Notas de Yumechou:
¡Gracias por todos los comentarios, favoritos y seguidores! Un agradecimiento especial para los lectores que han comentado fielmente y me han estado animando para que escriba más durante todo este tiempo. Aquí va el próximo capítulo, y este, estará lleno de MikoRei. Lo siento, tengo dos ideas para la trama en mi cabeza, y simplemente no puedo decidir cuál es mejor, así que me lleva un tiempo actualizarlo. Bueno... he decido ir con este. Espero que les guste~
Oh, claro, he decidido cambiar mi seudónimo porque ese es mi nombre de artista, y es una gran molestia tener múltiples avatares. ¡Y finalmente tengo Intuos 5! Déjenme decirles, no compren "bamboo fun" si tienen dinero extra. Vayan por Intuos * _ *! Lamento el momento en que compré bambú, pero en aquel entonces todavía era una niña, sin trabajo ni dinero, y no pude pagar una Intuos. Sollozo…
Disclaimer: ˹K˼ sólo me pertenece en mis sueños es solo mío en mis sueños. Eso espero…
Notas de Lacrimosa Azul:
No mucho que decir, sólo aclarar que Bamboo Fun e Intuos 5 son tabletas gráficas :D
Capítulo 7: No me olvides
Publicación Original mayo 2014
"A veces, cuando sacrificas algo precioso, en realidad no lo estás perdiendo. Sólo lo estás pasando a otra persona".
The Five People you Meet in Heaven - Mitch Albom (1958-presente)
El Rey Rojo estaba de pie ante el alto edificio, y chasqueó la lengua con fastidio. Sólo unas horas después del incidente en el que el Himmelreich se había desplomado, los guardianes con máscaras de conejo visitaron HOMRA y le entregaron una invitación oficial enviada directamente por el Rey Dorado. El cómo había descubierto tan pronto ese viejo, que todo el incidente había sido culpa del clan rojo, no se molestó ni siquiera en adivinar.
Cerca de él, Kusanagi tomaba una inhalación profunda de su cigarrillo, llenando sus pulmones de nicotina para ayudarle a calmar su nerviosismo. Después de todo, nunca fue una buena señal ser convocado por ese hombre, que había sido el único pilar de apoyo de este país durante casi un siglo.
—Mikoto, ten cuidado.
El pelirrojo hizo un gesto breve y comenzó a subir las escaleras frente al edificio, dejando atrás a sus amigos.
—No me esperen —les advirtió.
Mikoto no sentía mucha ansiedad, ya que últimamente había sido un invitado habitual en aquel lugar para visitar a cierto rey peliazul, a diferencia de sus amigos. Para él, la invitación del anciano fue como matar dos pájaros con una sola piedra. Después de la reunión, haría su visita diaria a la sala médica.
En el instante en que su pie pisó el suelo de mármol de la residencia del segundo rey, un par de hombres del clan con máscaras de conejo pintadas y con túnicas doradas y negras se pararon frente a él en silencio, como esperando que él los siguiera hasta la cámara designada.
Cuando entraron en el ascensor y comenzaron a subir, pudo sentir el poder de manipulación de un strain expandiéndose dentro de todo el edificio. Para su asombro, el Rey Dorado nunca dejó de usar ese truco, por lo que nunca pudo descubrir la distribución real de la residencia. Cada vez que iba de visita, la estructura interior cambiaba constantemente, por lo tanto, nunca se molestó en recordar. Siempre había un guardia del clan dorado que lo guiaba a la sala médica, por lo que no intentó provocar al mayor de los reyes borrando la influencia del strain.
Todo el viaje ocurrió en un silencio sofocante, pero Mikoto sólo bostezó de aburrimiento. Como consecuencia de esta manipulación sensorial, tuvieron que ir en círculos para llegar a su destino. Pero como invitado, esta vez obedecería las reglas del dueño de la residencia, y después de quince minutos desperdiciados en caminar por el interminable laberinto de pasillos, finalmente llegaron a la familiar puerta de papel corredizo. Como si el hombre en el interior pudiera sentir su presencia, los invitó a pasar sin que nadie lo llamara para avisarle de su llegada.
—Adelante.
Los hombres enmascarados se arrodillaron ante la puerta de papel y la abrieron para que el Rey Rojo hiciera su entrada y la cerraron detrás de él cuando ya había entrado en la cámara. Dentro de la amplia habitación, sólo estaban el Rey Dorado y el Rey Rojo, así como un ataúd hecho de cristal. Desde lejos, Mikoto podía adivinar qué o quién estaba exactamente dentro del ataúd. El aura del Rey Dorado obviamente no era amigable, o para ser honesto, podía sentir un leve resentimiento dentro de sus ojos.
Mikoto se metió las manos en los jeans y suspiró. Supuso que el rumor de que el Rey Plateado y el Rey Dorado alguna vez fueron cercanos y que habían vivido tantos años era cierto. Si el viejo se volvía irascible, esta reunión no sería tan pacífica como él hubiera deseado. El Rey Dorado no era su oponente, y no tenía ninguna intención de forzarse a sí mismo al borde crítico de su nivel Weismann con este hombre. Todavía necesitaba que el anciano estuviera de pie para proteger al inconsciente Rey Azul bajo su protección, mientras continuaba su venganza.
Se detuvo en la plataforma al otro lado del rey de cabellos blancos con calma y sus alrededores cambiaron abruptamente a un entorno celestial. Había planetas y estrellas rodeándolos, o dando vueltas alrededor de Mikoto amenazante en su fugaz belleza. Con una voz baja como un gruñido reprimido, el Rey Dorado hablo:
—Te pregunto, ¿has venido a pelear o a hablar?
Mikoto lo miró con una expresión aburrida y se encogió de hombros con las manos todavía en los bolsillos y respondió despreocupadamente.
—Como puedes ver, ni siquiera he levantado una mano en tu contra.
Daikoku entrecerró los ojos y convocó su poder celestial ante él. Los planetas se formaron frente a sus ojos y sin perder un segundo, esos planetas avanzaron hacia Mikoto con la intención pura de dañar. Sin mover las manos, Mikoto dio un paso hacia adelante y un alto muro de fuego ardió ante él, volviendo los planetas en cenizas y polvo grisáceo a través del lugar. De las cenizas, los planetas se reformaron y lo rodearon nuevamente. Mikoto echó un vistazo a esos planetas y lanzó una mirada al Rey Dorado antes de extinguir su llama. Después de ver al pelirrojo en su estado indefenso y su intención de no luchar, Daikoku finalmente bajó su defensa y borró su poder celestial. El fondo había vuelto a la cámara habitual, coloreada en oro y provista de tatamis.
Mikoto odiaba perder más de su tiempo y cortó la pelea rápidamente mientras intentaba controlar su comportamiento.
—No me iré por las ramas. Sí, HOMRA fue responsable del incidente de anoche.
El hombre que tenía la más alta autoridad del país lo fulminó con la mirada con creciente odio.
—¿Por qué razón atacaste al primer rey?
—Antes de que lleguemos allí, reconozco que estoy desconcertado ¿No es él el rumorado inmortal Rey Plateado, que nunca envejece? ¿No crees que algo sucedió para que esté muerto?
Daikaku no hizo ningún comentario sobre su punto, pero su postura era de tranquilidad. Con una mente brillante como la suya, ya había llegado a ese pensamiento y se preguntaba cómo su amigo podría haber muerto antes que él, cuando su poder como rey no permitiría que ningún factor externo lo perjudicara.
Eso sólo significaba una cosa: este cuerpo que él había recogido no pertenecía al Rey Plateado. No había ningún error de que el cuerpo era real, por lo que significaba que era el alma lo que faltaba. Sin embargo, no tenía la intención de revelarle nada a Mikoto. El último tampoco parecía estar pidiendo una respuesta, sino simplemente afirmando su sospecha.
El anciano trató de seguir profundizando en el pensamiento de Mikoto.
—¿Qué estas sugiriendo?
El Rey Rojo guardó silencio, reflexionando si obtendría algo al proporcionar información. Pero parecía que Daikaku no lo dejaría ir en paz si no decía lo que pensaba.
—Hay un informante que nos aseguró que ese hombre en el ataúd es el responsable del atentado para asesinar previamente al Rey Azul.
