¡YAHOI! Hoy es viernes, ayer fue festivo local en mi ciudad, jueves 8 de marzo, Día de la Mujer. Lo menciono porque no pude más que sentirme tremendamente orgullosa de todas las españolas que ayer se manifestaron por todo el país. Ayer, amigas, hicimos historia. Ayer, se vio que realmente las mujeres podemos lograrlo cuando queremos, cuando nos unimos en pos de un objetivo común.

Porque si paramos nosotras se para el mundo.

Solo quería dedicar unas palabras a todo lo que ayer representó para España y para el mundo. Seguro que esa imagen de calles y calles tomadas por mujeres de todas las edades y condición reivindicando nuestros derechos no ha pasado desapercibida.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Yo solo los uso para pasar el rato.


¿Y si…?


Soltó un gruñido de molestia e intentó darse la vuelta, para tratar de dormir unos minutos más. Tarde se dio cuenta de que su cuerpo estaba al límite del pequeño sofá y, por un mal movimiento con sus hombros, cayó estrepitosamente al suelo, haciéndose daño en el proceso.

―¡Mierda, joder! ¡Qué daño!―Se sentó de golpe en el suelo, sobándose la nariz y el estómago.

Si es que… ¿hasta cuando planeas seguir durmiendo en este mínimo espacio? Empiezo a hartarme de curar tus golpes.

¡¿Y qué quieres que haga?! ¡No puedo compartir la cama con Hinata!

¡Para algo existen los futones, pedazo de imbécil!

¿Y dónde lo pongo, Kurama-idiota? ¡No hay sitio!

En la habitación hay espacio de sobra…

Ya hemos hablado de esto, Kurama. No puedo dormir en el mismo cuarto que Hinata, la incomodaría. ―La tristeza que impregnaba esa respuesta, a pesar de ser tajante, hizo que el zorro al fin callara. Naruto agradeció que el bijū desistiera en su empeño. No hacía falta que nadie le recordara lo mucho de menos que echaba su habitación, su cama, el cuerpo calentito de Hinata a su lado. Meneó la cabeza al tiempo que estiraba los músculos para desentumecerlos y abrió la puerta para ir al baño a refrescarse.

Nada más dar unos pasos en el pasillo un olor dulce llegó a sus fosas nasales. Se le hizo la boca agua y bajó las escaleras, pensando en si sería Hinata preparando alguno de sus deliciosos postres.

Efectivamente así era. La peliazul se encontraba en la cocina, de espaldas a él y moviéndose con agilidad de un lado a otro, tarareando mientras una canción. Parecía contenta ese día y eso hizo que un agradable cosquilleo invadiera su estómago y le calentara el corazón. Todos sus malestares se disiparon en el momento en que vio a la muchacha sonreír con enorme felicidad.

Aquella imagen le produjo, también, mucha nostalgia. Esbozó una sonrisa traviesa y, decidido, se aproximó a ella sin hacer ruido, escondiendo su presencia. No quería alertarla. Cuando ya estaba justo detrás de la kunoichi, se inclinó sobre su hombro, con las manos dentro de los bolsillos, picándole estas con el enorme deseo de abrazarla por la cintura y darle un beso de buenos días, como solía hacer todas las mañanas desde que estaban casados.

Desechó rápidamente esos pensamientos y susurró en su oído, con un tono que pretendía ser de curiosidad pero que le salió más ronco de lo que hubiese querido.

―¿Qué estás haciendo?―Hinata respingó y chilló, girándose en el acto con un cuchillo en las manos a modo de defensa. Se relajó al ver que se trataba de Naruto, aunque no pudo evitar que su rostro se coloreara al tenerlo tan cerca del mismo.

―Na-Naruto-kun, bue-buenos días. ―El rubio sonrió ampliamente y se alejó unos pasos, con los puños fuertemente apretados en el interior de los bolsillos de sus pantalones de dormir.

―Buenos días, Hinata. ¿Qué haces?―preguntó de nuevo, señalando con la barbilla para los utensilios de cocina desplegados en la encimera. Hinata sonrió.

―E-estaba haciendo una tarta. Sakura-san me invitó ayer a una reunión de chicas y… ehm… m-me pidió que hiciera un postre. ―Naruto asintió.

