¿Y ahora?

Para saber qué pasó con Scorpius leer el capítulo 10 de Loving Albus

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Draco tenía una vez más una tormenta en los ojos. Sus padres podían verla venir. Él sentado en la salita con un vaso lleno de Drapple mirando furioso a la nada.

Lucius y Narcisa estaban de pie esperando por sus palabras. No había dicho nada desde hacía horas.

— No puedes enojarte con los elfos Draco, ellos hicieron lo que pudieron. —Su madre rompió el silencio esperando que su hijo respondiera, cosa que hizo.

— No estoy enojado con los elfos. Estoy enojado conmigo. Todo es mi culpa.

— No es culpa de nadie más que la de ese chiquillo que está muerto. —Dijo su padre.

— No es cierto. Yo estaba ahí, en su escuela y no lo pude proteger.

— Hijo mío, si algo sé, es de culpas. Veo el más grande de mis errores cada vez que me miro al espejo.

— Tu padre tiene razón Draco no podemos echarnos la culpa. Es algo que no estaba en nuestras manos, ahora sólo queda ir hacia adelante, no hay más.

— ¿Y qué se supone que haré mientras tanto? ¿Ver cómo se destruye poco a poco? ¿Ayudarle a matarse?

— Lo más sencillo es un obliviate. —Dijo su madre. —Pero sabes bien que no es el único problema de Scorpius.

— ¿Entonces qué hago?

— Lo mismo que hicimos tu padre y yo. —Draco se les quedó viendo a sus padres tratando de comprender.

— No…—dijo con la cara desencajada. — No le voy a hacer eso.

— Es lo mejor Draco, a ti te ayudo mucho.

— ¡Era un infierno!

— Pero saliste de él por tus propios pies Draco, mírate, estás al borde de un colapso nervioso y no has tocado una gota del alcohol y eso nos hace sentir orgullosos. Draco, Scorpius estará bien, le ayudarán, justo como hicieron contigo. Piénsalo, Astoria diría que sí.

Draco miró a su madre, tenía el labio temblando y comenzó a llorar en sus brazos.

— Mamá, él no va a perdonarme nunca. Ya me odia por tenerlo aquí encerrado si lo llevó ahí…

— Lo hará, tú lo hiciste.

Draco posiblemente estaba frente a una de las decisiones más de su vida. Llamó a los elfos y Mer se puso a hacer las maletas con tristeza mientras los demás se encargaban de acicalar el cuerpo de su joven amo.

Su padre, acompañado del fantasma Lucy llevaba un folder con papeles falsos. La documentación falsa que Scorpius necesitaría en el mundo muggle.

Una vez listo, Draco llevó flotando a Scorpius hasta la entrada donde esperaba una limosina jeep, subió a su hijo, a las maletas y a sí mismo a la parte de atrás. No necesitaba conductor, su magia encendió el auto fue el apoyo de su hijo hasta que llegaron a un pueblito. Un pintoresco, antiguo y pequeño pueblo con no más de 350 habitantes. La limosina desentonaba y a la vez no. El lugar era elegante pero no tan nuevo y casi al final del pueblo la limosina se detuvo. Se bajó del automóvil dejando a su hijo dentro y lo selló para que nadie pudiera abrirlo.

Se trataba de una casa muy grande, se veía como se veían las casas en los cuentos de hadas medievales de los muggles. Había bastante luz y Draco pudo notar que él lugar no había cambiado nada desde hacía ya 25 años, todo parecía igual de limpio y tranquilo.

Entró al lugar y los colores maderosos le entraron a los ojos como agujas, todo era tan cálido, tonos otoñales en suelo y pared. Parecía la jodida sala común de los Hufflepuffs.

— Disculpe ¿Necesita algo? —Preguntó una chica vestida con un impoluto traje de enfermera, llevaba varias carpetas en los brazos. Era delgadita, de rostro equilibrado y de cabellos oscuros recogidos bajo la cofia de enfermera Draco le sonrió.

— Sí, estaba buscando a la Doctora Dolores Elizabeth Baker.

— ¿Tiene una cita?

— No, pero soy un antiguo paciente de la clínica y quiero internar aquí a mi hijo.

La chica le miró y Draco le tendió el folder con la información. La chica, cuyo gafete de identificación decía Naomi lo leyó rápidamente.

— Ciertamente es un caso muy grave. — Dijo. —Iré a buscarla. ¿Cuál es su nombre?

