Disclairmer: KnM no me pertenece. Es propiedad de kaishaku.
–Himeko, tú y yo siempre estaremos juntas, ¿verdad?
Eran muy raras las ocasiones en que ella expresaba sus sentimientos, por no decir casi nunca. Pero había ocasiones en que le apetecía tocar el asunto, solo con el fin de cerciorase que aun tenía a la rubia bajo su "amor".
– ¡Claro que sí, Chikane-chan! ¡Nada me hace más feliz que el estar a tu lado!–expresó la joven emocionada, pues ella siempre sintió lo mismo.
–Ya veo…
– ¿Pasa algo, Chikane-chan? Luces algo… ¿rara?
Para su novia le era raro el verle ¿preocupada? Normalmente no era del tipo de persona que se deja llevar por las emociones, más bien se consideraba una chica centrada y sin miedo a nada, pero lo que nadie veía, y ni siquiera Himeko, es que en el fondo de su ser escondía ese extraño sentimiento de soledad, el cual incrementaba al pensar en que la ojiamatista podía aburrirse de ella y dejarla completamente sola.
No creo que sea posible.
Por un momento dejó de hacer lo que hacía y miró a su chica directo a los ojos.
–siempre juntas, ¿verdad?–volvió a preguntar. Era como si necesitara una respuesta concreta y verbalizada. O ¿será que perdió la confianza de su amada?
– ¿Qué pasa, Chikane-chan? Sabes perfectamente que tú eres el amor de mi vida, jamás podría reemplazarte–para dar mayor énfasis a sus palabras, decidió acercarse a ella, con algo de temor, pues conocía el carácter rudo de la peli azul después de "abrirse" a ella–. No sé que es lo que pasa y seguramente no me lo dirás…–estos eran unos de los pocos momentos en donde ambas conversaban sin mayores problemas–. Pero de algo estoy segura y es que…te amaré eternamente...
Con lo anterior dicho, Himemiya solo optó por volver a lo que estaba haciendo sin decir una sola palabra. No era que no tenía que decir nada, pero las palabras de Himeko casi la desarman y en ese instante quería abrazar fuertemente a la rubia, pero…no podía, no debía de demostrar sus emociones. A ella la criaron de esa manera y no estaba acostumbrada a verse "vulnerable".
–Juntas para siempre, ¿eh?–sueltas un largo suspiro sin despegar la vista del techo de tu habitación–. ¿En dónde quedó esa frase, Himeko?
Te das la vuelta en la cama, y sin querer, tu vista enfoca al brillo de la luna que penetra en tu habitación. ¿Qué sentido tiene el estar melancólica? ¿Por qué no simplemente dar vuelta la página? Así como lo hizo ella. ¿Qué se gana al sentir ese ardor en el pecho?
Nada.
Ya nada tiene explicación lógica para ti. Todo lo que haces es vivir un mal sueño del cual no puedes despertar, ¿o será por tus malos actos? ¿Será posible que todo lo que estás pasando se le conoce como "karma"? En realidad, ya ni te importa si estás pagando tus pecados; ya no es un tema para ti el que hablen a tus espaldas; ya no es un tema el que hayas sido la mujer de hielo. Lo que realmente te duele es…
Él es mi hijo, Kevin…
¿Por qué…? ¿Un hijo? ¿Por qué tuvo un hijo? ¿Por qué lo tuvo con él?
Y no conmigo.
Sonríes por el absurdo de tu pensamiento. Claro que hay manera de tener un hijo siendo ambas mujeres, pero eso nunca ocurrirá mediante la intimidad con ella. Pero aun así fuiste capaz de traer a tu mente dicha idea.
– ¿Me estaré volviendo loca?–esta idea no parece tan descabellada dentro de tu raciocinio o quizás…–. Fue muy difícil para mí el enterarme de eso, Himeko.
Pasas tu antebrazo por sobre los ojo, solo con el fin de no dejar caer de manera libre las lágrimas que se acumulan rápidamente. Aun portas esa sonrisa que de a poco se va convirtiendo en una mueca, hace lo imposible por contener el llanto; aprietas los dientes para no dejarte vencer, pero de repente sientes la imperiosa necesidad de respirar, ya que un nudo en tu garganta te estrangula hasta quitarte el aire.
Hasta que finalmente estallas.
Sueltas un llanto agresivo, lastimoso y lleno de coraje. No solo por la tristeza del momento, sino que también por el recuerdo de esa mirada fría y carente de empatía para contigo. Sabe bien que te la mereces por ser como eras en el pasado. Pero aun así…aun así…
Tratas de incorporarte en la cama, pero solo consigues envolver tus piernas con tus brazos y esconder tu rostro en medio de ellas. Vuelve a llorar desconsoladamente, pero no te importa. Te quedas en esa posición y en ese mismo estado por varios minutos, los cual te da igual. Ya nada tiene sentido para ti.
De pronto, sientes como unos brazos delgados te envuelven. Por milésimas de segundos crees que se trata de ella.
Pero...
–Chikane, estoy aquí…–era tu madre.
Esbozas una sonrisa torcida. Aun estando llorando por ella, sigues pensando en que volverá a tus brazos. Tu progenitora te aprieta suavemente contra su pecho y te acaricia la cabeza, mas no dice comentario alguno. Tú no has podido dejar de llorar, pero poco a poco vas normalizando tu estado a pesar que aún siguen saliendo lágrimas.
