¡YAHOI! Aquí está el siguiente capítulo. Espero que lo disfrutéis.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Yo solos uso para pasar el rato.


Sentimientos desbordados


Acuclillado delante del horno, Naruto sonreía como niño pequeño, con los ojos clavados, impaciente, en el bizcocho que allí se estaba cociendo. Hinata reía, terminando de quitarse el delantal blanco. El rubio llevaba al menos media hora en la misma posición, sin moverse.

―Naruto-kun, aún faltan treinta minutos―le dijo ella, agachándose a su lado.

―¿Tanto?―La chica volvió a reír suavemente, dejándolo por imposible. Creía que quizás, con el tiempo, el chico se hubiera calmado, dejando su hiperactividad de lado. Pero no era así y, en cierto modo, le alegraba.

Dobló el delantal y lo guardó en uno de los cajones de la cocina. Miró luego a su alrededor, pensando en qué hacer para matar el tiempo. Pensó que no sería mala idea ver un poco la televisión. Hacía unos días se había aficionado a una serie que pilló por casualidad y, para su buena suerte, la estaban volviendo a poner desde el principio. No tardaría en empezar el capítulo, así que dejó a Naruto observando el horno, segura de que de ahí no lo iba a sacar, y se acomodó en el sofá.

Prendió la tele y respiró aliviada al ver que todavía estaban con anuncios. Se recostó en el respaldo y cogió uno de los cojines para abrazarlo, al tiempo que subía las piernas al mueble.

Pronto se dio cuenta de que el sofá se hundía por un peso extra, y no pudo evitar sonrojarse levemente al notar como un brazo moreno se estiraba hacia su lado del sofá, un cuerpo acercándose al suyo y una cabeza rubia que caía sobre la suya.

Apretó un poco más el agarre sobre el cojín, tensándose. Al ver que Naruto no hacía ningún otro movimiento se relajó y, con un suspiro, se decidió a acurrucar la cabeza en el hombro masculino.

Ninguno dijo nada, pero en la intimidad del gesto sobraban las palabras.

Naruto la conocía bien, demasiado bien, cosa lógica por otra parte si se tenía en cuenta que llevaban juntos dos años: uno de novios y casi uno de casados. Y en ese tiempo había aprendido ciertos… códigos, por llamarlo de alguna manera.

Hinata, al principio de su relación, era extremadamente tímida. Claro que él también empezó con sonrojos y tartamudeos involuntarios. Tenía un pánico horrible a cagarla y eso hacía que se le crisparan los nervios. Tuvo que pasar un tiempo hasta que cogió la suficiente confianza con la chica, comenzando a comportarse un poco más como él y menos como un patoso que no tenía ni idea de relaciones. Claro que los consejos de Sakura, Ino, Tenten y Temari ayudaron bastante, no así los de los chicos, por supuesto.

Sabía que si se acercaba a Hinata y esta no se alejaba, tenía permiso para abrazarla, tomarla de la mano o incluso recargar su cabeza en la suya o sobre su hombro.

Si ella correspondía los gestos, incluso podía pegarla a él y besarla. Si ella tiraba de sus ropas era porque quería que se recostara en sus piernas, cosa que hacía encantado, porque entonces podía sentir sus cálidas manos acariciando y masajeando su pelo. Era la mar de relajante.

Poco a poco habían ido pudiendo superar esas barreras levantadas por la vergüenza y esas muestras de cariño pasaron a ser simples gestos espontáneos, que hacían cuando se les venía en gana.

Suspiró, cerrando los ojos y enterrando la nariz en sus cabellos azulados, inhalando su aroma.

―Me encantas. ―A Hinata se le volvieron a subir los colores y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no empezar a temblar de la emoción. A veces, le parecía un sueño todo lo que estaba viviendo. Muchas mañanas se despertaba y se quedaba mirando al techo, con el corazón palpitando fuertemente en su pecho, esperando a que todo se desvaneciera para aparecer después en su habitación de la mansión Hyūga, desilusionada porque no había sido más que otro sueño producto de su imaginación.

Pero eso nunca pasaba, lo que avivaba todavía más la felicidad que sentía.

El teléfono de la casa sonó, interrumpiendo el plácido momento de asueto. Naruto soltó un gruñido de clara molestia ante el sonido, negándose a levantarse en un principio para ir a contestar. Pero el maldito aparato seguía sonando.

