Notas de Lacrimosa Azul:

En un primer momento había pensado dividir el capítulo en dos partes por lo largo que era, pero al final decidí dejarlo como uno. Espero no sea muy cargante de leer y que todo se entienda.

Disclaimer: no tengo los derechos de propiedad de ˹K˼, ni tampoco soy la autora de esta historia, solamente la he traducido con el permiso de Yumechou, créditos a ella.


Notas de ruby_dream:

Perdonen los errores gramaticales y de vocabulario. Escribo esto de a poco durante mis tiempos libres, así que apenas lo reviso. Este capítulo es el primer clímax, por lo que será bastante largo. Por favor tengan paciencia conmigo al leerlo.


Capítulo 3: El precio de una Determinación

Publicación Original enero 2014

"Una vida dedicada a cometer errores no sólo es más honorable, sino más útil que una vida dedicada a no hacer nada".

George Bernard Shaw (1856 - 1950)


—¿Cuánto tendré que compensarte por esta oportunidad?

Los orbes aguamarinas se fijaron en los azules tormentosos.

—No lo sé. Pueden ser tus recuerdos o incluso tu vida —dijo sin pestañear. —Nunca he viajado con otra persona antes. Siempre voy solo y para mí hay un precio fijo que tengo que pagar cada vez que uso este poder. Creo que podré decir el precio para mi acompañante cuando llegue el momento. Probablemente.

Munakata se estremeció ante la idea de la muerte involuntaria. No era como si le preocupara demasiado perder la vida, porque en su trabajo diario, entendía perfectamente que su posición siempre estaba en una delgada frontera con la muerte. No se trataba de él, sino de los que amaba y cuidaba. ¿Qué hay de su familia? ¿sus hombres? ¿Sería capaz de abandonarlos a tal angustia para salvar a un rey que ni siquiera dudo al abandonar su vida? ¿Quién ni siquiera lo pensó dos veces al dejarlo sin corazón...?

Desde que fue coronado como el Rey Azul, había estado preparado para lo que vendría. A pesar del tremendo poder que poseían, un rey no podía poner fin a su vida sin causar otro incidente como el cráter Kagutsu. Solamente por causa natural, enfermedad o accidente encontraría su muerte sin riesgos. Sólo un Rey podría matar a otro Rey.

A pesar de eso, a ningún rey le encantaría tener el papel de verdugo, especialmente si se considera que destruirían su propia Damocles por el esfuerzo. Sabiendo que nadie tomaría ese papel voluntariamente, desde que asumió el papel de capitán del Scepter 4 y del Rey Azul, se juró a sí mismo que tomaría ese rol abominable si fuera por el bien de vidas inocentes. Algún día tendría que mancharse las manos, pero no podía estar seguro de quién caería del trono antes que él.

Sin embargo, la primera vez que posó sus ojos en los dorados, supo que tendría una relación larga y agotadora con el Rey Rojo. Suoh Mikoto era un hombre impetuoso cuando estaba motivado, mientras que podía ser el hombre más apático la mayor parte del día. Él era como una bomba; una vez encendido, sería como si el infierno se desatara en cuestión de segundos. Para una mente como la de Reisi, no fue difícil adivinar que el pelirrojo no sería de su agrado. Y se había preparado para terminar con la vida de Suoh si era necesario.

Lamentablemente no pronosticó la posibilidad de que tuviera cierto sentimiento hacia el Rey Rojo. Como el capitán del Scepter 4, la organización que se encargaba de manejar casos misteriosos y el seguimiento de los strains no pudo evitar conocer al líder de HOMRA.

Reisi había endurecido su corazón, diciéndose a sí mismo que ese sentimiento no era más que una distracción en su vida solitaria. Se dijo repetidas veces que no podía crecer fruta en el sendero estéril de un rey. Pero su corazón lo traicionó tantas veces, hasta el punto de no escuchar la advertencia de su mente lógica, de que Suoh era un hombre peligroso para él. Debería haberse alejado de un hombre así mientras aún podía. No sería tan difícil matar a un extraño si un día tendría que apagar esa deslumbrante vida por su deber. Al menos, no sería peor que matar a un criminal. Aún se sentiría amargado, sí, pero no tendría los sentimientos de ese día invernal. Pero con cada pequeña mirada, sonrisita o con el leve roce de su piel, su templanza se desmoronaba como un carámbano bajo el sol y sus ojos perseguirían una vez más la figura de Suoh.

—Bien, te pregunto. ¿Por qué soportas tanto peso sobre tus hombros? —Akizuki señaló con su dedo a Munakata. —¿Qué tan preciosa es la vida que estás tratando de salvar para poner en peligro la tuya? ¿Tienes suficiente resolución para tirar todo por tu objetivo?

Reisi lo miró solemnemente apretando su puño. Su mente calculadora estaba más que lista para poner fin a la vida de Suoh después de años de convencerse a sí mismo de que tenía un deber jurado como rey. Sin embargo, su corazón estaba impresionado por el hecho de que el Rey Rojo elegiría la muerte y seguiría a su amado subordinado y amigo en lugar de evitarle el agonizante dolor de perderlo.

Suoh podría haber confiado en él al tener la resolución más que suficiente para ser su heraldo de muerte, pero al Rey Rojo no le importó nada y arrastró a Reisi con él al infierno. Matar a un rey le generaría bastante daño a su Damocles, y al acabar con la vida de Suoh se había arriesgado a que su vida tuviera un fin acelerado.

Siguiendo ese pensamiento, debería haber despreciado a ese hombre hasta lo más profundo. Pero cuando estaba a solas en la tranquilidad de su dormitorio durante la noche, todo lo que podía encontrar dentro de él era culpa y vulnerabilidad. Las mismas palabras se repetían en su mente desocupada.

«He traído esta miseria sobre mí. No he hecho lo suficiente».

Su corazón que fue calentado por la presencia de Suoh fue destrozado por la culpa hasta que no quedó nada más que fragmentos de recuerdos de lo ocurrido en esa isla. Ahora se había acostumbrado a la frialdad una vez más, aunque aquel sentimiento no le molestaba tanto como en el momento en que perdió el calor carmesí. Tal vez fue porque su corazón finalmente murió y lo único que quedo fue su mente. Se sintió vacío cuando pasaron los días, pero no se molestó. Estaba esperando el día en que pudiera mencionar el nombre de Suoh sin dejar un sabor agrio en su boca.

Pero su corazón agonizante no podía dejar de palpitar y luchar por mantenerse con vida, para apreciar lo que quedaba de Suoh. Cada vez que leía algo de HOMRA en sus informes diarios, ese eco perpetuo de dolor le recordaba una vez más su corazón inútil y apenas existente, culpándolo por no haber perseguido a Mikoto lo suficiente.

No había fin para ese dolor constante. Por eso había decidido que tomaría todo el riesgo de rebobinar el tiempo. No para obtener un bien mayor, o para salvar la vida inútil de Suoh, ya que él estaba más que dispuesto a abandonarla, dejando a Reisi sin la oportunidad de salvarlo.

Su objetivo era satisfacer su corazón, logrando una armonía con su mente al probar todas las posibilidades dentro de su capacidad para salvar a ese tonto. Si Suoh Mikoto todavía estaba condenado a morir a pesar de poner todo en juego, que así sea. No habría nada más que lamentar, sólo su inevitable reencuentro con el Rey Rojo. Era egoísta de su parte por arriesgarlo todo por su bien, pero por una vez le gustaría ver cómo terminarían las cosas sin su habitual autocontrol.

