Drapple y le Shadow maker

Lily recibió la primera lechuza del verano después de una semana. Casi pensó que no iba a llegar pues durante los otros periodos de vacaciones Draco no había sido ni tardo ni perezoso para enviar sus lechuzas y quedar.

Cuando llegó al hotel por su cuenta Draco estaba mirando hacia la ciudad desde el enorme ventanal. Le gustaba hacer eso, se sentía enorme y todo lo demás era pequeño, a su disposición. Normalmente calculaba fríamente cómo conquistar el mundo sin derramar una gota de sangre, pero en ese momento estaba diferente. Había una tormenta tras sus ojos, también había ojeras debajo de ellos. Mudo y ausente sostenía un vaso medio lleno con un líquido ambarino verdoso. Pensó que tal vez se trataba de algún tipo de bebida alcohólica pero cuando volteó a verla le sonrió y le dio un besito dejándole un sabor a refresco de manzana verde en los labios.

Drapple. Un producto de la casa Malfoy.

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Draco le decía que estaba muy ocupado con el trabajo y Lily a veces no sabía si creerle, habían pasado cerca de tres semanas y sólo se habían visto cuatro veces. Sabía que trabajaba mucho, pero siempre lo había hecho y de alguna forma se las arreglaba para verla ¿Acaso ya no la quería?

Lily se miró al espejo, estaba preciosa. ¿Sería eso suficiente para Draco? Ya estaban a mitad de las vacaciones y él la iba a llevar al teatro y después al hotel. Pero estaba preocupada. Su Draco ya no era el mismo de siempre.

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Draco estaba exhausto pero el fin justificaba el cansancio. Sonrió al ver a Greg volver a su forma original.

Eso fue extraño. Le dijo el grandulón en medio del circulo blanco hecho de ceniza de freno.

Bueno, al menos tu puedes volver a ser tú con todo y ropa. Se quejó Pansy quien pocos minutos antes había vuelto su cuerpo a la normalidad. Ella llevaba sólo una sábana encima, pero ninguno de los chicos lo tomaba en cuenta. Años atrás ella se había vuelto sólo otro de los chicos. Draco supuso que era porque eran casi hermanos.

Theo se observaba frente a un espejo de cuerpo completo. Su aspecto era bueno, Theo era un metamorfomago (no registrado por supuesto) se veía joven e incluso frágil. Estaba claro que iba a caer. Por lo menos Draco caería.

— Quítame los ojos de encima rubio. Dijo guiñándole el ojo. Draco se rio.

— Lo siento.

— ¡AMO DRACO! ¡AMO DRACO! —Gritó una elfina desesperado apareciendo de pronto.

— ¿Qué sucede Mer? —Preguntó recogiendo algunas cosas del suelo.

— Venga por favor. El joven amo Scorpius no respira. —A Draco se le bajaron los colores del rostro

— ¿Qué le sucede? ¿Dónde está?

— En la piscina, le he sacado Gona del agua, el señor Zabini ya está con él.

Draco tomó a la elfina de los hombros y le pidió que le llevara. La aparición en la casa no estaba permitida ni siquiera para él. Mer asintió y se aparecieron juntos frente a la piscina. Como dijo la elfina su Zabini estaba ahí presionando el pecho de su hijo al tiempo que recitaba un cantico en latín. A su lado una estaba Gona, una de las elfinas encargada de los jardines retorciendo sus orejas.

— Gona hizo todo lo que pudo amo. Gona no sabe cómo el joven amo llegó hasta la piscina. —Draco la quitó de en medio y se acercó a su hijo. Puso las manos sobre las de Blaise, ambos se miraron y asintieron. Comenzaron a cantar la misma letanía en latín mientras presionaban el pecho de Scorpius, algo brilló en el pecho de este, como si tuviera una luz por dentro, se dibujaron sus pulmones bajo la piel con esta luz que subió por su garganta y de pronto Scorpius abrió los ojos y apartó a todos para echarse de lado y comenzar a toser y a echar fuera toda el agua que llevaba dentro. Sus pulmones pedían aire y Scorpius apenas y pudo tomarlo cuando su padre lo estrujó contra su pecho.

