Notas de Lacrimosa Azul:
Este es un capítulo largo xD es por eso por lo que puede que se me haya pasado algo, y si hay errores ortográficos sepan disculpar u.u
Notas de Yumechou:
Disclaimer: Colocar esta advertencia siempre trae una gran angustia en mi vida como fanficker... *sollozos* ˹K˼ no es de mi propiedad ¿correcto?
Trato de hacer mi mejor esfuerzo para actualizar cada dos semanas, pero últimamente mi jefe me esclaviza cruelmente y apenas puedo dormir cuatro horas al día, así que ... ¡Pero realmente agradezco todos los reviews y favoritos! ~ Me hacen muy feliz, así que puedo seguir escribiendo cada vez que tengo tiempo. Y dado que este capítulo colisionará mucho con el anime, necesite más tiempo para volver a ver la serie otra vez. ;d Lamento de antemano por la tardía actualización ¿Está bien?
Capítulo 4: Revelación
Publicación Original febrero 2014
"El sacrificio es parte de la vida. Es algo que debe asumirse. No es algo que se deba lamentar. Es algo a lo que debemos aspirar."
Mitch Albom (1958-presente)
—Tatara-san, ¡estamos tan contentos de que estés bien! —un coro resonó en la blanca habitación saturada con el olor del antiséptico.
La mayoría de los miembros de HOMRA estaban reunidos alrededor de una cama que era cubierta con una inmaculada manta blanca. El hombre recostado en ella estaba sonriendo sin mostrar preocupación por sus heridas. Sus dos piernas y su pecho estaban cubiertos por vendas y yesos, mientras que su mano derecha fue inmovilizada en un cabestrillo. A pesar de su condición, todavía tenía su típica aura de como si no estuviera herido en absoluto.
—Gracias por venir. ¿Anna ha venido con ustedes?
La nombrada apareció a través de los miembros del clan rojo para acercarse a la cama individual en la habitación. Sus ojos estaban irritados y había círculos negros a su alrededor. Totsuka sintió una culpa tremenda por haber hecho que la cumpleañera tuviera esa cara horrible en aquel día supuestamente feliz. Debió permanecer despierta toda la noche durante su operación, aunque ayer se suponía que celebraría su cumpleaños. No era exactamente la forma en la que alguien amaría pasar esa fecha. En resumen, había arruinado su gran día.
Si. Ayer debería haber sido diferente. Todos sus amigos debían estar en el bar, dando vueltas alrededor del pastel de fresa de la cumpleañera, mientras que ésta soplaba las velas. Entonces todos aplaudirían alegremente y se apresurarían para la primera porción de torta, aunque sin duda ella se la daría a Mikoto, y él estaría en el fondo tomando fotos de los felices recuerdos como de costumbre. Después le darían sus regalos y la animarían para abrirlos de inmediato, aunque probablemente, algunos de ellos no serían apropiados para una niña de su edad y cuando los chicos ya estuvieran demasiado cansados tras una fiesta ruidosa, todos dormirían descuidadamente en el suelo del bar con Anna en el medio de la habitación. Su Rey probablemente saldría a fumar, disfrutando del silencio después de un día ensordecedor junto con Kusanagi y él.
Sin embargo, nada salió como estaba previsto. Sonrió tristemente y extendió ampliamente su brazo sano para abrazar a la niña.
—Lo siento, Anna. Ya no tienes que preocuparte.
La niña sollozó suavemente y se quedó quieta por un momento antes de lanzarse al paciente en silenciosas lágrimas, pero teniendo cuidado de no lastimarlo. Totsuka la abrazó con fuerza y le dio suaves palmaditas en la espalda tal como haría un padre y después le besó la frente. Los otros miembros de HOMRA también sollozaron y algunos hasta rompieron a llorar.
—¡Tonto! ¡No vuelvas a hacer eso! ¡Nos enteramos de que casi mueres por caer del edificio, estábamos tan devastados!
El hombre convaleciente sólo se rió suavemente y agitó su mano sana con ligereza.
—Bueno, obviamente preferiría no volver a experimentarlo, porque es realmente doloroso. Los doctores me dijeron que me quedara en cama por una semana entera para curar las fracturas. ¿Te imaginas lo aburrido que será?
—¡Debería ser lo último de lo que te preocupes! ¡Maldita sea! ¡Deberías alegrarte de que sigas respirando! —gritó Yata con frustración, señalando con el dedo a Tatara.
—Sí, tienes razón... —trató de sonreír alegremente, aunque sus ojos estaban nublados por la preocupación.
No recordaba mucho de lo ocurrido aquella noche en la azotea. Sabía que había conoció a un chico, que aún siendo demasiado joven para ser un criminal casi lo mata. Y luego, de alguna manera estaba el Rey Azul protegiéndolo de ese asesino, actuando de forma agresiva, superando fácilmente al estudiante, y cuando éste clamó por misericordia, él había pedido al Rey Azul mostrar indulgencia. Después de eso, había un gran espacio en blanco en su memoria y cuando recuperó la consciencia estaba en la cama de un hospital con un horrible dolor en todo el cuerpo. Se sentía como una muñeca harapienta vendada por todas partes.
Los doctores le dijeron que se había caído de un edificio y que milagrosamente sólo tenía algunos rasguños y fracturas en las piernas, el brazo derecho y algunas costillas rotas. Bueno, había un montón de fracturas y dolor, pero supuso que debería estar agradecido. Totsuka sentía curiosidad por lo que le habría pasado a ese estudiante y al Rey Azul. No había escuchado nada sobre ellos, ni siquiera en las noticias. Se sentía ansioso. Si no había noticias significaba que el gobierno estaba cubriendo algo grande, y por lo general esas eran malas noticias.
—Entonces, ¿dónde está King? —preguntó mientras sacudía la cabeza tratando de recordar qué había sucedido. Mikoto probablemente sabría algo.
—Se fue justo después de que despertaras. Creo que quería ir a algún lugar para ver algo —respondió Kusanagi que se había mantenido en silencio mientras se rascaba la cabeza y se encogía de hombros.
Totsuka miró hacia la puerta y simplemente sonrió. Sería genial si Mikoto pudiera reconciliarse con el Rey Azul. Tal vez debería pedirle que le diera su agradecimiento a Munakata, después de todo, lo había salvado de ser asesinado a tiros, y ya que Mikoto de alguna forma se encontraba frecuentemente con el Rey Azul, más allá de lo que la coincidencia permitiría, debería conocer las rutinas del otro hombre de forma intuitiva, y cuando él fuera dado de alta del hospital iría a agradecerle personalmente a Munakata Reisi por salvarlo, pero pedirle a Mikoto que le diera las gracias por adelantado sería mas apropiado. Aunque eso debería esperar hasta el regreso del pelirrojo... Pero por ahora, se permitió ser el centro de atención de sus amigos que parecían querer estrangularlo por ser descuidado.
Después de inhalar por un largo tiempo el humo de su cigarro, Mikoto se adentró al edificio donde había ocurrido el accidente de aquella noche, ignorando la línea amarilla de prohibido el paso colocada por la policía para obstruir la puerta de entrada.
El Rey Rojo había escuchado el rumor de que un charco de sangre había manchado el suelo afuera del edificio, pero ahora no había rastro alguno. Probablemente la vista podría causar terror al público así que la sangre había sido rápidamente limpiada antes de que llegara la primera luz de la mañana.
Hasta este momento, no tenía información sobre lo sucedido. El accidente fue encubierto por alguna razón y todas las evidencias fueron confiscadas, pero después de preguntar a los testigos, ninguno de ellos realmente había entendido lo que había ocurrido en ese lugar. Nadie siquiera vio a las víctimas, ya que no había mucha gente cruzando ese camino a esas horas. El primer testigo dijo que vio a muchos miembros del Scepter 4 corriendo y que las víctimas ya habían sido evacuadas en las ambulancias.
