¡YAHOI! Tercer capítulo. Al loro, que es un capítulo importante. Ya veréis por qué xD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los uso para pasar el rato.


Feliz de existir


Afuera, en la sala de espera, Naruto estaba que se comía las uñas de la impaciencia. Sabía que Hinata estaba en buenas manos, en muy buenas manos, pero aquello no evitaba que se preocupara en exceso por ella. Su paranoia le estaba jugando malas pasadas, pensando en los escenarios más inverosímiles, los cuales siempre terminaban con Hinata dejándolo.

¡¿Quieres dejar de pensar en idioteces?! ¡Me estás volviendo loco!―Sintió la irritación de Kurama y trató de mantenerse quieto, pero pronto su pie comenzó a moverse con impaciencia de nuevo―. ¡De verdad, niño! ¡Eres…

―¡No puedo evitarlo!―Las personas que estaban a su alrededor se lo quedaron mirando entre sorprendidas y asustadas, lo que hizo que Naruto se diera cuenta de que había gritado en voz alta. Se disculpó, avergonzado. Se suponía que era el héroe de las naciones ninja, no podía dejar que los malos pensamientos le ganaran.

Sintió un gran alivio al ver a Sakura y a Hinata aparecer por el fondo. Se apresuró a llegar frente a ellas y tomó a Hinata de los hombros, clavando su mirada azul en ella, acto que hizo que la muchacha se ruborizase. Sakura sonrió, divertida ante la reacción de su amiga.

―No hay nada anómalo, puedes estar tranquilo. ―Las palabras de Sakura consiguieron calmarlo del todo. Relajó la postura y sonrió a su mujer, consiguiendo que ella le devolviera el gesto. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para soltarla y no abrazarla contra su pecho, sabedor de que eso la asustaría―. Ahora, si tenéis la amabilidad de esperar, Tsunade-sama y Shizune-sempai vienen para hablar con los dos. Yo me voy, aún me quedan pacientes por revisar. ―Se despidió de Hinata con un abrazo y del rubio con un golpe cariñoso en el hombro―. Cuidala ¿de acuerdo?―Naruto asintió.

Se sentaron en un par de sillas que acababan de quedar libres, cada uno sumido en sus propios pensamientos. No tuvieron que esperar mucho hasta que vieron entrar a Tsunade y a Shizune; las dos mujeres venían hablando en susurros por lo bajo, con semblante preocupado. Cuando llegaron a su altura, Naruto pudo notar las profundas ojeras que se marcaban en ambos rostros. Se sintió terriblemente agradecido, pero también culpable, al comprender que las noches en vela de las dos se debía al estado tan extraño en el que había acabado su esposa.

―Naruto-kun, Hinata-chan. ―La ojiperla hizo una profunda reverencia a modo de saludo, Naruto se limitó a inclinar la cabeza.

―Veo que la cuidas bien, Naruto. No esperaba menos de ti. Venid por aquí. ―Siguieron a Tsunade por las escaleras hasta un despacho amplio, seguramente el que ella tenía en el hospital como directora del mismo. Puede que hubiera renunciado tiempo atrás a su puesto como la Quinta Hokage, pero se había negado rotundamente a dimitir de la dirección del hospital.

La rubia se sentó tras el enorme escritorio lleno de libros, Shizune se puso a su lado, de pie, mientras que Naruto y Hinata se sentaron en unas sillas que Shizune les alcanzó, al otro lado de la mesa y frente a Tsunade. Esta suspiró antes de agarrar un portafolio y abrirlo.

―Hinata, sé que debes de estar confundida ahora mismo, pero primero que nada déjame decirte que no tienes que temer por tu vida, estás totalmente fuera de peligro, al menos de momento. ―Oírlo de los labios de la mejor ninja médico del mundo shinobi consiguió quitarles un peso de encima a ambos―. Pero, como supongo te habrá informado Sakura, has sufrido una anomalía física, por llamarla de alguna manera. ―Hinata asintió. A su lado, Naruto se mantenía impasible, atento a cualquier cosa que la mujer decía―. Hemos analizado gran parte de las sustancias que había en el lugar donde sufriste el accidente, pero aún no hemos dado con las que te hicieron… eso―la señaló―, sí sabemos que fue algún tipo de mezcla y ya hemos averiguado los componentes que tu cuerpo absorbió, así como la proporción y cantidad de los mismos, y ahora estamos tratando de reproducirlos. Shikamaru cree que podrá decirme algo pronto.

