¡YAHOI! ¡Buenos lunes! Y para que no se haga este día tan tedioso aquí os traigo el siguiente capítulo de esta historia.
¡Espero que lo disfruteis!
Disclaimer: Naruto y sus pesonajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los uso para pasar el rato.
Cita
Cuando despertó todavía era de madrugada. Lo supo por la oscuridad casi absoluta que teñía la habitación. Se percató también de que seguía vestida y de que alguien la había tapado con una manta. Un pequeño rubor se apoderó de sus mejillas al darse cuenta de que, probablemente, aquel alguien había sido Naruto.
Se incorporó con un suspiro, llevando el borde de la manta hasta su rostro, hundiendo este en el cálido material.
―Naruto-kun… ―dijo, con voz queda, rememorando un extraño pero maravilloso sueño en el que él la besaba.
Se quedó mirando fijo la puerta durante unos minutos, con una idea rondando su mente. No terminaba de decidirse aún en si llevarla o no a cabo cuando notó que ya se encontraba caminando por el pasillo en dirección al estudio en el que dormía el rubio.
Sus pies frenaron; se estremeció al darse cuenta del frío que emanaba de la madera del suelo. Las dudas la asaltaron de nuevo. Su mente le decía que aquello que quería hacer no era correcto, pero su corazón le decía que solo iba a ser una inocente travesura, algo que el chico no recordaría. Solo estaban ellos dos allí, en aquella casa, nadie lo sabría nunca.
Sus pies se pusieron en marcha de nuevo, ignorando por completo la voz de la conciencia. Abrió con cautela la puerta de la habitación donde descansaba el Uzumaki, dejándola entreabierta. El pequeño chirrido de las bisagras la hicieron detenerse de nuevo, con el corazón latiéndole a mil por hora. Pero Naruto no parecía haberla oído, porque seguía durmiendo plácidamente, soltando algún que otro pequeño ronquido.
Temblorosa, se acercó al cuerpo durmiente y se quedó allí varios minutos, observándolo. Se maravilló en la manera en que su pecho subía y bajaba con cada tranquila respiración, en la boca ligeramente entreabierta, por cuyas comisuras resbalaba un pequeño hilo de saliva.
Se aproximó de puntillas, sin hacer el menor ruido, y se arrodilló a su lado, atreviéndose a posar una mano trémula sobre una de las masculinas, que descansaba sobre su estómago. Quizás por instinto, los dedos de Naruto se movieron, entrelazando los dedos de ambos, al tiempo que un murmullo quedo escapaba de su garganta.
―Hinata… ―La chica sintió que su corazón se aceleraba de nuevo. Tomó valor y levantó su otra mano, acercándola al rostro masculino. Con la yema de los dedos delineó las facciones del mismo: desde las cejas rubias, pasando por los párpados cerrados hasta aquellas curiosas marcas que adornaban sus mejillas y que, secretamente, siempre había soñado con acariciar. Repasó su nariz y su mentón, así como el contorno de una de sus orejas.
Rozó también sus labios, deteniéndose en el borde de uno de ellos. Eran tan suaves al tacto como siempre había imaginado. Se mordió el labio inferior, nerviosa por lo que iba a hacer, pero se dijo que era o ahora o nunca.
Bajó su cabeza y, reuniendo un valor que no sabía ni que tenía, posó sus labios sobre los del jinchūruki.
Fue apenas una caricia leve, como el aleteo de una mariposa, pero para ella fue más que suficiente.
Se incorporó de golpe, soltando su mano al tiempo. Se llevó horrorizada una mano a la boca, para después salir prácticamente corriendo de la habitación, olvidándose totalmente de cerrar la puerta tras de sí.
Ya en el pasillo tuvo que apoyarse contra la pared para no caer, con el corazón galopando en su pecho, como si acabara de tener una ardua tarde de entrenamiento con su padre.
Gimió, absolutamente avergonzada ante su conducta, llevando las manos a su cara.
¡Se había aprovechado de un dormido y vulnerable Naruto, por Kami! ¿Qué pensaría de ella si llegaba a descubrir lo que había hecho?
