Segunda parte del regalo de San Valentín espero les guste.
Ninguno de los personajes me pertenece.
CAP2
Después de dejar a Arnold fuera, Helga se dirigió a su habitación para seguir con lo suyo. La chica había estado ensayando un peinado adecuado para su cita de San Valentín antes que llegara el niño. Se llevó la uña del dedo pulgar a la boca para morderla nerviosa, olvidando que Phoebe le había aplicado un esmalte para evitar que lo hiciera, así que se sentó frente al tocador apoyando su cabeza entre sus manos pensando que sentido tenia seguir con todo el plan si quizás Arnold ya no querría salir con ella. Helga miro a través del espejo el suéter rosa con franjas rojas, la falda fucsia y el zapato rojo. Su ropa se encontraba, perfectamente tendida, sobre la cama esperando el único día del año en donde su dueña volvía a utilizarlas.
La niña se preguntó si habría sido muy injusta con Arnold, ella sabía lo que era sentir celos y era una sensación para nada agradable. Quizás debió haber tenido más paciencia, ahora no habría ninguna sorpresa, porque ya no tendría cita. Después de unos momentos regodeándose en su miseria Helga se levantó abruptamente, casi tirando la silla, ella no se había esforzado en vano por casi siete años para que todo se arruinara de la nada.
— ¡Olga! ¡Ven a cenar!
La niña bufo irritada, antes de gritar — ¡Soy Helga! —y se dirigió a la improvisada cocina a comer las sucias latas de sopa de todos los días, no entendía a sus padres aun conservaban ambos vehículos, sin olvidar el avión que ocuparon para ir a San Lorenzo o el mismo imperio ¿Qué acaso no era más importante conservar la casa en la que vivían que el piano que utilizaba Olga? A veces pensaba que ella era la única adulta en ese lugar.
Arnold nuevamente llamo a Gerald para que fuera a hablar a su casa, el moreno acepto ir con la condición de que por favor dejara de lado el tema de los besos. Arnold accedió, aunque no estaba de humor para seguir hablando de los momentos compartidos con Helga, que ahora los sentía tan lejano. A pesar de que la última vez que lo había hecho fue esa misma mañana.
—y ya solucionaste las cosas con ella. —fue lo primero que pregunto Gerald, cuando entro al cuarto de Arnold donde el chico lo esperaba sentado sobre su cama con los codos en las rodillas mientras apoyaba sus manos en sus mejillas.
—no, yo creo que lo empeore. —El rubio le conto lo que había sucedido en la nueva residencia Pataki.
—mmm, mmm. — Gerald se cruzó de brazos mientras negaba. —Arnold, amigo. Lo que no entiendo es tu actitud ¿Por qué te importa tanto las relaciones o lo que pudo haber hecho ella antes de ser oficialmente tu novia?
—Es porque…
— ¿Por qué?
—Porque siento que la voy a decepcionar… —respondió afligido Arnold.
—Viejo, ¿De que estas hablando? — Gerald se llevó la mano a la barbilla, pensativo. —Si alguien me preguntaba hasta el día de ayer quien era el celoso o posesivo de esta relación, mi respuesta sin pestañar seria Helga, si me hubiesen preguntado quien decepcionaría a quien mi respuesta sin duda hubiese sido Helga, si me hubiesen preguntado quien era el más…
—ya entendí, ya entendí. Tu respuesta habría sido Helga. —Arnold rodo los ojos.
—Sí, si como te decía porque no me cuentas ¿por qué crees que decepcionaras a esa niña?, a pesar de que no siempre ha sido de mi completo agrado, principalmente por su obsesión en molestarte, he notado que ella no era tan mala como creía en un principio.
—Si solo hubieras visto lo que yo vi…
—No sé porque pero no me gusta donde va yendo esta conversación.
— ¡Gerald!
—lo siento, yo solo decía. Continua. —la mirada enojada de Arnold obligo al moreno a disculparse.