—Los Reyes siempre están en soledad, mientras soportan el peso del mundo sobre sus espaldas. Esto no es diferente —él levantó la vista con tenacidad. —No se trata de la vida que pretendo salvar, sino de cuántas víctimas podemos evitar —el Rey Azul hizo una pausa por un momento, antes de aclarar su voluntad. —No tengo la intención de morir, pero entiendo el riesgo, después de todo, será un enfrentamiento contra un rey. Perdimos dos reyes solamente para eliminar al más problemático, por lo que no será una tarea fácil enfrentarlo sin ayuda.

—No entiendo por qué tu mente está especialmente preparada para que el "camino del rey" sea solitario. Nadie puede soportar la soledad. ¿Alguna vez has escuchado la frase "un conejo puede morir de soledad"? —el strain se rascó la cabeza y suspiró.

Munakata Reisi se estremeció ante las palabras. Siempre se decía a sí mismo que la carga del mundo era demasiado pesada, incluso si lo compartía con alguien, tarde o temprano se vería afectado física y mentalmente. Compartirlo con otro rey era simplemente imposible porque tenían que mantener el equilibrio como polos opuestos. Los extremos negativos y positivo nunca debieron encontrarse, sin embargo, ambos se atraían con mucha fuerza e influían en el contrario, anulando el balance y rompiendo el orden. Ciertamente no podía permitir tales cosas.

—Bueno, por otro lado, un ser humano no morirá de soledad.

Por alguna razón, el strain parecía mucho más allá de él y la tristeza era evidente en su rostro.

—No todos podemos vivir solos, no importa cuánto tratemos de convencernos de lo contrario. Una vez que hayas probado el lujo de tener a alguien a tu lado, no podrás volver a ese camino solitario. Pero si llegas a verte en la obligación de volver a aquel aislamiento, terminaras anhelando la compañía hasta el punto de cruzar la línea prohibida.

—¿Debo entender que lo dices por experiencia propia? —el capitán observó al joven en silencio, como si lo analizara.

—Creo que tú también sientes lo mismo, ya que lo entiendes perfectamente —Akizuki simplemente lo recompensó con una sonrisa amarga. —¿No crees que eso nos convierte a ambos en personas miserables?

—Preferiría no pensar que soy tan patético como piensas de ti mismo —Reisi resopló con disgusto.

—¿Alguien te ha dicho que eres un hombre muy difícil? —Akizuki rodó sus ojos y se levantó de la cama blanca con facilidad.

—Me lo dicen muy a menudo.

—Lo supuse —el joven se encogió de hombros. —Para activar mi habilidad, tengo que pensar en la fecha a la que me gustaría volver —el strain levantó su dedo índice en el aire sugestivamente. —La fecha no será exactamente la misma que tengo en mi mente, pero es más o menos en un período cercano.

—Qué inconveniente, ya que no podremos planificar de antemano —Munakata se arregló los anteojos mientras se sentaba cruzado de piernas frente al prisionero con la espalda recta.

—Luego, una vez que retrocedamos en el tiempo, nuestros recuerdos actuales serán transferidos al yo pasado. Por lo tanto, estarás en la forma física del pasado, pero mantendrás el conocimiento que posees ahora —Akizuki continuo con la explicación. —cada vez que retrocedo en el tiempo, mi forma física se mantiene de acuerdo con el período al que he regresado, así que tal vez esa sea la otra regla para tener en cuanta.

El peliazul asintió distraídamente en reconocimiento. Todo el asunto de viajes en el tiempo estaba más allá de su mente lógica. Sin embargo, había tanta existencia mítica que aún no se había podido descifrar, un claro ejemplo era la fuente o el alcance del poder del Dresden Slate, y el método con que eran coronado los reyes. No sería sorprendente si algunos strains poseían poderes atípicos e irresponsables. Hasta hoy, no era frecuente el desarrollo de nuevo material de investigaciones sobre el poder de los strains y el Dresden Slate.

—Siguiendo la regla anterior, es obvio que no puedo regresar en el tiempo hasta el momento en que aún no nacía. Porque no tengo un recipiente para contener mis memorias, además, este poder no es tan grandioso para doblegar el tiempo. No puedo viajar más de 5 años atrás de mi edad actual, porque la carga y el precio serán demasiado altos para soportar y moriré instantáneamente en el proceso. Incluso si tengo que regresar poco a poco, mi límite seguirá siendo 5 años a partir de la época actual.

Akizuki observó entre los mechones de sus pálidos cabellos al Rey Azul que parecía ligeramente insatisfecho ante la noticia, pero rápidamente volvió a su máscara inexpresiva. El prisionero sonrió sardónicamente a Munakata.

—¿Qué? ¿Crees que no he pensado en la opción de prevenir el desastre borrando el nacimiento del Rey incoloro?

Reisi ni siquiera pestañeó ante su respuesta. Akizuki podría actuar de forma inocente, pero su mente y sus palabras estaban sin duda llenas de veneno. Ni siquiera estaba seguro de si era correcto usar la habilidad de este hombre. Una persona con sabiduría era un enemigo más formidable. Al final de este trato, podría ser él el que estaba siendo utilizado. Su mente vaciló con sospecha.

«Bueno, hay un viejo dicho, mantén a tu enemigo más cerca...».

—Ahora bien, ¿hay algo más que quieras preguntar? —el prisionero le dio una gran sonrisa por escuchar su larga explicación y Munakata no perdió el tiempo para interrogarlo.

—No me iré por las ramas. ¿Qué ganancia hay para ti concediéndome este favor? Mencionaste antes que también tendrás que pagar cierto precio por usar esta habilidad y por mi observación, ciertamente no eres una persona caritativa —su mano alcanzó la empuñadura de su espada, mientras que sus ojos ni por un segundo se apartaron de Akizuki, que simplemente inclinó su cabeza torcidamente y sonrió ante el gesto intimidante.

—Creo que seremos un equipo compatible —el joven levantó su mano para silenciarlo por si el otro hombre iba a replicar por su comentario. —Tenemos un motivo y objetivo similar para hacer esto. Tengo el poder y la sabiduría, pero no tengo mucho para hacer más que una onda en el agua llamada destino. Pero tú tiene el estatus, la autoridad y la astucia para transformar esas ondas en una ola.

El capitán del Scepter 4 le regaló una mirada vacía a su halago. Akizuki suspiró y rodeó sus brazos alrededor de sus piernas dobladas frente a él.

—No sé si esto puede convencerte o no y esta será una larga historia. Pero no puedo pensar en otro método para hacerte creer en mí.

—Pruébame —Reisi le dirigió una fría mirada, esperando pacientemente su respuesta.

Akizuki inhaló profundamente y se mantuvo solemne mientras recordaba. Sus ojos se encendieron con ira reprimida cuando finalmente respondió.

—Mi destino se entrelazó con el suyo, tan enredado hasta el punto del aborrecimiento.


La suave luz del ocaso alcanzaba sus párpados cerrados a través de la ventana abierta, invitándolo a despertar, mientras que la brisa de la tarde agitaba suavemente su cabello azul oscuro. Munakata Reisi abrió violentamente sus ojos violetas y estuvo unos minutos parpadeando para alejar su amargura. Sentía un fuerte dolor de cabeza que crecía lentamente en su nuca. Súbitamente sintió náuseas, y trató de contener el impulso de vomitar permaneciendo inmóvil durante unos minutos.