―Naruto-kun…

―Ya voy―masculló, separándose de mala gana de Hinata. La chica inmediatamente sintió un escalofrío al verse privada del calor del cuerpo de Naruto. Estaba tan cómoda y tan calentita…

Por su parte, Naruto descolgó el teléfono con un ademán brusco, dispuesto a matar al que estuviera al otro lado de la línea.

―¿Diga? Oh, Sakura-chan… Sí, entiendo… ¿Eh? ¿Ahora? ¡Vale, vale! ¡Ya salgo! Será posible… ―colgó el teléfono y se giró. Se llevó un susto al encontrarse a Hinata parada en medio de la sala, con el cojín aún aferrado entre sus pálidas manos. Le dio una ternura inmensa aquella imagen y lamentó no tener a mano una cámara de fotos para capturarla. Parecía una preciosa e inocente niña pequeña.

―¿Q-qué quería Sakura-san?―preguntó Hinata, algo aprehensiva, o al menos eso fue lo que el chico notó en el tono de su voz. Se rascó la cabeza.

―Al parecer Kakashi-sensei quiere vernos a mí, a Sai, a Sakura-chan, a Shikamaru y a Kiba en su despacho.

―Y-ya veo. ―Un silencio se adueñó del ambiente. Naruto encogió y estiró los dedos de los pies. No quería irse, no quería dejarla sola.

―Puedo mandarle un mensaje y… ―Hinata negó con la cabeza.

―S-si te ha llamado debe de ser algo importante. V-ve. ―Naruto soltó un largo suspiro.

―¿Estás segura de que estarás bien?―Hinata asintió repetidas veces con la cabeza.

―N-no te preocupes. A-además, aún tengo que terminar de preparar el pastel que te prometí. ―Ante esto, los ojos azules brillaron. Hinata rio quedamente―. L-lo tendré listo pa-para cuando vuelvas.

―¡¿De verdad?!―Hinata asintió―. ¡Entonces te prometo que volveré lo antes posible'ttebayo!―Hinata sonrió, con las mejillas rojas no de vergüenza esta vez, sino de felicidad por ver a su rubio tan contento. Lo vio subir a ponerse algo más decente y, cuando volvió a bajar, tuvo que esconder el rostro tras el borde del cojín, escondiendo el hecho de que se había tenido que morder el labio inferior al verlo bajar con aquellas ropas que, a su juicio, le sentaban de maravilla. Vio como se colocaba la bandana con el símbolo de Konoha y, dándole una última sonrisa, Naruto abrió la puerta y desapareció en un parpadeo.

Hinata cerró y, con un suspiro, se dejó caer contra la madera, con el cojín aun abrazado contra su menudo cuerpo.

―Es tan guapo… ―Escondió la cara en el cojín, muerta de vergüenza al haberlo dicho en voz alta. Claro que allí, en el interior de la casa, nadie la iba a escuchar.


Llegó a la torre Hokage y entró en el despacho del mismo como Pedro por su casa, sin llamar y sin esperar a que lo anunciaran. Tan solo quería terminar rapidito aquella visita para volver a su hogar lo más pronto posible. No le gustaba dejar a Hinata sola, no al menos en las circunstancias en las que se encontraba actualmente.

Se detuvo en mitad de la habitación y se cruzó de brazos, esperando a que alguno de los presentes le diera una explicación.

―¿Y bien?―demandó, arqueando una ceja. A Sakura se le hinchó la vena de la frente, Kiba suspiró y Sai parpadeó. Kakashi se limitó a suspirar. Ahora dudaba de que hacerlo venir fuera buena idea, pero también se dijo que tenía derecho a saberlo.

―Naruto, te he llamado porque hemos localizado la sede de la organización de traficantes. ―El rubio descruzó los brazos y se concentró al máximo en lo que su antiguo maestro le estaba diciendo―. Hemos estado rastreando la zona del ataque poco a poco estas últimas semanas, y al fin hemos dado con su base. ―Los ojos azules parecieron de pronto oscurecerse, con un brillo peligroso titilando en lo más profundo de sus pupilas. Kakashi se puso en pie y abrió los brazos, abarcando a los que allí se encontraban―. Así que voy a mandar a este equipo para que aseguren el perímetro y capturen a todos los miembros que puedan, para sacarles información. ―Calló; los demás clavaron su vista en Naruto, esperando una reacción, un grito o un reclamo, una queja del por qué lo habían dejado fuera de todo esto.

