Las diferentes caras de Draco Malfoy

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*Esto es después de los hechos ocurridos en Lovin Albus capítulo 6

No pudo evitar sonreír. Se le vino una idea escabrosa a la cabeza, pero lo primero era su hijo.

Su padre detrás de su macizo escritorio de caoba, Greg sentado junto a Theo y Zabini frente a su padre y su madre, por un lado charlando con Pansy quien prácticamente se le echó a los hombros.

— Draco, amor. —Dijo con un leve acento americano la morena que le abrazó y le dio un beso pequeño en los labios. —Blaise y yo acabamos de llegar de California.

— ¿Quién más lo sabe? — Exigió, no de mala manera pero sí exaltado. Ella le miró raro.

— Pues…todavía no vamos a visitar a la madre de Blaise, es una visita sorpresa, así que sólo tus padres…Queríamos ver a nuestro ahijado cuando llegara del colegio.

— Perfecto, se hospedaran aquí y no le dirán a nadie.

— ¿Debido a qué hijo, si se puede saber? —Preguntó su madre.

— Debido a que necesito un plan y una coartada, pero antes necesito que Blaise venga conmigo.

— ¿Yo?

— Sí, tú. Ven. —El moreno se levantó extrañado, miró a su esposa y esta se encogió de hombros, entonces con un poco de más confianza siguió al rubio. Draco cerró la puerta.

— ¿Qué pasa Lucy? — Preguntó el morocho siguiéndolo a través del pasillo que desembocaba en el salón principal, pero ni utilizar ese molesto diminutivo femenino de su segundo nombre le sacó mas nada de la boca. Después subieron las largas y elegantes escaleras y tomaron el pasillo que los llevaba a las habitaciones principales.

— Necesito que cures a mi hijo.

Blaise frunció el ceño.

— ¿Tiene algo? ¿Está enfermo? ¿Por qué no lo llevaste a San Mungo?

— Necesito a un buen medimago. Iba a llamar a Bernard desde la oficina de mi padre pero te vi ahí, y tú eres el mejor, y es tu ahijado. — Draco miró hacia el suelo, parecía estar a punto de llorar, pero los Malfoy no lloraban así que no podía.

— ¿Qué sucede? — Cruzó los brazos, hacía eso cuando se ponía serio.

— Merlín quiero matar…Un chico en la escuela. —Draco miró a su amigo con la mirada vidriosa de retener las lágrimas. — Abusó de él, le puso algo en una botella de Vodka y le violó. — Blaise se quedó libido, sus brazos perdieron fuerza y los dejó caer a los lados.

— ¿A Scorpius? ¿Nuestro Scorpius?

Él tenía sus propios hijos, pero Scorpius era como si lo fuera. Su primer contacto con infantes, fue su ahijado. Con él aprendió a sostener bebés y cambiar pañales, también a no fumar en público. Si no fuera por el viñedo de Pansy y Draco en California el estarían en la mansión Malfoy paseando con su ahijado y sus hijos párvulos. Con lo amable que era Scorpius con los niños. Con lo amable que era él con todos. Hasta con los putos elfos, maldita sea.

Se impacientó y se llevó la mano al ceño. Le dolió la cabeza.

— Vale, voy a revisarlo. —Dijo con la voz entrecortada y el rostro oculto por su mano, ahora el que quería llorar era él. Sí alguien le hubiera hecho algo así a alguno de sus hijos…perdería la cabeza. —¿Quién fue? No, no me digas, no sé qué cosa horrible vas a hacerle, no sé en qué mierda vas a arrástralos a todos, te conozco, sólo te pido que lo dejes a él afuera de esto. No quiero que le des un mal ejemplo, él no necesita nada del veneno con el que nosotros crecimos, él no.

— Blaise….

— Sólo prométeme una cosa, Pansy, lo que sea que esa loca vaya a hacer por ti…no quiero que acabe en Azkaban. Tenemos una familia. Una maldita familia. No lo arruinen.

— Ya…

— Los chicos están durmiendo la siesta, si no salgo pronto recuérdale a mi elfo que los revise. —Dijo abriendo la puerta para auscultar a su ahijado.