―Ya veo. Lo cierto es que no me acordaba que soléis reuniros los miércoles, salvo que alguna esté de misión o algo así.

―¿T-te parece bien?―Hinata retorció las manos, nerviosa ante la intensa mirada azul que de pronto se había posado en ella.

―No tienes que pedirme permiso, no eres mi prisionera―bromeó el chico. Hinata asintió varias veces, denotando así su nerviosismo.

―L-lo sé, pe-pero esta es tu casa y…

―Hinata, también es tu casa. Puedes ir y venir cuando quieras. ―Los ojos perlas se abrieron por la sorpresa. Naruto había sido más que tajante en su afirmación. Se mordió el labio inferior.

―E-entonces… ¿q-qué harás tú?―Naruto quedó pensativo unos instantes.

―Mmm… puede que vaya a entrenar con Sai y con los chicos. Solemos hacerlo los días que vosotras quedáis.

―Oh. ―Un silencio algo incómodo se instaló entre ambos―. A-ahora que lo pienso, n-no has ido a entrenar de-desde… ―Naruto se pasó la mano por el pelo.

―¡Cierto! Espero que mis habilidades no se hayan oxidado. Pero bueno, lo más importante era cuidar de ti así que… ―Hinata creyó de pronto explotar de felicidad. No había sido más que una frase, seguramente Naruto solo estaba queriendo ser amable, pero oírlo decir que ella era lo más importante la había llenado de una gran, gran alegría―. Hinata… ―La voz grave del rubio interrumpió sus pensamientos―. No sé si debería pedirte esto pe-pero… ¿Po-podrías hacer un día de estos algún postre para mí?―Verlo allí, con la vista desviada a un lado, rascándose la mejilla con su dedo índice, azorado por lo que había dicho, la hizo sonreír con ternura. Se acercó a él unos pasos.

―Claro, Naruto-kun. Solo dime qué te gustaría. ―Los zafiros en la cara de Naruto brillaron y, en un impulso, los bronceados brazos masculinos la rodearon, estrechándola contra el cuerpo varonil, cortándole la respiración en el acto, el rojo apoderándose de cada poro de su piel.

―¡Eres la mejor, Hinata!―Naruto no midió la fuerza de su acción y, cuando se dio cuenta, tenía a una ruborizada Hinata entre sus brazos y a unos cuantos centímetros del suelo. Era tan hermosa… había añorado tanto el poder abrazarla… Pero no era lo correcto, no ahora. Con gran dolor de su corazón la volvió a posar en el suelo y, haciendo un esfuerzo monumental, la fue soltando, poco a poco, para al fin alejarse del cuerpo femenino―. Hinata yo… l-lo siento… no pretendía… e-es decir… yo quería pero…

―E-está bien, Naruto-kun. No tienes que disculparte. ―El silencio volvió a hacer acto de presencia hasta que la voz masculina lo rompió.

―V-voy a cambiarme. ―Y sin esperar respuesta el cuerpo masculino desapareció a la velocidad de la luz escaleras arriba mientras, en el piso de abajo, el menudo cuerpo de Hinata temblaba, no de miedo, sino de emoción.

Siempre se había preguntado qué sentiría si el amor de su vida, el chico al que le había entregado su corazón sin él saberlo, la abrazara, la estrechara entre sus brazos con toda la fuerza de la que disponía.

Y ahora podía decir, sin temor a equivocarse, que era la sensación más maravillosa del mundo. Si muriera ahora, moriría feliz. Estaba segura de ello.


Arriba, en la habitación, Naruto se maldecía, sentado en la cama, retorciéndose el pelo una y otra vez, suplicando a todos los dioses habidos y por haber el no haber asustado a Hinata con su impulsiva acción de antes. Porque había sido eso, un mero impulso, no lo había hecho con intención de llegar a nada más. Simplemente era uno de los tantos gestos espontáneos que solía hacer con ella desde que estaban juntos. Con Hinata todo era tan natural… no había tenido que fingir nunca ser alguien que no era.