Las manos de Daikaku se estremecieron ante la declaración. El hombre que había conocido hace tantos años atrás ahora era un hombre tan triste y solitario que ni siquiera podía herir a una rata de laboratorio. Tal vez, había comenzado a odiar al mundo por la terrible pérdida de su amada hermana, pero jamás habría buscado provocar una catástrofe en este país con sus propias manos, aun cuando él tenía toda la capacidad para hacerlo. ¿Y ahora Mikoto le decía que posiblemente el mismo hombre intentó asesinar a Munakata Reisi? No tenía ningún sentido para él. Sin embargo, si el reciente Rey Plateado no fuera realmente el que había sido su amigo, eso explicaría todo.
Sólo quedaba una pregunta, ¿quién en el mundo tenía la habilidad para controlar el cuerpo de un rey?
El mismo Mikoto estaba preocupado. Había tantas pistas en sus manos, pero no podía conectarlas. Podía ser perezoso, pero su cerebro no lo era, a pesar de que su juicio a menudo estaba nublado por sus propias emociones.
Ese joven estudiante, que se suponía que era el criminal que lastimó a Totsuka y Reisi, podría intentar engañarlo dando información falsa, pero él declaró persistentemente que era inocente.
El Rey Plateado que Isana Yashiro había mencionado también parecía sospechoso, ya que el primer rey en el avión parecía no ser el verdadero, y ese hombre incluso había realizado un movimiento tan radical para no ser capturado o interrogado. ¿Dónde podría estar el verdadero Rey Inmortal? ¿O es realmente una existencia legendaria hecha por cierto culto que había estado muerto hace mucho tiempo?
Pero si el hombre dentro del ataúd no era el Rey Plateado, el anciano junto a él ni siquiera se habría enfurecido cuando hace unos momentos entró a la cámara. La reacción del Rey Dorado confirmó su duda de que el Rey Plateado era real e inmortal, y también lo era el cuerpo que habían recogido del Himmelreich.
Sin embargo, parecía que alguien más se había apoderado de su cuerpo con el objetivo de que el culpable posiblemente huyera, dejando atrás un caparazón vacío. Por lo tanto, ¿quién fue el que tuvo el poder de tomar el cuerpo original de aquel rey?
Mikoto estaba considerando la posibilidad de que el joven estudiante fuera el autor del secuestro del cuerpo y del intento de asesinato. Isana Yashiro podría estar intentando conseguir un poco de tiempo para algo que aún no podía descifrar llevándolos a atacar al falso Rey de Plata con la clara intención de jugar con ellos.
El anciano podía sentir la creciente irritación desde el interior de Mikoto y se aclaró la garganta rápidamente.
—Ahora que he entendido la situación, puedes retirarte.
Mikoto salió de su profundo pensamiento y estuvo aturdido por un minuto antes de asentir en silencio.
—Iré a visitarlo.
Daikoku lo observó por un momento y asintió para mostrar su aprobación antes de dar la espalda y regresar a su habitación de descanso privada. El pelirrojo agradeció levemente y salió de la sala de reuniones, encontrando al guardia habitual esperándolo fuera de la habitación para llevarlo a la sala médica.
El camino que había cruzado hasta la sala de reuniones había vuelto a cambiar a un nuevo diseño y Mikoto no pudo resistir el impulso de suspirar. Se perdió de nuevo en sus propios pensamientos, analizando la posible razón por la cual el culpable intento ganar tiempo extra y engañarlos.
Finalmente fue devuelto a la realidad cuando un aroma familiar y penetrante de desinfectante llenó sus fosas nasales, diciéndole que había llegado a su destino. Como de costumbre, los guardias enmascarados se inclinaron ante él y se quedaron atrás.
El lugar ahora estaba bastante vacío en comparación con la primera vez que había venido, teniendo en cuenta la falta de personal médico y equipos. Los doctores le dijeron previamente que la condición de Reisi se había estabilizado más o menos y que sólo requería un cuidado mínimo diario, si nada nuevo empeoraba su condición. Tomaron una gran precaución para evitar infecciones y lo pusieron en una habitación estéril donde el propio Mikoto estaba obligado a seguir los procedimientos de sanidad.
Un par de ojos dorados echaron un rápido vistazo a la habitación estéril mientras entraba por la puerta de vidrio aislada y se sintió agradecido por los esfuerzos de Daikaku para mantener a Munakata a salvo. Como se esperaba del segundo rey y máximo líder del Japón, no dejo nada al azar.
Aparentemente mantenían a Reisi como un príncipe solitario confinado dentro de un castillo espinoso. La habitación estaba vacía, con las irritantes paredes blancas, y sólo el pitido de la máquina rompía el silencio. El Rey Dorado monitoreaba con cámaras de seguridad todos los rincones de la sala para reducir el riesgo de ataques por parte del personal médico. Probablemente sólo confiaba en algunos para que permanecieran y cuidaran diariamente a Munakata.
Sin embargo, el Rey Rojo estaba muy agradecido por su oportunidad de poder visitar a su rival y su ocasional amante, que estaba dispuesto a seguir unas normas tan exigentes para encontrarse con él, incluidas sus reuniones constantes con el Rey Dorado.
Los factores externos que el anciano había considerado como posibles daños para el azul incluían incluso a su propia familia, amigos y miembros de su clan. Por lo tanto, a ninguno de los miembros del Scepter 4 se les permitió visitar a su rey, ni siquiera a la familia de Reisi.
Una vez había visto a su familia parada afuera del edificio y una mujer de mediana edad llorando dolorosamente con dos hombres abrazándola en señal de consuelo. Todos parecían una familia normal y feliz que podrías encontrar en cualquier lugar. Podía adivinar fácilmente que esos hombres eran el padre de Munakata y su hermano mayor, aunque diría que Reisi se parecía mucho a su madre.
Los miembros del clan dorado seguían prohibiendo las visitas. Ni siquiera Mikoto podía influir en la decisión de Daikaku para levantar la restricción de visitante para la familia. Entendió muy bien que el mayor simplemente trataba la seguridad del Rey Azul como su máxima prioridad, tanto que incluso hizo cumplir un decreto tan amargo. Había muchos enemigos allí afuera, esperando una situación tan favorable como esta para asesinar al líder de Scepter 4. Por lo tanto, Mikoto nunca volvió a hablar de eso. Todopoderosos podrían ser, pero no eran inmortales.
Y si Mikoto pensaba en su caso, probablemente la única razón por la que el mayor de los reyes le permitía visitar al cuarto rey era para evitar un conflicto entre ellos que podría dañar su nivel Weismann si entraban en un enfrentamiento serio… O tal vez porque ese anciano simplemente podía ver lo que había estado sucediendo secretamente entre los jóvenes reyes, pero a Mikoto no le preocupaba mientras pudiera ver a Munakata.
Al entrar en la prisión hecha de cristal, sus ojos nunca dejaron la única figura dormida sobre la cama. Reisi seguía llevando un kimono simple, azul claro, que usualmente llevaba puesto un paciente; Irónicamente, el color le quedaba bastante bien. Sus párpados nunca se abrieron desde el día en que tuvo su accidente y Mikoto había perdido de vista sus resplandecientes orbes violetas. Notaba cómo el peliazul se había vuelto más delgado, más pequeño y más pálido, a pesar de todos los esfuerzos que se le habían dado y su flequillo de color azul marino se había alargado, cubriendo sus ojos. Siendo un hombre tan inmaculado, Reisi nunca permitiría que su cabello creciera tanto y la anormal visión realmente entretuvo a Mikoto.
Lentamente se sentó en el borde de la cama cubierta de blanco y pasó varios minutos mirando la cara durmiente, para ver si había alguna pequeña reacción, una pequeña señal de que se estaba despertando. Mikoto sacó sus manos de sus bolsillos y acarició la cara de Reisi, para después acortar la distancia hasta que sus frentes se encontraron.
—Oye, ¿cuándo vas a despertar? —susurró seriamente, como si estuviera hablando con un fantasma dentro de la habitación.
Como esperaba, no hubo respuesta e ignoró el amargo sentimiento que punzaba en un rincón de su corazón.
