Notas de Lacrimosa Azul:
Este es el penúltimo capítulo, y es el segundo más largo, pero por suerte fue más fácil de traducir y corregir.
Notas de Yumechou:
Sé que no he cumplido con mi promesa de actualizar regularmente. Pero la vida real me tiene demasiado ocupada, y apenas tengo tiempo para dormir o hacer cualquier otra cosa. Escribir fanfics es lo único que hago en el tiempo libre, así que espero que al menos me perdonen... a menos que alguien haga algo con mis tareas de la vida real y asignaciones interminables, creo que el próximo capítulo también se retrasará... *sollozo...*
En este capítulo hay un ligero indicio de MikoTotsu y ReiSaru si es que quieren verlo. Por el ReiSaru culpen a AkiFushi por darme ideas, jajaja. Para evitar confusiones, permítanme explicarles que este capítulo tiene lugar antes del final del último capítulo. Lo he hecho para tener una mejor comprensión de la línea de tiempo.
Capítulo 11: Complicaciones y Consecuencias
Publicación Original octubre 2014
"Cuando uno está enamorado, siempre comienza engañándose a sí mismo y termina engañando a otros. Eso es lo que el mundo llama amor"
Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray (1854 - 1900)
—En resumen, no hay una explicación clara para explicar su estado inconsciente —el doctor subió sus gafas por el puente de su nariz antes de continuar. —De su historial clínico sabemos de la conmoción cerebral debido a la caída y de las fracturas múltiples. Sin embargo, encontramos que la hemorragia no suprime la parte del cerebro responsable del despertar y la cantidad es insignificante como para causar un daño isquémico extenso en el cerebro. En un principio asumimos que el coma era el resultado temporal de una lesión neuronal que ocurre durante un traumatismo craneoencefálico. Sin embargo, en la mayoría de los casos el paciente se habría despertado en menos de un mes. Enfatizando la discrepancia entre los exámenes sin hallazgos patológicos significativos y su estado comatoso prolongado, teóricamente hablando, nada coincide.
Daikaku asintió con la cabeza mientras su mejor equipo médico se quedaba en un breve silencio, permitiendo que el Rey Dorado asumiera la información.
—Continúen.
—Por lo tanto, todavía tendremos que esperar a que recupere la conciencia, pero aún tenemos que considerar que ha estado en coma durante casi un año. El pronóstico positivo tiende a disminuir entre más prolongado sea el período de coma.
—Así que sólo podemos esperar a que se despierte, ¿es eso lo que has insinuado?
El jefe del personal médico se quedó en silencio con una mirada sombría en su rostro antes de responder.
—Sí —el médico designado continuó, como diciéndoles que la peor parte aún no se había revelado. —No obstante, también hay complicaciones después de un reposo prolongado en cama, como debilidad muscular e infecciones, como neumonía. Hemos hecho todo lo posible para prevenir esto, colaborando con el equipo de rehabilitación y de enfermería, pero tenemos que informarlo con anticipación. Tuvo varios episodios de infecciones, aunque todos fueron tratados con éxito mediante la administración de antibióticos.
—¿No hay otra forma de acelerar su recuperación? —de repente, una voz solemne y de barítono se unió a la discusión.
Daikaku miró a Mikoto quien estaba sentado justo detrás de él, escuchando en silencio hasta hace un momento. Al principio, el Rey Dorado prefirió mantener confidencial la información médica sobre Munakata, que actualmente estaba bajo su estrecha supervisión.
Sin embargo, el Rey Rojo persistió, incluso recurrió a amenazarlo para conseguir un asiento en la sala de conferencias. Como de costumbre, Weismann dio su apoyo al Rey Rojo, y Daikaku pensaba que su amigo era demasiado partidario de la relación no tan secreta entre estos jóvenes reyes porque parecía divertirse con la situación y él siempre fue indulgente con Adolf. Así que ahí estaban, sentados ante el mejor equipo médico de Japón que pudo reunir.
Daikaku examinó a Mikoto, siendo completamente cauteloso de que éste no perdiera la compostura y causara estragos en la sala de conferencias con su temperamento violento. Pero el Rey Rojo no hizo nada por el estilo. Pero no era difícil ver que había una tormenta dentro de esos ojos dorados y su postura estaba ligeramente encorvada. De alguna manera sintió una punzada de simpatía, pero no lo expresó. Su personal lo estaba mirando, preguntando su permiso para exponer la verdad. Finalmente habló y realizó un gesto breve con su cabeza.
—Sólo respóndele.
El médico de mediana edad se aclaró la garganta y miró directamente a Mikoto, mientras su voz clara hacía eco ligeramente en el compartimento confinado.
—No. Incluso con la última tecnología, no tenemos los medios para inducir su despertar. Hasta que ese momento llegue, sólo podemos seguir observándolo y evitando que aparezcan complicaciones.
Un pesado silencio se hizo presente una vez más y, a pesar del brillo del sol y el cielo sin nubes al otro lado de la ventana, la atmósfera era tan sombría dentro de la sala de reuniones como si hubiera una nube turbia flotando sobre ellos. Daikaku cruzó sus brazos dentro de las mangas de su kimono y finalmente interrumpió la sofocante quietud.
—Gracias por la explicación. Todos pueden retirarse.
No transcurrió más que un minuto para que todo el equipo saliera apresuradamente de la habitación y regresaran a sus puestos con un coro de suspiros de alivio. Aunque ninguno de ellos presionó intencionalmente a los médicos, la presencia de tres reyes poderosos ejercía una presión tremenda sobre los seres humanos comunes.
Cuando la puerta se cerró, dejando sólo a los primeros reyes y a Mikoto, Isana habló suavemente mientras se frotaba la parte posterior de la cabeza.
—Bueno, sí dijeron que todavía hay esperanza para que despierte...
—Casi ha pasado un año, Weismann. Sería mejor no mantener altas expectativas —dijo Daikaku, evitando la mirada desdeñosa de su mejor amigo por desorientar su esfuerzo por mantener en alto el espíritu de Mikoto.
—Un milagro puede ocurrir si lo deseas, teniente.
Isana miró duramente al viejo rey, que parecía dudar de sus palabras, pero no lo contradijo. Entonces los dos desviaron su atención hacia Mikoto que se levantó bruscamente y salió de la habitación sin decir una palabra.
—Estará inconsciente hasta que el tiempo que regreso esté totalmente pagado.
Mikoto recordó la última vez que se encontró con el strain mientras caminaba sin pensar en un destino, avanzando al otro lado del pasillo blanco de la sala médica de la residencia privada del Rey Dorado.
Desde ese día, no hizo ningún intento de buscar al strain, no cuando recordó que el niño probablemente ya no estaría en este mundo. De aquel encuentro sólo se molestó en memorizar esas palabras, que resonaron en su mente, y siguen haciendo eco como ondas perpetuas en el lago, especialmente en las últimas semanas. Puede ser porque casi se cumplía un año del día en que la vida del Rey Incoloro terminó en sus manos junto al apoyo de los reyes mayores.
Conservaba la esperanza, creyendo cada palabra que Akizuki le había ofrecido y esperando el día en que finalmente pudiera ver esos parpadeantes ojos violetas y escuchar la incesante charla de cierto rey de cabeza azul. Pero la paciencia no era su fuerte, y cuando el tiempo seguía corriendo, la inquietud se colaba lentamente en su corazón, infligiendo agonía constante a medida que su fe se desmoronaba.
—¿De cuánto es la deuda de tiempo de Munakata?
¿Cuántos años tendría que esperar hasta que el tiempo congelado comenzara a moverse otra vez? Mikoto incluso se preguntó si Munakata se despertaría antes de que la muerte lo encontrara a él primero.
Como había prometió, Weismann comenzó con entusiasmo su investigación y Mikoto a regañadientes se convirtió en su tema de estudio. La investigación avanzaba lentamente, pero avanzaba, y mientras realizaba su investigación, el estudiante de cabello plateado comenzó a vivir con sus miembros del clan, y como si tuviera múltiples personalidades volvió al lado de sus amigos tan alegre como si la tragedia que involucraba al Rey Incoloro nunca ocurriera y a menudo mostraba una expresión que había aprendido que no encajaba con su característica infantil.
El Perro Negro, el vasallo del anterior Rey Incoloro todavía seguía a su lado junto con la chica gato; ocasionalmente discutiendo entre ellos como si el mundo estuviera libre de problemas. La vista no difería mucho con lo que solía encontrar cada mediodía en el bar de HOMRA.
Afortunadamente, Weismann era un genio y el progreso de la investigación era favorable. Todavía no habían encontrado una manera de restaurar la espada de Damocles a su gloria original, pero el Rey Plateado había estado trabajando en un dispositivo para interrumpir temporalmente el vínculo entre Dresden Slate y los reyes creando una interferencia, pero a él esto no le interesaba, por lo que ignoró la larga y frenética explicación del peliblanco.