―¿Volverá a la normalidad?―La pregunta salió de los labios del Uzumaki sin que él pudiera evitarlo. Hinata sintió un pequeño malestar instalarse en su estómago, pero lo ignoró, solo eran sus estúpidas inseguridades queriendo hacer mella de nuevo en su mente.

―Puedes estar seguro de que sí, Naruto-kun, no tengas duda de ello. ―La frase dicha por Shizune volvió a relajarlos a ambos.

―No descansaremos hasta lograrlo, Naruto. Confía en nosotras.

―Gracias, abuela. ―La pareja se levantó y se despidió, para después salir por la puerta. Bajaron las escaleras y salieron del hospital en silencio, el cual Naruto rompió tras unos minutos caminando sin rumbo por las concurridas calles de Konoha.

―¿Quieres que vayamos hoy a ver a tu padre y a Hanabi? ¿O prefieres que les avise de que iremos otro día?―Hinata salió de sus pensamientos y lo miró, pensando la respuesta. Tenía muchas ganas de ver a su hermana, pero no sabía qué esperar de su padre. Naruto pareció entender lo que pensaba, porque se atrevió a cogerle la mano, apretándola suavemente. Una enorme calidez la inundó en ese momento, y ni se le ocurrió romper el contacto. Era maravilloso sentir la mano grande y caliente del rubio sobre la suya―. Yo estaré contigo. ―La sonrisa que le dedicó disipó todos sus reparos. Asintió mirando al suelo y entonces Naruto la soltó. Hinata quiso impedírselo, pero su timidez hizo acto de presencia. Suspiró, decepcionada consigo misma.

Se suponía que estaban casados ¿no? Es decir, que no solo podía cogerlo de la mano si quería, sino que también podría hacer otras cosas…

Abrazarlo, besarlo por ejemplo y… y…

¡N-no podría hacer eso! ¡Nada de eso! Aunque quiero… ¡No, Hinata, contrólate! Pero ¿y si él está esperando que yo… ¡No, no, no, Naruto-kun no es esa clase de hombre!―A estas alturas, la cara de Hinata estaba roja como la grana, mientras que Naruto la observaba interrogante, preguntándose qué pasaría por la cabeza de la ahora adolescente.

Fueron a paso tranquilo hasta la mansión Hyūga, hablando de trivialidades. Hinata se maravillaba de cada nueva cosa que descubría en la Konoha de la actualidad. Le llamó la atención especialmente la enorme pantalla que se exhibía en una de las principales calles de la villa, donde parecían poner anuncios de diversos productos o noticias. Era emocionante.

Cuando al fin llegaron a su destino, Naruto dio dos golpes en la puerta. Se apartó un poco de la misma en el momento en que esta se abría, dejando ver a un muchacho alto y delgado, quien casi lloró al verlos.

―¡Hinata-sama! ¡Es usted!―El hombre la abrazó sin poder contenerse.

―¿Kō?―El tono confuso lo hizo separarse de golpe y hacer una reverencia.

―¡L-lo siento mucho, Hinata-sama! ¡Le ofrezco mis más sinceras disculpas por mi comportamiento! Es sólo que… estoy tan contento de verla a salvo. ―La muchacha se sonrojó. Quería muchísimo al Hyūga, lo adoraba, no en vano era uno de los pocos integrantes de su familia que no la había despreciado y que siempre había estado a su lado, cuidándola―. Naruto-sama, gracias por cuidar de ella.

―¡Ya vale! Los Hyūga y sus modales… ―Hinata se tapó la boca con una mano, intentando por todos los medios no reír ante la expresión ruborizada de su acompañante. Seguramente Naruto no estaba acostumbrado a tanta formalidad.

―Pasen, por favor. Avisaré a Hiashi-sama y a Hanabi-sama de su llegada. ―Un escalofrío la recorrió al escuchar el nombre de su padre. Se dijo que todo estaría bien, que no estaría sola.

