Dedicado a Himitsu Furikou Akira, que me sigue en facebook y me ha pedido hasta el cansancio la continuación de éste fic, del cual esta es probablemente la 5ta vez que escribo el capítulo, espero te guste.
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El par de mecánicos se repartían las bolsas de la compra para hacer la menor cantidad de vueltas posibles entre el auto y la cocina mientras permanecían en silencio, ambos habían visto de alguna manera lo vulnerables que eran esos chicos, ¿quién puede ser capaz de hacer tanto daño?
Estaban ensimismados en sus pensamientos, tanto que no se dieron cuenta de las presencias detrás de ellos hasta que una mano amiga llegó a ayudarles sobresaltándolos.
- Les vendría bien algo de ayuda Aominecchi - Habla el rubio que recién llegaba junto al peliverde tomando algunas bolsas también ellos.
Los cuatro terminaron de vaciar la carga y mientras Aomine, Kagami y Midorima arreglaban la cocina Kise fue a hacerles compañía a los dos menores sorprendiéndolos con su actitud tan alegre.
El rubio por su parte no se creía lo que su novio le había dicho de ellos y quiso ir a verlos. En serio estaban delgados y se veían bastante frágiles, ¿quién podría ser capaz de aquello?
Moderó su tono de voz y se presentó, después de un rato estaban los tres platicando como "buenos" amigos.
- Kise - san ¿Cuántos años tienes? - Preguntó Ryou curioso.
- 24 - contestó sonriente
- ¿Y Midorima-san? - Está vez Furi preguntó
- 23 – contestó conteniendo la risa ya que sabía que a su novio no le gustaba que lo llamaran así.
- ¿Y Kagami-kun? - Preguntó de nuevo Ryou con la curiosidad plasmada por completo en sus brillantes ojos.
- Amm si mis cuentas no me fallan tiene 19 años - dijo con un dedo en su barbilla pensativo - y Aominecchi tiene 21
- Hablas de mi a mis espaldas eh rubio - dijo el moreno con una sonrisa asomando la cabeza por la cortina sorprendiendo a los tres que se habían encuartelado sobre la cama de Kagami
- Sólo les contaba que ya estas viejo Aominecchi, nada que no sea verdad - contestó el rubio en broma para recibir un ligero golpe en la cabeza por parte del moreno.
- Gracioso, vamos a comer ya está todo listo - mando al rubio a la cocina y se detuvo al ver que los menores no se movían.
- ¡vamos! - les dijo y ambos se miraron a los ojos negando despacio.
- Agradecemos la amabilidad pero creo que ya hemos abusado bastante - Fue Kouki el que habló y Ryou movió la cabeza en asentimiento. - No queremos deberles más de lo que ya les debemos.
Aomine frunció el ceño y se sentó en la cama con ellos - ¿Quién dice que nos deben algo? – habló con algo de seriedad – Si nosotros decidimos traerlos y ayudarles fue porque así lo quisimos.
Kagami que iba llegando se quedó parado observando a los dos castaños un poco decaidos – La comida se va a enfriar – Dijo – Y no me salgas con que no vas a comer Kise, los platos ya estan servidos… De todos – Dijo y volvió a la cocina donde estaba Midorima, atrás de él Kise despotricaba que él nunca se negaría a comer lo que el pelirrojo preparaba.
Aomine se puso en posición para cargar de nuevo a Kouki, aunque no le pesaba para nada, lo mejor sería conseguirle una muleta para que pudiera andar sin tener que depender de él, aunque luego lo pensó mejor, en realidad quería que dependiera de él.
La hora de la comida fue bastante divertida, Kise se encargaba de aligerar el ambiente que se puso tenso al inicio y en pocos minutos ya todos estaban compartiendo la mesa como si nada, eso hasta que se escuchó el timbre del taller, a lo que Kagami fue quien salió a responder, sin embargo, volvió al poco, casi corriendo con la emoción impresa en la cara y una tarjeta en la mano.
El moreno con el que compartía casa se levantó al verlo de aquella forma y se apresuró hasta él para tomar aquella tarjeta – ¡Lo logramos! ¡Te dije que lo haríamos! – Gritó para celebrar con el pelirrojo ante la mirada interrogante de los castaños y una preocupada de sus amigos.
EL primero en hablar fue Midorima - ¿Es la invitación? – aunque preguntaba parecía afirmarlo
Los otros volvieron a la mesa – Estamos dentro – Anunció el pelirrojo.
Hacía más de un año que armaron sus primeras motocicletas para competir en las carreras clandestinas, después de infinidad de competencias, carreras y un par de accidentes, habían entrado a "El circuito" dónde se realizaban las carreras mejor pagadas y lo lograron sin ningún patrocinador.
Hacía un mes había tenido su carrera de prueba donde Aomine había terminado en segundo y Kagami en cuarto, por un momento Kagami había perdido toda esperanza pero ahora ahí estaba, la invitación para la carrera de éste mes, y era para ambos.
Cuando terminaron de comer los menores siguieron con Kise en la habitación mientras que los otros tres salieron para resolver un asunto importante.
- ¿Están seguros? – El peliverde estaba bastante preocupado al respecto, el sabía que "El Circuito" era donde sus amigos ganarían más dinero pero también sabía lo peligroso que era, pues la sana competencia no era precisamente un valor fundamental ahí, ganar a cualquier costo era lo que se predicaba entre aquellos "corredores".
Ambos mecánicos asintieron con total decisión, si no fueran tan tercos, intentaría convencerlos, pero sabía que no lograría nada aunque lo intentara.