Sin darse cuenta, había llegado a la azotea donde Totsuka tuvo su accidente. Frunció el ceño ya que no quedaba mucho en el sitio. Ni siquiera una gota de sangre era visible. Todo había sido completamente limpiado, y si alguien sabía algo sobre el accidente serían los azules ya que fueron los primeros en llegar al lugar del accidente. Especialmente Munakata Reisi como su capitán, pero sabía que, si éste lo había prohibido, ninguno de ellos hablaría aún si les costaba la vida. No tenía más remedio que ir a la guarida de esos lobos y enfrentarse directamente a su rey.
—Teniente ¿Qué deberíamos hacer? —Enomoto comenzó a divagar horrorizado. Ninguno de ellos se había imaginado que esto sucedería.
Seri se frotó la sien, totalmente exhausta mientras sus ojos estaban fijos en el monitor. Entre todas las personas, la última que esperaba ver era al Rey Rojo y, sin embargo, él acababa de llegar al cuartel sin hacer una cita o anunciarse previamente. Suspiró cansada. Si sólo el capitán estuviera aquí, fácilmente podría manejar a Suoh Mikoto para que abandonara el lugar sin causar muchos daños. Pero, por desgracia, ahora ella había quedado a cargo.
—Hablaré a solas con él —dio media vuelta y se enfrentó a sus camaradas con resolución. —No debemos permitir que la información clasificada se filtre.
Los otros miembros del clan se alegraron un poco, aunque la preocupación nunca abandonó sus rostros. No importaba cuán fuerte era su teniente, ella no era rival para un rey. Pero si esto se convertía en una batalla de ingenios, tomaría más esfuerzo para derribarla.
Fushimi chasqueó la lengua con clara molestia mientras observaba el monitor. Habían pasado al menos quince minutos para que el pelirrojo hiciera su aparición frente a la puerta de acero del Scepter 4. Una obvia irritación apareció en su rostro, indicando que su paciencia disminuía. Sería cuestión de tiempo antes de que el aquel rey convocara su Espada de Damocles.
Seri, con todas las fuerzas que sus piernas le permitieron, corrió hacia la puerta de entrada. Si pudiera elegir, le encantaría evitar todo este lío y responsabilidad, pero simplemente no podía descuidar su deber. Sin embargo, la rubia ni siquiera estaba segura de poder contener sus emociones una vez que se encontrara con Suoh Mikoto. Después de todo, ese hombre siempre le había disgustado por ser impulsivo e imprudente, y ahora tenía más razones para odiarlo. Seri detuvo su carrera una vez que la gran puerta de caoba quedo frente a ella, y respiró profundamente por un momento antes de que sus manos se extendieran para abrirla y así saludar al invitado no deseado. Con gracia, se dirigió hacia él con calma, aunque su corazón latía con fuerza como si hubiera corrido un gran maratón.
—Buen día, Rey Rojo ¿Por qué motivo nos honras con tu visita?
Su sonrisa gélida se curvó ligeramente cuando se detuvo detrás de la puerta de acero negro, que la separaba a pocos metros de su visitante. No podía ocultar su sentimiento negativo, así como no podía ocultarlos a su capitán, pero ella todavía estaba obligada a comportarse como una adecuada trabajadora pública civilizada y haría todo lo posible para llevar a cabo tal actuación.
—Dile a tu capitán que salga. Necesito hablar con él —dijo Mikoto bruscamente y con un tono dominante, ignorando completamente el saludo ligeramente hostil de la mujer.
Seri se sintió indignada al instante. ¿Cómo se atrevía a hablarle así? Incluso si amenazaba con matarla, ella ofrecería resistencia y sólo sobre su cadáver dejaría que encontrara a su capitán. Tal bárbaro no era digno de una audiencia con el espléndido Rey Azul.
—¿Qué es lo que quieres? Está ocupado en este momento. No tiene tiempo para ti —sus ojos centellaban con odio e ira renovada.
El Rey Rojo levantó una ceja ante la repentina furia de la rubia. Sabía que él no era una persona agradable y HOMRA tenía una mala relación con el Scepter 4 desde hace mucho tiempo, pero esta era la primera vez que Awashima lo despreciaba sin razón. Ella siempre había dejado en claro que nunca le había agradado y constantemente se sentía disgustada con su presencia, pero nunca lo aborreció hasta ese punto. Al menos, no hasta el día de hoy. No le importaba lo que la mujer pensará de él, pero podía sentir que le faltaba una pieza importante y ella la tenía en sus manos.
—Él salvó a uno de los míos. ¿No sería de mala educación no agradecerle directamente?
—Como si te importara la cortesía. Él no quiere verte. Por favor, deja esta instalación.
—Si él no quiere verme, es mejor que lo diga en mi cara.
Mikoto se inclinó amenazadoramente hacia delante para mirar a Awashima con las manos en los bolsillos con una expresión de burla y ella quedo demasiada furiosa para replicar. Su cara ahora era de color rojo cereza mientras gruñía de frustración e intentaba no gritar airadamente con toda la potencia de sus pulmones.
—¡El capitán actualmente no está presente! Haga una cita y regrese otro d-….
Antes de que pudiera terminar su línea, una repentina ráfaga de viento la empujó hacia atrás con mucha fuerza. Apenas tuvo tiempo para activar un escudo azul antes de que una ardiente tormenta de llamas la atacara dejándola fuera de equilibrio. Estando en el suelo, la rubia comenzó a toser a causa de la nube de polvo que la rodeaba y sus ojos quemaban furiosamente por aquellas partículas.
Cuando el viento sopló y le permitió ver, la mitad de la puerta de entrada del Scepter 4 no se encontraba por ningún lado. Estaba carbonizada en polvo negro y el Rey Rojo caminaba cruelmente como si no acabara de cometer un crimen por traspasar e intentar dañar a la gente, hasta quedar de pie arrogantemente frente a Seri, que todavía estaba en el piso, bloqueando la luz del sol mientras se inclinaba un poco hacia adelante.
—Lo repetiré una vez más. Dile a tu capitán que traiga su trasero aquí ahora o mañana ni siquiera verá su oficina otra vez.
Awashima miró hacia arriba, más allá de la figura de Mikoto y tragó nerviosamente cuando un magnífica Espada de Damocles apareció sobre ellos. El Rey Rojo hablaba en serio sobre derribar todo el edificio si no se le daba la información que él quería. La teniente se estremeció levemente. No podía permitir que un hombre tan peligroso se acercara a Munakata, pero tampoco podía permitir que el pelirrojo destruyera lo que su capitán había logrado con todos sus años de duro trabajo. Le había tomado bastante tiempo, energía y recursos para llevar a Scepter 4 a su gloria actual y ella lo había visto todo a su lado durante esos tiempos difíciles.
Teniendo en cuenta el poder del Rey Rojo, su escudo era nada y ella estaba demasiado indefensa contra él. Ni siquiera pudo defenderse adecuadamente contra el ataque anterior; esto era obviamente una batalla perdida. Sin embargo, ¿qué debería hacer en una situación tan desesperada?
Mikoto perdió toda su paciencia. Sabía que intentaban detenerlo para ganar tiempo, pero él no esperaría sin hacer nada. Todavía tenía que regresar al hospital y verificar si Tatara se encontraba finalmente fuera de peligro. Reunió su aura, amenazando con volar el lugar en pedazos, ignorando la mirada horrorizada en la cara de Seri.
— Él no está aquí. Incluso si quisiéramos llamarlo, no podemos.
El aura roja se disipó lentamente cuando Mikoto giró su cabeza para ver al recién llegado que lo había interrumpido en su intento de volar el lugar. Reconoció esa voz sardónica fácilmente. Fushimi avanzó con largas zancadas hasta situarse al lado de la voluptuosa mujer y la jaló de su brazo derecho para ayudarla a ponerse de pie. En lugar de mostrar su gratitud, ella se dirigió furiosa al tercer al mando.
—¡Fushimi! ¿Por qué le dijiste?
El joven soldado no pareció inmutarse ante su ira y la miró antes de ponerle un poco de sentido común a aquella mujer excesivamente devota.
—A nadie ayuda si reduce a cenizas todo este lugar. ¿Qué ganamos en mantener el secreto si perdemos el cuartel general? De todos modos, él terminara descubriéndolo.