—Ella fabrico un santuario en su armario con mi imagen. —Gerald iba a realizar un comentario pero se retractó. — Ella me adora, me atrevería decir que más que los ojos verdes y de eso que ellos me consideran prácticamente su Dios, no he podido sacarme eso de la cabeza ¿y si no soy lo que ella esperaba? ¿Y si se aburre de mí? ¿Y si sus fantasías son mejores que la realidad? Ella realmente tiene muchas cosas mías que he ido descartando a través de los años, mis dientes de leche, gomas de mascar, lápices, botellas, calcetines y hasta tenia —él chico se sonrojo pensando que mejor esa parte la guardaba para sí mismo.
Gerald enarco una ceja ante el abrupto silencio de su amigo. — ¿Tenia? ¿Qué más tenia?
— ¿Qué más tenia? Ah… sí, sí .Cepillos de dientes, muchos cepillos de dientes.
—Ok, prefiero no saber lo que estabas por decir.
—Él punto, Gerald, es que ella me lleva amando por años de lejos y siento que ahora que por fin estamos alineados, se dé cuenta que no soy ese chico tan especial que creía. Vamos, antes de quinto grado apenas le di un poco de atención, ahora pienso en todas esas veces que ella estaba ahí; inventando absurdas razones y era realmente porque me estaba observando. Es más busco en mi memoria y me siento realmente mal por todas esas ocasiones en donde simplemente la ignore o la rechace.
—Arnold, viejo tu nunca has tratado mal a Helga.
—Sí, Gerald lo he hecho y no solo una vez.
—a ver menciona una sola vez en la que tú, mi amigo no hayas sido tolerante con Helga G. Pataki. —Gerald se cruzó de brazos confiado en que Arnold no recordaría ninguna.
—vertí pintura sobre su vestido.
— Solo porque ella lo hizo primero, y solo fue por instinto. No cuenta.
—Abandone la obra que dirigía.
—Abandonamos, y solo fue porque yo te incite.
—la empuje porque no quería compartir el pupitre con ella para el paro de maestros.
—todos estábamos incomodos, sigue sin contar.
—le dije que era la última persona con la que me gustaría estar casado, que preferiría estar relacionado con cualquier otra persona del planeta, que no era mi persona favorita y que preferiría trabajar con Lila.
—Bueno eso no se oye nada bien pero si lo piensas, Helga en cuarto grado fue especialmente más molesta contigo y se merecía que alguna vez le dejaras las cosas claras.
Arnold suspiro — Quizás pero ella tampoco fue del todo mala sabes ella realmente fue de apoyo cuando Lila me rechazo, y ahora sé que ella realmente le debió haber dolido verme enamorarme de otra persona pero… ella realmente fue muy comprensiva y amable.
—Helga G. Pataki ¿Consolándote? Ahora lo creo, pero si me hubieras contado lo mismo a los nueve años no te hubiese creído.
—Y no fue la única vez que me ayudo. Cuando fue la semana de vacaciones, esa chica que te conté tenía este loco plan pero Helga realmente se esforzó por advertirme de la situación y ¿Qué hice yo? La ignore.
—pero, ¿no todo salió bien? y ustedes ganaron la competencia. —intento señalar positivamente Gerald.
—Sí y no fue la única vez que Helga realmente se esforzó de manera positiva por llamar mi atención, recuerdas esa cena en Cheez Paris.
—ni me lo menciones, nunca había lavado tantos platos…
—Sí, pero ella hizo todo eso porque quería que yo supiera que era tanto o más sofisticada que Lila pero no le di importancia.
—Viejo, ya habíamos tenido esta conversación antes, esas cosas ya están pasadas no sacas nada con traerlas a la luz.
—Lo sé, pero lo que más me duele recordar es aquella vez en la fiesta de disfraces de Rhonda.
—Ah, cuando la llamaste Lila. —Gerald se sintió inmediatamente mal por haberle añadido sal a la herida, al ver la mueca adolorida que le dio Arnold.
—Sí, cuando la llame Lila y ella se sintió tan incómoda que se quitó el disfraz solo para encontrarse con mi rechazo. —Arnold suspiro para volver a poyar su rostro entre sus manos. — ¿Sabes que es lo peor? Que se cuánto duele que te rechacen y aun así yo no la tome en serio. La deje sola y a pesar de que pude notar su tristeza no fue hasta mucho después que me di cuenta lo que había hecho.