Pero dicha queja nunca llegó. Naruto se limitó a ladear la cabeza, con el ceño fruncido y los puños apretados dentro del pantalón.

―Entiendo… ―El silencio volvió a reinar durante unos segundos que a todos les parecieron eternos. Tanta serenidad por parte de su amigo rubio no era normal. Sakura no pudo evitar sonreír de forma imperceptible, parecía que el matrimonio lo había cambiado un tanto. No, se dijo la ninja médico, no había sido el matrimonio, había sido Hinata. Ella le había dado la paz, la seguridad y la tranquilidad que al jinchūruki siempre le habían faltado.

Naruto dio vuelta y se dispuso a salir del cuarto, no sin antes echar un último vistazo al actual Hokage por encima de su hombro.

―Si tenéis problemas para hacer cantar a esos cabrones, avisadme. Kurama estará encantado de charlar con ellos. ―Y se fue, cerrando la puerta con un poco más de fuerza de la necesaria.

El ambiente pareció relajarse de golpe en cuanto Naruto abandonó el despacho de Kakashi; todos suspiraron.

―Me sorprende que no haya armado un escándalo―comentó Kiba, rascándose la cabeza.

―Parece que Naruto ha madurado, debo anotar eso. ―dijo Sai, poniendo una mano bajo su barbilla, pensativo. Sakura los vio a los dos con una gotita resbalando por su nuca.

―Hombres, nunca se enteran de nada. ―Por su parte, Kakashi sonrió bajo su máscara, diciéndose que el tiempo (y cierta muchachita) habían hecho mella para bien en su hiperactivo alumno. Le estaría agradecido de por vida a Hinata por haber sido capaz de terminar por derribar todos aquellos muros y barreras que, inconscientemente, Naruto había erigido y mantenido en torno a su corazón a lo largo de los años.

Pero sobre todo porque la peliazul había conseguido lo único que ni el reconocimiento de todos los habitantes de Konoha ni la tonelada de amigos y compañeros que el rubio había conseguido acumular a su alrededor habían logrado: sacarlo de aquella oscura y asfixiante soledad en la que el muchacho se encontraba día a día, a pesar de que se empeñara en demostrar que ya no era así.

Kakashi lo sabía, porque él había vivido exactamente lo mismo. No importaba cuántos amigos hicieras o cuántas personas te alabaran por tus logros y acciones: todo perdía sentido si no tenías a nadie con quien compartirlo al final del día. Si no tenías unos brazos cálidos que te recibieran al volver de una misión o te abrigaran en tus noches más solitarias.

Ya era tarde para él, pero agradecía que el destino hubiese sido misericordioso con Naruto y le hubiese permitido obtener aquello que siempre había soñado: un hogar, uno verdadero. Hinata no sabía lo que había significado para el portador del Kyūbi el que ella hubiera tenido la santa paciencia de esperarlo, de cuidar esos fuertes sentimientos que siempre había guardado hacia el chico.

Hinata había salvado, literalmente, a su antiguo alumno. Y eso era algo que todos sabían.


Hinata estaba terminando de decorar el pastel cuando oyó un ruido metálico proveniente de la entrada, como de llaves. Sonrió al tiempo que esparcía unas pepitas de chocolate sobre la nata que rodeaba el borde de la tarta. Escuchó la puerta cerrarse y pasos en el pasillo. Amplió su sonrisa, dejando las cosas a un lado de la encimera y admirando el pastel, ya terminado. Iba a cogerlo para meterlo en la nevera a que enfriara cuando sintió unos fuertes brazos rodear su cintura y su cuerpo siendo apretado contra otro, más alto, más duro y más fuerte.

Su corazón empezó a bombear con inusitada fuerza. Hizo verdaderos esfuerzos por no comenzar a temblar, aunque no pudo evitar ruborizarse al máximo, sobre todo cuando sintió un rostro familiar acomodarse en el hueco que unía su cuello y su hombro.

―¿Na-Naruto-kun?