Naruto-kun está conmigo. Sé fuerte. Sé valiente. ―Irguió la espalda, poniéndose firme como un palo de escoba, adquiriendo así un aire de dignidad. A su lado, el rubio parecía también haber cambiado su expresión por una más seria y formal. Como le diría Kiba, pocas coñas con el viejo Hyūga. Ya suficiente mal rato tuvo que pasar cuando fue a pedir la mano de Hinata, y ya no digamos cuando se le dio por irle a pedir permiso para ser su novio o, como dijo Hiashi en su momento, cortejarla. Si no hubiera sido por Hanabi… esa niña había hecho de la manipulación todo un arte.

Kō los condujo por un largo pasillo exterior que daba al jardín delantero hasta uno de los salones principales, Hinata pensó que su padre y su hermana los recibirían allí, sin embargo Naruto y el Hyūga siguieron andando, por lo que tuvo correr unos pasos hasta alcanzarlos. Intrigada, miró para ambos ¿adónde los llevaría Kō? Más aún ¿por qué Naruto parecía saber exactamente adonde se dirigían? Caminaba por la mansión de la familia principal como si hubiera estado un millón de veces.

Aunque, si era su marido, tenía cierto sentido ¿no? Es decir, quizás en algún momento él visitó la casa y… Dios, cada vez le resultaba más difícil asimilar todo esto.

Al fin, ambos muchachos se detuvieron ante una puerta algo más grande que las demás. Hinata se sorprendió al reconocer el lugar: era el salón privado de su padre, solo los personajes más importantes del mundo shinobi habían puesto un pie allí. Ni siquiera a ella y a Hanabi les estaba permitido adentrarse en aquella parte de la casa sin el consentimiento expreso de su progenitor.

―Les dejo. Avisaré en la cocina para que les traigan un refrigerio. ―Se volvió a mirarla y Hinata también lo miró. La sonrisa que su cuidador le obsequió hizo que se disipara algo de su ansiedad―. De veras, Hinata-sama, me alegro de que se encuentre bien. ―Se despidió con una pronunciada reverencia y marchó.

―Bueno, aquí vamos―susurró Naruto, acto seguido levantó el brazo y llamó con los nudillos, ni muy fuerte ni tampoco flojo, sabedor de que los Hyūga valoraban la serenidad y la moderación en los gestos por encima de todo. La voz profunda del líder del clan más poderoso de Konoha les dio paso.

―Adelante. ―Naruto le dio una última sonrisa tranquilizadora para luego correr la puerta y entrar en el cuarto. En su interior, sentado tras una mesita baja de madera, los esperaban su padre y su hermana. Su corazón saltó de alegría al ver a Hanabi, cuyo rostro se iluminó con una enorme sonrisa nada más verlos.

―¡Onee-sama!―Sin darle tiempo a reaccionar, la castaña se le tiró encima. A pesar de que se suponía que Hinata era mayor que ella, en estos momentos Hanabi le sacaba media cabeza por lo menos.

―Ha-Hanabi… ―Naruto sonrió observando la escena. Hanabi siempre era muy expresiva en lo que a su hermana mayor se refería.

―Hanabi. ―La voz gruesa del padre de ambas hermanas las hizo separarse. Hinata tembló al sentir la mirada penetrante en los ojos blancos de su padre, al tiempo que Hanabi la soltaba y se apartaba unos pasos de ella, dejando vía libre para que padre e hija mayor encontraran sus miradas.

El cariño que Hinata percibió en las lagunas perlas de su progenitor la desconcertó. Respiró hondo y se acercó unos pasos.

―Pa-padre. ―Maldijo a su tartamudeo por manifestarse en tan mal momento. Hiashi asintió a su saludo para luego ponerse en pie y acercarse a ella. Tras él, Hanabi esbozó una sonrisa, al ver la extrañeza en el rostro de su hermana. ¡Oh, qué bien se lo iba a pasar! Admiraba profundamente a la Hinata mayor, pero tener de vuelta a aquella adolescente tímida la divertía, iba a ser la mar de entretenido ver su reacción ante los profundos cambios que se habían producido en la familia, cambios que, en esos momentos, Hinata no conocía.

―Hinata. ―Hiashi creyó desfallecer de alivio al ver entrar a su primogénita sana y salva y, tal y como les había informado Naruto en su nota, sin un solo rasguño. Parecía tener buena salud aparte de la extraña reacción que había sufrido su cuerpo y, al parecer, también su memoria. Levantó los brazos y apretó los hombros de su hija―. Me alegro de que estés bien. ―La abrazó contra él, algo que hizo que una más que sorprendida Hinata temblara. Naruto y Hanabi se miraron y sonrieron, cómplices.