Si bien, esto fue hecho para contrarrestar el poder de los reyes y así evitar que abusaran del Dresden Slate y evitar que la historia del último Rey Incoloro se repitiera, Weismann sugirió que podría ayudar a Mikoto a disminuir la presión de la incontrolable aura roja cuando no la necesitaba. Hasta ahora, el prototipo lo había ayudado a dormir sin una pesadilla constante que lo persiguiera, aunque en consecuencia tuvo que llevar su encendedor en el bolsillo ya que el movimiento de sus dedos no le ayudaba a encender su cigarrillo.
Sin embargo, a pesar de que las pesadillas que involucraban destrucción se habían detenido, aún no podía descansar sin ser despertado en medio de la noche con un sudor frío empapando su espalda. Un sueño tranquilo aún estaba fuera de su alcance, porque siempre veía la misma visión cada vez que cerraba los ojos; el mundo pintado de aguamarina rodeado de hielo, un ataúd lleno de rosas azules y en el interior a Munakata, durmiendo plácidamente con la piel cada vez más pálida. No importaba lo fuerte que lo hubiera llamado por su nombre, el transcurso del tiempo parecía congelarse y no había nada vivo aparte de él.
—¿Iras a visitarlo? —una voz femenina de repente interrumpió el curso de sus pensamientos.
Cuando Mikoto giró la cabeza se encontró con una hermosa mujer de ojos azules y brillantes hebras doradas. Se abofeteó mentalmente al no notar de que estaba distraído y había llegado a la habitación donde Munakata estaba confinado. Seri no sonrió cuando vio que Mikoto venía del otro lado del pasillo, aunque ya se había acostumbrado a estas visitas. No importaba cuanto tiempo pasara, ella siempre estaría recelosa de él, temiendo que algún día él perdiera el control cerca de su indefenso capitán. Era casi como una gota de desgracia que haría que Mikoto perdería el equilibrio provocando la calamidad. Ella no quería imaginar si eso sucedía cuando el Rey Rojo estaba en la misma habitación del Rey Azul.
Sin embargo, Mikoto como siempre, ignoró sus sospechas y respondió despreocupadamente:
—Si.
Y Seri siempre se apartaba de la puerta de entrada para permitirle pasar. Después de todo, era inútil tratar de detener a Mikoto. Una vez que él se decidió por una cosa, no retrocedía y lo último que Seri necesitaba era una conmoción justo afuera de la habitación de su rey.
—Entonces, por favor, compórtate.
Seri desvió la mirada y contempló el suelo de mármol mientras se alejaba. Mikoto sólo asintió con gratitud antes de alcanzar la perilla de la puerta y girarla para entrar. Tan pronto como se abrió la puerta, sus ojos dorados se encontraron con los indiferentes de Fushimi. El joven comandante estaba sentado en una silla al lado de la única cama del hospital con los brazos cruzados. Parecía aburrido antes de notar la entrada de Mikoto y bruscamente volteó la cabeza haciendo su típico chasquido con su lengua en señal de molestia y el disgusto fue claro en su rostro.
Cuando Mikoto entró, el oficial de cabello negro salió de la habitación golpeando al Rey Rojo con el hombro intencionalmente, casi demasiado fuerte para un accidente. Fushimi continuó caminando fuera de la habitación sin siquiera mirar hacia atrás u ofrecer una disculpa y cerró la puerta de un golpe al salir.
Mikoto sonrió ante la pequeña represalia de Fushimi en contra de él al visitar a su capitán. Siempre pensó que el adolescente era demasiado distante y que odiaba la interacción humana en general, ya que nunca entablo relaciones con nadie en HOMRA, sólo estaba ahí por Yata Misaki. Sin embargo, parecía que Munakata había hecho bien en ganarse su confianza.
La mente de Mikoto se concentró en Reisi cuando sus ojos se posaron en el paciente en reposo. Durante casi un año él había estado haciendo la misma rutina, y casi podría caminar hasta la cama de Munakata con los ojos cerrados. Pero, aun así, la punzada de culpa cada vez que estaba ahí siempre lo lastimaba, sin importar la frecuencia con que había visto a esa figura solitaria en la cama del hospital, envuelta en una impecable manta blanca.
Cuando se sentó al lado de la cama de Munakata, la silla crujió ligeramente cuando se hundió por el peso extra. Mikoto pasó un minuto en silencio, observando cada pequeño detalle que sus ojos podían percibir del hombre frente a él.
El hombre que dormía en esta pequeña y tediosa habitación era completamente diferente del que recordaba. Se suponía que Munakata Reisi era un hombre compuesto y lógico, que a menudo tenía un sentido del humor extraño y constantemente era molesto y sardónico con Mikoto mientras que en su interior era un rey amoroso, y tenía una debilidad por los niños.
Se suponía que era fuerte y majestuoso, con una elegancia impecable en cada pequeño movimiento que hipnotizaba a Mikoto, y no era sólo por ser un hombre tan naturalmente agraciado. Siempre era fiel a sus principios, como una balanza, sin una falta. Ese rasgo siempre lo había tentado a contaminarlo o al menos sacarlo de balance, porque serían los raros momentos en los que, por una vez, Munakata se pondría nervioso, ya fuera por frustración o vergüenza. Durante preciosos breves segundos, su fría y compuesta máscara sería olvidada y mostraba su entrañable lado humano.
Pero este ya no era el caso y Mikoto había extrañado a su compañero, independientemente de sus travesuras. No importaba la frecuencia de sus visitas con el objetivo de perturbar el sueño de Munakata, él seguía durmiendo, con su pecho subiendo y bajando en un ritmo constante.
Totsuka una vez comentó que debería probar el método del cuento de hadas, pero Mikoto se encogió de hombros con un bufido. Después de todo, incluso antes de que surgiera la idea absurda ya había dejado varios besos en esos labios pálidos y secos, incluso más de los que ambos se habían dado cuando Reisi estaba consiente. Lo había confirmado y también la medicina, que nada podía forzar el despertar de su amante de pelo azul, sino el tiempo mismo.
Cuando se dio cuenta, Mikoto había tomado un mechón de el suave cabello azul entre las yemas de sus dedos. Se sentía tan natural para él estirar su mano y alcanzar el cabello de Munakata que había crecido durante casi un año. Siguió acariciando las hebras azules con suavidad y melancolía, mientras bajaba la cabeza hasta que su mentón quedó entre la unión del hombro y la clavícula de Munakata.
—Este es probablemente nuestro castigo. Porque yo trate de tomar el camino fácil mientras te deje el trabajo sucio, y porque tú simplemente no sabes cuándo rendirte y fuiste tentado por la oferta del diablo —dijo Mikoto en voz baja junto a la oreja de Munakata. —Y está bien, aunque no me quede otra opción más que esperar hasta que pagues tu deuda. Pero ahora me pregunto si no despiertas porque no lo deseas —Mikoto apretó su puño y tomó el kimono de Munakata hasta que la tela se arrugó. —Munakata —pronunció el nombre en un tono amenazante. —Probablemente dirías que estoy diciendo tonterías.
Mikoto se rió amargamente al sentir los latidos del corazón contra su pecho. Hizo una pausa para sentarse y observó al hombre a su lado, que seguía sin moverse y la mente de Mikoto volvió a reírse cínicamente.
Cuando miró hacia el exterior distraídamente, una nube triste flotaba justo en el borde del horizonte que ahora era de un color rojo con matices violetas, envolviendo la luz del sol. Mikoto observaba el contraste del clima cuando murmuró en voz baja:
—Cuando lo destruimos, el clima también era como hoy.
Recordaba vagamente que habían irrumpido en el palacio del Rey Dorado bajo la intensa luz ardiente del sol. Luego, al final del día, el aire se había convertido en una ráfaga de frío helado con danzantes copos de nieve, lo que indicaba el comienzo del invierno. Permitió que su mente retrocediera para rebobinar el tiempo en sus recuerdos mientras olvidaba el tiempo real.
Después de un momento que se sintió menos de una hora, salió de su ensoñación cuando un golpe en la puerta llegó a sus oídos. Mientras giraba, Seri se había parado con los brazos cruzados frente a sus pechos con una expresión que Mikoto tenía problemas para leer. Ella simplemente lo miró por un breve momento antes de forzar una larga exhalación.
—La hora de visita casi termina. Por favor, prepárate para retirarte ahora Suoh Mikoto.
—¿Y si no lo hago? —pronunció el pelirrojo con una evidente sonrisa en su rostro.
Como se esperaba, Seri entrecerró sus helados ojos. No era difícil para él molestarla, especialmente con su amado rey a su alcance, pero él nunca cruzó la línea. Se aburriría hasta la muerte si Izumo se quejaba con él toda la noche porque una cierta rubia hermosa de la que él estaba enamorado le reprendiera de su conducta. Él ocultó sus manos en sus bolsillos y se levantó de la silla con indiferencia antes de salir de la habitación, pasando al lado de ella sin decir una palabra.