— Lucas Black. —La chica miró al hombre, el expediente médico era de su hijo, pero el niño se apellidaba Green, después miró el apellido materno y vio que también era Green, así que supuso que era un hijo fuera de matrimonio, no reconocido o tal vez la madre era una feminista que afirmaba no necesitaba de un hombre para criar a su hijo o alguna cosa así.

— Espere aquí señor Black.

Draco asintió y la enfermera se fue llevando consigo los papeles. Volvió cinco minutos después acompañado de una mujer a la que no habían derribado los años.

— ¡Lucas! —Gritó la mujer antes de abrazarlo. —Creí haberte dicho que no quería volver a verte en esta clínica nunca más.

— Yo tampoco tenía ganas de regresar. — Dijo devolviendo el abrazo muy fuertemente.

— Mírate. —Dijo la mujer. — Te has convertido en un adulto guapísimo

— Tú también estás guapa.

— ¿Tus padres no están aquí?

— No, solo hemos venido aquí mi hijo y yo. Él está en el auto. Dormido, lo he traído sedado.

— Lucas…

— Ha sido un accidente. Necesito que me digas que hay un lugar en tu clínica. Por favor.

— Claro Lucas, con gusto lo atenderé, pero primero instalémoslo en una habitación. Mandaré a unos enfermeros por él. Naomi. Avisa a alguien que vaya por el chico al automóvil con una camilla y a otro que se traiga el equipaje, asígnale una de las habitaciones del cuarto piso.

— Sí, doctora.

— ¿Cuarto piso?

— Les pusimos barrotes. —Dijo con una sonrisa. En cuanto la enfermera se dio la vuelta Draco hizo un gesto con la mano que levantó el sello de la limosina. La mujer le sonrió.

— ¿Tu hijo tiene la misma habilidad para la magia sin varita, Draco? — Preguntó caminando hacia un pasillo repleto de puertas, cada una llevaba hacia un despacho diferente para distintos especialistas.

— ¿Sigues sin admitir mascotas?

— Ni lechuzas, ni personas con trastornos alimenticios o esquizofrénicos.

— Entonces no debo estar aquí, juro que he comenzado a escuchar voces.

— Se llama consciencia Draco, deberías escucharla más a menudo. —Ambos sonrieron y al fin llegaron a la oficina de Elizabeth. Un escritorio con tres sillas, una detrás y dos delante, un librero, una maceta, adornos varios, un diván y la respectiva silla del terapeuta era todo lo que había y necesitaba. Draco se sentó en una de las sillas frente al escritorio y la doctora tomó su lugar tras de este revisando más a fondo el expediente. —Tu padre es un maravilloso falsificador de documentos.

— Y ladrón de identidades…y evasor del fisco. Pero todo ahí es real salvo su nombre, dirección y edad.

— ¿Cuál es su verdadero nombre?

— Scorpius Hyperion Malfoy.

— ¿De dónde ha salido el Green?

— Greengrass era el apellido de soltera de mi esposa.

— Ya veo, por lo tanto el trato de tu hijo debe ser completamente confidencial…Draco, éste chico está muy mal. — Dijo mirando los papeles. — Víctima de violación, un intento de suicidio, alcoholismo…¿Hay algo más que deba saber?

— Es solitario…y probablemente esa es mi culpa, no le dejaba salir nunca de casa. Por seguridad. Después, bueno, mi esposa falleció cuando él tenía trece años…no ha tomado muy bien la idea de que quiero seguir con mi vida, desde lo de la violación ha estado en una especie de depresión, duerme todo el día y… también creo que no ha aceptado su homosexualidad.

— ¿Crees?

— No sé qué le pasa, en casa jamás lo hemos condicionado a nada ni hemos dicho nada malo de las parejas del mismo sexo pero él se lo niega.

— ¿Y estás seguro de que lo es?

— Un ochenta por ciento seguro.

— Tal vez esté confundido, de igual manera, lo analizaremos aquí para llegar a una conclusión. ¿Es todo?

— No sé qué más decirte. Estoy muy nervioso por esto. No quería traerlo aquí, no al menos sin explicarle, pero durará dormido al el menos toda la semana.

— ¿Por qué no lo trajiste cuando estuviera despierto?

— No quería hechizar a mi propio hijo para traerlo. No quería lastimarlo o algo. Cuando uno se siente acorralado la magia pierde el control.