Claro que, lo que la chica no sabía, era que en el interior del Uzumaki, cierto zorro de nueve colas se estaba partiendo de risa. Él sí había notado acercarse a la niña Hyūga y sí había sido testigo de su pequeño secreto. Desde luego, aquellos dos estaban hechos el uno para el otro.
―Qué pena que estés dormido, niño, porque no pienso decirte nada. ―Y volvió a soltar una tremenda carcajada que, a pesar de todo, no inmutó a su portador.
Pero es que era la primera noche que Naruto dormía apaciblemente en días, y todo gracias al recuerdo de cierto beso y de ciertos sueños que estaba teniendo con su mujer.
Definitivamente, más valía que la niña de pelo rosa, la rubia que daba miedo y la otra de pelo negro que siempre parecía estar pegada como chicle a la rubia que daba miedo encontraran pronto la solución a la particular situación de la niña de ojos blancos.
Naruto dejó un momento de cepillarse los dientes para estirarse. Se miró en el espejo, satisfecho de ver que las ojeras bajo sus ojos se habían atenuado. Si bien no había podido recuperar todo el sueño perdido sí había podido dormir como un bebé por primera vez en semanas.
Tan solo recordar el pequeño beso que le robó ayer a Hinata junto al hermoso sueño que vivió mientras dormía lo hacían estar de muy buen humor aquella mañana.
Luego frunció el ceño al recordar que, la que parecía zombi esa mañana era Hinata. No se había cepillado el pelo como acostumbraba hacer al levantarse, por lo que lo tenía revuelto y algo enmarañado. También tenía pinta de no haber pegado ojo en toda la noche, y Naruto juraba que llevaba puestas las mismas ropas que el día anterior.
Le había preguntado, pero la chica simplemente le dijo que había pasado una mala noche, que no era nada para preocuparse. En su interior el zorro había empezado a reírse a carcajadas, como si supiera algo que a él se le escapaba, pero por más que le había preguntado Kurama se había negado a responderle, diciéndole que era un lento y que no veía bien las cosas.
Al final Naruto lo había mandado al diablo, dispuesto a que nada ni nadie arruinara su buen humor mañanero. Además, se le había ocurrido una idea genial para acercarse a Hinata, por lo que debía concentrarse en eso.
Se enjuagó la boca y se lavó la cara, pasándose luego una toalla para secarse. Salió del baño justo en el momento en el que Hinata llegaba a la habitación, seguramente para cambiarse de ropa. Él le sonrió y ella, por alguna razón desconocida, se ruborizó intensamente y se metió rápido en el cuarto, cerrando la puerta tras de sí de un portazo. Naruto frunció el ceño.
―Kurama…
―No pienso contarte nada. Haber estado más atento. ―La risita maliciosa que soltó su compañero bijū lo hizo maldecirlo mentalmente. Luego negó con la cabeza y se palmeó las mejillas, como queriendo despejarse.
Hoy sería un día especial y maravilloso y no podía desperdiciarlo con un estúpido zorro toca narices. Ya ajustaría cuentas con él más tarde.
Se dirigió a la habitación y llamó con los nudillos. Esperó una respuesta que no llegó, por lo que volvió a llamar, un poco más fuerte.
Al otro lado, Hinata dio un salto con la ropa a medio poner, asustada de pronto. ¿Qué quería Naruto? ¿Por qué la buscaba? ¡Oh, no! ¿Se había dado cuenta de lo de anoche y querría hablar del tema? ¡No, ella no estaba preparada, no podía decirle que había sido tan fantástico y maravilloso como lo había imaginado en sus sueños!
Respiró hondo, tratando de calmarse.
―Tranquila Hinata, no te alteres, seguramente él quiera hablar de la comida de hoy o algo así. Sí, seguro que es eso. Respira hondo. ―Tomó aire y habló―. ¿S-si?
―Hinata, oye… esto… m-me preguntaba si hoy… bueno… si querrías… ―La chica parpadeó ante el tono nervioso de Naruto. Mientras que, al otro lado de la puerta, el rubio estaba sudando por los cuatro costados. Kurama rio una vez más en su interior, recordándole escenas parecidas de cuando empezó a salir oficialmente con la peliazul. Naruto le dio una colleja mental, callándolo en el acto―. ¿T-te gustaría que fuéramos a dar un paseo, tú y yo?―Hinata creyó que se desmayaría ante la petición.