— ¿En qué diablos estabas pensando? Tú, idiota, entre todas las cosas. —Entonces Scorpius rompió a llorar dándose cuenta de que su padre también lo hacía.

Al poco tiempo los demás también llegaron.

— Querido ¿Qué pasó? —Preguntó Pansy todavía envuelta en sabana mientras acogía a su marido en sus brazos. Éste respiraba pesado y miraba fijamente a su ahijado agonizante y lloroso retorciéndose en los brazos de su padre preguntando porqué lo habían sacado. Su mirada se oscureció. Sacó su varita y le desmayó. Todos se sorprendieron, pero no dijeron nada. Estaba claro que Blaise no estaba para hacerse de palabras con nadie. Dio indicaciones a los elfos de que llevaran a Scorpius a su habitación, que le cambiaran las ropas y lo acostasen.

Cuando todos se hubieron calmado no sabían si mirarse los unos a los otros. Había demasiadas emociones que dominar dentro de ellos mismos. Desgraciados los Slytherin, aún entre los suyos, aún entre hermanos, aunque se hayan visto ya en el borde de la locura debían mantener sus emociones a raya, ahora más que nunca.

Blaise se sentó en un camastro y Pansy se sentó a su lado. Después de un rato Greg habló.

— Sabíamos que podía pasar…no sería el primero. Es común en este tipo de víctimas, sobre todo en los varones.

Draco desde el suelo negó con la cabeza. Abrazó sus rodillas, todavía no se había podido dominar a sí mismo.

— No fue eso. Los elfos mezclan una poción tranquilizante leve en todas sus comidas. Hemos estado vigilándolo desde entonces. No tiene sentido que a estas alturas…

— Draco para el estrés postraumático no existe tiempo suficiente. Lo sabes bien, maldita sea. —Gritó Blaise callándolo mientras se clavaba las uñas en las rodillas.

— Pero tiene razón Blaise, algo ocurrió, hace nada fui a verlo, estaba bien y ya hace varios días que incrementamos su tiempo a solas, si hubiese querido hacerlo oportunidades no le faltaron ¿Por qué hacerlo ahora? no tiene sentido. —Le discutió Theo.

— El cerebro humano no siempre tiene lógica Theo.

— Como sea voy a verle. Tal vez haya algo en su cuarto que me dé una pista de qué sucedió. —Draco se levantó y Greg, como siempre fue tras él.

Theo, Blaise y Pansy los miraron a lo lejos. Eran tan cercanos los cinco, sobre todo Draco y Blaise, más que nada por Astoria y a la vez había cierta distancia entre ellos, pero no eran como Draco y Greg. No era como si no fueran importantes para Draco, claro que no, Draco daría la vida por cada uno de ellos y viceversa, pero sucedió algo durante la guerra que los había unido más de lo nunca lo estarían con otra persona. Algo extrañamente mudo y etéreo que siempre estaría ahí.

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Draco entró en el cuarto de su hijo, ya en cama seco y cobijado se sentó en la cama y acarició su rostro. Greg se quedó en la entrada, al más puro estilo guardaespaldas para darles espacio.

— Es increíble que la primera persona a la que voy a matar sea un chiquillo que apenas comienza a vivir.

— Es joven pero su alma está torcida no hay nada que hacer Draco, su crimen ha sido atroz.

— ¿Me mirará mi hijo con los mismos ojos?

— Draco, nuestros padres asesinaron y torturaron gente…y la verdad no creo que les quiera menos por ello. —Draco sonrió. Greg tenía razón, el problema era que la personalidad de Scorpius no era ni mínimamente parecida a la suya, se le crio entre cojines y algodones, su corazón era blando. Por primera vez lamentó haberle hecho caso a Astoria con respecto a la educación de su hijo.

— Amo a mi hijo. —Dijo mientras acariciaba su pelo. Se levantó y justo cuando iba cruzando la habitación para salir vio un papel tirado en la alfombra. Un pergamino arrugado con sólo un par de líneas, apenas lo leyó supo por qué su hijo había hecho lo que hizo. Una furia descontrolada lo invadió.

— Greg, olvida el baile. Quiero a ese cabrón muerto ya. — Dijo saliendo con grandes zancadas de la habitación. Es viernes, él va a ese bar todos los viernes.

