Notas de Lacrimosa Azul:
Este es un capítulo corto, puede que suba el siguiente ahora xD
Nota de Yumechou:
Probablemente hay muchas pistas de múltiples parejas unidireccionales en varias partes de este fic, como Mikoto y Anna, Reisi y Seri o Fushimi, Kusanagi y Mikoto o Mikoto y Totsuka, porque me encanta escribir mis pequeños placeres culpables, mostrando que nuestros queridos reyes son amados y capaces de amar a muchas personas. LOL.
Perdón por haber actualizado muy, pero muy tarde. El mes pasado fue muy agotador. Recibí un examen de ingreso muy importante y detuve el trabajo de tiempo completo para asistir. Pero tengo muchas vacaciones este mes, así que puedo actualizar mucho más rápido. No, no me olvido de este fic y tengo plena intención de terminarlo, créanme. ^ _ ^
Y mi país y mi conexión a Internet nacional han decidido prohibir los sitios web de manga en línea. Que adorable. Como si pudieran evitar que los niños menores de edad leyeran material para adultos de alguna manera. Maldición. Esta ley sólo da más problemas que seguridad para las generaciones futuras. Tontos.
Capítulo 6: Contrarreloj
Publicación Original mayo 2014
"Algún día me preguntarás ¿qué es más importante? ¿Mi vida o la tuya? Diré la mía y te alejarás sin saber que tú eres mi vida."
Kahlil Gibran (1883 - 1931)
Kusanagi suspiró mientras limpiaba exhaustivamente su amada colección de botellas de cristal de vinos. Desde lo ocurrido aquel día en el estadio, Mikoto había estado de muy mal humor. A pesar de ellos trataron con todas sus fuerzas atrapar al Rey Incoloro, el Scepter 4 y HOMRA no tuvieron ninguna posibilidad de capturar al deseado trío.
La manipulación de la percepción de la muchacha strain interrumpía las comunicaciones, causando falta de coordinación entre ellos e incluso, el herido Perro Negro les hizo pasar por grandes problemas para atrapar al malvado rey.
Y para su consternación, Mikoto de un solo golpe de furioso fuego, había derrumbado la mitad del estadio en una pila de polvo. Seri le envió una furiosa protesta por mensaje de voz después. Sin embargo, los criminales pudieron escaparse de ellos. Y ahora habían vuelto al inicio de su investigación.
Desde la noche en que Totsuka y Munakata tuvieron sus accidentes, había ojeras alrededor de los ojos de Mikoto. Habían pasado días desde que tuvo un sueño tranquilo y el insomnio empeoró después de lo ocurrido en el estadio. Kusanagi no sabía qué tipo de pesadilla solía atormentar sus sueños, pero estaba convencido de que el Rey Rojo estaba bastante preocupado por perder el control de su poder en un momento de imprudencia, devorando sin querer todo lo que amaba y que había jurado proteger.
Mikoto estaba actualmente demasiado absorto en su ira, tanto que no podía contener la llama dentro de su alma y ahora no tenía a nadie a quien acudir en caso de que sucediera el peor de los casos. Mikoto se había dado cuenta completamente de esto, y esa era la razón de su inquieto sueño. Estaba de pie ante una delgada línea y gastaba energía extra al ser extremadamente cuidadoso de no perderse ni siquiera en sus mundos imaginarios.
Cuando las pesadillas causaron un gran impacto en la mente de Mikoto, Anna se deslizó silenciosamente bajo la manta para dormir a su lado, esperando que él le compartiera su dolor y miedo. El pelirrojo simplemente apoyó su mano en sus cabellos blancos, antes de fingir dormir sólo para calmarla. Pero Anna notaba su amabilidad. Su corazón lloraba por eso, y termino fingiendo no darse cuenta de sus dulces mentiras para que Mikoto no se preocupara por ella, decidida a seguirlo incluso si él estaba en el camino al Infierno. Ella estaría allí para decirle que sería su fiel compañera, y que no estaba solo, sin importar cuál sería su destino. Y con eso, Mikoto usó toda su fuerza de voluntad para no perder su autocontrol y arrastrarla a la aniquilación junto con él.
Al final del día, ninguno de ellos realmente consiguió pegar un ojo. Kusanagi estaba seguro de que su amigo encontraría algo de consuelo en el afecto de la pequeña dama, pero no podía saber con seguridad por cuento tiempo ella podría mantener la llama de Mikoto en calma.
Al día siguiente después de esas noches agitadas, el pelirrojo no se encontraría en los cómodos asientos de HOMRA ni en sus lugares favoritos para la siesta. Kusanagi tenía su sospecha de que su rey había ido a la residencia del Rey Dorado por razones más que obvias, sin embargo, él nunca trató de entrometerse. El cantinero de cabello ámbar tampoco hizo ningún comentario sobre sus constantes desapariciones, ya que siempre se veía mucho más tranquilo cuando regresaba, por lo que esto debía tener buena influencia para él. Cualquier resto de consuelo que Mikoto necesitara, ellos se lo darían.