—Sabes que todo es un desastre. Hay un criminal que capturar y hay muchos enemigos que quieren matarte, ¿cómo puedes relajarte aquí y hacer que yo haga tu trabajo? Obviamente no eres una damisela en apuros; eres anormalmente astuto para serlo.
El silencio pronto volvió a la habitación, y el Rey Rojo se apartó para poner algo de distancia entre ellos y así poder ver mejor al hombre de pelo azul.
—Tu familia estaba aquí, preocupada hasta la muerte. No dejabas de decirme que estaba perjudicando a mi familia, que luego los sumiría en la miseria, pero mírate ahora. Es todo porque eres demasiado entrometido. Te dije que no te metieras en los asuntos de HOMRA, ¿no? Pero eres un idiota, nunca escuchas.
Pero en el fondo comprendía muy bien que ese rasgo era parte de Munakata, y no dudaba que el hombre frente a él era amable. El actual Rey Azul estaba demasiado preparado para sacrificarse por alguien. Demonios, ese hombre amaba ser autoritario incluso cuando estaba debajo de él, retorciéndose.
—Después no vengas a quejarte conmigo si destruyo la ciudad.
Mikoto afianzó su agarre un poco en ambas mejillas de porcelana, enfatizando cada palabra que escapaba de sus labios. Su emoción se dejó ver, y en su rostro se hizo evidente un asomo de ira y ligera frustración.
—Porque proteger la ciudad es tu trabajo, no mío.
Un recuerdo apareció en su mente, uno donde vio la Espada de Damocles azul colgando en el cielo con el cuarto rey debajo. Reisi siempre fruncía el ceño ante su falta de autocontrol al dañar las instalaciones públicas y al involucrar a los ciudadanos cercanos cuando peleaba. Luego, el Rey Azul lo reprendería para que se comportara y Mikoto intencionalmente lo tentaría para una pelea, más que complacido por la atención y el desafío que recibía de Munakata, quien siempre le diría lo mismo:
—Tu poder algún día te destruirá. De todos modos, ¿Qué es lo que pretendes proteger con ese poder descontrolado?
El Rey Rojo nunca respondió más allá de una sonrisa, porque él siempre fue del tipo de "la acción habla más".
Así que tal vez, ese silencio era la razón por la cual Munakata nunca supo que él también estaba en la lista de personas a las que Mikoto deseaba proteger. Sin embargo, ese hombre era demasiado autosuficiente, por lo tanto, el pelirrojo tenía al capitán azul en la parte inferior de su lista de prioridades, ya que incluso si le dijera al hombre, Reisi rechazaría la oferta con una cara sin emociones de todos modos.
El Rey Azul sería capaz de protegerse, más de lo que Mikoto podría hacer, con el aura azul otorgada sobre él. O al menos eso era lo que había pensado; hasta que presenció que el hombre que deseaba yacía frente a él en este momento. Ahora lamentaba su propia ignorancia y aprendió de manera brusca que la presunción era la razón de la caída de un hombre.
Los cabellos azules cayeron sobre la cara de Reisi cuando los acarició y notó que estaba siendo imprudente. Aflojó su agarre con cuidado mientras su mirada nunca dejaba de ver el rostro pálido debajo de él.
Una de las cosas que le gustaba de su rival sería la sensación de su cabello suave en sus manos, especialmente cuando estaba empapado por el sudor después de sus esfuerzos nocturnos. Hizo su mejor esfuerzo para suavemente acomodar el cabello de Reisi con los dedos. No estaba tan limpio como usualmente el capitán del Scepter 4 lo llevaba, pero a Mikoto no le importaba. Reisi tendría que vivir con el resultado si no despertaba para quejarse y arreglarlo él mismo.
Aprovecharse de Reisi cuando estaba inconsciente no era su pasatiempo. Pero si realmente tenía que esperar hasta que éste se despertara para besarle, sólo el cielo sabía que sucedería. Colocó su dedo debajo de la barbilla del hombre inconsciente y levantó su rostro mientras que con la otra mano sujetaba algunos cabellos azules. En cámara lenta, el Rey Rojo colocó sus labios en la frente de Munakata y luego en sus labios.
Sintiéndose insatisfecho, plantó cortos besos en esos labios rosados antes de moverse al cuello de porcelana y chuparlo juguetonamente para dejar marcas rojas donde cualquiera pudiera verlas. Sus dedos delinearon la línea de su clavícula con ternura. Podría ser un acto imprudente si el Rey Dorado estaba observándolos en su momento íntimo a través de sus monitores. Al diablo con la culpa.
Luego se retiró y se puso de pie casi de forma abrupta, causando que la cama del hospital crujiera por la pérdida repentina del peso. Lanzó una última y larga mirada al único paciente en la sala y se dio la vuelta para abandonar el lugar. El Rey Rojo había conseguido una presa para cazar y el juego estaba en marcha.
El strain de cabellos aguamarinos se apoyaba en la pared de un callejón oscuro y pequeño, no lejos de la residencia del Rey Dorado, vigilando la entrada. El reloj estaba corriendo y era casi la hora de terminar su parte. Akizuki abrió el guardapelo que colgaba de su cuello y sonrió con amargura ante la pequeña imagen que había en su interior mientras hablaba consigo mismo.
—Me pregunto si tengo suficiente tiempo.
Por el rabillo del ojo, pudo ver a un hombre con un carisma evidente surgiendo desde su cuerpo saliendo por la puerta de entrada. Su brillante cabello carmesí también llamaba la atención; todo en él era atrayente y asombroso.
Sin duda alguna, ese hombre era el tercer rey, Suoh Mikoto. Incluso si Akizuki nunca lo conoció era fácil de deducir. El strain podía sentir su corazón latir como loco y sus palmas comenzaron a resbalar por el sudor. Después de todo, el Rey Rojo era conocido por su falta de paciencia y cabeza fría.
Oyó los pasos que se acercaban y el leve olor a tabaco en el aire le dijo que el hombre con el que intentaba hablar estaba cerca. Tomando una profunda respiración, Akizuki se preparó para lo peor y repentinamente salió de su escondite para encontrarse con Mikoto. El Rey Rojo ni siquiera se inmutó con el hombre que casi chocó con él bloqueando su camino. Sólo lo miraba de cerca como un depredador, midiendo al joven.
Dando su mejor y encantadora sonrisa, Akizuki comenzó a hablar apresuradamente y olvidó por completo respirar mientras hablaba.
—H-hola, debes ser el Rey Rojo. Realmente lo siento, sé que tienes prisa, pero ¿podrías darme un minuto para hablar, Suoh Mikoto?
Mikoto sólo levantó una ceja al joven frente a él. Este hombre de cabeza color aguamarina no le causó una gran impresión, y mucho menos parecía tener una presencia intimidante. Basado en años de su experiencia, este tipo de personas estaría bajo la categoría de "herbívoro" y no era necesario para él levantar un sólo dedo en su contra. Este hombre probablemente era solamente un debilucho que intentaba unirse a HOMRA y ganar poder sin esforzarse demasiado. Sin prestarle algo de atención, Mikoto se hizo a un lado y comenzó a caminar lejos de él.
Akizuki sintió un repentino pánico y agarró el brazo del hombre pelirrojo sin pensarlo dos veces y hablo bruscamente.
—Necesito decirte que es lo que le ha pasado al Rey Azul y todas las consecuencias que tenemos que soportar antes de que se acabe mi tiempo.
Para su alivio, Mikoto se quedó quieto por un momento y finalmente su atención se centró por completo en él. La mala noticia era que ahora el Rey Rojo le gruñía amenazadoramente, como un león hambriento que intenta intimidarlo y devorarlo en pequeños pedazos.
Akizuki se consideraba un hombre sabio, no uno de acción, y sabía que no tendría ni una sola oportunidad de defenderse contra el líder de HOMRA. Mikoto agarró el frente de su camisa blanca con su mano y lo arrastró de vuelta al oscuro callejón, y sin mucha consideración, empujó con brusquedad al hombre más pequeño contra la pared y uso una de sus manos para agarrar su cabello con fuerza. Sus penetrantes ojos dorados brillaban más en la oscuridad y, aunque Akizuki los encontraba bastante hermosos, temía que su vida terminara antes de que pudiera contar la verdad.
—¿Qué dijiste? —Mikoto le cuestionó con rabia.
