto. Se le veía cansado. Tratas de avanzar un poco más rápido, ya que tú de igual forma también te sientes agotada, y eso que trataste de aliviar "tu carga" con una salida que quizás fue más inesperada de lo que pensabas.
En algún momento dado, te percatas de que ya estas llegando "a casa", pero al enfocar mejor el camino, ves una silueta bastante conocida para ti.
Por desgracia.
– ¿Quién es ella?–preguntó él de manera inocente.
–quédate en el auto. Ya regreso–le responde de manera seca después de apagar el motor.
Le chico no dijo nada, solo te siguió con la mirada cuando te bajaste y te encaminaste hacia ella.
–Himeko, yo…
– ¡¿se puede saber a qué has venido?! Se supone que teníamos un trato…
–lo sé, pero es que yo…
– ¡¿tú qué?! Habla de una vez, me molesta tu extraño comportamiento.
Y era verdad, no sabes por qué, pero has logrado notar un drástico cambio en Himemiya. Ya no discutía, no se molestaba y cuando se sentía herida por tus comentarios ariscos…ella simplemente cerraba los ojos y te volvía a regalar esa sonrisa triste.
Te molestaba. Todo en ella te molestaba…
–largo de aquí…
–por favor yo solo…
–mami… ¿Quién es ella?
Como si se tratase de palabras que eran capaces de atravesar el corazón como una estaca, ambas se tensaron, pero tu caso no fue tan notorio como Himemiya, ya que ésta palideció, y eso que su piel es de tonalidad blanca, pero esta vez se le notaba aún más.
– ¿Quién…quién es él, Himeko?
Siempre supiste que este día llegaría, pero lo que no esperabas es que fuera tan pronto.
–él…–por alguna razón la boca se te secó y las palabras tardaron en salir–. Él es mi hijo, Kevin…
Solo puedo decir que lamento mucho la demora.
Esta vez siento que este capítulo no es tan genial como los otros…creo que me trabé :c
Aun así, espero que lo hayan disfrutado.
¡Saludos!
Notas Guest:
Bridec: siento la demora, espero que aun tengas animo de leer este fic, aunque el capítulo no esté entretenido…
¡Saludos!
Debi: espero que te haya gustado lo que llego de este fic…
¡saludos!