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Su padre miraba fijamente hacia la ventana en su estudio, dándoles la espalda a todo el grupo. Su madre se acercó y le puso la mano en el hombro. A su lado Theo subió las piernas en el sofá, no le importaba mucho ensuciar o maltratar el mobiliario Malfoy, estaba muy…no sabía cómo sentirse. Ninguno debía saber cómo sentirse o que decirle. Él tenía dos hijos, Ana de 14 y Ferdinand de 12, él sólo pensar que algo así podía ocurrirle a alguno de sus hijos. Él quemaría el mundo. Greg jugaba nervioso con sus dedos, seguro que pensaba en sus chiquillos de 10 y 8 años, Franky y Dario. Pansy se había puesto a llorar. Sus gemelitos tenían 4 años Honoré y Friederich .

Lucius resopló para después decir, sin dejar de mirar hacia la ventana.

— Salgan un momento por favor, me quedaré aquí un rato más…espérenme para la cena.

Los jóvenes salieron, dejando a los dos adultos solos.

Era un crimen de odio, estaba claro. Su padre lo sabía. La marca los perseguía, 25 años después la gente aún los odiaba y eso les llenaba de tristeza, pero su padre nunca dejaría que vieran sus lágrimas, lo sabía mejor que nadie. El orgullo era lo primero en levantarse y lo último en caer para un Malfoy.

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Draco entró al salón de juegos con sus amigos detrás pero no les había mirado, Pansy simplemente tomó su mano y la llevó hasta sus labios para darle apoyo. Estaba trastornada y casi se quedaba muda, ella era la madrina de Scorpius y como Blaise ella había disfrutado profundamente cuidar de Scorpius cuando era niño.

Al principio convivía con Astoria únicamente por Draco pues sus prejuicios por la pureza de la sangre no desaparecieron tras la guerra y por lo tanto chocaba mucho con el corazón bondadoso y suave que tenía la mujer de su mejor amigo con los nacidos de muggles; pero con el tiempo, después de que ella se casara con Blaise se habían hecho amigas pues el moreno era amigo de Astoria desde los primeros años de Hogwarts y sufrió mucho cuando ésta murió lentamente atacada por la enfermedad.

En cierta manera agradecía que empeorara cuando Scorpius entró a Hogwarts, si sólo viéndola en vacaciones el pequeño había salido traumatizado no quería ni imaginar como hubiera sido si Astoria hubiese enfermado antes, pocas cosas son peores que ver a alguien alegre y lleno de energía reducirse a un bulto de huesos con dificultades respiratorias y de control de esfínteres, con dolores internos que a veces no dejaban dormir.

Blaise y Draco se las habían visto negras para alargar la vida de Astoria, e incluso creo cierta brecha entre ambos, los dos estaban al pie del cañón con sus respectivos métodos médicos, uno con su magia blanca y el otro con magia cuya naturaleza incierta se difuminaba en el horizonte y ninguno pudo salvarla de la muerte. Parecía que se culpaban el uno al otro, pero más que nada se culpaban a si mismos y no lograban perdonarse.

Draco se sirvió un trago fuerte y se sentó en el sofá que ocupaba siempre durante las fiestas para leer mientras sus amigos lo observaban.

— Voy a matarle…

— Eso es obvio, pero el asunto es ¿Cómo? — Le preguntó Theo mientras revisaba algunos libros de la biblioteca personal de Lucius, diferentes a los que estaban en la oficina, empezando con la temática. Los de la oficina eran de estrategias de negocios y los del salón de juegos eran de romance.

— Voy a necesitar de tus habilidades Theo y en cuanto a ustedes. — Dijo refiriéndose a Greg y Pansy. —Tengo un par de hechizos que pueden resultar útiles pero necesito que ustedes se pongan en mis manos.

— ¿Dolerá? — Preguntó Greg.

— Sí, pero sólo al principio. —No pensaba mentirle a sus amigos, sobre todo cuando ponían en riesgo la vida, o peor aún, la libertad.

Theo asintió.

— Sólo dinos que hacer. — Pansy acarició su cabello y Draco se dejó hacer como un gatito.

