Notas de Lacrimosa Azul:
Como lo mencionara la autora más adelante, la historia no está influenciada por la película. Así que hay que olvidar todo eso. Si hay algo que no quede claro, lo siento :C
Notas de Yumechou:
Disclaimer: K-project no es de mi propiedad.
Tengo que admitir que no he visto la película "K: The Missing Kings". Primero, porque escuché el rumor de que la película es triste y no necesito más angustia por ahora o de lo contrario moriré. En segundo lugar, vivo en un país donde el anime siempre llega tarde y no entiendo mucho de japonés, así que esperaré a los subtítulos, jeje. Así que este fic estará basado sólo en el anime, y estará libre de la influencia de la película. Entonces, si hay contradicciones, les ruego que no me den algunos spoilers.
¡Realmente lo siento por demorarme en la actualización! De hecho, termine el capítulo hace tiempo, pero no tuve el tiempo para revisarlo y editarlo porque estuve muy ocupada, así que... Lamento haber tardado otro mes en actualizar, y para mal, el capítulo es bastante aburrido porque todavía estoy tratando de entretejer la historia y que quede lo más claro posible antes del último clímax, jajaja ~ Por favor, tengan paciencia. * tira confeti * Me pregunto si alguien todavía está leyendo este fic olvidado durante demasiado tiempo debido a mi incapacidad para administrar el tiempo... ;_;
Capítulo 9: Fin del Camino
Publicación Original julio 2014
"Existen dos formas de ver la vida. Una es creyendo que no existen los milagros, la otra es creyendo que todo es un milagro"
Albert Einstein (1879 – 1955)
—¿Qué significa esto?
Mikoto empujó a Neko fuera del camino, tan "gentil" como pudo y se paró frente al alegre estudiante. Neko le gruño indignada por ser tratada bruscamente, en comparación con la forma en que Shiro y Kuroh la trataban, pero el Rey Rojo ignoró su existencia por completo.
—Como he dicho, soy el Rey Plateado. Probablemente es la primera vez que nos vemos oficialmente, el tercer y el Rey Rojo actual, Suoh Mikoto.
Isana inclinó su cabeza con una sonrisa serena, entregando su mano derecha para que Mikoto la estrechara, pero éste le lanzó una mirada sospechosa, por lo que el chico retiró su mano con un suspiro.
—No me importa quién eres. Sólo respóndeme, ¿eres tú el que lastimó a mi gente? —Mikoto miró a los ojos de ámbar amenazadoramente.
—¿Tu pregunta es también para saber si fui yo quien lastimó a tu Rey Azul? —Isana se rascó la parte posterior de su cuello y sonrió misteriosamente.
Mikoto arqueó un poco la ceja, pero no dijo nada. Isana levantó la mirada para ver al furioso Rey Rojo, pero no se sintió intimidado por esto.
—Sí y no. Este cuerpo pertenece a alguien que no está relacionado con los clanes y los reyes, pero estuvo directamente involucrado con el intento de asesinato de Totsuka Tatara, pero en sí, yo no fui quien lo hirió, ni a él ni al Rey Azul. Pero sin importar la razón, por lo que he aprendido del Rey Incoloro, también tengo un papel en el incidente.
—¿Qué quieres decir?
Kuroh se aproximó apresuradamente a Isana para protegerlo, pero éste le dio una sonrisa para tranquilizarlo, y luego apoyó la mano en su pecho con calma.
—Entendí sus intenciones cuando se apodero de mi conciencia hace un momento. Esa noche, él espero a que el Himmelreich pasara por sobre ese edificio para así tener la posibilidad de apoderarse de mi cuerpo y mi poder. Pero mientras esperaba, se encontró con Totsuka Tatara e intentó asesinarlo para así provocar un conflicto en el clan rojo con el objetivo de debilitarte a ti para robar tu poder, y después atacar al Scepter 4 para apoderarse del Rey Azul.
Mikoto apretó los dientes y sus puños en cólera. Había supuesto que el Rey Incoloro había estado jugando con ellos detrás del escenario; sin embargo, la verificación del Rey Plateado había derramado el aceite a su alma ardiente que gritaba por sed de venganza.
—O al menos así es como lo planeaba —Isana juntó sus manos detrás de su espalda, todavía radiante mientras continuaba su explicación.
Isana pasó al lado de Mikoto y se dirigió a la cama donde Munakata todavía estaba inconsciente y se detuvo frente a él, observándolo. El pelirrojo se tensó, mirando cada movimiento que el estudiante hacía, receloso de lo que éste intentaba hacer.
El Rey Plateado giró sobre sus talones y se enfrentó a Mikoto una vez más; poniendo sus manos frente a él como si tratara de convencer a este último de que no tenía ninguna intención de dañar a Munakata.
—Pero el Rey Azul se convirtió en un riesgo para su plan. Y yo siento curiosidad de cómo fue esto posible, pero mirándote completamente tranquilo a este tema, ¿probablemente conoces la razón?
Mikoto entrecerró sus ojos hacia Isana, pero éste no retrocedió; el albino no continuaría a menos que él también compartiera información. Chasqueó su lengua con fastidio antes de finalmente murmurar.
—Un strain lo ayudó.
—¿Oh? —Isana se animó, bastante interesado y prestando atención al instante.
—Me dijo que habían regresado en el tiempo. Así fue como detuvieron al Rey Incoloro esa noche.
—¿Te dijeron lo que sucederá en el futuro?
Isana parecía absorto en los detalles, actuado casi como un investigador obsesionado. Mikoto juró que podía ver esos ojos ambarinos brillando. Se encogió de hombros, preguntándose si realmente debería decirle al joven, pero sintió que este último sería capaz de descubrir algo que él hubiera pasado por alto, una vez que cada pieza se uniera.
—Nos enfrentamos los cuatro. El Rey Incoloro, tú y yo fallecimos, pero Munakata no.
Mikoto levantó su mano para señalar en la dirección de Munakata. Isana siguió su dedo y miró al hombre de tez pálida. Después de un rato, colocó su dedo debajo de su barbilla, mirando las características de Munakata por un tiempo. El hombre no era tan hermoso como su bella hermana, pero según el estándar, el Rey Azul podía ser clasificado en un grupo de aspecto elegante. No se sorprendía de que el Rey Rojo se sintiera atraído por el rey durmiente.
—¿Te dijo cómo morimos?
