Dos


—Ah.

Se removió, en la cama ante el sonido proveniente de la puerta, y con ojos entrecerrados entornó la mirada. Ahí encontró a la mujer de la casa, tiesa en su puesto. Labios fuertemente apretados, manos vacilantes que buscaban apoyo en las paredes, naricita chata y arrugada. ¿Iba a llorar?

Lulubell, arrugó el entrecejo ante la idea, qué mujer más patética. Nadie podía decirle, que aquella, no sabía que su esposo tenía una amante o dos. Y que Lulubell no era la primera, y de hecho, no sería la última.

Chasqueó la lengua contra su paladar, y tras sopesar algunos juicios poco halagüeños en un bajo cántico francés; se levantó de la cama. Toda desnuda e intimidante. La sábana resbaló graciosamente por la piel de su muslo, y Lulubell tras deshacerse de ella —e ignorando al otro miembro de la habitación— se agachó a levantar la ropa interior.

No tenía recato, ni miedo, siquiera la punzada de culpa común de la situación. Se podría decir que tampoco era maliciosa, o al menos… no quería hacer competencia alguna por el hombre que se acostaba con ambas —aunque cabía dudar en cuanto a Tricia, al menos para tiempos presentes—; solo… ¿era una forma de demostrar superioridad? Lulubell era una mujer joven y sana. Tricia carecía de todo lo que ella.

Tal vez todo tenía que ver con el ego.

—¿Tú… eres? —Intervino la mujer, y Lulubell tras arrugar los labios, se dignó a mirarla. Pequeña e impotente, la dulce flor que volvía afable la vida secretamente descarriada de Sherryl.

—Excusez moi?*

Ella tembló en su puesto, furiosa o entristecida; eso no importaba. Y tras un murmullo ininteligible, Tricia salió corriendo por la puerta, y, lo más seguro, se resguardó en alguna recámara de la gran casa y sucumbió al llanto.

Pobre era el alma desdichada de aquellas que vivían en un mundo de fantasías. Si fuera ella, Lulubell solo aceptaría los hechos, se codearía con nuevos y mejores amantes; disfrutaría el mimo marital; y esperaría ansiosa el día en que obtenga todo el trabajo "duro" de su marido.

Perezosa, luego de ponerse las bragas, y con los senos aun libres y orgullosos; prendió un cigarrillo y lo fumó con lentitud y deleite. Al cabo de nada, Sherryl despertó y le sonrió coqueto y somnoliento.

—¿Hiciste algo mientras dormía?

Ante la pregunta, ella miró a nueva cuenta la puerta, pero en vez de contar los hechos, se encogió de hombros, aplastó el cigarrillo contra el cenicero, y se puso a horcajadas en su regazo.

—¿Qué podría hacer sola?

Él, ignorante, rió.


N/A: Según datos recién encontrados, Lulubell es francesa, y eso me hace super feliz, porque desde el año pasado amo Francia, jajaja. Así que pese a que no haré gala de nada más —creo— pongo este regalo para mí.

Ah, traducción: "Excusez moi?"; significa "¿discúlpame?".