Notas de Lacrimosa Azul:
Ya terminé de traducir el fic, sólo tengo que hacer unas últimas correcciones, y estaré subiéndolo día por medio, o eso intentaré.
Notas de Yumechou:
Disclaimer: ¡Lo usual, ¡˹K˼ no es mío! Ugh… *llora*
Y otro capítulo más. Estaba demasiada ocupada con toneladas de cosas, ¡así que olvidé actualizar aquí! *cruza los dedos* Y le agradezco profundamente a SouriMaxwellYuy068 por señalar mi error al poner aquí el nombre de Bandō ~ XD Si no es por ti, supongo que seguirá siendo un punto confuso para siempre.
Capítulo 5: Jaula de Recuerdos
Publicación Original marzo 2014
"Pasa la primavera y uno recuerda su inocencia.
Pasa el verano y uno recuerda su exuberancia.
Pasa el otoño y uno recuerda su reverencia.
Pasa el invierno y uno recuerda su perseverancia."
Yoko Ono (1933-Presente)
Su primer encuentro fue totalmente ordinario.
Recién se había graduado de una prestigiosa universidad cuando fue escogido como el nuevo Rey Azul, y a los pocos días recibió una invitación de nada menos que el Rey Dorado. De antemano, había recibido una llamada telefónica breve y formal, explicando lo que le había sucedido recientemente y el significado de ser un rey por un subordinado privado de Kokujōji Daikaku.
En un primer momento, pensó que no era más que una broma, pero después de que llegó la carta, finalmente lo aceptó. No mencionó a sus padres nada con respecto al nuevo y pesado estatus otorgado a él ni a la invitación del Rey Dorado. Todavía no le resultaba familiar el que no pudiera explicar su repentino cambio y el poder que se arremolinaba dentro de él. Sin embargo, estaba agradecido por esta repentina ayuda para ascender en los rangos políticos, ya que tenía tanta ambición para que esta amada ciudad permaneciera en paz, donde su familia residía.
Desde que era joven, a menudo se lo consideraba un líder, a pesar de que era socialmente torpe. A Reisi siempre le había gustado que confiaran en él, que se le confiaran grandes responsabilidades.
Tenía mucha experiencia siendo seleccionado múltiples veces como presidente del consejo estudiantil, aunque a veces se preguntaba si era capaz de hacer mucho más que cuidar de un gran grupo de estudiantes, y como si una deidad al azar respondiera a sus deseos, esta vez asumiría una posición como nunca había tenido; el trono de un rey, que lo hacía sentir un poco abrumado por las responsabilidades que ahora tenía.
Como su primer paso, el joven Rey Azul tenía la intención de presentarse respetuosamente ante el anciano y causarle una buena impresión. Así que ese día, se levantó a primera hora de la mañana para salir de su casa, esperando que al partir temprano el tren estuviera lo suficientemente desocupado. Lamentablemente, los trenes estaban fuera de servicio ese día, y tuvo que esperar una hora más. Sería un desperdicio tomar un taxi para llegar a la residencia del Rey Dorado, ya que todavía tenía mucho tiempo libre. Esperó pacientemente, pero cuando los trenes finalmente volvieron a funcionar, estos estaban terriblemente llenos de estudiantes y oficinistas.
Poniéndose rápidamente de pie, logró conseguir fácilmente un asiento dentro del tren. Sin embargo, una vez que vio a una anciana, rápidamente se hizo a un lado y le ofreció su asiento.
Al ver que su destino todavía estaba bastante lejos, se apresuró a acercarse a la puerta de salida para ponerse cómodo sin ser apretujado por el tumulto de personas. Sacando un libro de su bolsa, Reisi se sumergió en su mundo de silencio. Estaba demasiado concentrado en su lectura que no prestaba atención de quién subía o bajaba del tren.
De repente, el tren se inclinó un poco en una vuelta, y Munakata no estaba preparado para que las personas a su lado perdieran el equilibrio y cayeran sobre él como fichas de dominó. Casi se queja por la sorpresa cuando alguien invadió su espacio personal quedando muy cerca de su cara, aunque esa persona evitó con éxito chocar con Reisi.
Un par de brazos musculosos quedaron a ambos lados de la cabeza del peliazul, apoyándose en la puerta de vidrio del tren, permitiéndole al desconocido no caerse. Su amplia espalda detuvo a las personas que estaban detrás de él, lo que permitió que el grupo de personas no se fueran contra Reisi.
Munakata levantó la vista para ver al extraño, y su mente se perdió en la sorpresa. Cabello rojo como llama abrasadora y sus ojos eran dorados como el sol brillante. Totalmente apropiado para el hombre, pensó Reisi. Aquel hombre era realmente como un sol, especialmente con ese descarado atractivo irradiando de él. Cuando notó su entorno, la gente miraba a ese extraño con mirada de adoración, como si hubiera apreciado la magnificencia en persona en ese momento.
—Gracias —murmuró débilmente Reisi mientras se acomodaba sus gafas en el puente de su nariz.
Ese hombre con chaqueta negra asintió levemente en reconocimiento, apenas mostrando indicios de que lo escuchaba.
Reisi no hizo ningún comentario por la falta de cortesía ante su agradecimiento. No esperaba que todos fueran tan educados como él, y ese extraño lo había ayudado, así que no prestó atención a la ignorancia de ese hombre, pero no podía evitar observar brevemente a aquel pelirrojo. Sintió una pequeña chispa dentro de él, las cuales se habían vuelto ocasionales desde el día que fue dueño del aura azul, especialmente cuando estaba demasiado emocionado o concentrado
Pero esta vez era diferente. Esta chispa era más como una alarma matutina, no lo suficientemente fuerte como para hacerlo temblar de emoción, ni tampoco lo suficientemente débil como para pasar desapercibido. No pudo discernir el significado de este sentimiento ya que era la primera vez que le ocurría. Trató de desechar ese sentimiento leyendo su libro y concentrándose en aquel mundo. No obstante, podía sentir la mirada penetrante de ese extraño que lo hacía sentir incómodo.
Afortunadamente, pelirrojo descendió en la siguiente estación, aunque todavía lo observaba brevemente mientras salía del tren. Cuando Reisi ya no pudo ver a ese hombre, dejó escapar un fuerte suspiro que había estado conteniendo,
—En serio, ¿qué fue eso? —murmuró para sí mismo.
Él volvió a sentir esa chispa una vez que conoció al Rey Dorado. Cuando el nuevo rey se encontró con el anciano, este último le dio un saludo inicial bastante hostil. A pesar de su edad, el anterior teniente parecía estar todavía en su mejor salud. Reisi estaba a punto de inclinarse en respeto por el anciano cuando escuchó el chasquido de un abanico en la mano de Daikaku, y sin previo aviso, el rey de cabellos blancos invocó su poder celestial y lo agredió despiadadamente.