¡Pues claro que no, rubio cabeza hueca! ¡Y si me meto en tus pensamientos es porque no haces más que montarte películas absurdas! Hinata te ama desde siempre, no creo que eso vaya a cambiar a pesar de las circunstancias. ―Suspiró, tironeando con fuerza de su cabello. Todo el mundo le decía lo mismo pero… ¿y si no podían seguir así? ¿Y si algo cambiaba? ¿Y si no podían devolverla a la normalidad?―. Y si, y si, y si… ¿Y si mañana sales a la calle, te cae una maceta encima y te mueres? No hay quién entienda a los humanos… Quejicas. ―Naruto sonrió. Kurama tenía razón, se estaba montando él solo la película. ¿Desde cuándo se había vuelto tan paranoico?―. Desde que te enamoraste como un gilipollas. A veces echo de menos los días en los que te la pasabas persiguiendo a la pelirrosa como poseso. Era una obsesión malsana, pero al menos no te tenía día sí y día también dándole a las neuronas. Podía dormir tranquilo.

―Kurama, si pretendes animarme, no lo estás haciendo muy bien―dijo en voz alta, riendo. El kyūbi bufó, dando así por concluida la conversación.

Se levantó, dispuesto a no dejar que los malos pensamientos hicieran mella en él. Siempre se había jactado de ser un chico seguro de sí mismo, de no dejarse vencer por las adversidades. Esa había sido la principal cualidad por la que Hinata se había fijado en un estúpido perdedor como él.

Unos golpecitos tímidos en la puerta y la dulce voz de Hinata al otro lado anunciándole que el desayuno ya estaba listo lo hizo sonreír. Salió y bajó las escaleras, ideando un plan para poder acercarse un poco más a esa adolescente tierna y tímida en la que se había convertido su mujer temporalmente.

Sabía que le iba a llevar su tiempo volver a derribar todas las barreras e inseguridades que la muchacha había levantado a su alrededor. Pero si había podido hacerlo una vez, podía volver a hacerlo ahora.

Como que se llamaba Uzumaki Naruto.


Hinata se mordía el labio inferior, nerviosa. Llevaba como unos quince minutos parada de pie delante de la casa principal del clan Nara. Una caja de tamaño mediano oscilaba en sus manos, ya que la chica no paraba de cambiar el peso de un pie a otro. Ahora que se encontraba allí delante de la puerta ya no le parecía tan buena idea el haber aceptado la invitación de Sakura. Estaba a punto de dar media vuelta e irse por donde había venido cuando una voz tras ella la sobresaltó.

―¿Hinata?―Se giró, descubriendo a una voluptuosa Ino que la miraba fijamente, como cerciorándose de que era ella―. ¡Hinata, por Dios! ¡Qué alegría verte!―La Yamanaka se acercó a la peliazul para abrazarla, con los ojos brillantes de lágrimas que trataba de reprimir―. ¡Me alegro de veras de que hayas venido! Hasta que el idiota de Naruto te suelta la mano… ―Hinata parpadeó por el extraño comentario de su amiga, pero enseguida la rubia le sonrió―. ¿Estabas por entrar? ¡Vamos!―Antes de que pudiera detenerla, Ino ya había llamado a la puerta. Unos pasos apresurados se escucharon y, poco después, el rostro de una enfadada Temari hizo su aparción.

―Llegáis tarde. ―Hinata estaba por disculparse cuando advirtió la mueca divertida y los ojos brillantes de la kunoichi de Suna―. ¿Has traído algo? No hacía falta, Hinata. ―Temari le cogió con delicadeza la caja de cartón de las manos y la abrazó, con fuerza―. Me alegra que hayas podido venir. ―Hinata arrugó su falda, con los puños apretados. Lo último que quería en el mundo era preocupar a sus amigas―. Vamos, pasad.

―Pensé que no lo ibas a decir nunca. ―Temari rodó los ojos al ver a Ino entrar con toda confianza y dejar los zapatos tirados de cualquier manera en el recibidor.

―Es incorregible. ―Hinata no supo muy bien cómo reaccionar, aunque asintió igualmente al comentario de Temari―. Entra, venga. Todas están deseando verte. ―Hinata tragó saliva, se deshizo cuidadosamente de sus sandalias y dio unos pasos.

―Siento molestar… ―Esperó a que Temari echara a andar delante de ella y la siguió por un largo pasillo hasta una de las salas del fondo. La rubia abrió una de las puertas correderas al tiempo que sonreía ampliamente.

―Mirad a quién me he encontrado merodeando por la entrada. ―Hinata sintió deseos de salir corriendo en cuanto varios pares de ojos, entre curiosos y sorprendidos, se posaron en ella.