— Estará bien, pero no sé si le funcione, para recuperarse la gente deber pedir ayuda por su propio pie.

— A mí también me trajeron a la fuerza.

— Pero tú querías salir del hoyo Draco, tu querías que Astoria dijera "Sí, acepto". Tu hijo seguro que tiene motivos para salir adelante.

— Eso espero. —Dijo Draco relajándose en la silla.

— ¿Quieres hablar de algo Draco? — Draco la miró y entonces volvió a erguirse.

— ¿A cuánto la consulta? — Dijo, provocando la risa de la mujer.

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El miércoles era un buen día. Tenía la mañana libre y el cielo estaba despejado. Lucius y Lucy habían ido a pasear por los terrenos. 10 kilómetros al norte de la mansión había un bosque y mientras que su esposo se dedicaba a pasear ella prefirió enfocarse en responder el correo atrasado.

Encontró una carta que le llenó de felicidad. Una misiva de Chimamanda, que anunciaba su matrimonio con un herbologo británico y que iría a visitarlos. También pidiéndoles asilo las dos semanas pensaba quedarse en suelo británico para la boda.

Contestó de manera rápida y veloz, ni siquiera tuvo que preguntarles a su esposo o a su hijo para darle una respuesta, Chimamanda era una de las sobrinas favoritas de Lucius y la prima favorita de Draco. Era de esas pocas personas que podían sacarle carcajadas a su hijo.

Bueno, no era exactamente una familiar directa. Chimamanda vivía en Sudafrica junto con la rama sudafricana de los Malfoy, no se veían mucho desde que Draco se había casado pues cuidar de Astoria significaba sacrificar las reuniones de Grupo Malfoy International donde se reunían todos los Malfoy del mundo, que tampoco eran tantos. Sólo había cinco Malfoy en el nuevo continente y todos vivían en Manhattan

Narcissa entró a la oficina de su hijo buscándolo, pero no estaba ahí. Quería darle la buena nueva y estaba a punto de irse cuando notó una hoja de papel en el escritorio. Una hoja de papel en un escritorio muggle tal vez no hubiera sido algo de mucha controversia pero se trataba del escritorio de un mago, por lo tanto debía tener pergaminos, no hojas de papel estándar americanas.

Narcissa quiso pasarlo de largo pero no pudo, es que una hoja así no debería estar en casa. Con lentitud y altivez caminó hacia el escritorio y tomó la hoja entre sus delgados y elegantes dedos.

La hoja de papel, una simple hoja blanca de tamaño carta membretada de un banco muggle. Era el estado de cuenta de una tarjeta de crédito. Se le hizo raro porque casi no compraban en el mundo muggle y procedió a leerlo completo.

Entre los gastos nombrados en aquella hoja de papel venía una tienda de ropa, varios restaurantes y…y un hotel. Suite presidencial en el Hotel Delfín.

Sí hubiese sido una esposa encontrando pruebas de la infidelidad de su marido o por lo menos si hubiese sido una mujer espantada, la hoja hubiese temblado entre sus dedos y hubiese cubierto su boca para ahogar un grito dramático. Pero Narcissa era una guerrera, de armas tomar, así que con delicadeza dejó aquél papel en el escritorio, retrocedió un par de pasos y sacó su varita.

Un hechizo no verbal y se abrió el primer cajón del lado derecho del escritorio. De ahí salió flotando una libreta negra de piel hasta la mano de Narcissa. Era una agenda. Si de algo tenía manía Draco era de apuntarlo todo en su agenda y Narcissa esta vez le sacaría provecho. Cerró los ojos y le dio un toque a la agenda. Al quitar su varita de la libreta ésta se abrió y las hojas comenzaron a recorrerse hasta llegar a una de las últimas páginas escritas por una cuidada letra cursiva.

El toque de varita había hecho de buscador, buscó hotel Delfín y le salió algo agendado para dentro de poco menos de quince días.

¿Es que acaso ese mal padre iría a revolcarse con putas mientras su hijo estaba encerrado en una clínica muggle?