Seri observó cautelosamente la retirada antes de mirar largamente a su rey caído y cerrar la puerta suavemente después de apagar la luz. Ella había pedido permiso al Rey Dorado para que el Scepter 4 asumiera la responsabilidad total de proteger a su Rey Azul personalmente, pero el Segundo Rey ni siquiera le concedió una respuesta, así que no tuvo más remedio que retroceder bajo su mirada feroz. Mordiéndose el labio inferior con frustración, se acercó a los guardias con máscaras de conejo y se inclinó levemente hacia ellos.
—Le confiamos a nuestro rey. Por favor, cuídenlo bien.
Las túnicas hicieron un sonido de fricción cuando los miembros del clan dorado se inclinaron ante ella sin palabras y se dirigieron a su puesto frente a la puerta de la habitación, inmóviles como si fueran las estatuas guardianas.
—¡Sigh, esto es totalmente aburrido! —Dōmyōji arrojó sus cartas con despreocupación sobre la mesa de caoba antes de recostarse en el sofá. —Sin el capitán, no tenemos mucho que hacer. Perseguir strains débiles en la ciudad no tiene ninguna emoción.
—Dilo de nuevo cuando puedas escribir tu informe correctamente.
Fushimi se molestó sin pensar mientras sus ojos estaban fijos en la pantalla de su computadora, escribiendo furiosamente en el teclado. Una vena era visible en su frente mientras su frustración se acumulaba debido a los informes interminables que requerían revisión. ¿Cómo podían sus colegas jugar a las cartas sin consideración cuando él estaba sentado frente a ellos, en su escritorio de trabajo, reescribiendo sus informes casi escolares? Además, dudaba de si habían terminado la escuela secundaria al ver que con suerte eran capaces de escribir con una mediocre escritura.
El oficial de cabellos rojos volvió la cabeza hacia Fushimi y se rió de forma descuidada desde su cómodo asiento.
—Aww, no seas demasiado serio, Fushimi. Será horrible si tu cabello se pone blanco cuando el capitán se despierte.
Sus manos se estremecieron y se detuvieron en su ágil danza sobre el teclado. Fushimi se movió incómodo en su silla y se arregló los anteojos innecesariamente mientras murmuraba suavemente.
—Si alguna vez se despierta.
Dōmyōji frunció el ceño por un segundo y apretó los dientes y gritó mientras golpeaba con sus palmas la mesa hasta que se enrojecieron por el golpe.
—¡Oye! ¿Qué significa eso? ¡Por supuesto que lo hará!
Fushimi lentamente giró su silla para enfrentar a sus colegas que lo miraban con molestia, pero cuando se encontraron con sus ojos sombríos, su ira se disipó rápidamente y sólo se estableció un silencio incómodo, a cambio de la furia transitoria.
Todos comprendían el sentimiento de resignación que había permanecido como una maldición ininterrumpida dentro del cuartel general. Todos habían seguido esperando y esperando hasta que su fortaleza casi estaba a punto de secarse y, sin embargo, todavía no había señales de que su rey volviera a entrar en el edificio.
Akiyama miró al Dōmyōji para hacer que se disculpara con Fushimi por alzar la voz, pero el gesto sólo agravó al joven.
—¡Entonces te desafío! ¡Apuesto a que el capitán despertará en los próximos tres días! —gritó Dōmyōji con una risa estridente, mientras se levantaba y señalaba a Fushimi. —Si pierdo, ¡te juro que reescribiré mis informes hasta que cumpla con tu estándar de perfección!
—Dōmyōji, no deberías... —Akiyama palideció instantáneamente por la apuesta.
Después de todo, su escritura era la peor y siempre obtuvo la mirada más despreciable de Fushimi cada vez que presentaba sus informes. En todo caso, destruiría su cerebro, muriendo en el progreso. El estándar de Fushimi estaba más allá de su capacidad.
Fushimi frunció el ceño ante la exclamación irracional. En su opinión, no le gustaba poner su destino en algo llamado suerte, pero estaba decidido a ganar, y por lo tanto haría un esfuerzo para lograrlo. Apostar no era de su agrado. Incluso los juegos de cartas eran deportes de probabilidad donde sólo tenía que usar las matemáticas para salir victorioso. En resumen, si no fuera necesario, no apostaría nada.
Pero la oferta fue demasiado tentadora en esta ocasión. Sólo el cielo sabía cuántas noches se había quedado hasta tarde para reescribir los mediocres informes de Dōmyōji. Si pudiera esclavizar a este último para que lo reescribiera todo por su cuenta, podría ahorrar algo de energía y sería muy entretenido torturar a ese colega vigoroso.
Después de todo, ¿cómo podría perder? Durante un año, el capitán no había despertado. ¿Qué podría pasar en tres días? Fushimi se levantó de su silla y sonrió con un destello malvado en sus profundos ojos azules.
—Claro, ¿por qué no? Será mejor que te prepares para volver a la escuela y aprender a escribir.
Dōmyōji se estremeció y tartamudeó un poco ante la confianza de Fushimi, pero su orgullo varonil no le permitiría retroceder en el juego que él mismo comenzó.
—¡H-hmph! ¡Si pierdes, serás el primero en abrazar al capitán una vez que se despierte, para redimirte!
Fushimi arrugó la nariz y frunció el ceño. Simplemente no se atrevía a mostrar tal afecto en público, especialmente ante los ojos de sus compañeros de trabajo. Ni siquiera podía imaginarse a sí mismo abrazando a alguien, ni siquiera a su capitán. Demonios, incluso siempre luchaba contra el impulso de abrazar a cierto adolescente pelirrojo a quien deseaba meterlo en una caja y mantenerlo a salvo para él.
Él podía admitir que Munakata estaba en su lista de personas tolerables, sólo bajo el nombre de Misaki, en caso de que decidiera destruir el mundo y exterminar a todos los que estaban dentro de él. Pero todavía dudaba de perder su compostura sólo porque su capitán se había despertado.
Empezó a sentir ganas de darse por vencido en este juego tonto. No era como si quisiera dañar su orgullo al cancelar el juego cuando acababa de aceptarlo. Pero calculó el beneficio si ganaba el premio, por lo que decidió mantener el trato.
—Sólo prepárate. Te haré volver a escribir los informes hasta que mueras.
El resto de los miembros del Scepter 4 intercambiaron miradas de preocupación antes de que todos miraran lastimosamente a Dōmyōji, para su sorpresa.
—¿Qué? ¿Cómo pueden todos ustedes no estar de mi lado?
Él los acusó con mirada de cachorro abandonado y los otros desviaron la mirada con carcajadas débiles. No se atreverían a arriesgarse a que Fushimi los azotara para arreglar sus informes. Significaría que no habría descansos cortos, ni fines de semana, ni ausencia anticipada, y simplemente no podrían sobrevivir a eso, considerando cómo eran de agotadores sus trabajos ya sin esos malditos informes oficiales.
—¡Todos ustedes son unos traidores! —gritó antes de llorar lastimosamente mientras salía corriendo de la sala de asambleas.
Fushimi resopló mientras reanudaba su trabajo con una sonrisa diabólica.
La campana sonó cuando se abrió la puerta.
Totsuka y Anna rápidamente giraron la cabeza para ver al hombre que habían estado esperando. Izumo estaba secando los platos detrás del mostrador cuando levantó los ojos para encontrarse con los de Mikoto.
—¡Bienvenido, King! —dijo el menor de los rubios con una sonrisa torpe. —¿Cómo está hoy?
Sólo necesitaba dar una mirada a Mikoto para saber la respuesta. Los gestos eran sutiles, pero se habían conocido durante tanto tiempo que podía leer al rey pelirrojo por estos gestos. Después de todo, su rey no era exactamente un tipo comunicativo y la mayoría de las veces, tenían que tratar de leerlo. No fue difícil después de un largo esfuerzo. Mientras Mikoto no hablaba lo que le había agobiado la mente, su postura era honesta y daba todos los indicios que necesitaban.
Mikoto rápidamente entendió lo que el rubio estaba insinuando y simplemente se encogió de hombros y negó con la cabeza. La sonrisa de Totsuka titubeó un poco, antes de decidirse a darle una sonrisa brillante a este último.
—Bueno, no te preocupes. Estará bien. Él vendrá tarde o temprano.
El Rey Rojo le respondió con una leve sonrisa de agradecimiento antes de entrar al bar y sentarse en el sofá al lado de Totsuka, sólo para desplomarse y recostar su cabeza en su regazo. Anna saltó de su silla del lado de Totsuka para rodear la mesa y se dejó caer en el piso al lado de Mikoto. Ella cruzó sus brazos en el borde del cojín y apoyó su barbilla en ellos, por lo que su cara quedó muy cerca a la de Mikoto.
—Él está bien. Puedo sentir que todo estará bien, Mikoto.
Mikoto giró la cabeza para mirar a la pequeña princesa y vio como los ojos de rubí eran tan claros como cristales y brillantes de alegría, aunque sus labios no mostraban su sonrisa. Exhaló despacio antes juntar su cabeza con la de cabello plateado, acariciándola ligeramente. Ella se acercó por su toque con los ojos cerrados para saborear la seguridad que sentía por su gesto afectuoso y sonrió débilmente.