Seri miró hacia abajo con desánimo, aunque no le gustaba la idea, entendía que el joven estaba hablando con la verdad, y que ella no tenía ninguna posibilidad contra un rey y lo que éste deseaba. Pero simplemente no podía aceptar ese hecho todavía.
—Al igual que los bárbaros, ustedes siempre usan la fuerza para obtener lo que quieren —replicó Fushimi que miraba impertinentemente al Rey Rojo.
El joven no tenía la intención de provocar al mayor, pero no podía evitar insultar al Rey de HOMRA en aquel momento, y Mikoto no hizo ningún movimiento ante su mirada, sino que esperó pacientemente, pero sin desvanecer su Espada de Damocles que todavía colgaba ominosamente sobre el cuartel general.
—Entonces, ¿dónde está él?
—Pregúntele al Rey Dorado. El capitán está con él —resopló Fushimi chasqueado su lengua otra vez.
—¿Por qué? —Mikoto inclinó la cabeza e hizo desaparecer su Damocles mientras interrogaba por ultima vez a los azules.
—Si realmente quieres saber ¿Por qué no lo averigua por su cuenta? —se burló el tercer al mando mientras se alejaba junto a la mujer hacia el interior del cuartel del Scepter 4.
—Finalmente vienes —pronunció el retirado y sabio hombre mientras observaba al joven sentarse frente a él.
El Rey Dorado, Kokujōji Daikaku, llevaba un kimono de color verde musgo y sostenía un abanico de papel en su mano. A pesar de su vejez y sabiduría, sus ojos todavía hipnotizaban a la gente con el carisma e idealismo que había poseído desde su juventud.
Cuando Mikoto había llegado al restringido edificio, los guardias con máscaras de conejo intentaron expulsarlo, pero simplemente no podían competir con él y antes de que el rojo pudiera hacer desaparecer alguno de sus aposentos sin dejar rastro, Daikaku hizo su aparición, deteniendo efectivamente al invasor de realizar aquella destrucción y a continuación, invitó al otro hombre a la sala donde solía celebrar la ceremonia del té.
Dicho lugar era un salón espacioso, amueblado con una estera de paja y almohadas adecuadas para la ceremonia del té. La puerta de papel corrediza estaba pintada en su mayoría con colores dorados, con grullas, pinos y peonías. Incluso había decoración en los pilares que estaban pintados con dragones dorados dando vueltas alrededor hasta llegar al techo. Pero para Mikoto, semejante interior ni siquiera lo fascinó, ya que en ese momento sólo una cosa ocupaba sus pensamientos.
—¿Dónde está el Rey Azul? —preguntó directamente al segundo rey.
—¿Por qué lo buscas aquí? ¿Eres un amigo o un enemigo? —Daikaku cruzó sus manos frente a él y miró a los ojos dorados.
—Basta con los acertijos. Sé que por alguna razón él está aquí. Necesito verlo.
—Tengo que determinar tu intención. ¿Qué buscas de él?
Esta era la razón por lo que a Mikoto no le gustaba tener audiencia con los reyes más antiguos, aunque nunca había conoció al primer rey. Les encantaba preguntar e ir en círculos, como si jugaran con su mente y lo distrajeran del propósito original de su visita. Su aura comenzó a aparecer con irritación, más el Rey Dorado no se ofendió por su respuesta instintiva, pero sin duda el hombre que había sido anteriormente un teniente estaba en guardia.
—Necesito preguntarle por lo que ocurrió esa noche y saber qué le sucedió a mi amigo.
—No podrás obtener nada de él en este momento. Es mejor que te retires —pronunció con resolución Daikaku después de permanecer en silencio por un minuto.
—No me iré hasta que lo vea. Trae aquí al Rey Azul —Mikoto había explotado y después de golpear la alfombra de paja con su mano abierta se levantó bruscamente y lo retó a hacerlo salir del edificio.
—No puedo. Tu demanda no es viable —el anciano negó ligeramente con la cabeza y siguiendo el ejemplo del joven se puso de pie para luego cerrar su abanico dándole la espalda al líder del clan rojo y saliendo lentamente de la habitación. —Pero si insistes en verlo, ven conmigo.
Esto confundió aún más a Mikoto ¿Por qué todos decían que el Rey Azul no podía moverse desde su ubicación actual? ¿Estaba siendo encarcelado? Pero eso no tendría sentido, ya que el rey de ojos violetas amaba el orden y la justicia más que nada, incluso más que a sí mismo. Probablemente sería el último hombre en el planeta en cometer un crimen con pura y malvada intención.
El pelirrojo camino detrás del anciano con cautela, sin hablar mientras avanzaban por el pasillo hasta el último piso del edificio. El diseño de la construcción era como un laberinto, y el corredor era estrecho, construido con maderas y puertas de papel.
Después de un camino largo y sinuoso, con muchos guardias con máscara de conejo a lo largo del camino y muchos dispositivos avanzados de seguridad, finalmente llegaron a una cámara deslumbrantemente blanca, llena de olor a antisépticos y fármacos. Unas pocas personas en bata blanca con máscaras en su cara vagabundeaban por la habitación tomando notas.
Sin duda, esta instalación fue especialmente diseñada para personas con alta autoridad, y Mikoto se preguntó con curiosidad la razón por la que el Rey Dorado lo conduciría a esta habitación… hasta que su vista aterrizó directamente en el único paciente del lugar. Sus ojos se abrieron por la sorpresa.
Allí estaba él. Acostado en la cama y aislado del mundo exterior por una ventana de cristal transparente. El monitor que estaba a su lado emitía un pitido constante. Las vías de infusión colgaban como su sustento, conectándolo a este mundo y un tubo en su boca estaba conectado a un ventilador ayudando al paciente a respirar y la prueba era que su pecho se elevaba y descendía constantemente.
Mikoto estaba sin palabras. Él había visto muchos lados de Munakata; como un hombre normal, torpe o misterioso. Como un amante conveniente, amigo o un rival. Como un capitán o como el justo Rey Azul. Pero nunca lo había visto de esta forma. El peliazul siempre se veía puro y debidamente vestido a la vista del público, frente en alto, como si nada pudiera sacarlo de su equilibrio. Su visión siempre estuvo en el presente y en el futuro, y por esa razón, Munakata Reisi se convirtió en su ancla a la realidad.
Pero ahora, el hombre frente a él parecía pequeño y frágil, como la nieve que se derrite, listo para desaparecer con la primera luz de la primavera. Su uniforme azul y espléndido había sido reemplazado por un kimono delgado y simple, y su piel pálida era casi tan blanca como la sábana de la cama. Si no fuera por el pitido del monitor, nadie pensaría que aún había vida dentro de ese cuerpo.
—Fue gravemente herido y el golpe que recibió en la cabeza fue bastante fuerte. Hemos intentado todo lo que está en nuestras manos y ahora lo hemos traído aquí para su propia protección —explicó Daikaku sin esperar a que el pelirrojo saliera de su trance.
Pero los ojos de Mikoto nunca dejaron de ver la figura del hombre de cabello azul con una expresión que era difícil de leer.
—¿Cómo sucedió esto? —pronunció en voz baja y algo difícil de escuchar.
El mayor se cruzó de brazos ocultándolos dentro de las mangas de su kimono perdiéndose en sus pensamientos. Él también dirigió sus ojos al hombre inconsciente sintiendo compasión por el joven Rey Rojo. Había visto ir y venir a muchos reyes, pereciendo debido a su arrogancia o alguna tonta ambición y siempre se había preocupado por no poder encontrar un mejor reemplazo para él como líder ya que la generación joven era en su mayoría mimada y egoísta. Pero en el momento en que puso sus ojos en el nuevo cuarto rey, supo que este hombre era como él.
Munakata Reisi tenía la habilidad para guiar el país con mano fría desde atrás del escenario como lo había hecho él y con un corazón apasionado por su nación y su pueblo. Probablemente sería el mejor aliado y el peor enemigo si se tratara de una visión política. Sin embargo, estaba contento de encontrar un nuevo y joven rey que tuviera la voluntad de proteger a las personas y encaminarlas a un futuro mejor. Sus maneras podían diferir, pero todavía pensaban con cariño en la ciudad de Shizume.