Mikoto miró al techo, tratando de recordar el momento en que se encontró con el strain.
—Asesino a Tatara, así que lo perseguí. El strain no sabía exactamente cómo sucedió. Todo lo que me dijo es que te maté a ti y al Rey Incoloro al mismo tiempo.
—¿Qué? —exclamó enojado Kuroh, ya asumiendo una postura de lucha contra Mikoto en caso de que intentara dañar a Isana.
Sin embargo, el Rey Plateado se encogió de hombros y miró a Kuroh, haciendo un gesto para que bajara la espada.
—Ya que se trata de mí, creo que tengo una idea de cómo fue. Probablemente atraje al Rey Incoloro para que me poseyera, pero con las características de mi aura no pudo controlarme. Con él dentro de mí, me entregué a ti para que cumplieras tu venganza y tú obtuviste tu recompensa. Ambos morimos, y como sólo el Rey Azul sobrevivió, creo que él fue quien se encargó de matarte antes de que pudieras eliminar a todo Japón del mapa junto contigo. Creo que esa es la explicación más factible.
Como se esperaba de la mente brillante, Mikoto casi se sintió admirado por las deducciones de Weismann. Casi.
Isana se sentó en el borde de la cama de Munakata, teniendo cuidado de no lastimarlo accidentalmente o de lo contrario Mikoto usaría su aura para golpearlo en la cara y a él no le gustaba el dolor en absoluto.
—Es una conjetura realmente interesante. ¿Sabes dónde podemos encontrar a este strain? Su capacidad es bastante peligrosa si se abusa de manera inapropiada.
—Probablemente ya esté muerto por usar su habilidad —Mikoto se vio serio por un momento.
La pausa incómoda flotaba en el aire.
—…Lo siento —Isana dijo lentamente.
Mikoto se encogió de hombros silenciosamente. Isana se levantó de la cama haciendo que esta crujiera de inmediato por el peso extra que la dejaba.
—Ahora que hemos reunido todas las piezas, no pretendo repetir la locura que hemos hecho en el pasado. O futuro, ya no estoy seguro —el joven estudiante se dirigió rápidamente hacia Mikoto con una cara sonriente. —¿Puedo pedirte que dejes de lado tu venganza y cooperemos?
Mikoto cruzó sus brazos frente a su pecho a la defensiva mientras respondía bruscamente.
—No.
Isana dio un largo suspiro de cansancio con una sonrisa sombría. Con sólo verlo, él pudo darse cuenta de que Mikoto era alguien absurdamente testarudo, tanto como él lo fue en algún momento. Lo único que podía influenciar a hombres como ellos era si sus seres queridos eran lastimados. Por eso destruirían el mundo si llegaran a perder a su persona más querida.
—Tu amigo está vivo y hay esperanza de recuperación para el Rey Azul. Tenemos tiempo para trabajar juntos, porque ahora sabemos lo que ocurrirá en el futuro —el Rey Plateado se detuvo por un segundo, observando a Mikoto, esperando un milagro que pudiera hacer cambiar de opinión al ardiente rey. —Permíteme recordarte que tu nivel Weismann está en un estado crítico. Si me das tiempo, prometo que buscaré la manera de remediarlo. Hay momentos en los que tienes que pasar por alto tu propio dolor, y comenzar a mirar a tus amigos cercanos antes de que todo sea demasiado tarde. No repitas mi error, estaba demasiado ahogado en mi propia desesperación y abandoné a mi amado amigo y al mundo. Por eso, todo esto sucedió.
El Rey Rojo pareció vacío por un momento. Él no creía en los milagros ni en cosas absurdas como un final feliz. Sin embargo, tampoco soportaba la idea de que él era una bomba andante, amenazando con dañar a los que le importaban. Pero si esta bomba pudiera ser detenida pronto, lejos de todas las personas, sería lo mejor. Munakata ya no volvería a fruncir el ceño preocupado por él. Ya no habría riesgo de carbonizar a sus amigos y a su ciudad. Podría acabar con ese hombre sacrificándose, protegiendo a Munakata y sus amigos. Cumplir su tarea como rey, aunque fuera una vez.
Se suponía que era la mejor solución; el mejor final ya que sería sólo cuestión de tiempo antes de que su aura roja lo consumiera por completo. ¿Por qué retrasar el inevitable final, cuando podía obtener muchos más beneficios con su muerte en este momento?
Pero el strain le mostró el amargo hecho de que ninguna de las personas que apreciaba compartía el mismo sentimiento sobre su muerte. La prueba más absoluta estaba allí con él, acostado en la cama a cambio de la vida de Mikoto.
Munakata también fue un factor de contingencia para él. Siempre consideró a este último como la persona más lógica y racional, que elegiría sin dudar el mundo y su deber sobre él mismo. Para decirlo negativamente, el Rey Azul era lo suficientemente masoquista como para lastimarse a sí mismo en beneficio del orden social.
Por lo tanto, si escogió a Mikoto que era una amenaza para el mundo antes que su vida, sería porque Munakata prefirió los beneficios de salvarlo a él… o el Rey Azul le había enviado la declaración más grande que hubiera imaginado.
Si él hubiera terminado una vez más con su vida, ¿qué haría Munakata? Si bien tenía curiosidad, no era tan cruel como para lastimarlo por segunda vez. Al principio, consideró que había sido demasiado egoísta de Munakata obligarlo a que viviera en este infierno, incluso si era para que pudieran permanecer juntos. No podía evitar que, en el rincón de su corazón, ese rencor lo molestara. Pero Munakata siempre fue egoísta, al igual que Mikoto. Ya que él esperaba que el rey de ojos violetas lo superara y siguiera viviendo por su bien.
Pero entendió la angustia de quedarse atrás después de experimentarlo en las últimas semanas. El vivir gracias al sacrificio de Munakata era mucho más angustioso que una herida mortal en carne viva. ¿Cómo podría culpar a Munakata por no seguir adelante cuando él también lo hacía? Había terminado siendo egoísta en nombre de otros. Hasta ahora, había vivido todos los días como si caminara sobre un hilo delgado, estando siempre atento para no perder el control. Pero tenía a sus amigos que sin duda lo ayudarían a pasar por este infierno. Su deseo de no lastimar a la gente importante para él fomentaría su espíritu para seguir adelante tan calmado como pudiera.
