¡YAHOI! Bien, antes de nada, me gustaría deciros algo: ¡¿QUERÉIS, POR EL AMOR DE DIOS, DE CRISTO, DE SAN JOSÉ Y DE LA VIRGEN MARÍA LEEROS LAS PUTAS NOTAS DE AUTOR?!
Siento ser tan directa, no pretendo ofender a nadie pero DE VERDAD, estoy hasta los mismísimos de recibir reviews (que me encanta, las cosas como son) preguntándome cosas que YA HE DICHO Y ACLARADO.
Vuelvo a repetir, y, por favor, LEED: este fanfic está basado en un doujinshi de rating +18 que se titula exactamente igual ¿vale? PERO mi historia no va a ser un calco, simplemente tomé la idea original y se me ocurrió esto.
Repito: NO VA A SER UN CALCO. Por lo que:
1. NO VA A HABER LEMMON. Sí algún que otro pensamiento, pero nada explícito, sino enfocado más bien a la curiosidad o al hecho de que se supone que los personajes son humanos y, como tales, no pueden evitar hacerse preguntas o sentir ciertas cosas. PERO NO VA A PASAR DE AHÍ. ¿Ha quedado claro?
2. Alguien me puso por ahí algo de una loli: PUES NO. Mi fic NO tiene nada que ver con esa malsana obsesión que tienen los japoneses con las niñas. Recalco y repito: NADA DE LOLIS.
En esencia he intentado que este fic sea romántico, que refleje los profundos sentimientos que creo sinceramente siente Naruto hacia Hinata. Así que no tengo la más mínima intención de convertirlo en algo erótico.
¿Me he explicado con claridad?
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenencen, son propiedad de Masashi Kishimoto, al igual que la idea original tampoco me pertenece. Todos los créditos a su autor/a.
Dieciséis otra vez
Gruñó por enésima vez; desde que Hinata se había ido a aquella misión, hacía ya casi una semana, estaba de un pésimo humor. Ni siquiera la preciosa vista de su querida villa desde su lugar favorito podía alegrarlo. Cerró los ojos y se dejó caer, fastidiado, sobre la espalda, con las manos en su nuca. Había intentado obtener información de donde se encontraba su mujer, pero Kakashi-sensei prácticamente lo echó de su despacho en cuanto puso un pie dentro, harto ya de sus visitas. Sus amigos también procuraban evitarlo, sabedores de lo pesado que se pondría.
Pero ¿quién podía culparlo? ¡No sabía nada de Hinata desde hacía varios días! A pesar de que ella lo despidió con una dulce sonrisa, asegurándole que era una misión fácil y que volvería enseguida, ya había pasado demasiado tiempo. Y por el semblante preocupado que logró atisbar en su antiguo maestro supo que algo malo había pasado.
El mal presentimiento que llevaba ahogándolo desde la noche anterior volvió a él con fuerza. Se sentó de golpe y sacudió la cabeza, como queriendo echar los malos pensamientos. Hinata estaba bien, le prometió que regresaría sana y salva y él lo creía, necesitaba creer fervientemente que sería así.
Suspiró, cansado ya de darle tantas vueltas a la cabeza. Tal vez una visita a Ichiraku le sentaría bien, hacía tiempo que no iba y un buen tazón de ramen siempre le levantaba el ánimo. Aunque nada se comparaba a la comida casera de su mujer.
Algo más animado esbozó una sonrisa y bajó dando saltos hasta la calle principal. Metió las manos en los bolsillos y se encaminó hacia su puesto favorito de comida. Como ya era habitual desde hacía varios años, algunos aldeanos se paraban a saludarlo, incluso algunas chicas intentaron liarlo para que fuera a comer algo en su compañía. Se deshizo de ellas lo más amablemente que pudo. A pesar de llevar casado casi un año, aún había alguna ilusa que esperaba que se enredara con ella.
Rio ante lo absurdo de aquellos pensamientos. Nada ni nadie podría jamás apartarlo de su mujer, de su Hinata. Aunque hubiese sido un completo bastardo imbécil por no haberse dignado antes a tomarla en cuenta y a no responder a su sincera declaración (más que nada porque con todo el ajetreo que hubo después no tuvo tiempo y más tarde ya se le había olvidado), no permitiría que ahora que la tenía se apartara de su lado.