Más nunca pensó que llegaría el día en que alguien podría infligir tal daño al joven. Ciertamente, el culpable no era un hombre común, por ser capaz de lastimar al rey que tenía el atributo de defensa más elevado entre los poderes de todos los reyes. Era muy posible que esa persona fuera otro rey.
Pero sabía que los reyes restantes no tenían interés en tener conflictos entre ellos, ya que eso sólo los acercaría a la muerte. Incluso para el Rey Rojo quien a menudo estaba en disputa con Munakata, no ejercía todo su poder cuando se enfrentaban. No necesitaba ser un experto para saber que esas peleas no eran más que juegos infantiles y que el único candidato posible sería el nuevo Rey Incoloro, ya que el último predecesor acababa de fallecer recientemente. Si su deducción era cierta, entonces este asunto sería bastante problemático ya que el poder del séptimo rey siempre variaba en cada generación.
Miró brevemente al abrumado hombre a su lado, teniendo cuidado de no revelarle que habían ocurrido demasiadas coincidencias durante el incidente, tanto que estaba seguro de que era más que un giro del destino. Si el Rey Azul ni siquiera solicitó su ayuda o guía, ni mucho menos confiarle la verdad, entonces debía de tratarse de un asunto confidencial y había decidido seguir este asunto con cuidado. Las piezas de este misterio no estaban completas, y él necesitaba más tiempo antes de realizar su movimiento.
—Lo que sucedió esa noche aún no está claro. Por ahora, nos enfocamos en mantenerlo vivo y seguro. Sólo nos queda esperar a que despierte. Él es el único testigo después de todo —dijo con calma el anciano mientras se encogía de hombros levemente.
El Rey Rojo guardó silencio sin siquiera apartar su mirada vacía del herido Rey y respetando su necesidad de privacidad, Daikaku giró sobre sus talones y lo dejó solo dentro de la sala médica.
—Si necesitas algo, sólo llama a los doctores, lo están monitoreando desde afuera y cuando hayas terminado con la visita, por favor vete inmediatamente.
Mikoto asintió bruscamente en respuesta para luego extender su mano derecha para tocar ligeramente el cristal de la ventana, como si esta pudiera romperse con el toque más leve. Sin esperar más, caminó hacia la puerta de vidrio, que se deslizó automáticamente. Al entrar, la habitación interior se sintió mucho más fría en comparación con la cámara exterior, sin embargo, la temperatura ni siquiera afectaba al calor de su cuerpo.
El olor a antiséptico golpeó sus fosas nasales mucho más fuerte que hace unos momentos en la otra habitación, pero no permitió que esos aspectos le molestaran. En lugar de eso, caminó hasta llegar a un lado de la cama y simplemente observó el cuerpo que parecía no tener alma. Había visto varias veces a Munakata durmiendo a su lado cada vez que el otro estaba demasiado cansado como para irse después de un agotador día de trabajo y rondas espontáneas de sexo. Su aliento constante siempre lo arrullaba y lo calmaba. Pero ahora, su respiración era tensa, como forzada por el respirador y se parecía tanto a un cadáver que le molestaba.
Sin que él se diera cuenta, su mano alcanzó la pálida mejilla y acarició ligeramente la suave piel, deteniéndose como si tratara de calentar el cuerpo helado. Por lo general, una vez que tocaba la mejilla del otro, un par de brillantes ojos violetas lo miraban como respuesta, y en su mayoría con irritación fingida y con un atisbo de dicha oculta.
Ahora esos párpados permanecieron cerrados, ignorando su presencia por completo y Munakata ni siquiera apartó su mano como siempre lo hacía. Verlo en tan frágil estado lo hizo sentir un constante dolor sordo dentro de su pecho. Se sentía furioso, pero ni siquiera entendía qué lo hacía sentir así. Apretando los dientes inconscientemente, Mikoto salió apresuradamente de la habitación sin mirar atrás, tratando de ignorar la negativa emoción que se revolvía dentro de su estómago. Él ya no podía permanecer en ese lugar.
—Si, cuando llegué a la azotea, había un joven estudiante de pelo corto y plateado, que repentinamente me disparó cuando traté de saludarlo.
Tatara había colocado una mano sobre su corazón, señalando a su acompañante donde casi le dispararon esa noche. Después de que el resto de HOMRA se marchara para dejarlo descansar para una rápida recuperación y debido a la firme insistencia de Kusanagi el joven finalmente habló de lo ocurrido.
—En serio, Tatara... ¿qué hacías allí, de todos modos? —el mayor se rascó la cabeza y suspiró ruidosamente. —¿Cuántas veces Mikoto te dijo que no confiaras en un extraño?
—Baja tu voz, Izumo. Anna está durmiendo —susurró el más joven mientras que con una sonrisa llevó uno de sus dedos a sus labios.
Tatara movió su mano hacia la parte superior de la cabeza plateada, acariciando su cabello con suavidad y amor. La pequeña strain había puesto su cabeza en su regazo, quedándose dormida profundamente tan pronto como cerró los ojos ya que estaba completamente cansada al quedarse despierta toda la noche. El joven estaba disfrutando de la suavidad del cabello de Anna cuando continuó su historia.
—No sé por qué, pero Blue King de repente estaba frente a mí, protegiéndome de esa bala.
—¿El Rey Azul? ¿Munakata Reisi? —preguntó Kusanagi con curiosidad y un poco de desconcierto.
—Sí, lo hizo. Debería agradecerle más tarde por salvarme —el joven muchacho levantó la vista y asintió alegremente.
Kusanagi se pellizcó el puente de la nariz ante la repentina revelación. Scepter 4, que siempre fue su enemigo ¿había salvado a un miembro del clan rojo? La idea de que Munakata salvara a Totsuka no le molestaba demasiado, ya que, a pesar de ser rivales, los azules aún consideraban a HOMRA como ciudadanos normales bajo su protección. Pero se preguntó cómo podría estar Munakata allí en el momento y en el lugar correcto. Estaba agradecido por tal coincidencia ya que ahora Totsuka estaba vivo por eso, sin embargo, no podía olvidar la idea de que había más en esta historia.
—¿Entonces? ¿Qué sucedió?
Tatara estuvo en silencio por un momento antes de encogerse de hombros y poner su mano saludable sobre su cabeza.
—No lo sé... El Rey Azul superó fácilmente al estudiante. Pero cuando traté de acercarme a ellos, sólo vi un zorro y luego todo se puso negro. Después me desperté en este lugar, vendado por aquí y por allá.
—¿Un zorro?
—Sí, todavía no entiendo porque recuerdo haber visto a un zorro —asintió Tatara.
Kusanagi tarareó pensativamente y de repente alborotó la cabeza del joven con entusiasmo creando un desastre en el cabello.
—Ahora dime, ¿por qué fuiste solo? —Tatara desvió la mirada y tartamudeó torpemente.
—Bueno, ya ves... yo... es por Anna... quería registrar la vista nocturna desde la azotea para ella. Deberías ver lo hermoso que era, Izumo.
Kusanagi se animó repentinamente, como si una bombilla simplemente se encendiera y agarró firmemente los hombros de Tatara.
—¿Qué hay de la cámara? ¿Dónde la dejaste?
—No sé... debería estar en la azotea, si es que los azules no la tomaron —con curiosidad Tatara inclinó su cabeza inocentemente. —¿por qué preguntas?
—Para atrapar al culpable —contestó Kusanagi y rápidamente sacó su teléfono para marcar uno de los números de sus contactos, sonriendo mientras realizaba la llamada, pero su sonrisa se esfumó cuando escucho la fría voz de su interlocutora.
—No hay ninguna cámara —su voz era inexpresiva, sin dejar espacio para discusiones o preguntas adicionales.