Si él tuviera que ser un idealista, deseando que algún día el Rey Plateado encontrara una forma de restringir el aura roja, por una vez lo sería. Después de todo, incluso si estaba realmente al borde del acantilado, esta vez el Rey Azul no podría estar allí para salvarlo. Estaba solo, y no tuvo más remedio que fortalecer su voluntad para no permitir que su espada de Damocles cayera.
—Todavía tienes mucha gente que no puede soportar perderte, tanto como tú piensas en ellos. ¿No lucharás por esas personas? —Isana extendió su mano hacia Mikoto otra vez, esperando pacientemente por su respuesta.
Mikoto se mordió el labio inferior y tomó la mano de Isana. Él se encargaría de responderle a Munakata con una mejor confesión.
Él viviría.
El sonido de una explosión desde el piso inferior sorprendió a la pequeña strain, haciendo que ella se estremeciera y agarrara bruscamente la manga de Totsuka temblando como un pequeño animal.
—No tengas miedo, Anna —el rubio apresuradamente la rodeó con sus brazos y la atrajo hacia su abrazo.
La chica de ojos rojos los cerró, enfocando su sentido auditivo en los constantes latidos del corazón de Totsuka en lugar del ruido ensordecedor.
Sin embargo, en un segundo pudo sentir una débil presencia maliciosa, diferente del aire emitido por las personas a su alrededor. Aunque su miedo aún la abrumaba haciéndola estremecer salvajemente, se apartó de Totsuka y saltó de su silla, trotando apresuradamente hacia la salida. Kusanagi y Totsuka estaban demasiado sorprendidos y gritaron su nombre.
—¡Anna! ¡Es peligroso!
Pero la chica albina no los escuchó. Abrió la puerta y miró el pasillo vacío, atestado de fragmentos de vidrio, astillas de madera y dos guardias con máscara de conejo que Mikoto había noqueado antes.
Anna cerró los ojos y enfocó sus sentidos, lo que en consecuencia bajó su guardia física. Era casi como si su espíritu vagara dentro del edificio a varios metros de ella buscando al que habían estado cazando.
En poco tiempo ella sintió otra vez el rastro del espíritu del Rey Incoloro, y al igual que cómo podía verlo, el espíritu también notó su presencia. El espíritu de zorro le lanzó una mirada burlona y la asustó totalmente. Sin embargo, ella reunió todo su coraje para mantenerse de pie y mirar hacia atrás desafiante mientras susurraba en voz baja.
—Te encontré.
Giró a su derecha, mirando al lejano pasillo oscuro con el ceño fruncido. Anna ni siquiera notó cuando Totsuka se había deslizado detrás de ella, tratando de tocar su hombro y persuadirla para que volviera a la seguridad del cuarto.
El rubio se detuvo cuando notó que la joven princesa se había separado por completo de su entorno para enfocarse en un punto y siguió su mirada al otro lado del oscuro pasillo. Al principio, no vio nada más que la oscuridad infinita. Pero cuando de repente apareció un destello, Totsuka ahogó un grito de terror e impulsivamente agarró con agilidad el hombro de Anna con su mano sana para evitar el daño.
La niña respiró bruscamente cuando una mano fuerte la apartó con rapidez, haciéndole perder el equilibrio y cayendo sobre su salvador.
—¡Tatara! — Anna gritó su nombre con horror, temiendo haberlo lastimado.
El rubio gruñó dolorosamente cuando se golpeó la cabeza contra la puerta entreabierta y su hombro chocó con el suelo cuando cayó junto con Anna acostada sobre él. Sus ojos ambarinos se fijaron rápidamente en los brillantes rubíes mientras la niña lo miraba. Totsuka se rió débilmente y le dio unas palmaditas en la cabeza.
—No llores, Anna. Estoy bien. ¿Estás herida?
Ella negó con la cabeza en un movimiento rápido y no se molestó en limpiar las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos, amenazando con desbordarse. Al ver que se había calmado, Totsuka miró a su derecha, al pasillo oscuro en caso de que alguien intentara lastimar a Anna. Comentó su preocupación en voz alta.
—¿Qué fue eso?
Anna miró también. No muy lejos de donde habían estado, pudieron identificar un filoso cuchillo de los que algunos de los miembros del clan dorado usaban en el piso de madera. Si Totsuka no la salva a tiempo, probablemente la hubiera herido. Cuando Anna volvió a concentrarse ya no podía sentir la existencia maliciosa. El espíritu había huido de su rango de percepción.
Kusanagi corrió rápidamente hacia la puerta y se arrodilló junto a ellos en pánico.
—¿Qué pasó?
—¡Kusanagi! ¡El cuchillo! ¡Aquí hay uno de esos guardias conejos! —exclamó angustiado Tatara.
El barman rubio frunció el ceño ante la vista y ofreció su mano a sus amigos con mirada seria.
—Incluso un miembro del clan dorado cayó tan bajo como para atacar a una niña pequeña.
Totsuka agarró la mano de Kusanagi para levantarse una vez que Anna se apartó de él.
—Bueno, al menos ninguno de nosotros ha salido herido.
Kusanagi estaba a punto de discutir con el joven cuando Anna tiró de sus pantalones con una mirada sombría.
—No, fue el hombre que hirió a Tatara.
Los dos rubios la miraron sorprendidos, pero su mirada era tan firme que le creyeron. En ese momento, el teléfono en el bolsillo de Kusanagi vibró y lo sacó rápidamente, quedando atónito por un momento cuando leyó el nombre en la pantalla.
—¿Qué está pasando aquí?
Daikaku dio un paso adelante y cerró su abanico mientras convocaba su Espada de Damocles.
—Ven.
Sin perder tiempo, Mikoto corrió hacia él con sus manos envueltas en fuego que lanzó después hacia el segundo rey. El anciano abrió su abanico, como si fuera una orden para que los planetas celestiales que flotaban a su alrededor se reunieran frente a él formando un escudo.
Las chispas estaban en todas partes cuando la llama carmesí de Mikoto colisionó con la barrera impenetrable, pero finalmente el fuego estalló y sólo quedo un humo negro ante la pared medio carbonizada hecha por los cuerpos celestiales.
La barrera se desintegró y los planetas volvieron a circular alrededor de Daikaku, pero la cortina de humo bloqueaba su vista, y de repente Mikoto lanzó un golpe sorpresa apuntando a la cara de Daikaku.