―Perdona. Solo… déjame estar así un rato. ―Hinata tragó saliva, pero no se movió; se quedó allí, quieta como una estatua, con su piel erizándose cada vez que el aliento de la respiración del chico rozaba su cuello; sentía calor en su vientre, allí donde Naruto había entrelazado sus brazos; y sus dedos cálidos le hacían cosquillas en los costados, incluso por encima de la ropa. Pero, más que molesta, era una sensación más que agradable. Le gustaba, le encantaba sentir la calidez del fuerte cuerpo de Naruto cuando la abrigaba de esa manera que parecía tan especial. Pero…

¿Qué habría pasado en el despacho de Kakashi-sensei? A juzgar por las acciones del rubio, debió de ser algo grave. ¿Estaría alguien herido tras una misión? ¿Le habrían dado alguna mala noticia relacionada con Sasuke? ¿Habría pasado algo grave en otra aldea? ¿Sería que tal vez una nueva amenaza se cernía sobre Konoha? Su imaginación no estaba ayudando, definitivamente.

Después de lo que a ella le parecieron horas Naruto al fin la soltó. Ella se giró, lo suficiente para ver como se apartaba con una sonrisa pintada en sus labios. Hinata frunció el ceño, aquel gesto le parecía… falso, forzado. No le gustó.

―Lo siento, Hinata. No pretendía sobrepasarme. ―La peliazul se apresuró a negar con la cabeza.

―Es-está bien. ―Volvió su atención de nuevo al pastel y esta vez sí, lo cogió y lo puso en la nevera―. A la cena ya estará listo. P-podremos comérnoslo de postre, s-si quieres.

―¡Claro que sí! Los postres de Hinata son los mejores'ttebayo. ―La chica se sonrojó una vez más. Luego siguió un silencio algo incómodo. Naruto sonrió de forma comprensiva a la pequeña figura de su mujer frente a él, con la cabeza baja y las manos convertidas en puños. Sabía que abrazarla como lo había hecho no había sido, seguramente, muy buena idea. Hinata de adolescente era muy asustadiza, no tanto como la Hinata de doce años o la Hinata niña, pero seguía siendo igual de tímida (y adorable, no pudo evitar pensar).

Se acercó a ella y le puso una mano en la cabeza, dándole pequeños golpecitos y revolviéndole el cabello en el proceso. Hinata hizo un mohín que lo hizo sonreír; aquel gesto le recordó a las veces en que ella se molestaba o se enojaba con él. A veces por tonterías, la mayoría por su culpa, porque le encantaba hacerla enojarse solo para verla hacer aquel gesto que le siempre le provocaba unas enormes ganas de besarla y de morder sus labios hasta el cansancio. Ella era tan tentadora…

―Naruto-kun… ―Al fin, Hinata levantó la vista, con algo de confusión en sus ojos perlas. Naruto salió de sus recuerdos; dejó la mano quieta sobre su cabello y le sonrió de nuevo.

―De verdad lo siento. No pretendía asustarte…

―¡N-no me asustaste! So-solo… me sorprendiste. ―Lo dijo tan bajito que le costó entenderla. Ensanchó su sonrisa―. ¿Q-qué te dijo Kakashi-sensei?―Naruto alejó la mano de su cabeza y frunció el ceño, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón. Parecía frustrado por algo.

―Al parecer han encontrado la base de unos traficantes. Va a mandar un equipo. ―Hinata lo miró.

―Oh, entiendo. ¿T-te vas de misión?―No pudo evitar la desilusión en el tono de su voz. Había sido tan feliz esos días a su lado, conviviendo con él, los dos juntos, que el tener que separarse del chico unos días era como reventar su burbuja de felicidad de golpe y porrazo.

La risa que soltó el muchacho frente a ella la descolocó. Hinata frunció el ceño, no entendiendo su reacción. ¿Acaso le parecía divertida su frustración? Volvió a hacer aquel mohín de molestia que Naruto tanto adoraba.

―No voy a irme a ningún lado. ―Los ojos blancos de la chica se fijaron en él, ahora confusos. Pero pronto volvió a fruncir el ceño de nuevo, ahora acompañado del mismo gesto en sus labios. Naruto sonrió una vez más, reconociendo de nuevo aquella expresión: era la que su mujer solía poner cuando algo la molestaba sobremanera, generalmente cuando no entendía algo y nadie acababa de explicárselo.