Izumo gimió. Siempre consideró que Seri era hermosa e inteligente con un extraño sentido del humor, pero aún bastante adorable. Sin embargo, cuando ella estaba en su modo de teniente, la mujer lo rechazaría a la cara sin pensarlo dos veces y, cada vez que hacía eso dañaba mucho su orgullo. Seri estaba siendo muy leal, siempre poniendo al Scepte su capitán antes que él. Nunca lo pensó demasiado porque también amaba esa parte de ella, bueno, de vez en cuando se sentía celoso... ocasionalmente. Pero uno de estos días, realmente necesitaban hablar sobre eso con ella.
—Seri-chan, es el regalo de cumpleaños de Totsuka para Anna ... Como no pudimos encontrarlo en la azotea, debió ser tomada por el Scepter 4.
Kusanagi trato de tocar el instinto maternal de Seri para persuadirla y espero mientras que el otro lado de la llamada telefónica estuvo en silencio por un tiempo hasta que Seri respondió con brusquedad.
—Te lo dije, no la tenemos —y el llamado finalizó. Totsuka sólo se rió afablemente ante la cara perturbada de su amigo.
—¡Increíble! ¡¿Viste cómo me trata?! —Izumo se quejó al más joven y empujó sus brazos al aire irritado. Se enfurruñó aún más cuando Tatara siguió riéndose suavemente de su cólera dramática. —Tal vez haya realmente desaparecido, no sé.
De repente, se abrió la puerta y apareció el pelirrojo detrás de ella. Mikoto parecía tan agotado, que Totsuka sintió lástima por quien hubiera causado el agotamiento de su rey, qué caminó lentamente hasta quedar cerca de la cama del joven con las manos en los bolsillos y Tatara sólo pudo mirarlo pacientemente con una sonrisa consoladora antes de que Mikoto levantara su mano para acariciar su cabeza.
—¿Cómo te sientes?
El chico apoyó su mano sobre la cabeza de Mikoto y le dio su mejor sonrisa tranquilizadora.
—He estado mejor. ¿Dónde has estado, King? —el joven sonrió con un pequeño tono de burla en su voz, ya que él lo sabía. —Te has perdido toda la diversión.
Suoh puso los ojos en blanco y suspiró mientras se dejaba caer en el borde de la cama de Totsuka, que se hundió ligeramente debido al peso extra, pero no lo suficiente como para despertar a Anna de su profundo sueño. Sus ojos dorados simplemente se quedaron mirando a la pequeña y agotada strain, antes de que inconscientemente colocara su mano sobre la cabeza de blancos cabellos, acariciándolo ligeramente. El miembro más joven de HOMRA sonrió un poco en su sueño, soñando con un hipnótico rojo.
Kusanagi se mordió los labios, aún no decidía si tenían que discutir sobre el posible peligro que acechaba a HOMRA en este momento. Parecía que no era el momento adecuado, considerando que Totsuka aún se estaba recuperando y que todavía podría estar traumatizado por el evento, aunque no parecía afectado, pero extrañamente Mikoto actuaba como si su mascota favorita acabara de morir. Sin embargo, solamente porque Totsuka estaba a salvo ahora, no significaba que el culpable no atacara intencionalmente a otro de sus amigos en el futuro cercano. Tenía que alertar al resto de los miembros de HOMRA y ponerlos en guardia.
Pero antes de que pudiera abrir la boca, Mikoto había hecho la pregunta al único paciente en la habitación.
—¿Quién te hizo esto?
El chico convaleciente inclinó su cabeza y reflexionó por un momento. ¿Debería crear una historia para que su rey no fuera tan imprudente como para saltar por la ventana y correr para encontrar al culpable o debería simplemente decirle la verdad? De acuerdo, Mikoto saltando por la ventana era un poco exagerado, sin embargo, él lo había conocido por mucho tiempo. Era un buen rey, siempre vigilando a los demás, incluso si no parecía una persona afectuosa. Cuando alguien intentaba dañar a los suyos, sin duda el precio a pagar sería sangre derramada por la propia mano de Suoh Mikoto. El problema era que el Rey Rojo a menudo estaba fuera de control cuando la furia lo cegaba. Aunque nunca lo dijo en voz alta, Totsuka secretamente estaba agradecido al Scepter 4 por mantener a HOMRA bajo control.
Mikoto le dirigió una mirada glacial, por lo tanto, Tatara supo que no podía mentir. El pelirrojo lo sabría de todos modos, ya que se conocían bien.
—No lo conozco. Sólo lo encontré en la azotea ese día. Sin embargo, el Rey Azul dijo que él era el Rey Incoloro —comentó mientras exhalaba dramáticamente.
Mikoto levantó una ceja, con la duda brillando en sus ojos. La noticia del funeral del séptimo rey, Miwa Ichigen, había llegado hasta él. Pero no tenía conocimiento de que el Dresden Slate había escogido a un nuevo Rey y la verdad, esto a él no le importaba mucho.
—Continua —pidió después de guarda silencio por un momento.
—Estaba tratando de tomar un video de la vista nocturna desde esa azotea. Entonces ese extraño de repente me disparó por un motivo desconocido.
—Sin embargo, no tienes heridas de bala —argumentó impulsivamente Kusanagi.
—Sí, Blue King me salvó de ser herido. Cuando me di cuenta, estaba frente a mí —asintió con la cabeza mientras hablaba.
El pelirrojo se sobresaltó y recordó cuando encontró a Munakata en la zona médica de la residencia del Rey Dorado. Sacudió su cabeza, tratando de sacar la imagen repugnante de su mente, pero fue en vano. No podía dejar de pensar en cual había sido el propósito de Munakata para estar en ese lugar a esa hora. Ese hombre siempre estaba ocupado y no iba a perder su tiempo holgazaneando en la azotea de un edificio en construcción a menos que tuviese un fuerte motivo para hacerlo. Determinó que probablemente era para encontrar al Rey Incoloro, pero no creía que el encuentro fuera organizado por ambas partes. El otro rey no intentaría matar a una persona si estaba esperando al Rey Azul, ya que sería un esfuerzo inútil. Munakata nunca permitiría que tal crimen sucediera frente a él. Aun así, no podía entender cómo el azul fue capaz de predecir que aquel sujeto haría su aparición allí, incluso si sabía que el nuevo rey había sido coronado.
Pero lo más misterioso de todo, ¿cómo podría el Rey Incoloro infligir un daño tan crítico en Munakata, cuando él mismo estaba a la par del azul? Ese poder desconocido lo molestó.
—Me dijo que cerrara los ojos y me mantuviera alejado. Pensé que era porque iba a recurrir a la violencia para desarmar al hombre e interrogarlo. Hice lo que me dijo y creo que Blue King lo superó fácilmente —Totsuka se frotó la frente, tratando de recordar lo que había sucedido, pero fue en vano. —Cuando me acerqué a ellos, todo se quedó en blanco y, ahora estoy aquí en el hospital.
Mikoto sintió que la rabia que se deslizaba por sus venas. Ese extraño había intentado quitarle la vida a su amigo y había herido gravemente a Munakata. Su aura ardía de resentimiento y su sangre estaba hirviendo con sed de venganza. Ese era el estado del Rey Rojo cuando Kusanagi interrumpió de repente sus pensamientos.
—Y la cámara no está. Según la declaración de Totsuka, debería estar todavía en la azotea, pero no encontramos nada. Le he preguntado a Se-... err, a la teniente del Scepter 4, pero ella dijo que no sabía nada sobre eso —él desvió la mirada y murmuró en voz baja. —aunque creo que ella está mintiendo.
—Si la cámara no está rota, todavía debería tener un registro de ese chico en ella —comentó Tatara mientras se encogía de hombros.
Mikoto estuvo en silencio por un largo tiempo antes de ponerse de pie. Sin decir una palabra, abandonó la habitación, dejando una calma como si él nunca hubiera estado allí para empezar. Los otros hombres se miraron ansiosamente cuando la puerta se cerró.
La noche había llegado y la luna apenas hacía su aparición, ya que estaba oculta detrás del nublado cielo gris. La mayoría de las luces en el Scepter 4 estaban apagadas para ahorrar electricidad, con una solitaria persona quedándose para terminar la gran cantidad de trabajo pendiente debido a cierto rey con licencia indefinida por enfermedad.