Llegó a Ichiraku e hizo a un lado la cortina para entrar.
—¡Viejo, ponme un tazón bien grande de miso ramen!
—¡Naruto-kun, cuánto tiempo!
—Desde que Hinata-chan te hace de comer ya no vienes casi por aquí.
—¡Papá! No le hagas caso. Siéntate y enseguida te sirvo. —El Uzumaki sonrió al tiempo que se acomodaba en una de las pequeñas banquetas. Sus ojos vagaron por el lugar, apreciando que poco a poco aquel iba cambiando. Parecía que hacer la publicidad de que el Ichiraku era el restaurante preferido del héroe del mundo shinobi lo había vuelto un punto vital del turismo en Konoha—. Aquí tienes. ¡Qué aproveche!—El delicioso olor que emanaba el ramen frente a él le volvió la boca agua. Cogió un par de palillos y los separó al tiempo que se lamía los labios, saboreando ya los fideos calientes. Se llevó una buena porción a la boca y los sorbió. Ah… sí, definitivamente, había sido buena idea pasarse por Ichiraku.
Estaba a medio tazón cuando un grito con su nombre lo hizo volverse, todavía con algunos fideos sobresaliéndole de los labios.
—¡Naruto-nii-chan! ¡Ven, rápido! ¡Es urgente!
—¿Konohamaru?—Tragó lo que le quedaba en la boca—. ¿Qué pa-
—¡No hay tiempo! ¡Vamos!—El adolescente lo agarró del brazo con ambas manos y tiró de él, obligándolo a levantarse y haciendo que tropezara con sus propios pies en el proceso.
—¡Oye, espera! ¿A qué viene tanta…
—¡Hinata-nee-chan está en el hospital!—Aquella simple frase lo paralizó. Se puso pálido y las piernas comenzaron a fallarle. No, no podía ser… su Hinata… su mujer no… —¡NARUTO-NII-CHAN!—El chillido de su discípulo lo despertó.
Salió como alma que lleva el diablo hacia el hospital, imprimiendo a sus piernas toda la velocidad que pudo. Su preocupación y nerviosismo hicieron mella incluso en Kurama, que sentía las emociones de su contenedor como si fueran las suyas.
—Oye, chico, cálmate. No sabemos na-
—¡Hinata está en el hospital tras una misión que se suponía era sencilla! ¡¿Y tú quieres que me calme?!
—Ponerte de los nervios tampoco servirá de nada. Deberías intentar tranquilizarte o no te dejarán poner un pie allí dentro. —Admitió que su compañero bijū tenía razón en eso. Si entraba armando escándalo lo más probable era que Tsunade o incluso Sakura salieran y lo largaran de un buen puñetazo, sin permitirle siquiera obtener información sobre su esposa. Así que a regañadientes aminoró la velocidad y trató de moderar su respiración lo más que pudo, pero el temblor de su cuerpo ya era otra historia.
Llegó al edificio y entró hecho un flan, pálido y sudoroso, en parte por la carrera que se había pegado y en parte por los nervios. Fue hacia la recepcionista, que lo reconoció de inmediato y no pudo evitar sonrojarse al ver ante ella a semejante personalidad.
—Y-yo… ve-venía por… mi mujer… ella… —Apenas se dio a entender entre tenues balbuceos. La chica del mostrador le sonrió, tratando de transmitirle algo de tranquilidad.
—¿Puede decirme el nombre, por favor?—El rubio asintió varias veces, tragando saliva en el proceso.
—Hinata… U-Uzumaki Hinata—tartamudeó. La vio revisar los informes de aquel día; la espera le estaba poniendo los pelos de punta.
—Aquí está, llegó hace una hora. La está revisando Sakura-san en… —No esperó a que dijera nada más. Echó a correr de nuevo por los pasillos del hospital, ante los improperios de algunas enfermeras mayores al apartarlas bruscamente de su camino. Giró en una esquina y paró ante una puerta con el número 7, el consultorio de Sakura. Saber que ella se estaba ocupando de su mujer lo calmó en parte. Abrió la puerta de un golpe y entró gritando.