―¡Hinata!―El grito fue unánime y pronto se vio envuelta en abrazos efusivos, palmaditas en la espalda y exclamaciones de alegría. Todas parecían querer saber como había estado, qué había hecho… Fue Temari quien puso fin al escándalo, dando unas palmadas y callando a las chicas.

Poco a poco se fueron apartando de ella, aunque muy a regañadientes. Todas habían estado muertas de preocupación por la peliazul, hostigando a Sakura y a Naruto con preguntas constantes sobre ella. Se fueron sentando alrededor de la mesa baja en la que había dispuesto un precioso juego de té y comida varia: desde bocadillos salados hasta dulces diversos.

―Hinata, aquí. ―Sakura dio unas palmaditas en el hueco vacío que había a su lado y la ojiperla se apresuró a ir hacia ella y ocuparlo, sentándose más bruscamente de lo que pretendía. Tantas muestras de afecto y preocupación la habían abrumado, poniéndola extremadamente nerviosa; más que nada porque no estaba acostumbrada.

Con una sonrisa, Temari dejó la caja que le había cogido a Hinata minutos antes sobre la mesa, abriéndola. A todas se les hizo la boca agua al descubrir el apetitoso pastel de chocolate relleno de bizcocho.

―Y yo que había conseguido mantener la línea… ―se quejó Ino en un tono lastimero que, según parecía, era del todo fingido. Hinata se sonrojó por el comentario de su amiga.

―¡Tiene una pinta estupenda!―alabó esta vez Tenten.

―No parece la gran cosa… ―Aquella voz no la conocía. Levantó la vista y pestañeó al ver a una chica de piel morena y cabello pelirrojo sentada enfrente de ella. La reconocía, la había visto en algún sitio, pero no conseguía identificar donde. Frunció el ceño, intentando hacer memoria.

―¡Parece que has herido el orgullo de cocinera de Karui!―Temari soltó una carcajada al oír a Ino, quién había empujado a la pelirroja, juguetona―. ¿Aún crees que Chōji solo está contigo por tu cocina?―Karui se cruzó de brazos, molesta, desviando la vista.

―¿Chōji-kun?―La suave voz de Hinata se escuchaba algo confundida. Todas las miradas se centraron en ella de golpe, todas intentando disimular la pena que sentían por la chica. Un suspiro colectivo la hizo sentirse nerviosa de repente.

―Hinata, vamos a tener que ponerte al día de muchas cosas―dijo Sakura, acomodándose mejor en su sitio―. Pero antes… Temari, dame un trozo de esa deliciosa tarta.

―Estoy en ello. ―Ino volvió a quejarse una vez más de que si comía un solo pedazo de ese pastel engordaría diez kilos de golpe. Las demás rieron de nuevo.

Poco a poco, fueron contándole a Hinata todo aquello que la peliazul no recordaba. Evitaron hacer cualquier mención a su relación con Naruto, cosa que la chica notó, pero supuso que sería porque eran cosas privadas que, quizás, su yo adulto había compartido alguna vez con las chicas en algunas de esas reuniones semanales.

Cuando terminaron de actualizar la memoria de Hinata, la conversación siguió por otros derroteros. Hablaron de moda, de cómo habían cambiado los tiempos, de la Konoha nueva comparándola con la antigua… contaron anécdotas divertidas que, en muchas ocasiones, implicaban a sus respectivos maridos, algunas de ellas eran tan subidas de tono que llegó un punto en que Hinata tenía la cara a punto de explotar como un volcán.

―Chicas, chicas―llamó Sakura―, parece que hemos avergonzado a nuestra Hinata. ―La aludida se puso aún más colorada si cabe, negando repetidas veces con la cabeza, provocando las risas de la concurrencia.

―Porque ella no recuerda que sino… ―Temari rodó los ojos ante el comentario algo desafortunado de Ino. Desde el otro lado de la mesa, Sakura alargó una pierna y pateó a su amiga en una muda advertencia. La Yamanaka la fulminó con la mirada.

―¿Q-qué queréis decir?―Se atrevió a preguntar Hinata. Tenten sonrió de una manera pícara. Si ella solo recordara…

―Bueno, creo que eso es algo que, quizás, puedas descubrir con el tiempo. ―Esta vez había sido la voz divertida de Karui la que la había dejado más confusa que antes.