– ¿Quieres algo de beber?–te pregunta tras ver que estás más tranquila–. Tú té favorito, ¿quizás?–propone al ver que no hace señal alguna.
– ¿Tu sabías de eso, madre?–soltaste la pregunta de manera abrupta.
– ¿De qué hablas pequeña?–tu madre al parecer se lo tomó con calma.
–Yo…–no sabías que decir. En este momento lo que menos quieres es recordar aquella noche, pero también querías saber…–. Olvídalo, no quiero nada…
Sin decir más, te despegas del abrazo y te das la vuelta para así quedar en posición fetal.
–solo quiero estar sola…
– ¿Me dirás lo que pasó?–preguntó aun sentada al borde de la cama–. Chikane, llevas aquí una semana –insistió la mujer–. Querida, quizás yo podría…
– ¡Basta!–dices molesta, pero al ver a quien te referías de esa manera, te escondes bajo las sabanas–. Yo…prometo que te lo contaré mañana, pero por favor, hoy…no.
Ella no dijo nada, solo se levantó de su sitio y abandonó la habitación, dejándote nuevamente en penumbras.
Hace frio.
Fue lo último que pensaste antes de caer en un profundo sueño.
–mami… ¿Quién es ella?
El solo escuchar ese llamado tan inocente, la hizo bajar la mirada a un costado de donde estaba ella y… ¡sorpresa! Un chico que no tenía más de cinco años estaba parado al costado derecho de la rubia. Y lo más curioso de todo es que ese pequeño era la viva imagen de aquel hombre que estaba en el retrato de la casa de la playa: cabellos cobrizos y unos enormes y expresivos ojos color violeta. Sus manos se aferraban al abrigo de la ojiamatista como si su vida dependiera de ello. Parecía algo asustado, pues estaba casi escondido detrás de Himeko.
– ¿Quién…quien es él Himeko?–la voz casi sale estrangulada.
Por unos segundos sus miradas vuelven a chocar, pero no era para desafiarse, pese a que Himeko portaba una expresión ya conocida para Chikane.
–Él es mi hijo, Kevin.
Fue lo que más le quedó en la memoria. Ni siquiera notó que ella titubeo un poco. De repente siente como su mirada se desenfoca, la boca se le seca, siente que el aire daña sus pulmones; sintió el cuerpo temblar…pero aun con todo en contra, tuvo la voluntad suficiente para salir de ahí y no ver la realidad antes sus ojos.
Eran alrededor de las nueve de la mañana. Estás levantada, ¿Qué sentido tiene el estar durmiendo, si no puedes? Al menos no cuando tienes como sueño aquel recuerdo de hace una semana. Si, había pasado una semana en donde tu cuerpo te dominó y te trajo al único lugar donde podías liberar esa carga que tenías.
La playa. Tu madre.
Pero no estabas dispuesta a hablar en ese momento, por lo que sin pensar, te dirigiste a tu antigua habitación pasando de lado de las personas que estaban recibiéndote. Y en cuanto llegaste a él, te quedaste ahí una semana sin salir. Sabías que tu madre vendría a ti a interrogarte, pero no esperabas que se tomara su tiempo… ¿o quizás te daba tu espacio? Estabas agradecida por eso. Pero…
¿Y ahora?
Ahora estabas sentada en el borde de la ventana contemplando una parte del gran jardín. Todo era color verde, era hermoso, pero en estos momentos no podías apreciar la belleza que se mostraba ante ti.
–Veo que has decidido salir de tu escondite–dice una voz conocida para ti–. ¿Debería alegrarme o asustarme, Chikane?
–No estoy para juegos, madre–le comentas sin mirarla.
–Si no me dices que pasa, entonces no sé qué debería pensar–te dice con un tono bastante tranquilo–. ¿Puedo saber qué pasó? ¿Por qué te comportas de esa manera?
–Ella tiene un hijo…–vas directo al grano, pese a que sientes ese nudo de nuevo–. Yo…no supe que hacer ante la noticia, y bueno…creo que el resto te lo imaginas.
–Vaya–dice algo sorprendida–. No me lo esperaba.
– ¿Eso quiere decir que la he perdido? ¿Se fue, ya no hay más que hacer?–tratas de reprimir las lágrimas que quieren salir–. ¡Maldita sea, si ni siquiera tuve la oportunidad de demostrar que había cambiado! ¡Todo se fue al carajo cuando ese niño apareció!
– ¡Detente ahí Himemiya Chikane!–hacia bastante tiempo en que tu madre no te levantaba la voz–. ¡No descargues tu ira sobre un pequeño niño que no tiene la culpa! ¡Suficiente!
Te quedas estática. Habías cometido un error, sabías que no podías descargarte con un niño, no era tu estilo. Pero también sabías que no podías controlar ese impulso causado por la rabia.
– ¿Qué debo hacer?–preguntas mientras te llevas las manos a la cabeza.
–primero que todo cálmate, no resolverás nada si estas en ese estado–ella dio unos paso hacia ti y apoyó su mano en tu hombro–; segundo, ¿no crees que esto fue un mensaje, hija?
– ¿Un mensaje?–le dices mirándola a los ojos.
–Sí…–dice con una expresión poco común en ella–. Creo que ella ya tomó la decisión de dejar su pasado atrás, y creo que tú debes hacer lo mismo.