Reisi todavía no estaba acostumbrado a su poder, y el repentino ataque lo sorprendió con la guardia baja, pero instintivamente invocó justo a tiempo una fugaz barrera azul frente a él mientras retrocedía. Un meteorito impactó su defensa, y se maravilló al seguir ileso. Volvió a mostrar su compostura cuando los siguientes astros ardientes se dirigieron directamente hacia él sin detenerse. Se concentró en formar una barrera más fina en forma de una cúpula a su alrededor.
Cuando vio una sonrisa en el rostro de Daikaku, Munakata se dio cuenta de que el anciano estaba probando su habilidad y al mismo tiempo, dándole la oportunidad de probar la extensión de su poder. Finalmente mantuvo la calma mientras el anciano persistía en atacarlo y provocarlo.
Sin perder la oportunidad el joven rey intentó ver la ofensiva de su aura azul. No había mucho que él pudiera hacer para infligir daño a Daikaku, pero después de todo, en las estrategias de guerra, incluso la mejor defensa es la mejor ofensiva. Trató de expandir su barrera para suprimir el aura dorada, pero fue en vano. No podía esperar menos del segundo rey.
Tan repentino como su empezó, Daikaku dejó de atacarlo espontáneamente y escondió su Espada de Damocles con otro chasquido de su abanico. Sonrió gratamente, cuando el nuevo Rey Azul suspiró involuntariamente por la repentina tranquilidad.
—Bienvenido, Cuarto rey, el Rey Azul.
Y luego, una silenciosa chispa se elevó desde su pecho, que lo hizo sentir incómodo.
Daikaku parecía entender lo que le había preocupado y contestó sin que se lo pidiera mientras se sentaba en la almohada sobre la estera de paja.
—Debes sentir curiosidad por el significado de este sentimiento palpitando dentro de ti, ¿no?
Reisi quedó atónito por un momento antes de asentir lentamente y seguir el ejemplo para sentarse frente al anciano.
—El poder de los reyes resuena entre ellos. Por lo tanto, cuando te encuentres con otro rey, el aura te alertará de su presencia, preparándose para ser invocada si el otro rey intenta atacarte, a menos que este último oculte su aura.
Eso le recordó a Reisi su anterior incidente en el tren. ¿Era ese hombre pelirrojo con brillante carisma en realidad un rey? Eso explicaba la sensación de encantamiento de él.
Después, la reunión se desarrolló sin problemas, y el Rey Dorado le explicó sus responsabilidades si es que él estaba a la altura de la misión, y Munakata estaba más que dispuesto a asumir el papel de rey para dirigir y proteger su ciudad, y afirmó que asumiría el rol de capitán del Scepter 4. Había escuchado el descuidado destino del Scepter 4 y Reisi estaba decidido a sacarlo del barro y llevarlo a su merecida gloria.
Luego, pasaron meses mientras comenzaba su agotador trabajo y reclutaba gente nueva y talentosa para su equipo, olvidando completamente su pequeño incidente en el tren con aquel rey desconocido. Sin embargo, el destino era una ironía, porque de repente se encontró una vez más con ese hombre cuando finalmente se le confió la supervisión de HOMRA, el clan del Rey Rojo.
La policía local acababa de darse por vencida ya que esas personas poseían el extraordinario poder otorgado por su rey y la gente normal no tenía ninguna oportunidad contra ellos. Aquel grupo no era nada diferente de la mafia según la opinión de Reisi, evitando que otros grupos invadieran sus distritos.
Reisi no les prestaría por ahora atención, ya que ayudaron a mantener la paz desde la sombra inadvertidamente y tenía toneladas de trabajo de las que preocuparse, siempre y cuando no destruyeran la propiedad pública donde sea que fueran.
La segunda vez que vio esos ojos dorados, la chispa familiar parpadeó dentro de él, haciendo un eco más fuerte con cada encuentro. Pasó meses negando su atracción hasta que finalmente decidió poner un término con esta peculiar y molesta sensación.
Admitió para sí mismo que sentía algo por Suoh Mikoto, de una manera platónica y que seguiría siendo de esta forma, porque el otro hombre parecía la mayor parte del tiempo desinteresado al verlo, por lo que no se preocuparía en desarrollar más sentimientos. A medida que pasaba el tiempo, su interés en Mikoto se desvanecería y las cosas estarían en perfecto equilibrio una vez más, pero todo se hundió en un silencioso caos cuando Mikoto pareció notar su oculto secreto tras miradas afectuosas o gestos detrás de la máscara estoica.
Todos pensarían que el líder de HOMRA simplemente vivía libre cómo él quería y no le prestaba atención al resto de la gente, igual como lo haría un rey con sus vasallos, y Reisi también pensaba eso. Por lo tanto, se sorprendió cuando, de repente, en una de sus egoístas peleas, Mikoto agarró su mano con la que sostenía su espada, lo separó de sus subordinados y lo enfrentó sin pestañear.
Reisi lo negó casi al instante, pero a Mikoto simplemente le encantaba molestarlo, por lo que aprovechó ese momento para rozar sus labios con el peliazul y sonrió descortésmente cuando Reisi frotó con brusquedad sus labios con la manga, fingiendo que lo ocurrido no lo había afectado para nada. Entonces, el líder de HOMRA dio media vuelta y se retiró de la batalla sin preocuparse. Sin embargo, el Rey Azul estaba decidido a tener su venganza; odiaba perder más que nada.
Desde un breve beso mezclado con humillación y venganza, terminaron como una conveniente pareja sexual durante meses. En la actualidad, Reisi ni siquiera podía recordar cómo había comenzado su confusa relación romántica. Ellos eran absolutamente enemigos, pero cuando se quitaban su rol de rey, sólo quedaban hombres corrompidos; aprovechándose el uno del otro, poniendo sal en la herida del otro, condenándose mutuamente por sus vidas solitarias.
En el profundo rincón de su mente, Munakata escucho una pequeña voz que le preguntaba si no se había equivocado al no haber puesto un término a su torpe relación, pero sólo podía encogerse de hombros, pensando en ello simplemente como una rutina. Lo que había entre él y Mikoto no era más que una fugaz atracción como reyes iguales y sabía que él sería capaz de mantener el equilibrio de sus sentimientos, esos eran sus arrogantes pensamientos.
Pero él comenzó a darse cuenta de su ignorancia después de la muerte de Totsuka Tatara. Mikoto estaba demasiado ocupado con pensamientos de venganza; todo lo que podía ver era rojo y ciertamente el color azul no estaba en él. Entonces se dio cuenta de que echaba de menos al compañero que había encontrado en Suoh, al que se había acostumbrado, y su corazón se estremeció cuando Suoh lo rompió sin palabras.
Las llamadas perdidas quedaron sin contestar, las miradas y las reuniones fueron ignoradas, las preguntas quedaron sin respuesta. Pero las cosas habían sucedido y si Suoh había seguido adelante, él también lo haría, aunque a medias.