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Blaise entró a la habitación que siempre ocupaban cuando venían de visita. Hacía ya años que habían decidido irse a California para supervisar de cerca el proyecto de Pansy y Draco que era una empresa dedicada a la producción de vino en Napa, California y de pronto sintió como si de ese momento al ahora hubiesen pasado siglos. Estaba cansado. Las heridas de Scorpius tenían diferentes grados de complicación, unos eran golpes, otros, como en el recto, eran desgarres, sinembargo sabía que la herida más profunda estaba en su mente. Blaise había intentado tranquilizarlo y le dejó indicaciones a los elfos para que le dieran pociones tranquilizantes cada ocho horas.

Había estado bajo un miedo, un estrés y una humillación enormes, sí, la humillación podía sonar como cualquier cosa, algo superfluo y vanal, pero para un Malfoy familia cuya razón de vivir consiste en imagen, orgullo y tradición era algo de dimensiones catastróficas.

Decidió dormirse un poco.

Pansy regresó horas después de confabular en la sala de juegos y lo miró mientras se quitaba los guantes blancos de algodón que llevaba. Seguro se los había dado Draco, pues en la sala de juegos hacía algo de frio.

— ¿Y? —Preguntó al ver la expresión seria de Pansy.

— El mes que viene hay un baile de sociedad que dan los Bagnold. —Fue todo lo que dijo, no necesitaba saber más. Ella se desvistió y sacó un camisón de seda color lavanda para dormir.

— ¿No vamos a bajar a cena? —Le preguntó Blaise a su esposa.

— Le pedí a los elfos que subieran la cena, pero si tu quieres puedes bajar, Theo va a quedarse, Greg por otro lado tiene que irse, es hora de abrir el local.

Blaise le abrazó por la espalda cuando ella se acostó.

— No te metas en problemas cabecita de hilo. —Ella sonrió y se dio la vuelta para mirarlo de frente.

— De todos los simpatizantes de la pureza de la sangre me tuve que casar con el que decidió jurar nunca hacer daño.

— Alguien tiene que mantener dar el ejemplo a los hijos. — Dijo el moreno acariciando el rostro de su esposa.

— ¿Cómo está? He ido a verlo, pero está dormido.

— Su cuerpo está bien, sus emociones…tendrá que trabajar en recuperarse. Ellos se abrazaron y Pansy se quedó dormida antes de que llegaran los elfos con la cena.

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Draco se sentó frente al fuego en su habitación con una copa de coñac en la mano. Vio las llama arder, escuchó a la madera tronar, sintió todo el calor. Estaba extrañamente tranquilo, porque estaba extrañamente vacío.

— La última vez que te vi haciendo esa cara fue hace más de 25 años. —Le dijo el retrato que estaba sobre la chimenea. Era el retrato de Astoria y parecía preocupada.

Draco levantó la mirada. Había olvidado que estaba ahí. Tenía tantas cosas en la cabeza…

— Hola amor. —Le dijo con una ligera sonrisa.

Ella ladeó la cabeza sonriente.

— Estás ocultándome algo.

Él sonrió.

— Lo siento no quiero angustiarte.

— Rompiste conmigo hace un tiempo, no puedes romperme más el corazón. — Dijo ella aún sonriendo. Draco le había contado muchas cosas sobre Lily en aquellos momentos de soledad cuando no podían verse durante las vacaciones anteriores.

— Digamos que han pasado algunas cosas complicadas, pero las solucionaré.

Ella enfocó la mirada, pero no dijo nada. Sabía que Draco siempre ocultaba información cuando era necesario, siempre había sido así, no era por temas de confianza, pero sabía lo bonita que era la ignorancia y se sentó en la silla que estaba pintada junto con ella.

— ¿Quieres charlar un poco?

Draco sonrió y se acomodó en el sofá.

— ¿Qué quieres que te cuente?

Ella se llevó un dedo a la barbilla y miró hacia arriba pensando bien en lo que iba a decir. Después sonrió ampliamente.

— Cuéntame sobre tu experimento con las flores de luna llena.