Todo este tiempo, había estado tratando de averiguar qué había sucedido en la azotea de ese edificio, y ningún miembro del clan azul o rojo podía entender en qué estaba pensando Munakata Reisi esa noche. Pero ahora había un desconocido que aparece de la nada diciéndole que tenía toda la información sobre esa noche. Lógicamente, para Mikoto eso no tenía sentido. Pero hasta ahora nada tenía sentido para él, por lo tanto, lo escucharía y se aseguraría de amenazarlo para que no surgieran mentiras de sus labios.
Akizuki puso sus manos frente a su pecho en defensa y se esforzó por no gritar de terror. Había considerado que el Rey Rojo se comportaría así, pero en realidad todavía estaba asustado por las consecuencias. Lo que el Rey Azul había visto en este hombre era algo que no podía comprender. El carisma de Suoh Mikoto fácilmente abrumaba al strain, era asfixiadamente doloroso. Se encogió mientras tartamudeaba, pero no iba a retractarse:
—P-¿Podrías soltarme primero e ir a un lugar donde nadie pueda oírnos? Es un tema bastante delicado...
Mikoto consideró la oferta por un momento y liberó al joven. Hizo un chasquido con su lengua en señal de fastidio e hizo un gesto para que lo siguiera.
—Bien, pero ni siquiera trates de huir.
Sin mirar esos ojos dorados, Akizuki maldijo por lo bajo y se acomodó la arrugada camisa.
—¿Por qué debería hacerlo cuando soy yo el que intento contactarte?
El rey de HOMRA no hizo ningún comentario, sólo empujó al joven para adentrarse aún más en el callejón. Akizuki tropezó un poco al ser empujado repentinamente y se mordió la lengua, tratando de evitar decir malas palabras. En serio, tanto el Rey Rojo como el Rey Azul eran bastante despiadados desde su punto de vista. Munakata Reisi era probablemente el mejor de los dos ya que todavía controlaba su poder con una sonrisa y cortesía. Pero al final, un rey era una existencia que debía temerse.
Cuando la luz ya no podía llegar a la parte interior del callejón y sólo se podía escuchar el sonido de los cuervos que cantaban desde las cercanías, Akizuki dejó de caminar y se volvió para mirar al rey pelirrojo.
—Aquí debería estar bien, ¿verdad?
Mikoto estuvo callado por un momento, observando el lugar y escuchando el sonido más pequeño. Cuando lo consideró seguro, suspiró y se apoyó contra la pared en el lado opuesto de Akizuki, mirándolo atentamente.
—Habla.
Akizuki volvió a arreglarse la camisa y suspiró. En el fondo, dudaba si el Rey Rojo le creería. Miró directamente a los ojos dorados y habló sin rendirse a su miedo.
—Soy Akizuki, un strain que tiene la habilidad de viajar en el tiempo —como esperaba, Mikoto le dio la misma mirada que Reisi le había dado en la prisión. Ambos reyes eran bastante diferentes, pero eran iguales en algunos aspectos. —Sí, lo sé, no me crees. El Rey Azul también me dio esa misma mirada cuando se lo dije.
Mikoto se agitó un poco cuando Akizuki señaló su reacción obvia, buscó un cigarrillo en su bolsillo y lo encendió con un movimiento de sus dedos para calmarse.
—¿Entonces lo conociste?
Akizuki le respondió con una sonrisa triste y también se apoyó en la pared frente a Mikoto.
—Sí, dentro de un año a partir de hoy.
Mikoto estaba desconcertado y se frotó la frente. Podía sentir la jaqueca con un dolor potente. Incluso hablar con este hombre no parecía hacer las cosas más claras que antes. Entonces, ¿este strain admite que viajo al pasado después de conocer a Munakata en el futuro? Ya no estaba seguro si podía entender lo que Akizuki estaba intentado decirle.
—Sólo escucha, ya que no tendrá sentido hasta que escuches la historia completa.
Akizuki se rió de la expresión desconcertada de Mikoto, pero cuando este último le respondió con una mirada fulminante, el chico se tensó.
—En el futuro, el Rey Azul hizo un pacto conmigo, y lo ayude a volver al pasado mientras que él detendría al Rey Incoloro. Sí, el rumor es cierto, fue ese rey el que intentó herir a tu amigo, y con su habilidad de poseer y controlar el cuerpo de los demás hace que sea difícil de capturar— Akizuki tomó aire para continuar su extraña historia. —Con el fin de cambiar el pasado, retrocedimos el tiempo para evitar que el Rey Incoloro matara a Totsuka Tatara en ese tejado y así evitar todas las tragedias del futuro.
—¿Qué tragedia? —Mikoto no pudo evitar sentirse intrigado.
Un par de ojos celestes lo miraron fijamente, sintiéndose dudoso si debía decirle al hombre o no. Pero Mikoto lo miró con más fuerza y el strain se estremeció de miedo.
—Originalmente, Totsuka Tatara fue asesinado esa noche a manos del Rey Incoloro. Y semanas después, tú... conseguiste vengarlo, pero por el esfuerzo de matar a un rey, tu Espada de Damocles comenzó a desmoronarse, y para evitar que se produjera un nuevo cráter Kagutsu, el Rey Azul mancho sus manos con tu sangre.
Los dedos de Mikoto que sostenían el cigarrillo en sus labios se estremecieron. De alguna manera, la imagen de sus sueños volvió a fluir; la ciudad quemada, el olor a humo ardiente elevándose en el cielo, las cenizas grises y el rojo. Podía verse a sí mismo de pie en medio de las ruinas, cometiendo una mayor destrucción influenciado por una rabia cegadora. Podía imaginar que, en algún lugar de aquel futuro, haría que Munakata arriesgara su Espada de Damocles para sacarlo a él de su miseria. Él debía estar bastante desesperado como para tener su último momento al lado de su Rey Azul.
—¿Entonces estás diciendo que en realidad el Rey Azul es el único sobreviviente de esa tragedia? —Mikoto inhaló una bocanada profunda de su cigarrillo, dejando que la nicotina lo ayudara a calmar sus nervios.
El strain de cabellos celestes asintió levemente.
—Además de Totsuka Tatara, Adolf K. Weismann, el Rey Incoloro y tú están muertos en el futuro, siendo el Rey Azul el único que sobrevivió de aquel incidente. Sólo Munakata Reisi sabe que sucedió en la pelea entre ustedes.
—¿El Rey Plateado? —Mikoto levantó una ceja. ¿Por qué había tantos involucrados en esta historia de venganza? Pero el strain asintió una vez más.
—Al menos eso fue lo que escuché del Rey Azul. En aquel día, desde la distancia yo vi una Espada de Damocles emitiendo luz plateada en la última batalla —Akizuki continuó con su narración sin perder otro minuto. —Así que me reuní con él y le ofrecí la oportunidad de cambiar el pasado, para lograr lo que yo no puedo hacer. Después de un tiempo, él estuvo de acuerdo. Y aquí estamos, de regreso a este año. Con el conocimiento de los crímenes que hará el Rey Incoloro y cuál es su habilidad, con el objetivo de detener lo que causo la tragedia.
—Así que esa es la razón por la que él estuvo allí esa noche, sabiendo que este Rey Incoloro haría su aparición allí, ¿no es así? —Mikoto tiró su cigarrillo al piso y lo apagó con un poco de fuerza con su pie derecho.
Si todo esto era cierto, ahora nada podría aliviar el dolor punzante en su corazón. El hombre que debería estar vivo ahora había terminado en un estado tan patético porque trató de arreglar la vida de otras personas, incluida la de Mikoto. ¿Qué tan entrometido sería Reisi hasta que se sintiera satisfecho?
—Entonces, ¿por qué no vuelves al pasado y le dices lo estúpido que es?
Akizuki bajó la cabeza y la sombra de su flequillo cayó sobre sus ojos.
—Hay un precio que tengo que pagar, cada vez que retrocedo el tiempo. Pero ya no tengo con que pagar —levantó la vista y miró directamente a los ojos de Mikoto.
—Cuando hice el trato con el Rey Azul, supe que sería la última vez que usaría mi habilidad. Ahora sólo tengo lo suficiente para regresar algunos minutos en el pasado. Y como él también regresó al pasado, también tuvo que pagar un precio.