Incluso cuando Suoh fue voluntariamente al cuartel general de Scepter 4 para ser confinado, no desperdició afecto por ese desesperado hombre que esperaba su final. Reisi todavía sería su supuesto amigo en el mejor de los casos, porque entendía lo pesado que era ser un rey y lo solitario que era, pero en el futuro, no volvería a esa abominable relación con Suoh. No reconoció al moribundo Rey Rojo que había sucumbido a la tentación de su emoción. El hombre que una vez amó ya no estaba allí.
Ante ese pensamiento, un espíritu etéreo y rebosante de luz apareció detrás de él, sonriendo como una estrella cálida.
—Entonces, ¿por qué te esfuerzas tanto para salvarlo?
Munakata se dio la vuelta para ver a su imprevisto invitado, pero no pudo encontrar nada a su alrededor. Fue entonces cuando sintió la onda de su conciencia regresando a él.
Se encontraba detrás de unas barras de acero parecidas a las de la cárcel. Cuando levantó la vista, había un dosel sobre él, conectado a esos barrotes. Este lugar aparentemente era una prisión parecida a una jaula. El exterior que lo rodea estaba pintado en un cegador y puro blanco. En cuanto extendió su brazo a través de los barrotes, no había sensación que lo llenara.
Cuando miró a su alrededor con más cuidado, había una pequeña mesa de madera y una silla en medio de la jaula. Se acercó lentamente, tratando de verlo más claramente sin sus gafas. Lo único que se encontró en la mesa fue un pequeño reloj de arena, donde la arena goteaba desde la parte superior a la inferior. Sin embargo, sin importar la cantidad de tiempo que pasara, la arena nunca parecía agotarse.
Trató de levantar el reloj de arena, preguntándose si algo pasaría si lo volteaba, pero ni siquiera pudo retirarlo de la mesa, a pesar del gran esfuerzo que hizo para sacarlo. Reisi jadeó levemente por el trabajo, tratando de entender el significado de esto mientras se sentaba en la única silla. En el momento en que se relajó para reflexionar, el agotamiento extremo inundó su sentido y antes de que pudiera detenerse, se había ahogado en el oscuro olvido.
Yata pisaba el piso con impaciencia mientras esperaba en una de las zonas de descanso de la Academia Ashinaka. Al principio estaba más que entusiasmado cuando Mikoto les ordenó brevemente que descubrieran al culpable que había lastimado a Tatara. Nadie saldría ileso una vez que lastimaran a su preciada familia. Él no pensó en nada más que en la sed de sangre por la venganza. Sin embargo, cuando Tatara fue dado de alta del hospital con un cabestrillo para el brazo y su habitual espíritu fresco, finalmente descubrió que el motivo de la búsqueda podía ser completamente diferente de lo que él esperaba.
Era un secreto nacional que el Rey Azul había sido herido y que actualmente se encontraba en estado crítico, aunque Kusanagi y Mikoto tampoco lo ocultaron de ellos exactamente. Había asumido que Mikoto se sentía en deuda con el rey rival por salvar a Tatara, por lo que estaba persiguiendo al criminal para devolverle el favor y hacerle justicia. Después de todo, a Mikoto nunca le gustó estar en deuda.
Normalmente estaría más que feliz de escuchar las malas noticias que sucedían en el Scepter 4, ya que eso significaría que los azules serían menos hostiles al tratar de contenerlos. Y con suerte su mejor, no, su ex mejor amigo abriría los ojos para ver que pertenecía a HOMRA y probablemente regresaría con ellos para arreglar su error. Si Saruhiko realmente hiciera eso y se disculpará con él de rodillas, tal vez olvidaría el pasado y reanudaría su amistad nuevamente.
Pero habían pasado semanas y ya estaban comenzado a seguir el rastro del criminal, pero todavía no había visto ninguna señal de que Saruhiko dimitiera de esa abominable organización. ¿Qué tenía de especial ser un miembro del clan azul que incluso Saruhiko rompería lo que tenían, sólo por el hecho de unirse a sus filas? Lo había visto accidentalmente más de una vez, pero terminaron discutiendo y peleando, como de costumbre. Parecía que después de todo no podían restaurar lo que se había roto, y si tenía que ser honesto, su corazón también se había roto. Un poco. O tal vez más.
Y Misaki también se sintió culpable por decir las palabras equivocadas que iniciaron otra pelea con Saruhiko. Sin embargo, esta vez era diferente, podía sentirlo. Por lo general, Saruhiko sólo le lanzaba una mirada burlona, o posiblemente una mirada larga y aburrida, pero cuando accidentalmente dijo que Munakata estaba al borde de la vida y la muerte, y que Saruhiko era un tonto al seguir a un hombre muerto, pudo ver una fría furia detrás de esos ojos azules mientras cruzaban sus miradas.
Pensó que el Rey Azul era un hombre frío, y que ni siquiera sus subordinados sentirían algo por su muerte; qué equivocado estaba él. Si los azules realmente no tuvieran ningún sentimiento hacia Munakata Reisi, nunca serían sus miembros del clan, pero Misaki no podía entender lo que vio Saruhiko en aquel hombre para que fuera con él en lugar de con el gran Mikoto.
Él entendía perfectamente que HOMRA de alguna manera estaba en deuda con Scepter 4 por salvar a Tatara, ya que el joven era insustituible. Todos en el clan eran insustituibles, por supuesto, pero Tatara era especial.
Si alguien preguntaba quién era la mano derecha del Rey Rojo, ellos rápidamente dirían con orgullo el nombre de Kusanagi. Sin embargo, Tatara fue quien mantuvo la llama de HOMRA cálida y confortable, en lugar de ser abrasadora y destructiva. Su fuego era hermoso, aunque débil; la mariposa ardiente que danzaba, tan hipnótica como una ilusión. Tal poder era inútil en la batalla, pero distraía a cualquiera por su belleza.
Si Totsuka Tatara se hubiera ido, sólo podía imaginarse cómo HOMRA estaría en caos. Su sangre hervía en anticipación por ese momento, pero al mismo tiempo, tenía miedo de las consecuencias. El fuego ardía cuando todavía había oxígeno y eventualmente se extinguiría. Cuando terminara la vorágine y la sed de sangre ¿quién sabía cuántos de ellos quedarían con vida? Yata se estremeció ante aquel pensamiento.
Sería apropiado que él ayudará al Scepter 4 por esta deuda. Tal vez debería tratar de ser un poco más comprensivo y tranquilo la próxima vez que se encontrara con Saruhiko. Sería difícil, pero debería mostrar un poco su agradecimiento hacia el hombre que había salvado a Tatara, y había sido éste mismo quien le pidió que estuviera en buenos términos con el Scepter 4, por lo que al menos intentaría cumplir su deseo.
Misaki fue sacado de sus pensamientos cuando Rikio golpeó su hombro mientras jadeaba.
—Yata-san, eres demasiado rápido —el hombre más grande trató de tranquilizar su respiración antes de continuar. —Esto no va a funcionar. El lugar es demasiado grande.