Entonces empezó a hablar, mantenía a Astoria al corriente de todos sus experimentos aunque estaba muerta, el experimento e investigación de flores de luna roja era sobre una extraña planta descubierta en Borneo hace dos años, llevaba su nombre porque sólo abría sus botones durante esa noche y Draco se había obsesionado con ella porque detenía el sangrado interno, que fue el último síntoma que presentó la enfermedad de Astoria.

Astoria siempre sintió una profunda admiración por su esposo, que jamás, ni muerta ella dejó de investigar la cura, no sólo porque la amaba, sino porque su tanto su hijo como sus descendientes ahora estaban en peligro de heredar la enfermedad.

Era tan decidido. Tan cabezota, nunca se rendía, si tan sólo de joven hubiese usado esa inteligencia para huir no hubiese quedado marcado y no se hubiese tenido que conformar con la agotadora vida detrás de los libros de cuentas, sino que se hubiese dedicado a la investigación de pociones curativas, quizá hasta medimago. Pero la sociedad jamás le dio la oportunidad, para muchos seguía siendo un mortifago.

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Theo llegó a su casa en un barrio muggle bastante bonito, las casas eran todas blancas pero los diseños eran muy diferentes, unas eran estilo colonial, otras con estilos neoclásico, otras eran muy modernistas, pero todas eran blancas con amplios jardines sin vallas altas.

Su esposa estaba lavando los trastos de la cena, no le gustaba dejarle a los elfos todo el trabajo a pesar de que esto ponía de nervios a los dos elfos que vivían en aquella casa.

— Hola preciosa. —Le dijo con una sonrisa desde la barra.

Ella volteó a verlo y luego siguió lavando.

— Hasta que te apareces. —Literalmente hablando, claro.

— ¿Estás enojada? —Ella respiró profundo.

— Claro que estoy enojada Theo, tus hijos llegaron a casa muy emocionados porque por fin iban a verte y tú no te apareces en todo el día.

— Lo siento. — Theo se acercó a su esposa y le besó. — Intenté llegar temprano, pero algo bastante grave se atravesó. ¿Y los niños?

— Ana salió y Ferdinand está en su cuarto.

— ¿Salió?

— Sí, la invitó el chico griego.

El chico griego era el hijo de unos empresarios migrantes que llegaron a Inglaterra tras la bancarrota griega, se llamaba Pavlos pero Belle jamás había podido pronunciar su nombre, siempre le salía algo así como Pavulos o Plavos así que le llamaba chico griego.

— Has dejado salir a mi hijita salir con ese atractivo hombre griego ¿Es que no piensas? Se puede propasar con mi bebé. — Dijo fingidamente ofendido. Para ser un muggle Pavlos estaba bastante bien educado y su familia tenía dinero, ergo, no le molestaba para nada que se fijara en ella, además tenía consigo una varita no registrada y su anillo de los Nott funcionaba también como localizador.

— Bueno, hubiera dicho que no, pero ella quería ir y como no estabas tú para defender su honor pues decidí dejarla ir para hacerte enojar cuando regresaras. — Ella terminó de lavar los platos y después le ofreció pudín a Theo. Hoy ha venido Geraldine a hacer la última revisión del manuscrito.

— ¿Y qué te dijo? — Preguntó Theo buscando en el refrigerador café frio pues su lengua no aguantaba tomar las cosas calientes así que Belle refrigeraba los tés y los cafés para que Theo los pudiese beber.

— Dijo que había quedado perfecto con los últimos cambios, así que lo llevará a la editorial pasado mañana.

— Ya…se sirvió café y miró a su esposa que limpiaba la mesa.

Belle era contadora publica de profesión, pero nunca había ejercido, actualmente era escritora, se habían conocido en un bar quince años atrás, platicaron mucho, y se habían encamado en el hotel delfín. Entonces ella había decidido huir en la madrugada, dejando a Theo desnudo y ebrio.

Pero siendo como era Theo, quien pasaba siempre de enamorarse de las chicas y que por primera vez estaba tan ebrio como para olvidar que ÉL era el que tenía que huir de madrugada se sorprendió, y se enfadó, porqué nadie dejaba a Theo Nott abandonado en pelotas.