―Pero… hace mucho que no marchas a alguna misión. ―Naruto suspiró, llevando una mano a su cabello, despeinándolo. Hinata pensó que se veía condenadamente atractivo haciendo esa maniobra. Se mordió los labios, algo avergonzada por los indecorosos pensamientos que cruzaron por su mente.

―Puede, pero no puedo irme de la villa. Ahora no. ―Los ojos azules se clavaron en ella, firmes, como dándole a entender que no cambiaría de parecer.

―Pe-pero… e-eres… es decir… so-somos shinobi, s-se supone que es lo que hacemos… ―hizo una pausa, como pensando en algo―… t-tal vez yo también…

―¡NO!―El grito, que más bien había sonado a rugido, la hizo saltar en el sitio. Naruto se había acercado a ella de pronto, agarrándola por los brazos y sacudiéndola sin querer en el proceso.

―¿Na-

―¡No puedes! ¡No ahora! ¡No te dejaré!―La voz masculina sonaba desesperada, suplicante; los dos orbes azules de Naruto mirándola con miedo, como rogándole. Hinata no entendía.

―Naruto-kun. ―La voz femenina sonó ahora firme, segura. El rubio tembló ante la mirada decidida de su (ahora) pequeña esposa. Gruñó frustrado, apretando todavía más el agarre en los brazos femeninos. Hinata estaba segura de que le saldrían moratones, pero ahora no era tiempo de pensar en eso―. Somos ninjas, es nuestro deber…

―¡He dicho que no!―La empujó y su cuerpo chocó contra el borde de la encimera. Le dolió, pero se mordió la lengua, ahogando así el quejido de dolor que quiso escapar de su garganta. Sabía que no lo había hecho a propósito―. Tú no lo entiendes… cuando me dijeron que estabas en el hospital… la angustia que sentí… la impotencia… el miedo que me invadió… Re-realmente… creí que… ―La abrazó, con tanta fuerza que hizo que sus pies dejaran de tocar el suelo. Hinata enrojeció; lo sintió temblar contra ella y una ternura infinita se expandió por todo su cuerpo al verlo tan frágil, tan vulnerable. De repente, ya no tenía frente a ella al gran Héroe del mundo shinobi, sino al Naruto que la había cautivado cuando no era más que una niña tímida, asustadiza e insegura, al niño triste y desesperado porque alguien lo quisiera y lo aceptara.

Cerró los ojos y se dejó llevar por la cálida sensación de estar entre sus brazos. Levantó los propios y los pasó por la espalda masculina, aferrándose a la chaqueta negra, hundiendo el rostro en su pecho y aspirando fuertemente la fragancia que el rubio desprendía.

―Naruto-kun―llamó en tono suave. Sintió un ligero temblor en el cuerpo del jinchūruki a la vez que los fuertes brazos del chico la constreñían; una agradable sensación recorrió su cuerpo, desde las raíces de su cabello hasta las puntas de los dedos de los pies―. En-entiendo que estés preocupado pe-pero… ―La cabeza rubia negó repetidas veces, escondida en su pelo. Hinata suspiró. ¿Tanto le afectaba su… situación? Sintió ella también ahora angustia, angustia de verlo en tal estado por su causa.

―No quiero… no puedo… ―Hinata lo empujó un poco, queriendo mirarlo a los ojos, queriendo decirle, transmitirle, que todo estaría bien. Eran ninjas, su deber era ante todo para con su villa, y además, eran fuertes. Abrió la boca, dispuesta a decírselo, a hacerlo entrar en razón.

Pero todo se fue a la mierda en cuanto los ojos azul cielo de Naruto se clavaron en los suyos. Una punzada le asaltó el corazón al ver la tristeza, la angustia, de nuevo, en lo más profundo de sus pupilas.

Las manos masculinas viajaron de sus hombros a su rostro, los ojos opalinos de Hinata fijos en los azules de él, incapaz de apartarlos. La mirada de Naruto era tan intensa que no era capaz de apartar la vista de aquellos dos zafiros. Las manos del rubio abarcaron su cara al completo; eran grandes y cálidas, algo ásperas, pero le encantó la sensación de sentirlas contra su piel.

Sintió sus pulgares acariciar sus pómulos. Se mordió el labio inferior, nerviosa, el cosquilleo de sus dedos sobre su cara expandiéndose, calentando sus mejillas.