El chico pelirrojo chasqueó la lengua con fastidio y giró sobre sí mismo con su patineta en el brazo mientras se alejaba.
—Vámonos, iremos a buscar otra vez. Necesitamos encontrar a ese bastardo.
Mientras caminaban, no muy lejos de ellos, divisaron dos bonitas muchachas con uniforme. Yata sólo les lanzó una breve mirada antes de disponerse a dejarlas solas, después de todo, él no sabía cómo tratar a las chicas. Eran como porcelanas, hermosas pero frágiles. Tenías que respetarlas y admirarlas, pero como él sólo conocía la violencia, no tenía confianza al tratar con una chica, incluida Anna. Podrían romperse con un pequeño toque. Pero sin pensarlo dos veces, Rikio les preguntó con una voz tan amenazadora que molestó a Yata por su rudeza. Su lado de caballero se hizo presente y golpeó la cabeza de Rikio por su brusco comportamiento mientras que las chicas escapaban de ellos.
—¡Ya te lo he dicho! ¡No amenaces a una dama!
—Aun siendo un héroe virgen, ¿eh?
Esa voz familiar instantáneamente lo enfureció. Lentamente se giró y, como era de esperar, el hombre al que había querido matar todo este tiempo estaba despreocupadamente detrás de él.
—Bastardo… —de repente, recordó que había prometido a Tatara que sería amable con los azules, sin excepción. Yata maldijo por lo bajo, inhaló profundamente y apretó los dientes, preparándose para la batalla más dura del siglo e hizo una débil y falsa sonrisa hacia su antiguo némesis. —¡Yo, Saruhiko! ¿Qué estás haciendo aquí?
Este último pareció sorprendido y levantó una ceja ante el repentino cambio de actitud del pelirrojo. ¡Ser amable con el actual Saruhiko estaba siendo demasiado para él! ¡Incluso Fushimi lo miró como si acabara de crecerle otra cabeza! Aquel mono bastardo... Yata había intentado con todas sus fuerzas reconciliarse y, sin embargo, Saruhiko lo miraba como si fuera él un mono. El pelinegro se encogió de hombros y le sonrió.
—Un placer encontrarte aquí, apuesto a que Anna te ayudó a encontrar este lugar y probablemente han decidido actuar nuevamente por su cuenta, ¿verdad? Nunca cambian.
—¡Cállate! Te estoy haciendo un favor, ¿de acuerdo? Deja de hablar como si me conocieras —respondió Misaki dirigiéndole una mirada molesta que dejo atónito a Saruhiko por un momento antes de sonreír.
—¿Un favor? ¿Qué puedes hacer por tu cuenta, pequeño Misaki? —se acomodó las gafas en el puente de la nariz y volvió a hablar. —pero antes de eso… dime, ¿cómo lograste escabullirte en este lugar? Aquí la seguridad es estricta. ¿Dónde está tu credencial?
—¡No es asunto tuyo! —estalló Misaki.
¿Por qué Saruhiko era tan irritante aun cuando por una vez él trató de ser amable? Incluso se contuvo de decirle que no usara su nombre tan casualmente. Misaki utilizo la última gota de su paciencia y caminó hacia Saruhiko lentamente.
—Entonces, ¿has encontrado a ese tipo? Hemos preguntado y nadie parece conocerlo. —echó un vistazo por encima del hombro para mirar a Rikio detrás de él, quien asintió con la cabeza en respuesta.
Saruhiko resopló. De alguna manera, hoy Yata no se enfurecía fácilmente y ahora no tenía dónde desahogarse. Se encogió de hombros aceptando que no era su día, y su cerebro estaba de acuerdo ya que él tampoco estaba en su mejor condición. Se había quedado despierto durante tres noches enteras con la ayuda de innumerables tazas de café negro para hackear la vigilancia privada y pública para encontrar la ubicación del Rey Incoloro, ya que era difícil solicitar la aprobación legal sin la solicitud personal de un rey.
Desde el día en que se encontraron con el supuestamente séptimo rey, Awashima Seri había tomado toda la responsabilidad del capitán en sus manos. Inesperadamente ella era mucho más un tirano en comparación con el Rey Azul cuando estaba concentrada con su misión y obviamente la carga de trabajo y la responsabilidad aumentaron tremendamente.
Cuando el capitán aún estaba presente, a menudo le otorgaba la mayor parte de su trabajo a Seri y a Fushimi, para disgusto del joven, mientras que él se daba el lujo para jugar con sus rompecabezas. A pesar de eso, aunque Saruhiko todavía tenía que quedarse horas extras para terminar todos sus informes y los del resto del Scepter 4, no era nada comparable a los días en que el capitán estaba inactivo. En estos días, incluso todos los miembros del Scepter 4 tuvieron que quedarse horas extras ya que ninguno de los trabajos había sido terminado.
Fushimi Saruhiko se dio cuenta de que, aunque el capitán disfrutaba postergar su trabajo de oficina, a menudo optaba por el método más eficiente para disminuir la búsqueda, así acortaba el tiempo y el esfuerzo de su investigación y, además, era más indulgente con los errores en comparación con Seri, ya que él siempre había calculado los errores humanos en sus planes. Pero ahora que su rey estaba fuera de servicio, el Scepter 4 estaba a punto de colapsar debido al agotamiento extremo. Lo único que mantenía a la mayoría de ellos funcionando era la oportunidad para igualar el puntaje para su rey.
Sin embargo, una cosa pareció cambiar para un mejor giro después de la desgracia que le sucedió al Rey Azul. Le sorprendió cuando Misaki intentó charlar pacíficamente con él por más de un minuto y dijo que el clan rojo tenía plena intención de ayudar al Scepter 4 a perseguir al Rey Incoloro.
Saruhiko pensó que HOMRA ofrecía la recompensa por la cabeza del culpable solamente para vengarse de Tatara. Esta sería la primera vez en la historia de HOMRA en apoyar al Scepter 4 en su investigación por su propia voluntad, pero a pesar de su buena intención, nunca podría estar de acuerdo con la forma en que esos sujetos hacían sus cosas. Fushimi suspiró al recordar sus días agotadores frente a su computadora portátil, tratando de atenuar el caos en Internet lleno de rumores infundados después de que HOMRA pirateó los medios públicos dando a conocer el video de lo ocurrido la noche del accidente. En todo caso, los rojos sólo agregaron otra pila de trabajos a su escritorio, en lugar de ayudarlo.
—Por supuesto que no pudiste encontrarlo. Nunca usas tu cerebro, Misaki.
Fushimi resopló profundamente y puso su mano izquierda, que hace un momento estaba sobre la empuñadura de su espada, en su cintura. Aparentemente por una vez, Misaki estaba siendo maduro e ignoró su desafío.
—Esta isla es grande. Lo buscarás durante un año y todavía fallarías.
Misaki chasqueó la lengua, irritado por el comentario de Fushimi. Cruzó sus brazos frente a su pecho, mientras se inclinaba sobre su patineta.