Sin embargo, antes de que su puño envuelto en aura pudiera tocar al anciano, el rey mayor había utilizado su abanico envuelto en su aura dorada, totalmente calmado para contrarrestar el golpe del aura de Mikoto. Los ataques duraron por un tiempo, hasta que Daikaku intencionalmente retrocedió un poco, causando que Mikoto perdiera el equilibrio por un segundo.
El anciano estaba a punto de atacar por la espalda cuando el Rey Rojo quedó expuesto, pero sus innumerables experiencias en batallas le hicieron darse cuenta en el último momento que el joven rey estaba fingiendo.
Por el rabillo del ojo pudo ver la sonrisa en los labios de Mikoto, justo a tiempo para retroceder y mantener la distancia para así evitar el golpe del puño izquierdo del Rey Rojo. Mikoto chasqueó su lengua con molestia por no poder golpearlo, pero se retiró tratando de recuperar su postura.
Sin embargo, antes de que pudiera recuperarse, el Rey Dorado ya había lanzado su aura para atacarlo. El rey pelirrojo apenas pudo protegerse con su tormenta de fuego, pero algunas de las estrellas celestiales lograron atravesar su barrera, impactando en su mejilla y en su chaqueta negra favorita.
Los rasguños dolieron un poco, pero no eran más que la picadura de insecto para Mikoto, y tranquilamente limpió la sangre que goteaba de la herida con el dorso de su mano, causando que el rojo manchara su piel, pero no se concentró en esto.
Sus ojos dorados se fijaron en el anciano rey ya preparado para volver a atacarlo. Como se esperaba de un veterano de guerra, sólo podía soñar con derrotar a un monstruo así. Reconocía que antes había pensado que siendo él un poco más joven estarían a la par. Pero ahora Mikoto se dio cuenta de que su experiencia en combate era probablemente insignificante en comparación con la experiencia del rey parado frente a él, que incluso la edad no parecía deteriorar su habilidad.
Si Daikaku iba completamente en serio en contra de él, con la intención absoluta de matarlo, Mikoto tendría que usar todo su poder para defenderse, y estaba bastante claro que su furiosa aura no podía romper el escudo de Daikaku.
Si bien, se suponía que el atributo del aura del mayor era la ofensiva, éste había logrado adaptarse fácilmente a la situación y utilizó su poder para defenderse con eficacia. Mikoto fue capaz de invocar una pared de fuego para protegerse también, pero no era tan efectiva como la del Rey Dorado.
Daikaku abrió de golpe su abanico dorado y lo utilizó para cubrir la parte inferior de su rostro mientras susurraba en voz baja, apenas audible para Mikoto.
—Cuida tu nivel Weismann, Rey Rojo. Me gustaría evitar bajas innecesarias en este ridículo plan.
El pelirrojo sólo sonrió como respuesta antes de lanzarse hacia adelante, atacando de frente al Rey Dorado.
—Con este tipo de juego no podremos convencer a nadie.
Daikaku rápidamente contrarrestó su ataque y utilizó su brazo para detener a Mikoto. Al siguiente segundo, el pelirrojo se encontró volando en el aire al ser arrojado por el segundo rey con toda la intención de tirarlo al piso.
Pero por reflejo se curvó y giró en el aire, logrando aterrizar con seguridad sobre sus pies. Al no usar su aura el anciano había sido amable con él, y por mucho que esto frustrara a Mikoto ahora no era el momento de dejar que su emoción mandara sobre su cabeza.
—Si él realmente viene aquí y estás gravemente herido, todo esto es inútil —Daikaku suspiró mientras se arreglaba las mangas de su kimono. —Por ahora, ese monstruo debería estar por llegar.
—Al menos hasta que puedan evacuar a todos, deberá actuar más serio. Yo puedo manejarlo.
Mikoto frunció el ceño mientras observaba su chaqueta rota. Una vez que todo esto haya terminado, le diría a Kusanagi que le comprara una nueva.
—No te excedas niño —el Rey Dorado lo fulminó con la mirada. —Nunca te perdonaré si tu Espada de Damocles cae en mi casa.
—Es hora. Vamos a continuar con esto — Mikoto sonrió de lado y colocó sus manos en sus bolsillos.
—Disculpe mi intrusión —Isana entró graciosamente a la sala de seguridad con una dulce sonrisa, seguido por el Perro Negro y Neko.
El cigarrillo de Kusanagi cayó al suelo por la sorpresa, pero rápidamente recuperó la compostura.
—Ah, sí, recibí la llamada de Mikoto... Bienvenido, err... Rey Plateado.
Isana observó a su alrededor, mirando a los presentes miembros del clan rojo y asintió con aprobación.
—Como habrá podido escuchar de su rey, me gustaría solicitar su ayuda.
Anna rápidamente se alejó de Totsuka, acercándose al estudiante para después pararse frente a Kuroh expectante. El anterior vasallo de Ichigen tosió con nerviosismo por ser observado por la pequeña strain, pero Anna ni siquiera titubeó en su competencia de miradas. Isana miró a su incómodo amigo y se rió de él.
—Creo que ella te pide que la dejes ver al Rey Azul.
—¡O-oh!
Kuroh tartamudeó ruidosamente antes de arrodillarse cuidadosamente ante la princesa del clan rojo, cargando a Munakata en sus brazos quien aún continuaba durmiendo pacíficamente envuelto en una manta blanca. Se había ofrecido voluntario para llevar al Rey Azul y evacuarlo junto con el resto del personal en el edificio.
Munakata era más alto que él y había pensado que supondría un desafío cargarlo y su código de caballería no le permitía pedirle a su rey o a Neko para que asumieran la tarea. Por dentro estaba agradecido de que el Rey Azul hubiera perdido mucho peso debido a su estado para hacer su trabajo más fácil. En un principio, Kuroh había considerado la idea de abandonar a Munakata en ese lugar si existía la posibilidad de que el Rey Incoloro atacara nuevamente a Shiro. Sin embargo, Mikoto lo había mirado amenazadoramente desde atrás, casi quemándolo con sus ojos. Así que Isana con una risa divertida, le sugirió que cargara a Munakata y que usara su nueva aura plateada si la situación lo exigía.
Incluso entonces, el Rey Rojo aún fruncía el ceño a regañadientes. Isana tuvo que hacer todo lo posible para no reírse de los obvios celos que hacían a Kuroh sentirse bastante incómodo bajo la feroz mirada de Mikoto.