Después, se dedicó a examinar la habitación mientras permanecía recostado, tratando de descubrir dónde se encontraba. Reconoció el lugar perfectamente; el mobiliario tradicional japonés, las divisiones de bambú, la estera de paja, el adorno de orquídeas y lo más notable de todo sería el olor familiar de té verde fresco que permanece en la habitación. Sin duda, él estaba en su oficina.

Cuando pudo tolerar el dolor de cabeza y con un gemido suave, Munakata levantó su cuerpo de la estera con ayuda de sus brazos y se arregló los anteojos. El capitán del Scepter 4 podía escuchar el ruido distante de la ciudad mientras observaba distraídamente por el ventanal el cielo que cada vez se oscurecía más. El follaje de los árboles en el exterior era de color oro rojizo y algunos se marchitaban, indicando el final del otoño y principios del invierno. Reisi sacó a toda prisa su PDA del interior de su uniforme y vio la fecha mencionada en su móvil.

«Tres días antes de la fecha de la muerte de Totsuka…».

Podía sentir una punzada en su pecho. La duda comenzó a deslizarse en su mente. ¿Qué pasa si el incidente de la isla Ashinaka estaba sólo en su cabeza? ¿Si fue únicamente un sueño surrealista? O… ¿Volver al pasado también fue parte de su sueño? Estaba a punto de considerar la posibilidad de que alucinara antes de que su PDA sonara repentinamente. El monitor decía "Número desconocido" y Reisi consideró un minuto antes de contestar el teléfono.

—¿Oh? Eso es sorprendente. Pensé que lo afectaría con más fuerza. La primera vez que viaje vomité sin parar durante todo un día hasta el punto en que apenas pude levantarme —la persona que llamó ni siquiera anunció su nombre; pero no fue necesario, ya que el azul podía reconocer la voz sin dificultad. —Ahora que he confirmado que has llegado sano y salvo, ¿dónde debería encontrarte? —el strain al otro lado de la línea colocó sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones vaqueros mientras paseaba por la ciudad con un teléfono en la oreja.

El Rey Azul se sacudió el polvo del uniforme mientras se ponía de pie y avanzaba hacia la silla de su oficina. Sus hombres deberían haber ido a casa a esta hora, aunque existía la posibilidad de que Fushimi todavía podría quedarse para terminar su trabajo en su escritorio. No debería haber ningún problema para infiltrar un desconocido a esa hora.

«Ya no hay marcha atrás. No hay más tiempo para arrepentirme».

—Ven al cuartel del Sceptre 4. Lo hablaremos aquí.


Suoh Mikoto estaba dando un paseo con su usual aspecto aburrido, mientras que una niña pequeña con vestido rojo y volantes sostenía su mano derecha. Era un mediodía brillante cuando Anna de repente se asomó a su habitación y le pidió que salieran a pasear sin decirle el motivo. La niña podría haber visto algo con su percepción, pero Mikoto nunca preguntó los detalles. Si ella consideraba necesario decirle algo lo haría y ya que casi nunca hacía algún pedido egoísta él no se negaría.

Habían estado caminando por la ciudad y mirando las calles ya familiares por dos horas. La albina parecía divertirse. Tal vez al estar su cumpleaños a la vuelta de la esquina estaba entusiasmada y sin notarlo, aquella felicidad había contagiado al Rey Rojo que mostraba una sonrisa en sus labios.

Hacían una pequeña pausa de su paseo en un banco de la ciudad bajo un árbol, cuando Anna repentinamente lo sobresaltó tirando de la manga de su chaqueta.

—Mikoto... —sus ojos carmesíes encontraron los dorados como si suplicaran. El mayor le lanzó una mirada interrogativa antes de que finalmente entendiera lo que le estaba pidiendo.

Al otro lado de la calle, el Scepter 4 patrullaba por la ciudad. Era una visión normal que los azules hicieran sus deberes habituales generalmente sin su Rey. Mikoto raramente se molestaba en intentar algo cuando sólo había subordinados de Munakata, porque que el único capaz de despertar la emoción en él, era el Rey Azul al ser su igual.

Sin embargo, hoy era diferente. Se preguntó si esa era la razón por la que Anna lo invitó a pasear, ya que vio, rodeado por sus subordinados, a un cierto rey de cabello azul que se alzaba regio en su uniforme diario, dando instrucciones a sus comandantes.

Mikoto podía sentir su aura vibrando de emoción dentro de él, furiosa como una tormenta de fuego. Sus manos hormigueaban por una emocionante pelea contra el azul y hubiera saltado para atacar a Munakata en ese instante si no fuera porque Anna aún tiraba de su manga.

Por alguna razón, la niña sacudió la cabeza con firmeza, negándole ir a su batalla. El pelirrojo la miró por un momento y suspiró en derrota. Podía entender lo que ella quería de él sin intercambiar palabras. La pequeña strain le pedía que mantuviera la compostura por una vez y hablara en forma civilizada con el otro hombre. Había perdido su oportunidad de pelear con Munakata de todos modos, ya que éste había notado su presencia y despedido a sus subordinados una vez comunicado sus instrucciones.

—Es raro verte en la ciudad, Munakata Reisi. Creo que casi nunca dejas tu oficina —dijo Mikoto con una sonrisa burlona. En respuesta, Reisi le dedicó una sonrisa calmada, y le respondió mientras se arreglaba las gafas.

—Buenas tardes Suoh Mikoto. ¿Acaso ocurrirá una calamidad en el futuro para que dejaras de ser perezoso por una vez?

A pesar de su comentario habitual, los ojos violetas mostraron una mezcla de alivio, alegría y ... ¿anhelo? Mikoto no estaba seguro de lo último, pero ciertamente había algo diferente. La cara de Anna era inexpresiva, y ella permanecía inmóvil como una estatua anclada a ese lugar para hacerlo hablar con el Rey Azul.

Pero lo que sucedió entre ellos no fue más que un silencio incómodo. Ninguno de los dos inició una conversación. Por lo general, bromeaban y libraban una guerra verbal antes de que esta se convirtiera en una batalla física. Pero hoy, Munakata no parecía dispuesto a darle una buena pelea, incluso si Mikoto comenzaba una. Todo lo que podía ver en los ojos del azul era un cansancio prolongado y una súplica silenciosa para una tregua.

Nunca había visto a Munakata tan agotado. Puede que sus subordinados no vieran las señales porque su rey siempre era hábil para ocultar su vulnerabilidad, pero a él no podía ocultarle la verdad. Ver al otro en tal estado hizo que su entusiasmo se desvaneciera. Ahora solamente podía sentir preocupación. La única vez que presenció al Rey Azul en ese estado fue cuando escuchó que uno de sus subordinados murió protegiéndolo, pero esta vez Munakata parecía mucho peor que en aquel entonces. Le hizo preguntarse qué había perdido esta vez.

Siendo honesto, esto lo puso un poco celoso. ¿De qué? no lo sabía. Después de todo, él no sabía nada sobre la preocupación de Munakata. Él solía abrirse un poco después de su espontánea y ocasional sesión de sexo, y Mikoto no era de los que se entrometen en los asuntos de los demás. Así fue como su pequeña aventura continuó. No era de los que ponían el romance y los negocios en la misma página, por lo que Munakata y él estaban bien de esa manera.

—¿Algo va a suceder? —la suave voz de la pequeña finalmente rompió el silencio.

Los mayores miraron a la pequeña albina. Sus ojos color rubí brillaban en el escrutinio. Reisi resopló un poco y se inclinó lo suficiente para responderle al mismo nivel de los ojos.

—Nada de lo que tengas que preocuparte. Es sólo una investigación regular —Anna estaba callada mientras sus ojos permanecían fijos en los del adulto, como si supiera que estaba mintiendo.