—¡Hinata!—El alivio que sintió al verla sentada en la camilla, despierta, con una expresión de sorpresa en sus ojos perlas pero ilesa, sin ninguna herida de gravedad aparente, no pudo describirlo con palabras—. ¡Hinata, Hinata! ¡Dios, Hinata!—Prácticamente se lanzó sobre ella para abrazarla contra él, casi llorando de puro alivio.
—¿Na-Naruto-kun?
Por su parte, Hinata no entendía nada de lo que estaba pasando. Se había despertado en el hospital y con una gran laguna en su memoria. Sakura fue la primera persona que vio al abrir los ojos, pero una Sakura diferente a la que ella recordaba: más alta, más madura. Y ahora, su amor platónico desde la infancia, el chico del que estaba profundamente enamorada desde que tenía uso de razón, la estaba abrazando de forma desesperada contra él.
Fue cuestión de segundos que su cara se tornara completamente roja y que su cuerpo comenzara a temblar sin control. Su mente haciendo verdaderos esfuerzos para no caer desmayada ante lo que estaba segura se trataba de un sueño maravilloso.
Pudo volver a respirar con normalidad cuando el rubio al fin la soltó, pero lejos de alejarse se la quedó mirando fijamente a los ojos mientras apretaba sus hombros con fuerza. El sonrojo volvió a apoderarse de su rostro, al igual que el temblor y el sudor de sus manos.
—Hinata, tú… estás distinta ¿has encogido?—Escuchar su voz ronca y suave tan cerca de su oído y el tener su mirada de un azul intenso apuntando directamente a su cara, con un matiz de profunda preocupación en ellos, fue demasiado para ella. Su mente se quedó completamente en blanco para luego colapsar en brazos del amor de su vida—. ¿Q- ¡Hinata, Hinata! ¡Oe, Hina-
—¡Ya deja de armar escándalo, grandísimo idiota!—Sakura, quien hasta ahora había permanecido como muda espectadora de la escena, golpeó a su mejor amigo en la cabeza, dejándole un enorme chichón de recuerdo.
—¿Sakura-chan?—La cabeza rubia se giró a la pelirrosa—. ¡Sakura-chan! ¿Qué ha pasado? ¿Hinata está…
—Ella está bien. —Exhaló el aire que había estado conteniendo. Abrazó a Hinata una vez más contra su pecho, esta vez de forma más suave, acunándola y enterrando el rostro en su cabello, aliviado, feliz. Sakura no pudo evitar sonrojarse ligeramente y apartar la vista, pensando que Hinata no podía haber tenido más suerte con Naruto. El jinchūruki había demostrado ser un excelente material de novio y marido. Ya podían aprender algunos, pensó la chica para sí. Sacudió la cabeza y carraspeó, llamando la atención de su compañero de equipo—. Como te he dicho, ella está bien. —Calló, buscando las palabras adecuadas para explicarle lo ocurrido.
—¿Pero?—El tono serio y preocupado de Naruto la hizo cambiar el peso de un pie a otro.
—Pero, como te habrás fijado, Hinata está… distinta. —Naruto frunció el ceño, como demandando más información al respecto, apretando un poco más el agarre que sostenía sobre el cuerpo inconsciente de su esposa—. Ella… ¿sabes en qué consistía la misión a la que la mandaron?
—Algo de recuperación de materiales peligrosos, creo, según me contó. —Sakura asintió, acercándose al escritorio de la consulta y cogiendo unos papeles.
—Hinata, Shino y Kiba tenían que localizar la guarida de unos contrabandistas y asegurar los paquetes que estaban en su poder, para su posterior traslado a Konoha. —Naruto acentuó su ceño fruncido, no entendiendo a donde quería llegar su amiga. Se le agotaba la paciencia, y la pelirrosa se estaba dando cuenta de ello—. Esos paquetes eran de droga, sustancias peligrosas que esos maleantes pretendían introducir en el País del Fuego. Los integrantes no eran ninjas y, aunque no teníamos más información al respecto de lo que eran esas sustancias potencialmente peligrosas, debería de haber sido una misión sencilla—pausa—. Pero algo salió mal y…
—¡¿Y qué?! ¡Sakura-chan, por el amor de Dios, explícate de una jodida vez!—La aludida tuvo que contar hasta diez, recordándose el momento tan delicado por el que pasaba el rubio para no enfadarse y mandarlo a volar de un buen golpe. Respiró hondo y continuó.