—Gracias, Anna.
Ella asintió y apoyó la cabeza en sus brazos, cerca de Mikoto. Su presencia la hizo sentir segura y cálida, tanto que ella simplemente no quería dejarlo. Además, su rey estaba un poco deprimido, hoy más de lo normal después de regresar a casa.
Anna se preguntó si le contarían malas noticias sobre el Rey Azul a Mikoto, porque ese tema parecía ser lo único que podía influir en él hasta este punto recientemente. Ella quería que él fuera feliz de nuevo, y creía que no era algo que estuviera fuera de su alcance. Pero Mikoto probablemente no le creería cuando le dijo que todo estaría bien. Probablemente pensaría que ella sólo lo estaba consolando. No tenía nada que respaldara sus palabras, ella simplemente podía sentirlo. No había forma de que ella pudiera competir con sus presentimientos cuando el equipo del Rey Dorado probablemente, ya hubieran mostrado la realidad a él.
Su triste pensamiento probablemente fue mostrado en su rostro y la voz severa de Mikoto la sacó de su trance,
—Anna, te creo —Más que a ellos, más que a nadie. — La última parte se dejó colgando en el aire, sin decir, pero ella entendió y le respondió con su sonrisa angelical y la tristeza en su rostro había desaparecido.
Izumo lanzó un suspiro y se acercó a ellos mientras se limpiaba las manos con una toalla.
—Bueno, suficiente con esta tristeza. ¿Alguna solicitud para la cena?
En su descanso no tuvo sueños. Se sentía como si se hubiese arrastrado por un mar negro y carecía de sensación, como si flotara en el vasto espacio, y al mismo tiempo, en la nada. Sin embargo, estaba mucho mejor. Prefería este tipo de ensoñación, mucho mejor que ver el mar en llamas, la ciudad en ruinas y desmoronándose y gritos de dolor y tristeza. Era mejor que ver un solitario y triste ataúd en el mundo de las rosas blancas y azules, así como la quietud de la atmósfera.
Pero el lujo del placentero sueño duró poco.
La oscuridad aún estaba a su alrededor cuando el ruido molesto de su teléfono interrumpió su sueño. Sus ojos dorados simplemente miraban con desprecio el aparato soltando un gemido agonizante. El teléfono estaba abandonado justo a su lado en la cama, donde lo había dejado. Dio un rápido vistazo al exterior desde su ventana. Probablemente era pasada la medianoche, y el amanecer aún no había llegado para saludarle ya que no había luz en el cielo negro azabache. La nieve revoloteaba lentamente y la niebla había empañado su ventana hasta que apenas advirtió el contorno de la vista exterior.
Cuando su mente nublada se había aclarado un poco con el ruido del aparato, se acercó para ver al insolente llamador y tal vez contestaría para amenazar al infeliz que estaba desde la otra línea. Pero cuando presionó el botón para contestar la llamada, la línea se cortó debido al tiempo de inactividad prolongado.
Mikoto frunció el ceño y lo lanzó hacia atrás antes de arrojarse de nuevo sobre la almohada, permitiendo que el sueño volviera a reclamarlo. Sin embargo, ni siquiera había pasado un minuto cuando el ruido regresó y lo molestó. Agarró el teléfono bruscamente y vio que la pantalla mostraba un número privado. Reflexionó si debería rechazarlo y reanudar su sueño o recogerlo y prometer una muerte dolorosa al intruso. Decidió elegir la segunda opción que llevó el teléfono a su oído, reprimiendo un gruñido mientras preguntaba:
—¿Quién es?
—¡Ah! ¡Finalmente respondes! Deberías haberlo respondido antes, sabes.
La voz relajada la reconoció como la del Rey Plateado, quien sonaba un poco distante al otro lado de la línea. Había ruido de fondo como el murmullo de una multitud parada cerca de Weismann.
—Ni siquiera es de mañana. ¿Qué es lo que quieres? —preguntó Mikoto, con una voz ronca producto del sueño.
—Bueno, pensé que te gustaría escuchar las noticias antes que nadie. El teniente me dijo que esperara hasta la mañana, pero no estuve de acuerdo. Ahora me pregunto si me equivoque.
Su voz cantarina sólo irritó a Mikoto, agregando más combustible al fuego. Si el albino estuviera allí, probablemente golpearía la cabeza de este último con fastidio. Mikoto dejó escapar un cansado suspiro y bostezó.
—Sólo escúpelo, o colgaré.
—Lo siento, no tengo la intención de irritarte.
El hombre en la otra línea se rió un poco, haciendo que la disculpa no pareciera lo suficientemente sincera y Mikoto frunció el ceño con enojo; su pulgar estaba a punto de presionar el botón rojo del teléfono para cortar.
—Él despertó hace un momento. La enfermera del turno de noche fue la primera en notarlo. Estoy seguro de que sabes de quién estoy hablando.
Su mano tembló cuando se estremeció ante la noticia y por accidente su pulgar presionó accidentalmente el botón de apagado. Mikoto miró el dispositivo sin comprender, tratando de registrar las noticias, preguntándose si estaba en medio de un sueño. Simplemente no podía decidir si estaba atontado porque estaba feliz o estaba siendo escéptico al respecto.
Al final, pasó un minuto en silencio y todavía no podía entenderlo. El teléfono tampoco volvió a sonar, y la ansiedad comenzó a establecerse en sus sentidos con el temor de que realmente sólo lo estaba imaginando.
Como su último intento de confirmar su temor, Mikoto rápidamente saltó de su cama, se vistió y agarró su nueva chaqueta de piel negra colgada en la silla cercana y se la puso mientras corría mecánicamente hacia la salida. Ni siquiera pensó en cerrar la puerta de su habitación suavemente, que se cerró demasiado fuerte. Para cuando sus pies llegaron al último escalón, una voz soñolienta y perturbada sonó justo delante de él.
—¿Mikoto?
El pelirrojo giró y esperó impacientemente por un momento hasta que Izumo apareció justo en la parte superior de la escalera. El rubio ahogó un bostezo y se frotó los ojos.
—En serio, hombre, pensé que había un ladrón justo cuando acabo de instalar una nueva luz en la barra y varios juegos de botellas de champaña. ¿Qué estás haciendo a esta hora?
Izumo notó cuán agitado estaba su amigo a pesar de la tenue luz de la habitación, justo al final de la escalera, pero no era un tipo de agitación negativa. Si tenía que adivinar, era más como una excitación eufórica que Izumo tenía cuando él le pedía a alguna chica una cita. El barman arqueó una ceja inquisitivamente.
—¿Sucedió algo?
El pelirrojo lo miró aturdido, como si estuviera mirando algo que estaba más allá de Izumo.
—No, sólo tengo que confirmar algo.
El rubio entendió que Mikoto todavía no deseaba hablar de eso. No tendría sentido convencerlo para obtener una respuesta.
—Está bien, te veo luego.
En un abrir y cerrar de ojos, su amigo había salido por la puerta a una velocidad sorprendente que nunca había mostrado fuera del campo de batalla e incluso la dejó abierto con la prisa, haciendo que el viento invernal invadiera la habitación. Izumo se estremeció un poco, gruñendo malhumorado por lo frío del aire y lo distraído que estaba Mikoto por no cerrar la puerta y salvarlo del problema.
Ni siquiera un sólo rayo de luz se podía ver a través de las nubes grises y el camino estaba vacío como si cruzara una ciudad muerta. Mikoto incluso podía contar los carros que pasaban con los dedos de una mano, aunque no le hizo caso a tanta trivialidad. ¿Quién podría culpar la poca actividad? Todavía era de noche y el aire helado estaba mordiendo los huesos. A nadie con buen sentido le gustaría caminar en el medio de la ciudad voluntariamente a estas horas. Incluso un transeúnte que pasó a su lado alzó una ceja al verlo correr en medio de la nieve sin un paraguas o un calentador de tela adecuado.
La nieve se derretía cuando tocaba su sudorosa piel, pero el frío que acarreaba no pudo filtrarse en sus poros. Sin embargo, el aire invernal le dolía en la garganta y una bruma blanca era liberada con cada exhalación. Siguió corriendo tan rápido como sus piernas podían llevarlo, tan lejos como pudo. De vez en cuando disminuía la velocidad y caminaba a paso rápido. Para su consternación, ya habían transcurrido las horas de funcionamiento del transporte público y la tormenta de nieve impediría que los trenes se movieran. Sin embargo, el hospital donde Munakata había estado confinado y aislado todavía estaba bastante lejos, ya que estaba ubicado cerca de la residencia del Rey Dorado. Gruñó con impaciencia, pero siguió presionándose para llegar a su destino antes, aunque fuera por un minuto.
Él solo tenía que saber. Tenía que confirmarlo.
—Whoa ... ¿corriste todo el camino hasta aquí?