Le dolió a Kusanagi darse cuenta de que, en este momento, no podía hacer mucho para calmar la fuente de la ansiedad de Mikoto. Su rey siempre había temido a su poder y de lo que era capaz, pero se había mostrado más tolerante consigo mismo cuando descubrió su contención. Munakata Reisi siempre había sido el freno de emergencia de Mikoto por más de una vez, para disgusto de Kusanagi, y por mucho que se sintiera ofendido por no haber podido ayudar a su amigo en esos momentos críticos, sabía que el Rey Azul no tenía la intención de dañar a Mikoto para detenerlo. HOMRA siempre sería el consuelo de Mikoto; para confortar su fuego y dejarlo cálido. Pero cuando la llama se volvía salvaje, sólo el agua podía luchar contra el fuego para apagarlo.
Ahora que se habían quedado sin agua, y sólo podían rezar para que el fuego latente no se encendiera.
Kuroh negó con la cabeza en señal de desaprobación.
—¡Es imprudente! Te das cuenta de que ellos han puesto una gran recompensa sobre tu cabeza, ¿verdad? —dijo mientras agarraba con firmeza los hombros del hombre más joven, mirándolo directamente a los ojos ambarinos. —Antes de que puedas hablar con él ¡Ese hombre te mataría!
Isana sonrió un poco antes de esconder su expresión bajo la sombra de su paraguas rojo.
—Tengo que hacer esto —su voz se estremeció un poco cuando declaró su determinación. —No recuerdo mucho, pero estoy seguro de que tengo que aclarar todo para reiniciar mi vida con un borrón y cuenta nueva. O de lo contrario no podría avanzar.
La strain pelirosa enredó sus delgados brazos en el brazo de él, tratando de mostrar apoyo a su decisión. Isana giró su cabeza hacia ella y la recompensó con una sonrisa de agradecimiento. El vasallo de cabello negro sólo pudo suspirar derrotado y se frotó la frente, tratando de calmar el creciente dolor de cabeza sin éxito.
—Entonces…¿Cuál es tu plan?
Isana giró su paraguas bloqueando la luz del sol detrás de él con una sonrisa de lado.
—¿No es obvio? Necesito el número de teléfono del Rey Rojo.
—¿No podemos simplemente contactar a los azules en su lugar? Tienen más autoridad en la seguridad de la ciudad de Shizume —sugirió el pelinegro como una alternativa.
Por mucho que estuviera en contra de la idea de involucrar al Clan Azul o al Rojo, siempre era mejor no estar relacionado con un Rey y actualmente sólo el Clan Azul no tenía al suyo. O esa era la deducción a la que ellos habían llegado, ya que, al parecer, el Rey Azul había sido herido de muerte en el incidente que involucraba al sospechoso Isana Yashiro, ya que hasta ahora Munakata no había sido visto en la ciudad, a pesar de que recientemente el Rey Rojo estuvo bastante activo.
—No funcionara. Si lo que has dicho es cierto y el hombre en ese dirigible es realmente el primero y el Rey Plateado, entonces los azules sin su rey ni siquiera tendrían el poder o el coraje para obtener una audiencia con él sin usar la autoridad de otro rey —el estudiante sacudió la cabeza con calma mientras hacía girar su paraguas. —Pero, aun así, ¿qué te hace pensar que incluso te escucharía a ti?
—Si tengo que entregarme a cambio, tendrán menos probabilidades de rechazarme, ¿no? —respondió Isana con firmeza después de haber guardado silencio por un momento.
Kuroh estaba a punto de abrir la boca para replicar, pero Isana puso su dedo sobre sus labios, lo que hizo que un leve rubor apareciera en las mejillas del vasallo del anterior Rey Incoloro.
—No significa que me rendiré voluntariamente sin aclarar las cosas primero. Es sólo una táctica para que el clan rojo se mueva.
El Perro Negro estaba tan disgustado que deseaba poder darle sentido común a la mente de Isana y hacerle ver que estaba jugando un juego peligroso, y que la apuesta acumulada era descuidadamente alta.
Pero el posible "actual Rey Incoloro" no cambiaría su plan. Este hombre era todo un enigma para él. Al principio, pensó en Isana nada más como un rey malvado del que tenía que deshacerse, según la última voluntad de su difunto maestro. Pero cuando lo encontró por primera vez, pensó en el albino como un mentiroso y ahora que se había familiarizado con él durante varios y preciosos días, descubrió que era el enigma más complicado y que tenía que resolver pronto.
Isana era realmente un mentiroso inteligente, con una excelente capacidad para persuadir. Pero también era compasivo, y parecía ser una existencia solitaria, pero que no deseaba nada más que la presencia de otros. Le resultaba difícil pensar en un hombre como él siendo un hombre de frío corazón, de quien se rumoreaba que había intentado matar a un miembro de HOMRA y, además, había herido al Rey Azul. Sin embargo, todavía no podía entender qué tipo de persona era Isana Yashiro y que era lo que pensaba.
—Considérelo hecho. Simplemente no dejes que te maten antes de que termine mi evaluación de ti —lo único que Kuroh pudo hacer fue cerrar sus ojos y suspirar.