¡¿Acaso Naruto le estaba pidiendo una cita?! O sea, no es cómo si tuviera que hacerlo porque estaban casados, o al menos eso se suponía pero aun así… le causó una tremenda felicidad.
―¿T-tú y yo? ¿Ju-juntos?
―¿No quieres?―El tono decepcionado hizo que se le encogiera el corazón, apresurando su contestación.
―¡S-sí quiero! ¡Sí quiero, Naruto-kun!―El respiro aliviado que escuchó la hizo sentirse aliviada a ella también―. Es-esto… ¿Na-Naruto-kun?
―Dime. ―Se sintió más que nerviosa ante lo que le iba a preguntar a continuación, pero tomó valor para hacerlo.
―¿E-es una cita?―Durante unos interminables segundos, el chico no le respondió, por eso se sobresaltó cuando lo oyó hablar de nuevo, con voz suave pero firme.
―Claro que sí, Hinata. Por supuesto que es una cita. ―Hinata enrojeció, se quedó unos minutos mirando para la ropa que iba a ponerse y de pronto se deshizo de ella a tirones, corriendo hacia el armario y empezando a sacar ropa, buscando algo adecuado para ponerse.
Encontró un vestido azul celeste de manga larga y falda hasta las rodillas que le pareció perfecto. Se lo probó, comprobando algo desilusionada que le quedaba grande. Se lo quitó y rebuscó de nuevo en el armario. Pero la mayoría de la ropa de su yo futura le quedaba larga, ancha o ambas a la vez.
Suspiró, frustrada. Metió la cabeza de nuevo entre las prendas y su vista se clavó, entonces, en los jerseys que estaban perfectamente doblados en una estantería. No se había fijado antes en ellos, pero se le ocurrió que quizás podrían valer.
Agarró uno morado de tela suave aunque abrigada. Tenía el cuello redondo y las mangas anchas. Se lo puso y se plantó frente al espejo.
Le quedaba un poco más abajo de los muslos, como si fuera un vestido corto. Además, le caía un poco en los hombros y las mangas le quedaban amplias, pero, lejos de hacerla deforme o fea, le gustó el resultado.
Pero se miró las piernas, diciéndose que no podía ir sin nada por abajo. Seguramente lo haría si fuera otra chica, una más atrevida, pero ella era la tímida Hinata, acostumbrada a esconder aquello que las demás chicas se morían por mostrar.
Encontró unos shorts negros pero que no parecía que fueran para entrenar, sino que estaban hechos de una tela totalmente distinta, nada flexible aunque gruesa. Se preguntó en qué demonios pensaba su yo adulto para haber comprado algo como aquello, aunque la respuesta le vino por sí sola al llegarle a la mente la imagen de Naruto.
Parecía que en el futuro era algo más abierta y menos tímida, algo que hizo que su corazón saltara. Tal vez por eso Naruto se había enamorado de ella, porque había sido capaz de hacerse notar, de hacer que él se volviera a mirarla.
Sacudió la cabeza, terminando de abrocharse los pantalones y dejando caer el vestido-jersey de nuevo.
Se miró una última vez en el espejo, diciéndose que podía, por un día, hacer honor a la mujer en la que un día se convertiría, en la mujer que había conseguido que el amor de su vida se quedara a su lado.
Una sonrisa se extendió por su cara, mientras recogía el montón de ropa que había sacado anteriormente, en sus prisas por encontrar algo adecuado para ponerse.
Una cita con Naruto. No podía pedir más al cielo.
Abajo Naruto la esperaba impaciente, sentado en el pequeño escalón del recibidor, moviendo la pierna a causa del nerviosismo que le causaba la tardanza de su esposa. Kurama se reía de él, diciéndole que parecía un adolescente en su primera cita, a lo que Naruto bufó, haciendo caso omiso de las burlas del zorro de nueve colas.
―Y-ya es-estoy. ―Se giró a mirarla, con una sonrisa en los labios, y en cuanto sus ojos azules la vieron, todo su cuerpo se congeló. Abrió y cerró la boca, incapaz de decir nada, mientras que el rojo en el rostro de la muchacha se intensificaba por momentos. El silencio del Uzumaki le estaba dando el mensaje equivocado, y estaba a punto de subir corriendo de nuevo para cambiarse cuando el rubio al fin se decidió a hablar.