–Pero tú me dijiste que…
No puedes completar la frase, pues ves que en los orbes de tu vieja madre se reflejan una pena profunda, quizás ella no te lo haya dicho para que te olvides de todo ahora ya, pero si te lo dijo como un antesala para que puedas hacer tu vida con otra persona, ya que a la chica que alguna vez has amado ya no te corresponde. Ahora ella tiene una vida en la cual tú no eres participe, solo eres su colega de trabajo y nada más.
Cuando caes en cuenta de ello, sientes las enormes ganas de llorar de nuevo. Pero ahí está tu madre quien se encarga de sostener tu dolor. No será fácil el olvidar ese antiguo amor el cual fue muy importante para ti, pero también sabes que no es sano el estar tratando de conquistar lo que ya no es de tu incumbencia.
–Voy a salir a caminar un poco…
Con pocas ganas de salir, te levantas y te encaminas a la salida de la mansión, sin mirar atrás, aun que sabes que ella no te va a detener. Necesitas tiempo a solas para poder ordenar tus ideas y ver cómo salir adelante sin tu plan anterior.
Caminas a paso lento y sin rumbo aparente. Te sientes sola a pesar de que hay personas rondando a tu alrededor, enfocas tu mirada hacia el cielo, el cual parece estar lleno de nubes negras, quizás llueva pronto. En tal caso, no te importa.
¿Qué debo hacer?
Sigues tu andar y ves una zona sin personas, aparentemente. Te encaminas hacia él para percatarte que era un mirador que tiene por vista el mar. No es la gran cosa, pero por lo menos es un lugar poco concurrido así que te quedas ahí mirando aquel espectáculo de contraste de luces y un poco de nubes.
Que aburrido.
Sin pensar las cosas, sacas tu móvil para marcar un número. Te da igual quien sea, pero por lo menos te sientes menos aburrida.
– ¿Diga?–tenía que ser ella.
–Ah…–te sorprendió un poco de que se tratase de ella–. Makoto-san… ¿Cómo estás?
– ¡Chikane!–chilla tu nombre, que molesto–. ¡Al fin das señales de vida, mujer! ¡¿Qué te pasó?! He estado muy preoc…
–Estoy bien, Makoto–le dices con voz seca.
– ¿eh…?
–Lo siento, Makoto–le dices algo estrangulada. No te gusta dar explicaciones a nadie. Pero como sabes que ella ha estado contigo por cinco años, algo de información no será malo para nadie–. Como veras, estoy fuera de casa y…
–eso ya lo sé…
– ¡Déjame terminar, por dios!- sueltas de manera abrupta–. ¡Me molesta que me interrumpan!–inhalas lo más hondo que pudiste para después soplar sonoramente–. He tomado la decisión de ser feliz, con o sin Himeko. Ya me cansé de ser la señorita positiva de la historia y me concentraré en lo que verdaderamente importa: mi empresa.
Por un largo momento se produce un silencio, al parecer incomodo, pero como eres alguien que dice todo al grano, te da igual sus comentarios o alguna otra cosa. La decisión ya ha sido tomada y no darás marchar atrás.
–…veo que has vuelto a ser la idiota de antes–te dice sin la menor delicadeza. Que poca tolerancia de su parte–. Su pongo que debo felicitarte por tu decisión, pero va a ser todo lo contrario, ¡Chikane, tú no puedes…!
Cortas la llamada, ¿Qué le importa a ella lo que hagas en tu vida? O más bien, ¿a quién le importa realmente? Tú no estás aquí para ser la marioneta de nadie. Ahora tu objetivo es pasarla bien con quien sea, como sea, al estilo que tú quieras.
Con renovado valor, te dispones a marcar el siguiente numero; número que hacía tiempo no marcabas.
– ¿Diga?–dice una voz que esta vez se escucha somnolienta y conocida para ti.
–Corona…–dices con un tono juguetón–. Me alegra saber que aun conservas el número telefónico que te di…
–Vaya, pero si es la princesa. ¿Cómo has estado?–al igual que tú, ella también sigue el juego–. Yo estoy muy bien, gracias por preguntar.
–Corona…–comentas mientras sueltas una leve risa–. Sabes que soy una persona bastante ocupada, por lo que no se me da el saludar adecuadamente a la gente, ni menos si se trata para "ese" asunto.
–Uy, pero que descaro de mi parte, lamento haberla ofendido princesa–que forma tan aburrida de empezar la diversión, pero esperas que pase luego este absurdo juego. Todo por "pasarla bien"–. ¿En qué puedo serle útil, princesa?
–Me alegra que lo mencionaras, Corona–dices ya fuera de juego, ya que esto te estaba cansando–. Casi estuve a punto de colgar, a veces me aburres–dices con tu actitud fría de siempre–. ¿Sería mucho pedir de mi parte si nos juntamos ahora mismo?
–mmm… tendría que ver mi agenda.
– ¿Qué?–eso no te lo esperaste, puesto que esta chica te diría que sí en todo momento, ¿Por qué ahora no?–. ¿No quieres volver a los viejos tiempo?–la tientas para obtener una mejor respuesta.
–Lo siento, princesa–por su tono de voz, pareciera disfrutar del momento–. Pero me vas a tener que esperar tres días para ir a tu encuentro.
¿Qué?
– ¡Oh, vamos! ¡¿En serio?!–explotas–. ¡No me puedes hacer esa mala jugada!