Weismann inclinó su cabeza con una sonrisa sorprendida cuando sus ojos encontraron a Mikoto, que se detenía brevemente junto a la puerta de entrada del hospital para calmar los palpitantes latidos de su corazón y también para detener sus respiraciones entrecortadas.
—Esto es mucho antes de lo que esperaba. Incluso me había preparado para esperar otras dos o tres horas hasta que llegaras.
Mikoto entrecerró los ojos viendo al joven adolescente que estaba sentado con las piernas cruzadas en el vestíbulo desierto del hospital siendo iluminado únicamente por una luz tenue. Era evidente que este último lo estaba esperando.
Después de que sus pasos consiguieron un ritmo más estable, Mikoto entró al vestíbulo y se paró frente a él con los brazos cruzados, luciendo exigente.
—¿Bien?
Se quitó el brazalete de su muñeca izquierda, un regalo del hombre frente a él, para permitir que el aura roja volviera a fluir dentro de él y en un instante calentarlo. Una vez que la calidez se convirtió en fuego dentro de él, se puso nuevamente su supresor de aura y el poder del Dresden Slate se sintió distante una vez más.
El adolescente de pelo plateado dejó escapar un profundo suspiro dramáticamente.
—Deberías haberme escuchado al menos hasta el final, sabes.
—Si esto es una broma, juro que te mataré —Mikoto lo fulminó con la mirada.
—Por supuesto que no. No soy tan malo —se levantó de la silla y pasó junto a Mikoto. —Pero si me hubieras escuchado, sabrías que es inútil que vinieras tan temprano.
—¿Qué quieres decir?
Mikoto siguió detrás del joven estudiante mientras Weismann se dirigía hacia el ascensor bloqueado con contraseña, que conducía a la habitación privada para pacientes internados.
—El personal lo encontró despierto hace apenas una hora. Pero cuando el equipo médico llegó, se había vuelto a dormir —el ascensor emitió un sonido de "ding" antes de que se abriera la puerta. Mikoto rápidamente entró justo después del primer rey. —Después de eso, no ha vuelto a abrir los ojos. Pero los doctores dijeron que no nos preocupáramos. El Rey Azul probablemente esté durmiendo, ya que los pacientes como él generalmente sienten un agotamiento extremo al pasar tanto tiempo durmiendo hasta que estén consiguiendo mejorar.
—Entonces se despertará, ¿verdad? —el golpeteo de su esperanzado corazón era tan fuerte que le ensordecía los oídos.
—Según los médicos, sí. Afortunadamente será esta mañana o al mediodía —Weismann le sonrió alegremente mientras estaba apoyado contra la pared. —Kuroh lo está vigilando, mientras que algunos de los conejos están inspeccionando al personal y el lugar para mantener la seguridad al máximo nivel. Si quieres, puedes esperar y descansar, hay una sala de espera con una cama justo al lado del Rey Azul. El teniente lo ha preparado, suponiendo que insistieras en quedarte aquí.
Mikoto mantuvo la respuesta para sí mismo, pensando seriamente en lo que debería decir o por dónde debería comenzar si Munakata finalmente fuera capaz de responder a su voz. El temor apretaba su pecho que, por una vez en su vida, quiso huir de este dolor constrictivo. Al mismo tiempo, su corazón se aceleró con la esperanza y la emoción fue demasiado como para sentirse mareado y deseó que el ascensor se detuviera antes.
Cuando el elevador se detuvo bruscamente y la puerta se abrió con lentitud, Mikoto rápidamente salió por la puerta. Weismann negó con la cabeza con una pequeña risa ante tal impaciencia juvenil y siguió a Mikoto a su propio ritmo relajado.
Su trabajo estaba hecho. Su papel era ser el informante y ahora simplemente observaría cómo fluirían las cosas de aquí en adelante. Justo desde el otro lado del pasillo, sus ojos ambarinos notaron que Kuroh se alejaba rápidamente de la puerta, asintiendo en reconocimiento a Mikoto antes de pasar al lado de él para acercarse al Rey Plateado.
—¿Te hizo algo? —Kuroh miró los ojos ambarinos examinándolo antes de mirar por sobre su hombro, mirando con cautela al Rey Rojo que apenas notaba su presencia.
—Eres demasiado cauteloso con él. Deja de preocuparte. No puede matarme, incluso si tuviera una razón —Weismann dejó escapar una risa suave, que apenas se escuchó.
—Eso no significa que no sentirás dolor en tu corazón —los ojos oscuros del joven miraron fijamente al albino con preocupación.
Aunque sólo había pasado un año desde que comenzó a seguir a este rey confinado en un cuerpo juvenil, lo único que sabía con certeza era que Weismann tenía tendencia a lastimarse si podía salvar a los demás de los problemas. Él no expresaría su propio dolor o queja, sino que lo abrazaría como si el problema fuera enteramente su responsabilidad cuando no debería ser así.
Ese rasgo preciso siempre lo ponía ansioso. Si el peliblanco ni siquiera se molestaba en prestar atención a su propia seguridad, era su estricto deber como fiel vasallo proporcionarla. En el fondo, reconoció que la sensación que tenía por su rey era algo más que la obligación de un deber, pero no había llegado el momento de cruzar esa línea.
El estudiante de cabello blanco se sonrojó un poco ante la atención. Él nunca se acostumbró a ser el destinatario de tal afecto. La única persona que mostró afecto y preocupación por su bienestar murió hace mucho tiempo. Incluso cuando vivió como Isana Yashiro y Kukuri expresó cierta preocupación en nombre de la amistad, la preocupación que Kuroh siempre tenía por él estaba en un nivel totalmente diferente. Lo hacía feliz, aunque no estaba del todo seguro de cómo expresar su gratitud. En cambio, sonrió amablemente como siempre lo hacía cuando estaba sinceramente agradecido por Kuroh y Neko.
Mikoto atravesó por la puerta y notó a un pequeño grupo de médicos con batas blancas reunidos justo al lado del lecho del Rey Azul. Algunos de ellos estaban garabateando y tomando notas mientras el resto hablaba un lenguaje que apenas entendía, probablemente cosas típicas médicas, en movimientos rápidos. Aunque la charla entre ellos era demasiado fuerte como para hacer que los muertos volvieran a la vida, Munakata ni siquiera dio muestras de despertar. Esos ojos violetas permanecieron cerrados como si nunca se hubieran abierto, contradiciendo lo que Weismann le había notificado sobre lo ocurrido una hora antes.
Ninguno de ellos se dio cuenta de su presencia hasta que estuvo a sólo un metro del otro lado de la cama del hospital y se detuvo ante ellos con mirada expectante. Cuando el privado personal médico del Rey Dorado comenzó a darse cuenta de su presencia, se inclinaron un poco hacia él. De repente, la habitación estaba demasiado silenciosa para su gusto.
—¿Es verdad que se ha despertado? —Mikoto preguntó cuidadosamente.
Se miraron el uno al otro, empujando la responsabilidad de responder entre ellos. A pesar de que fueron específicamente elegidos por el segundo rey, este personal era, por supuesto, gente normal. No tenían un corazón valiente, sino compasión. Mikoto se había dado cuenta de que de algún modo le temían, como una manada de conejos acurrucados ante un solo león dormido. La vista fue irónicamente hilarante.
Una enfermera de unos treinta años dio un paso adelante y tosió para llamar su atención.
—Creemos que sí. Fui yo quien lo encontró. El paciente miraba por la ventana cuando llegué, aproximadamente a las cinco de la mañana. Cuando se dio cuenta de mí presencia, giró la cabeza para verme. Después de eso, fui llamar al médico a cargo, pero comenzó a quedarse dormido en el momento en que llegamos. Desde entonces, no se ha despertado.
El médico de más alto rango entre ellos agregó:
—En la mayoría de los casos, los pacientes comatosos que han recuperado la conciencia aumentarán gradualmente el tiempo en que están conscientes, a menos que una complicación detenga el progreso. Pero en los primeros días, hay una tendencia a permanecer dormidos en la mayoría del tiempo. No podemos decir con precisión cuando despierte, pero siguiendo la tendencia, esperamos que su estado mejore.
Mikoto asintió distraídamente, observando la tez pálida de Munakata. Arrastró una silla hasta el lado de la cama, y se sentó sin preocuparse del mundo. Si los médicos lo encontraron como una molestia, tenían que vivir con eso. No había forma de que le permitiera a Munakata ver las caras de extraños cuando abriera nuevamente sus ojos violetas al mundo. Había tantas disculpas y reclamos que tenía que decirle a Reisi, tantas que tenía el impulso de soltarlas todas de golpe como si se tratara de una presa rota.
Tal como esperaba, el equipo médico lo miraba incrédulo, asombrados por su rudeza al interponerse en su camino para realizar exámenes. No era como si censuraran que un conocido del paciente permaneciera dentro de la habitación cuando estaban haciendo su trabajo, pero la presencia de Mikoto ejercía demasiada presión y la atmósfera se puso tan tensa que la mayoría de los doctores se sintieron incómodos bajo su intenso y desafiante resplandor. Así que al final, salieron corriendo por la puerta. Cuando finalmente estuvieron solos, Mikoto movió sus ojos hacia el rey dormido.