―¡Ni se te ocurra decirle eso!―chilló Sakura, abrazando de pronto protectoramente a su amiga. Hinata no entendía a qué se estaban refiriendo todas―. Hinata, si alguna vez el idiota de Naruto te hace algo, no dudes en decírmelo. Yo misma le patearé el trasero. ―Hinata parpadeó. Ahora sí que estaba más perdida que un pez fuera del agua.

―¿Por qué iba Naruto-kun a hacerme algo?―Sus amigas soltaron un suspiro resignado al unísono. Casi habían olvidado lo inocente que solía ser su amiga de joven.

―Hinata ¿nos vas a decir que, en el tiempo que llevas con Naruto desde que estás… así, él no ha hecho nada por acercarse a ti? Me refiero ¿No más de lo estrictamente necesario?―preguntó Ino, inclinando el cuerpo hacia delante, mirándola fijamente con sus ojos azules. Hinata se quedó pensativa unos instantes, intentando dilucidar qué es lo que pretendía decirle su amiga con aquello.

―Él… él ha sido muy amable… Me ha hecho sentir bien… ―murmuró. Las demás estaban expectantes, como esperando a que dijera algo en específico, pero Hinata no tenía ni pajolera idea de qué querían que les contara―. Ni siquiera me ha reclamado por tener que dejarme a mí sola la habitación… ―Siguió con sus cavilaciones.

―¿No dormís juntos?―Hinata se sonrojó por la pregunta tan directa de Temari. Negó con la cabeza.

―No quiere dejarme a mí en el sofá. Dice que prefiere que esté cómoda. Pe-pero… me sabe mal porque… el sofá no es muy grande y… ―La muchacha se había perdido de pronto en sus propios pensamientos.

―Eso es lógico. Sabía que Naruto no podía ser tan mala persona―dijo Sakura llevándose su taza de té a los labios, orgullosa de su compañero de equipo.

―¿Y no ha intentado acercarse a ti?―preguntó Tenten, curiosa. Hinata estaba comenzando a exasperarse por lo repetido de la pregunta. Sabía que se perdía de algo, pero no acababan de decirle el qué, y eso la molestaba en cierta manera.

―¡Ya he dicho que no! Bueno, nos cogemos las manos y… ―enrojeció al recordar lo de esta mañana―… hoy me abrazó. Pero na-nada más. ―Las demás respiraron hondo, aliviadas en parte.

―¡Y yo que pensé que a Naruto lo calentaría el hacerlo con una adolescente tierna e inocente como Hinata!

―¡Deja ya los comentarios, cerda! ¡Naruto no es ese tipo de hombre!

―¡Por supuesto que no!―saltó esta vez Tenten―. Sino, habría un montón de chicas con el corazón roto llorando por las esquinas porque, seamos realistas, Naruto está bueno y admiradoras dispuestas a meterse en su cama no le faltan.

―¡TENTEN!―El grito de Sakura hizo que la castaña se diera cuenta de lo que había dicho, tapándose la boca en el acto, mirando con ojos horrorizados para Hinata.

―Hi-Hinata yo… ―Por un momento, se había olvidado de la situación actual de Hinata. Si su amiga fuera la de siempre, probablemente sonreiría con un tinte escalofriante, dando a entender que la pobre desgraciada que se atreviera a acercarse a su marido no viviría para contarlo.

Pero, en estos momentos, Hinata estaba con los ojos como platos, rígida como un palo de escoba, asimilando la última parte de la conversación. Minutos después se levantó y, susurrando una disculpa, le pidió a Temari ir al baño. La Nara se apresuró a acompañarla y, una vez dentro del cuarto, cerró con pestillo y se dejó caer sobre el váter, aferrándose a los bordes del mismo hasta que los nudillos se le quedaron blancos.

Aquella era una posibilidad que ni se le había pasado por la cabeza. Hanabi le había mencionado alguna cosa en plan broma de pasada, pero ella se lo había tomado como lo que eran, simples pullas por parte de su pequeña hermana para molestarla.

Pero sus amigas le acababan de dar una perspectiva totalmente diferente.