—Gracias, Kuroh. —Isana le respondió con una de sus más maravillosas sonrisas de gratitud, para la vergüenza del pelinegro.
Anna dejó caer sus canicas carmesíes en el mapa de la ciudad. Kusanagi estaba acompañándola a su lado, cuando de repente recibió una llamada telefónica. La pequeña strain ni siquiera apartó sus ojos del mapa, concentrándose por completo para usar su habilidad y así localizar a su objetivo. Las canicas rojas daban vueltas lentamente en el mapa, como si sustituyeran sus ojos para buscar en cada rincón de la ciudad. Siguieron moviéndose sin un objetivo, tratando de encontrar el débil rastro del enemigo.
Kusanagi se quedó en silencio por un momento cuando escuchó a la persona que llamaba antes de reírse suavemente.
—¿Entonces finalmente han hecho un movimiento? Pensé que serían lo suficientemente inteligentes como para permanecer ocultos mientras los buscamos.
Al otro lado de la línea, Yata se apoyaba en la pared de un pequeño y oscuro callejón mientras respondía a su oyente.
—Sí, dijeron que fue el Perro Negro quien los atacó.
—Me pregunto cuál es ahora su intención...
La vanguardia roja reflexionó un momento antes de decidirse a darle toda la información que sabía.
—Aunque… el Perro Negro sólo tomó sus teléfonos. ¿Tal vez están tratando de contactarnos?
Kusanagi caminó hacia la larga mesa en su bar y se sentó en uno de los taburetes, tocándose la barbilla con un dedo mientras otra mano sostenía el teléfono junto a su oreja. Si bien Yata había hecho una válida conjetura, para esos chicos, el riesgo no superaría el beneficio, sin importar cómo lo viera.
—Ellos saben que estamos poniendo una gran recompensa por su cabeza. Ese plan no sería razonable a menos que necesiten un favor de nosotros.
Yata sacó una pequeña nota de su bolsillo, preguntándose si era un mensaje.
—Sin embargo, dejaron un mensaje. Dice 14:00
—Quizás tengan planeado hacer algo a esa hora —Kusanagi se frotó el cabello con los dedos en señal de frustración. —Gracias por tu arduo trabajo, Yata. Te llamaré después.
—Claro —y la línea se cortó.
Kusanagi guardó su teléfono y caminó hacia el lado de Anna.
—Puedes para, Anna.
Ella se detuvo abruptamente en su labor y giró su rostro hacia él con curiosidad. Sus grandes ojos de rubí nunca dejaban de encantarle con su luz hipnótica. Él sonrió gentilmente y le ofreció su mano a ella como si fuera un apropiado caballero, para así llevarla a la habitación de Mikoto, donde probablemente el rey tomaría una siesta.
—Creo que ellos intentarán contactarnos para acercarse a Mikoto. Esperemos con él, ¿Está bien?
Ella asintió un poco y obedientemente se dejó llevar al segundo piso, a la ha habitación de Mikoto.
Las escaleras de madera crujieron un poco cuando subieron para llegar al pasillo en el segundo piso. Al final del pasillo, una luz brillante se filtraba desde una habitación con la puerta abierta. Cuando estuvieron cerca de la entrada de la habitación de al fondo, Kusanagi soltó su mano, para dejar que la pequeña albina pudiera correr al lado de Mikoto. El cantinero de cabello ámbar se rió de su comportamiento inocentemente adorable, como un gatito que busca ansiosamente a su amo.
Cuando él entró en la habitación, ya había tres personas adentro. Mikoto tenía recostada su cabeza en el regazo de Totsuka, mientras que éste leía una novela que apoyaba en la frente de Mikoto. El Rey Rojo no se molestó en apartar el libro de su cara, por lo que Totsuka concluyó que Mikoto sólo buscaba una compañía tranquila, y siguió con su lectura.
El joven seguía avanzando con la historia a su usual ritmo en un silencio tranquilo, mientras que el otro brazo permanecía inmóvil en su yeso. Su cabello brillaba como un halo dorado mientras la luz del día fluía dentro de la habitación a través de la ventana de vidrio. La niña acababa de unirse a la pequeña fiesta, y ella trepó a la cama antes de acurrucarse junto a Mikoto, mientras inclinaba su cabeza ligeramente hacia el muslo de Totsuka.
El hombre de cabellos dorados se rió en silencio por su comportamiento, buscando calor y tranquilidad mientras tomaba la siesta como una gatita doméstica. Totsuka luego levantó los ojos para encontrarse con Kusanagi que tenía una sonrisa amable.
—¿Qué tal si te unes a nosotros en esta pequeña cama?
Kusanagi bufó de buen humor y entró.
—No, será un fastidio comprar una nueva cama si esta se rompe.
El joven se rió de su respuesta y tocó ligeramente la frente de Mikoto con la tapa de su libro. Miró al hombre de pelo carmesí y lo regañó gentilmente.
—Ya lo escuchaste, King. Esta cama no sobrevivirá a nuestro peso.