Anna se alzó de puntillas lo más alto que pudo para echar un vistazo a la cara de Munakata. Tomó nota de la respiración suave y constante. En poco tiempo ella retrocedió y corrió donde Totsuka nuevamente. El joven rubio apoyó la mano en la parte superior de su cabeza suavemente, y con calma preguntó:
—¿Qué piensas, Anna?
—Hay un rastro del hombre que estamos buscando en Reisi, pero él ya se ha ido —la pequeña princesa levantó la vista para encontrar los ojos ámbar del rubio.
Totsuka asintió y acarició su cabeza un poco para elogiar su esfuerzo.
—¿Qué planeas hacer, Rey Plateado? —Kusanagi sacó otro cigarrillo y lo encendió con su encendedor.
Isana volvió la cabeza para mirar al barman.
—Necesito tu cooperación para evacuar el edificio. Necesitamos crear una situación en la que no haya otro obstáculo para que el Rey Incoloro no se sienta arrinconado. Además, a parte de los reyes en óptimas condiciones no creo que nadie más tenga la oportunidad de resistir su posesión —estiró el cuello para mirar a Kuroh por el hombro. —También agradecería que detengas la pelea de los que combaten en el vestíbulo. El Rey Dorado estuvo de acuerdo en cooperar y sus hombres también se retirarán. Debemos revisar los pisos para evacuar a los heridos. Yo personalmente pediré a la teniente del Scepter 4 su cooperación.
—Te ayudaré. Pero no involucremos a una mujer en esto —Kusanagi se apresuró a objetar con un toque de protección a cierta teniente rubia.
—Necesitaré que vengas conmigo para verificar que tu gente acompañe a los miembros del clan dorado y que los evacuen, y necesito a la teniente del Scepter 4 para que nos ayude a organizar una evacuación eficiente. Creo que tienen procedimientos y comunicaciones mucho más elaborados. Cada segundo es valioso para tu rey —Isana habló tranquilamente.
Kusanagi mordió su cigarrillo y tomó una inhalación profunda. En poco tiempo sacó su teléfono y escribió el mensaje. En los siguientes cinco segundos, hubo hologramas de mensajes que desaparecieron en el aire. Después caminó hacia Totsuka y apoyó sus manos sobre sus hombros.
—Tatara, reúnete con todos para evacuar, y llévate a Anna contigo. Probablemente muchos estén demasiado ocupados como para darse cuenta del mensaje.
—Bueno, también tengo que bajar para asegurarme de que el Rey Azul sea devuelto a sus hombres como le prometí al Rey Rojo —Shiro se encogió de hombros. —Ahora, ¿procederemos?
El sonido del acero chocando con el metal resonó fuerte. Fushimi empujó su espada contra Yata mientras que éste usó su bate para bloquear el ataque con la misma fuerza para resistir contra su oponente.
—¿Cuál es tu intención, Misaki? —Fushimi preguntó en voz baja con clara sospecha. —Primero nos llamaste aquí y ahora estás en nuestro camino. Tus acciones se contradicen.
Misaki apretó los dientes usando todas sus fuerzas. Era tan irónico que sólo en medio de una batalla podrían tener una charla.
—Esta es la única manera de hacer que hables conmigo.
—¿Acaso nos queda algo de que hablar? —se burló con crueldad Fushimi, lastimando los sentimientos de Misaki.
—¿Qué debería hacer para que volvamos a hacernos amigos? —Misaki preguntó con seriedad. Sus ojos demostraban una determinación que sobresaltó a Fushimi.
El mundo era tan retorcido para la mente de Saruhiko que creía sólo en sí mismo y en el poder. Nadie lo había amado nunca así que no amaría a nadie. Al principio consideró a Misaki como un compañero para pasar el aburrido día en la escuela. Sin sentimientos que los unieran, y estaba seguro de que podía romper la relación si sentía que estaban profundizando ese vínculo. Sin embargo, la virtud de Misaki lo hipnotizó. El otro chico era completamente su opuesto, tanto que comenzó a interesarse en cómo ese chico ingenuo podría vivir en este mundo hostil.
Observó a Misaki, siguiendo su sombra hasta el punto en que no se dio cuenta de que el chico pelirrojo se había colado en su corazón. Estaban demasiado ocupados viviendo en su propio mundo aislados de los demás. Por lo tanto, ninguno de ellos comprendió que ambos estaban completamente expuestos el uno al otro. Pero en su pequeña jaula dorada, a Fushimi no le importaría, porque Misaki sólo lo tenía a él como a su mundo entero. Misaki no tendría ninguna razón para lastimar a Fushimi ya que perdería su razón de existir si lo hiciera.
Pero dentro de la jaula, de repente entró otro pájaro robándole a Misaki. Fushimi ya no era todo el mundo para el pelirrojo, y su amigo probablemente amaba a alguien más. Saruhiko despreció este sentimiento. Lo tomó como una debilidad y que un día Misaki usaría su amor para destruirlo y tranquilamente se iría a HOMRA, pisoteando sus sentimientos. Por eso decidió que trataría a Misaki de la misma forma en que trataba al mundo que siempre lo había traicionado.
Salió de la jaula por completo mientras rasgaba una herida profunda que dejaría cicatriz para recordarle a Misaki su propia traición hacia Fushimi, y se sintió eufórico al poder dar el primer golpe entre ellos. Para superar sus sentimientos se fue al Scepter 4 donde fue aceptado de buena gana. Supuso que, dado a que los azules y los rojos siempre se habían enfrentado entre sí, no había forma de que HOMRA pudiera robar su lugar nunca más. Sin embargo, había construido un alto muro de hielo, asegurándose de que esta vez nadie se acercara a él, aun cuando sus colegas lo intentaron, pero fue en vano. Lamentablemente, para su amargo resentimiento, su capitán había ganado cierto nivel de confianza.
Munakata era tan silencioso como una serpiente. Constantemente se abría paso con cuidado para derribar su barrera; golpeando cuando Fushimi bajaba la guardia y deteniéndose cuando estaba completamente alerta. Reisi comenzó a leerlo por sus simples gestos y eso molestó a Fushimi, y más cuando Munakata le daba sonrisas significativas y siempre parecía saber qué había estado pasando. Antes de que pudiera darse cuenta su capitán se había adentrado en una pequeña parte de su mundo.