–Oh, vamos no te alteres, solo serán tres días–dice entre juguetón y fastidiada–. ¿Qué son tres días al lado de "unas" noches de diversión? Además de que iré expresamente a verte–hace una pequeña pausa–. Y si te portas bien, quizás traiga a alguien conmigo para así hacer más emocionante nuestro encuentro.
Con lo anterior dicho por la chica, se te hace tentador su propuesta, por lo que bajas los ánimos para esta noche y mentalizarte para los siguientes tres días más aburrido de tu vida.
–Está bien…–te resignas–. Pero solo serán tres días. Ni un día más, ¿entendiste?
– ¡Bien!–la emoción de ella no es algo que sea contagioso–. ¡Te veré en tres días! Adiós corazón.
Y cuelga.
Este quizás sea unos de los momentos para reiniciar tu vida, ¿Quién te dice que Corona puede ser el amor de tu vida? Te has enfrascado mucho en alguien del pasado. ¿Por qué no darle esa oportunidad a alguien más? Tomando de esa manera la iniciativa se ve bien. Pero…
¿Por qué te sientes vacía?
Es tu primer día esperando y… ¡no puede ser tan aburrido! Rayos, ¿Cómo la gente puede vivir sin hacer nada productivo? Aunque parezca una tarea aburrida, el escribir o estar en un computador te saca de la rutina, pero ¿esto? Has decidido tomarte estos tres días libres, más la semana que pasó. Por lo menos eso es suficiente como para llamarlo "relajo".
Y lo peor de todo es que has estado recibiendo llamadas constantes de tu trabajo. ¿Y Himeko? ¿Dónde se supone que se metió? Fue ella la que quiso estar trabajando contigo, tú no la obligaste a nada, por lo que ella es la que se hace cargo de TU empresa. Y aun te aseguras que es tuya, porque no hay nada que diga lo contrario, solo están unidas por un fin en común nada más, pero ninguna se meterá mas allá de la empresa de la otra.
– ¡Ah…!–tu frustración era evidente–. ¿Por qué soy yo la que se tiene que hacer cago de todo? ¿En serio? Tal parece que para mí no existe el descanso.
Te desplomas en tu cama. ¿Algún día tendrás paz?
–Veo que te estás divirtiendo mucho–no. Ella no, ¿Por qué?–. ¿Por qué no sales a pasear un poco? Anda y ve a despejar tu mente.
–Madre…–comentas con desgano–. Estoy esperando a alguien, ¿lo recuerdas?
–Bueno, ese "alguien" ¿no llegará en tres días?–quizás sea tu imaginación, pero tu progenitora se escucha mas ¿fría?–. Entiendo que estés impaciente, pero por favor procura que eso no sea un impedimento para "ser feliz".
Algo raro pasa. Tu madre por lo general no se porta así de misteriosa, a menos que quiera darte "ese" tipo de mensajes, los cuales siempre descubres cuando ya no tiene sentido. Busca en tu interior para ver qué cosa te quiso decir con "ser feliz", pero no se te ocurre nada. Por lo que al final le restas importancia al asunto.
–De cuerdo, tú ganas…–dices con desinterés–. Iré a hacer algo productivo.
– ¡Me alegra el convencerte para ir de compras!
¿Qué?
– ¡Espera, yo no...!
–No se hable más, partiremos rumbo al pueblo.
Acabas de recordar el por qué nunca vienes a ver a tu madre. No es que no la quieras, pero digamos que ella no es el tipo de persona que se queda en un solo lugar, sus pasos van más allá de tu comprensión. Y a pesar que tú también tienes algo de su personalidad, prefieres hacer cualquier cosa, siempre y cuando no te tengas que mover tan excesivamente.
Son estos momentos en que se te agotan las ganas de discutir o hablar de manera general, realmente el ir de compras no es lo tuyo, pero al menos, tienes que admitir que habían momentos en que la pasabas bien, no en "ese" sentido, pero estos viajes cumplían con el objetivo de sacarte de rutina.
–por favor, madre…–estas casi exhausta–. Ya podemos parar.
O quizás no.
Te sientes extraña. Por un lado, te alegra es pasar más tiempo con tu familia; pero por el otro, sientes que la decisión que has tomado, flaquea a cada instante que pasa. No te puedes explicar, pero sientes que estás con algo en tu interior que no quiere o no dejas salir, lo que lo lleva estar en contestes decisiones e indecisiones.
–Chikane-sama, ¿se encuentra bien?
– ¿Eh?
En un momento dado habías bajado la vista, ¿Cuánto tiempo llevas así? al parecer de hace un buen rato, ya que tus acompañantes te han estado observando, y también parece que has detenido tu paso.
–Estoy bien, es solo que yo…–no sabes bien que decir, porque ni tú sabes bien que te pasa–. Solo estoy algo cansada, quizás hoy haya sido un día largo.
No te sientes muy satisfecha con tu argumento, pues piensas que es bastante repetitivo y poco imaginativo, pero de verdad no sabes bien lo que te pasa y rogabas para que nadie te haga más preguntas al respecto, ya que no tienes respuesta.
Tanto tu madre como Otoha se miran, mas ninguna hace comentario y siguen su marcha.
Llegan a la mansión sin mucho que decir, pero como estás en un lugar distinto al tuyo, pese a que has pasado gran parte de tu vida con ellos, sientes la necesidad de cambiar el extraño rumbo que tomó la salida de compras.
– ¿Qué haremos mañana?–preguntas una vez sentadas todas a la mesa–. ¿Qué se les apetece hacer?