Se dijo que cómo era posible que no hubiera pensado a fondo antes en ello. Es decir, se suponía que Naruto y ella estaban casados, así que, por fuerza, seguramente habrían… habrían hecho…

Se tapó el rostro con las manos y gimió, con los hombros hundidos. Su mente ahora mismo era un torbellino de emociones y pensamientos que no podía descifrar. Pero la pregunta más importante que se hacía era: ¿Y si Naruto esperaba que ella… que ellos…

No le había dado indicio ninguno de que algo así pudiera ocurrir pero… ¿Y si lo estaba esperando? ¿Y si él quería? ¿Y si de pronto se cansaba de esperarla y decidía buscar a otra para… El solo pensamiento la hizo gemir de nuevo, angustiada, con el corazón encogido.

Había vivido las últimas semanas su más anhelado sueño: vivir junto al amor de su vida. Pero…

―¿Hinata? ¿Estás bien?―Unos golpecitos suaves seguidos de la voz de Sakura la hizo apretar los ojos, negándose a volver a la realidad. Si salía de ese baño, todo le caería encima como una losa―. Escucha, las chicas no querían hacerte sentir mal. ―Eso lo sabía. Respiró hondo, tratando de calmarse. Tal vez, lo mejor sería irse a casa, calmarse y analizar las cosas con tranquilidad.

Abrió la puerta del baño y la cara de alivio que puso Sakura la hizo sentir mal por hacerla preocuparse.

―L-lo siento. N-no me encuentro bien. Se-será mejor que me vaya. ―Sakura asintió, ya lo suponía.

―De acuerdo. He dado aviso a Naruto para que venga a buscarte. ―Los ojos blancos de la peliazul se abrieron enormemente. Antes de que pudiera decir nada, Sakura le puso las manos en los hombros, taladrándola con sus ojos verdes―. Hinata ¿recuerdas lo que te dije el otro día en el hospital? Nunca dudes de lo que Naruto siente por ti. Nunca. Jamás.

―Sa-Sakura-san… ―Un par de lágrimas escaparon de sus ojos sin que pudiera detenerlas. Se las limpió y asintió. Sakura la soltó y sonrió. Dejó que la muchacha se fuera hacia el vestíbulo. La vio ponerse sus zapatos y salir al exterior, cerrando la puerta tras de sí.

Dando un gran suspiro, volvió al salón con las demás, excusando a Hinata ante ellas. Ninguna dijo nada. Eran conscientes de que habían metido la pata hasta el fondo. Sakura se reprochaba por haberle insistido a Hinata para que asistiera a aquella quedada. Era demasiado pronto; demasiada información que asimilar en tan poco tiempo.


En uno de los numerosos campos de entrenamiento, Naruto medía fuerzas con un ruidoso y molesto Kiba. Más que calmarse con la edad, el Inuzuka parecía hacerse más insoportable con cada día que pasaba. O al menos eso le parecía a él. Además, todavía no había podido perdonarles a él y a Shino el descuido que habían tenido con Hinata en su última misión. Para él, el Inuzuka y el Aburame eran indirectamente responsables de su situación sentimental actual.

Aunque aún más molesto que su amigo castaño estaba el hecho de que había notado, poco después de llegar a entrenar, numerosas presencias aparecer poco a poco en los alrededores. Los dueños, o, mejor dicho, dueñas de aquellas presencias creían estar escondidas y bien escondidas, pero no podían estar más que equivocadas.

Shikamaru, Sai, Chōji, Shino, Lee y Kiba se habían dado perfecta cuenta de todas las adolescentes y no tan adolescentes con las hormonas revolucionadas que habían ido allí a observar. Pero no para aprender nuevas técnicas de aquellos que habían colaborado en salvar al mundo shinobi, nooooooo, habían ido allí solo exclusivamente a observar a cierto héroe de cabello rubio y ojos azules.

Naruto rodó los ojos y bufó, fastidiado, bloqueando un ataque de Kiba y mandándolo a volar varios metros hacia atrás. Los chillidos y las risitas ahogadas cada vez que se movía lo estaban poniendo de muy mal humor.

Normalmente era amable y solía pedirles con educación que se largaran. Pero en los últimos días no tenía ganas de andar haciendo de niño bueno.

―¡Oye, Naruto! ¡Deberías darles lo que piden para que te dejen en paz!―Soltó con burla Kiba, al tiempo que se sacudía el polvo de sus ropas. El rubio quiso golpear a su amigo, lástima que Shikamaru lo detuvo con su imitación de sombras.