Justo cuando creía que finalmente podría tener un poco de paz para concentrarse y ponerse al día con todos sus informes, escuchó el sonido sorprendentemente estruendoso que era tan familiar para sus oídos. Fue fácil para él hacer una suposición precisa del hombre que había perturbado su noche pacífica.
Fushimi gruñó molesto mientras sentía el terrible impulso de sacar todos sus cuchillos escondidos bajo la chaqueta de su uniforme y apuntarlos hacia el pelirrojo, quien otra vez causaba molestias en el cuartel general. En el mismo día.
Supuso que la tormenta no los había dejado atrás, y para peor, este hombre había destruido una parte de la pared del edificio en la sala de archivos, adentrándose sin sentirse culpable al respecto. Si Awashima todavía estuviera en la sede, ella chillaría como una banshee. Afortunadamente, la había enviado a descansar un par de horas antes, pero desafortunadamente para él, ahora estaba atrapado con este intruso, quedando solo él para interceptarlo. Se dirigió abruptamente al sitio de la explosión. El pasillo cercano estaba lleno de polvo. Se cubrió la nariz al instante con la manga y caminó dentro de la desmoronada habitación donde solían guardar evidencia de varias misiones e investigaciones.
Justo como sospechaba, el Rey Rojo, se quedó parado tranquilamente mientras revisaba alrededor, observando las cajas descuidadamente que habían sido previamente archivadas de acuerdo con los números del caso. Ahora que había puesto en caos el lugar, Fushimi hizo todo lo posible para reprimir el repentino impulso de lanzarse sobre él y estrangular al hombre que tenía delante por condenarle a trabajo extra, incluyendo limpiar, arreglar el lugar y ordenar las cajas nuevamente. Frunció el ceño ferozmente.
—Bárbaros. ¿Es así como pagas por la buena voluntad del Scepter 4? ¿No es suficiente para ti atacar al capitán, sino que también destruyes nuestra propiedad?
Mikoto miro molesto al recién llegado y su lengua afilada, pero no se detuvo en encontrar lo que estaba buscando.
—Han estado guardando lo que pertenece a HOMRA. Me lo llevo.
—¿Qué vas a hacer al respecto una vez lo encuentres?
Fushimi se apoyó en la pared que se desmoronaba y observó mientras Mikoto destrozaba todo el lugar. Él no poseía ningún poder para igualarse en contra de un rey después de todo. No desperdiciaría su energía en una batalla predestinada a perder. Lo único que podía hacer era esperar y evitar que el intruso no infligiera más daño, y su pregunta hizo que Mikoto se sobresaltara, deteniendo sus manos bruscamente para no moverse. Bajó la mirada, evitando el contacto visual con el miembro más nuevo de los azules.
—...Mataré al culpable.
—Como siempre, sólo causarás más destrucción, a ti y a tus hombres. Gracias por desperdiciar el sacrificio del capitán. Eso es todo lo que HOMRA es capaz de hacer, supongo —se burló el joven encogiéndose de hombros.
Pero apenas termino de hablar un puño se estrelló contra la pared junto a su cabeza, haciéndola desmoronarse más rápido, pero Fushimi Saruhiko no titubeó; su expresión era condenatoria cuando se detuvo frente a la ira del Rey Rojo. Los ojos dorados de Suoh hablaron sin palabras.
«¿Quién eres tú para criticarme?»
—¿No puedes ver que el capitán intentó salvar a HOMRA? ¿Quién eres tú para desechar su esfuerzo?
Fushimi lo confrontó sin remordimiento; no necesitaba que su capitán le dijera lo que pensaba para entender su objetivo aquella noche. Era más que obvio que el capitán estaba allí para salvar a Totsuka, aunque no podía entender cómo él tenía un conocimiento tan exacto de que el asesinato ocurriría. Si Munakata sólo intentaba observar o encarcelar al Rey Incoloro, no perdería tanto tiempo y esfuerzo esperando a que el hombre realizara su mala acción. Después de todo, el Rey Azul parecía haber sabido casi todo sobre el culpable, lo que él pudo deducir mientras escuchaba su corta conversación.
Suoh se encogió levemente ante su réplica y una sombra de culpabilidad se apoderó de sus ojos mientras sacaba su puño de la pared destrozada.
—Dime, ¿qué pasó esa noche? Puedo decir que estabas allí.
—¿Y si no lo hago?
—Encontraré esa cámara por mi cuenta, aun cuando tenga que derribar todo este lugar para lograrlo.
—¿Me estás chantajeando? Muy sutil, Mikoto-san —le respondió Fushimi mientras chasqueaba su lengua con enojo.
—Entonces, ¿vas a hablar? —Suoh se llevó un cigarrillo a los labios y lo encendió con un movimiento de su dedo.
—No puedo entregar el video. No podemos hacerle saber al público que el capitán del Scepter 4 no está disponible actualmente. Se podría interrumpir el orden público... Algunas mafias le temen al capitán.
—Te lo prometo, esa noticia no saldrá de HOMRA —el pelirrojo le ofreció un cigarrillo al joven, pero éste movió la cabeza para negarse.
Fushimi suspiró con enojo antes de pasar por el lado del Rey Rojo y dirigirse a los estantes y cajas que caían. Empujó algunos contenedores sobre una pila de cajas y sacó un gran paquete con una etiqueta de "frágil" frente a él. El joven sopló el polvo en el paquete y caminó de regreso a donde Suoh se había quedado en silencio e inhaló profundamente. Awashima lo cortaría en pedacitos si sabía que él se lo había entregado sin mucha resistencia. Sin embargo, sabía que a pesar de su esfuerzo para hacer que el Rey Rojo se fuera en paz sin la evidencia, ese hombre todavía demolería el cuartel general para obtener lo que quería.
Mikoto estaba a punto de arrebatar el paquete de la mano de Fushimi, pero el joven retiró el paquete de su alcance. El rey gruñó amenazante.
—Recuerda tu promesa —le recordó Saruhiko al imprudente rey mientras lentamente extendía su mano para entregarle el paquete. —Antes de que veas esto, necesito decirte que él no intentó matar a Tatara-san ¿Entiendes? Intentó salvarlo, pero las cosas simplemente sucedieron. Ellos se cayeron del edificio, e incluso así intentó ayudarlo.
Suoh lo miró sin decir una palabra y agarró el paquete con cuidado. Él entendía perfectamente a quién se refería Fushimi. Observó la evidencia antes de que finalmente murmurara, más para sí mismo que para su acompañante.
—Lo sé.
Nunca pensó en que Munakata pudiera ser el autor del accidente de Totsuka. No podía imaginar que él hiciera eso, especialmente después de presenciar al Rey Azul entre la delgada línea de la vida y la muerte. Mirando a la víctima, pudo darse cuenta fácilmente de que Munakata había luchado por salvar a Totsuka, sin importarle sufrir daño en el proceso. Mikoto sabía que incluso si el peliazul caía de la parte superior de ese edificio no sufriría daño si usaba su aura azul para protegerse, a menos que tuviese algo más que requiriera toda su atención...
—Gracias —fue el breve agradecimiento que le dio al chico antes de guardar el paquete dentro de su chaqueta y esconder sus manos dentro de sus bolsillos para después salir por el agujero en la pared que había hecho antes.
Fushimi no se movió de su lugar actual, mirando en silencio mientras el intruso se iba y cuando ya no era visible, se agachó y se llevó las manos a la cara sintiéndose patéticamente.
—Maldición ... siempre están causando problemas. ¿Qué voy a hacer con todo este desastre?
Una nube blanca estaba en lo alto del cielo azul y el calor se sentía insoportable para el temprano sol de invierno. Bajo aquel cielo, un joven estudiante paseaba por la ciudad, llevando un paraguas rojo en el hombro, sin usarlo para proteger su piel contra el sol brillante. Tarareaba alegremente mientras caminaba con lentitud por la calle. Se podía ver en sus ojos un toque travieso aun cuando su expresión era inocente. Una pequeña gata de color rosado estaba en su hombro derecho y la campana en su cuello tintineaba mientras caminaban. El cabello plateado del chico brillaba bajo la luz del sol, casi tan pálido como su piel.