– ¿Qué propones, querida?–contra pregunta tu madre.
–La vedad, no sé. Hace mucho que me doy vacaciones, así que no sé bien que hacer en esas fechas.
No sabes por qué bajas la cabeza, ¿será en señal de rendición o confusión? De cualquier modo todo volvió a quedar en silencio.
No te gusta.
–Lo discutiremos mañana, ahora solo hay que dormir.
Las tres se levantan y caminan rumbos diferentes. ¿Pero qué demonio pasó? Hace un momento todo estaba bien, ¿Por qué se sintió como si las tres fueran unas desconocidas? Está bien que tengas diferencias con Himeko, pero ¿y tu familia? ¿Qué era lo que faltaba ahí?
Tratas de no pensar mucho lo que acaba de pasar y te dispones a dormir, mañana será otro día aburrido de espera.
El siguiente día no parece ser muy distinto del otro, pero, ¿para qué hacerlo diferente? Al fin de cuentas tú no eres buena para los panoramas, ni mucho menos tener una sonrisa en el rostro si no hay necesidad de ello.
–Veamos… ¿Qué se me apetece hacer hoy?–en busca de respuestas, haces tú mayor esfuerzo por recordar algún agradable lugar–. Ah…pero es que no tiene caso. Nada se me ocurre.
Aun tumbada en tu cama, das vueltas contantemente para ver una posible opción, pero solo logras sentirte como una niña pequeña que no sabe cómo estar quieta. Sonríes al percatarte que en ese sentido eres igual a tu madre, a pesar de leves variantes.
–Chikane-sama, ¿se encuentra bien?
–Ah… Otoha, eres tú– ¿Qué hace aquí? Posiblemente la hayan mandado aquí–. ¿A qué se debe tu visita?
–Por orden de Himemiya-sama, vengo a solicitarle que me acompañe, por favor.
Era demasiado obvio como para imaginar que a Otoha se le hubiera ocurrido algo. Si algo aprendiste de ella es que es de esas personas que actúan por impulso, es decir, se le ocurre una idea en el acto, no es una persona que planifica.
Por eso es que la consideras como una hermana, ya que con ella comparten ese mismo rasgo, no en gran medida, pero se asemeja a la actitud de la otra.
– ¿Qué planeas, Otoha? ¿A dónde me llevas?–al parecer se hizo notar tu impaciencia.
–Acompáñeme por favor a los jardines.
Ella comenzó a caminar sin decir una sola palabra. Gracias a eso la seguiste sin decir nada, ya que supo cómo captar tu atención. A veces te sorprende el cómo pueden hacer que te sientas curiosa sin la necesidad de decir mucho, aunque claro, eso se consigue con los años de convivencia.
Por inercia te detuviste al ver que la chica se había detenido abruptamente, y al ver por qué, observas que ya estabas en las afuera de la mansión y tu vista se topó con el majestuoso paisaje de montañas y el verde de la naturaleza. Quizás sea tu imaginación, pero pareciera que todo brilla con el resplandor del sol.
Te sorprende.
Hacía mucho tiempo que no presenciabas estas maravillas. Parecía sacada de un cuento de hadas.
–Mire quien lo espera.
Al poner la vista al frente, te encuentras con la sorpresa de ver a él.
– ¡Pero que sorpresa, mi viejo amigo!–corres apresuradamente a saludar.
Él también se acerca de manera veloz. Hacia tanto tiempo que no veía a su ama…
–Mi viejo amigo–te emociona el verle y volver a tocar su suave pelaje–. ¿Hace cuánto que no damos un paseo tu yo juntos, eh?
El solo relincha en respuesta.
–Los dejaré a solas–dice Otoha interrumpiendo "la conexión"–. Que disfruten de su paseo.
Y se fue.
Sin perder más el tiempo te dispones a disfrutar de la compañía de un gran amigo. A todo galope vas atravesando lo que es un sendero lleno de árboles, es un majestuoso paisaje, pero tu objetivo principal era ese lugar el cual hace tiempo no habías pisado.
Cuando estaban a punto de llegar a una cima de una colina, divisas un gran árbol que se proyecta la parte más alta de éste. Bajas la velocidad del corcel para simplemente andar a paso lento, y cuando llegan a destino te bajas y apoyas las manos en aquel grueso tronco.
–Ha pasado mucho tiempo desde que estuve aquí–tu mirada se llena de nostalgia–. Supongo que siempre estarás aquí, esperándome–pasas tus manos por los costados del troco, para después volver a su centro–. Veo que aun conservas esa marca…
Pronto vuelves a caer en un nostálgico recuerdo.
–Himeko, ven aquí
– ¿Qué pasa, Chikane-chan?
–Es que…estoy algo aburrida, ¿Por qué no vamos a pasear en caballo?
– ¡¿ca-caballo dices?!
–Ya vamos, no seas gallina.
Ella arrastra a su novia hasta el establo que estaba ubicado a un costado de la gran mansión de la playa. Ella parecía asustada, pero le daba igual, se encargaría de protegerla, no tendría por qué tener miedo, ya que la peli azul se encontraba ahí.
–Pero Chikane-chan, yo no creo que... ¡whoa!
Sin prestar mayor atención, Chikane sube a su compañera, para después hacer lo mismo.
– ¡C-Chikane-chan!