—Bueno si lo dices así, pero viejo exceptuando esas ocasiones, ella no fue especialmente amable contigo por lo menos hasta quinto grado. Es más nunca me hubiese imaginado que ella estaba enamorada de ti y si te pones a pensar en todo lo que me dices y si a pesar de todas esas ocasiones que mencionas ella no se rindió y nunca dejo de insistir dudo mucho que lo haga ahora.
— ¿Tú crees? —Arnold por fin vio una pequeña luz de esperanza.
—Claro, pero ahora me tengo que ir porque ya es hora de cenar. —el chico extendió su pulgar a su amigo para poder despedirse.
Arnold vio marcharse a su mejor amigo, pero a pesar de su última charla no quedo completamente convencido.
Después de un largo y agotador día en la ciudad tanto Miles como Stella se alegraron enormemente de poder llegar a su hogar, estacionaron el viejo pero fiel Packard para poder sacar todas las bolsas de víveres y dejarlas en la cocina. Estaban terminando de ordenar cuando escucharon el inconfundible gong que utilizaba a veces la madre de Miles para llamar a todos a cenar, se apresuraron en terminar, para ir hasta el comedor donde todo ya estaba servido y algunos inquilinos ya se encontraban sentados, tomaron sus lugares en la mesa, saludando al resto y a la vez notando que su hijo aún no estaba, estaban por preguntar por el niño cuando este apareció con pasos lentos a tomar su asiento.
— ¿Arnold?
— ¿Pasa algo malo cariño?
—Hola mamá, hola papá. — El chico les dio una sonrisa triste a ambos adultos quienes se miraron preocupados.
—Arnold. ¿Qué tal tu día? — al ver la muesca de tristeza, de su hijo, Stella golpeo la espinilla de su marido. Él cual al verse prontamente atacado solo movió los brazos en un ¿Qué?
—todo bien ¿Qué tal el suyo? — el niño intento sonreír pero lo único que pudo esbozar fue una mueca triste.
Ninguno de sus padres quiso presionar al muchacho, así que desviaron el tema a sus aventuras por la ciudad. Phil y Gertie, observaron en silencio la situación sabiendo que pronto el joven Arnold recurriría a alguno de ellos buscando consejo.
Después que todos se retiraron a dormir, un acomplejado Arnold se acercó a su abuelo el cual se encontraba terminando de ordenar los platos utilizados. El niño se sentó en una de las sillas de la mesa que se encontraba a la cocina, apoyando su cabeza en sus brazos cruzados.
—Abuelo, tengo un problema.
— No me digas que aún no has podido hacer las paces con tu pequeña novia del moño rosa y una ceja.
—No, yo solo creo que lo empeore.
—Bueno, bueno y ¿por qué no le pides ayuda a tus padres por esta vez?
—yo, no los quiero molestar.
—No creo que los molestes, si están parados espiando en el pasillo. —El hombre levanto la voz, haciendo que ambos adultos se mostrasen con una sonrisa culpable. — ¿Por qué no ayudan a Arnold con uno de sus baches en la accidentada carretera de su juventud?
Arnold se sintió un poco incómodo y también algo culpable, no esperaba que sus padres estuviesen espiando ni siquiera los había considerado para poder hablar sobre su problema con Helga, pero estaba agradecido en que se interesaran por él.
— ¿Qué dices chaparrito? ¿Crees que tus padres te puedan ayudar?
—Claro abuelo.
—Mamá, Papá. Tengo un problema.
Ambos adultos tomaron asiento a cada lado del chico, con sonrisas nerviosas se miraron. Este sería el primer problema en el cual aconsejarían a su hijo realmente esperaban poder hacerlo bien.
— un problema — repitió Stella.
—El primer problema con el que te ayudaremos. —Continúo Miles
— Estoy nerviosa…
—yo igual.
— y ¡yo! Creo que esos frijoles de la cena me sentaron realmente mal. —El anciano se acarició el estómago el cual emitía extraños ruidos intestinales. — bueno, los dejaré recuerden si necesitan mi ayuda…
— tranquilo, te llamaremos papá.
— ¡No!, ni se les ocurra venir a molestar. —el abuelo rodo los ojos para salir rumiando cosas algo sobre los jóvenes que creen porque ayudaran en un solo problema ya creen que se las saben todas y también un Galletita que le pusiste a esos frijoles, están haciendo el sau sau leru* en mi estómago.