Mikoto sólo respondió con una suave queja antes de espabilarse de su siesta para después sentarse en el borde de la cama al lado de Totsuka. Sus ojos todavía estaban medio cerrados ya que no estaba completamente despierto de su sueño.
Por mucho que Kusanagi quisiera dejarlo tener un dulce momento para así regresar a la realidad, no tenía mucho tiempo para anunciar su descubrimiento, ya que casi era la hora mencionada en el mensaje dejado por Yatogami Kuroh. Sin mucha pena, cerró la puerta detrás de él y transmitió lo que acababa de escuchar de Yata.
—El Perro Negro ha aparecido en la ciudad.
Y con esa única frase, Mikoto repentinamente giró su cabeza para enfrentar a Kusanagi mostrando que él ya estaba completamente alerta.
—¿Qué?
Imitando su respuesta, Anna también se levantó, dejando que sus piernas colgaran del lado de la cama.
Kusanagi apoyó la espalda en la puerta de madera y sacó su teléfono.
—Se enfrentó a algunos de los nuestros, robó sus teléfonos y nos ha dejado una nota que sólo tenía escrito 14:00. Sin embargo, no sé lo que están tratando de lograr haciendo eso. Supongo que quieren decirte algo.
Repentinamente, la atmósfera en la habitación se hizo sofocante y Totsuka decidió aliviar algo de la tensión poniéndose de pie frente a sus amigos que estaban en la cama y les dio palmaditas en las cabezas de Mikoto y de Anna alternativamente.
—Vamos, no seas tan serio. ¡Nadie va a querer hablar contigo si pones semejante mirada asesina, King! —Totsuka le reprochó severamente con una sonrisa en los labios.
Mikoto le lanzó una mirada breve que mostraba irritación. Tatara en respuesta, colocó una mano frente a su pecho en señal de defensa fingida, mientras se reía sin una pizca de miedo aparente en su rostro. A veces, Kusanagi estaba más que sorprendido del coraje del rubio al enfrentar el temperamento explosivo de Mikoto. Nunca tenía miedo de hablar lo que pensaba, incluso si eso le generaría un doloroso chichón en la cabeza.
—No ganarás nada si sólo actúas violentamente. Hablemos primero con él.
—Te lastimó —murmuró Mikoto en voz baja.
Totsuka extendió su brazo sano con optimismo mientras respondía.
—¡No importa! Él puede tener un hermano gemelo o un clon malvado que fue quien realmente hizo esto. Podríamos haber perseguido al tipo equivocado todo este tiempo. Y tal vez este chico es en realidad una buena persona que quiere ayudarnos.
—Totsuka, creo que leíste muchas novelas policíacas... —dijo Kusanagi mientras tosía débilmente al oír eso.
Luego, el joven rubio se acercó con entusiasmo y agarró al camarero por el hombro casi demasiado en serio para una persona como Totsuka. Sus ojos brillaban con pasión.
—El detective nunca debe ser engañado por lo que él quiere ver.
Anna aplaudió distraídamente ante su repentina exclamación en aquel momento inadecuado. Kusanagi miró a la joven, que sólo le respondió con una mirada inocente, como diciendo "¿Qué? Él está haciendo una buena declaración". Fue una tontería por su parte pensar que Anna lo ayudaría a darle un poco de sentido al ingenuo cerebro de Totsuka. Estaba claro que todo HOMRA sabía que Anna siempre se pondría del lado de Totsuka. Y del lado de Mikoto.
El silencio fue casi insoportable por un momento antes de que Mikoto finalmente suspirara derrotado, para luego sacar su teléfono de su bolsillo. Simplemente lo miró por un momento de duda, antes de arrojarlo a Kusanagi.
—Bien. Pero hablaras tú.
Kusanagi exhaló, rindiéndose a su destino siendo el mediador. Otra vez. Pero siempre fue su especialización, ya que hacía un mejor trabajo para entablar diálogos que su rey.
—Aquí vamos —tomó el teléfono de Mikoto y se apoyó contra la pared mientras esperaban a que pasara el tiempo.
Sin perder ni un segundo, Totsuka volvió a abrir su libro y comenzó a leer sin preocuparse de la situación actual, mientras Anna se acercaba a él para ver qué había estado ocupando su mente durante todo este mediodía.
Haciendo caso omiso de esos dos, Mikoto se acostó otra vez en la cama y fingió dormir un poco mientras les daba la espalda. El cantinero, para pasar el tiempo, había comenzado a enviar mensajes cortos a algunas muchachas de las que no recordaba del todo sus rostros, ya que Seri había estado demasiado ocupada estos días, y ella le advirtió con frías palabras que ignoraría todos sus llamadas y mensajes de texto.
El tictac del reloj en la habitación era demasiado ruidoso para ignorarlo, especialmente cuando el silencio llenaba el lugar. Después de unos minutos que pasaron casi dolorosamente, las agujas del reloj apuntaban las dos. Totsuka miró la espalda tensa de su rey, sabiendo perfectamente que la espera lo estaba poniendo nervioso. Sin embargo, pasó un minuto y aún no sucedió nada. Ni siquiera había recibido una llamada de los otros miembros.