—Hubo un… contratiempo. Shino y Kiba se encontraban algo alejados, vigilando. Hinata fue la que se adentró para buscar los paquetes y debido a una explosión de origen desconocido estos reventaron, esparciéndose por todo el lugar. Las drogas le afectaron, Naruto, haciendo que sufra una regresión de edad. —El chico parpadeó, sin comprenderlo del todo.
—¿Una… una regresión de edad? ¡¿Y qué cojones significa eso?!
—Significa que la Hinata que sostienes ahora contra ti no es la Hinata que tú conoces actualmente sino la Hinata de 16 años que no tiene ni la más remota idea de que estáis casados ni mucho menos de que tú estás enamorado de ella. —Aquellas palabras fueron como un puñetazo directo al estómago del Uzumaki, uno de esos que te dejaban sin aire y te hacían creer que estabas muerto.
—No… no hablas en serio ¿verdad? ¡Dime que es una maldita broma!—La desesperación en la voz de Naruto le provocó un nudo en el estómago. Ahora entendía por qué Tsunade le había pedido que fuera ella la que le diera la noticia y también la que atendiera a Hinata, ninguna otra persona podría entender a Naruto en estos difíciles momentos tan bien como ella, que lo conocía como la palma de su mano.
—Naruto… sé que es difícil de asimilar pero… —Calló al ver como el cuerpo del hombre más poderoso del mundo ninja empezaba a temblar. Aquellos sonidos ahogados que salían de su boca Sakura podría jurar que eran sollozos—. Naruto… —llamó con un hilo de voz. Se recompuso para luego acercarse a él y ponerle una mano en el hombro. La desolación que vio en aquellos ojos azul cielo le rompió el corazón. Le apretó el hombro y trató de sonreír de forma tranquilizadora, pero intuyó que tan solo le salió una mueca—. Le hemos hecho análisis y pronto sabremos qué drogas son las que había en los dichosos paquetes, los Nara y Tsunade-sama ya están en ello, analizando hasta la más mínima partícula que encuentran. Cuando consigamos todas las muestras las compararemos con las que tiene Hinata en su cuerpo y… —Un gemido por parte del rubio la hizo retirar la mano del hombro masculino y retroceder. Lo sentía verdaderamente por su amigo.
—¿Hay… hay posibilidades?—preguntó el chico, con un deje de esperanza en la voz.
—¡Claro que sí, grandísimo idiota! ¡Ya te he dicho que todos estamos en ello! ¡Yo misma me quedaré todas las horas extra que hagan falta!—Naruto fijó la vista en su mujer, ahora convertida en aquella adolescente tímida pero fuerte que una vez le había salvado la vida casi a costa de la suya propia. Otro carraspeo por parte de Sakura lo hizo girarse de nuevo—. Naruto, en cuanto al cuidado de Hinata… creemos que sería prudente que ella esté con su familia-
—¡¿Qué quieres decir con eso, Sakura-chan?! ¡Yo soy su familia! ¡Soy su marido! ¡Es mi mujer! ¡¿Insinúas que no puedo cuidar de ella como se debe?!—Naruto volvió a abrazar fuerte contra sí a la peliazul, con sus ojos azules chispeando de enfado.
—Nadie ha dicho eso, Naruto. Pero piénsalo, en las circunstancias actuales…
—¡Hinata no irá a ningún sitio más que a casa conmigo!—Sakura suspiró, se imaginaba que aquella iba a ser la parte difícil.
—Naruto, pién-sa-lo-bien. ¿Qué crees que pasará cuando Hinata se despierte en un lugar totalmente desconocido, con el que cree su amor no correspondido viviendo con ella en la misma casa?