- Pero… - La mirada rojiza se dirigió al interior donde podía ver a los castaños, riendo ante alguna tontería que Kise seguramente había dicho.
- Me quedaré con ellos – Se ofreció el de lentes – Así podré monitorear sus lesiones – Dijo mirando hacia otro lado, jamás admitiría que estaba preocupado por sus amigo y quería verlos llegar a salvo.
Después de afinar detalles al respecto, volvieron adentro. Cuando Kise y Midorima se fueron Kagami no tardó mucho en tomar un baño con Sakurai para poder despejar su mente.
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Eran casi las once de la noche, hacía ya un tiempo que los menores se habían quedado dormidos. Taiga y Daiki se encontraban afuera del taller esperando, cascos en mano y motocicletas listas, a las once en punto pudieron divisar el conocido auto de Midorima.
Tras un breve intercambio de palabras, ambos partieron hacia aquella carrera que según la invitación, esta vez se llevaría a cabo cerca de los muelles.
En la calle sólo pudo escucharse el sonido de las motocicletas al alejarse y Shintaro que no había podido deshacerse de su novio, entró acompañado para tomar asiento en el sillón sin percatarse de que no eran los únicos despiertos en el establecimiento.
Ryou estaba junto con su hermano mayor en la cama de Aomine, habían despertado en cuanto escucharon los motores encendidos. El castaño menor se asomó entre las cortinas notando de inmediato a sus "cuidadores" sentados en el sillón, uno a lado del otro. El peliverde mantenía un brazo alrededor de los hombres del rubio, la escena provocó un sonrojo en el castaño hasta que notó sus expresiones.
Hablaban en voz demasiado baja cómo para entender lo que decían pero la mirada de preocupación que le dirigían a la puerta en medio de la cortina de metal, por alguna razón, le ponían nervioso.
Terminando por rendirse sin alcanzar a escuchar su conversación y temeroso de preguntar algo que no era de su incumbencia, terminó por sentarse en la cama vacía. Su "hermano" lo había estado observando en silencio y sin embargo en algún momento se había vuelto a quedar dormido con la cara enterrada en la almohada.
Pasó todavía un poco más antes de que, aún en posición fetal, Sakurai se quedara dormido, sintiendo un tenue y familiar aroma proveniente de la almohada, el aroma de Kagami.
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Cerca del puerto los segundo pasaban mientras ellos se preparaban, la única regla en ese lugar era ganar así que ellos tenían algunas propias, la primera y más importante, jamás pierdas de vista tu moto. La ventaja de ser dos es que ambos se cuidaban las espaldas.
En punto de la media noche todos estaban en la línea de salida y dio comienzo.
Podía sentir el aire chocando contra su ropa, para ellos en ese momento sólo existía el camino, una vez iniciada la carrera, estaban solos.
Los minutos escapaban como agua mientras la velocidad aumentaba y el motor rugía, todo terminaría antes de lo que podían pensar.
Estaban cerca de la meta, habían dejado a todos atrás llevándoles una ventaja abismal, fue cuestión de segundos, justo antes del final, salió de la nada detrás de ellos y les tomó la delantera antes de poder hacer algo. No se rindieron, el final fue reñido, por mucho que hicieron no lograron rebasarlo, cerraba el paso de ambos con maestría, la experiencia le precedía.
Se dieron a conocer los resultados. Tercer lugar: Aomine Daiki debido a que derrapó en la ultima curva antes de llegar a la meta, afortunadamente se había recuperado lo suficientemente rápido cómo para no salir herido o ser alcanzado por el resto.
Segundo lugar: Kagami Taiga quien pudo vencer la necesidad de volver para asegurarse de que su compañero estaba bien, y logró respirar una vez le vio cruzar la meta detrás suyo con diferencia de alguno de segundos solamente.
Primer lugar: Haizaki Shougo, un corredor habilidoso, se rumoraba que podría ser un profesional pero que había rechazado las ofertas puesto que prefería moverse en el bajo mundo y ahí tenía excelentes patrocinadores, sus métodos eran bastante conocidos. El corredor número uno en "El Circuito"
- ¿Te lastimaste florecita? – había dicho de manera burlesca al pasar junto a Daiki para cobrar su recompensa.
Si Kagami no hubiera agarrado a su amigo, estaba seguro que se le habría echado encima, era lo menos que necesitaban, estaban solos en eso y lo sabían.
Su parte les fue entregada, una importante cantidad de dinero en efectivo a cada uno, por esa noche no había más por hacer, tras la corta fiesta de celebración en dónde sólo fueron a hacer acto de presencia, recibieron un par de tarjetas de posibles patrocinadores y en un abrir y cerrar de ojos, aquel lugar, abarrotado de gente hasta hace nada, había quedado desierto.
Ambos apresuraron a casa no se molestaban en evitar los caminos directos, si los de "El Circuito" pudieron localizarlos, cualquiera daría con ellos a fin de cuentas.
Al llegar tuvieron que pasar por un extenso interrogatorio de parte de Midorima quien revisó las minimas heridas de Daiki sin mucha sutileza y se fue con la amenaza de volver por la tarde.
Los mecánicos tomaron sus respectivas camas sin importar si estaban ambas ocupadas y se quedaron profundamente dormidos una vez que la adrenalina abandonó por completo sus cuerpos.
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Hace 84 años... bueno no tanto pero sí mucho, espero les haya gustado, nos leemos pronto
XOXO