Kusanagi estaba a punto de hablar con ellos de que probablemente era un engaño cuando para su sorpresa, el teléfono en su mano vibró repentinamente. Los tres lo miraron instantáneamente, casi diciéndole que tomara la llamada sin palabras. Él asintió hacia ellos y colocó el teléfono en modo de altavoz para que todos pudieran escuchar su conversación.
—Si, habla Kusanagi.
—¿Ah? Kuroh, ¿qué debería hacer? Creo que he marcado el número equivocado... —cómo Kusanagi esperaba, pudo escuchar la suave voz que seguro pertenecía a un adolescente.
El resto de los presentes parecía confundido. El chico que había llamado parecía estar bastante distraído para hablar tan despreocupadamente en una situación tan grave, incluso hablándole a un rey. Anna inclinó su cabeza casi maravillada ya que su voz ni siquiera sonaba maliciosa. Pero Mikoto frunció su ceño como un león molesto, ya que pudo reconocer fácilmente al dueño de esa voz.
Kusanagi tosió por un momento incómodo y respondió educadamente.
—Sí, este es el teléfono de Suoh Mikoto. Pero él no está disponible en este momento, por eso su teléfono está en mi poder. ¿Quieres dejar un mensaje?
Mientras respondía, escribió algunos mensajes en su propio teléfono y se los envió a los otros miembros del clan rojo para que usaran su GPS para identificar la ubicación del culpable.
—Hmmm...
El joven se detuvo un poco, tanto que el barman temía que este último desconectara la llamada inmediatamente antes de que pudieran localizar su ubicación desde el GPS del teléfono robado.
—Bueno, fue problemático para Kuroh conseguirme este teléfono, así que será mejor que haga mi parte, ¿verdad? Entonces, ¿podrías dejarme hablar con él?
—Te dije que actualmente está ocupado. Puedes hablar conmigo.
—Eres Kusanagi Izumo, la mano derecha de Rey Rojo ¿verdad? Creo que está bien si habló contigo —preguntó el joven estudiante alegremente, y de alguna manera, su personalidad le recordó a alguien que estaba sentado en la cama frente a él con un libro en su regazo. Totsuka sólo le devolvió una mirada inquisitiva.
—Seré breve. Hay un hombre en una aeronave que está directamente involucrado en este intento de asesinato, especialmente con respecto a mi situación como sospechoso cuando no sé nada al respecto.
—Bueno, creo que tenemos pruebas más que suficientes de tu culpa, ¿no crees? —casi al instante, Kusanagi objetó con un tono de burla —decir que no eres el culpable es ridículo, así como intentar culpar a otra persona que no está relacionada con el caso, eso es realmente bajo.
El barman pudo escuchar el sonido que hace la ropa al moverse desde el otro lado de la llamada telefónica. El culpable debe haberse encogido de hombros ante su acusación.
—Bueno, es posible que no me creas después de ver ese video. Pero digo la verdad sobre no saber algo al respecto y, en realidad tengo una prueba de que yo me encontré con ese hombre en la aeronave esa noche.
Kusanagi no estaba preparado para que la conversación diera este giro. ¿Por qué ese joven de repente mencionó al legendario primer y Rey Plateado?
—¿Sabes quién es ese hombre en la aeronave?
—Podría decir que conozco bastante sobre él —el chico se rió entre dientes mientras respondía descuidadamente.
—Entonces es absurdo de tu parte asegurar tu inocencia simplemente al decirnos que conociste a una persona tan importante esa noche —Kusanagi arregló sus anteojos y trató de no sonar tan amenazante como para asustar al joven estudiante. —Sería mejor si te entregas y aceptaras la responsabilidad de tu crimen.
—Hmm ... dudo que me dejes vivir el tiempo suficiente como para demostrar mi inocencia —Isana se detuvo por un breve momento antes de finalmente tratar de negociar. —Es por eso por lo que me rendiré si me ayudas a contactarme con el hombre en la aeronave. ¿Qué tal eso?
Kusanagi miró los ojos dorados de Mikoto y su rey sólo lo miraba sin emoción, preguntándole por qué seguían con la conversación cuando deberían perseguirlos y atraparlos. Sin duda, el Rey Rojo no tenía interés en negociar con el culpable. Pero el rubio no podía dejar pasar la oportunidad. Algunas cosas funcionaban mejor al negociar en lugar de tratarlas en el campo de batalla.
—No puedo evitar preguntarme por qué irías tan lejos para conocer a ese hombre. Te diré de antemano que, para un criminal como tú, esta es una petición bastante complicada. Estoy bastante seguro de que ustedes romperán su promesa una vez que hayamos cumplido con su demanda.
Izumo replicó casi con prisa. Ni siquiera estaba seguro del por qué se dejaba convencer por este criminal, pero su instinto le decía que estaba haciendo lo correcto si querían capturarlo.
—Tan poca confianza, pero tal vez me dejé llevar —Isana sólo pudo reír débilmente.