―Hinata… tú… estás… vaya… ¡Estás preciosa'ttebayo!―Las mejillas femeninas se colorearon de nuevo furiosamente. Naruto se levantó y esperó a que ella se acercara unos pasos.
―¿L-lo dices d-de verdad?―El Uzumaki asintió repetidas veces con la cabeza, haciéndola esta vez sonreír tímidamente y provocando que un ejército de mariposas montara fiesta en su estómago. Por su parte Naruto estaba igual o peor, con la necesidad de abrazarla recorriendo cada fibra de su ser―. T-tú también es-estás muy guapo, Naruto-kun. ―Ahora fue el turno del rubio de sonrojarse hasta el infinito. Tuvo que girarse bruscamente para aplacar el impulso repentino que le dio de acorralarla contra la pared y besarla hasta quedar saciado de sus labios. Maldita fuera la inocencia de la Hinata adolescente, ya casi había olvidado aquella faceta de su mujer, la cual había ido perdiendo gracias a la convivencia mutua.
Suspiró mirándola de reojo y se rascó la nuca.
―¿Vamos?―La chica asintió y se calzó mientras el chico abría la puerta. Salieron de su casa y caminaron por las calles hasta llegar al centro de Konoha. Ambos iban en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos.
―¿Adonde… ―Se sonrojó al sentir que Naruto la miraba.
―A un sitio especial. ―Sonrió ampliamente―. ¡Sígueme!―De pronto, el muchacho dio un salto tremendo dejándola atrás, yendo a parar sobre un tejado cercano.
―¡Na-Naruto-kun, es-espera!―Hinata lo siguió. Fueron saltando por los techos de las casas y los comercios, hasta que el rubio se detuvo al fin en mitad de unas escaleras. Hinata aterrizó a su lado, aunque al pisar no lo hizo todo lo firme que debería y se tambaleó.
―¡Cuidado!―Naruto la agarró del brazo y la estabilizó. Ella se ruborizó ligeramente al sentir la mano grande y cálida de él en su brazo y sus ojos azules mirándola intensamente. Deshizo el agarre lo más delicadamente que pudo y bajó la cabeza, llevando la otra mano al lugar donde sus dedos la habían aprisionado.
―Gra-gracias. ―Naruto asintió, intentando por todos los medios no tomarle importancia al hecho de que Hinata parecía cada vez más rehuir su contacto. Estaba al tanto de que era por la timidez natural de la chica, pero no podía evitar sentir punzadas en el corazón cada vez que ella lo hacía.
Suspiró y empezó a subir los escalones seguido de Hinata, quien miraba hacia arriba, topándose entonces con unos rostros más que familiares esculpidos en piedra. El monte de los Hokages, como no, debió suponerlo al ver el rumbo que tomaban. Aquel era el sitio favorito de Naruto, donde iba cada vez que estaba deprimido o necesitaba animarse.
Llegaron a lo alto y Naruto se encaminó directamente hacia la cabeza del cuarto Hokage. Se paró cerca del borde y le hizo señas para que se acercara. No muy convencida debido a la altura a la que se encontraban, Hinata lo siguió. Naruto se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, y esperó a que ella hiciera lo mismo a su lado. Giró a ver la panorámica de Konoha que se extendía a sus pies y cerró los ojos. Los volvió a abrir y le sonrió a su acompañante, provocando un adorable rubor en las pálidas mejillas.
Hinata vio con algo de confusión como el chico se ponía recto de pronto y levantaba las manos hasta juntarlas, formando un sello.
―¿Na-Naruto-kun…?
―¡Henge!―Una nube de humo envolvió al chico y, cuando esta se disipó, Hinata no pudo menos que abrir los ojos con tremendo asombro. El corazón comenzó a latirle a toda prisa en cuanto los mismos ojos azules que tanto amaba se volvieron a fijar en ella.
Pero, a diferencia de los ojos del Naruto adulto, estos orbes eran algo más grandes, o quizás era simplemente que la cara la tenía más pequeña. Una alegre sonrisa se formó en el rostro masculino, al tiempo que el viento revolvía unos cabellos rubios, ahora largos y despeinados.