Pero a pesar de todo el esfuerzo que Munakata hizo, sólo había traspasado las primeras capas de su barrera, y en ningún momento logró llegar hasta donde había estado Misaki. Aunque a Fushimi le parecía que su superior no tenía la menor intención de ir más allá a riesgo de provocar la tormenta, sino simplemente de mirarlo desde lejos como un padre mira a su hijo. Por esa razón, Fushimi estaba satisfecho y le permitió establecerse allí. Hasta el momento en que su mente brillante descubrió que Munakata posiblemente estaba encaprichado con Suoh Mikoto el día después del accidente.
Se sintió traicionado nuevamente y la vieja herida se abrió. No fue tan doloroso como lo sucedido con Misaki, pero el dolor sordo aún estaba. No importaba dónde fuera, el Rey Rojo siempre le quitaba su lugar. Y si ahora Misaki, que aún estaba obsesionado con Mikoto, quería volver a ser su amigo, el pelirrojo tendría que enfrentarse con su muro.
—Nada, Misaki —Fushimi respondió con una mirada aburrida. —¿Cuántas veces debo decírtelo hasta que se meta en tu gruesa cabeza?
El tercer comandante de Scepter 4 se alejó abruptamente y mantuvo la distancia entre ellos, mientras apuntaba con su sable a la vanguardia de HOMRA.
—Entonces seguiré intentándolo hasta que te rindas — Misaki hizo a un lado su bate metálico, aun mirando como un halcón a su objetivo.
Las cejas de Fushimi se arrugaron mientras fruncía el ceño.
—Eres molesto.
—Te extraño, sabes —Misaki murmuró suavemente, pero el golpe fue demasiado para el pelinegro ya que sus palabras dejaron atónito a este último. —No entiendo por qué te fuiste. Nunca me dijiste por qué no encajaste. Estoy seguro de que en algún momento probablemente hice algo y estoy aquí para arreglarlo.
—No seas estúpido. Lo que está roto no puede repararse — Fushimi bajó su espada por un momento y se arregló las gafas con la mano izquierda.
—Yo te probaré que sí, sólo dame una oportunidad —Misaki dio un paso adelante mientras Fushimi retrocedía instintivamente. —Dime dónde debería comenzar.
—Abandona HOMRA —un escalofrío recorrió la espalda de Misaki y se congeló de inmediato. En poco tiempo, pudo escuchar el chasquido típico de Fushimi. —¿Ves? ¡No puedes hacerlo, Mi-sa-ki! Después de todo, ¿qué puedes hacer sin tus amigos?
—Si hago eso, ¿qué harás por mí? —apretó los dientes mientras luchaba contra el fuerte dolor punzante en su pecho. Levantó sus ojos para encontrarse con los de Fushimi. —¿Dejarías el Scepter 4 y te quedarías conmigo? ¿Serías feliz estando solamente conmigo a pesar de saber cuán miserable me haría? —el hombre de cabello rojo suspiró abatido. —Si así es como lo quieres, significa que sólo quieres tener poder sobre alguien, mono estúpido.
—No soy yo quien comenzó esta charla. Tómalo o déjalo, Misaki —Fushimi lo fulminó con la mirada a la defensiva.
—Me gustaste, Saru. Por eso te sacaré de tu deprimente mundo —Misaki balanceó su bate de béisbol sobre su hombro, sonriendo débilmente.
—Nunca aprenderás, ¿verdad? —el comandante de pelo negro se burló de él antes de lanzarse para arrojarle sus cuchillos a su ex mejor amigo. —¡Bien, dame tu mejor golpe, Misaki!
Algunos de sus cabellos dorados se aflojaron de su moño mientras giraba y lanzaba un corte azul como una flecha. El joven con el flequillo que tapaba sus ojos se apartó del ataque, logrando sólo rasgar el borde de sus pantalones. Sin perder el tiempo, desde la esquina de su visión pudo ver que había otro miembro de HOMRA que se dirigía a atacarla con un bate de béisbol desde la izquierda, pero ella rápidamente saltó para esquivar al joven y le dio un golpe limpio en la nuca haciendo que este último cayera inconsciente al piso.
Cuando todos sus hombres estaban combatiendo con HOMRA, ella miró a su alrededor para observar la situación. Habían estado tratando de llegar al ascensor, pero antes de que pudieran pasar por la barricada humana de HOMRA uno de ellos siempre se interponía en su camino.
Algunos de sus hombres quedaron inconscientes, así como algunos del otro bando. Comenzó a preguntarse por qué tuvieron que recurrir a la fuerza cuando sólo querían llevar a su rey a un lugar donde estuviera a salvo y evitar que se desencadenara un infierno entre el clan dorado y rojo.
Mientras estudiaba el campo de batalla, sus ojos azules captaron que Fushimi era el más alejado de su grupo, atrayendo a Yatagarasu. Por un momento tuvo la impresión de que estaban demasiado ocupados hablando en lugar de rasgarse la garganta. Sin embargo, si el joven podía mantener alejado a Yatagarasu, le hacía la tarea más fácil ya que el niño pequeño era más fuerte de lo que aparentaba. Su fuerza, para su resentimiento, parecía superarla ligeramente a pesar de su pequeña constitución.
Viendo su oportunidad cuando el camino se despejó, ya que todos los miembros de HOMRA estaban demasiado ocupados luchando contra sus compañeros, ella comenzó a caminar lentamente hacia el elevador deseando no traer la atención sobre ella.
Habían estado estancados durante mucho tiempo, y cada minuto que pasaba era peor que la muerte para ella, estando preocupada por su capitán. Estaba tan perdida en sus sentimientos que no notó el ruido del ascensor al llegar. Tan pronto como levantó su mano para presionar el botón para subir, hubo un sonido de "ding" y se detuvo en su camino con sorpresa.
Aparentemente el ruido fue lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de la mayoría de ellos. Ambas partes se detuvieron y todas las miradas se dirigieron a la puerta del ascensor que se abría.
—Ah, espero que nadie haya muerto... —Totsuka dijo alegremente mientras conducía a Anna fuera del ascensor.
La pequeña salió del elevador y esperó a que el rubio la siguiera. Sus ojos rubíes parpadearon ante el estado caótico. Su corazón punzó de dolor al ver los cuerpos desmayados en el suelo, especialmente cuando podía ver su color carmesí favorito a su alrededor. Por mucho que la sangrienta corriente parecía ser como rosas hermosas a Anna no le gustaba el momento en que la más hermosa de todas las cosas; el alma humana, se alejaba.