—Habla por ti mismo. A pesar de todos esos privilegios y autoridad de la que tanto te enorgulleces, apuesto a que todavía no has encontrado a ese sujeto. Pierdes demasiado tiempo en cosas estúpidas como las regulaciones. Dudo que puedas atraparlo antes que tu capitán muera.
—¡Yata-san!
Misaki se quedó sin aliento, y se llevó la mano a la boca cuando se dio cuenta de su grave error. Kusanagi y Tatara le habían advertido que no hablara de la condición de Munakata, y mucho menos que la revelara y, sin embargo, ahora no sólo había declarado el secreto nacional en público, incluso dijo las palabras que eran tabú.
Afortunadamente, no había otros estudiantes cerca, así que nadie lo escuchó. Pero todavía estaba hundido en el barro después de que Fushimi gruñera sombríamente con una sonrisa torcida.
—¿De quién crees que es la culpa? Si el Rey Rojo hiciera su trabajo, esto no sucedería. Ustedes siempre hablan en grande.
La vanguardia roja se crispó por el comentario ofensivo sobre Mikoto y estuvo a punto de atacar cuando Rikio toco su hombro y negó con la cabeza.
—Lo que sea que él diga, todavía debes disculparte, Yata-san.
Misaki se vio furioso por un momento antes de bajar la vista y apretar los dientes.
—No es culpa de Mikoto-san —comenzó a hablar Misaki y rápidamente agregó. —Lo siento, ¿de acuerdo? No debería haber dicho eso. Tu capitán salvó a Tatara. Le devolveremos el favor.
Fushimi los observó durante un rato con expresión sombría antes de murmurar de repente en voz baja.
—Si quieres ayudar, entréguenlo a al Scepter 4 una vez que lo captures.
Fushimi inclinó su cabeza amenazadoramente. Misaki se relajó un poco aliviado; parecía que el azul aceptaba su disculpa. Sin embargo, después de un largo silencio, respondió en voz baja.
—No puedo hacer eso.
—¿Qué? ¿Ahora estás retractándote de tus palabras?
—El bastardo lastimó a Tatara-san, así que lo castigaremos antes de entregárselo a ustedes.
Fushimi chasqueó la lengua otra vez y reflexionó un poco antes de decidir.
—Está bien por mí. No importa si es en una sola pieza o no. Él estará socialmente muerto de todos modos.
Misaki sintió un ligero escalofrío en su columna vertebral mientras su ex amigo se reía como un loco en actitud calmada. Parecería que el Scepter 4 tenía toda la intención de ignorar totalmente el derecho humano del culpable.
—No lo lastimes demasiado.
Misaki miró a Rikio y éste lo miró con expresión de aprobación, antes de que el pelirrojo desviara la mirada hacia los tormentosos ojos azules.
—No puedo prometer eso, pero lo entregaremos vivo.
Ante eso, Misaki dio la vuelta y avanzó hacia la salida del patio de la escuela junto con su compañero. No paso mucho tiempo cuando Seri llegó al lugar que casi se transforma en un campo de batalla junto con otros miembros del clan azul y lo miraba de una forma curiosa observando la espalda que se alejaba de la vanguardia de HOMRA.
—Pensé que otra vez confrontarías a Yatagarasu.
Fushimi evitó sus ojos tratando de no hacer contacto visual con la mujer.
—Bueno, no lo hice. ¿O quieres que lo ataque?
—No, me alegra que te comportes bien.
Seri negaba con la cabeza a la vez que lo recompensó con una sonrisa bastante dulce. Sin embargo, su sonrisa no duró mucho. Ella comenzó a dirigirse de regreso al cuartel general y Fushimi la siguió obedientemente a su lado.
—Entonces, ¿tienes algo que decirme?
—¿Qué? —Fushimi se rascó la cabeza y fingió inocencia.
—No intentes engañarme —la rubia lo fulminó con la mirada ante su débil intento de mentira.
—Sé que estabas hackeando la base de datos de la escuela, ¿o estoy equivocada? Entonces, ¿es uno de los estudiantes de aquí?
Fushimi recordó el momento en que terminó de comparar la foto del Rey Incoloro con los perfiles de los estudiantes. El resultado en la pantalla lo desalentó un poco.
"No se encontraron coincidencias."
Parecía que su investigación aún era infructuosa. Pero, de repente recordó el comentario de Misaki de que no podían encontrar al culpable debido al tiempo perdido en las regulaciones. y esas palabras lo enfurecieron desatando una tormenta fría en su interior, porque sabía que era la verdad.
—No, él no es uno de los estudiantes de aquí. —reveló Fushimi indiferentemente.
Seri se recogió el dorado cabello con mucho cuidado y se ajustó el uniforme azul mientras se preparaba, para después acariciar lentamente la funda de su espada con su dedo índice. Se compuso solemnemente para concentrarse. Esta vez no habría error, ella haría su máximo esfuerzo para vencer al malvado Rey Incoloro.
Por otra parte, Fushimi se había colocado en el perímetro exterior, brindándole apoyo desde afuera, en caso de que no pudieran detener al Rey Incoloro dentro del estadio, una reciente posibilidad desde que Yatogami Kuroh, el perro negro estaba con él.
Habían pasado unos días después de su última visita a la isla Ashinaka cuando, por coincidencia, encontraron a través de las cámaras de vigilancia de la ciudad a un joven muy parecido al Rey Incoloro.
Todo fue gracias a Fushimi. Afortunadamente, debido a su manera de trabajar con la tecnología, adentrándose ilegalmente a la red de la ciudad, tuvieron un gran avance en su búsqueda del Rey Incoloro. Ahora lo habían arrinconado en un estadio de fútbol vacío. Seri todavía no podía entender la razón por la cual estaban en un lugar tan apartado, pero los beneficiaría ya que no tenía que poner perímetro para determinar la seguridad de los ciudadanos si tenían que usar la fuerza para contener al criminal.
Salió del camión donde estaban una gran cantidad de monitores de vigilancia y se paró frente a su escuadrón.
—Nuestro objetivo es el séptimo y Rey incoloro. No titubeen y manténganse concentrados. Lo haremos pagar por lo que ha hecho al Scepter 4.
El resto del escuadrón asintió con una firme determinación mientras todos sostenían sus espadas listos para el combate.
Mientras se dirigían a la entrada del recinto deportivo, Seri alzó la vista para ver el despejado cielo nocturno sin el brillo de la luna cuando comenzó a lloviznar. Las gotas cristalinas cayeron sobre su rostro, hasta su barbilla, casi parecía como si estuviera llorando. O tal vez era cierto, ya que su corazón lloraba desde aquel fatídico día en que no pudo proteger a su rey. Durante el tiempo que el Rey Incoloro estuviera deambulando por la ciudad impunemente, su vergüenza por su error a la hora de actuar seguiría atormentándola.