―Pa-padre… ―Los ojos perlas de la peliazul se llenaron de lágrimas. Quiso con todas sus fuerzas devolverle aquel gesto de todo inaudito en el hombre, pero no tuvo el valor ni las fuerzas para hacerlo. Ahogó un sollozo, con su corazón latiendo a mil. Había rezado tanto en su día porque Hiashi Hyūga le diera una muestra de afecto como esa… Al final, simplemente se había rendido, resignándose a que en su clan las muestras de afecto eran vistas como muestras de debilidad.

Y sin embargo ahora, de repente, tenía al líder más frío e impasible de los clanes de Konoha abrazándola con infinito cariño. Sabía que se perdía de algo, seguramente algo que su yo adulto sabría, pero que para ella en esos instantes era total y absolutamente incomprensible.

Cuando Hiashi al fin decidió soltarla, Hinata dio dos pasos hacia atrás, inconscientemente. Como si hubiera hecho algo malo y esperara una reprimenda. Hiashi no pudo menos que sentir dolor ante aquello, pero se dijo que se lo tenía merecido. No había día que no se arrepintiera por el trato que le había dispensado a su hija mayor en el pasado, menospreciándola, creyendo que siendo duro la instaría a intentar superarse. Pero había resultado en todo lo contrario.

Miró de reojo para el muchacho rubio de ojos azules, mudo espectador de la escena entre padre e hija; había tenido que reconocer, años atrás, que las palabras de aliento y la sonrisa de aquel chico revoltoso eran lo que había salvado a Hinata de caer en la desesperación más absoluta. Él había sido el verdadero viento para las alas de Hinata, y tanto él como Hanabi, y antes Neji, se lo habían agradecido infinitamente. Los Hyūga habían sido capaces de avanzar con los tiempos gracias a él y a toda la generación de los novatos. Esbozó una sonrisa apenas imperceptible y volvió a su sitio, tras la mesa. Les hizo un gesto a los demás para que lo acompañaran. Hanabi ocupó el hueco vacío a su lado, mientras que Hinata y Naruto se acomodaron frente a ellos. Unos golpes en la puerta interrumpieron cualquier amago de presentación.

―Pase. ―La puerta se abrió y una sirvienta apareció arrodillada en la entrada del salón, inclinada en el modo de saludo tradicional; una bandeja con tazas, una tetera y un plato con dulces diversos yacía a su lado. Con un movimiento de cabeza Hiashi le indicó que podía pasar y proceder a servir el té. Nadie dijo nada mientras la muchacha se dedicaba a su trabajo. Antes de retirarse, le dio una mirada a Hinata, sonrió y se despidió inclinándose en su dirección. La peliazul parpadeó, sorprendida, no tanto por el adiós de la criada, sino, más bien, porque su padre no se había ofendido por el desaire: la chica no se había despedido como corresponde del líder del clan, sino que se había dirigido solo y exclusivamente a Hinata.

―Me das envidia, onee-sama. Todos te echan de menos. ―La voz de Hanabi hizo que volviera a mirarla―. Naruto-nii-sama tiene suerte de haberse dado cuenta a tiempo de lo maravillosa que eres. ―El tono malicioso de la castaña hizo sonrojarse tanto a su hermana mayor como al rubio.

―¡Hanabi!―La aludida bufó ante el reproche de su padre―. Disculpa a tu hermana, Hinata, parece que aún no ha aprendido a contener su lengua. ―Hanabi sonrió ampliamente, tomando su taza de té y dando un sorbo al líquido caliente.

―N-no pasa nada. ―A su lado, le pareció que Naruto murmuraba algo así como "maldita niña tocapelotas". Se ruborizó de nuevo ante la palabra malsonante. Era la primera vez que oía a ese Naruto adulto soltar una palabrota.

―Naruto, dijiste en tu nota que Hinata estaba bien, y veo que es así, pero ¿pasa algo más con mi hija?―El tono demandante de Hiashi le hizo saber a su interlocutor que, más que una pregunta, le estaba ordenando que se lo dijera. Tomó aire y le explicó al patriarca lo que le habían contado Sakura, Tsunade y Shizune en el hospital. Sus palabras parecieron tranquilizar enormemente tanto a Hiashi como a Hanabi―. Si Tsunade-sama y Sakura se están encargando entonces no tengo nada de qué preocuparme. ―Un silencio invadió la estancia, durante unos minutos no se oyó nada más que los sorbos que cada uno daba a su té. Los nervios estaban comenzando a apoderarse de Hinata. Hanabi lo notó y le lanzó una súplica a su padre con la mirada, quien asintió a la muda petición. La menor de los Hyūga sonrió y se levantó, acercándose a su hermana y levantándola por el brazo.