Había cumplido su objetivo. Sabía que Himeko le tenía miedo el andar a caballo, y sabía perfectamente que al instante en que se sintiera insegura arriba de uno, se aferraría a ella.
–Vamos, Himeko. Todo está bien–para demostrarle más seguridad, avanzas suavemente con el corcel–. ¿Lo ves? No hay nada que temer.
La rubia aún mantiene los ojos cerrados, pero ya no se aferraba tan fuerte a su cintura.
–eres una miedosa, Himeko–quizás eso se escuche un poco cruel, pero para Himemiya esto era divertido–. Veras que no pasa nada.
Y sin previo aviso, aumenta la velocidad haciendo que Himeko se vuelva a ferrar a la cintura. A Chikane le gusta la sensación del cuerpo de la ojiamatista apegado al suyo. Era tan cálido.
– ¡por favor, Chikane-chan, vas muy rápido!
–Ya falta poco…cariño–lo último lo dijo en susurro. Realmente quería decirle así abiertamente, pero era un poco difícil–. Llegamos.
Cuando el caballo se detuvo completamente, Himeko abrió los ojos. El color del atardecer y además de los colores de las hojas de otoño, dejaban ver un hermoso espectáculo de la naturaleza. Hasta se había olvidado de que aún seguía montada en el animal.
– ¡Q-que hermoso!
–Sí, ¿verdad? –para Himemiya, el único espectáculo era su amada–. ¿Por qué no bajas de ahí? Ahora parece que te gusta estar más con mi caballo que conmigo–normalmente no hacia esos comentarios, pero ver a Himeko en contraste con la luz solar, le provocaba cierta… ¿emoción?–. Ven vamos.
– ¡cielos, pero que enorme árbol!–el gozo qué siente al ver a Himeko, la deja satisfecha–. Chikane-chan, ¿aún tienes tu cortaplumas a mano?
– ¿Cortaplumas?–la pregunta te cayó de sorpresa–. Sí. Aun la tengo, ¿para que la quieres?
Le entrega el objeto con la mirada expectante, pues la rubia no era de pedir nada, aunque sea algo necesario. Pocas veces pedía algo, pero lo hacía con cierto temor.
– ¿Qué vas hacer?
–Ya lo veras, Chikane-chan.
Elle acerca lentamente la navaja hacia el árbol, y con ella traza unas líneas por el tronco. Chikane ve lo que hace, mas no sabe que es lo que planea al "dañar" la naturaleza.
–Con que de eso se trataba–dice al ver que su novia grababa las iniciales de sus nombres con el objeto–. No pierdes tu estilo al hacer estas cosas.
– ¿No te gusta?– comenta asustada.
– ¿qué dices? ¡Me encanta!–dice mientras se acerca a su chica–. Y para demostrarte mi agradecimiento te daré un premio.
Y fue así como acortó la distancia para sellar esos apetecibles labios, los cuales eran su mayor tentación.
–Himeko…–sin percatarte, tomaste tu móvil y marcaste la opción de mensaje de voz–. Yo…yo…
Pero las palabras no salen.
Dejas salir un sonoro suspiro de frustración. A pesar de tu determinación, aun conservas momentos en donde tu voluntad flaquea.
– ¡maldición!
A toda velocidad vas galopando hacia tu casa sin mirar atrás.
Ya para cuando te encuentras con que es el tercer día, te desespera de tal manera que decides ir a donde sea, pero no quieres estar encerrada bajo cuatro paredes y seguir pensando en ella. ¿Es mucho pedir un poco de paz? ¿Vas a cargar toda la vida con tus recuerdos aun estando con otra persona? Pareciera que es obvia la respuesta, pero ¡no! No vas a caer en ese terrible estado "no puedo olvidarla", lo harás aun que se te fuera la vida en ello.
Con una mirada llena de determinación, sales en busca de que hacer. No te preocupa si tu madre esta atenta o no, o si Otoha sale detrás de ti, sabes que ellas confían en ti y en que tomarás las mejores daciones para tu futuro.
Caminas a paso veloz sin importar si te topas con las personas. Tu eres la que domina, que no te de miedo el sacar tu personalidad.
Buscas con la mirada que hacer o a donde ir, frustrante es sentir que todo lo que ves es tan aburrido y fuera de tu naturaleza.
Si sigo así, nunca podré superar este día que pinta para largo.
Finalmente después de una larga búsqueda por hacer algo, divisas una pequeña obra de teatro ambulante. Te llama la atención de ésta ya que sus vestimentas te son familiar, así que para ver de que se trata te diriges hacia ellos.
– ¡vengan, queridos aldeanos! ¡Y conozcan la leyenda de las sacerdotisas del sol y la luna!–por alguna razón, tu corazón se paraliza al escuchar esos "apodos"–. Desde antes del inicio de la humanidad, dioses y demonios vivían en una eterna guerra.
Cuando el hombre comenzó su relato, dos personas se acercaron con vestimentas bastantes peculiares, iniciando una simulación de batalla.
– ¡La batalla era eterna, ninguno de los dos bandos cedía!–el narrador extendía sus brazos, uno para cada "contrincante"–. ¡Pero la verdad siempre triunfó ante el mal! ¡Y lo hizo mediantes simples humanos!
De pronto, y sin percatarte de ello, aparecieron dos jóvenes a cada lado del sujeto que estaba vestido de dorado y blanco. Las túnicas que ellas vestían eran de sacerdotisas. Por extraño que parezca, se te hizo un poco nostálgico.