—Espere un poco más, capitán. Terminaremos la misión que fallamos esa noche, así que cuando regrese, todo estará tan pacífico como siempre lo ha deseado —susurró en voz baja mientras la brisa nocturna llevaba su deseo a un lugar lejano.
No mucho después, giró sobre sus talones y se dirigió hacia la parte interior del estadio.
Como ella había esperado, dos jóvenes se encontraban pacíficamente en medio del oscuro y húmedo campo. El hombre de cabello plateado, a quien ella había estado buscando por cielo y tierra, estaba ligeramente oculto por un rojo paraguas japonés tradicional. Parecía estar hablando con su vasallo, pero ella no podía oírlos debido a la gran distancia que los separaba.
Era su oportunidad; estaban demasiado ocupados para notar su presencia. Dio una señal para dejar que sus hombres tomaran posición mientras algunos de ellos la seguían para enfrentar al Rey Incoloro. Por fin, el día que ella había estado esperando estaba llegando. El día en que finalmente podría encontrarse con ese malvado rey de nuevo y esta vez no sólo observaría desde lejos. Ella lucharía con todas sus fuerzas contra aquel criminal.
Levantó su mano derecha al aire y de repente todas las luces del lugar se encendieron al mismo tiempo, cegando a los jóvenes prófugos en el campo. Seri caminó lentamente para quedar frente al estudiante y al perro negro, de pie en el camino hacia la única salida. La rubia respiró profundamente antes de exclamar en voz alta:
—¡Yatogami Kuroh y su cómplice! Somos el Scepter 4. De acuerdo con el Artículo 2 de la Ley de Exención de Regulación Sobrenatural, ¡Nosotros los tomaremos bajo custodia!
La rubia declaró su intención mientras presionaba un botón en su PDA y un holograma con el emblema del Scepter 4 apareció en el aire como una prueba de su identidad.
Como se esperaba del anterior vasallo de Miwa Ichigen, el hombre de cabello negro se negó al instante para complacerla. No perdió más tiempo antes de poner a su escuadrón en posición de combate y, cuando estaba a punto de dar la orden de ataque, sintió una interferencia instantánea por parte de un desconocido, y de repente se encontró en medio del animado cruce de la ciudad a plena luz del día.
—¿Qué?
El resto de los azules estaban tan confundidos como ella y parecía que la señal de comunicación también se había perdido. Alguien había obstaculizado sus percepciones.
—¿Acaso es… un strain? —fue la deducción de Awashima.
Para confirmar su teoría, tocó ligeramente al peatón que pasaba cerca de ella y el hombre de terno con el que intentó hacer contacto desapareció en el aire en danzantes pétalos de color rosa.
Organizó rápidamente un sello perimetral y, tan pronto como se ejecutó su orden, pudo escuchar el grito de sorpresa de Dōmyōji y Kamo. Casi por reflejo, lanzó un largo corte vertical, casi golpeando a Yatogami en el proceso. Ella se preparó para entablar combate singular con el chico y esperó a que el hombre sacara su espada.
Sin embargo, su oponente ni siquiera hizo un movimiento para usar su espada e incluso le dijo que no usaría su preciosa arma para luchar en su contra. Ella dejo escapar un gruñido desde su garganta. ¿Cómo se atrevía aquel chico a menospreciarla? Seri dio otro paso mientras contestaba sosteniendo la empuñadura de su espada.
—¡Entonces, serás asesinado por alguien como yo!
Cómo le gustaría eso. Este hombre había entorpecido su intento de dar un justo castigo al Rey Incoloro.
Sin embargo, después de un intercambio de golpes con el Perro Negro, se dio cuenta de su limitación para luchar a la par contra él. Parecía que el vasallo del anterior Rey Incoloro no debía ser tomado a la ligera. Ella chasqueó la lengua molesta por su ineptitud, pero nunca retrocedería en esta batalla, incluso si el resultado se veía sombrío. Como segunda al mando, ella tenía que estar a la altura de la reputación del Scepter 4.
Mientras se realizaba el enfrentamiento, en el perímetro exterior, Fushimi, con tan sólo dar una breve mirada, pudo ver cómo terminaría la batalla. No dudaba de la habilidad de Seri como la persona a cargo y su habilidad con la espada. Sin embargo, el manejo de la espada de Yatogami era muy superior a ella y sería cuestión de tiempo antes de que ella no pudiera mantener su defensa y vacilara en el campo de batalla.
Si él se unía a la batalla, ya no quedaría nadie para proteger la salida si el Rey Incoloro pudiera atravesar el escuadrón y fracasarían en su misión atrozmente. Si sólo el Capitán estuviera aquí, rápidamente darían vuelta la mesa y los atraparían.
Todavía estaba midiendo el riesgo y el beneficio de sus opciones cuando de repente su escuadrón gritó de sorpresa y tartamudeó mientras lo miraban.
—¡C-comandante! ¡Es HOMRA!
Fushimi giró rápidamente su mirada hacia el monitor para confirmar lo dicho, antes de bajarse del camión para verificarlo con sus propios ojos.
Para su sorpresa, el mismo Suoh Mikoto estaba caminando perezosamente en medio del camino hacia su dirección con algunos de sus hombres detrás de él. El pelirrojo arrojó el cigarrillo que sostenía entre sus labios descuidadamente al piso antes de pisarlo. El joven quedó ligeramente afectado ante aquella vista, preguntándose si HOMRA realmente los siguió para encontrar la ubicación del Rey Incoloro o si todo fue gracias a Anna.
Inconscientemente se rascó la marca de quemadura en la parte superior izquierda de su pecho. Por mucho que despreciara respirar el mismo aire que el presumido clan, el poder del Rey Rojo aquí era extremadamente valioso en la actual circunstancia. Mientras que Suoh Mikoto se paraba majestuoso frente a él, Fushimi observo al rey pelirrojo que tenía una expresión seria en su rostro.
—¿Qué es lo que quieres aquí?
Kusanagi aprovechó ese momento para ponerse delante de Mikoto como el representante del clan.
—Sé que siempre estamos en disputa. Pero ahora que tenemos el mismo enemigo en común y vemos que están teniendo tantos problemas con él, humildemente le ofrecemos algo de ayuda.
—Y destruir propiedad pública en el progreso ¿verdad? No, gracias, sólo nos dan problemas —Fushimi resopló y respondió inexpresivo.
Sin esperar, Suoh suspiró e ignoró al joven de cabello negro y se dirigió hacia la entrada del estadio. Kusanagi se dio una palmada en la frente y exhaló, conociendo tan bien a su rey sabía que él se comportaría de esa forma.
—Mikoto, al menos deberíamos saludar a los oficiales públicos.
Fushimi refunfuñó, pero no hizo ningún esfuerzo para evitar que Mikoto se saliera con la suya. En todo caso, esto cambiaría la situación para bien o para mal y, por mucho que lo detestara, el Rey Rojo era la mejor apuesta que podían tener por el momento. Mientras el pelirrojo avanzaba sin poner mucho esfuerzo, Kusanagi asintió con la cabeza al resto de HOMRA para seguir a su rey y sonrió a Fushimi diplomáticamente mientras éste se quedaba atrás.