— ¿Ahora?

— ¡AHORA!

— Pero es riesgoso…

— No me importa. Ve y dile a los otros.

Bajó enojado hasta el despacho de su padre quien estaba llenando un enorme libro de cuentas.

— Voy a salir con los chicos.

— ¿No estás muy grande para pedir permiso?

— Voy a hacerlo esta noche, si nos atrapan cuida de mi hijo.

Lucius sonrió mientras seguía escribiendo.

— Hijo, soy perfectamente consciente de que los Auroes no podrán vencerlos a todos juntos, ya no son adolescentes y puede que Theo o tú no sean los magos más poderosos, pero son los más inteligentes y rastreros. Venga a mi nieto.

— Lo haremos padre.

Lucius lo miró con los ojos brillantes y puso la pluma junto al tintero para después juntar ambas manos y cruzar los dedos.

— Ve con cuidado. Los hechizos de detección de magia negra del ministerio se acaban de renovar la semana pasada en el área de Londres.

— ¿Cómo lo sabes?

— ¿Quién crees que financió el proyecto? No iba a dejar que alguien le hiciera daño a Scorpius mientras viviese en esa ciudad.

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La familia Torres estaba dedicada al cien por ciento a los negocios de importación. Habían salido del país con la subida al poder de Chávez en 1999 pues si bien no les interesaba que sucedía en el mundo muggle, el tipo de ideología de Chávez les olía pobreza a largo plazo.

Con inseguridad la familia había decidió emigrar a la capital del país con el que más negociaban. Inglaterra.

Buena decisión el gobierno de Chavez se volvió de lo más represivo y perjudicial para el comercio, el patriarca de la familia Torres no volvió a pisar su tierra pues tras la muerte de Chávez en el 2013 las cosas se fueron aún más a pique, Maduro era igual o más loco que él y tenía a su pueblo sumido en una miseria que conmovía al resto del mundo e incluso comenzaron a presentarse casos de robos a mano armada por parte de muggles a miembros de comunidad mágica.

Con esto los cuatro hermanos Torres nacieron y crecieron entre Inglaterra y Sudamérica aprendiendo el español como lengua materna. Los tres mayores ya se dedicaban a los negocios, el menor, Alex se acaba de graduar y él quería dedicarse a la política.

En ese momento se preparaba para salir, la noche era joven y le faltaba menos de una semana para entrar a clases en la universidad mágica. Se veía al espejo, se rotaba un poco y sonreía hacia su reflejo. Era buen mozo. De rizos castaños con la piel apiñonada que se bronceaba cada que viajaba a Brasil y con dos enormes ojos verdes. Tenía la nariz perfecta, su mayor orgullo, recta y masculina como la de su padre.

Cuando salió de su casa miró extrañado al árbol que estaba enfrente, había un montón de mariposas amarillas en él. Le pareció extraño pero siguió con su camino, había un antro inusualmente lujoso al que iba cada que decidía salir para levantar las faldas de una que otra mujer.

Una vida pacífica y sencilla. Tomó un taxi y éste le llevó hasta el sitio.

No se dio cuenta de que algunas mariposas le seguían.

Cuando bajó del taxi llegó a su destino fue recibido con por un joven de enormes proporciones que abrió su puerta y le dijo "Buenas noches".

El lugar olía a cigarro y tenía la música muy alta. Él iba a ligar nada más. No le interesaba que fueran muggles, con tal de llevarse a alguien a la cama.

Una chica pequeña le llamó la atención.

Estaba ahí como una princesa bebiendo una bebida de color azul eléctrico en la barra. Llevaba un vestido minúsculo color plateado con zapatos a juego y algunas joyas de plata con esmeraldas. La chica llevaba el cabello largo y ondulado, cabello negro y brillante. Ojos negros como pozos que lo repasaron de arriba abajo. La chica le sonrió tras haberlo escaneado. Eso le gustó, la chica se veía dispuesta. Le gustaban las chicas dispuestas, tenían poca vergüenza, lo que en conclusión significaba que eran sucias en la cama.