Naruto se había transformado, solo dios sabía por qué, en su versión adolescente. El que le sonreía ahora con infinito cariño no era nada más y más ni menos que el Naruto de dieciséis años, aquel por el que ella había casi dado su vida en más de una ocasión.
―¿Naruto… -kun?―Él asintió varias veces, llevando las manos a sus piernas e inclinándose en su dirección.
―Yo… quería hablar contigo, en esta forma. ―A Hinata se le derritió el corazón al ver las bronceadas mejillas teñidas de un suave rojo. Se notaba que estaba avergonzado y Hinata creyó que moriría de ternura. Siempre había soñado conque algún día ese mismo Naruto adolescente que ahora estaba frente a ella la mirara de esa forma y, aunque saber que su versión adulta había conseguido casarse con él, le había quedado aquella espinita clavada, el saber el cómo habría sido todo o si él habría por fin recordado su desastrosa confesión en aquella batalla contra Pain.
―¿Por qué?―la pregunta salió de sus labios antes de que pudiera detenerla. Naruto suspiró, rascándose la nuca, con evidente incomodidad al no saber cómo empezar. Había diseñado todo un discurso que supuestamente lo haría ver genial y haría que Hinata quisiera abrazarlo y comérselo a besos, pero ahora no recordaba ni media palabra y Kurama seguía sin querer ayudarlo. Maldito zorro. ¿De qué le servía tener un compañero bijū dentro de su cuerpo si no podía contar con él cuando más lo necesitaba?
―Hinata yo… ―Alzó el rostro con decisión, pero todo se fue a la mierda al admirar el hermoso perfil de Hinata recortado contra el cielo. Empezó a sudar y tuvo que limpiarse las manos en su pantalón. Se mojó los labios y tragó saliva, de repente se le había secado la garganta. Putos nervios―. ¡Hinata yo… ―el grito hizo que la chica respingara y se girara a mirarlo―, y-yo… ¡quiero que me perdones!―La ojiperla pestañeó al ver como el chico se inclinaba ante ella, con las manos juntas en forma de ruego. ¿Perdonarlo? ¿Perdonarlo por qué?―. ¡Sé que fui un imbécil en el pasado y me arrepiento! ¡No solo por no notar lo maravillosa que eres sino por no haber respondido de manera adecuada y sincera a tu declaración!―Lo había dicho tan de corrido que a Hinata le había costado entenderlo, pero cuando terminó de hablar la chica estaba totalmente roja, moviendo las manos nerviosamente sobre su regazo, sin saber qué decir. Naruto levantó la vista y le sonrió, volviendo a posar las manos sobre sus piernas―. No te lo dije en su momento porque… bueno, no sabía como reaccionar y… después… pasaron muchas cosas y… me dije que ya habría tiempo pero… lamento decir que lo olvidé. ―Suspiró y echó un vistazo a la vista de la aldea antes de volver a fijar la mirada en ella de nuevo―. No tienes idea de lo feliz que me sentí en aquel momento. A pesar de, bueno, de las circunstancias―hizo comillas con las manos―, creí que mi corazón iba a explotar de felicidad. ―Se llevó la mano izquierda al mismo―. Hinata, sé que de aquella pensabas que yo aún estaba enamorado de Sakura-chan… ―Hinata sintió una dolorosa daga incrustarse en su pecho al oírselo decir directamente. Ya lo sabía, todos lo sabían, que en el pasado el Uzumaki solo había tenido ojos para la chica de pelo rosa y ojos verde jade. Para él no existía nadie más en el mundo―. Pero lo cierto es… que lo que me dijiste me hizo pensar y plantearme muchas cosas. ―Naruto bajó la cabeza, abatido―. Cuando saltaste sin pensarlo sobre Pain para protegerme yo… me pregunté qué clase de loca hacía algo así, quién sería capaz de arriesgar hasta ese punto su propia vida por alguien como yo, que no valía la pena.
―¡E-eso no es verdad!―Hinata no pudo menos que gritar indignada ante lo último dicho por el chico―. ¡Na-Naruto-kun es el chico más dulce y amable y valiente que conozco y… ―La radiante sonrisa que el rubio le dedicó la calló abruptamente, haciéndola enrojecer.