Una vez que el abuelo se fue, un incómodo silencio cruzo la habitación y para romperlo Stella fue la primera en hablar. — bueno y que se supone que hacemos ahora. —la mujer le pregunto a su hijo.
—por lo regular el abuelo me cuenta una historia que está extrañamente relacionada con mi problema.
— ¿y eso te ayuda? —pregunto Miles, recordando todas las historias sobre Jimmy Kafka que le conto su padre en su niñez.
—a veces. —respondió Arnold, decaído.
— bueno entonces y si nos partes contando que es lo que te pasa. —Stella
—tuve una discusión con Helga. — Y así el niño procedió a contarle a sus padres desde el principio hasta la última conversación con Gerald. — Ni siquiera sé porque le gusto, no he hecho nada por ella. —Arnold apoyo su cabeza sobre los brazos.
Ambos adultos se miraron preocupados, en todo el tiempo que llegaban de regreso nunca lo habían visto tan desanimado al contrario él era el que siempre le buscaba el lado positivo a todas las situaciones.
— Bueno hijo, entiendo que te preocupa que ella crea que no eras tan especial como esperaba. —Stella comprendió inmediatamente el miedo que su hijo tenía. —pero no deberías estar inseguro, eres especial y no creo que después de años amándote en secreto de un día para otro se aburra.
—pero no he hecho nada por ella. —Arnold extendió los brazos angustiado.
—Claro que lo has hecho, quizás hasta hace poco correspondes sus sentimientos pero apostaría que siempre has sido un buen amigo cuando realmente ha importado. —intento consolarlo Miles.
—no siempre. Tampoco he hecho nada especial, solo lo mismo que hago por los otros…
Ambos adultos se miraron nerviosos, no estaba funcionando, aun no conocían lo suficiente a su hijo para poder ayudarlo en su problema quizás debiesen ir por Phil de seguro el sabría qué hacer.
El hombre se estaba a punto de levantar para ir en busca de la ayuda de su padre cuando sintió el apretón en su mano de su esposa, la miro con duda y comprendió que ella quería intentar una vez más.
—Dijiste que a veces una historia te ayudaba ¿No?, no sé si esta será la que necesitas escuchar pero se trata de cuando tu padre me pidió matrimonio.
Arnold la miro curioso, él sabía detalles gracias al diario de su padre pero ahí todo estaba escrito desde el punto de vista de su él y muy poco sabía de lo que su madre pensó de la época en que se conoció con su padre.
Stella notando que había obtenido la atención de su hijo, busco entre sus recuerdos ese momento en el cual por causa de sus inseguridades rechaza al amor de su vida el que ahora era su esposo.
—Esto pasó días antes de que tu padre se me propusiera pero poco después de que le devolviéramos El Corazón a los ojos verdes.
Después del largo camino de vuelta al campamento Stella noto que su novio caminaba algo distraído, intento que conversaran pero él solo respondía en monosílabos. Ella se empezó a preocupar preguntándose si acaso había hecho algo malo pero cuando Miles le tomo la mano y le dio una sonrisa tranquilizadora pensó que todo estaba bien por lo menos hasta el día siguiente.
—Volvimos del campamento hasta la ciudad principalmente por la falta de víveres, cuando llego ella. —Stella apretó los dientes y puños molesta.
— ¿Ella? ¿Quién es ella, papá? —Arnold nunca había escuchado sobre otra mujer.
— Oh, solo una ex compañera de universidad, hijo. —dijo despreocupadamente Miles.
— ¿solo una ex compañera de universidad? También fue tu ex novia.
—Stella, realmente no puedo creer que todavía estés enojada porque Sandra nos fue a visitar. —El hombre enarco una ceja a su esposa, divertido.
—Estabas celosa, mamá pero… ¿Por qué? —el chico que sabía que su padre se había enamorado a primera vista de su madre, como contaba en su diario.