¿Por qué?
Las sacerdotisas comenzaron una danza alrededor del sujeto que estaba vestido de negro. Y éste también comenzó a danzar con espadas en ambas manos.
– ¡El dios Murakumo dio poderes especiales a estas doncellas para poder para combatir en la tierra!–el narrador se interpuso en la guerra y los demás actores se paralizaron–. ¡Fue una dura batalla que duró dos años! Sin embargo…
La siguiente escena te dejó helada, ya que en ella se veía como las jóvenes estaban una al frente del otro, y la que se supone que es la sacerdotisa de la luna empuñaba su arma contra la otra chica.
¡¿Pero qué…?!
–Como la batalla se libró en los dominios humanos, es decir, la tierra, aquel dios no tenía poder sobre la maldad que habitaba ahí–tomó una leve pausa y miró a la gente a su alrededor–. Pero como sabía que sus doncellas conservaban un fragmento de éste en su ser, les ordenó a ella a completar la misión–de pronto el sujeto te enfoca a ti directamente, lo cual te sorprende–. Y cuando consiguieron derrotarlo, se les ordenó hacer un sacrificio para poder traer la paz de nuevo.
La siguiente escena fue lo más desagradable que hayas visto, pues al momento de pronunciar las últimas palabras, la actuación siguió su curso y ves como la chica de túnica morada se abalanza hacia la otra muchacha de túnica roja, y que ésta no opone resistencia.
Que espantosa historia.
Te propones a abandonar el lugar, ya que no te apetece seguir viendo semejante "obra". Pero la voz del narrador te interrumpe.
–se dice que después del sacrificio, la paz reina hasta la siguiente gran batalla–su voz te desagrada, pero también quieres seguir escuchando–; se dice que a pesar de haber mucha paz, las doncellas aun reencarnan para así resguardar al mundo del mal, aunque ella no saben eso–de pronto se siente helado, como si todo lo que dice te lo dice exclusivamente a ti–. Pero también hay reencarnaciones donde ellas solo viven el día a día, ya que eses fue el regalo que le hizo Murakumo por el esfuerzo, y así encontrar a la persona amada por la eternidad.
Por alguna razón sientes la imperiosa necesidad de salir corriendo.
Y lo haces.
No sabes bien que ocurrió ahí, pero está claro que no quieres averiguarlo.
¿Qué ocurrió allí?
Tratas de darle poca importancia, así que para sacar esas dudas de tu mente te dispones a comer lo que hay en la mesa. Habían pasado varios minutos desde ese suceso, ahora te encuentras en un restaurante donde te distraes y relajas un momento. No es la gran cosa el lugar, pero es lo suficientemente espacioso como para decir que es cómodo.
En medio de la calma sientes que tu móvil vibra. Y cuando ves que ha recibido un mensaje, presientes de qué se trata de una gran noticia.
Y lo era.
Ya que cuando lees su contenido, una sonrisa aflora en tus labios.
Corres apresuradamente hacia donde estaba el mirador que habías encontrado anteriormente. Y cuando lo consigues sientes una emoción creciendo en tu ser, sabes que vendrá pronto, pero esto no significa que la espera sea de tu agrado. Pasan las horas pero tú no mueves un musculo, pese a que estás perdiendo la paciencia.
La mataré si está mintiendo.
Todo cambia cuando alguien se dirige a ti.
– ¡Vaya! Nunca imaginé que la princesa me estuviera esperando realmente–te das la vuelta para verle la cara–. Me halaga.
–No pensé que cumplirías tu palabra, Corona–la chica se sorprende por la forma tan cálida de dirigirte a ella–. ¿Qué es lo que se te apetece hacer?
– ¡wow! ¿Qué es eso Himemiya? Tú no eres así, más bien eres del tipo de chica…ruda–ella te hace un gesto felino mientras se acerca a ti y te envuelve en un abrazo–. ¿Por qué no vamos al bar a beber para después ir, ya sabes dónde?
–Corona…–sueltas un suspiro de resignación–. Esta vez concederé una parte de tu capricho, ya que también me apetece beber, pero luego quiero hablar algo serio contigo.
–Uy, pero que misteriosa–dice mientras se apega más a ti–. ¿Qué es eso tan importante que quiere decirme su majestad?
–Primero vamos a celebrar nuestro reencuentro, luego te diré el asunto–le tomas la mano y caminas.
Ella parece ligeramente sorprendida, mas no dice nada. Bueno, hasta tu estás algo sorprendida por tus actos, ¿Cuándo has sido así de…amable? De pronto te percatas de un silencio… ¿cómodo? Quizás el silencio extraño se produjo por que ambas no están acostumbradas a estar de forma más seria, ya que para ustedes la vida solo era diversión y nada más, pero pronto le harías ver a Corona cuales eran tus verdaderas intenciones.
–Oye, ¿se puede saber qué te pasa?–dice algo molesta, pues desde que llegaron al bar no has dicho una sola palabra–. Se supone que hoy sería una tarde de tragos y luego una noche de pasión–ya te empieza a doler la cabeza con sus quejas–. Por lo menos se algo más participativa, cuéntame algo interesante que te haya pasado o que sé yo, pero no me dejes aquí bebiendo casi sola.
–salgamos de aquí…
– ¡¿Qué?! Pero si ni siquiera he empezado aun, vamos que solo llevo cuatro vasos–si sigue quejándose, creo que explotarás–. Al menos espera a que…
– ¡dije que vamos!