Como si se sintieran culpables por lo que habían hecho una vez que sus ojos se encontraron, todos los miembros de HOMRA se detuvieron en seco. El Scepter 4 no podía luchar contra personas que no se resistían, por lo que también permanecieron quietos.
El joven estudiante de cabello blanco salió del ascensor y todo su cuerpo estaba peculiarmente cubierto con un brillo plateado. Podía verse joven y frágil, pero había algo, un carisma que no te permitía apartar la mirada ni ignorar sus palabras. Seri se estremeció al escuchar la voz tranquila, tan tranquila como el agua que fluía en el lago de un bosque. Esos ojos ámbar miraron a su alrededor, observando sin juzgar y sonrió cuando sus ojos se encontraron con los de Seri.
—Debes ser la teniente del Scepter 4. Me gustaría solicitar su ayuda.
Seri quedó atónita por un momento cuando el joven estudiante pasó junto a sus hombres hasta llegar frente a ella. Ahora podía reconocerlo como el hombre que había sonreído maliciosamente mientras intentaba dispararle a su rey y lo mal que se sintió esa noche cuando vio a la persona que más respetaba caer del edificio. Ella rompió rápidamente en cólera y apuntó su sable a sólo una pulgada de Isana con una voz fría y oscura.
—¿Eres él? Si es así, tomaré tu vida aquí mismo con mis propias manos.
—¡Shiro! —Neko gritó ansiosamente
Isana no pareció detenerse. Él la miraba radiante, mientras apoyaba su mano derecha justo delante de su corazón.
—Perdóname por sorprenderte así. Déjame presentarme. Soy el primer y único Rey Plateado, Adolf K. Weismann.
Sus ojos color aguamarina se abrieron con sorpresa, pero no transcurrió mucho tiempo antes de que ella lo fulminara con la mirada otra vez.
—¿Cómo puedo creer esas tonterías? El primer rey murió en el accidente cuando su dirigible cayó, el propio Rey Dorado lo confirmó.
—Es verdad —Anna habló suavemente, interrumpiendo su conversación mientras se paraba entre ellos. —Tienes que creerle.
Un destello de duda todavía estaba en los ojos de Seri, pero su corazón fue influenciado por la pequeña princesa. Después de todo, sabía que Anna nunca mentiría, incluso si el Scepter 4 era su enemigo. Contempló al estudiante con seriedad, tratando de encontrar algún rastro de malicia detrás de esa sonrisa, pero no pudo encontrar nada. Sólo había compasión detrás de esos ojos ámbar. Decidió hacer una apuesta. Bajó el sable y envainó su arma antes de hacer una reverencia profunda frente a Isana.
—Perdona mi rudeza, Rey Plateado.
—Por favor, levante la cabeza. No merezco ese respeto —Isana tosió tímidamente cuando vio su repentino cambio de actitud. Tomó la mano de la mujer, mientras Kuroh se adelantaba hacia ellos, cargando a un hombre cubierto con una manta blanca. —Lo primero es lo primero, permíteme devolver a tu rey a petición del Rey Rojo.
Un coro de jadeos llenó la habitación antes de que todos los azules corrieran hacia su rey, excepto Fushimi, que observaba con seriedad el evento desde lejos. Seri se llevó las manos a los labios, tratando de que sus emociones no tomaran el control de ella, pero cuando sus temblorosas manos apartaron la manta, tomó una fuerte inhalación y sus ojos brillaron mientras hablaba.
—¡Capitán!
El resto de los miembros del Scepter 4 suspiraron de alivio cuando sus ojos captaron a su rey durmiente y envainaron espontáneamente sus sables. Querían reírse de cómo se sentían tan aliviados de ver a su rey, teniendo en cuenta que este hombre siempre los hacía sentir incómodos con sus travesuras y su incómoda comunicación.
Sin embargo, confirmaron que, a pesar de todas esas incomodidades, habían sentido miedo por el destino de su rey, al que apreciaban y por esa razón le permitían guiarlos como sus peones tan gustosamente.
Y ahora que por fin podían ver a su rey de nuevo, después de tanto tiempo separados no podían pedir una mejor reunión. La última vez que lo vieron antes de que el Rey Dorado lo aislara, su capitán apenas estaba vivo, y a todos se les detuvo el corazón cuando los médicos les informaron de esto.
—¿No es genial, Anna? —Totsuka dio unas palmaditas en la cabeza de Anna y sonrió a los emocionados azules.
Como respuesta, recibió un breve asentimiento de la niña de vestido carmesí que observaba de cerca al grupo. Puede que no sonriera para demostrar su satisfacción, pero el Totsuka entendió que el ambiente de alegría la influenciaba. Sin embargo, Seri rápidamente se concentró, y se limpió las lágrimas que amenazaban con derramarse. Ella se enderezó e hizo un gesto de saludo hacia Isana.
—No podemos agradecerte por tu benevolencia. No dudes en pedirnos lo que necesites. Si está dentro de nuestras posibilidades te ayudaremos con nuestra máxima capacidad.
—Te agradecería si puedes enviar un equipo médico aquí para transportar al Rey Azul. Estoy seguro de que Kuroh lo apreciará —el rey de cabello blanco rió entre dientes.
Le dio una mirada furtiva a Kuroh, quien estaba poniendo los ojos en blanco por haber sido molestado. Sin embargo, realmente se alegraría de un poco de ayuda, ya que sus brazos se habían entumecido al cargar a un hombre más alto que él. Seri se mostró nerviosa por un momento, avergonzada por no darse cuenta por su alivio de que al menos debería haber dado esa orden de inmediato. Ella sacó su teléfono e hizo una llamada rápida.
Cuando Seri se alejó para dar las ordenes, Isana giró su cabeza y miró a Totsuka, quien rápidamente entendió la implicación. Tomó la mano de Anna y tiró de ella para reunir a los rojos.
—King nos dice que abandonemos este lugar. Kusanagi le informará los detalles más adelante, pero ayudaremos al Scepter 4 a evacuar a todos de aquí.