—De acuerdo, lo único que me queda por encontrar es esa tienda de fuegos artificiales ... debería estar por aquí —murmuró mientras miraba una nota con algunas indicaciones antes de aguardarla en su bolsillo.
El joven, Isana Yashiro, observo alrededor, haciendo su mejor esfuerzo para encontrar la tienda en medio de la gran ciudad. La descripción de la ubicación de la tienda que su amiga Kukuri le dio no fue precisamente útil, y ya que no tenía mucho que hacer en su descanso de la tarde, intentó pasear calmadamente para encontrar la tienda mencionada y así ayudar a la desesperada joven. Sus ojos se ensancharon cuando finalmente pudo encontrar el lugar después de quince minutos de dar vueltas alrededor de la ciudad. Con determinación entró al local y volvió a mirar su recordatorio.
—Tengo que conseguir el recibo también —se dirigió a la sección de pirotecnia y agarró los fuegos artificiales necesarios para el festival, luego fue a la caja para pagar por ellos, sin olvidar su recibo.
Isana colocó cuidadosamente su compra en su bolso y salió de la tienda con dirección a la Academia Ashinaka tan pronto como le fuera posible. Lamentablemente, su regreso se vio interrumpido cuando sorpresivamente un joven pelirrojo en su patineta lo detuvo e intentó golpearle la cabeza con un bate de béisbol. Rápidamente esquivó el golpe, y su atacante destruyó de un golpe el vidrio frontal de la tienda de la que acababa de salir.
Mientras el estudiante estaba tirado en el piso, el chico del bate observo una imagen holográfica en su reloj, y por alguna razón, el pelirrojo le sonrió ampliamente a Isana que pudo sentir que su vida estaba en un terrible peligro. Desesperado comenzó a correr tan rápido como pudo, pero el extraño comenzaba a alcanzarlo y para evitarlo, rápidamente saltó a la parte trasera de un vehículo que se había detenido junto a él. Observo a su alrededor, esperando que su perseguidor se rindiera y que no pudiera alcanzar la velocidad del auto.
Su alivio fue efímero, ya que de repente ese chico lo había alcanzado y casi lo golpeó con un brillo rojo arremolinándose alrededor de su brazo y de su bate. Apenas se había librado del ataque y recuperar el aliento, cuando unos sujetos que parecían ser los compañeros del pelirrojo aparecieron en una motocicleta para atacarlo otra vez.
«¿Por qué me está pasando esto?»
El estudiante se encontró siendo atacado en turnos por aquel grupo de busca pleitos. Con dificultad huyó por un pequeño y oscuro callejón que estaba a su izquierda, evitando los obstáculos rápidamente mientras corría, pero cuando ya estaba a punto de escapar se encontró con otro hombre apoyado en una de las paredes del callejón, inhalando profundamente el humo de su cigarrillo. Aquel hombre rubio estaba bloqueándole el camino, así que le pidió al extraño que se apartara con la esperanza de escapar por aquel lugar.
—¡Lo siento! ¡por favor sal de mi camino!
Pero cuando aquel hombre arrojó su cigarrillo al aire, se arrepintió de haber anunciado su presencia. Sin saber cómo, alguna de las cenizas que se había desprendido del filtro se convirtieron en balas de fuego dirigidas contra él.
Isana pensó que su vida estaba terminando en ese momento, pero de repente, otro extraño de largo cabello negro, atado en una cola alta se paró frente a él y uso una espada para defenderlo de las balas de fuego y después enfrentarse al chico de la patineta que apareció nuevamente con claras intenciones de acabar con él, pero antes de que Isana se hubiera dado cuenta, su salvador ya lo había derrotado con facilidad.
El estudiante estaba tan sorprendido, que no pudo reaccionar cuando el pelinegro lo agarró del cuello para luego abrazarlo y durante un corto tiempo, se quedó maravillado. Miraba atentamente los bellos ojos negros con un poco de color azul, era una hermosa característica. Pero su admiración fue breve, ya que ese joven hizo aparecer una extensión parecida a una mano desde su extremidad real para luego usarla para saltar desde el lugar donde estaban hasta la azotea de un edificio cercano y no dejaron de moverse, haciendo su camino a otro edificio al azar en medio de la ciudad.
Una vez estuvieron lejos, el joven pelinegro fue lo suficientemente grosero como para tirarlo una vez aterrizaron en una azotea. Aun así, Isana no haría ningún comentario por eso, ya que había salvado su vida con benevolencia. Sin embargo, podía sentir que incluso este hombre era peligroso, y cuando estaba a punto de retirarse en forma educada, el de pelo negro lo detuvo con su espada. Asustado cayó al piso y desde el suelo observó al pelinegro que se presentó como un vasallo de Miwa Ichigen, el séptimo rey, aunque Isana no tenía idea de lo que había querido decir con rey y vasallo en una sociedad tan moderna.
El joven se llamaba Yatogami Kuroh y para los oídos de Yashiro era un nombre hermoso, tan bonito como su reluciente espada. Pero esa espada en su mano y la expresión en su rostro eran exasperantemente aterradoras. Trató de alegrar un poco la atmósfera con una amigable presentación, pero sorpresivamente Kuroh lo interrumpió con un rápido movimiento de su espada sosteniéndola a sólo una pulgada de distancia de su cuello, después de que un botón de su uniforme cayera al piso ruidosamente.
El pelinegro le estaba explicando con calma que su misión era eliminar al malvado Rey Incoloro, cuando se escuchó el abrupto sonido de un ruido estático en las pantallas gigantes de la ciudad. Al tratar de descubrir de qué se trataba el sonido, Isana se sorprendió al ver su rostro en la pantalla grande, sonriendo como un loco perro rabioso.
La pantalla reproducía un video de una escena que él no recordaba; un joven llamado Totsuka Tatara se presentó ante él mientras lo filmaba en un lugar que no conocía. Se sintió raro ver su propio rostro en aquella situación y quedó totalmente en shock cuando el hombre que se parecía a él se giró y disparó al tal Totsuka. Luego la pantalla se volvió negra y los espectadores alrededor de la ciudad se preguntaron si ese joven en el video estaba muerto o no.
Sin perder un minuto más, Kuroh se posicionó listo para la batalla. La situación en la que se encontraba era una broma. Había estaba a punto de ser asesinado por un grupo de extraños, y de repente fue rescatado por un desconocido hermoso que ahora quería matarlo también.
Instintivamente se movió, tratando de huir dirigiéndose a la salida del tejado, pero antes de que pudiera alcanzar el pomo de la puerta, una mano transparente lo agarró del cuello y lo colgó en el aire. Si caía desde esa altura, sin duda, no escaparía simplemente con desagradables rasguños. Kuroh lo mantuvo colgando ahí, haciéndolo temer por su vida.
—¡Soy inocente! ¿Acaso Miwa-san te ordenó matar a un hombre inocente? —gritó Isana en protesta.
Consiguió su objetivo al hacer vacilar a Kuroh y cuando éste lo sostuvo por el cuello de su uniforme pudo ver claramente la duda en los ojos negros del joven que rápidamente lo giró hacía la pantalla del edificio cercano, cuestionándolo en silencio por la semejanza de él con el criminal del vídeo.
El joven de cabello plateado se rió débilmente, maldiciendo interiormente la situación desesperada. No recordaba haber cometido aquel crimen y, sin embargo, había pruebas bastante sólidas que decían lo contrario.
No era de extrañar que repentinamente había extraños que querían eliminarlo, aunque creía seriamente que alguien lo había incriminado o que esa persona podría tener una cara similar a la de él. Después de todo, podría haber dos o tres personas con una cara similar a la tuya en este mundo, ¿verdad? Sin embargo, nadie le creería después de ver ese video.
—Está bien, bueno ... puede que no parezca inocente por el momento, pero hay un dicho "no juzgues a la gente por su apariencia" ¿no?
—Solamente juzgo a un hombre por sus acciones —ante lo dicho Kuroh lo fulminó con la mirada furiosamente.