—porque estaba insegura…
Cuando Sandra llego a San Lorenzo, no se pudo evitar sentir desplazada. La recién llegada no solo había estudiado con ellos si no que era la mejor amiga tanto de Miles como de Eduardo. Él trio de aventureros, como solían ser conocidos en la facultad, tenían muchas anécdotas juntos las cuales jamás la incluirían a ella. La mujer sabía que era tonto estar molesta por algo que no podía cambiar pero no podía evitar pensar en la buena pareja que harían Miles y Sandra, se notaban muy cercanos había ocasiones en donde sentía que era dejada de lado apropósito por ellos, pero eso no podía ser después de todo la mujer le había dicho que no sentía absolutamente nada más que amistad por él y estaba segura de que él la amaba.
— y ahí te diste cuenta que todas habían sido imaginaciones tuyas ¿no? — pregunto Arnold.
—Pues no, efectivamente me habían intentado dejar de lado. — Stella le dio un toque en la nariz, con el dedo índice, para que la dejara continuar.
Cada vez los celos que Stella estaba intentando controlar iban en aumento estaba muy molesta, la mujer los había acompañado de vuelta al campamento en el que estaban y no había podido tener ningún minuto a solas con su novio, en todo ese tiempo. A veces sentía a Sandra voltearse a mirarla y reírse, en un principio pensó que era su imaginación pero cuando empezó a suceder de manera más recurrente, lo único que quería era golpearla. Miles pronto solo la empezó a evitar y eso hizo que mal interpretara la situación.
—y ¿Entonces que paso?
Ambos adultos se miraron divertidos al notar la ansiedad del pre adolecente. Miles decidió mudamente con su esposa, que era su hora de que el continuara con la historia.
—Bueno hijo, yo le propuse matrimonio a tu madre.
—ah, esa parte ya la sabia.
— ¿Seguro?
—claro, en el diario dice que ella dijo que sí. —Arnold apoyo el codo en la mesa para poder posar su barbilla en su mano.
—Pues te equivocas campeón, dijo que no.
—Que no —Arnold abrió los ojos sorprendido. —pero eso no es lo que escribiste.
—Claro que no, hijo. —le guiño un ojo. —había que dejarle cosas para contar a nuestro hijo.
El hombre no entendía porque la mujer le había dicho que no, él sabía que se conocían hace muy poco pero estaba seguro que ella era el amor de su vida todo parecía bien entre ellos y lo peor que le dijo que se marchaba ¿Qué haría? Ojala su padre estuviera ahí, el sabría que aconsejarle claro después de decirle que nunca comiera frambuesas si no hacía algo ahora ella se marcharía pero no la dejaría sin luchar.
Stella estaba confundida porque si Miles seguía enamorado de Sandra ¿por qué le había propuesto matrimonio a ella?, estaba terminando de recoger sus cosas para irse del lugar cuando fue interceptada por la pelinegra.
—Apártate de mi camino.
La mujer solo se quedó mirándola fijamente antes de hablar. — ¿Por qué huyes?
— ¿Qué te hace pensar que lo hago?
—Yo pregunte primero.
—Nosotras no somos amigas y para que lo sepas no huyo de nada es solo que mi tiempo se acabó de aquí. —Stella se ajustó las correas de su mochila para poder irse, lamentaba no poder haberse despedido de Eduardo pero no soportaba más el dolor de estar ahí.
—Entonces dijiste que no.
Stella detuvo su avanzar. — ¿Cómo sabes eso?
— ¿Qué dijiste que no? No lo sabía. —la mujer se encogió de hombros indiferente.
—me refiero al hecho que Miles se me propuso.
—Ah, él me lo dijo. —respondió tranquilamente encogiéndose de hombros.
— ¿él te lo dijo? — Stella miro el piso extrañada, preguntándose porque él haría eso. ¿No acaso eso quemaría todos sus puentes para una reconciliación con la mujer? — no entiendo cuál es el juego que ustedes se traen entre sí, pero yo no me prestare para nada.
—No es ningún juego.
—Mira no entiendo porque estás aquí o porque te importa si me voy o me quedo. Si no tienes nada importante que decir yo me marcho. —la mujer nuevamente se puso en marcha.
—Estas cometiendo un error, Miles es un buen hombre y creo que esta honestamente enamorado de ti. Como bien dijiste, no somos amigas pero él me importa siempre ha sido un buen amigo y es un buen tipo. No sé los motivos qué te llevo a rechazar su propuesta y tampoco mi intención es inmiscuirme pero ustedes se ven tan enamorados uno del otro, que estaba feliz por su unión.
