Estaba claro que Taewoo no había empezado ese día precisamente con buen pie. Apenas había podido pegar ojo en toda la noche puesto que un millón de cuestiones se agolpaban en su mente y parecían tener el objetivo de hacer que su cabeza explotara. Para colmo, se había quedado dormido y poco le faltó para llegar tarde a una reunión bastante importante con distintos mercaderes, a la que tuvo que ir sin desayunar; y teniendo en cuenta que la noche anterior apenas había cenado por sentirse indispuesto, apenas si le quedaban fuerzas.
Por suerte, el día parecía que iba a comenzar a mejorar. Cuando volvió a la mansión después de la reunión, descubrió que Taeyeon le había guardado su parte del desayuno y lo había mantenido caliente hasta que él volviese. Mientras desayunaba, había visto pasar a Lili por el pasillo de bastante buen humor, luciendo una sonrisa que hizo que su pecho se llenara de una cálida sensación e incluso, al darse cuenta de que él estaba allí, se sentó a su lado para charlar largo y tendido, los dos solos.
Su relación con Lili era algo peculiar; se llevaban bien, se preocupaban el uno por el otro pero la joven parecía insistir en disimular esa simpatía que ambos se tenían tras un muro de indiferencia y comentarios sarcásticos, y a él le encantaba molestarle por ello. Por eso mismo, era rara la ocasión en la que se sentaban los dos solos a charlar de todo y de nada a la vez, pero tenía que admitir que no cambiaría esas escasas situaciones por nada del mundo. Le encantaba contemplar todas y cada una de las reacciones y emociones que transmitía la muchacha dependiendo de lo que le contaba; la forma en la que sus ojos se achinaban cuando trataba de elaborar una teoría, la suave manera en la que su nariz se fruncía cuando hablaba de algo que le indignaba o no le agradaba demasiado... Y así podría seguir durante un día entero.
Finalmente ella tuvo que marcharse y el general se quedó solo de nuevo. Decidió que sería un buen momento para actualizar algo de papeleo y comprobar varios negocios de la tribu. Fue hacia su oficina y una vez allí seleccionó los documentos necesarios para empezar con su tarea. Por desgracia, se vio incapaz de hacer nada. Nuevamente, aquellos pensamientos que no le habían dejado dormir durante varias noches, y que le atormentaban cuando conseguía quedar dormido tras muchos esfuerzos, aparecieron de nuevo en su mente.
"¿Y si no soy un buen general?" "¿No estaría la tribu mejor sin mí?" "No valgo para esto, debería dejarlo..." Aquellos eran varios de todos los pensamientos que se agolpaban en su mente. Pero, el peor de todos era "¿y si no soy suficiente?"
"¿Y si no soy suficiente para la tribu?"
"¿Y si no soy suficiente para protegerlos?"
"¿Y si no soy suficiente... Para ella?"
"Ella". Se repetía Taewoo una y otra vez. "Es solo una amiga, una conocida. Os lleváis bien, no hay nada más". Pero otra voz dentro de él no parecía opinar lo mismo.
"Sabes que alguien como tú jamás podría estar con alguien como ella".
"Ella es alguien fuerte y con carácter, y tú un sustituto conformista" decía otra.
"Gandul"
"Inútil"
"¡Ella encontrará al alguien mejor y lo hará pronto mientras que tú quedarás relegado a la nada!"
–¡Suficiente! –El general dio un golpe sobre su mesa y, al hacerlo, se dio cuenta de lo alterado que estaba. Su respiración estaba muy lejos de ser tranquila; su pecho subía y bajaba casi desbocado y por su sienes sentía varias gotas de sudor resbalando sin control por su piel. Se las secó con el dorso de la mano y después hundió su rostro entre sus manos, tratando de calmarse. Debía controlar aquellos pensamientos o se acabaría volviendo loco.
Necesitó un buen rato para conseguir tranquilizarse del todo, pero después de eso todo pareció ir bien. Pudo comer con tranquilidad, paseó por Fuuga junto a Taeyeon y se detuvo a charlar con varios conocidos. Ni rastro de aquellos pensamientos tan perturbadores.
Y así habría deseado él que continuara.
Ya entrada la tarde, durante el entrenamiento que solía hacer junto a varios amigos y compañeros, todo se torció de forma horrible pese a que en un primer momento, pensó que todo iría bien. Su estado físico no parecía malo y además, Lili había ido a observarles junto con Taeyeon y Tetora, aunque sospechaba que los dos últimos la habían llevado casi a rastras.
Por desgracia, todo fue mal desde el instante en el que cogió su naginata. Se dio cuenta de que sus manos temblaban y de que le costaba mucho esfuerzo sostenerla como era debido. Aún así, no dijo nada y se dispuso a entrenar normalmente. Por desgracia, cada vez iba a peor y todos a su alrededor comenzaban a notarlo. Consiguió aguantar hasta el último momento, pero de forma ridícula y desesperada a su parecer. Todos aquellos pensamientos habían vuelto a asaltarle sin apenas haberse dado cuenta y él se había dejado vencer por ellos.
Estaba agotado, molesto y alterado, muy alterado. Sus manos temblaban cada vez más y su respiración de nuevo se estaba descontrolando. Dejó caer su naginata al suelo sin ningún tipo de cuidado y se marchó de allí, sin correr pero a un paso bastante acelerado. Escuchó a su espalda que sus amigos le llamaban, pero hizo caso omiso a todos y cada uno de ellos y se marchó, huyendo lejos de allí. Lejos de la gente, de la ciudad y si hubiese podido, de sus propios pensamientos, pero estos no parecían querer desaparecer.
Así fue como, finalmente, se hizo de noche mientras él caminaba. Caminar le ayudaba a dejar la mente en blanco y el sonido del cauce del río conseguía tranquilizarle. Por desgracia, aún no se encontraba en las mejores condiciones como para volver y tampoco quería hacerlo. No sabía cómo se enfrentaría a todas las críticas o gritos que recibiría, sobre todo por parte de Lili y de Mundok. Rayos, ojalá fuera más fuerte. Ojalá pudiera ser un líder digno que no se dejara manipular por sus más oscuros pensamientos. Ojalá pudiese decirle a ella lo que comenzaba a reconocer que sentía.
Y sin darse cuenta, así fue como llegó hasta el arbusto en el que la joven de la tribu del Agua, le encontró. Nunca imaginó que sería precisamente ella la que fuese a buscarle y le encontrase, ni siquiera la que le consolase. Y mucho menos, esperaba haberle gritado de esa manera. Apenas había alzado la voz y ya se odiaba a sí mismo. No podría perdonarse nunca el haberle hablado así, pero ella pareció querer pasarlo por alto. Parecía que realmente lo único que quería llevarle de vuelta a casa y conseguir tranquilizarle. Y, efectivamente, eso fue lo que consiguió. Gracias a ella pudo volver a la mansión sintiéndose más seguro y tranquilo, recuperando así su aplomo habitual. Le debía mucho y no sabía como agradecérselo... Aunque en el momento en el que huyó y le dejó solo con Mundok quisiera matarla.