Se dirigió a la barra con seguridad, la misma con la que ella lo esperaba. Se sonrieron.

— Alex Torres. —Dijo presentándose después de ofrecerle un saludo de mano. Ella miró su mano y sonrió como si todo lo encontrara muy divertido.

— Galatea. —Le respondió recibiendo el saludo.

— ¿Sólo Galatea? — El alzó su ceja entre extrañado y divertido.

— Sólo esta noche. — Le dijo terminando su copa. Alex sintió un flechazo.

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— Repíteme que hacemos aquí. ¿No se supone que vamos a hacer algo absolutamente terrible? —Le dijo irritado el moreno al rubio mientras éste colocaba una botella de whiskey en la cesta. Estaban en el callejón Diagon, en Melanie´s, una tienda de cocina gourmet que tenía una enorme selección de vinos y licores.

Draco le sonrió.

— Te lo dije, necesitaba una coartada. —Tomó otra botella. —¿Has probado esta?

— Ni siquiera te gusta el whiskey.

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Alex no era un tipo decente así que no le importó estar en un taxi. Comenzó a besar el cuello de Galatea mientras sus manos se metían debajo de su diminuto vestido. Le gustaba como ella gemía y suspiraba. Era una completa desvergonzada.

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— Deberías llevarle algo a Pansy. —Dijo tomando tres bolsas de botana hecha a base de cacahuate y colocándolas frente a la cajera quién miró a Blaise dirigiéndole una cortés sonrisa.

— Tu padre es alérgico al maní.

— A él le llevo pasitas cubiertas de chocolate.

— Es MUCHA azúcar para un mago de su edad.

— Tiene sesenta y siete años Blaise, comenzará a preocuparse por el azúcar cuando llegué a los 100 o 115 años.

— Lo digo por su peso.

— ¿Estás llamando a mi padre gordo? —Se fingió ofendido pues su padre seguía siendo tan esbelto como siempre.

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Galatea se desnudó dejando caer el pequeño vestido plateado al suelo. Alex sentado en la cama disfrutaba de la vista no podía evitar sonreír atontado tanto por la belleza como por el alcohol. Se había sacado la lotería con aquella chica. Llevaba sólo unas pequeñas pantaletas color verde. Ella se sentó de rodillas sobre su regazo colocando sus piernas en ambos lados y dejó que el chico le pasara las manos encima. Dejándose hacer pero sin quedarse quieta ella también procedió a quitarle la ropa.

Se acariciaban y de decían cosas sucias al oído. Alex estaba muy distraído como para prestar atención a su alrededor. No vio como el vestido de la chica comenzó a convertirse en un montón de partículas de polvo ni como unas cuantas mariposas se pegaron a su ventana.

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Draco había arrastrado a Blaise a una joyería con la excusa de buscar un regalo para el cumpleaños de su madre, aunque el moreno no se vio tan amargado como en la tienda de alimentos pues también se acercaba su aniversario con Pansy y no tenía ni idea de que regalarle, cada uno miraba por su lado y si algo les gustaba acudían al otro para pedir segunda opinión.

Blaise vio algo lindo para Pansy, un pequeño anillo de platino con algunos brillantes, nada muy vistoso, a Pansy no le gustaba saturarse. Le gustaban las cosas sencillas pero elegantes. Se acercó a Draco a quién ya le estaban mostrando unos anillos de compromiso.

Blaise se extrañó y se quedó parado en silencio a unos metros. Draco dio su aprobación y pidió uno de los anillos en su medida y otro en una mucho más pequeña. Imposible que fuera la de Narcissa.

También pidió cadenas de platino.

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Se le hizo extraño que estuviera estrecha, pero eso ya no le importaba porque se estaba preocupando por su propio placer. Galatea estaba ahí, montándolo y él gozaba a lo grande ignorante de que los gemidos eran falsos o de que estaban generados más por la incomodidad y el dolor que otra cosa, pero sobre todo de que ella estaba casi completamente seca.

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— ¿Cuándo estarán listos? — Preguntó mientras firmaba el cheque.

— Puede recogerlos el martes. — Le respondió la encargada mientras le entregaba una gargantilla con motivos de serpiente muy Slytherin.