Munakata no se había inmutado ante la pregunta. Él sabía el futuro que ocurriría mañana. Todos los detalles de la muerte de Totsuka Tatara. Mañana por la noche, con plena luna en el cielo, mientras cargaba su nueva cámara, el joven subiría al tejado de aquel edificio donde se encontraría con el Rey Incoloro. El azul quería creer que había sido coincidencia, y que aquel hombre simplemente estaba esperando a que el dirigible del Rey Plateado pasara por lo alto y que lamentablemente Totsuka lo encontró durante la espera.

Pero cuanto más lo pensaba, más creía que aquel hombre lo había planeado. Debió haber sabido que el miembro más ingenuo de HOMRA acudiría al edificio más alto de la ciudad de Shizume para disfrutar de la vista nocturna y que el edificio estaba en la ruta del dirigible. Necesitaba un sacrificio para infligir rabia en los rojos, cegarlos con la venganza y agotarlos con una guerra innecesaria para debilitarlos.

Totsuka fue el mejor candidato. Era el miembro más débil, amigable y cercano a todos dentro del clan rojo, especialmente a Mikoto, Kusanagi y Anna. Siguiendo ese plan, el Rey Incoloro intentó colocar toda la carga del asesinato a Weismann, creando un conflicto entre ambos reyes con el objetivo de poseer a Suoh y obtener su poder, y con suerte, incluso podría tomar el poder del primer rey.

Sería poco probable para él poder frustrar el encuentro. Incluso si pudiera evitar que el joven entrara en el edificio esa noche por la fuerza, había una gran posibilidad de que el séptimo rey todavía llevara a cabo su plan y cometiera el asesinato la próxima vez.

Si no lograba capturar o matar al incoloro aquella noche, no importaba si podía salvar a Totsuka. El malvado rey sin duda jugaría sucio para intentar matarlo y su habilidad lo ayudaría a llevarlo a cabo, y Munakata no podría predecir dónde o cuándo atacaría ya que no podía leer el futuro. No había forma de que pudieran proteger a Totsuka siempre contra un rey. En este asunto lo mejor sería ser ofensivo en lugar de defensivo. Munakata dejaría que el joven fuera el cebo para aquel loco e interferiría el encuentro. El incoloro jamás consideraría que perturbaran su plan, ya que pensaba que nadie sabía sobre su condición de rey recientemente coronado.

Pero Anna parecía que estaba esperando su respuesta verdadera, mas Reisi ni siquiera le dio una pista. Mientras menos supiera HOMRA, mejor. Se apartó y se irguió para que Anna tuviera que mirar hacia arriba para ver su rostro. La luz del sol oscurecía su vista, por lo que no veía claramente la expresión del Rey Azul. El capitán mintió con fluidez.

—Como he dicho, no pasará nada. No tienes que preocuparte. El Scepter 4 está revisando las instalaciones cercanas de forma regular. —Mikoto miraba cansadamente a Munakata mientras hablaba con Anna. Algo estaba completamente fuera de lugar.

Reprimió el impulso de hacer que Munakata escupiera cualquier secreto que parecía ser bastante importante para esconder. Le molestaba. Sabía que el otro era astuto, considerando sus logros en tan poco tiempo y aunque a veces, admiraba ese lado del azul, despreciaba cuando Munakata usaba su habilidad manipuladora sobre él, tratando de engañarlo por cualquier medio para mantenerlo en calma.

El Rey Azul siempre argumentó que todo era por HOMRA y nunca dijo que era para protegerlo, ya que sabía que Suoh no lo aceptaría. Pero no le gustaba que lo engañaran. Quería golpear al azul para recordarle que no lo subestimara; que podía proteger a los suyos y Munakata estaba siendo un entrometido innecesariamente.

Pero no podía involucrar a Anna en una pelea y la pequeña también pareció comprender las acciones del Rey Azul, ya que no insistió más. Si ella pensaba que deberían dejar a Munakata ser, él respetaría su juicio. Mikoto chasqueó la lengua y giró sobre sus talones irritado, dejando a Reisi solo antes de que su paciencia desapareciera. Anna se inclinó ligeramente en señal de respeto y siguió a Suoh a toda prisa.

El peliazul no se movió del lugar mientras miraba las espaldas que lentamente se mezclaban y desaparecían entre la multitud. Suspiró con fuerza y notó que había estado conteniendo la respiración por bastante tiempo.

Kushina Anna tenía un poder aterrador como strain. No es de extrañar que hace algunos años fuera elegida para ser candidata artificial al Rey Azul. Si ella usara sus canicas rojas para leer sus pensamientos, no tendría más remedio que detenerla con su aura, lo que probablemente llevaría a una pelea con Suoh y destruiría las instalaciones públicas nuevamente. Se sentía arrinconado cada vez que ella lo miraba a los ojos como si se estuviera sumergiendo en su alma y lo leyera como un libro abierto. Tal sentimiento lo hizo vulnerable. Arreglando sus gafas, se rió irónicamente de él al temer a una niña pequeña.

A pesar del momento incómodo recién ocurrido, no podía negar que sintió la olvidada felicidad burbujeando en su interior después de encontrar a Suoh, vivo y molestando como de costumbre. Después de su muerte, en sus pesadillas regulares todavía recordaba su rostro indiferente y la voz de Mikoto. Pero Reisi comenzó a olvidar su pequeña sonrisa o el toque áspero en su piel a medida que pasaba el tiempo. Los únicos recuerdos restantes fueron del demente rey y los últimos momentos de la vida de Suoh. Seguían repitiéndose en su cabeza como un disco roto, como un castigo por su fracaso. Las noches sin sueños eran un lujo para él desde aquel día.

Había tratado de olvidar a Suoh para seguir adelante, porque era inútil recordar a una persona muerta. Pero dado a su personalidad, nunca se permitió perdonar su fracaso, dejó de intentar olvidar, porque era imposible hacerlo mientras aún se culpará por su error. Como alternativa, Munakata buscó en sus recuerdos los más felices con Suoh, pero cada vez que recordaba, estos eran reemplazados por el momento en que Suoh rechazó su mano estirada. Pasado un año, su mente estaba entumecida por las pesadillas y se sentía vacío al despertar después de noches inquietas.

Reisi estaba agradecido por la oportunidad de recordar nuevamente qué clase de hombre era Suoh, cuando aún estaba con su familia feliz y su Damocles no estaba en ruinas. Podía despreciar al pelirrojo por ser obstinado e insensible cuando era herido, pero también le encantaba ver su expresión cuando estaba rodeado por sus hombres.

Si sólo el Rey Incoloro no hubiera destruido esa tranquilidad… en aquel entonces, ni siquiera le daban mucho aprecio a lo que tenían.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios sin que él se diera cuenta, dio media vuelta y regresó al cuartel del Scepter 4. No había forma de que desperdiciara esta segunda oportunidad. No más noches de lamento, juró solemnemente Munakata Reisi a sí mismo.


Después de caminar bastante lejos de Munakata, Anna tiró con cuidado de la manga de la chaqueta negra de Mikoto con timidez. El pelirrojo aminoró el paso y miró a la niña por un momento antes de sacar su mano derecha de su bolsillo y agarrar su mano. La pequeña se sonrojó un poco con la felicidad irradiando su cara. Caminaban en un cómodo silencio entre las personas, con el sonido de bocinas y gente hablando de fondo antes de que ella comentara repentinamente.