―Pero también no pude menos que sentirme halagado y… feliz, muy feliz. Me hizo creer que alguien se preocupaba lo suficiente por mí como para darlo todo por mi causa sin pedir nada a cambio. Porque tú nunca me pediste nada a cambio, Hinata, ni nunca jamás me reprochaste nada. ―La intensa mirada azul la hizo bajar la cabeza. Las palabras del muchacho a su lado estaban haciendo que las mariposas bailaran agitadas en su estómago―. Pudiste haberme pedido que te respondiera, incluso pudiste haberme exigido que me hiciera responsable por lo sucedido. Pero no lo hiciste, simplemente me sonreíste y seguiste apoyándome y cuidándome, como siempre habías hecho, aunque yo fui tan estúpido que ni de eso me percaté.
―Yo… yo nunca quise que tú me dieras nada a cambio de mis sentimientos. E-era feliz c-con tal de ver que tú lo eras. N-no podía ser tan egoísta como para pedirte que me dieras algo que no podías darme. ―Naruto negó con la cabeza ante sus palabras.
―Ese es el problema, Hinata, yo sí quería dártelo. Me sentía abrumado, es cierto, pero también extremadamente feliz. Nunca pensé que nadie pudiera quererme de la manera en que tú lo hacías, la manera en la que mi madre había amado a mi padre: sin reservas, sin contemplaciones, sin límites. Deseaba corresponderte y ver hasta donde podía llegar aquel extraño sentimiento de protección que habías despertado en mí. Pero… ―un tenue suspiro escapó de los labios masculinos―, luego pasó lo del teme y después vino la guerra y tú… tú volviste a protegerme, volviste a hacer que me levantara, no dejaste que me hundiera. ―Hinata bajó la mirada a su regazo.
―Y estaba Sakura-san. ―El susurro estrangulado que oyó en la voz femenina lo hizo querer darse de golpes contra el suelo―. S-sé que te dijo que te quería y… ―Naruto levantó una mano, acallándola y negando con la cabeza.
―Sakura-chan nunca me quiso de esa forma, no de la manera en que tú me amas. No negaré que sus palabras hicieron que mi corazón diera un vuelco, porque llevaba mucho tiempo esperando que ella me correspondiera. Y tampoco puedo decir con absoluta seguridad que ella no llegara a sentir por mí algo más que amistad, pero simplemente no podía ser, Hinata. Porque Sakura-chan, aunque se hubiera enamorado realmente de mí, sus sentimientos hacia mi persona no hubieran sido tan grandes como los que guarda hacia Sasuke, ni tan sinceros como los que tú guardas hacia mí. Además―calló unos segundos―, tú habías hecho que anhelara algo a lo que siempre había creído que no tenía derecho. Me hiciste ver que incluso alguien tan patético como yo podía ser digno de ser amado.
―Na-Naruto-kun no es patético, e-es la persona más buena y maravillosa que conozco. ―Naruto sonrió de forma zorruna, levemente sonrojado.
―Definitivamente me saqué la lotería contigo. ―Clavó sus ojos en ella, poniéndose repentinamente serio y levantándose para sostenerse sobre sus pies. Le hizo gestos a Hinata para que lo imitara y quedaron ambos frente a frente. El viento de mediodía revolvía los cabellos de ambos, haciendo que los mechones rubios se despeinaran aun más y que la cortina lacia de la muchacha ondeara hacia atrás―. Hinata, sé que no tengo derecho a aspirar a alguien como tú pero… ¡Me gustas! ¡Me gustas mucho, te quiero y me vuelves loco!―Sus palabras la hicieron enrojecer a niveles insospechados―. ¡Así que, por favor, sal conmigo!
―Naruto-kun… ―Unas traviesas lágrimas escaparon de sus ojos blancos; sus manos temblorosas taparon su boca. Hizo esfuerzos para no romper a llorar ahí mismo. Tantos años de mirarlo en silencio, de aguantarse sus sentimientos, de amarlo sin condiciones sin que él lo supiera siquiera… ―. S-sí, Naruto-kun―su voz tembló y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no caer desmayada―. Sa-saldré contigo. ―Todo valió la pena por ver su hermoso rostro iluminado con una radiante sonrisa.