Isana intentó poner algo de sentido en la cabeza del pelinegro para evitar que lo matara. Si ese hombre realmente lo entregaba a la policía, podría pensar en una forma de escapar. Al menos, debería alejarse de la punta de esa espada que parecía más amenazante en comparación con las armas de la policía.
Sin embargo, a Kuroh ni siquiera le importaba escuchar, e incluso le dijo que él sólo obedecía a su maestro. Hablando de fe ciega... Isana suspiró derrotado mientras destrozaba su cerebro tratando de encontrar una salida a esta situación. Pero para una persona, así como Kuroh, solamente una cosa funcionaría. Simpatía.
Decidió engañarlo, diciendo que tenía una hermana gravemente enferma, que sólo lo tenía a él en este mundo y que quería escribirle una carta de despedida. Las personas con un corazón amable no eran capaces de ser indiferentes si él le contaba una historia tan cursi. Puso su mejor rostro de ansiedad mientras se sentaba. Sin levantar la vista, podía imaginarse la lástima en los ojos del pelinegro mientras escribía una carta falsa.
Al siguiente momento, agarró secretamente las bombas de destello que estaban dentro de su bolso, las que había comprado antes en la tienda de fuegos artificiales. ¿Quién hubiera pensado que tendría que usarlos tan pronto?
Cuando Isana le entrego la carta a Kuroh quien no perdió el tiempo en leerla, quedando sorprendido al ver el cómico dibujo que hacía obvia la burla del albino, éste no perdió el tiempo en dirigir una mirada furiosa al estudiante que le guiñó un ojo, mientras arrojaba las bombas al piso, cegando efectivamente al muchacho de ojos negros.
En el instante que el brillo cegó a Kuroh, el albino agarró un disfraz de perro que yacía abandonado cerca y, se escondió en su interior. Su corazón casi saltó cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta de la azotea. Su perseguidor, sin duda, estaba furioso por haber sido engañado y solamente podía rezar para que su encuentro predestinado fuera sólo por esa vez, ya que, si se volvían a encontrar, Kuroh le cortaría el cuello sin siquiera escucharlo.
Esperó sin hacer ruido dentro del disfraz, y cuando su "salvador" abandonó la azotea, levantó la cabeza del traje. Hacía calor dentro y apenas podía respirar, pero ahora no tenía más remedio que caminar con el disfraz puesto, especialmente cuando la pantalla ancha repentinamente mostraba una recompensa sobre su cabeza de parte de HOMRA. Genial, su vida estaba totalmente arruinada.
El Rey Dorado suspiró resignado a su visitante y agitó su abanico con gracia mientras hablaba a uno de sus hombres con máscaras de conejo.
—Guíenlo al a la sección médica. Rey Rojo, por favor, haz de esta tu última visita. Preferiría no tener un visitante regular en mi casa.
—Tu error fue ponerlo aquí. ¿Quién diría que tuvieras favoritismo? —dijo Mikoto mientras sonreía con burla.
—Tal indignante acusación... vete ahora —Daikaku lo fulminó con la mirada mientras tomaba asiento con elegancia.
Mikoto no necesito que lo dijera dos veces para darle la espalda al anciano y seguir al sujeto disfrazado de conejo a la zona interior de edificio.
Trató de recordar el mapa del edificio, especialmente el camino a la cámara médica, pero fue en vano. La dirección parecía ser diferente en comparación con la primera vez que llegó al lugar, la semana pasada. El Rey Rojo podía sentir el débil poder de los strains, y el que lo guiaba también debía tener la habilidad de manipular la percepción. Resistió el impulso de disipar aquel truco ya que, si lo hacía, sin duda el Rey Dorado nunca le permitiría volver. Hizo un chasquido con su lengua, tratando de calmar su enojo.
Después de otra larga y tediosa caminata, llegó a la familiar habitación blanca con el olor sofocante de los antisépticos. El personal médico del interior hizo una pequeña reverencia a su entrada, antes de reanudar su trabajo. No les hizo caso y pasó junto a ellos a la habitación del paciente.
Sus piernas se sentían más pesadas a medida que se acercaba al lugar donde residía el Rey Azul. Él ni siquiera sabía el propósito de su visita. No era como si venir a verlo aceleraría la recuperación de Munakata, con el tal fatal daño que había recibido, incluso si él viniera todos los días a visitarlo, probablemente no habría un cambio significativo.
Cuando llegó junto a la ventana de vidrio, tal fue su sorpresa por la falta del ventilador que agarró abruptamente al médico más cercano y le preguntó inconscientemente en un tono amenazante.
—¿Está mejorando? —el médico chilló de sorpresa y se encogió ante su intimidante voz. Incluso con su máscara de conejo, era obvio que el hombre le tenía miedo.
—S-sí... se está recuperando, comprenderá que él está más allá de la gente normal... U-Umm... el Rey Azul está mejorando, así que desconectamos el ventilador —tartamudeó el hombre torpemente.
Mikoto lo liberó y éste de inmediato se escapó de él y derribó accidentalmente un carro con medicinas en su huida.
El pelirrojo sintió como si una gran carga fuera levantada de sus hombros. Descansando sus manos en sus bolsillos, entró con calma en la cámara aislada y caminó hacia el lado de la cama en el centro de la habitación. Una vez ahí, simplemente se quedó mirando el rostro de Munakata, que todavía estaba tan pálido como él lo había visto la última vez. Su respiración era mucho más estable, pero el fuerte pitido del monitor hizo que le costara escuchar la inhalación sin forzar su audición. Sin embargo, todavía tenía ganas de sonreír al mirarlo. Al menos estaba mejorando, incluso si era un poco.
El líder de HOMRA puso su mano sobre la pálida mejilla, frotándola ligeramente antes de que su mano se desviara hacia los mechones azules, peinándolos suavemente y sintiendo su suavidad entre sus dedos. Cómo deseaba que su rival abriera sus párpados cerrados y lo mirara con su habitual intensidad, quejándose de sus acciones imprudentes sin piedad. Sin embargo, el hombre frente a él permaneció dormido, inconsciente de lo que sea que él hiciera.
Bajó la cabeza y llevó sus labios a los cabellos azules en su mano, besándolos ligeramente. Como se esperaba, no recibió una respuesta. Sintiéndose ligeramente irritado por ser ignorado, aun sabiendo que Munakata no podía evitarlo, Mikoto sintió el impulso de vengarse por su silencio. Dejó que sus labios permanecieran en los mechones azules, para luego dirigirlos a su frente, sus mejillas y la punta de su nariz.
Mikoto retrocedió un poco para observar si había logrado una reacción, pero Munakata ni siquiera movió un músculo. Desafiante, robó un beso a los fríos labios, permaneciendo más tiempo que en el resto de los besos. Si Munakata logrará de alguna manera saber que Mikoto lo había besado sin su consentimiento, el joven capitán probablemente lo golpearía en la cara o estrellaría su cabeza contra la pared más cercana. Era culpa de Reisi por no evitar que él le robara un beso en los labios.
—Es difícil sin ti aquí —susurró en voz baja al hombre inconsciente. —si duermes demasiado, cuando te despiertes, es posible que ya haya destruido la mitad de la ciudad.
Desde el incidente de la azotea, regularmente tenía la pesadilla de perder el control de su poder y aniquilarlo todo, incluso a su familia, sus amigos, Tatara, Izumo, Anna... incluso a Munakata, y eso era lo que más le asustaba, porque sabía que nadie lo detendría si eso sucedía, ya que sus únicos grilletes ahora apenas se mantenían con vida. Mikoto golpeó su puño en la cama, al lado de la cabeza de Munakata con frustración.
—Gracias por salvar a Tatara, pero te necesito aquí... —se detuvo en su confesión y se culpó a sí mismo por su debilidad. Después no se escucharon más palabra, solamente el sonido del monitor rompía el silencio.
Notas finales de Yumechou:
¡Y con eso termino el capítulo! Perdón por la espera… pero aquí hay otro capítulo largo. ¡Espero que lo disfruten! ^_^