—Parece un hombre que va a la guerra... —eso hizo que los pies de Mikoto se detuvieran. Entendió de quién estaba hablando e involuntariamente se giró para encontrar a cierto hombre de pelo azul, aunque era imposible verlo a esa distancia. La albina susurró en voz baja. —¿Quieres buscarlo? —la pequeña dirigió su otra mano hacia las canicas escondidas en su vestido. Si él lo deseaba, ella usaría su poder para localizar al azul. Con su habilidad, sería fácil encontrarlo con el inmenso poder y presencia de Munakata.

Mikoto permaneció inmóvil y la niña espero. Ella era joven, y se preguntó si era por eso por lo que no podía comprender por qué Mikoto no regresaba por el azul si estaba preocupado por él, o por qué no seguía caminando si demostraba que no le importaba.


—Fushimi-kun, ¿puedes oírme? —Reisi se colocó el comunicador en la oreja, ajustándolo para poder escuchar claramente la voz del destinatario que sólo murmuró con tono desafiante algo como:

—Por supuesto, está en frente de mi cara —Seri le lanzó al joven comandante una fría mirada y le pellizcó el brazo dolorosamente como advertencia por su insolencia.

Munakata no reveló mucho acerca de la misión de hoy a sus hombres. Les mintió en parte al decirles que había recibido información del Rey Dorado de que el séptimo rey podía aparecer en el edificio, y ellos tenían que observar si éste era una amenaza o no.

Para reducir el riesgo de heridos, sólo llevó a Seri y Fushimi para observar la azotea desde la distancia mientras un grupo de tres hombres esperaba en un vehículo no lejos del edificio. Si el incoloro fuera a hacer su aparición, Reisi iría solo a investigar. Solamente un rey podría contener a otro rey y no se arriesgaría a que sus hombres fueran poseídos por el incoloro al ir con él.

—Señor, todavía creo que sería mejor si lo acompañamos. Aún puede ser peligroso si... —Seri comenzó a repetir su argumento una vez más desde que explicó la misión, pero esta vez el Rey Azul colocó su mano en el hombro para tranquilizarla en lugar de tratar de razonar con ella.

—Nuestro oponente puede ser un rey y podría dominarte fácilmente. Como reyes, deberíamos estar en el mismo nivel y mi poder es suficiente para protegerme. Debemos disminuir el riesgo de todas las formas posibles, ¿no? —él le dio la mejor de sus sonrisas encantadoras, lo que siempre funcionaba con ella. —Después de todo, todavía te tengo cuidando mi espalda.

Su rostro era sombrío. Ella sabía que no era débil, siendo la segunda al mando del Scepter 4, pero comprendía que no podía hacer nada en la batalla entre dos reyes, ya que se les concedía un poder más allá del humano o el que los strains podrían tener.

Sin embargo, todavía se sentía frustrada por no poder ayudar a Munakata. Awashima Seri aún sentía preocupación. Su capitán era muy amable; a menudo se preocupa por los demás más que de sí mismo. ¿Y si el nuevo rey se aprovechaba de la benevolencia del Rey Azul para luego lastimarlo? No obstante, ella le respondió con una débil sonrisa, viendo que no podría hacerlo cambiar de opinión.

—Capitán, por favor tenga cuidado.

Él asintió con calma y se giró para observar el tejado del otro lado del edificio. Quedaba una hora antes para la medianoche. Si él no estuviera en una misión, pasaría su tiempo admirando la impresionante vista nocturna. Las estrellas brillaban débilmente, empalidecidas por las luces de la ciudad que resplandecían intensamente. La ciudad era un mar negro con brillantes luces diminutas reflejadas en su superficie. El suave viento soplaba a través de su piel y movían los mechones de su cabello, dándole un agradable escalofrío. Así que esta vista era el presente que Totsuka había deseado obsequiar a Anna. Era un hermoso regalo para alguien que tuviera un precioso valor.

En la otra azotea, ocultos por la pared blanca conectada a la puerta de salida, Seri esperó junto a Fushimi con sus binoculares. El joven chasqueó la lengua con enojo y le susurró groseramente.

—No pasará nada malo. Es un rey, ¿lo recuerda? No es tan estúpido como para recibir ni siquiera un rasguño de un novato. ¿Podría dejar de inquietarse? No puedo concentrarme —Seri gruñó indignada, pero ella volvió a su actitud tranquila.

Justo cuando dejaron de hablar, la puerta de salida de la otra azotea se abrió repentinamente. Munakata contuvo la respiración por un momento y se quedó sin aliento una vez que vio al familiar estudiante de cabello plateado desde su escondite.

Era joven, de unos diecisiete años, con el pelo corto y blanco hasta la nuca, brillando bajo la suave luz de la luna. Usando un uniforme de escuela secundaria, se veía como un chico normal. Sin embargo, sin duda, él era el despiadado séptimo y Rey Incoloro. No importaba cómo lo viera, un estudiante que se queda en la azotea de un edificio en medio de la noche era sospechoso.

El joven observo el reloj y luego miro hacia el cielo, como observando o esperando algo. No fue difícil para Munakata comprender lo que el otro hombre estaba esperando.

«Él debe estar esperando el Himmelreich»

—¿Capitán? ¿Deberíamos capturarlo? —susurró Fushimi a través del auricular inalámbrico, rompiendo su trance.

—Permanezcan en espera. Lo observaremos por el momento —ordenó Munakata sin dejar de mirar al sospechoso estudiante.

Su corazón comenzó a latir rápido con la anticipación de la batalla que sucedería. Su adrenalina se apresuró a través de su cuerpo mientras descansaba su mano izquierda sobre Tenrō, esperando el momento de atacar.

El Rey Incoloro creo una inmensa tragedia, una por la que dos reyes fueron sacrificados para acabar con su vida. No podía subestimarlo y mucho menos bajar la guardia. El Scepter 4 esperó paciente y silenciosamente, vigilando al enemigo desde la distancia. Los minutos parecían horas agonizantes. El estudiante se inclinó hacia la barandilla y mantuvo la mirada hacia el cielo vacío. Munakata se sorprendió un poco cuando escuchó de repente la voz tarareante del oponente. La voz fluía en el viento mientras cantaba la "Oda a la Alegría" repetidamente.

—¿Capitán? —una voz familiar con un ligero sonido estático en el fondo lo sobresaltó. —Un hombre joven se dirige a su posición. Creo que es Totsuka Tatara de HOMRA. ¿Deberíamos detenerlo? —Reisi cerró los ojos por un momento después de escuchar el informe de Akiyama. Había llegado el momento.

—No, déjenlo avanzar. No es necesario alarmarse.


Tatara subía con entusiasmo a la azotea, ignorando el dolor de los músculos agotados de ambas piernas con su nueva cámara en su mano. Había planeado darle este brillante regalo a Anna durante semanas.

Sería genial si pudiera mostrarle más escenas hermosas a Anna, que no podía disfrutar de la belleza de los espectros de color sin sus canicas. Aquella niña con triste pasado merecía tener recuerdos mucho más hermosos en su vida. Para empezar, le mostraría la magnífica vista nocturna de esta amada ciudad y para los próximos cumpleaños, registraría una vista más espectacular, de todo lo que el mundo tenía para ofrecer. Quizás la vista de la primera luz del sol en Año Nuevo sería perfecta. Si ella lo deseaba, podían ir todos juntos y disfrutar del panorama con sus propios ojos como un viaje familiar. Todavía tenía tantas cosas para mostrarle lo hermoso que era el mundo.