El strain quedo en estado de shock cuando Mikoto lo agarró repentinamente por los hombros con la clara intención de herirlo al empujarlo contra la pared con bastante fuerza. Mikoto casi gruño de pura furia.
—Lo engañaste, ¿verdad?
El hombre de cabello azul claro se rindió a su destino y simplemente observó al león herido; él no podía hacer algo para aliviar ese dolor. Después de todo, él tenía en parte responsabilidad por lo que le había sucedido a Munakata. Si él nunca hubiera ofrecido esta oportunidad de regresar al pasado, ese joven rey aún estaría físicamente saludable, aunque con el corazón roto. Pero en aquel entonces, quería creer que el Rey Azul podría lograrlo. Ahora los eventos habían terminado con otra tragedia y no había posibilidad de revertirla.
—No lo hice. Él conocía todas las consecuencias y me dio su consentimiento sin importar el precio que tuviera que pagar mientras no involucrara a los que él quería. De todos modos, el precio recaería sólo sobre Munakata, quien estaba completamente preparado para lo que venía —Akizuki respondió suavemente, sintiéndose culpable.
Mikoto todavía parecía querer pegarle con todas sus fuerzas en la cara, y el joven se estaba preparando para una herida dolorosa, pero el golpe nunca llegó. Medio agitado, Mikoto soltó al hombre y apretó las manos a los costados del chico.
—¿Cuál fue el precio que pago?
Akizuki lo miró con simpatía, pero respondió de todos modos.
—La razón por la que todavía está inconsciente. Es decir, a cambio de modificar el hilo del destino y evitar la muerte de dos personas, estará inconsciente durante el tiempo que retrocedió al pasado. Perderá tiempo de vida por esto.
El Rey Rojo se estremeció ante las palabras. No podía entender completamente la implicación de eso, pero ya podía sentir la pesada carga en sus hombros.
—¿Qué quieres decir?
—Significa que si continúas caminando en un sendero suicida como lo estás haciendo ahora, estás desperdiciando la oportunidad que les dio, porque lo que él entregó no puede ser devuelto. El pago ya ha sido realizado, y cuantos años perdió por salvarte no es algo que yo pueda predecir.
Mikoto estaba lastimado y quería destruir todo, pero el conflicto era notable en sus ojos. Si eso era cierto, significaba que ahora no sólo carga el peso de ese poder sobre sus hombros, sino también cargaba con la vida de Reisi. ¿Cómo pudo Munakata hacerle eso? Ya estaba agotado con la carga como rey, y ahora el Rey Azul le otorgó otro peso para llevar, mucho más pesado en comparación con el mundo para Mikoto. Lo que había hecho Reisi era como encadenar sus pies al suelo, anclándolo con toda la gravedad sin poder escapar de esta carga.
—Si dices la verdad, llévame al pasado. Los salvaré yo mismo —su agarre sobre Akizuki se aflojó bastante y su voz tembló ligeramente como una súplica.
Akizuki negó con la cabeza en tono de disculpa y razonó con él en voz baja.
—No puedo. Te lo dije, ya no tengo suficiente vida para pagar el precio por usar mi habilidad. Incluso si lo hago, tú no lo lograras. Los años que has ganado no son totalmente tuyos, porque quien pago por tu vida es el Rey Azul. Si él no lo desea, no puedes usar tu vida como garantía. Sólo tienes tiempo suficiente para regresar algunos minutos desde este instante, ya que inicialmente te quedan algunos días hasta tu muerte.
Sin querer aceptar lo que había escuchado, Mikoto colocó su mano sobre el cuello del joven strain siniestramente.
—¿Cómo puedo saber que estas no son más que mentiras?
Akizuki no titubeó, sino que agarró la mano de Mikoto con todas sus fuerzas y lo miró con desafío.
—Así que, si te traigo de vuelta quince minutos a partir de ahora, me creerías, ¿verdad? Aunque tienes que estar consciente de las consecuencias.
—Sí, lo hare —Mikoto le dedicó una sonrisa torcida y gruñó.
En ese instante, el entorno se volvió borroso, como si estuviera viajando en una montaña rusa a gran velocidad en tan sólo un instante, y al siguiente segundo que parpadeó, Mikoto sintió un mareo extremo, así como un ruido ensordecedor dentro de su cabeza. Ahora estaba a unos metros de la salida del edificio del clan dorado siendo escoltado por los guardias. Todavía agarrando su dolorida cabeza, el Rey Rojo se arrodilló en el suelo mientras perdía el equilibrio, completamente confundido.
—¿Q-qué?
Los guardias que lo estaban escoltando a la salida se alarmaron de inmediato y se arrodillaron a su lado apresuradamente para ayudar a Mikoto a mantenerse estable.
—¿Qué sucede, Rey Rojo?
Transcurrió un minuto entero, luchando por tragarse el impulso de vomitar y esperar a que pasara el dolor de cabeza. Los miembros del clan dorado que llevaban máscaras de conejo no lo tocaron; en su lugar, le permiten relajarse un poco.
Después de que se sintió un poco mejor, Mikoto se levantó del piso sin ayuda de los guardias y les permitió guiarlo a la puerta de entrada. Se tambaleó un poco mientras caminaba, pero el orgulloso rey empujó a los hombres enmascarados para que no lo molestaran. Al llegar a la salida, los conejos hicieron una reverencia cortante, volvieron al edificio y Mikoto apresuradamente apoyó su cuerpo en uno de los fríos pilares de mármol.
Cuando miró en la dirección del callejón oscuro donde suponía que se había encontrado con el strain por primera vez, pudo ver que Akizuki estaba quieto y le dedicaba una mirada cómplice para después poner un dedo en sus labios. El dolor de cabeza complico bastante su entendimiento y tuvo que esforzarse para leer los labios del chico para comprender qué era lo que le había susurrado. Mikoto entendió más o menos su mensaje.
Con una solemne y última sonrisa al Rey Rojo, Akizuki esperaba que su mensaje llegara a Suoh Mikoto.
—Esta vez, cuida de esa vida —luego le dio la espalda al Rey Rojo y desapareció en la sombra.
Con una sonrisa débil y exhausta, el strain sintió que su energía parecía escaparse fuera de su cuerpo. Si así era como se sentía cuando la muerte inminente se cernía sobre él, no parecía ser una forma terrible de morir.
Estaba sentado en un tren casi vacío en el lado de la ventana mirando la hermosa vista de la ciudad. Había echado de menos su ciudad, donde su persona especial y él crecieron juntos antes de que decidieran dejar el pequeño pueblo para encontrar un lugar mejor donde vivir. Aparentemente no podía regresar a esa ciudad con el tiempo que le quedaba. Pero estaba satisfecho con la vista encantadora de la ciudad atestada de altos rascacielos que reflejaban la luz del sol. Aunque encontró la vista hermosa, era un paisaje solitario desde su punto de vista. De dónde venía, el pueblo era vibrante con múltiples colores en el paisaje. El color azul del cielo, el verde de los árboles y la montaña, varios amarillo, naranjas y púrpuras de flores, tinte de gris del humo de las chimeneas y el rojo de las azoteas de las casas y muchos más. Podía imaginarlos detrás de sus ojos cerrados.
Abrió el guardapelo que guardaba como un collar. Dentro, había una pequeña foto de él y un joven estudiante de cabellos blancos, abrazados y ambos con una pequeña sonrisa. Una foto que captaba los momentos más felices de su corta vida. Akizuki podía sentir una lágrima formándose en sus ojos, pero podía ser descuidado. No había mucha gente en el tren para notar a alguien tan insignificante.
Sólo el Rey Azul sabía desde el principio por qué Akizuki llegaba hasta el punto de empujarse a sí mismo hasta la muerte. Le confesó todo a ese rey de cabello azul, ya que simpatizaba con Munakata, considerando todo lo que él había pasado. Ambos perdieron a alguien valioso, y aunque Akizuki sabía que esas personas no hubieran deseado que ellos siguieran sus pasos a la muerte, Reisi y él no podían dejar que las cosas quedaran de esa forma. Lo único que deseaba era que Munakata Reisi pudiera lograr un mejor final que él. Akizuki frotó suavemente la cara alegre en la foto y se rió entre dientes.