―Hinata… ―Su voz, ronca, impregnada de un tono que no supo identificar en el momento, le pareció el más hermoso de los sonidos. Lo vio inclinarse sobre ella y, sin ser consciente de lo que hacía, entreabrió sus labios, dejando escapar un suspiro, un anhelo, un deseo que se escapaba de su ser en forma de respiración.

Y, entonces, los sintió: unos labios gruesos contra los suyos, una caricia que la hizo cerrar los ojos, dejándose llevar. Abrió más la boca cuando notó como la masculina se presionaba contra ella, obligándola a separar aún más sus labios, dejando que una traviesa lengua invadiera su cavidad.

Se sintió desfallecer. ¡Oh, dios! ¿Así se sentía ser besada por el amor de tu vida? Se dejó llevar por el beso, sintiendo como Naruto le apretaba el rostro, cómo la instaba a abrir los labios todavía más, cómo su lengua recorría cada recoveco de su interior, rozando, acariciando. Su propia lengua salió tímida al encuentro de la del chico, provocando que una agradable sensación, como una corriente eléctrica, le recorriera la espina dorsal.

Gimió, extasiada; no pudo evitarlo. Levantó los brazos y enredó los dedos en la corta cabellera dorada del chico, empujándolo contra ella, como exigiéndole que no parara, que siguiera derritiéndola con aquel delicioso beso.

Las respiraciones de ambos se agitaron, las manos de Naruto se movieron de su rostro a su cintura, acercándola a él, cumpliendo el deseo de ella de querer sentirlo más cerca.

Sin embargo, el aire comenzó a escasear. Necesitaban respirar y, contra todo pronóstico, fue Naruto el que rompió el beso, a pesar de ser el que más lo deseaba de los dos. Tuvo que ahogar un gemido al abrir los ojos y ver allí, frente a él, la imagen más perfecta de su esposa: su pecho subiendo y bajando por la falta de oxígeno, sus pálidas mejillas rojas, los ojos cerrados y sus labios, sus preciosos y suaves labios, ahora rojos e hinchados por el beso compartido.

Se mordió el labio inferior, con fuerza, haciéndose sangre en el proceso, intentando obviar por todos los medios las punzadas que estaba sintiendo en sus partes bajas, maldiciéndose por ello.

Puta mierda. Había perdido el control. Oyó a Kurama reírse de lo lindo en su mente y lo maldijo. Hijo de su madre ¡¿Por qué no lo había detenido?! Ya le ajustaría las cuentas.

Poco a poco, vio como los ojos perlados de Hinata se abrían. Durante unos segundos, estos lo vieron confusos. Luego la confusión dio paso a la sorpresa y, de ahí, a la vergüenza más absoluta. Retuvo la carcajada que quiso escapar de su garganta en ese momento. Su mujer era malditamente adorable.

―Y-yo… ―Empezó a mover las manos, incómoda. Pese a sus pocas ganas de soltarla, Naruto lo hizo, sabedor de que aquello la tranquilizaría―. Y-yo… yo… l-lo sie-

―No te disculpes. No fue culpa tuya. No totalmente. ―Hinata bajó la cabeza, con sus manos temblando sobre sus ropas. ¿Qué había hecho? ¡Oh, Kami! ¡¿Qué había hecho?! ¡Él la había besado y ella… ella le había correspondido! No solo eso, había dejado que su lengua… ¡Oh, santo Dios! Había dejado que la devorara. Y lo peor, lo había disfrutado ¡vaya que lo había disfrutado! No había sido como aquella vez, donde le había robado un besito mientras dormía. No. Esto había sido diferente―. Hinata, yo… ―Lo miró, con suma vergüenza. Lo vio revolverse el cabello. Notó una pequeña decepción instalarse en su pecho. Se arrepentía. Seguro―. Sé que no fue lo más correcto pero… ―Lo observó morderse el labio y no pudo evitar preguntarse cómo se sentirían aquellos mismos dientes, blancos y perfectos, mordiendo sus propios labios. ¡Oh, no, por todos los dioses! ¡¿De dónde salían pensamientos tan… ―No me arrepiento. ―Levantó la cabeza de golpe, incrédula. ¿Había acaso escuchado bien? Naruto soltó una risita y la miró―. Sí, no me arrepiento porque… echaba de menos tus besos. ―Se le subieron los colores.

―Y-yo… ―empezó, tras unos segundos de silencios―. Ta-tampoco me arrepiento… ―Su rostro enrojeció dos tonos más por lo menos, lo que arrancó una carcajada al rubio.