—Vamos, Munakata. No es propio de ti ser un vago aún después de dormir durante un año. Levántate ya.
Como si un despertador sonara dentro de él, algo hizo que su conciencia se moviera, forzándolo a despertar de su sueño. Sus párpados se sentían pesados y sus músculos gritaban en protesta. La luz era cegadora, incluso si sus ojos estaban cerrados, y tuvo que abrirlos lentamente para adaptarse a la incómoda luminosidad. Su mente estaba en blanco, como si alguien acabara de borrar completamente cada historia en ella. Aunque su visión todavía estaba borrosa con la niebla del sueño, lo primero que vio fue el techo desconocido.
Sin embargo, la habitación se sentía diferente a la anterior, cuando se despertó por primera vez. Todavía era el mismo lugar, pero se sentía más brillante, como si hubiera algo vivo en su interior. Lo más obvio que notó, es que la luz del sol había entrado por la ventana abierta, y la brisa era un poco fría, acariciando suavemente sus mejillas y moviendo sus cabellos, se sintió más vivo que antes, disfrutando de la sensación de agitación.
Desde la periferia de sus ojos, captó el intenso color escarlata, tan bello como el color de la puesta de sol, que contuvo el aliento ante su magnificencia. Cuando giró la cabeza para mirar al invitado sentado a su lado, notó que el hombre estaba cabeceando con los brazos cruzados, como si luchara contra el sueño al que no podía resistirse.
El ver esa escena de alguna manera trajo una sonrisa involuntaria a su rostro. Su cerebro todavía se sentía confuso por el hecho de que, en su corazón, entendía que debería reconocer a este hombre, pero no podía establecer la conexión entre ellos. ¿Cómo podría él, sentir que lo conocía cuando no había podido recordar su propia identidad? Se preguntó si debería sentirse ansioso por no poder recordar, pero sólo la sensación de tranquilidad entró en él.
Munakata inhaló profundamente y se movió para acurrucarse sobre su costado para mirar el rostro dormido de Mikoto, como si verlo pudiera ayudarlo a recuperar sus recuerdos. El ambiente a su alrededor quedó en calma, lleno de algo vivo y constante para su comodidad. Sin embargo, no tardó mucho antes de que el aire se volviera frío contra su piel, y no pudo resistir estornudar. Trató de reprimir el sonido, esperando que no despertara al que dormía y dejara que el tiempo permaneciera quieto entre ellos, pero aparentemente su esfuerzo fue inútil.
Un par de ojos dorados se enfocaron repentinamente en él una vez que el hombre se despertó, desconcertado por la incredulidad y juró que esos orbes relucían como el agua clara de un tranquilo lago. Munakata no podía entender por qué, pero sintió que ambos quedaron paralizados. Ninguno de ellos se atrevió a moverse, incluso parecía que ninguno de ellos recordaba respirar mientras se miraban como si buscaran una respuesta inexistente.
Una nueva ola de cansancio comenzó a invadir a Reisi y sus ojos comenzaron a parpadear. Aun cuando trató de acurrucarse porque todavía quería ver ese color y con suerte poder escuchar la voz del hombre frente a él, pero el sueño era demasiado grande. Sin embargo, antes de que pudiera sumergirse nuevamente en el solitario sueño, un par de fuertes brazos estaban sobre sus hombros, sacudiéndolo bruscamente. El hombre con cabello de color bermellón le gritaba un nombre familiar a su mente, y con éxito lo puso de nuevo en un estado de conciencia absoluta.
Una vez que los ojos malva de Munakata volvieron a fijarse en él, Mikoto suspiró aliviado y tiró de él para abrazarlo, pasando su mano por los suaves mechones azules con cariño.
—No vuelvas a dormir ahora —susurró Mikoto cerca de la oreja de Munakata mientras enterraba su rostro en el suave cuello, inhalando el familiar aroma de Munakata contaminado con un olor a antiséptico.
El peliazul hizo un sonido ahogado con su garganta como respuesta mientras se acomodaba contra Mikoto a gusto. Pero antes de que pudiera disfrutar de la sensación de seguridad, Mikoto lo alejó y lo miró con dureza, preguntándole ansiosamente una pregunta que no podía comprender.
—¿Todavía recuerdas lo que pasó? ¿Recuerdas algo?
Él inclinó su cabeza en respuesta, cuestionando. No pudo entender la pregunta en absoluto y el tono alarmado en la voz del hombre lo irritó. Era como si lo reprendiera por algo que él no había podido evitar. Podía sentir la onda expansiva de dolor de cabeza si obligaba a su cerebro a recordar cualquier fragmento de recuerdos caóticos y la amenaza lo asustaba. Todo lo que quería era volver al espacio relajante dentro de los brazos del pelirrojo, pero obviamente éste le negaría ese lujo y eso lo enojó.
Se sacudió ligeramente para liberarse, frunciendo el ceño a Mikoto, para sorpresa de éste, quien no podía entender el repentino cambio de comportamiento y temperamento de Munakata. Trató de recordar algo útil del personal médico, pero luego recordó que ninguno de ellos mencionó lo que podría suceder cuando un paciente en coma prolongado se despertara ya que ninguno de ellos tenía ni una pizca de esperanza de que Munakata abriera los ojos. Chasqueó su lengua con fastidio antes de tirar a Munakata de vuelta a su abrazo, obligándolo a detenerse antes de que pudiera lastimarse accidentalmente.
Finalmente, Munakata cesó en su débil represalia mientras la fatiga lo inundaba. Mikoto lo soltó cuando escuchó un suave y constante ruido de respiración y vio como el rey de cabello azul comenzaba a dormitar.
—Oi, Munakata —lo llamó firmemente Mikoto y dio un suave apretón sobre los hombros, sacándolo de su ensoñación. Pero esta vez, Munakata parecía tener cada vez más dificultades por mantenerse despierto. Después de soltar un suspiro de sufrimiento, Mikoto acomodo al peliazul de nuevo en la cama y lo cubrió con la manta hasta la barbilla. —Bien, hablaremos más tarde.
Munakata respondió con una sonrisa fugaz antes de cerrar nuevamente los ojos y comenzó a respirar suavemente. Mikoto estaba a punto de ponerse de pie y salir de la habitación para notificar al personal, pero luego sintió un tirón débil. Una sonrisa escapó de sus labios cuando vio una mano de piel clara que se agarraba al borde de su camisa blanca.
Munakata ocultó un bostezo con su mano y frotaba sus cansados parpados mientras observaba a un grupo de personas que no reconocía abarrotada en la habitación. Estaba sentado en la cama, apoyando la espalda sobre el respaldo de esta, totalmente distraído. Cuando recuperó la conciencia, pudo ver a varios doctores alineados cerca de su cama, y a la distancia, a un joven estudiante que estaba sentado y mantenía una conversación con un anciano a su lado. Parecía que el tema de conversación era él, pero sólo pudo captar fragmentos de su charla y no entendió la mayor parte de lo que escucho. A pesar de que intento comprender lo que estaba sucediendo, pero después de cinco minutos en los que no pudo mantener su concentración, simplemente se dio por vencido y volvió a dormitar lentamente.
Aunque esos dos extraños estaban ocupados prestando atención a las personas vestidas de blanco, el primer hombre que vio desde que despertó parecía nunca apartar sus ojos dorados de él. Esto hizo que se sintiera un poco incómodo bajo una mirada tan intensa, pero aprendió a encogerse de hombros después de un rato.
—Es realmente fantástico que finalmente haya despertado —Weismann sonrió torcidamente, dándole una mirada significativa a Mikoto. —Probablemente todavía tengamos que ver algunas cosas de su recuperación, pero supongo que no tenemos nada de qué preocuparnos. El único problema es que el Rey Rojo nos ha dicho que nuestro paciente aquí parece tener... un cambio menor en su comportamiento.
—No lo molestes, Weismann. Él está inconsciente y vulnerable —el Rey Dorado intervino, desviando sus oscuros ojos hacia el adolescente de cabello plateado.
El doctor en jefe se aclaró la garganta antes de continuar con su explicación.
—El cambio conductual temporal a menudo se detecta en pacientes en estado de coma prolongados, especialmente con la historia de lesiones en la cabeza. Algunos de ellos pueden mostrar amnesia, pero la gravedad y la velocidad de recuperación difieren de cada individuo. El paciente ahora muestra los síntomas de amnesia y, en consecuencia, ha olvidado los recuerdos y las experiencias que poseía antes del accidente. Metafóricamente hablando, en este momento él es una hoja en blanco, hasta que pueda recuperar sus recuerdos.
—Entonces… ¿Cómo podrá recuperar sus recuerdos?
Mikoto se cruzó de brazos, dejando escapar un pequeño suspiro de alivio. Al menos nada era grave. Munakata podría ser diferente y todo lo que una vez Mikoto amo pareció desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, pero al menos estaba vivo y todavía era probable que el Rey Azul que había conocido y amado regresara.