Kusanagi estaba a punto de confiar en su intuición y cancelar el trato cuando sintió un tirón en la manga del brazo que sostenía el PDA. Totsuka lo miraba con firme determinación, indicándole que aceptara el término de Isana. Izumo no pudo más que mirara al hombre ingenuo casi exasperado. Incluso Mikoto parecía escéptico al hacer el trato con el chico que estaban intentado con tanto esfuerzo encontrar y matar.
Además, si aceptaran su pedido, ¿cómo podía HOMRA lograr eso? Sería una historia diferente para el Scepter 4 ya que tenían autoridad legal sobre toda la seguridad de la Ciudad Shizume y el Rey Azul, para todos en HOMRA era bien conocido por ser el verdadero jefe de estado, claro, bajo la firme vigilancia del Rey Dorado, en lugar del primer ministro.
Munakata fácilmente hablaría con el mayor y modificaría algunas reglas en su beneficio. Pero para una organización pequeña como HOMRA en el mundo político, no tenían un modo para obtener una audiencia oficial con el Rey Plateado y eso significaría días de esclavitud para que él pudiera hacerlo de manera ilegal sin ser capturado por oficiales.
Totsuka estaba impacientándose por la forma lenta en la que Kusanagi estaba tomando la decisión, tanto, que rápidamente arrebató el teléfono de su mano y respondió precipitadamente:
—¡Aceptamos sus términos!
—¿Huh? Ehh… ¿Quién es? —el chico al otro lado de la llamada logró responder después de quedar por un momento aturdido.
Kusanagi inmediatamente trató de recuperar el teléfono de la posesión de Totsuka tratando de ser cuidadoso con sus heridas, pero el hombre delgado lo evadió rápidamente y comenzaron el juego de persecución dentro de la pequeña habitación. Mikoto suspiró con fastidio mientras Anna sonreía al verlos. Se suponía que esta era una situación grave, pero la atmósfera ciertamente no se sentía como tal y Totsuka era el responsable de ello.
—Perdona mi rudeza, soy Totsuka Tatara. Se supone que estaría muerto si aquella noche en la que me atacaste hubieras tenido éxito, bueno, si realmente tú eres el culpable.
—¿Ehh ?! —el joven estudiante casi gritó sorprendido por teléfono. —¿Todavía estás vivo? Gracias a Dios ... pensé que estabas muerto ya que todos me estaban persiguiendo.
—Bueno, no fui el único herido esa noche, por eso King está enojado —Totsuka se rió mientras empujaba a Kusanagi con su pierna ya que su otro brazo todavía estaba imposibilitado, pero, por el rabillo del ojo, pudo sentir la creciente irritación por la vergüenza que emanaba de Mikoto, por lo que decidió callarse. —De todos modos, dije que lo ayudaríamos a interrogar al hombre de la aeronave. A cambio, tú y tus amigos se entregarán y nos contarán la verdad de lo que ocurrió esa noche, ¿verdad?
—Si, ese es el trato.
Izumo sintió que su propio teléfono vibraba y leyó los mensajes que estaban indicándole una autopista de Tokio. Le hizo un gesto seco a Totsuka y el rubio hizo un mohín antes de devolverle el PDA. La línea se cortó cuando el teléfono quedo en su mano.
—¿Por qué has hecho un trato con él? Él simplemente nos engañará como siempre lo hace —Kusanagi lanzó el PDA de regreso a la cara de Mikoto antes de que, en silencio, el pelirrojo lo tomara y se lo guardara en el bolsillo. —Y ahora, gracias a tu parloteo, también han descubierto que todavía estás vivo y pueden intentar hacerte daño otra vez.
Totsuka se encogió de hombros y se dejó caer en la cama junto a Anna.
—No lo sabemos con certeza. Si vuelve a intentarlo, seré el cebo para poder capturarlo. Incluso yo quiero saber qué fue lo que sucedido esa noche, ya que no puedo recordar. Tal vez podamos interrogarlo si logramos arreglar una reunión con él.
—¿Estás loco? No vamos a dejar que te encuentres con él, eso te lo seguro —le advirtió Kusanagi mientras le pinchaba la frente al rubio con un poco de fuerza. —Ahora sólo quédate quieto aquí con Anna.
No mucho después de hablar, su celular volvió a sonar. La dirección de la persona que llamaba era uno de los suyos. Presionó apresuradamente el botón de aceptar e instintivamente dijo:
—Si, aquí Kusanagi.
—Lo siento, Kusanagi-san… no estaban aquí, hemos sido engañados.
—Bueno, claramente él es inteligente. Regresen al bar —Kusanagi se rascó la cabeza y suspiró con una pequeña sonrisa y, después de guardar su teléfono, se encogió de hombros y se acercó al borde de la cama con una expresión culpable. —Lo siento Mikoto. Han vuelto a escapar.
El rey pelirrojo se levantó ágilmente de la cama y salió por la puerta. Al pasar junto a su mejor amigo, golpeó ligeramente su hombro como diciendo "no te preocupes por eso". Kusanagi silenciosamente lo dejó irse mientras Totsuka inclinaba su cabeza y les sonreía.