— ¿Estabas feliz? pero porque lo estarías ¿No se supone que tú aun estas enamorada de él?
— ¿Qué? ¿De dónde sacaste eso? Es lo más ridículo que he escuchado.
—pero ustedes estaban todo el tiempo juntos riéndose que imagine… ¡Además ustedes fueron novios en la universidad!
—Claro, fuimos novios por tres días.
— ¡Tres días! —exclamo asombrada.
—Si eso fue porque todos dijeron que nos veíamos bien juntos y decidimos darnos una oportunidad que comenzó el lunes en la mañana y término un miércoles por la tarde — la mujer se rio entre dientes. — ¿Puedes creer que no tuvimos ninguna cita? Y mucho menos un beso.
—pero…pero ¿Por qué te reías entonces?
—Ah, eso lo siento es una mala costumbre que tengo. —la mujer se encogió de hombros avergonzada. —cada vez que me cuentan un secreto no puedo evitar mirar a la persona y reírme. No es la primera vez que eso me trae problemas—se golpeó en la frente con la palma de la manos al saber que nuevamente su mala costumbre provoco problemas. — pero te juro que no fue con mala intención. — Sandra se acercó a la otra mujer para tomarla de las manos. — Stella, lo siento si es mi culpa que rechazaras a Miles él siempre ha sido un buen amigo y sé que te quiere de verdad no dejes que un mal entendido se interponga entre ustedes.
—pero ustedes comparten tantas cosas juntos. —soltándose de la pelinegra, Stella volteo afligida. —yo jamás podre igualar todos esos recuerdos.
—no necesitas igualarlos. —Miles que había estado escuchando casi toda la conversación decidió hacer su aparición. —con que estés en cada uno de los pasos que demos de ahora en adelante es suficiente no sé qué pueda traer el futuro pero si lo que trae es que durmamos en una civilización perdida dentro de la jungla por casi diez años o criemos a nuestro hijo con cabeza de balón en la casa de huéspedes me gustaría que lo hiciéramos juntos. ¿Qué dices aceptas ser mi esposa?
—Miles, yo…
—Stella… —él hombre se acercó para tomar las manos de su amada.
—Sandra… —Ambos se voltearon ver a la mujer que había pronunciado su propio nombre. — ¿Qué? Si yo no pronuncio mi nombre nadie lo hará— a ver la mirada molesta de los novios, decidió que era hora de marchar o por lo menos estar lo suficientemente lejos para poder espiar sin que la notaran.
—Lo siento, Miles creo que malinterprete las cosas…
El rubio la tomo del mentón para poder besarla. —No importa, tampoco te dejaría ir sin luchar estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de tener una oportunidad para convencerte que eres mi otra mitad, mi alma gemela, mi…
Miles no pudo continuar ya que fue interrumpido por la boca de su novia, después de un buen rato de besarse Stella se separó repentinamente para abrazarlo y darle el sí.
—Y ese si fue el que escribí en el diario. —ambos adultos volvieron del baúl de los recuerdos. — ¿entonces entiendes cuál es el punto de esta historia?
— ¿Qué no te rías mientras guardas un secreto?
— ¿Qué? —ambos adultos se miraron extrañados antes de gritar un exaltado ¡No! Al escuchar la suave risa de su hijo se dieron cuenta que ambos habían sido burlado por un niño de tan solo once años.
—entiendo lo que me intentan decir con su historia.
— ¿Sí?
—Sí. —confirmo el niño. —No dejare que el pasado se interponga en mi futuro. — Arnold ya más relajado continúo hablando. — Cuando Helga me mostro todo lo que había hecho por mí me sentí muy alagado pero a la vez me asuste. No por lo creativo de todo, si no porque pensé que ella me tiene en un pedestal al que quizás yo no le haría justicia. De un momento a otro estuve consiente de todas esas veces que la ignore, aunque fuese sin intención, ella permaneció insistiendo con paciencia esperando que yo me diera cuenta de la chica tan especial que estaba oculta y que era el único que sabía que estaba ahí me dio mucha seguridad pero a la vez descubrir que hubieron otros chicos que la notaron antes que yo… eso me volvió un poco loco y nublo mi juicio haciendo que me comportara realmente mal con ella. —el chico suspiro triste al decir lo último pero negó para volver a levantar la frente y sonreír tranquilo. —sé lo que tengo que hacer y lo haría ahora mismo si no es porque ya es muy tarde y es algo que debo hacer en persona.