―Eres jodidamente adorable. ―Se vio atrapada de nuevo entre sus brazos y, pese a la vergüenza que sentía en aquellos momentos, no pudo evitar pensar que aquello se sentía de lo más correcto.

De lo más correcto y maravilloso.


Lejos de Konoha, un grupo de shinobi comandados por Shikamaru Nara se abría paso entre la maleza, haciendo el menor ruido posible. Delante del todo iban Kiba y Akamaru, guiándolos.

Finalmente, atisbaron su destino entre las ramas de los árboles: una cueva. Shikamaru los hizo detenerse a todos y, rápidamente, se pusieron en formación. En su escondite, Sai sacó uno de sus pergaminos y trazó el dibujo de unos pequeños ratones.

―Ninpō: Chōjū Giga. ―Los ratoncitos de tinta escaparon del papel y se dispersaron por todo el lugar, colándose sin ser vistos entre los hombres que pululaban por la entrada de la cueva, sin que estos repararan en su presencia.

―Tal y como nos informasteis Shino y tú, no parecen tener habilidades de shinobi, o habrían notado algo―dijo Shikamaru, refiriéndose a que si alguno fuera ninja o ex ninja al menos hubiera sentido una ligera vibración de chakra.

―Mejor para nosotros―gruñó Sakura, ajustándose sus guantes protectores, algo impaciente. Shikamaru suspiró mirando de reojo para ella. A su lado, Kiba no parecía estar mejor, mordiéndose el labio con sus afilados colmillos.

―Problemático―susurró sin que ninguno de los dos lo oyeran.

Esperaron ocultos entre el follaje a que Sai terminara de recopilar la información concerniente a la cueva, la cantidad de hombres y paquetes y todo lo necesario para llevar a cabo la misión sin contratiempos. Shikamaru sabía que sus tres compañeros estaban más que impacientes: estaban ansiosos, deseaban lanzarse sin ton ni son sobre aquellas personas. Incluso percibía un leve temblor en los dedos de Sai.

No es que él no deseara patearles el trasero a aquellos traficantes de sustancias ilegales. Naruto era uno de sus mejores amigos, quizá podría decirse que su mejor amigo. No es que quisiera quitarle el puesto a Chōji, el Akimichi era su amigo de infancia y lo quería, pero la confianza que había llegado a existir entre él y Naruto era distinta, más profunda. Ambos habían desarrollado un vínculo muy fuerte, hasta el punto de que cuando estaban tristes o decaídos, buscaban la compañía del otro para desahogarse. Quizás porque, al igual que Shikamaru nunca había juzgado al rubio, ni siquiera cuando toda la villa lo odiaba por tener al Kyūbi encerrado en su interior, Naruto nunca lo había juzgado a él.

Es más, a los consejos de Shikamaru era a los únicos a los que el Uzumaki hacía caso. Incluso le había comentado una vez, en broma, que cuando fuera Hokage lo quería a él como su mano derecha. Shikamaru había parpadeado, ligeramente sorprendido, para luego estallar en sonoras carcajadas, diciéndole que aquello sería demasiado problemático para un vago como él.

Siempre había creído que el mejor amigo de Naruto por excelencia era Sasuke, pero el Uchiha no paraba en la aldea para nada y, según le confesó Naruto alguna vez, había temas que con el ex vengador no podía o no quería hablar. Tal vez, se había planteado Shikamaru en su día, aquellos años que Sasuke se había ido y las posteriores acciones de este contra todo aquello que Naruto amaba, habían minado un poco bastante la relación que había entre ambos. Sabía que el rubio había intentado por todos los medios reconstruirla, pero nunca nada había vuelto a ser igual y al final se había resignado, aceptando que siempre habría una brecha entre Sasuke y él, una fisura por demás irreparable.

Y ahora, sabiendo que tenía al alcance de la mano la solución para devolverle la plena felicidad a su mejor amigo, no la desaprovecharía. Acabarían con aquellos hijos de puta y se harían con todas las drogas que allí guardaban, averiguarían qué mierda había absorbido el cuerpo de Hinata para elaborar un antídoto y devolverla a la normalidad.