Yata lanzó una mirada a Fushimi, quien apenas le dedicó una mirada furtiva. La vanguardia parecía dividida entre dejar a este último o ir a ayudar a sus amigos de angustiada expresión, pero el pelinegro había entendido su ansiedad y había tomado una decisión antes que él. Caminó sin siquiera mirar a Yata para unirse a sus compañeros de trabajo. Sabiendo que no tenía más remedio que separarse una vez más de Fushimi, también fue a donde se habían reunido sus amigos.
—Teniente, todo ya está en orden.
Seri cambió de posición, recargando su peso sobre su otra pierna enfocada completamente en su llamada telefónica.
—¿Cómo está el capitán?
Kusanagi estaba a punto de tipear sus mensajes cuando le lanzó una mirada curiosa, para observar a la hermosa rubia mientras se apoyaba contra la pared cercana. Tal como lo había calculado el Rey Plateado, el Scepter 4 pudo lograr una evacuación eficiente, más de lo que HOMRA podía hacerlo. En media hora, habían terminado, y el único piso ocupado era el último, reservado sólo para el Rey Dorado que actualmente estaba en compañía del Rey Rojo y posiblemente del Rey Incoloro.
Mientras que HOMRA tenía un vínculo más fuerte como familia, su cadena de mando era una historia diferente porque los miembros de HOMRA no estaban especialmente entrenados para manejar crisis y no eran tan disciplinados y metódicos como el clan azul. Sin embargo, dado que HOMRA era una organización con un gran número de miembros que valoraban mucho su vínculo, ayudaron directamente a la policía local a proteger la línea perimetral junto con una pequeña unidad del Scepter 4 para no permitir la entrada de intrusos.
—Está siendo evacuado al hospital general y se ha organizado una reserva especial. Fushimi se ha ofrecido como voluntario para proteger al capitán y actualmente se dirigen al hospital. Cuando lleguen, tendremos un equipo de seguridad en espera y su habitación ha sido organizada para vigilancia las veinticuatro horas. Espero que sea suficiente.
La voz masculina informó apresuradamente y Seri podía escuchar un montón de ruido desde el otro lado, probablemente ciudadanos parloteando y chismorreando lo que podría estar pasando que requería una apresurada área de aislamiento. Incluso las Fuerzas de Autodefensa de Japón se habían movilizado, probablemente bajo las órdenes del Rey Dorado.
—¿Cómo está la situación allí?
Seri miró a Kusanagi, quien también la miró esperando que ella lo ayudara a limpiar el primer piso lo antes posible. Ella asintió con la cabeza y comenzó a caminar hacia él.
—La fuerza policial estaba teniendo dificultades para manejar a los curiosos mientras tratan de atravesar el perímetro y tomar fotos al azar, pero la situación ha estado bajo control desde la llegada de HOMRA. Son suficientemente efectivos para ahuyentar a los ciudadanos —Akimoto se rió un poco al responder lo que también trajo una débil sonrisa a los labios de Seri.
Conociendo a HOMRA, probablemente los asustaron actuando como rufianes, sin embargo, ese método bruto demostró ser bastante eficiente en esta ocasión. Finalmente dijo antes de colgar la llamada:
—Buen trabajo. Sigan vigilando e infórmenme si surge algo.
Tan pronto como terminó su llamada, el Rey Plateado se paró frente a ella y Kusanagi con una sonrisa complacida.
—Bueno, ese es un trabajo realmente rápido. Lo único que queda sería que todos ustedes salgan de este lugar.
Kuroh abruptamente declinó la orden.
—¡Eso es una tontería! Me has aceptado como uno de los tuyos y tienes que asumir la responsabilidad por ello. Finalmente he prometido servirte a ti y solamente a ti, el primero y el Rey Plateado. No queremos apartarnos de tu lado si te unes a la lucha.
—Este es un plan peligroso. Si vienes conmigo existe un alto riesgo de que el Rey Incoloro pueda poseerte y huya de nuevo. Sólo los reyes pelearan en una batalla entre reyes —Isana volvió la cabeza para enfrentar a Kuroh y lo reprendió por ser sobreprotector, pero dio un profundo suspiro cuando vio que el chico todavía titubeaba no queriendo abandonarlo y sonrió ampliamente. —¿Por qué no vas primero? Regresaré antes de que te des cuenta para comer tu comida nuevamente.
Kuroh bajó la cabeza contemplativamente cuando Neko siguió mirándolo a él y a Shiro antes de finalmente agarrar el brazo de Kuroh y alejarlo de su maestro con un pequeño puchero.
—¡Shiro ha prometido que volverá!
El Rey Plateado se despidió con la mano, radiante y sereno. Después de sus amigos, Seri hizo una cortés reverencia ante él y siguió a la strain. Kusanagi se rascó la parte posterior de la cabeza y respiró profundamente mientras hablaba.
—Mikoto a menudo es descuidado, pero él es un buen tipo. ¿Puedo pedirle que cuide de él?
—Te lo prometo —Isana ladeó la cabeza un poco con su sonrisa habitual, y Kusanagi asintió de mala gana.
El Rey Plateado se quedó en silencio mientras escuchaba el débil sonido de los pasos que poco a poco se alejaban mientras miraba las espaldas que se retiraban. Todo lo sucedido el día de hoy le recordó nuevamente lo que una vez había perdido. Y por lo que había luchado.
Hubo una vez, cuando su sueño de felicidad infinita apoyado por el Dresden Slate fue pisoteado como una flor silvestre, una ensoñación fugaz y pensó que ya no creería en nada más. Sin embargo, desde que conoció a Kuroh y Neko y sus fatídicos encuentros con los otros reyes había sido testigo de cómo florecían hermosos lazos. Incluso en el sendero solitario y espinoso de los reyes podía ver las pequeñas luces parpadear para iluminar esos caminos y esta vez se aseguraría de que ninguno de ellos perdiera aquella luz o la esperanza.
Inhaló profundamente, escuchando los palpitantes latidos de su corazón, esperando ansiosamente la próxima batalla mientras murmuraba por lo bajo en un idioma extranjero.
—He encontrado mi deseo nuevamente. Esta vez, obtendremos la felicidad que buscábamos, mi querida hermana.
Notas Finales de Yumechou:
Spoiler~~ el próximo capítulo es probablemente el último, antes del epílogo. ^ _ ^ Espero que se queden para el final.
Notas Finales de Lacrimosa Azul:
Este capítulo fue más corto que los anteriores, pero igual me dio problemas. Si hay algo raro en la redacción ¡lo siento!