—Lo siento, pero no puedo dejar que él use tu cuerpo para el mal. Sé que debes haber querido que alguien lo detenga, Tōru —una lágrima rodó hasta su mejilla, cayendo en el guardapelo. —Después del día en que se apoderó de tu cuerpo, seguí volviendo al pasado, esperando cambiar el presente. Pero parece que no puedo cambiar tu destino. No importa lo que haga, siempre lleva a la misma conclusión, te perdí.
Había sido un año largo y repetitivo ya que había estado persiguiendo al Rey Incoloro. Por ahora, había perdido toda esperanza de que el hombre que amaba no hubiera sido completamente devorado por el malvado rey y aunque éste abandonara el cuerpo, probablemente ya no sería más que un caparazón vacío.
Miró afuera a través de la ventana, admirando el azul del cielo.
—Aun cuando he utilizado la mayor parte de mi vida tratando de evitar que ese ser abominable te robara, sólo he conseguido fallar. No me queda otra opción que esperar que alguien lo detenga antes de que pueda causar una mayor tragedia. He rezado para que el Rey Azul sea capaz de detener esta cadena de miseria, porque sé cuánto te dolerá si sabes que alguien usa tu cuerpo para herir a alguien más. Después de todo, eres demasiado blando de corazón.
Sus párpados se sentían bastante pesados, pero su corazón estaba en paz mientras golpeaba lentamente dentro de su pecho en ritmos perezosos. Su visión se volvió borrosa y pudo sentir que el final estaba cerca.
—Puede que ustedes encuentren la felicidad, reyes….
El strain susurró cuando se rindió a la oscuridad que lentamente lo consumió, y finalmente se relajó para descansar. Apoyó la cabeza contra el frío tren de la ventana y exhaló su último suspiro bajo la luz del sol con una suave sonrisa en la cara.
—Debes amarme mucho, ¿verdad?
El pelirrojo preguntó en un tono burlón mientras yacía sobre su espalda y miraba al hombre a su lado. El peliazul sólo le respondió con una mirada cínica y un bufido antes de desviar sus ojos hacia el monitor de su PDA con un leve sonrojo rosa en sus orejas.
Si Reisi pensaba que la oscuridad en la habitación era suficiente para ocultar su vergüenza de Mikoto, estaba totalmente equivocado. Pero como Munakata era Munakata, el Rey Rojo podía adivinar fácilmente que la frialdad era su respuesta típica para ocultar su timidez. Mikoto comenzó a preguntarse si era masoquista por estar con un hombre tan complicado como el azul, y para encontrar la reacción de este último como adorable.
Se perdió durante varios minutos mirando el cuerpo desnudo que descansaba a su lado, acostado sobre su estómago con la manta cubriéndole la mitad inferior del cuerpo. La luz del sol se había ido mucho antes de que estuvieran demasiado ocupados tocándose el uno al otro y ahora el suave brillo de los rayos de la luna a través de la ventana eran la única fuente de luz dentro de la habitación. Sin embargo, la luz plateada proyectada sobre la piel clara de Reisi y sus mechones de zafiro lo hicieron ver como si fuera un dios caído y Mikoto resistió su impulso de marcar esa piel. El joven capitán nunca le dejaría hacer eso. Siempre lo regañaba con frases como;
«Como el bárbaro que eres, dejarás marcas y será problemático para mí cubrirlas mañana».
Munakata terminó de enviar su mensaje. Al mismo tiempo que comenzando los juegos previos, Enomoto había finalmente terminado su informe y se lo mandó en medio de la noche por correo electrónico. Si bien, Munakata no pasaría su tiempo leyendo el informe de inmediato, era lo suficientemente educado para al menos dejar un mensaje de agradecimiento. Así que después de que consiguieron separarse el uno del otro y limpiarse, el Rey Azul agarró rápidamente su PDA y escribió su mensaje para disgusto de Mikoto.
El Rey Azul no podía comprender el porqué de la actitud de Mikoto, pero a pesar de todos los años, nunca entendió lo que pasaba dentro de la cabeza del pelirrojo, por lo que no comenzaría ahora. Si Mikoto quisiera jugar, podría seguir su juego por ahora, no había problema. Sosteniendo su cabeza con su mano izquierda, se giró y se enfrentó a Mikoto con una sonrisa tentadora.
—Si, te amo tanto que quiero matarte.
El Rey Rojo soltó una suave risa ante su respuesta y colocó un dedo debajo de la barbilla de su compañero, acercándose. Reisi podía sentir el aliento del pelirrojo en su rostro, produciendo una sensación de hormigueo en su piel.
El hombre frente a él era demasiado bello y seductor, como si fuera un lento veneno mortal. ¿Cómo se suponía que debía odiar a este hombre? ¿Cómo podía verlo como su enemigo? Su melena carmesí se sentía sedosa entre sus dedos, y su color era tan vigoroso como un sol ardiente. Munakata arrastró su dedo para trazar la piel de Mikoto, acarició su estómago tonificado, admirando la piel brillante por el sudor. La imagen era demasiado fuerte para él y pudo sentir su deseo acumulándose nuevamente. Sin pensarlo dos veces, se movió y se sentó en el estómago de Mikoto sin piedad, inmovilizando al rey carmesí sobre la cama.
—Todavía tenemos algunas horas antes del amanecer —dijo con un suave susurro en su oreja derecha.
Mikoto se animó con creciente interés mientras miraba hacia arriba a esos parpadeantes orbes violetas, pero no pudo resistirse a burlarse de este último.
—Quien sabe… tengo sueño.
El Rey Azul levantó una ceja ante eso y respondió rencorosamente.
—Sí, claro, a menudo me olvido de que eres un hombre tan perezoso y sin esperanza.
Pero antes de que pudiera volver a su lado de la cama y cubrirse con una manta para dormir un poco tal como Mikoto quería hacerlo, un par de brazos lo abrazaron con fuerza de la cintura derribándolo. Cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, Mikoto ya estaba encima de él con una sonrisa triunfal y sus brazos estaban a ambos lados de la cabeza de Reisi. Sintiéndose irritado por el trato anterior, Munakata le gruñó.
—¿Y ahora quieres jugar? Ve a entretenerte tú mis-…
Antes de que pudiera terminar su frase, Mikoto había capturado sus labios y le había quitado la respiración para que se callara. Después de un rato, Mikoto rompió el beso, tratando de satisfacer su necesidad de aire mientras miraba fijamente a Reisi quedando totalmente loco por la vista. Demasiado. Los cabellos azules se extendían sobre la almohada blanca y sus cálidos besos habían enrojecido sus labios. Sus ojos color amatista brillaban con lujuria y sus mejillas estaban sonrojadas. Munakata jadeaba por aire; su pecho subía y bajaba a un ritmo constantemente rápido. Mikoto no pudo evitar pensar que este hombre era sin duda alguna, el amante más hermoso que jamás haya existido.
—Pero supongo que este es el final, ¿No, Suoh Mikoto?
De repente, algo cambió y el Rey Rojo liberó su control sobre su amante como si el contacto le hubiera quemado la piel. Se inclinó hacia atrás para dejar algo de espacio entre ellos y sus ojos dorados se abrieron con sorpresa mientras observaba las manos y el pecho del Rey Azul cubiertos de sangre, así como la sonrisa en su rostro abatido.
—¿Vas a hacer que te mate de nuevo? ¿O esta vez, finalmente vas a llevarme contigo?
—¡No!
Mikoto trató de alcanzarlo con su mano derecha, pero cuando se dio cuenta sólo había tocado el aire vacío. Estaba jadeando y trató de mirar alrededor para ver si todo había sido un sueño. Reconoció el techo como el de su habitación en el bar de HOMRA y el sofocante olor a tabaco que permanecía dentro.
Cuando volvió la cabeza hacia su costado no había nadie más que él dentro de la habitación. Como había confirmado que todo era un sueño, se relajó y extendió los brazos sobre la cama con un profundo suspiro.
El sueño había sido demasiado real ya que lo ocurrido era parte de sus recuerdos, a excepción de la última parte. Fue horrible y repugnante ver a Reisi pintado en color carmesí. Para Mikoto, sólo el azul se adaptaba mejor a él. Colocó su brazo derecho frente a sus ojos para cubrirlos de la luz del sol.