―Sería demasiado problemático que lo mandaras al hospital. ―La venita en el cuello del Uzumaki se hinchó, pero consiguió calmarse lo suficiente como para que el Nara lo dejase libre.

Se dejó caer al suelo, apoyando todo su peso sobre sus manos y sacudió la cabeza para ahuyentar las gotas de sudor que le resbalaban por el rostro. Los chillidos y las risitas molestos volvieron a escucharse.

―¡¿Se puede saber qué tanto le veis a Naruto?!―Suspiró, agradeciendo a Kiba que fuera él el que se enfrentara a sus fans. Ahora entendía a Sasuke; sí que era molesto el tener todo el día a un montón de locas fanáticas persiguiéndote día y noche.

―¡Naruto-sempai es increíble!

―¡Y guapo!

―¡Lo que te pasa es que estás celoso!

―¡Naruto-sempai es tan genial!

―¡Naruto-sempai, sal conmigo!―Ok, suficiente. Se levantó, girándose con un claro gesto de enfado en su rostro que hizo callar de golpe a todas sus fans. Iba a decir algo, pero Sai se le adelantó.

―Chicas, estoy seguro de que Naruto aprecia vuestros sentimientos, pero él ya tiene a Hinata. Es más, supongo que sabréis que están casados. ―La sonrisa falsa que adornaba el rostro del pelinegro las intimidó un tanto, haciéndolas retroceder. También sus palabras habían hecho que la mayoría bajaran la cabeza. Naruto tomó nota mental de agradecerle más tarde a su compañero de equipo.

―¡Eso no es impedimento para… ―Genial, y había quién no se daba por vencida.

―Os sugiero que no vayáis por ahí. ―Algunas de las chicas inflaron los mofletes al oír esta vez a Shikamaru. Por fin, decidieron largarse y dejarlos tranquilos.

―Gracias, Shikamaru. ¡La próxima vez juro que me voy a lo más profundo del bosque! Estoy hasta las narices… ―Sus amigos suspiraron―. Y eso que me habían dejado en paz durante un tiempo.

―Sí, pero los rumores las han instado a tener esperanzas. ―Naruto parpadeó.

―¿Rumores?

―Hay rumores de que Hinata salió malparada en su última misión y de que se va a morir. También los hay que afirman que tenéis graves problemas maritales y que os vais a divorciar. Y también hay quién dice que tú ya no quieres tener nada que ver con ella y que estás más que dispuesto y disponible para cualquiera.

―¡¿QUÉ?! ¡¿De dónde han sacado semejantes chorradas?! ¡Yo jamás dejaría a Hinata! ¡Y ella tampoco está para morirse!―Se dejó caer de nuevo en el suelo, enfurruñado, con los brazos cruzados sobre el pecho―. Cuando pille al desgraciado que los ha iniciado… ―Se interrumpió al ver a un pájaro mensajero posarse en el hombro de Shikamaru. Se levantó de golpe, acercándose a su amigo, al igual que los demás. El Nara desató el papel de la patita del ave y la dejó libre. Abrió el mensaje y frunció el ceño, levantando la mirada y alargándoselo a Naruto.

―Es para ti. ―Intrigado, el rubio lo tomó. Como fuera Kakashi-sensei para enviarlo a alguna misión lo mandaría a tomar viento fresco. Sus ojos vagaron por las letras. No era la caligrafía de su antiguo maestro, sino de Sakura. Leyó, tensándose al momento, apretando fuertemente la mandíbula. Arrugó el papel y, sin dar explicaciones, desapareció, dejando a sus amigos más que confundidos.

―¿Qué era?―preguntó Lee. Shikamaru se rascó la nuca, dando un enorme suspiro.

―Algo problemático.


Hinata esperaba agachada a un lado del hogar de los Nara, con las manos abrazando sus rodillas. Sus ojos perlados reflejaban tristeza, aunque ni ella misma sabría decir muy bien por qué. Tan ensimismada estaba que no notó cómo alguien se acercaba a ella hasta que esa persona la tomó de los brazos, levantándola de golpe.

Sus orbes se abrieron con sorpresa al descubrir la inquietud y la angustia en unos ojos azul cielo que ella conocía a la perfección.