Entonces el chico decidió acortar la distancia entre ellos y, tomándola desprevenida, abrazarla por la cintura, estrechándola contra sí. Hinata notó como las piernas le fallaban al sentir el roce de su cuerpo contra el masculino.
―Hinata… ―Levantó la vista para encontrarse el rostro de Naruto cerca del suyo, cerca, muy cerca, demasiado. Su piel se tornó roja en cara y cuello y sus manos aferraron sus ropas. Sentía el corazón latirle desesperado en el pecho a medida que veía los labios del rubio aproximarse a los suyos.
Pero en el último segundo la vergüenza le ganó, haciendo que cerrara los ojos y bajara el rostro; los labios de Naruto chocaron entonces con su frente y, aunque no hubieran hecho contacto boca con boca, Hinata sintió que la piel le quemaba allí donde él la había besado.
Naruto soltó un largo suspiro ante la reacción de la chica, pero se dijo que era normal. Después de todo aquella Hinata era aún más tímida que la mayor. Cerró los ojos y sonrió, apretándola contra él en un suave abrazo y bajando de nuevo el rostro, para besarle la mejilla y luego la sien, para quedar después con su barbilla apoyada en la coronilla de ella.
Allí, entre los brazos de su amado, Hinata creyó que nada podía ser más perfecto que aquel mágico momento.
¡Oh, Dios, cuanto amaba a ese muchacho! No existiría nunca nadie más que él, estaba convencida de ello.
Sakura caminaba a paso lento y cansado hacia su casa. Había tenido turno de noche en el hospital y estaba que no podía ni con su alma. No veía la hora de dejarse caer en la cama y dormir hasta que tuviera que levantarse para ir al turno de la tarde.
Ino iba a su lado, parloteando sin parar sobre algo que, estaba segura, no le interesaba lo más mínimo. Ni siquiera estaba escuchando…
―¡¿Me estás escuchando, frentuda?!―Sakura suspiró y la miró.
―Pues no, cerda. No tengo ni el tiempo ni las ganas. ―Ino frunció el ceño y los labios, indignada. Sakura se paró un momento y se llevó la mano a la frente, intentando que el cansancio no la venciera.
―Sakura, trabajas demasiado. Deberías tomarte un…
―No puedo, Ino. No insistas. ―La respuesta de la pelirrosa fue tajante, cortante. Ino suspiró y desvió la vista al suelo. Sabía por qué su mejor amiga se estaba destrozando la salud, pero saberlo no la hacía creer que hacía bien.
―Sakura, si enfermas o algo peor ya no podrás ayudar…
―No, Ino, te he dicho que no insistas. ―Sakura retiró la mano de su frente y reanudó el paso. La rubia la siguió.
―¡Pero, mírate…
―¡Déjalo ya, Ino! ¡Tengo que hacerlo ¿entiendes?!―La Yamanaka cerró la boca de golpe.
―¡Pues no, no lo entiendo! No eres la única que está dejándose la piel para buscar una solución. Sé de buena tinta que Shikamaru no está apenas durmiendo en casa estos días y que Tsunade-sama y Shizune-sempai prácticamente viven en el hospital. Lo que pasó no fue culpa de nadie, siempre hay riesgos en las misiones, tú lo sabes mejor que nadie. ―Sakura apretó la mandíbula.
―Tú no lo entiendes, Ino, yo… se lo debo. Se lo debo a Naruto. Y también a Hinata. ―Ino calló y al fin desistió, comprendiendo al fin los sentimientos de Sakura. La pelirrosa se culpaba por todo el sufrimiento que Naruto había tenido que pasar en el pasado. Se sentía responsable por haberlo insultado, maltratado y ninguneado en la infancia y parte de la adolescencia. Por haber despreciado y pisoteado sus sentimientos hacia ella en tantas ocasiones.
Ino era la única que sabía que, en un momento dado, Sakura se había prometido a sí misma hacer feliz a Naruto, olvidarse de Sasuke, hacer desistir al rubio de su promesa de traerlo de vuelta y corresponder a sus sentimientos como él se merecía. Sakura creía que se lo debía después de todo lo que él había hecho por ella.