—Maldita sea... supongo que esta es tu venganza, ¿eh? Atormentándome incluso en mi sueño —Mikoto dejó escapar una risa amarga y suspiró con cansancio.
De repente, el fuerte sonido de un teléfono sonó dentro de su habitación. Después del segundo timbre, Mikoto se sentó en su cama y miró indiferente al teléfono que nunca había visto en su habitación. Sin embargo, sin importar cuánto tiempo había sonado, Mikoto no se movió ni una pulgada. Parecía que su presa finalmente se aburrió de este juego de persecución y decidía pasar a otro nivel.
De repente, el auricular del teléfono comenzó a flotar en el aire, y una joven voz masculina y risueña se podía escuchar desde el otro lado.
—¿Hola? ¡Hola! ¿Tienes un minuto? ¿Quién soy, te estás preguntando? —el Rey Incoloro preguntó con vanidad.
Mikoto casi resopló ante la estúpida pregunta. No habría nadie más que se atreviera a llamarlo con una actitud tan relajada, pero no respondió.
—Soy el hombre que estás buscando. Te llamo para hablar de ese chico… ¿Cómo se llama? ¿Totsuka?
Desde su cama, Mikoto pudo ver un humo blanco salir del teléfono, y que luego tomó la forma de un fantasmal zorro. Finalmente, las piezas se juntaron y él entendió. Tatara estaba en lo correcto cuando habló con él sobre haber visto a un zorro antes de perder la conciencia esa noche.
—¡Fui yo quien lo lastimo! —el espíritu de zorro confesó con un tono tan repugnantemente feliz que el Rey Rojo sintió el repentino impulso de agarrarlo y estrangularlo si era posible.
Pero ignoró su provocación. Mikoto calmó su mente y cerró los ojos. Si era verdad lo que el strain peliceleste le había advertido, este Rey Incoloro probablemente estaba controlando otro cuerpo para hacer esta llamada e intentar robar su aura a la más pequeña oportunidad. No obtendría nada si este zorro volvía a correr al sentirse atemorizado. Necesitaba atraer al bastardo para averiguar su ubicación, por lo que permaneció en silencio como un cadáver.
El Rey Incoloro siguió hablando alegremente.
—Sabes, me siento un poco mal por él... probablemente se siente solo y aburrido de estar enfermo. Me gustaría entregarle al Rey Azul para que le haga compañía, ¡pero creo que no se puede evitar!
Mikoto no pudo evitar un pequeño temblor en sus dedos ante la provocación. Apenas perceptible, pero el pelirrojo se odio a sí mismo por dar una pista de su debilidad. ¿Cómo se atrevía este pequeño rey?
—¡Pero estoy seguro de que será más feliz con sus amigos! Entonces, ¿debería empezar con Kusanagi y herir a todo el mundo hasta llegar a Yatagarasu? ¿Debo hacerlo? ¿Cierto?
Mikoto estaba en silencio. Aunque le costaba soportar su furia sin quemar y torturar lentamente a este hombre hasta la muerte, pero si quería atraerlo, tenía que fingir que su provocación lo había enfurecido gradualmente. Un hombre tan malvado intentaría todo para conseguir algo.
—Hombre, ¿estás respirando? Tal vez la próxima vez, haré que esa señorita me entretenga. Ya sabes, la que siempre arrastras contigo. Anna, ¿verdad? ¡Debe ser divertida, me gustan jóvenes!
Harto de todas estas tonterías, abrió lentamente sus ojos que ahora brillaban en un tono rojo, como si desafiara al espíritu para que lo atrapara, y como esperaba, al instante pudo ver al espíritu del zorro avanzando en el aire, abriéndose paso al interior de su alma.
—¡Te tengo! —gritó alegremente el espíritu.
Dentro de su conciencia, el Rey Rojo finalmente se encontró con el Rey Incoloro por primera vez. Sin embargo, antes de que ese zorro pudiese siquiera probar un poco de su aura roja, hizo que su alma se manifestara en forma de un león llameante y lo atacó con una tormenta de fuego directamente a su alma. El joven rey no escuchó a tiempo cuando el fuego circundante retumbó con un gruñido bajo.
—Eres un tonto, he estado esperando este momento para sacarte de tu escondite.
Al instante, el espíritu se asustó con evidente temor y regresó a su anfitrión apresuradamente dejando el rastro a su ubicación.
Cuando Mikoto finalmente encontró su ubicación, sintió una tormentosa rabia y tuvo que usar todo su autocontrol para no volar toda la habitación junto con su presa. A pesar de estar a una considerable distancia, pudo escuchar el fuerte sonido de la explosión como un preludio en sus oídos, para su placer. Pero no podía relajarse hasta que confirmara con sus propios ojos que su enemigo ya no estaba en este mundo.
Su capacidad de poseer personas podría ser bastante inconveniente después de todo. El intento del Rey Incoloro para provocarlo también había sido una trampa, sin embargo, no podía saber qué clase de plan malvado tenía en mente, y Mikoto no tuvo más remedio que hacer todo lo que estaba a su alcance en ese momento.
Con rapidez, agarró su chaqueta de piel negra y bajó las escaleras con rapidez. Cuando estaba a punto de llegar a la puerta de entrada del bar HOMRA, Kusanagi lo llamó apresuradamente, deteniéndolo a mitad de camino. Se giró para mirar a sus amigos, que estaban relajados en los taburetes junto a la mesa de la barra con una mirada seria.
Kusanagi frunció el ceño en el instante en que presenció la mirada tormentosa y turbada en los ojos de Mikoto mientras estaba puliendo su preciosa barra antigua.
—¿Qué sucede?
Mikoto desvió la mirada; no tenía la intención de arrastrar a su familia a este asunto. Una guerra total entre reyes no debía ser vista por gente normal, incluso si eran los miembros del clan. Sin embargo, antes de que pudiera decidir algo por sí mismo, una mano pequeña y suave lo agarró de la manga, y un par de ojos carmesí lo miraron comprensivamente.
—Mikoto….
—Es hora —Mikoto suspiró y anunció sombríamente con un pequeño suspiro.
—¡Finalmente! —Yata saltó de su silla y gritó mientras caminaba para recuperar su patineta con una sonrisa.
El barman rubio miró apresuradamente al preocupado Tatara y lo agarró por los hombros. No podían llevarlo al campo de batalla, ya que era peligroso, pero sería mucho peor dejarlo solo sin protección.
—Vendrás con nosotros, pero te mantendrás fuera de los problemas, ¿de acuerdo?
Tatara asintió brevemente y le sonrió a Anna que también lo miraba ansiosamente, pero su pequeña mano de marfil nunca abandonó la de Mikoto.
—Yo también protegeré a Tatara.
Era tan adorable que Tatara no pudo evitar sonreír y se arrodilló ante ella para abrazarla de manera incómoda con su brazo enyesado.
—Yo también te protegeré, Anna.
Tatara pudo sentir como las lágrimas se formaba detrás de sus ojos color ámbar cuando sintió un golpe en su hombro y encontró a Yata con su sonrisa infantil y alentadora.
—¡Esta vez, yo cubriré tu espalda, Tatara-san!
Kusanagi se secó rápidamente las manos con un trapo y lo tiró sobre la mesa de caoba. Dio una vuelta alrededor de la barra y sacó su teléfono celular mientras se sentaba en el sofá más cercano y así reunir a todos los miembros de HOMRA.
—Así que… ¿finalmente encontraste el objetivo? Reuniré a todos.
—Está en el edificio del Rey Dorado.
El rubio casi deja caer su teléfono celular si no fuera por sus buenos reflejo, mientras que todas las cabezas en el bar se volvieron hacía ellos y un asomo de horror aparecieron en la cara de Yata y Bandō.
—No puede ser….
—Vamos —sin perder otro minuto, Mikoto salió del bar con sus manos en los bolsillos de su chaqueta.
—No puedes hablar en serio, ¿verdad...? —preguntó Kusanagi horrorizado mientras enviaba rápidamente los mensajes a los demás miembros.
Por su parte, Tatara agarró las llaves del auto y las arrojó hacía el barman con su mano sana. Parecía que no tenían el privilegio de perder el tiempo.
—¿Se enfrentará al Rey Dorado? ¿Es estúpido o qué? —Yata salió de su trance y fue tras su rey.