— Gracias. —Dijo Draco dándose la vuelta topándose con un muy serio Blaise.

— ¿Le gustó algo señor Zabini? —Preguntó la encargada con una sonrisa. Blaise dijo que ya había pagado mostrando una bolsita blanca. La mujer asintió y dio las gracias por la compra. Ambos hombres salieron del lugar con pequeñas bolsitas blancas estampadas con el nombre de la joyería y las de la tienda de comida. Caminaron juntos incómodamente durante un largo tramo hasta que Draco se atrevió a hablar.

— ¿Tienes algo que decir Blaise?

— Debería ser yo quien hiciera esa pregunta. — Agregó enojado el morocho. —Draco le miró indignado.

— Estoy siguiendo adelante con mi vida. No tengo porque dar explicaciones a nadie.

— ¿Anillos de compromiso? ¿Así de rápido? ¿Cuánto hace que estás saliendo con esa persona?

— Poco menos del año, pero…no es como si le fuera a pedir matrimonio ya. Estoy esperando el momento adecuado, tal vez dentro de un año o dos. Es sólo que me han gustado y me ha nacido comprarlos ahora.

— ¿Tiene nombre? —Draco le miró de arriba abajo y luego miró hacia otro lado.

— Tiene uno, pero me gustaría guardármelo.

— Esa no es una respuesta.

— Es la única que voy a darte.

— ¿Es una muggle?

— ¿Qué? NO… ¿Cómo se te ocurre?

— Bueno, no se me ocurre otra razón para que la ocultes. Tu padre casi se muere cuando Theo llevó a Belle por primera vez a la casa.

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Alex se sentía morir, el placer era demasiado y después sintió que Galatea comenzaba a asfixiarlo y a montarlo más duro, eso le daba placer. Alex amaba la asfixia erótica. Galatea dejó de gemir falsamente y de un momento a otro sonrió de manera perversa. Después Alex gritó.

Mientras se regodeaba en su placer sintió que algo se le encajaba en el pene, como si le hubiesen clavado espinas. Gritó porque Galatea había dejado en paz su cuello, y luego se levantó provocándole uno de los mayores dolores en la vida a Alex, se lo estaba arrancando, literalmente. Alex sintió algo caliente en su vientre, se llevó las manos a su pene no estaba ahí, no del todo, levantó la mano y vio sangre, su pene… ¡SU MALDITO PENE!

Después miró a Galatea que no quitaba esa maldita sonrisa burlona.

— ¿Quién?... ¿Quién eres? —Preguntó por la voz entre cortada. Ella se rio y abrió ligeramente las piernas de donde manaba sangre cayendo un pedazo de carne manchando la cama.

— La última persona a la que te follaras por el resto de tu vida.

— Pero no te queda mucha. —Dijo la voz de un hombre proveniente de una de las esquinas detrás de ellos, lo que no tenía sentido porque la cama estaba pegada a la pared. Alex levantó la mirada aterrado y se encontró con un hombre que parecía hecho de tierra. Era polvo y aire. Alex gritó aterrado y de repente el hombre se volvió neblina cubriendo la cama.

Galatea se bajó de ella y tomó su verdadera forma. Lo último que vio Alex Torres fue a esa pequeña mujer convertirse en un hombre, un hombre maduro que hizo un hechizo que formó una circulo en el suelo y que luego recitó una letanía en francés. El polvo cubrió su cara y no pudo ver más.

Gritó, gritó mucho antes de que iniciara el verdadero dolor.

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Los aurores del ministerio estaban relativamente aburridos. No tenían mucho trabajo, el mundo se manejaba en una relativa paz. Por eso, cuando sonaron las alarmas de los hechizos de detección el auror Patterson casi se tiró el café encima.

Leonidas Craig, uno de los cuatro aurores Ravenclaw de la orden guarda fue a avisarle a su jefe que las alarmas habían saltado.

— Jefe, el sensor ha saltado en una propiedad de la familia Torres.

Minutos después Harry Potter, rodeado de sus hombres se dirigió al atrio para aparecerse en la escena donde el crimen ese estaba perpetrando.