—Ahora, ¿cómo podríamos ayudarte?
Saruhiko lo miró amenazante antes de rendirse e hizo un gesto para dejar que el barman lo siguiera.
—Podría usarlos en el equipo de vigilancia.
—Puedo hacer más que eso, ¿sabes? —Kusanagi se encogió de hombros y lo siguió mientras respondía sin entusiasmo.
Mientras el clan rojo hacía acto de presencia en el exterior, Seri continuaba luchando, pero en un descuido, perdió el equilibrio quedando indefensa, momento que Yatogami aprovecho para darle un puñetazo que casi logró conectar con su mentón, no obstante… el pelinegro detuvo abruptamente su ataque cuando una Espada de Damocles apareció flotando en el aire, con una ardiente aura roja envolviéndose en ella.
Al segundo, la ilusión de la ciudad se desvaneció poco a poco, dejando ver el campo verde otra vez. Todos los presentes quedaron fascinados por su magnificencia a pesar del notorio daño que podía verse en ella.
Debajo de la espada, se podía ver a Suoh Mikoto, quien se había detenido mientras inhalaba profundamente el humo de un nuevo cigarrillo hacia sus pulmones manteniendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta.
Yatogami rápidamente saltó hacia atrás para mantener la distancia, sabiendo que la batalla por venir sería difícil. Cogió su espada, preparado para desenvainarla en el momento en el que comenzara el ataque, mientras declaraba el nombre de su oponente a Isana.
—El Rey Rojo, Suoh Mikoto —informó el pelinegro a Isana, presentando al hombre frente a ellos.
Por el contrario, Seri se quedó sin aliento ante la repentina interferencia de HOMRA. ¿Cómo podía ella encontrarse en la peor situación? Ya tenía dificultades para detener al Perro Negro y ahora también tenía que encargarse del violento Rey Rojo. Seguramente nadie podría hacerle la vida más fácil.
—Aléjate, mujer —Mikoto advirtió sin siquiera mirarla.
—Yo me encargaré de esto.
Seri estaba a punto contestar bruscamente cuando de repente Yatagarasu jaló con amabilidad su mano para evitar que ella se metiera en el camino de Mikoto.
—Estamos aquí para ayudar. Kusanagi-san está afuera ayudando a Saruhiko.
Ella sólo alzó una ceja, pero no hizo más comentarios y retrocedió hasta donde estaban los miembros del clan rojo.
Mikoto respiró hondo antes de exhalar y expulsar repentinamente su aura roja desde su cuerpo en todas direcciones, terminando de disipar la ilusión. Incluso la gata strain volvió a su forma humana, totalmente desnuda, por lo que rápidamente la chica se ocultó detrás del asesino de pelo blanco.
—Así que eres tú quien causó esto... —murmuró Mikoto mientras sus ojos se posaban en la joven llamada Neko.
Sin perder ni un segundo, Suoh Mikoto corrió con una sonrisa perversa en su rostro para lanzar un golpe de fuego carmesí hacia Isana. Yatogami rápidamente defendió al estudiante con la funda de su espada, pero apenas pudo evitarlo y con el sudor cayendo desde su frente, el vasallo del Rey Incoloro casi le gritó a Isana que huyera rápidamente mientras él retenía a Mikoto. Usó su mano de aura transparente para incapacitar a los miembros del Scepter 4 que estaban protegiendo la salida.
—¡Vete!
—¡Pero…! —Isana no tuvo la oportunidad de decir lo que pensaba cuando Neko rápidamente agarró su mano y lo arrastró hacia la salida.
Mikoto sólo miró fijamente la huida de Isana, más allá de Yatogami. No necesito decirles a sus hombres que los persiguieran. Yata rápidamente los guio para cazar al que había lastimado a Totsuka. Solo Yatogami, Mikoto, Seri y el resto del Scepter 4 quedaron en el lugar.
—Veo que no te importa morir —haciendo una mueca de desprecio al joven, Mikoto se adelantó y apuntó con el puño a Kuroh.
Seri estaba asombrada al ver la velocidad de su movimiento, bastante comparable a Munakata. El joven pelinegro bloqueó rápidamente su ataque, pero no fue lo suficientemente rápido como para manejar el resto de sus ataques de llamas.
El Rey Rojo casi quiso alabar al Perro Negro por poder contener algo de su fuego, pero con facilidad logró conectar un golpe en el estómago de Kuroh, que tosió un poco de sangre con la respiración entrecortada mientras Mikoto observaba impasible.
Esta pelea era tan infantil que no pudo hacer hervir su sangre. Era casi como si estuviera abusando de los débiles. Con el dorso de su mano, Yatogami limpió la sangre de sus labios mientras Mikoto inclinó un poco su cabeza y sofocaba un bostezo.
—¿No es hora de que saques tu espada?
Kuroh parecía como si estuviera en un dilema para desenvainar su espada. Mikoto resopló sin piedad y en el siguiente segundo, se había desvanecido de la vista del joven, saltando en el aire mientras dirigía sus golpes a la cabeza de Kuroh, que gracias a sus reflejos se apartó del camino saltando hacia atrás, justo a tiempo de evitar el lugar donde se formó un pequeño cráter en el suelo, el mismo lugar donde había estado parado antes. Pero Mikoto no le dio suficiente tiempo para prepararse y defenderse de su siguiente golpe que conectó en la mejilla de Kuroh y un ruido de un hueso al quebrarse hizo eco tan fuerte que incluso Seri se estremeció ante el sonido.
El vasallo del Rey Incoloro quedo tirado en el suelo sobre su estómago, luchando por recuperarse del golpe y pararse, pero antes de que pudiera hacerlo, Mikoto piso su espalda con fuerza y luego se inclinó para agarrar a Kuroh por la cabeza.
—Ahora dime, ¿es él el asesino? ¿Es realmente el Rey Incoloro?
Totsuka le había dicho que Munakata llamó al joven estudiante como el Rey Incoloro en esa fatídica noche. Mikoto se sorprendió al principio, pero ahora tenía la oportunidad de confirmarlo.
Kuroh se giró rápidamente para golpear a Mikoto ante la pequeña apertura, pero éste se puso de pie rápidamente y le dio una fuerte patada al joven en la parte posterior de su rodilla izquierda. El pelinegro una vez más quedó arrodillado en el suelo, apretando los dientes para soportar el dolor, pero a pesar de eso se atrevió a mirar a su oponente y dijo provocativamente:
—Estoy a punto de averiguarlo. Nadie pondrá una mano sobre él hasta que lo descubra.
—No soy un hombre paciente —Mikoto lo observó con una fría mirada. —¿Realmente vale la pena que arriesgues tu vida?
El oponente frente a él sonrió brevemente casi de manera patética, tanto que Mikoto estaba listo para sacarlo de su miseria, cuando de repente las luces de la arena se apagaron y se quedaron en la oscuridad.