Totsuka fue el último en salir del bar, y cerró la puerta detrás de él con un pequeño clic de candado.
—No es eso, Yata. Puede que nunca te lo hayamos dicho, pero actualmente el Rey Azul está siendo confinado allí para recuperarse. Lo más probable es que ahora su objetivo es el Rey Azul.
El joven pelirrojo ya estaba en su patineta, reflexionando un rato después de escuchar eso. Su cabeza de repente estaba ocupada con Saruhiko. Todavía podría odiar a ese traidor, pero esto era sobre su jefe y su Rey.
Misaki se preguntó si al menos debería llamarlo para que trabajara con HOMRA otra vez. Y con un poco de suerte, por una vez después de su ruptura, finalmente podrían tener la oportunidad de reconstruir lo que una vez había ocurrido entre ellos y arreglarlo. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzar su teléfono celular en el bolsillo, Mikoto y sus amigos se metieron dentro del auto de Kusanagi y el cantinero encendió el motor.
—¿Vienes, Yata? —Kusanagi lo llamó rápidamente.
—¡Sí, sólo necesito un momento! ¡Los alcanzaré después! —la vanguardia roja dudo por un momento antes de asentir resueltamente.
Cuando finalmente estuvo solo, sacó su teléfono y comenzó a avanzar en su patineta con cuidado. El sonido del teléfono era casi insoportable, probablemente porque usaba un número privado y Saruhiko odiaba las llamadas anónimas más que nada. No se sorprendería si él decidiera no contestar. Milagrosamente, una voz familiar finalmente respondió formalmente.
—Aquí Fushimi, ¿Quién es?
Yata sintió un dolor en el corazón al escuchar la voz familiar que había echado de menos durante años. En aquel entonces todavía eran inmaduros y realmente se preguntaba cuál era la causa de su ruptura. Estaban demasiado exaltados cuando tuvieron su discusión, lo que llevó a una pelea y una relación destruida. Si estaba a punto de hablar ahora con Saruhiko, ¿no seguirían siendo amigos? Él retuvo sus inminentes lágrimas y tragó saliva.
—Oye, mono. Necesito decirte algo.
Yata se desvió del camino y se apresuró para seguir a sus amigos. El viento helado le golpeó la cara, ayudándolo un poco con los nervios de hablarle a un viejo amigo de manera amistosa. El chico al otro lado sonaba vacilante y una larga pausa cayó entre ellos.
—… ¿Qué?
—HOMRA se dirige al edificio del Rey Dorado. Mikoto-san descubrió que el culpable está buscando a tu jefe —dijo Misaki después de exhalar.
Estuvo a punto de gritar airadamente a Fushimi por no tomarlo en serio, ya que este simplemente bufó y se burló de él.
—Si lo hace, hay un segundo rey para enfrentarlo. No tendrá ninguna oportunidad.
El pelirrojo casi golpeó su teléfono con frustración; Saruhiko nunca lo escuchaba, incluso en una situación tan grave.
—¿No estás preocupado en absoluto por tu rey? ¡Bien, no me preocupare por ti! —Misaki presionó el botón para finalizar la llamada con demasiada fuerza y se guardó el teléfono en el bolsillo enojado.
Estaba tan ocupado con sus emociones que casi golpea con su patineta a una niña que cruzó la calle descuidadamente, persiguiendo su pelota, pero logró esquivarla por muy poco. Gritó una disculpa y siguió corriendo.
—¡Maldito sea ese mono ... tan desalmado como siempre! —Misaki maldijo por lo bajo y se concentró en el camino hacia su objetivo.
La oficina del comandante se sentía bastante espaciosa y vacía sin su majestuosa presencia. Seri estaba aturdida mientras miraba los detalles de cada rincón de la habitación. Ella había logrado tranquilizarse estando en ese lugar recordando los momentos en que se sentó a su lado, dándole propuestas estratégicas para afrontar una misión, con el agradable olor familiar del té verde y su pasta favorita de judías rojas. Ella comenzó a reflexionar sobre toda la confianza y valentía que poseía junto al Rey Azul como su capitán.
Ella estaba sentada en la almohada reservada para la ceremonia del té en la habitación del Rey Azul, como si estuviera meditando cuando Fushimi hizo su entrada con un PDA en su mano a toda prisa. La rubia teniente volvió la cabeza hacia él y dejó su taza de té.
—¿En qué puedo ayudarte, Fushimi?
El chico hizo un saludo apresurado y rápidamente desechó su cortesía.
—HOMRA acaba de hacer su movimiento.
Al instante, su teniente pareció estar más agotada con el inminente dolor de cabeza.
—Se dirigen a la residencia del segundo rey. Ha habido un informe de explosión desde el mismo lugar. Supuse que están persiguiendo al Rey Incoloro.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó bruscamente Seri mientras se paraba y quedaba de pie frente a Fushimi y preguntó:
—HOMRA acaba de informarme personalmente. También he visto sus movimientos en los monitores de la ciudad y, mientras hablamos, ya deben estar en el edificio del Rey Dorado —respondió a regañadientes el joven.
Seri trató de evitar un profundo suspiro. Salió de la habitación de su capitán y caminó por el pasillo con rapidez.
—Entonces tenemos una emergencia. Reúne a una unidad para enviar, yo me pondré en contacto personalmente con el segundo rey para proporcionar asistencia.
—Sí, señora —Fushimi respondió rápidamente y caminó en una dirección diferente a la de ella.
Awashima Seri temía que el acto final acabara de levantar su cortina.
Un hombre vestido de negro, con una larga cola de caballo saltó de la azotea de un edificio a un pequeño callejón, aterrizando con la gracia de un gato.
—El Clan Rojo acaba de ir a la residencia del Rey Dorado. Incluso ha ocurrido una explosión. Creo que es peligroso para nosotros involucrarnos. ¿Qué vas a hacer ahora?
La strain que fingía ser un gato abrazo abruptamente al estudiante de pelo blanco y gimió ansiosamente.
—Shiro, vamos a dejarlos. Ellos dan miedo, ¡corramos mientras están ocupados!
El joven estudiante le dedicó una mirada con simpatía y le dio unas suaves palmaditas en la cabeza a la chica; él sabía que ella realmente amaba sus manos cuando hacía eso.
—Lo siento, Neko. Debes estar cansada. Pero si HOMRA hace su movimiento con tanta prisa hasta llegar a ese lugar, sólo puedo imaginar que la persona relacionada con ese incidente está ahí, y si quiero demostrar que yo no soy el asesino tengo que ir.
—Iré contigo —su negro guardián se ofreció precipitadamente y sus ojos se clavaron desafiantes en los orbes color ámbar, retándolo a rechazar su oferta. —Todavía tienes que demostrarme que no eres culpable.
—Gracias, Kuroh —Isana sólo pudo inclinar su cabeza y sonrió apreciativamente.
Neko los miró con mal humor y apretó su abrazo sobre el brazo del albino.
—Iré con Shiro...
El último puso sus manos sobre las mejillas color cereza de Neko e inclinó su rostro para encontrar el suyo.
—Gracias, Neko.
La strain de largos cabellos se sonrojó profundamente y estuvo a punto de maullar, pero se detuvo cubriendo su boca. Isana se rió suavemente de su respuesta y la soltó. Dio media vuelta y comenzó a salir del oscuro callejón.
—Vamos.
Notas Finales de Yumechou:
¡Al fin todos los actores se han reunido en un solo lugar! El próximo capítulo será otro clímax, hohoho. Ehh ... Me acabo de dar cuenta de que nunca dejo una advertencia para la muerte del personaje. Pero eso no es necesario para un OC ¿verdad?
Notas Finales de Lacrimosa Azul:
Un capítulo largo donde ocurrieron muchas cosas. Me encanto la escena MikoRei, fue shenshual, aunque el final haya sido cruel. Aki-kun, descansa en paz u.u Bueno, ya viene la última parte del fic~~ Kissus!
PD: ¡antes de que me olvide! En el capítulo original, Yumechou utilizo el nombre de Shiro para identificar al estudiante que uso el Rey Incoloro para matar a Totsuka, pero como ya se sabe que su nombre es Tōru, pues me tomé la libertad de cambiarlo…. :D