—Que le provocarás un colapso mental y se desmayará cada cinco segundos. A eso se refiere Sakura, idiota—le respondió Kurama en su cabeza. Naruto apretó los dientes, ahora furioso. Su parte racional le decía que el zorro y Sakura tenían más razón que un santo, pero su corazón le gritaba que de ninguna manera dejara ir a Hinata de su lado. Ella era su esposa, la persona más importante para él, la chica que había escogido para pasar el resto de su vida a su lado, la mujer a la que amaba con cada fibra de su ser, de su alma y de su corazón.
—Naruto…
—La llevaré conmigo. A casa. —La ninja médico suspiró, poniendo una mano en su cadera. Sabía desde el principio que aquel iba a ser el resultado, pero aun así Tsunade, Kakashi-sensei e incluso Shikamaru la habían exhortado a que lo intentara, por mucho que ella se empeñara en decirles que no iba a servir de nada. Y había tenido la razón desde el principio. Naruto era la mar de terco, pero en todo lo que concernía a Hinata lo era todavía más. Una leve sonrisa se extendió por su rostro. Rubio testarudo.
—Si estás realmente empeñado en ocuparte tú de ella, tendrás que ser extremadamente cuidadoso, lo sabes ¿no?—Naruto se puso en pie, con Hinata firmemente sujeta entre sus brazos y una expresión de absoluta seriedad en sus orbes azules.
—Por supuesto. No dejaré que nada le pase. —Sakura sonrió, ahora ampliamente.
—Eso lo sé, tontín. —La sonrisa de la chica lo hizo a él también esbozar el mismo gesto—. Al más mínimo cambio…
—La traeré sin perder un segundo. Te lo prometo. —Sakura asintió, conforme. Tras cruzar un par de palabras de despedida, la pelirrosa vio cómo su amigo salía del hospital con una aún inconsciente Hinata en brazos. No pudo reprimir el suspiro soñador que salió de sus labios al verlos alejarse, al tiempo que unos ojos negros se aparecían en sus pensamientos.
—Sasuke-kun… —Se permitió un pequeño lapsus para pensar en su pareja, para acto seguido dar vuelta y volver a meterse en su consulta, aún le quedaba trabajo por delante ese día.
Sentía su cuerpo flotar. Sus párpados temblaron y, poco a poco, sus ojos se fueron abriendo. Al principio no vio nada más que oscuridad, pero conforme sus orbes se acostumbraron a la misma descubrió entre las sombras que estaba en una habitación. Notaba que alguien la había tumbado en una cama, por lo blandito sobre lo que se encontraba acostada. ¿Estaría aún en el hospital? Los olores y los sonidos del ambiente no le eran para nada familiares, por lo que no la habían devuelto a la mansión Hyūga, dedujo.
Pero aquel sitio tampoco se correspondía con un hospital. Sentía una inexplicable calidez entre aquellas mantas que la envolvían, y el aire olía a limpio, pero no a los desinfectantes ni a las medicinas típicas de un hospital, sino a lo limpia que solía estar una casa tras un buen repaso.
Se aventuró a incorporarse y a apartar las sábanas. Un escalofrío la recorrió al posar los pies en un suelo de madera, frío en contraste con el calor de la cama en la que se encontraba segundos atrás.
Aquella sensación le confirmó que no estaba en el hospital. Pero si tampoco era su casa… ¿dónde estaba? Terminó de incorporarse y, con sigilo, tanteando para no tropezar con nada, fue moviéndose hacia dónde veía una puerta. Podría usar su Byakugan y seguramente huir fácilmente, pero necesitaba saber exactamente donde había ido a parar, algo en su interior le decía que aquella información era extremadamente importante.
Encontró el pomo de la mencionada puerta y salió a un pasillo. No era excesivamente amplio, pero en él podía apreciar otras cuatro habitaciones. Empezó a caminar con cautela, percatándose al pasar de que uno de aquellos cuartos era el baño. Llegó a lo alto de unas escaleras, desde donde atisbó una luz en el piso de abajo. Comenzó a bajar los escalones uno a uno, despacio, con cuidado de no tropezar y, sobre todo, de no alertar al ocupante (u ocupantes) de aquella casa.