—Deberías haber rechazado esa proposición —Seri casi suspiró con una mirada resignada, como si no quisiera nada más que dormir y olvidarse de todos sus problemas en sus sueños. —No tengo esa autoridad, incluso como el segundo al mando del Scepter 4.
Con el tiempo libre que tenía actualmente, sabía que ahora debería estar en su casa y dormir un poco en lugar de quedarse haciendo nada y beber alcohol en su bar favorito, ya que sólo ahí podía tomar su bebida favorita con frijoles rojos adicionales. Izumo la miró con simpatía y continuó limpiando sus copas.
—De todos modos, deberías descansar un poco, Seri. Parece que vas a colapsar pronto.
La rubia belleza cerró sus ojos por un breve momento y sus labios se curvaron en una suave sonrisa. Izumo de inmediato paró lo que estaba haciendo para observar la extraña y bonita visión que se quemó en sus recuerdos.
Seri se vestía bastante sencilla, con un vestido blanco y sedoso hasta el muslo, pero su belleza no palidecería por su elección de moda. Un simple collar de perlas adornaba su cuello de marfil, reluciendo como piedras de luna bajo la luz dorada en la mesa de la barra. Su pelo dorado y ondulado le caía sobre los lados de la cara y los hombros desnudos y blancos. Podía oler levemente el perfume a flores de ella, haciéndole preguntarse si ella se había lavado el pelo antes de venir aquí. Y pensar en ella de esa manera realmente lo avergonzaba.
Echó un vistazo a su cliente habitual, que actualmente estaba tomando su dulce momento para descansar sus ojos. Había chicas lindas rodeándolo, constantemente molestándolo, pero ninguna de ellas era tan intrigante como Seri y ninguna de ellas podía hacerle sentir algo más que un destello de interés como lo hacía ella.
Su comportamiento a menudo decía que era una mujer fría, aunque él entendía muy bien que, en cambio, era muy apasionada en todos los aspectos de su vida, como el fuego ardiente que siempre amó. Si ella no estuviera demasiado fascinada con el carisma del Rey Azul, se preguntó si ella se uniría a HOMRA. Sin embargo, esa idea no encajaba bien para ella, ya que era demasiado responsable y virtuosa con su justicia para unirse al Clan Rojo.
La Seri actual parecía ser frágil, como si estuviera caminando sobre una delgada cuerda que estaba a punto de romperse y su lado protector instintivamente se hizo presente. Le tomó todo su autocontrol no abrazarla de inmediato y ganarse una bofetada en la mejilla.
Izumo sabía la importancia de un hombre como Munakata, lo que aumentaba la confianza y la fortaleza de Seri para servir al público sin pedir recompensa. Sin embargo, el Rey Azul ya no estaba a su lado para apoyar con su solemnidad, y ahora él no estaba allí para inspirarla o alabar su trabajo. Izumo a veces se preguntaba si ella realmente consideraba a Munakata Reisi sólo como una figura respetada, muy parecida a un padre al que ella intentaba complacer y ser reconocida. Tal pensamiento en realidad lo hizo sentir muy celoso. No había nada más hermoso en el mundo para él que ser la persona más importante en el mundo de su amada.
Sin embargo, en este asunto romántico, sabía que tenía que compartir el mundo de Seri con Munakata, al igual que la mujer tenía que compartir su amor por ella y HOMRA, después de todo, no podía negar que en un mundo que, aunque fuera pequeño, no podían existir sólo dos personas, sin importar cuanto se amarán.
Se inclinó hacia adelante sobre la mesa que los separaba, rompiendo el tiempo de tranquilidad, y rozó ligeramente su suave mejilla con el dorso de su mano, juntando con suavidad sus frentes.
—Seri, pero esa persona parece estar relacionada con lo que sucedió esa noche. Mikoto ha aceptado ser responsable si surge un problema con el Rey Dorado, pero no podemos acercarnos al dirigible en el cielo sin que nos disparen primero las fuerzas de autodefensa sin tu ayuda.
El par de ojos azules se abrieron y miraron hacia abajo a la profundidad de su alma. Izumo podía ver todo el miedo y la vacilación en su mente.
—N-No puedo manchar el nombre de Scepter 4 cuando él no está presente. No es mi trabajo decidir, Izumo. Y este no es un asunto tan trivial.
Ella no se alejó para distanciarse, así que Izumo se permitió deliberadamente tomar sus manos frías para darle algo de seguridad.
—Entonces no asumirás ninguna responsabilidad por ello. Eso debería estar bien para ti, ¿verdad?
—¿Qué? —ella trató de apartar las manos de su agarre ante su sorpresa, pero él no la soltaría antes de que pudiera terminar sus palabras.
—Estoy diciendo que sólo necesitamos que nos permitas robar algunos de tus helicópteros.
—¿Por qué tienes que estar tú aquí?