Además, Munakata se comportaba de forma tan dócil, que Mikoto no le pareció tan malo de vez en cuando. Era una situación que no podría volver a experimentar una vez que Munakata volviera a la normalidad; orgulloso e independiente. Mikoto concluyó que debería aprovechar la oportunidad al máximo para poder usar estos momentos para burlarse del peliazul una vez que recuperara sus recuerdos.
—Sólo podemos esperar a que recupere sus recuerdos a su propio ritmo. Hablar con él, mostrar fotos o vivir la rutina habitual puede ayudarlo a refrescar su memoria.
—Entonces será mejor si permitimos que el clan azul lo visite —respondió Weismann dándole una mirada penetrante a su amigo. —Sé que sólo estás pensando en la seguridad del Rey Azul, por eso restringes sus horas de visita. Pero la situación ha cambiado, y él pasaba la mayor parte de su tiempo con su gente antes de que todo esto sucediera. No puedes mantenerlos fuera si quieres que él reanude su posición pronto.
El anciano Rey Dorado hizo un ruido de comprensión y asintió en señal de aprobación.
—Bien. Siempre y cuando esté bajo vigilancia completa, voy a dar mi permiso a partir de mañana. Ahora que está despierto, no importa cuán débil esté en este momento, al menos debería ser capaz de percibir el peligro, y alertar a los guardias en el momento de la emergencia. ¿Cuánto tiempo necesitará antes de que pueda ser dado de alta?
El médico miró a Munakata, quien sintió la mirada y observó al hombre de bata blanca con aire inquisitivo.
—Comenzaremos con una rehabilitación intensa para que recupere su independencia en la rutina diaria y veremos el progreso desde allí. Si no hay complicaciones posteriores, con suerte podrá regresar a su casa en cuestión de días.
—¡Capitán!
Gritó un coro lleno de alegría que hizo eco en la habitación. Munakata estaba sentado en la cama, con Mikoto a su lado, cerca de la ventana cuando giró la cabeza hacia la gran cantidad de invitados sorprendidos.
Apenas tuvo tiempo de adaptarse a la súbita multitud cuando, de repente, los hombres con uniformes azules se abalanzaron sobre él y alguno de ellos lo abrazaron con demasiada fuerza. Aunque se sentía incómodo ya que no los recordaba, pudo sentir una sensación de familiaridad y, a pesar de que este abrazo en grupo lo estaba lastimando, una alegría y un alivio brotaron de su interior, provocando que una sonrisa surgiera de sus labios mientras devolvía el abrazo.
Finalmente, Dōmyōji se echó hacia atrás y pareció preocupado de nuevo.
—¿Es cierto que perdió sus recuerdos? ¿Qué no se acuerda de nosotros?
—Es mejor que no le preguntes eso. Cada vez que alguien hace esa pregunta, sufre dolor de cabeza y vuelve a dormirse —Mikoto interrumpió su reunión con los brazos cruzados y señaló a los subordinados de Munakata, quien bajó los ojos con culpabilidad y sin decir palabra.
—O-oh, lo siento, capitán. No lo sabía —Dōmyōji apartó sus manos de su rey como si su toque pudiera quemarlo. —¡Pero estamos contentos de que esté bien!
Alejado del alegre grupo, Fushimi se movió incómodo, al lado de Awashima, lo que le valió una mirada inquisitiva por parte de la teniente, que ahora se sentía más aliviada al ver que su capitán se estaba recuperando.
—¿Qué sucede Fushimi?
La voz de Awashima atrapó la atención inmediata de Dōmyōji y el joven oficial de repente se levantó y apuntó a Fushimi con una maliciosa sonrisa.
—¡He ganado! ¡Ahora tienes que cumplir tu parte de la apuesta!
—¿Qué tipo de apuesta? —Awashima cuestionó mientras inclinaba la cabeza.
Fushimi giró su cabeza hacia un lado para ocultar su vergüenza e incomodidad hasta que Akiyama decidiera ayudarlo con una pequeña risa.
—Hicieron una apuesta sobre si el capitán despertaría en tres días o no. Si Dōmyōji perdía, haría su informe correctamente. Pero si ganaba, Fushimi tenía que abrazar al capitán. Sorprendentemente, la victoria es de Dōmyōji.
La teniente rubia se rió educadamente. Si fuera una condición normal, ella los habría reprendido por hacer una apuesta tan tonta, pero por el momento, la felicidad que sentía era tan fuerte y un poco de diversión no dolería así que ella decidió aceptarlo.
—Bueno, Fushimi, un hombre no debería retractarse de su promesa.
Fushimi chasqueó la lengua, frustrado y rápidamente cruzó la habitación hasta que estuvo justo al lado de su capitán y sus colegas se apartaron para dejarle paso con una mirada divertida. Juró que los haría pagar por burlarse de él en público de esta manera. Sólo podía desear que cuando Munakata recobrara sus recuerdos, este vergonzoso momento fuera olvidado, de lo contrario el malvado capitán sin duda se lo recordaría a menudo para molestarlo. Los ojos malva lo miraron con curiosidad y Fushimi se quedó unos segundos dudando. Exhaló un profundo suspiro como si se preparara para superar el obstáculo más difícil que jamás haya enfrentado.
Rápidamente se acercó a su capitán para darle un abrazo incómodo y tan rápido como lo abrazó, se echó hacia atrás y salió corriendo de la habitación con la cara aturdida, pero antes de salir, se encargó de darle a Dōmyōji una mirada oscura. Akiyama sólo se rió débilmente mientras su amigo se estremecía ante la inminente amenaza de dolor.
Mikoto sólo miraba divertido el pequeño juego frente a él. No era frecuente ver a Fushimi estar nervioso y furioso de esa manera. Por mucho que lo molestaran en HOMRA, no lograron hacerlo reaccionar más allá de una burla aparte de Yata.
—Fushimi ... ¿Saruhiko? —Munakata dijo con su voz ronca mientras observaba a la figura que se desvanecía, luciendo un poco confundido antes de animarse como si se hubiera dado cuenta de ello.
Los miembros del Scepter 4 estaban asombrados por un momento antes de que se acercaran corriendo a su lado.
—¡Capitán! ¿Te acuerdas de nosotros? —Pregunto Akiyama con esperanza.
Munakata levantó su dedo para señalar a la rubia antes de sonreír un poco.
—Awashima.
Los ojos azules de la mujer brillaban mientras las lágrimas caían y cubrió su boca para ocultar un jadeo, antes de avanzar y tomar la mano de Munakata entre las suyas, diciendo con voz temblorosa:
—Capitán, estoy tan contenta.
—¿Significa que comienza a recordar? —Enomoto intercambió miradas curiosas con Hidaka, pero este sólo negó con la cabeza con incertidumbre.
Pero el sonido de la silla al caer al suelo llamó la atención de los presentes, haciendo que todos volvieran la cabeza en estado de shock al encontrar a Mikoto mirando con el ceño fruncido a su capitán con una ira transparente y ofendida en sus ojos. Seri se alarmó, así como el resto del Scepter 4, preparándose para defender a su rey en caso de que Mikoto desatara su violencia dentro de la habitación, pero el momento nunca llegó. Nadie dijo algo cuando Mikoto rodeó la cama y salió de la habitación en silencio, dejando a Seri estupefacta por lo que acababa de pasar.
Izumo inhaló una bocanada de cigarrillo mientras se apoyaba en un pilar frente al hospital mirando como Anna, que estaba sentada en la escalera del vestíbulo, jugaba con la costura de su vestido rojo. El lobby para pacientes ambulatorios estaba casi vacío a medida que el sol se ponía y la mayoría de las actividades del hospital se habían limitado a las emergencias. Él había ido para recoger a su mejor amigo en el hospital por petición personal de Anna, pero no esperaba ver una sombra oscura en la cara de Mikoto una vez que lo encontró sentado solo en el banco del hospital afuera del edificio.
—Creo que estás celoso de que él los recuerde, pero a ti no —comentó descaradamente Izumo mientras suspiró frunciendo el ceño. —Pero es de esperar. Siempre pasa la mayor parte de su tiempo con ellos debido al trabajo y son sus compañeros.
Mikoto hizo un ruido que daba a entender que estaba de acuerdo, pero no se veía más feliz. Sabía que debería estar contento de que Munakata, al menos, hubiera recuperado la conciencia, con o sin recuerdos después de un año largamente esperado y debía darle las gracias por lo que éste había hecho al salvarlo a él y a Tatara. Pero no podía negar la decepción que sentía en la boca del estómago cuando escuchó el nombre de Fushimi y Awashima escapar de los labios de Munakata, pero no el de él.
A pesar de su amargura, entendió que la razón de ello era culpa suya y la de Munakata. Ellos formaron una relación conveniente, sin nombre ni unión. Mikoto sólo estuvo con él cuando se encontraban casualmente en lugares públicos, o cuando él creaba un caos que requería la presencia de los azules. Incluso cuando inconscientemente se enredaban en los brazos del otro después de estar juntos, no solían expresar su vida personal a menos que surgiera el tema.
