Tres
Jugueteó con el cable del teléfono, mientras escuchaba sin pasión, y miraba su reflejo en las vidrieras de la alacena. Sus labios necesitaban un retoque…
—¿Y qué crees que deba hacer?
Pese a la pregunta, Sherryl parecía no realmente preocupado. La semana pasada, su esposa le presentó la demanda de divorcio; un mes luego de ser consciente de los hechos. Un año transcurrido desde del vástago nacido de una extraña y fuera de matrimonio, y muchos años después de que los viajes de "negocios" sean solo una palabra bonita, para nombrar a sus amoríos a largo plazo.
Lulubell reconocía que la mujer había conseguido un buen investigador. Había logrado desenterrar cada una de las andanzas de Sherryl. Lo tenía todo registrado en fotografías, filmaciones, y hasta tenía papeles legales de algunos asuntos. Al momento de ser consciente de eso, Sherryl había reído por un día entero, mientras reconsideraba los beneficios de un seguro secreto.
Ella acarició su paladar con la lengua, mientras la enrollaba y desenrollaba en su cavidad bucal. La pregunta le parecía simplemente tonta.
—Pues… si aún amas tu vida tal como es, lo mejor sería que le prometas fidelidad. La finjas por un tiempo, y le permitas vivir en su mundo de purpurina —dijo con sequedad y desgana. Sabiendo otra consecuencia que podría venir de tales acciones.
Él, obviamente la captó, y tras un breve momento de silencio, increpó:
—¿Entonces te tendría que dejar, mi querida?
Ella resopló, un sonido de disgusto, o… casi se le escapó una risa.
«Su querida»; el apelativo era falso, pero al mismo tiempo resultaba demasiado acertado. Si Lulubell podría nombrar a un hombre perfecto para ella, sería él. Pero si le dieran la labor de pensar, en quién jamás sería fuente de su estabilidad; de nuevo lo nombraría a él. Aseguraba que Sherryl pensaba lo mismo.
Lo suyo no era amor, pero tampoco estaba alejado del término. Las mariposas en el estómago no eran venidos de un cariño sólido y duradero; eran solo el fruto del deseo, la pasión y la lujuria. Los dos eran pasajeros de un barco que navegaba encima de aguas rojas; y olía a perfume, sudor y… otros tipos de fluidos.
Lulubell de nuevo miró su reflejo en los ventanales, e hizo una "o", con los labios, para notar las partes que no tenían labial. Se lamentó mucho, que esta falta se haya dado por su propia lengua.
—Pues…
—¿Estás ocupada esta noche?
Sintió a su sangre merodear con precipitación por su cuerpo, la excitación convincente que aparecía cuando sabía lo que vendría. Además le gustaba Sherryl, cuando era descubierto en un aprieto. Amante noble y brusco. Desesperado en momentos como este.
—¿Y tu amada?
—Oh, pensaré en ella mañana, por supuesto.
Se mordió los labios.
—Entonces… ¿dónde?
N/A: Cinismo de mi vida, me doy cuenta ahora que creo que me gusta mi idea de Lulubell —con lo poco que se sabe de ella— y me encanta la idea que tengo de su relación con Sherryl, me hace sentir muy bien. Le dará una buena competencia de mi idea de Tyki/Lulubell, jajaja.
Lujuria, porque el sentimiento predominante entre ellos es eso. Los problemas se vuelven pequeños, al lado de la lujuria imperante en ambos.