Mikoto parpadeó dos veces para ajustar su vista con el repentino cambio de ambiente y por el rabillo de sus ojos, distinguió un destello de luz blanca envolviendo a Isana desde la zona de asientos del estadio. El albino se destacaba como una luciérnaga en la oscuridad. El rey pelirrojo gruñó feliz al verlo.
—¿Entonces tú también estás listo para morir?
Kuroh pareció angustiado al ver a Shiro regresar por él. El tonto había desperdiciado su esfuerzo en ganar tiempo para dejar que escapara y ahora que nada se interponía entre Mikoto e Isana, sin duda, el Rey Rojo lo mataría sin una pizca de compasión.
—Bueno, supongo que no puedo dejar a mis amigos atrás, ¿verdad?
Isana sonrió tristemente al presenciar las terribles heridas que había sufrido su amigo. El líder de HOMRA puso sus ojos inexpresivos sobre su presa. De alguna manera, Isana se veía diferente al chico del video; un poco gentil y más como un mentiroso en lugar de un asesino, pero decidió que, si compartían un rostro similar, no se molestaría con los detalles.
El hombre de cabello plateado juntó sus manos frente a su cara, haciendo un gesto de disculpa.
—¡Lo siento, Kuroh por haberte mentido todo este tiempo! La verdad es ... éste es quien soy.
Un resplandor de luz blanca apareció entre sus manos, y se hizo más grande tomando la forma de una espada… una Espada de Damocles que los asombro con una luz cegadora que se elevó en el aire para sorpresa de Mikoto.
Aparentemente, él no era fue el único que estaba asombrado por la repentina e impactante visión, ya que todos los que estaban cerca levantaron sus cabezas para observar la nueva espada que aparecía en el aire.
Al siguiente instante, Isana lanzó un ataque ligero a gran distancia hacia Mikoto que rápidamente lo detuvo con su aura roja. Sus poderes colisionaron entre sí, defendiendo y atacando al mismo tiempo. Aprovechando su oportunidad, Kuroh se liberó con rapidez del control de Mikoto y le propinó un golpe en la mejilla antes de correr hacia la salida.
Las auras se arremolinaban una contra la otra con la misma fuerza y se desvanecían en el aire. En un abrir y cerrar de ojos, Isana se había evaporado, dejando sólo las luces rosadas y los pétalos de flores en el viento.
Mikoto quitó el hilo de sangre que provenía de un corte en su labio, herida que había sido provocada por el golpe de Kuroh y escupió la sangre. Estuvo callado por un momento, tratando de contener su ira. No sólo el Rey Incoloro lo engañó como un tonto con tal ilusión, el Perro Negro incluso había logrado asestarle un golpe. Cerró los ojos por un breve momento antes de que su aura resplandeciera a su alrededor y comenzará a unirse al juego de caza a un ritmo lento. Seri estuvo a punto de intervenir para evitar que el Rey Rojo perdiera el control y enloqueciera, pero la expresión de sed de sangre en el rostro de Mikoto la detuvo.
—Teniente, ¿deberíamos detenerlo?
Su escuadrón decidió preguntar. Un leve estremecimiento se escuchó en su voz cuando ella respondió:
— No. Déjalo.
El resto de Scepter 4 asintió en señal de reconocimiento y envainó sus espadas antes de que se reunieran para ayudar a los escuadrones en el perímetro exterior.
Mientras tanto, Kuroh se había reunido con Isana y se abrió paso a través del perímetro exterior protegido por el Scepter 4 y por un grupo de HOMRA, pero incluso escapar le había quitado la mayor parte de su energía ya que también tenía que incapacitar a los miembros de ambos clanes para salir.
Neko había estado ejerciendo su habilidad al manipular la percepción sensorial de las personas a su alrededor para ayudarlos a huir, y su rostro estaba un poco pálido y se veía agotada. Habían estado corriendo por un tiempo hasta alejarse lo bastante del estadio, después de todo, su mayor amenaza era un rey, por lo que no podían permanecer relajados.
Sin embargo, incluso el respirar comenzaba a producir dolor en el pecho de Kuroh que, se inclinó apoyando la espalda contra la pared, deslizándose para sentarse en el sucio suelo de un pequeño callejón oscuro. Kuroh no dejaría que la gente viese su debilidad, por lo que tranquilamente les dijo que él estaría bien.
Mientras esperaban, Isana planteó solemnemente el tema de la capacidad de Neko como una strain y, como resultado, Kuroh tuvo que explicarle que era muy probable que la memoria de Shiro haya sido falsificada y manipulada por nada menos que la muchacha de cabello rosado.
Sin embargo, no había miedo ni desdicha en la cara de Isana cuando supo la verdad. Incluso le pidió a Neko que le devolviera todos sus recuerdos, a pesar de las consecuencias que podría tener que soportar.
Y todas las escenas de su pasado fueron rebobinadas como el rollo de papel de una aburrida película, mostrándole de su vida cotidiana hasta cuando conoció a Neko, en una noche de luna llena en un colchón dentro de la sala de almacenamiento del gimnasio de la academia Ashinaka. Con una leve convicción, la chica utilizó una vez más su poder y se sorprendió de sus propios recuerdos.
El escenario cambió abruptamente a una ventosa noche brillante. Apenas colgando en la compuerta de salida de un dirigible, Isana podía sentir el cruel viento soplando y jugando con su pequeña figura que flotaba en el cielo sin apoyo bajo sus pies. Pudo sentir el miedo apretando su corazón cuando estaba a punto de caerse de un dirigible a pleno vuelo.
Normalmente, cualquier humano moriría instantáneamente al caer desde esa altura. Empezó a perder la sensación y la fuerza en sus manos cuando de repente un guapo hombre de pelo plateado se paró frente a él y se burló maliciosamente mientras pisoteaba las manos de Isana.
—¡Adiós!
En ese instante, Isana abrió los ojos y miró a sus amigos con evidente confusión en su rostro. El chico sentía la necesidad de encontrar una pieza faltante de un rompecabezas, pero no podía reconocer su forma.
—¿Quién…era él?
Notas Finales de Yumechou:
Sí, lo sé, este capítulo es un poco aburrido. Traté de llenar los momentos donde Munakata debería haber aparecido en el anime, por lo que este capítulo es casi como una reinterpretación de los episodios de la serie, LOL.
Lo intentaré hacer lo mejor en el próximo capítulo. Están en su derecho de patearme por ser una lenta escritora de fanfics. Estoy decidida a terminar el próximo capítulo en dos semanas (eso es lo mejor que puedo hacer, lo siento). Ojalá. :d ¡Gracias por todo su apoyo, me mantienen motivada para escribir incluso en días tristes! : D *arroja chocolates alrededor*
Notas Finales de Lacrimosa Azul:
Como siempre, pido disculpas si hay algún error, ya sea ortográfico o gramatical, siempre se puede pasar algo por alto.