Munakata siempre hablaba incansablemente de cuán descuidado o vulgar era Mikoto, pero no compartía ninguna parte de su vida personal con el pelirrojo, quien tampoco le hablaba a menos que le preguntara y se sintiera con ganas de responder. En resumen, su comunicación era bastante deficiente y patéticamente defectuosa. No había mucho entre ellos. Con un vínculo tan frágil, ¿cómo podría pedirle a Munakata que lo recordara a él más que a su propia gente? Sin embargo, todavía no podía deshacerse de la turbia sensación de envidia que pululaba en su interior.
—¿No crees que esta es tu oportunidad si quieres hacer algo al respecto? Él no recuerda nada y eso significa que pueden comenzar de nuevo —Izumo se movió desde el pilar y se paró al lado de Mikoto, poniendo su mano sobre su hombro antes de bajar las escaleras. Anna se levantó, se sacudió el polvo del vestido y trotó al lado de Mikoto, preguntando gentilmente:
—¿Vendrás con nosotros?
Mikoto contempló sus hermosos ojos color rubí durante un momento antes de sacudir la cabeza y darle unas palmaditas en el blanco cabello.
—No, vayan primero. Los alcanzare después.
El rostro de la niña mostró su decepción, pero asintió y se acercó al lado de Izumo.
Mikoto no perdió el tiempo antes de meterse las manos en los bolsillos mientras caminaba de vuelta al hospital con una mirada inquebrantable.
Munakata acababa de despertarse de su corta siesta para encontrarse solo en la habitación. Sus invitados probablemente pensaron que deberían dejarlo descansar cuando se durmió durante su visita. Sus ojos violetas buscaron instintivamente al hombre de cabello escarlata, pero no había otra presencia que él en la habitación. Se preguntó si aquel hombre todavía estaba furioso con él por alguna razón que él no podía identificar.
Aunque sus recuerdos sobre Mikoto eran vagos y todavía dudaba de él, no negaría el anhelo cuando él no estaba allí. Suspiró involuntariamente y miró vagamente el triste crepúsculo de la ventana hasta que se sobresaltó sorprendido por el crujido de la puerta al abrirse, sólo para ver a Mikoto entrar.
—Bien, aún estas despierto.
Mikoto entró y cerró la puerta detrás de él antes de arrastrar una de las sillas para sentarse junto a la cama de impecables sábanas blancas.
—¿Todavía estás enfadado? —preguntó con voz ronca.
Después de un año sin usar sus cuerdas vocales, sonaba como un cristal destrozado cada vez que hablaba.
—¿Qué?
—Cuando saliste esta tarde tu cara gritaba que matarías a alguien —señaló Munakata con tono acusador mientras rodaba los ojos.
Mikoto se rió entre dientes. Levantó su mano para enredar sus dedos en el crecido cabello de Reisi y luego lo besó suavemente.
—Supongo que lo estaba.
—¿Por qué? —preguntó Munakata distraídamente.
Después de un tiempo, Reisi se apartó un poco para mantener la distancia entre ellos cuando una sensación de incomodidad se hizo presente dentro de él, como mariposas revoloteando dentro de su estómago, al sentir lo cerca que se encontraba el rostro de Mikoto. Sin embargo, el agarre del pelirrojo en su cabello lo mantuvo en su lugar. Sus ojos violetas se desplazaron a cualquier otro lugar que no fueran esos penetrantes ojos dorados.
—Porque me gustas —dijo Mikoto serio, para después sonreír amargamente cuando el hombre de cabello azul frente a él se congeló. —Sé que no recuerdas nada, así que no puedes saberlo. Es por eso por lo que te lo diré en su lugar.
—¿Teníamos una relación? —preguntó Munakata mientras lo miraba vacilante.
—No —Mikoto reflexionó un momento y se corrigió a sí mismo. —No lo sé. Es complicado.
—Pero no te recuerdo. Cuando esos hombres me visitaron, pude recordarlos vagamente, pero no a ti.
—Guau, ¿estás seguro de que no recuerdas? Incluso con la amnesia, tu cinismo aún se mantiene —Mikoto respondió con una burla divertida mientras Munakata se sonrojaba por la crítica. —No te culpo. No estábamos saliendo. Era sólo una relación convencional.
—¿Convencional? —preguntó Munakata lentamente.
—Eso significa que sólo nos estábamos usando para follar —Mikoto explicó sin vergüenza.
Por el contrario, el color rojo en las mejillas de Munakata se hizo más profundo y casi se atraganta.
—¿Realmente tienes que decirlo tan vulgarmente? —chilló en protesta el peliazul.
—Estoy harto de las mentiras y los secretos. Me gustas —Mikoto tomó las manos de Munakata entre las suyas.
—¿Qué tipo de respuesta esperas de mí? —Munakata apartó sus ojos de Mikoto. —No te recuerdo, y puede que nunca lo haga.
Mikoto guardó silencio mientras sentía las inseguridades de Reisi mientras apretaba sus manos.
—Lo harás. Los doctores lo aseguraron.
Munakata miró tentativamente hacia arriba para ver a Mikoto. La declaración de éste fue lo último que esperaba oír en el momento en que entró a la habitación. Además, él no estaba preparado para responder a esa confesión, pero esta había despertado su interés. ¿Qué tipo de respuesta le daría su antiguo yo a Mikoto? ¿Qué tipo de persona era en ese entonces y por qué mantuvieron una relación tan cruel? Mientras se moría de ganas por saberlo, le asustaba descubrirlo, ya que tenía la fugaz impresión de que era un hombre insensible por la forma en que la gente, que se presentaba a sí misma como sus subordinados, y Mikoto hablaba con él.
—¿Por qué te gustaría alguien con el corazón tan frío como yo?
—Tú sólo no sabes cómo sociabilizar —Mikoto se burló para molestia de Munakata. —Si tuvieras un corazón frío, no te molestarás conmigo ni salvarías la vida de Tatara arriesgando la tuya.
—No entiendo de lo que estás hablando —Munakata respondió, inexpresivo.
—No es necesario que lo entiendas. Sólo necesitaba decírtelo —aclaró Mikoto después de suspirar.
—Si ese es el caso, no tengo que darte una respuesta a tu confesión, ¿verdad?
—Retiro mis palabras. Eres frío de corazón —comentó Mikoto con el ceño fruncido.
—¿Así que ya no me quieres? —preguntó Munakata mientras fingía una expresión de dolor.
—Tienes que hacer más que eso para que no te quiera —Mikoto rodó sus ojos y resopló.
Mikoto colocó sus dedos en la barbilla de Munakata para levantar su rostro y acortar la distancia entre ellos para después juntar sus labios con los otros. Su mano libre se movió a la parte posterior del cuello de Munakata para mantenerlo quieto mientras lo empujaba hasta que éste quedó recostado.
El primer instinto de Munakata fue tomar represalias, pero luego el beso ciertamente no se sintió como si fuera el primer beso que compartían. Reconoció la agradable presión cuando sus bocas se encontraron y no pudo evitar soltar un gemido.
Sabía de memoria el toque sensual de los labios de Mikoto y la suavidad del pelo carmesí entre sus dedos cuando los agarró. Algo se movió dentro de su mente ruidosamente mientras complacía su deseo, como si pudiera vislumbrar recuerdos fragmentados, pero aún estaban más allá de su alcance.
Cuando retrocedieron, estaban jadeando suavemente, desesperados por respirar. Munakata no pudo evitar reírse.
—Esto definitivamente se siente familiar. ¿Era esto parte de la relación convencional de la que estabas hablando?
—Sí. ¿Deberíamos recorrer todo el camino para que lo recuerdes? —Mikoto sonrió maliciosamente.
Munakata juró que vio un destello malvado dentro de esos orbes dorados. Él estrechó sus ojos y dijo fríamente
—Mi intuición me dice que te diga que no, además, aún no confío en ti.
—Estás en lo correcto, no deberías.
Mikoto soltó una risita antes de inclinar la cabeza nuevamente para recuperar su premio al haber sido paciente durante un año.
Notas Finales de Yumechou:
Bien, aquí he vuelto a mentir. Este no es el último capítulo, jajaja... aparentemente, no puedo poner todo el final en un capítulo. Entonces, sí, habrá un próximo capítulo, y esta vez realmente será el último. Este es probablemente el capítulo más largo de la historia.
Gracias por comentar. Reamente estoy apenada por no poder actualizar pronto, pero espero que me perdonen con este nuevo capítulo.
Notas Finales de Lacrimosa Azul:
Salieron veinticinco paginas (aunque use espacio porque estoy vieja y se me juntan las palabras :v) Ya queda poco para terminar el fanfic, sólo un capítulo más y se acaba. Será el más largo y el que contiene el lemon * tira confeti * Nos leemos en el último ¡Bye!