Estaba a punto de llegar a la azotea después de un largo e insoportable tramo de escaleras, pero cuando su mano se extendió hacia la puerta, escuchó una voz tarareando procedente del exterior. La canción era melancólica pero hermosa. Este regalo no podría ser mejor. Debería pedirle al cantante que le dejara grabarlo mientras capturaba la toma de las luces de la ciudad. ¡A Anna le encantaría esto!

Emocionado, Tatara salió por la puerta y encendió su cámara, preparándose para grabar el video. Siendo amigable, comenzó a saludar al extraño mientras grababa.

—¡Hey!, es una noche agradable —comenzó la conversación inocentemente. —Vine aquí para hacer algunas tomas de la vista nocturna. ¿Qué haces tú aquí? —pensó que era terriblemente descortés preguntar el nombre de alguien sin decirle el suyo, así que se presentó. Pero el estudiante sólo se rió sin siquiera darse la vuelta para mirarlo. Tatara se preguntó qué habría hecho para que este último se burlara de él, pero antes de que pudiera terminar su pregunta pidiendo el nombre al estudiante, el joven giró y se escuchó el fuerte sonido de un disparo rompiendo el silencio.

Cuando Totsuka Tatara abrió los ojos y se encontró tendido en el suelo. La cámara se había caído de su mano, no muy lejos de donde se había desplomado. Tatara salió de la sorpresa recordando que había oído un disparo. Un extraño intentó matarlo. Desde tan cerca, debería haber sido herido en alguna parte y estar sangrado, pero de alguna manera no sentía ningún dolor. Cuando levantó la vista para ver qué había sucedido, el color azul fue todo lo que vio.

—¿Blue King? —todo lo que podía ver era la parte trasera del uniforme de Munakata Reisi frente a él.

El recién llegado suspiro de alivio al haber logrado llegar a tiempo. Con su aura, había creado plataformas hasta la azotea donde estaban los otros hombres y había cortado la bala con su espada antes de que esta pudiera dañar mortalmente a Totsuka. En ese momento le hubiera guastado tomar una foto de la expresión del Rey Incoloro; estupefacto como un tonto. La venganza fue muy dulce. Estaba más que contento de poder borrar esa carcajada del rostro del incoloro.

—¿Qué...? ¿Cómo puede ser...? —el joven estudiante tartamudeó en estado de shock.

Pensó que estaba solo en ese lugar, y que no habría nadie más que él y Tatara aquella noche. Y ahora, no sólo no pudo matar al rojo para provocar a HOMRA, sino que hubo un testigo de su delito y, para empeorar las cosas, no era otro que el Rey Azul.

El nuevo rey había supuesto que nadie debería conocer su identidad ya que nunca se había presentado. Entonces no había una explicación lógica de cómo el Rey Azul había sabido su plan. Su presencia era cualquier cosa menos una coincidencia. No tendría ninguna razón para llegar a la azotea de un edificio al azar completamente preparado para la batalla si no tenía la intención de interceptarlo. Además, el regio hombre frente a él estaba en posición de batalla con la determinación brillando en sus ojos y con una pizca de odio. No había duda de que Munakata Reisi tenía la intención de arrestarlo. El estudiante estaba completamente confundido por el súbito giro de los eventos. ¿El Rey Azul posee el poder de la premonición?

El nuevo rey empezó a sudar abundantemente y retrocedió de mala gana mientras se reía débilmente. El miedo comenzó a arrastrarse en su corazón. Su plan de ser el único y más fuerte rey de todos aún estaba en la etapa inicial. ¡Ni siquiera había empezado! Si lo atrapaban aquí, no sólo su sueño sería destruido, probablemente no tendría futuro. Podría ser encarcelado por el resto de su vida reduciendo su existencia a una broma.

Su corazón latía salvaje. ¿Cómo podría él, que todavía era un polluelo como rey, vencer a uno ya desarrollado? Además, el Rey Azul estaba en su mejor condición. Veía claramente que, en términos de poder o experiencia, era muy inferior. Afortunadamente, el otro no debería saber de su increíble habilidad de posesión y era bastante bueno engañando a la gente. Todavía tenía la oportunidad de hacer suya el aura azul.

Su primer paso sería poseer al rojo para que el azul dudara en hacerle daño, y luego torturaría al arrogante hombre de lentes para debilitarlo. ¡Cuando éste no pudiera luchar más, devoraría al Rey Azul y se haría más poderoso! Eso debería funcionar bien. Ante ese pensamiento, su temblor cesó levemente y sonrió maliciosamente a los hombres frente a él.

Reisi frunció el ceño ante el despiadado rey y fácilmente descubrió lo que el otro haría al sentirse arrinconado. Sin mirar a Totsuka, empujó ligeramente al hombre de cabello castaño hacia atrás con su espalda.

—Totsuka Tatara, cierra tus ojos, no los abras hasta que te lo ordene y busca refugio en alguna parte —dijo con tono frío.

Sería bueno si pudiera cubrir a Totsuka hasta que éste pudiera escapar por la puerta de salida. Pero para escapar, tendría que usar sus ojos, y por lo tanto había un alto riesgo de que fuera poseído. El joven inclinó su cabeza confundido, pero obedeció al instante y cerró los ojos con fuerza mientras avanzaba lentamente de vuelta a la salida con todo el cuidado que podía.

Una vez más, el séptimo rey quedó estupefacto. No sólo el Rey Azul había sabido todo su plan para esta noche, también parecía entender cómo funcionaba su poder. Sus palmas comenzaron a sudar, y su mano tembló con fuerza. Tuvo dificultades para agarrar su arma correctamente.

—¡No hay forma de que esto suceda! —el chico de cabello plateado gritó con frustración mientras levantaba su arma directamente hacia Reisi. —¿Quién eres tú?

El Rey Azul no se movió de su lugar entre él y su presa. ¿Cómo podría ganar una guerra cuando no sabía nada de su enemigo mientras éste tenía un claro conocimiento de él, incluyendo su estrategia y su habilidad?

No pudo investigar mucho acerca del Scepter 4 porque mucha de la información era clasificada y el mismo Rey Azul raramente hacía su aparición en público a menos que fuera necesario. Era difícil planificar sus movimientos cuando ni siquiera tenía una idea de qué tipo de hombre era él, a diferencia del predecible Rey Rojo.

Después de la muerte de Totsuka, tenía la intención de obligarlo a salir y hacer que revelara la verdadera extensión del poder del aura azul, porque sin duda el Scepter 4 enviaría a su rey cada vez que Suoh Mikoto estuviese causando problemas junto con su clan. También funcionaría si el clan rojo y azul lucharan debilitándose entre sí para poder devorar ambas auras. Sin embargo, comenzó a sentirse inseguro con respecto a ese futuro. Por ahora, debería escapar. Pero realizar dicho plan en realidad parecía ser bastante difícil. Su instinto de supervivencia comenzó a moverse y sus ojos se desviaron rápidamente hacia la puerta de salida y corrió hacia ella.

Munakata no perdió su tiempo para perseguirlo y lo atacó directamente antes de que pudiera acercarse a la puerta de salida. Al siguiente segundo, su espada resonó con un fuerte sonido metálico al golpear la pistola de acero que el albino usó para bloquear el golpe mortal. Con desesperación intentó resistir mientras Munakata empujaba su espada contra el arma, cada vez más cerca de su cabeza. El peliblanco balanceó rápidamente su pierna izquierda para hacer que el mayor perdiera el equilibrio, pero fue evadido grácilmente cuando Munakata dio un paso atrás sin perder su postura.