―¡Vamos, onee-sama! Dejemos a los hombres hablando de cosas aburridas y vayamos a divertirnos. ¡Te gustará lo que voy a enseñarte!―Fue imposible para Hinata negarse a su hermanita, así que se levantó y la siguió, lanzando una mirada de preocupación hacia Naruto. No le gustaba un pelo dejarlo solo con su padre, pero este se limitó a sonreírle.

―Ve, yo estaré bien. ―No muy convencida se dejó arrastrar al fin por Hanabi fuera del salón. Solo cuando la puerta se cerró y los pasos de las dos muchachas dejaron de oírse, fue cuando Naruto apretó la taza de té entre sus manos hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Tenía tan tensa la mandíbula que parecía como si de un momento a otro los dientes le fueran a saltar en mil pedazos. Pero lo que más llamó la atención de Hiashi fue la absoluta desolación que de pronto había cubierto los ojos azules del Uzumaki. Y seguramente estaría haciendo un verdadero esfuerzo para no desfallecer delante de él. Suspiró y dio el último sorbo que quedaba en su taza. Cogió la tetera y se volvió a servir.

―¿Las cosas no van bien?―preguntó, intentando sonar casual. El cuerpo de Naruto comenzó a temblar, se clavó las uñas en la rodilla, intentando controlar las sacudidas, pero fue en vano.

―Ella no… ella no recuerda… ―El labio inferior también le empezó a temblar―. Di-disculpe Hiashi-san, solo necesito unos segundos. ―Respiró hondo, intentando tranquilizarse. Hiashi bajó la mirada a sus manos entrelazadas, no sabiendo muy bien qué decir para consolarlo.

―Muchacho, las drogas podrán haberle afectado al cuerpo e incluso al cerebro, pero por lo que he visto no han llegado siquiera a rozar su corazón. Tienes eso a tu favor, y también a nosotros, los Hyūga. Si tenemos algún defecto, es que somos tremendamente determinados. ―Un amago de sonrisa curvó los labios del rubio.

―Le agradezco sus palabras, de verdad. Yo… sabe que haría cualquier cosa por su hija.

―Si no fuera así no te hubiera dejado acercarte a ella, en primer lugar. Me costó tomarte aprecio, lo admito, pero ahora eres de la familia, un hijo más para mí. ―El silencio volvió a adueñarse del lugar unos segundos―. Además, tienes el temple de Minato y la cabezonería de Kushina, no hay mejor combinación que esa. ―Naruto agradeció internamente las palabras de su suegro.

Sí, él lucharía hasta el final.

Porque ese era su camino ninja.

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Mientras tanto, Hanabi había llevado a Hinata hacia el jardín exterior, el más grande y aquel que daba directamente al bosque. Hinata se encontraba sentada sobre el escalón de madera que daba al patio, con los pies colgando despreocupadamente. Veía con una ligera sonrisa a Hanabi jugar con un grupo de niños. Al cabo de un rato, esta se cansó y les dijo que siguieran ellos solos, y fue a sentarse junto a su hermana.

―Aaah… Cada vez vienen con más energía, y eso que son Hyūga, no me quiero imaginar si llegan a ser Uzumaki. Siempre me he preguntado como serán mis sobrinos. ―De reojo, Hanabi vio como el rostro de su hermana pasaba de la confusión a la comprensión y de ahí al rojo más intenso que uno se pueda imaginar. No pudo reprimir la carcajada que salió de su garganta, sobresaltando a Hinata.

―¡N-no tiene gracia, Hanabi! ¡Na-Naruto-kun y yo no… n-no… ―Hanabi volvió a reír. Molestar a su tímida hermanita de ahora 16 años era, tal y como había predicho, lo más divertido del mundo.