―¡¿Hinata, estás bien?! ¡¿Te han hecho algo esas brujas?! ¡No tendría que haberte dejado venir… ―Las lágrimas le nublaron la vista y, sin poder contenerse más, se dejó caer contra el pecho masculino. El corazón del Uzumaki se rompió en miles de pedazos al ver a su mujer aferrarse con desesperación a sus ropas, su pequeño cuerpo convulsionando a causa de los tenues sollozos que Hinata intentaba reprimir. No dudó en rodearla con sus brazos, apretándola contra él. Reprimió las ganas que tenía de entrar en casa de Shikamaru y reclamarle a las chicas por haber hecho sentir mal a Hinata. Cerró los ojos, enterrando la nariz en su pelo, acariciándoselo con ternura―. Todo está bien, Hinata, estoy aquí. ―Intentando ser lo más delicado posible para no asustarla, la levantó en brazos y de un salto se plantó en el tejado de una casa, iniciando así la marcha de vuelta a su hogar, evitando la mirada de los curiosos.

En cuanto llegó y abrió la puerta, se dirigió a la habitación. Hinata había caído dormida hacía rato, con rastros de haber llorado en sus pálidas mejillas. La dejó suavemente sobre el colchón y se sentó a su lado, tomando una de sus pequeñas manos entre las suyas. La otra la subió hasta el rostro femenino, intentando limpiar con delicadeza las secas lágrimas, con cuidado de no despertarla.

Pero ya no pudo apartarla. Hacía tanto que no tocaba su suave piel… que no la sentía… No en un sentido malicioso, sino simplemente que había echado mucho de menos el contacto entre ambos.

Suspiró, acariciándole el pómulo con el pulgar. Un suspiro salió de los labios femeninos, alertándolo, haciendo que retirara la mano como si de pronto la piel femenina le quemara.

―Naruto-kun… ―Un enorme sonrojo se apoderó de la cara y el cuello de Naruto. ¿Hinata soñaba con él? Aún le costaba asimilar que una chica tan preciosa y perfecta como Hinata se hubiera enamorado de él.

Miró una vez más para ella, fijando sin darse cuenta la vista en sus labios, esos labios que llevaba sin poder probar sabe dios ya cuántos días. Un impulso lo hizo acercar el rostro al femenino, quedando a escasos centímetros unos labios de otros. ¿Debería hacerlo? ¿Hinata se molestaría si se despertaba? ¿Y si llegase a descubrir su pequeña travesura? Bajó los ojos de nuevo a los labios de la chica, tan rosados, tan perfectos, tan suyos…

¡A la mierda! ¡Sigue siendo mi mujer!―Cerró los párpados y terminó de acortar la distancia, posando su boca sobre la de ella.

Fue un roce, apenas una tímida caricia. Sabía que no sería correcto llegar a más, no con ella en ese estado. Aún sabiendo eso se apartó bruscamente de la chica, temiendo que, si se atrevía a seguir, entonces ya no podría parar.

Se levantó de la cama, metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y miró una vez más para Hinata, quien dormía pacíficamente, ajena a todo lo que rondaba por la mente del rubio. Naruto sonrió de forma zorruna; puede que no hubiera sido más que un beso inocente, y además robado, pero le había alegrado el día.

Tomó una manta gruesa del armario y tapó a la muchacha con ella. Entonces se inclinó de nuevo sobre el cuerpo inerte de la peliazul, esta vez para darle un beso de buenas noches en la frente.

Luego salió del cuarto cerrando la puerta tras de sí con el mayor sigilo posible, sin saber que los sueños de cierta portadora del Byakugan no habían distado mucho de la realidad.

Fin ¿Y si…?


Bien, aquí está el siguiente. Tenía planeado subirlo hace un par de horas, pero entre unas cosas y otras (EjemNintendoDirectqueayernoviEjem) pues se me pasó el tiempo, y luego vino la comida y me entretuve escuchando a Mägo y pensando en mis cosas y... bueno, que ya está aquí el siguiente.

Contadme vuestras impresiones, sugerencias y/o reclamos en vuestros comentarios, plis. Porque ya sabéis.

Un review equivale a una sonrisa.

¡Y muchas gracias por el suyo a Sr 50 pero feliz! Al resto, os agradeceré por MP, como siempre xD.

*A favor de la campaña con voz y voto, porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí. Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.