Se pegó a la pared una vez llegó abajo, con el corazón latiéndole desbocado sin saber muy bien por qué.
Con precaución, pero también con algo de miedo metido en el cuerpo, se asomó a la estancia de la que provenía aquella luz. Lo primero que vio fue una cocina bien equipada, con una isla en el centro que la hacía si cabe más espaciosa. Pero lo que más llamó su atención fue una espalda sobre la que se asentaba lo que parecía ser una cabeza coronada por una corta cabellera dorada.
Su corazón redobló el ritmo, su respiración se aceleró al máximo, haciéndose entrecortada, y el sudor recorriendo cada parte de su blanca piel. ¿Podría ser? ¿Sería posible? Entonces ¿el sueño que había tenido no había sido tal sueño? ¿Había ocurrido de verdad?
Sentado a la mesa del comedor, Naruto intentaba mantenerse tranquilo. Había sentido enseguida el despertar de Hinata, y también su prudente inspección y recorrido de la planta superior a la inferior, no por nada la había estado vigilando cada segundo desde que la había dejado descansando en la cama, con el modo sabio. Le había dolido en lo más hondo comprobar que lo que le había dicho Sakura era cierto: aquella Hinata adolescente no lo era solo en apariencia, sino que también parecía haber olvidado todo lo referente a los últimos dos años de su vida en común.
No obstante, había estado hablando con Kurama, y gracias a su compañero zorruno había comprendido que lo mejor era no agobiarla, dejar que ella sola fuera descubriendo las cosas por su cuenta. Por eso no se había movido en todo ese tiempo, esperando a que ella diera el primer paso. Sabía por propia experiencia que presionarla no era la solución: Hinata funcionaba mejor yendo a su ritmo, un ritmo tranquilo y calmado que en parte ella le había contagiado.
Se giró en la silla, con cuidado, tratando de no asustarla más de lo que ya parecía estarlo.
—Hey—saludó, sin saber muy bien qué hacer o decir—. Ya despertaste. —Oyó el bufido/risa de Kurama en su interior—. No me toques las narices, Kurama—advirtió antes de volver a centrar su atención en la confundida chica frente a él, sujeta al marco de la puerta como si le fuera la vida en ello. Aunque sabía que no era intencional, no pudo menos que sentirse algo ofendido por aquel gesto. ¿Acaso alguna vez le había dado razones a la peliazul para desconfiar de él?
—¿Naruto… -kun?—El muchacho frente a ella sonrió, o al menos eso le pareció. Lo vio ponerse de pie, aunque no hizo amago de acercársele, cosa que, interiormente, la ahora adolescente agradeció—. ¿Qué… qué hago aquí? ¿P-por qué no e-estoy en el hospital?—Maldijo mentalmente su tartamudeo. Creía que había sido capaz de superarlo, pero aquel Naruto que tenía ante ella no se parecía en nada al revoltoso adolescente que ella conocía. Este Naruto era más alto, parecía más maduro y llevaba el pelo más corto. También se había fijado en que el brazo derecho lo llevaba totalmente cubierto de vendas, cosa que en la tarde no había podido ver a causa de la sudadera de manga larga que él vestía.
—¿Tienes hambre? Creo que algo habrá por aquí que pueda darte… —El brusco cambio de tema la puso en alerta, pero su estómago escogió ese preciso momento para protestar, demandando algo de comida. Enrojeció al máximo al escuchar la risa queda que el Uzumaki soltó, al tiempo que abría la nevera de la cocina. Se giró, avergonzada, pero pronto sus ojos toparon con una serie de fotos, cuidadosamente colocadas sobre uno de los muebles.
Mientras oía al rubio trastear en la cocina, se aproximó a dichas fotografías, la curiosidad había podido más que la cautela. Además, sabía que Naruto nunca le haría daño, no al menos intencionadamente. La primera en la que se fijó fue una en la que aparecían ella y todos sus amigos, posando en lo que parecía un parque. Luego había una de Naruto y Gaara, a las puertas de la aldea. A su lado se mostraba una de Naruto con el dueño de Ichiraku y la hija de este, los tres sonrientes con el restaurante detrás.