―¿Sabes? Echaba de menos que pasáramos un rato a solas tú y yo, como ahora. ―Hinata la miró, sin entender―. Desde que te casaste con Naruto-nii-sama casi no vienes a visitarnos. Papá se pone de mal humor si no te ve al menos tres veces por semana y los demás, entre los que me incluyo, sentimos un vacío muy grande desde que ya no vives aquí, en la mansión. ―Hanabi fijó la vista en los niños, que ahora parecían estar jugando a saltar unos sobre otros―. Y es una pena que no recuerdes ¿sabes?―Hinata frunció el ceño, ahora intrigada por el tono melancólico de Hanabi.

―¿A qué te refieres, Hanabi?―La castaña suspiró y señaló a los niños. Hinata siguió la dirección de su mano.

―Los dos mayores son Kaname y Ryu, la renacuaja que parece un culo inquieto es Mio; esos tres que están moliéndose a golpes son Keiko, Tatsuki y Naoko; y el delgaducho que los está mirando con una ceja arqueada, como si estuvieran locos, es Kyō. Si estuviéramos en nuestra infancia, ellos tendrían que estar entrenando, y probablemente Mio, Ryu y Kyō no podrían estar jugando tan tranquilamente con los demás, sino que estarían apartados, confinados en algún rincón oscuro de la casa, destinados a tareas impropias de su talento. ―Hinata sintió como la boca se le secaba, una sospecha, un anhelo, creciendo desde lo más hondo de su alma. ¿Estaba su hermana insinuando lo que ella creía? ¿Sería posible?

―Hanabi… ―La menor sonrió a su hermana, confirmando así las sospechas de la peliazul, pero creyó oportuno recalcárselo con palabras.

―El sello del pájaro enjaulado ya no existe, y ya no se trata solo de entrenar por la gloria y la fama del clan, y todo es gracias a ti. Ahora, estos niños tienen la oportunidad que nosotras no tuvimos. Aunque para ello han hecho falta numerosos sacrificios. ―El semblante triste de Hanabi le indicó que estaba pensando en Neji. Hinata miró a los niños jugar y reír despreocupados frente a ellas, y sonrió.

―Neji-nii-san estaría orgulloso, entonces.

―Lo está, onee-sama. Sé que, dondequiera que esté, nos estará viendo. ―Y el silencio las envolvió, tan solo roto por el canto de los pájaros.

Cuando ya el sol estaba empezando a ponerse por el horizonte, Naruto vino a buscarla para llevarla a casa. Hiashi y Hanabi le ofrecieron cobijo en la mansión, pero, para sorpresa de todos, Hinata declinó amablemente el ofrecimiento.

En el camino de vuelta, la ojiperla tuvo el valor suficiente para alargar la mano y rozar delicadamente la mano sana del Uzumaki con sus dedos, en una muda petición. En respuesta, el rubio envolvió su mano con la suya, entrelazando sus dedos bronceados con los pálidos de la chica. Hinata lo miró, sonriendo tímidamente, mientras que el ojiazul sonreía de manera más efusiva, alegre.

Parecía que la visita a los Hyūga no había sido tan mala idea, después de todo.

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Habían pasado unos días desde el incidente, como habían optado por llamarlo todos, a falta de un nombre mejor. Hinata ya se había acostumbrado a vivir en compañía de Naruto y ayudaba al rubio cocinando o limpiando, incluso preparando el baño para él, por mucha vergüenza que eso le diera. Era lo mínimo que el chico merecía después de todo el esfuerzo titánico que estaba haciendo por ella, por ellos. Aunque había algo a lo que todavía no podía sobreponerse, y eso era a hacer la colada. Es decir, tener que andar manoseando las ropas masculinas de un hombre, incluso las más íntimas… Era demasiado para su pobre corazón. Así que, por el momento, esa era la única tarea que el ojiazul hacía solo.

Suspiró, algo avergonzada de sí misma. No solo era la colada, llevaba ocupando la habitación principal de la casa desde que había llegado. Naruto le había dicho que era para que sintiera cómoda, que no le importaba dormir en el sofá del estudio. Una vez, hacía dos días, mientras limpiaba el mencionado estudio, se aventuró a tumbarse en ese sofá, solo para probarlo, y enseguida sintió que le quedaba pequeño. Sus pies y su cabeza quedaban pegados a los brazos, y apenas tenía espacio para moverse, puesto que no era muy ancho.