Pero Naruto había visto a través de ella, como siempre había hecho, y la había rechazado de plano, y, sin saberlo, hiriéndola hondamente con dicho rechazo.
Porque sí, Haruno Sakura, en algún punto de su vida, había sido capaz de amar a Uzumaki Naruto y hubiera estado dispuesta a profundizar en esos sentimientos, a enamorarse de él y a entregarle su corazón sin reservas.
Ino suspiró una vez más, recordando lo destrozada que había vuelto Sakura a la aldea, con el corazón partido en dos y el alma hecha pedazos. Se había pasado días y noches enteras llorando, reprochándose por haber arrastrado a Naruto en su cruzada, una cruzada que debería de haber llevado ella a cabo, pero que había puesto sin quererlo sobre los hombros de un Naruto de apenas doce años, obligándolo a hacerle una promesa que Sakura había temido le arrebatara la vida en su intento por cumplirla.
Y aquella hubiera sido la gota que hubiese colmado el vaso, que hubiese terminado por quebrar totalmente a la Haruno.
Porque Naruto, y todos lo sabían, había sido el pilar al que Sakura se había aferrado con uñas y dientes tras la marcha de Sasuke para no caer en la desesperación, para no ahogarse en las lágrimas y en la tristeza.
Había hecho falta un puñetazo de su parte, un segundo sermón de Shikamaru, unas palabras hirientes de Sai y, para sorpresa de todos (y algo que Naruto no sabía y que nunca jamás lo sabría porque así todos lo habían prometido) una bofetada y unos gritos de una enfadada Hinata para hacerla espabilar.
La Yamanaka salió de sus pensamientos al escuchar un bostezo de su amiga.
―Deberías ir a dormir.
―Eso haré en cuanto llegue a casa. ―El silencio volvió a invadirlas.
―Ne, Sakura ¿crees que estarán bien?―La ojiverde vio de reojo el semblante preocupado de la rubia. Todos estaban igual, preocupados en extremo por Naruto y Hinata. Sakura suspiró, no sabiendo muy bien cómo responderle.
Unos gritos a un lado de la calle llamaron su atención y se giró a mirar, curiosa: unos niños parecían haberle gastado una broma a un tendero y ahora estaban escapando de él. No pudo evitar sonreír al fijarse en que todos llevaban una cinta en la frente con el símbolo de Konoha malamente dibujado y unas graciosas rayas pintadas en sus caritas, como si quisieran imitar las marcas que Naruto tenía en las mejillas.
―Nunca pensé que Naruto pudiera volverse tan popular. ―Sakura amplió su sonrisa ante el comentario de Ino.
Estaba por darse la vuelta y reanudar su camino, cuando un destello dorado la hizo volver a girarse.
Allí, a unos cuantos pasos de donde ellas se encontraban, una pareja caminaba cargando con un montón de bolsas en las manos. Él, rubio de ojos azules, sonreía, hablando sin parar; ella, de pelo azul noche y ojos opalinos, reía de manera suave ante lo que quiera que el chico le estaba contando.
Sakura los vio perderse entre la multitud, con el corazón palpitando en su pecho, feliz. Aquella pequeña escena sirvió para inyectarle nuevas energías.
―Ellos estarán bien, Ino. ―La rubia vio con extrañeza como su amiga reanudaba la marcha hacia su hogar, pero esta vez a un paso más ligero y menos cansado. Como si algo la hubiera hecho recuperar las energías perdidas.
―No hay quién te entienda, frentuda―murmuró antes de correr para ponerse a su altura.
Sakura se limitó a sonreír al cielo, prometiéndose hacer todo lo que estuviera en su mano para que Hinata volviera a la normalidad.
Fin Cita
Bueno, vosotros me diréis. Lo cierto es que he estado revisando este capítulo hasta la saciedad, desde que lo escribí la primera vez y lo terminé no he parado de pulirlo y de editarlo. La razón es que es un capítulo importante, así que espero no haberos decepcionado con él xD.
Dejadme vuestra opinión porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
¡Muchísimas gracias por el suyo a Ro! Al resto ya os responderé por MP, como siempre xD.
*A favor de la campaña con voz y voto, porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí. Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