El joven estudiante lanzó un golpe hacia arriba con la mano disponible, pero antes de que se conectara con la mandíbula de Munakata, éste empujó al hombre más pequeño con fuerza, haciéndolo retroceder y tambalearse. El incoloro estaba furioso, ya que sólo podía ver la derrota y eso hizo que comenzara a perder la cabeza. Estaba en un gran aprieto y su oponente ni siquiera sudaba. Su respiración era laboriosa, mientras el pánico que ahora lo controlaba por completo, agotaba su resistencia mucho más rápido. Incluso un niño podría ver cómo terminaría esta pelea. Apretó los dientes con furia.

—Entrégate, Rey Incoloro. —Munakata Reisi comenzó a hablar, mientras se arreglaba las gafas con la mano izquierda. —Si lo haces, me aseguraré de que tu castigo por intento de asesinato sea más ligero.

—¡No! —gritó y apuntó su arma para disparar dos veces a la cabeza de Munakata mientras se dirigía a la puerta de salida.

Éste último lo persiguió y simplemente levantó su mano izquierda para levantar una barrera azul para defenderse de las balas y lanzó una estocada contra la pierna izquierda de su enemigo. El joven gritó de dolor y al detenerse fue pateado en el estómago por Munakata alejándolo de la puerta. El estudiante fue arrojado al borde de la azotea y su espalda golpeó la barandilla con fuerza. Tosió un poco de sangre por el impacto y jadeó levemente. El séptimo rey se movía débilmente, y para tratar de pararse, usó la barandilla para sostener su peso, mientras que con una mano cubría su herida sangrante y con la otra sostenía el arma. Gritó aterrorizado cuando sus ojos vieron el color carmesí fluyendo abundantemente desde su pierna izquierda. El joven muchacho lo fulminó con la mirada antes de que las lágrimas comenzaran a caer de sus ojos, gritando como un animal amenazado.

—¡Mentiroso! Me vas a meter en la cárcel por el resto de mi vida, ¿no? ¡Bastardo! —se alteró y gimió aún más fuerte.

Sin embargo, no había simpatía en los ojos del Rey Azul que lo miraba con expresión aburrida mientras esperaba a que el enemigo hiciera su movimiento. Había visto más que suficiente de lo que el otro hombre podía hacer y qué tipo de persona era realmente. Si su enemigo pensaba que él, Munakata Reisi, le tendría lástima y bajaría la guardia por aquellas lágrimas falsas, estaba completamente equivocado. Él no desperdiciaría compasión por semejante embaucador.

Esto había terminado y Reisi exhaló aliviado. Lo único que tenía que hacer era detener esta existencia abominable y la paz volvería nuevamente a la ciudad de Shizume. Teniendo en cuenta lo herido que estaba el otro hombre, y que no podía luchar mucho contra él, no sería muy difícil inmovilizarlo. Incluso si el Rey Incoloro intentaba poseerlo, estaba demasiado débil para devorar la conciencia de Munakata. En un estado tan patético, podría rechazar la capacidad de posesión del rey contrario, aunque le daría al joven la oportunidad de escapar. Pero con la pérdida de sangre y la pierna herida, no llegaría lejos. Scepter 4 podría desarmarlo fácilmente y atraparlo. Amenazó con el filo de su espada colocándola a unas pulgadas del cuello de porcelana del peliblanco.

—Ríndete, de lo contrario eres más que bienvenido a saltar desde esta altura… si te atreves.


Seri suspiró cuando su corazón finalmente se calmó. Se había alarmado cuando oyó el disparo, aunque una voz en su interior le dijo que confiara en su capitán. Su rey era bastante poderoso; se decía que su poder tenía la defensa más alta entre todos los reyes. Por esa razón, su barrera azul podía desviar la tormenta de fuego del Rey Rojo. Debido a su gran atributo de defensa, puede que su aura no tuviera mucha variedad en habilidad de ataque, pero la capacidad de lucha del capitán con la espada era incomparable y compensaba bien la falta de atributo ofensivo del aura azul.

Pudo oír el suspiro de Fushimi débilmente y le sonrió. El chico podría ser grosero y sin tacto hacia el capitán, pero todavía estaba preocupado por su él a pesar de que fingió lo contrario. Fushimi no le prestó atención a Seri, ya que sus ojos se fijaron en el objetivo a través del alcance de su rifle. Su ayuda podría no ser necesaria, pero hasta el regreso de su capitán, se mantendría vigilante. Sin embargo, había muchas preguntas girando en la cabeza del chico mientras escuchaba la conversación de Munakata en el tejado a través del auricular. ¿Cómo podía Munakata estar tan seguro de que el otro tipo era el Rey Incoloro? ¿Cómo sabía que ese estudiante dispararía a Totsuka? Y ¿Por qué le pidió a éste que cerrara los ojos? Esos eran sus pensamientos cuando sus ojos se abrieron sorprendidos al ver una figura moviéndose detrás de su capitán.

—¿No cree que es suficiente, Blue King? Creo que ya se siente culpable —Tatara tocó el tenso hombro de Munakata con cautela. No podía soportar escuchar ese doloroso llanto e ignorarlo, incluso si ese chico intentó matarlo. La mayoría de los miembros de HOMRA tenían la edad de este estudiante. Hacer caso omiso de su lamento sería como pasar por alto el llanto de sus amigos y su corazón se sentía melancólico.

Al escuchar al rojo, Reisi giró su cabeza en estado de shock. Le había dicho que se alejara hasta que terminara con este despiadado rey, pero Totsuka lo había desobedecido. El Rey Incoloro sonrió, agradeciendo a cualquier deidad por tal oportunidad. No perdió ni un segundo e hizo contacto con los ojos de Totsuka. En un abrir y cerrar de ojos, su espíritu reclamó el cuerpo del joven, y el herido estudiante quedó inerte en el suelo, mientras que el cuerpo de Totsuka se sacudió con fuerza.

No fue difícil para Munakata entender la situación actual. Ahora el Rey Incoloro había volteado el tablero. Instintivamente, intentó inmovilizar al poseído Tatara con su propio cuerpo. Sin embargo, este último rápidamente se hizo a un lado y agarró el arma del cuerpo del peliblanco que yacía en el suelo. Cuando Munakata volteó su cabeza, la pistola estaba a un lado de la cabeza de Totsuka y el miembro del clan rojo estaba al borde de la barandilla. La situación se había convertido en el peor escenario.

—¡HAHAHA! ¡Qué tonto! Sin embargo, si él no fuera estúpido, no tendría la oportunidad de revertir esta situación —Totsuka rió locamente en voz baja, pero obviamente ya no era él. Siguió carcajeándose por un minuto antes de calmarse. —Ahora es mi turno. Déjame poseerte o mataré a este hombre.

Seri casi gritó antes de cubrirse la boca con las manos. Fushimi se quedó boquiabierto ante el súbito giro de eventos y su dedo en el gatillo del fusil tembló. ¿Aquel chico que posiblemente era un nuevo rey había dicho ser capaz de poseer a otras personas? Y peor, ¿acaba de tomar posesión de Tatara y trataba de poseer a su capitán también? ¿Debería apretar el gatillo y disparar a Totsuka para salvar a su rey? ¿O debería esperar para ver si el capitán podía dominarlo una vez más?

Decidió que la seguridad del Rey Azul y la Ciudad de Shizume era mucho más importante que la de un miembro de HOMRA, por mucho que fuera aceptable para él, y estaba a punto de apretar el gatillo cuando la mano de Seri bajó su rifle.