Pero la que llamó su atención, la que hizo que todo su cuerpo comenzara a temblar y a sudar una vez más, fue una fotografía en la que aparecía el Uzumaki en compañía de una chica, no, más bien una mujer, extremadamente parecida a ella, sino igual. Mismo cabello azulado y largo, mismos ojos blancos, misma piel blanca… La diferencia es que la mujer que aparecía en el retrato parecía ser más alta, sus facciones eran las de una adulta, pero lo que más llamó la atención y que había producido semejante reacción nerviosa, había sido que aquella foto parecía ser la de una boda, porque tanto su amado rubio como la mujer a su lado vestían ropas ceremoniales, y aquel kimono que llevaba la chica, de un blanco inmaculado, y si su memoria no le fallaba, se trataba del mismo kimono que su fallecida madre llevaba en la fotografía de boda de sus padres que se encontraba en los aposentos privados de Hiashi Hyūga. Había contemplado esa foto a escondidas tantas veces de pequeña que incluso los más ínfimos detalles se le habían quedado grabados en su memoria.
Con las manos temblando sin control, tomó dicha foto entre las mismas y, con pasos igualmente temblorosos, fue hacia la cocina. Naruto estaba distraído, calentando algo en el microondas.
—¿Na… Naruto-kun?—Esa vocecita, esa dulce vocecita que tantas veces lo había apaciguado y acunado en sueños cuando volvían antiguos miedos y pesadillas, ahora tuvo el efecto de ponerlo nervioso. Cogiendo aire se giró, dispuesto a encararla con una sonrisa. Pero esta desapareció al ver la fotografía que la muchacha apretaba contra su pecho. Se maldijo mentalmente; había tenido la prudencia de guardar todos los retratos de la habitación que compartían, así como algún otro que pudiera darle a la chica cualquier pista sobre la actualidad que ahora no recordaba. Pero no había sido capaz de retirar aquella fotografía, la misma en la que ambos sonreían a la cámara tras haber sido declarados marido y mujer, el día en que Hinata se había convertido en su esposa en toda la extensión de la palabra.
El día más feliz de su vida con diferencia hasta la fecha.
—Idiota—le recriminó Kurama. El chico tuvo que darle la razón al bijū en aquella ocasión. Respiró hondo un par de veces, como dándose valor a sí mismo.
—Oh ¿eso? Bueno… esa foto es… ya sabes… ahí estamos tú y yo y…
—S-sí p-pero… ¿p-por qué va-vamos vestidos d-de… novios? —Apretó con inusitada fuerza el marco de la foto contra su pecho, inundada de una repentina aunque sabía vana esperanza. A su vez, Naruto no pudo evitar sonreír al ver el anhelo brillar en los ojos de su mujer, los nervios ahora disipados ante semejante gesto tan familiar en ella.
Fue hacia la adolescente y se agachó a su altura, provocando si cabe aún más nerviosismo en la misma.
—Porque, Hinata, tú y yo estamos casados. —Y sí, por segunda vez en el día, Hinata Hyūga (ahora al parecer Uzumaki) se desmayó.
Fin Dieciséis otra vez
Vale, primer capítulo terminado. ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¿Lo habéis odiado? Hacédmelo saber en un review, porfa plis.
Porque, ya sabéis: un review equivale a una sonrisa.
Y, como habéis visto, he actualizado pronto xD. A mi pregunta de cada cuánto queréis que suba capítulos la mayoría me habéis dicho que cada pocos días, así que lo haré cada 3-4, más o menos. Es decir, publiqué el domingo, actualizo hoy miércoles, así que el próximo capítulo estará el fin de semana, entre sábado y domingo.
¿Os parece bien?
¡Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios! Quiero agradecer desde aquí a Yo1 cncpt dl tu, Ro y Ann por sus reviews. Porque, como han comentado de forma anónima, no tengo manera de contestarles por MP, así que os agradezco por aquí de todo corazón vuestros comentarios.
¡Espero que lo hayáis disfrutado!
*A favor de la campaña con voz y voto, porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí. Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