Naruto no era el mismo desde el incidente y aquello no gustaba. A nadie, especialmente a él y a sus dos compañeros de equipo. Sakura y Sai parecían tan impacientes como él por saltar a la acción.

Al fin, tras una larga divagación de su mente, cortó sus pensamientos al escuchar los chillidos de los pequeños roedores de Sai. Habían vuelto y el pálido moreno de ojos negros asentía a lo que aquellos le decían. Los pequeños animalitos de tinta se deshicieron y Sai los miró fijo a todos.

―Hay unas sesenta o setenta cajas allí dentro, más las que están carretando aquí fuera. Aparte de los seis hombres que estamos viendo, hay al menos otros diez dentro, algunos vigilando y otros catalogando las cajas. ―Shikamaru asintió, pensando una estrategia lo suficiente efectiva como para salir de allí sin heridas y sin perder ni una sola de aquellas dichosas cajas.

―Kiba―el Inuzuka se puso rígido―. Crea una distracción aquí fuera, tiene que ser llamativa, para atraer al mayor número de hombres posible fuera de la cueva. ―El castaño asintió, posando una mano sobre el lomo de Akamaru.

―Nos encargamos.

―Sai, necesito que, cuando estén entretenidos con Kiba y Akamaru, mandes alguna de tus bestias al interior, simplemente para amedrentar a los que queden dentro. Si es cierto que no son ninjas, se asustarán y entrarán en pánico o confusión el tiempo suficiente para que yo los inmovilice con mi Kage mane no jutsu. ―Sai asintió―. Sakura, en cuanto los tenga inmovilizados, déjalos inconscientes y procede a asegurar y a catalogar los paquetes, para después trasladarlos a la aldea. ―La pelirrosa frunció los labios en gesto de concentración y movió la cabeza, asintiendo a las órdenes de Shikamaru―. Bien ¿listos?―La tensión en los cuerpos de sus compañeros le indicó que llevaban tiempo más que preparados para entrar en acción―. ¡Ahora!

Fin Sentimientos desbordados


Bueno, bueno, bueno... ¡Aquí tenéis el tan ansiado y esperado beso! Sé que lleváis todo el fic pidiéndomelo así que.. voilà, deseo cumplido xDDD.

En cuanto a las divagaciones mentales que tiene Shikamaru al final del capítulo... Es algo que yo siempre pensé. Siempre consideré a Shikamaru mucho más cercano a Naruto que el propio Sasuke, por mucho que Naruto se empeñara en centrarse en el emo vengador. Shikamaru siempre estuvo ahí para Naruto, fue prácticamente el único que desde siempre lo aceptó y lo consideró un amigo más, desde que eran pequeños. Shikamaru jamás de los jamases juzgó, criticó o miró mal a Naruto, muy al contrario de otros como Kiba o el mismo Sasuke.

Sí, Naruto y Sasuke tienen una conexión especial y blablabla... Solo os haré una pregunta: cuando los exámenes chuunin, el capítulo en el que Naruto está ingresado en el hospital antes de su combate contra Neji ¿quién es el ÚNICO que lo va a visitar, que se preocupa de que Naruto esté bien? Ni siquiera Sakura va a verlo, es más, ella solo se acuerda por casualidad de que Naruto está en el hospital cuando ya se está yendo. ¡Se acuerda antes de Lee que de su propio compañero de equipo, por Dios! Si hubiera sido Sasuke me apuesto lo que sea a que hubiera sido distinto...

Quería explicaros esa parte por si a alguno le chocaba la actitud de Shikamaru. Como ya he dicho, es algo que yo siempre creí: Shikamaru me parece mucho mejor amigo para Naruto, mucho mejor que Sasuke.

Y también estoy convencida de lo que puse con respecto a la relación que mantienen en la actualidad Naruto y Sasuke: después de todo lo que hizo el Uchiha, opino que sería imposible (al menos en la vida real) el volver a retomar una amistad así, como si nada. Siempre existirán grietas imposibles de cerrar entre ellos. No se puede hacer borrón y cuenta nueva cuando todos sabemos que lo que Sasuke hizo fue prácticamente imperdonable.

En fin, nada más, que ya me estoy extendiendo demasiado con mis tonterías. Dejadme un precioso review que me haga saber si os ha gustado o si por el contrario lo habéis odiado. Porque ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchas gracias por el suyo a Canela312! A los demás, como siempre, os responderé por MP xD.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí. Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.