—¿Qué estás haciendo? ¡Podrías herir al capitán! —le susurró enojada

—¿Estás esperando a que ese hombre se apodere de él? ¿Tienes alguna idea de lo que sucederá si logra poseerlo? Fushimi hablo en voz baja pero enojado y chasqueó la lengua hacia la mujer a su lado.

Seri parecía bastante angustiada antes de levantar la mano en silencio y asentir vacilante. Fushimi le lanzó una breve mirada antes de volver a enfocar su mira en dirección a su objetivo.


La mente de Munakata era una tormenta. Si permitía que un hombre así poseyera su cuerpo, solamente el cielo sabía qué clase de calamidades traería. Por el contrario, si mataba a Totsuka con su espada, sólo haría que el futuro que había conocido se repitiera una vez más, excepto que esta vez, Suoh lo odiaría hasta las entrañas y utilizaría toda su aura para matarlo a él. Incluso si lograra matar a Totsuka, simplemente escaparía al cuerpo del estudiante en el suelo a menos que también lo matara. De cualquier manera, nada bueno salía de esto.

¿Realmente no había otra manera de cambiar el futuro? ¿Fue la muerte de Suoh un evento realmente inevitable? Desde lejos, pudo ver a Fushimi apuntando a Totsuka. ¿Cómo podía dejar que las manos del joven se mancharan con sangre? Tampoco podía dejar que fuera el objetivo de la ira mal dirigida de Suoh Mikoto.

—Vamos, no tengo todo el día. ¡Dame tu aura! —el Rey Incoloro en el cuerpo de Totsuka se inclinó para mirar el rostro de Munakata burlonamente. Éste cerró los ojos lamentándose y envainó su espada lentamente. Siendo poseído, Totsuka se rió alegremente mientras aún sostenía el cañón del arma sobre su cabeza.

—¡Finalmente eres mío! —un espíritu con forma de zorro comenzó a manifestarse concentrando todo su poder para dominar al Rey Azul, pero éste se lanzó hacia ellos y empujo a Totsuka sobre la barandilla junto con él en un abrazo. Pudo oír el grito distante de su teniente, pero no le hizo caso. Munakata simplemente sonrió mientras caían juntos desde la parte superior del edificio.

—Si llegaras a tomarme, preferiría llevarte conmigo al infierno —susurró al oído de Totsuka.

El Rey Incoloro estaba tan asustado que comenzó a atacar enérgicamente. El pánico se reflejó en los ojos de Tatara y de repente vació su arma a corta distancia en el pecho y el estómago de Munakata que no pudo desplegar su barrera a tiempo con el repentino ataque. Su agarre sobre Totsuka se aflojó accidentalmente y el hombre más joven comenzó a caer antes que él. Tosió sangre con los ojos cerrados.

—Si no quieres morir, deja ese cuerpo en este instante —sugirió sin inmutarse por el dolor.

En un abrir y cerrar de ojos, el espíritu zorro regresó al cuerpo del estudiante a toda prisa. Munakata abrió cautelosamente sus ojos y vio que no estaban lejos del suelo. Extendió varias de sus barreras para que actuaran como plataformas y así amortiguar su caída, pero desaparecieron instantáneamente cuando debido a las heridas en su pecho tosió mucha sangre.

Intentó una vez más agarrar a Totsuka, que estaba inconsciente, ignorando el dolor insoportable de sus heridas, pero estaba fuera de su alcance. Con sus últimas energías trató de invocar su aura para recrear las plataformas, pero sólo lograron amortiguar sus cuerpos por un tiempo antes de que desaparecieran nuevamente cuando la oscuridad comenzó a llenar su conciencia. Instintivamente protector, Munakata logró sostener al otro hombre en sus brazos antes de perder completamente la conciencia, usando su cuerpo para amortiguar la caída de desde aproximadamente el tercer piso del edificio.

Desde la azotea, el Rey Incoloro se despertó rápidamente en el cuerpo del estudiante y miró hacia el suelo del edificio. Ambos cuerpos estaban en el piso, inmóviles en medio de un charco rojo. Estaba furioso. Mañana, HOMRA descubriría la muerte de Totsuka y del capitán del Scepter 4, a quien verían como el culpable, pero con esto, ellos no se enfurecerían, sólo se lamentarían ya que no podrían vengarse con la muerte del Rey Azul. Esto significaba que no podía crear conflicto entre el Rey Rojo y el Rey Plateado, y mucho menos entre el clan rojo y azul.

Cuando estaba a punto de tirar de sus cabellos por la frustración, algo captó su interés por el rabillo de sus ojos. Miró la cámara de Totsuka desde lejos. Sí, debería dejar un mensaje de que él fue el autor intelectual de este incidente. Cuando HOMRA entendiera el mensaje, buscarían al chico de cabellos plateados que había poseído y si esto continuaba de acuerdo con su plan, aún podría crear una guerra entre los rojos y el Rey Plateado.

Cojeó mientras se abría camino para tomar la cámara, pero antes de que pudiera acercarse, una bala le golpeó el brazo izquierdo. El joven quedó atónito por un momento antes de gritar de dolor. Las lágrimas se desbordaron por sus ojos y gimió molesto. Volvió la cabeza para encontrar la ubicación del francotirador y pudo ver el brillo del acero desde el otro lado de la azotea. Sin embargo, antes de que pudiera identificar claramente al tirador, otra bala le había raspado la pierna. Sin perder el tiempo, escapó hacía la salida.

—Tsk ... se escapó. —Fushimi gruñó mientras dejaba a un lado el rifle y agarraba su espada.

Awashima había bajado corriendo las escaleras antes que él, mientras pedía ayuda de emergencia para ver si aún podían salvar a su capitán. Al observar la situación, estuvo casi convencido de que no había forma de que incluso un rey sobreviviera a esas heridas y a la posterior caída. Pero una pequeña parte de él no podía dejar de desear que todavía hubiera una esperanza.

Sin embargo, a diferencia de la acción de Awashima, prefirió quedarse allí y matar a ese sujeto para vengar a su capitán antes de esperar ingenuamente a que éste estuviera vivo y dejar que el asesino se escabullera, pero ese sujeto era como una rata, rápido para huir. Incluso si ese hombre estaba herido, una vez que saliera del edificio y se mezclara con la gente de la ciudad, fácilmente podría poseer a otro y escapar. Teniendo en cuenta la distancia entre estos edificios, no pudo llegar a tiempo para capturar al Rey Incoloro.

Fushimi detuvo su camino en medio de las escaleras y golpeó con fuerza la pared más cercana hasta que su mano sangro. No entendía por qué, pero sentía tanta angustia que lo estaba aplastando desde adentro.


El camino era ruidoso con el sonido de la sirena de la ambulancia y todos los miembros del Scepter 4 estaban detrás de la línea amarilla de la policía con la cara afligida. En el lado de un terreno de construcción, había un charco de sangre. Muchos peatones se detuvieron en seco, preguntándose si alguien acababa de suicidarse. Entre los extraños que pasaban, un par de ojos aguamarina observó la conmoción desde la distancia y una lágrima rodó por su mejilla.

—¿No es esta otra tragedia, Rey Azul? Me pregunto si ahora estás satisfecho...


Notas finales de Yumechou:

Okaaayyy, y este es el fin de este capítulo y es el más largo que he escrito como fanficker. Me haría estallar en lágrimas de felicidad si obtengo algunos reviews. XD Gracias a todos los que agregaron esta historia a sus favoritos.~

Notas finales de Lacrimosa Azul:

Espero que el capítulo no tenga algún error, si es así, les agradecería que me lo hicieran saber. Saludos~