Su expresión es de miedo…incluso se parece a la de ella. Pero qué más da, ya habías actuado, lo único que te queda por hacer es pedir perdón y fingir que aquí no pasó nada
Como siempre.
–Lo siento por actuar así –inicias tus disculpas–. Pero veras…hace tiempo que no tengo pareja, y bueno, creo que se me olvidó como tratar a las mujeres. –finalizas un poco avergonzada, ya que no estás acostumbrada a ofrecer disculpas.
–Pareces hombre hablando así –pone una cara poco convencida–. Escúchame, Himemiya–de repente su tono de voz cambia radicalmente–. Si quieres tratar así a tus futuras parejas, está bien–en su mirada se ve una determinación única, típico de ella–. Pero conmigo no te va a funcionar, ya que yo no soy como Kurusugawa-san.
Al mencionar ese nombre, algo en ti se quebró.
– ¡¿Vas a aceptar ser mi novia sí o no?! ¡Créeme, no estoy para juegos!–el que mencionara su ex apellido te molestó.
– ¡Ah! ¡Con que era eso!–ella usa el mismo volumen. Parecía ser una batalla de quien grita más–. ¡Escúchame bien! Acepto ser tu novia, pero solo con la condición de que me llevas a todos los países del mundo.
¿Qué?
– ¡Está bien, de acuerdo!–dices ya más que cabreada.
–entonces bien, acepto.
¿Eh?
No sabes si está jugando contigo o no, pero al menos dijo que sí y eso es lo que cuenta ¿no? Pero se sentía raro, esperabas que cuando le propusieses eso el ambiente cambiaría o que ambas se abrazarían o besarían al instante, pero en cambio todo sigue igual. Es como si no fueran nada.
Eso no fue lo que pasó con Himeko. Cuando ella aceptó ser tu novia, te inundo una felicidad tan grande que no pudiste contenerte para besarla ahí mismo. Claro que ella lo recibió gustosa, lo que gatilló que aquel beso subiera de tono en ritmo alarmante.
– ¿Y?–de pronto caes en cuenta de que te quédate estática–. ¿No piensa hacer algo más?
– ¿Cómo qué?–en este momento te sientes un poco acorralada. Sabes lo que debes hacer, pero no quieres hacerlo.
–que poco tacto, Himemiya–ella se acerca a ti y te besa.
Te quedas en blanco, esto era lo que debía pasar, pero…no te gusta. Es decir, antes te daba igual besarla o no, pero ahora las cosas cambiaron, se había hecho novias, pero eso no significaba que debían besarse tan rápido, ¿o sí?
Cierras los ojos para tratar de disfrutar un poco; la envuelves en tus brazos para no dejar espacios. Sientes como los ánimos aumentan, pero en tu mente resuena una voz poderosa.
¡No! ¡Detente! ¡Tú no quieres esto!
Hacía tiempo que no escuchabas esa voz. En aquella oportunidad hacías caso omiso de ésta y te concentrabas en "pasarla bien", ya que no era tan poderosa como para detenerte, pero…parecía que había adquirido la habilidad de bajar tus ganas de ir más allá. Y al ver que tu fuerza flaqueaba, te aferra con aun más fuerza que antes, lo que provocó que la chica se separara un poco de ti para respirar.
–hey, no tan fuerte, traviesa–su mirada oscura no te agradaba–. Sé que estás ansiosa, pero creo que primero vamos por unos tragos y luego continuamos.
No dices nada, el habla se te había ido. Para poder recuperarte miras hacia el cielo, el cual ya está oscuro con una luna brillando desde lo alto.
¿En qué me he metido?
–Pero mira nada mas quien vino a vernos, cariño– ¿en qué momento ella estaba mirando hacia su costado derecho?–. Creo que se me olvidó comentarte que traje a alguien conmigo, ¿recuerda que te lo había mencionado, amor?
Vuelves la cabeza hacia donde estaba enfocada la mirada de Corona, y lo que ves ni tú te lo crees.
–Hi-Himeko…
¡aaaaahhh! Se prendió esto :v sé que la escena es muy reiterativa, pero vamos que es así como me gusta XD
En fin.
Traté de hacer un capítulo más largo, pero creo que quedó igual que los demás jajajaja lo siento TnT
Realmente lamento el que cambiara de un mes de publicación a tres meses, pero lo hago por fuerza mayor (trabajo). Pero si de algo sirve: nunca dejaré esta historia, aunque me demore en publicar XD.
Espero que les haya gustado el capítulo, creo que esta vez lo hice un poco más emocionante.
¡Saludos!
Notas Guest:
Debi: me alegra que te haya gustado los demás capítulo, y también es emocionante saber que quieres más, se agradece. Lo último que tengo que decir es: ¡paciencia mujer! XD
¡Saludos!
Gareck: se agradece mucho el comentario. Créeme que yo también quedé con la duda de que hubiera pasado, por eso decidí e hacer una continuación, ya que soy fan del drama, pero también de la dulzura que trae XD
¡Saludos y gracias por comentar!
Bridec: aun que me digas que es presión. Yo lo consideré mas como un recordatorio jajajaj no es que se me haya olvidado actualizar, y creo que me delante un poco, ya que se supone que era en abril la publicación, pero…son cosas que pasan XD
¡Saludos!
Daly: espero que aun te interese este fic…
¡Saludos y gracias por comentar!