La vanguardia roja fulminó con la mirada a su némesis. No recordaba cuando comenzó a gritarle a su ex amigo impulsivamente. En aquel entonces en la escuela secundaria, sus ojos siempre lo perseguían para atrapar su figura y seguirlo devotamente como si fuera su único mundo. Ahora sólo podía ver el rojo cada vez que su ex mejor amigo aparecía ante él.
Saruhiko miró a Misaki por un breve momento antes de arreglar su uniforme e ignorar fingidamente su ira.
—Es posible que la teniente nos haya dicho que dejemos que los vándalos se lleven algunos de nuestros helicópteros para una misión desesperada, pero no dejaré que destruyan nuestros recursos debido a su idiotez. Los miembros del Scepter 4 pilotarán nuestros helicópteros. Sólo tienes que disfrutar el viaje.
—¿Qué demonios? ¿A quién estás llamando estúpido? —Misaki abruptamente agarró el cuello del joven de pelo negro.
—Bien, ¿Sabes cómo se debe pilotear un helicóptero, Mi-sa-kiii? — se burló Saruhiko mientras se arreglaba las gafas, completamente indiferente por la intimidación.
—Urgh… —Misaki por reflejo dio un paso atrás, dando indirectamente la respuesta que este último había pedido. Quería golpear esa cara de presumido sonriente.
—¡Debe ser fácil como en los videojuegos! ¡Sólo necesito algo de practica!
El soldado azul se dio una palmada en la frente y suspiró profundamente.
—Yo lo volaré —antes de que el chico de su interés pudiera replicar, agregó rápidamente con una mirada intensa a través de sus gafas. —y eso es definitivo.
El adolescente pelirrojo se alejó furioso; sin embargo, se dirigió al interior del helicóptero designado. Cruzó las manos frente a su pecho, y una expresión de resentimiento era evidente en su rostro, aunque se aseguró de no mirar siquiera un segundo al testarudo piloto. Saruhiko sólo resopló con una pequeña risa y siguió a su ex-amigo.
Su largo cabello plateado brillaba bajo la luz de la luna llena que se podía ver a través de la ventana de vidrio de su dirigible. Una sonrisa malvada apareció en su hermoso rostro y con evidente alegría. Agarró la mano de suave piel de una mujer entre la suya. Rápidamente giró a la muñeca rota en sus brazos y bailaron como una demente pareja en una loca fiesta. Cuando sus pies se detuvieron, varias pantallas se iluminaron, mostrando la vista nocturna de la ciudad.
Estaba bastante entretenido con este repentino cambio de evento. Finalmente, el clan azul había hecho su movimiento, y se preguntó si el Rey Azul en realidad había logrado sobrevivir a la caída. Sin embargo, debido al daño recibido esa fatal noche, probablemente no fuera capaz de oponer mucha resistencia si decidía perseguirlo. Podrían ser reyes, pero sus cuerpos seguían siendo mortales, a excepción del primer y único Rey Plateado. No había forma de que el Rey Azul pudiera recuperarse de su lesión con tan sólo un par de semanas.
El hombre de pelo plateado abrazó a la mujer en sus brazos y sonrió ante su brillantez. Pudo haber fallado en matar a ese miembro del clan rojo, pero ese hombre le había servido bien al tener éxito para infligir una herida crítica en el Rey Azul. Ahora sería su mejor oportunidad de causar caos y obtener esa aura azul como propia. Después de todo, el clan rojo probablemente ya estaba demasiado ocupado persiguiendo al verdadero Rey Plateado. Una vez que hubiera devorado el poder del Rey Azul, estaría en igualdad de condición para luchar contra el Rey Rojo para debilitarlo y así también poder poseer su aura roja. Su deseo de dominación mundial ya no estaría fuera de su alcance.
La repentina y brillante luz blanca fluyó dentro del recinto a través de los cristales y cegó al propietario del dirigible. En lugar de tener miedo, el hombre de cabellos plateados alzó los brazos al aire con una feliz risa como si la luz fuera para su fiesta.
—¡Más cerca! ¡Más cerca!
Y sin una pizca de tacto, apretó un botón y el fuerte sonido de una explosión surgió después como si un gran fuego artificial hubiera estallado en el cielo. El firmamento pronto se vio envuelto en fuego cuando el dirigible cayó y se estrelló contra la tierra de la que había partido desde hace años. Las ventanas de plata se hicieron añicos y llovieron sobre él, arañándolo por toda su pálida piel.
—Tsk, como esperaba. Este cuerpo ya no posee su inmortalidad —habló para sí mismo con fastidio el Rey Incoloro y miró hacia la brillante luna blanca con absoluta alegría. —¡Ahora, comencemos la fiesta! ¡Lo hemos estado posponiendo demasiado! Iré por ti, mi querida princesa azul.
Notas Finales de Yumechou:
Perdónenme por la ausencia de Reisi en este capítulo. Les prometo un exceso de Mikorei en el próximo. * reverencias * Y a partir de ahora, este fic no colisionará con el animé por más tiempo.
Notas Finales de Lacrimosa Azul:
Definitivamente subiré otro capítulo~~