Así que después de una semana la fue a buscar a una librería donde sabía que ella trabajaba y decidió comprar un libro todos los días hasta que ella accedió a salir con él.

Su padre no podía decir nada, estaba en prisión. La familia de ella vivía en Belfast y sabían del carácter serio de su hija, por ello se sorprendieron cuando ella envió invitaciones de boda sólo tres meses después de haberlo conocido. No fue una gran boda y sólo asistió la familia de ella. Él dijo que no tenía familia y que sus amigos no estaban en el país.

No lo dejó aunque él le pidió que sus hijos no llevaran su apellido, por su puesto estuvo a punto de hacerlo, pues sospechaba que se había vuelto la segunda mujer de un magnate o algo parecido pues le había comprado una hermosa residencia que costaba bastantes libras. Lo iba a dejar, hasta que un día, estando en la casa de él, precisamente para pedirle el divorcio, un chico gordinflón salió de la chimenea buscando a Theo.

Ella se asustó tanto que gritó histéricamente hasta que apareció Theo. Theo miró a Belle, quien estaba embarazada de su primer hijo, después miró al gordinflón y suspiró. Le dio un pastel a Greg y procedió a explicarle que era un mago y le contó del mundo fantástico de donde provenía, y entonces ella le entendió, y entendió muchas cosas, como por ejemplo que aunque la casa de él fuera lujosa no tenía luz eléctrica, el que se alumbrara con velas para escribir con plumas de ave, y que en casa siempre vistiera como si hubiese salido de la edad media con largas túnicas.

Después arregló asuntos con el gordinflón, estando ambos en la cama le contó porque no quería que su bebé llevara su apellido. Le dijo que era por su seguridad y por la de su bebé, ya que él no era muy querido en el mundo mágico por los crímenes de sus familiares y amigos, también fue honesto al decirle en qué consistía su trabajo y que entendía perfectamente sí ya no quería ser su esposa, pero le rogó que no le alejara de su hijo nonato, que le daría todo el dinero del mundo si quería.

Pero ella no quería nada de eso. Ella sólo quería lo que ya le estaba dando. Honestidad.

Al principio se sentía triste de llevar esa vida pues él dejó de vivir con ella cuando sus dos bebés entraron al jardín de infantes, pero luego le vio los pros, casi nunca discutían, él era un proveedor muy cumplido e iba a ver a su bebé todas las tardes hasta que anochecía y le había dado dos elfos domésticos para que ella no se viera presionada por ser madre y trabajar al mismo tiempo. Todo era una maldita y deliciosamente sexual miel sobre hojuelas. Era una especie de matrimonio abierto, porque él le había dado permiso de salir con alguien más siempre y cuando no lo metiera a su casa por respeto a los niños y a los elfos, pero ella nunca buscó a alguien más y es que con Theo tenía salidas al cine, ropa bonita y sexo dos o tres días a la semana. No quería nada más. No quería a nadie más porque además era endemoniadamente carismático y misterioso.

Conoció a sus amigos, Greg y Millicent, quienes se casaron un año más tarde, fue a la primera boda mágica a la que asistió. En ella platicó con Draco y Astoria quienes llevaban un matrimonio de pocos años pero que a Belle siempre le pareció rara porque él era francamente machista, ella no trabajaba y parecía una muñeca de adorno mientras él la paseaba del brazo de un lado a otro saludando a la gente. Sabía que no debía juzgarla y Theo le dijo que no le agradaba que juzgara a mujeres como Astoria porque sí Theo se hubiera casado con ella bajo la ley mágica posiblemente ella hubiese sido relegada a asumir el mismo papel, entonces le contó de las largas tradiciones patriarcales a las que estaban sujetas las familias a las que él llamaba "parte de los sagrados veintiocho" de las que tanto Greg, Draco y Theo formaban parte.