— ¿Entonces te sirvo Arnold?
—Sí, mucho. — el pre adolecente bostezo somnoliento. —Ya estoy cansado, me voy a dormir.
Ambos adultos lo abrazaron deseándoles las buenas noches. — ¿lo habremos hecho bien?
—muy bien, Miles. —el abuelo se asomó desde el marco de la puerta.
— ¿papá nos estabas escuchando?
—por supuesto, sigue siendo mi nieto y ustedes lo hicieron muy bien. — se acercó a darle una palmadita en el hombro a su hijo igual que cuando era un niño y cuando vio la mirada esperanzada de Stella, que también esperaba su felicitación le revolvió los cabellos igual que a una niña. Él abuelo rodó los ojos pensando cuantos niños tenia ahora en la pensión. —además les venía a avisar que yo no entraría al baño de abajo.
Después que el hombre se fue apareció la madre del rubio—yo que ustedes hago lo que él dice. — Gertie también se había asomado a la cocina con uno de sus extraños atuendo.
Stella se apoyó en su marido con una sonrisa. —Amo vivir en esta casa.
—Yo también cariño, yo también.
Pero por un instante Miles pensó que para que su padre los hubiese felicitado lo más probable que la historia careciese de sentido con el consejo y simplemente se hubiesen ido por las ramas, aunque mejor dejarlo así. Lo importante es que Arnold le hubiese servido o eso esperaba pensó dudoso.
Helga ya había tenido suficiente de todo, ella iría donde ese adorable pero celoso cabeza de balón a aclarar las cosas, que importaba si ya no había sorpresa acaso lo que ella no siempre quiso era que Arnold le prestara atención. ¿No se había esforzado por años? ¿No las cosas, curiosamente, muchas veces le salieron al revés? ¿Qué importaba perder una sorpresa? ya habrían muchos momentos en el futuro para darle otras. Así que decidida prácticamente corrió para dirigirse a la vieja pensión ubicada en la calle Vine iba llegando a la esquina cuando chocó contra algo o más bien algo, abrió los ojos confundida cuando vio al chico de todos sus afectos frente a ella con una mano en la zona que al parecer se había golpeado.
— ¡Arnold!
— ¡Helga!
—Yo tengo algo que decirte. —Ambos chicos hablaron simultáneamente.
—Yo primero. —Nuevamente sus voces se sincronizaron.
—Cheez continuaremos así todo el día. —Gruño Helga.
—al parecer y por eso ¿puedo ser quien hable primero?
—Claro.
—Bien, vamos. —él chico tomo de la mano de la niña para que ambos se dirigieran a otro lugar para hablar.
— ¿A dónde me llevas?
Después de unos minutos los niños llegaron hasta el viejo Pete, el que por suerte estaba desocupado, una vez ambos niños estuvieron sentados el chico se preparó para hablar.
—Helga, solo quiero disculparme. Sé que sido un reverendo idiota pero… pero todo el amor que siento por ti es tan grande que no sé cómo manejarlo en mi pecho. Sé que piensas que soy maravilloso pero he tardado tanto tiempo en notarte, que tengo miedo que ahora que estamos juntos te des cuenta que no soy lo que esperabas y que ya no me ames de la misma manera. — él chico suspiro triste. — Quizás sea tonto pero saber que habías amado por tanto tiempo me tranquilizaba pero ahora está este chico… yo realmente tenía miedo. — de un momento a otro Arnold dejó de lado su melancolía para tomar las manos de la niña y sonreírle. —Quiero que sepas que nada ni nadie te alejara de mi lado y me esforzare en ser el chico que crees que soy.