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Están aquí. Están afuera tratando de pasar mis barreras, son diez. Dijo una mariposa parándose en el hombro de Theo quien estaba finalizando su letanía. Se trasformó otra vez en Galatea y sonrió.

Déjalos pasar, está listo.

Torres gritó aún más cuando sintió que le estaban atravesando con agujas afiladas. Desde fuera todo estaba precioso.

Galatea se rió a carcajadas cuando escuchó:

— ¡DETENTE AHÍ!

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¿Qué estaba pasando? ¿Quién era esa mujer?

Había un chico retorciéndose en la cama y gritando como desesperando.

— ¿Qué estás haciendo? ¡Detente! —Gritó el jefe de aurores.

— El grandísimo Harry Potter…Un gusto conocerlo señor.

— ¡DETENTE TE DIJE! ¡¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO?!

— Lo que se merece por traidor. NADIE TRAICIONA A MI MAESTRO. —Gritó con teatralidad.

Uno de los aurores atacó inmediatamente, el chico en el capullo de polvo estaba a punto de morir, pero su varita se estrelló contra una barrera, había una jodida barrera entre ellos y la mujer que se rió como desquiciada.

— ¿Quién eres? ¿Qué quieres? —Preguntó Harry aporreando la barrera. Tenía que salvar a ese chico.

— ¿Qué quiero? —La mujer desnuda se acercó a él colocando las manos sobre la barrera haciéndola visible por unos segundos. — Yo no quiero nada, sólo estoy siguiendo órdenes de mi señor.

— ¿Quién es tu señor? —Preguntó mientras dos de sus aurores guarda trataban de romper las barreras. Estaban por lograrlo, necesitaban tiempo. Pero el chico no lo tenía, de un momento al otro el chico dejó de gritar y de moverse y la mujer sonrió.

— Mi deber está hecho. — Dijo moviendo la mano, el polvo regresó a ella convirtiéndose en su vestido y esto no lo sabían los aurores, pero el vestido que antes era plateado ahora era rojo.

Harry abrió mucho los ojos, el cadáver ahora era visible, estaba desollado y deshidratado. ¡LE HABÍAN ARRANCADO LA PIEL Y DRENADO LA SANGRE, JODER! Harry arremetió contra la barrera con fuerza, pero esta ni siquiera se movió sacándole otra carcajada a la mujer.

— Escúcheme bien Harry Potter, deberá tener a sus hombres alerta de ahora en adelante, no sé cómo, ni se cuándo, pero mi señor va a romper a pedazos todo por lo que usted ha luchado. — Dijo poniéndose los zapatos y tomando el resto de sus pertenencias tranquilamente mientras los aurores seguían hechizando la barrera.

— ¿QUIÉN ES TU SEÑOR?

Galatea tomó un lápiz labial de su cartera y subió a la cama. Rayó sobre la pared.

"SHADOW MAKER"

El fabricante de sombras.

Le dirigió una última sonrisa a Harry y salió por ventana siendo llevada por una alfombra de mariposas amarillas. Dejando impactados y encerrados a los aurores.

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— Eso ha estado de más. —Se escuchó la voz de Gregory. —¿Quieres que empiecen a buscar por ahí?

— Prefiero que busquen una sombra a que busquen entre los ex convictos Greg. —Le dijo Galatea transformándose de nuevo en Theo.

— A mí me ha parecido un buen toque lo de la pared. Tal vez el señor tenebroso lo hubiese hecho si hubiese sido una mujer coqueta.

— Están como una cabra. — Se quejó de nuevo el vestido.

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— Traje vino. —Dijo Draco cuando entró al comedor. Ahí ya se encontraban sentados sus padres y sus amigos.

Theo alzó la mano para coger la botella.

— ¿Una noche larga?

— Pero muy productiva. —Dijo el castaño mirando a Scorpius con una gran sonrisa.

Scorpius no sabía ni a que venía, pero Theo tenía una sonrisa pegajosa así que se la devolvió.

— Muy bien. —Dijo sentándose. —Papá, no lo creerás jamás, pero Blaise dijo que estabas engordando.

— ¡Yo no dije eso! —Y todos se empezaron a reír.

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Reviews:

Christince C: Espero que te haya gustado mucho Christine, gracias por tu review.