Se había incorporado de golpe, enfadada con ella misma y también con Naruto, por no haberle dicho nada. ¿Cómo era posible que le hubiera mentido de aquella manera? Si ella, con su metro sesenta y su complexión menuda apenas cabía ¿Cómo se las apañaba el Uzumaki con su metro ochenta y sus buenos 80 kilos? A ver, es cierto que era delgado y que, a pesar de tener unos bien trabajados músculos, estos no lo hacían ver demasiado ancho…

Suspiró de nuevo, pensando en una solución plausible para ambos.

―¡Vaya! Hoy suspiras mucho. ¿Preocupada por algo?―Hinata dio un respingo al oír la voz de Sakura. Esta estaba cerrándole con chakra la pequeña herida que la aguja había dejado en su brazo; estaba en su control médico diario.

―No exactamente―contestó, bajándose la manga de la blusa que se había puesto ese día. Sakura entrecerró los ojos, como queriendo demandar más información, pero finalmente lo dejó pasar y se levantó de la banqueta, yendo a acomodar los papeles que tenía encima del escritorio. Hinata le agradeció que no insistiera, no sabía con qué cara contarle a su amiga sus preocupaciones.

―Ya puedes irte. ―Hinata asintió y se bajó de un salto de la camilla. Caminaba ya hacia la puerta cuando la voz de Sakura la detuvo―. Hinata ¿te gustaría quedar conmigo y con las demás? Una salida de chicas. ―Se apresuró a añadir, al ver la extrañeza en el rostro de la chica.

Hinata se quedó de piedra ante la inesperada invitación. Por un lado, quería aceptar. Hacía mucho tiempo que no veía a sus amigas y le apetecía mucho, pero no quería ser una molestia ni importunarlas con su presencia, no estando… así.

―Sakura-san, es muy amable de tu parte el invitarme pero… no sé si…

―No ha sido cosa mía, bueno, no solo cosa mía. Ino también tiene muchas ganas de verte, Temari lleva amenazando a Naruto toda la semana para que te deje salir a tomar el aire, Tenten se pasa de vez en cuando por aquí preguntando por ti… ―Los ojos suplicantes de Sakura la hicieron titubear. Se le llenaron los ojos de lágrimas.

―¿D-de verdad? ¿To-todas m-me echáis de menos?―La pelirrosa bufó, poniendo las manos en las caderas y encarándola, firme.

―¡¿Acaso lo dudabas, boba?!―exclamó, ahora enfadada. Hinata sintió miedo―. ¡Nuestras reuniones no son lo mismo sin ti! ¡Así que ahora, por tonta, tendrás que hacernos uno de tus postres especiales como compensación!―Hinata quiso llorar, pero consiguió retenerse a tiempo.

―Cre-creí que… co-como ahora es-estoy… ―Sakura suavizó su expresión y se acercó a abrazarla.

―Idiota, las amigas estamos para apoyarnos, en las duras y en las maduras. ―Cuando se separaron, Hinata sonreía―. Nos reunimos todos los miércoles en una cafetería que queda en el centro de la aldea, pero si hace mal tiempo nos turnamos para quedar en casa de alguna de nosotras. Esta semana, como dieron lluvia, nos toca en casa de Temari, en los terrenos del clan Nara. A las cinco allí ¿de acuerdo?―Hinata asintió―. ¡No llegues tarde!―La ojiperla hizo una reverencia como despedida y al fin salió del consultorio. Naruto la esperaba fuera, como siempre y, también como siempre, ambos se dirigieron al hogar que compartían, tímidamente cogidos de la mano. Algo que Hinata había conseguido convertir en rutina y que a ambos encantaba.

Sonrió, feliz de haber nacido en Konoha, feliz de haber conocido y de haberse enamorado de Naruto.

Y, sobre todo, feliz de en ese momento existir.

Fin Feliz de existir


¡Wiii! Nuestra Hinata parece que ya va entrando por el aro y ya no le parece tan raro eso de estar casada con el amor de su vida. Sé que a muchos les parece algo raro eso de que haya puesto a Hinata así de tímida, cuando se supone que con todo lo que vivió e hizo en Shippuden ya no es así pero... creo que, en el fondo, sigue siendo esa chica que se avergüenza por cualquier cosa, sobre todo si tiene que ver con Naruto. Y, admitámoslo, así es cómo la amodoramos xDDD.

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Ja ne.

bruxi.