—Arnold, Arnold, Arnold. —Helga negó repetidamente con la cabeza, cruzándose de brazos, antes de continuar. — quien lo diría de ti posesivo, celoso, inseguro pero con todo eso te amo, sé que aun somos niños. Vamos sólo tenemos once años pero creo que estamos destinados a estar juntos, he leído mucho y sé que existe el concepto de almas gemelas, le he rezado todos los días al cielo y las estrellas para que tu fueras la mía a veces tengo que pellizcarme la cara para creer que esto es real. Te amo tontito, te amo más que a nadie en este y en mil universos más y vamos a dejar un par de cosas claras; lo único que necesito es que seas tu mismo asi me gustas ademas me gusta saber que no siempre eres perfecto y lo segundo por ese chico realmente no te preocupes no es nada impo...— ¿Arnold que pasa? ¿Estas llorando? — la chica se tuvo que detener al notar que su novio se le empezaron a humedecer los ojos.
—Yo también te amo Helga, más que a nadie en este y mil universos más. — él chico la abrazo, no sabía si para enfatizar sus palabras o para reconfortarse a sí mismo pero era tan agradable. Al recordar que ella también quería decirle algo se separó por un instante para mirarla a los ojos.— Por cierto ¿Qué es lo que me ibas a decir?
—Ah, eso. Bueno… —Helga se llevó la mano al cuello pensando que ya no era necesario que arruinara su sorpresa. —Solo venía a decirte que el catorce de febrero tenemos una cita.
—Oh, ¿a pesar de lo tonto que fui?
—Sip, cabeza de balón y no me cuestiones. Nos veremos en Cheez Paris a las siete en punto.
—pero pensé que habías dicho…
Helga callo a Arnold con un beso para que dejara de hablar, cuando se detuvo el chico escuchó que decía algo como que era un cabeza de balón pero no estaba seguro de repente hacía mucho calor y Helga ya estaba bajando las escaleras sin él.
Gerald que también se había levantado temprano el domingo, después de todo el enredo de Arnold y Helga, el chico había decidió enviarle un mensaje a Phoebe para tener una cita en el parque. Su cita sería a medio día, estaba tan nervioso se acomodó el cabello una y otra vez, se tomó el aliento en repetidas ocasiones, se olfateo y por suerte solo detecto el aroma del perfume de su padre. El chico llevaba unas flores para su querida novia.
La niña llegó caminando pacíficamente hasta en donde se encontraba Gerald, lo saludó cortésmente. Juntos caminaron alrededor del lugar. Se acercaron a darles de comer a los patos, comieron una ligera merienda, después tomaron un mantecado cada uno, mientras hacían todo eso hablaban de todo y nada a la vez. Ya era tarde cuando notaron que era hora de despedirse.
Gerald caballerosamente llevo a Phoebe hasta el pórtico de su casa y cuando estaba marchándose escucho un ¡oh rayos! Para luego sentir como unos labios se posaban fuertemente en su boca, la niña que se suponía era la más tímida de la clase lo estaba besando hambrientamente y aunque todo paso en un par de minutos Gerald pronto creía haber comprendido lo que su amigo había dicho.
Por su parte Phoebe, que había tomado el consejo de Helga, entro muy avergonzada en su hogar hasta llegar a su habitación y saltar alegremente sobre la cama.
¿Fin?
NA: Gracias a todos por leer! en realidad este no es el fin queda un pequeño epílogo.
Como es un regalo para Sandra, decidí ocupar su nombre porque simplemente mala, muy mala inventando nombre a personajes inventados.
Monvar: ya esta, espero que te guste.
Blue-Azul-Acero: era su hora de estar confundido por Helga.
Sandra D: Arnold es celoso, imaginate si lo fue con Lila como lo seria con Helga con quien si va a tener un algo que por cierto Craig confirmo.
MissHillwooD: en realidad, los celos que le intento dar alguna vez a Arnold, por fin tuvieron resultado no se... pero le tengo fe a Helga que ya esta acostumbrada a estar confusa a ser la parte racional, algunas veces.
ELI VENTURA: Gracias y Saludos!
angiecg: ya esta, espero te guste.
LyzBH: Gracias hoy no tenia mucho que hacer asi que me decidi poner al dia con las historias y publicadas y con otras que tengo por publicar. Gracias :)
Saludos y Gracias a todos por leer.
Nos leemos en una próxima oportunidad.
PD:el proximo capitulo sera el epílogo y el final.