Blaise, el único chico de color del grupo era medimago, y había estudiado en Italia, era tranquilo, pero tenía una sonrisa burlona muy fastidiosa. En cuanto a Pansy, como última heredera de los Parkinson tenía el deber de trabajar y con su abollada fortuna conseguir sacar a su apellido del lodo, era una mujer enérgica y un tanto loca, además de que parecía muy cariñosa con los hombres, especialmente con Draco y al parecer eso a Astoria no le molestaba.

En una reunión le preguntó porqué y la castaña pareció haberse dado cuenta apenas de que su esposo y la chica estaban bailando tango apasionadamente, después se rio.

— Él no haría eso.

— ¿Cómo puedes estar segura?

— Para los magos educados como nosotros es más fácil matar a una persona que deshonrar los votos matrimoniales. Además, Pansy está loquita por Blaise.

Belle le miró extrañada.

— ¿Blaise? pero si Blaise no le habla casi. Y ella tampoco no le habla a Blaise.

— Porque ninguno está listo, se gustan, pero ambos están enfocados en su carrera profesional, el amor es maravilloso, pero Pansy y Blaise tienen demasiadas preocupaciones propias como para preocuparse por un romance, sin embargo estoy segura de que cuando los dos estén listos habrá una nueva boda.

Astoria apenas vivió lo suficiente para ver la boda de su mejor amigo 10 años después pero no para ver a sus bebés unos preciosos gemelitos color café con leche.

El día de la muerte de Astoria conoció muchas caras diferentes de Theo y de los amigos de su esposo.

Blaise se había casado para darle una alegría tres días después la castaña murió. Ese día llovió a cantaros.

Pansy también era amiga de Astoria aunque a lo lejos no parecía serlo tanto pues siempre mantenía la distancia por ideas políticas salió al jardín y se puso a llorar bajo la lluvia como si se le hubiese muerto una hermana, con alaridos que destrozaban el alma, llenando su vestido y sus hermosos tacones de lod.

Belle no sabía bien que hacer. Blaise parecía ido y Draco se había encerrado en su dolor destrozando la habitación, arrojando sillas y adornos. Theo se había ido a cuidar a Scorpius, quien se había asustado al ver a su padre así, Millicent había hecho lo mismo con los suyos y con los propios y los señores Malfoy salieron a hacer todos los preparativos para el funeral.

Gregory, lloroso, tan torpe y tan inocente como sólo él lo podía ser, avanzó lentamente bajo la lluvia. Se sacó su saco y se lo puso en los hombros a su amiga, tirada de rodillas esperando con ella bajo la lluvia.

Belle sólo pudo ir a la cocina y preparar chocolate caliente. No sabía bien como interactuar en ese mundo, los elfos de la mansión Malfoy casi se arrancaron las orejas al ver a una invitada preparando bocadillos asustándose mucho cuando al mover el agua de una parrilla se la tiró encima. Los Malfoy apenas le toleraban por ser esposa de Theo pero Pansy ni siquiera le hablaba, ¿Cómo decirle algo para que se sintiera mejor?

Cuando regresó a la salita donde estaban Blaise y Draco. A ambos les sirvió chocolate. Ninguno de los dos lo tocó. Entonces Greg entró con Pansy en brazos, y la depositó en uno de los sofás, ambos temblaban de frio y Belle le ofreció Chocolate a Greg, él tomó uno y se lo llevó a Pansy.

Ella permaneció así unos minutos más hasta que Greg se levantó y le pidió a Belle que llevara a Pansy a tomar una ducha pues se enfermaría. Belle fue hasta la chica y le obligó a levantarse.

Estuvieron en casa de los Malfoy por cerca de una semana, y todos parecían estar en estado zombie, Greg, Millicent y Belle se encargaron de todo durante esa semana pues Theo ayudaba al señor Malfoy con los asuntos de la empresa y tanto Blaise, Pansy y Draco no se veían bien. Cuando todo acabó estando a punto de irse. Pansy la sujetó del brazo, miraba apenada hacia el suelo.

— Gracias. Gracias por todo lo que has hecho por nosotros. —Dijo bajito.

— De nada.

Theo abrazó a Pansy y tras un beso en ambas mejillas el matrimonio Nott se retiró de la casa.

— Cuida de Draco cabecita de hilo. —Le dijo cariñoso.