Draco la escucharía, la escucharía muy bien, pero le iba a dar un escarmiento enfrente de esa fulana con la que se veía, fuese quién fuese. Seguramente sería alguna de sus secretarías de falda minúscula o alguna pobretona arribista que trabajaba de mesera en algún bar, Theo siempre le llevaba a los peores lugares. Cerró la agenda después de memorizarse bien el lugar y la fecha y la devolvió con magia al escritorio. Se dio una, ni rápida, ni lenta, sino más bien una perfecta vuelta haciendo moverse la parte baja de su vestido y salió del estudio de su hijo pensando en cómo podría averiguar dónde estaba el llamado Hotel Delfín.

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Acostada en su cama con las cortinas del dosel abajo y sólo alumbrada por la luz de una lampara de aceite Lily notó como que estaba inflamada de nuevo, más de lo normal. Había tenido problemas para retener gases durante la tarde, soportando la pesada aura de Suzanne Scott, incluso se tuvo que retirar antes del servicio para poder desahogarse en los baños.

Ataviada solo con su pantalón corto gris y su camiseta de tirantes delgados color negro tomó la capa de invisibilidad y el mapa del merodeador que habían sido suyos desde la graduación de James ya que Albus jamás los utilizó y salió de la torre de Gryffindor.

Sus amigas ya ni siquiera le prestaban atención cuando salía.

Llegó hasta las cocinas y acarició la pera de la pintura que llevaba hacia la sala común de Hufflepuff, tenía que hablar con Thomas, él le escucharía aunque pasara de la media noche y seguro éste se encontraba dormido.

Caminó, como en otras ocasiones, sobre ese piso de madera pulido, la sala común de Hufflepuff no era tan diferente a la de Gryffindor si caminabas a oscuras. Aromas a diferentes plantas nocturnas le llegarón pero no la distrajeron, ella sabía que el lugar estaba lleno de masetas y subió los tres escalones que llevaban hacia las habitaciones, la de Thomas estaba unas cuantas habitaciones antes del final. Acarició cada puerta del lado derecho hasta contar 8 y abrió la puerta del dormitorio que Thomas compartía con otros cuatro chicos.

Uno de los chicos se enderezó en la cama al oír el ruido de la puerta pero al no ver a nadie maldijo balbuceando algo que de que alguien había dejado la puerta mal cerrada y que se había terminado de abrir con el viento.

El chico se paró y casi atropelló a Lily en su brusco movimiento para coger la puerta y cerrarla. Después, se fue a tirar de cara a la cama y se cubrió con sus cobijas amarillas. Lily esperó a que el chico se durmiera y cuando le oyó roncar caminó hasta la cama de Thomas.

Thomas estaba ahí durmiendo, sin deberla ni temerla dormía, como todos los chicos Hufflepuff en esa habitación, con las cortinas del dosel abiertas, como si la privacidad no fuera importante o si no le molestaran los insectos nocturnos en un lugar lleno de plantas. Lily bufó internamente. Con la varita comenzó a bajar las cortinas una a una y luego, con la del lado derecho todavía abierta se sacó la capa de invisibilidad y la tiró al suelo dejando caer el mapa sobre de ella. Entonces se metió en la cama de Thomas, desabrigando al prefecto momentáneamente mientras se introducía bajo las cobijas. Obviamente este movimiento despertó a su castaño amigo.

— ¿Qué diablos..? —Murmuró más dormido que despierto, sin embargo reconoció el perfume del shampoo de su amiga. —¿Lily?

El bulto ya cubierto por las cobijas se acercó a él y le abrazó momentáneamente para después darse la vuelta indicándole a su amigo que quería dormir de cucharita.

— Bien…— Volvió a decir, rendido porque al parecer Lily no quería hablar. Thomas se acercó al bulto y lo abrazó para después descubrir la cabeza de la pelirroja para que ésta pudiera respirar. — No sé qué haces aquí, pero si sientes mi duro pepino pegado a tu muslo por la mañana no te atrevas a culparme.

Se escuchó una risa por parte de la pelirroja y Thomas se acomodó mejor para dormir pero no pudo hacerlo. Había una especie de tensión entre ellos y obviamente no era sexual. Sin embargo no duró mucho porque la chica comenzó a llorar bajito.

— Tom…

— ¿Qué pasa?

— Creo que estoy embarazada.

Los bellos de la espalda se le erizaron y sudó frío.

— ¿Qué hago? — Le preguntó la pelirroja.

— Joder Lily, no sé.

Entonces Thomas comprendió que había pocas cosas quitando la muerte, los accidentes o cualquier otra tragedia, más graves que pudieran salir de la boca de una adolescente que aquella frase.

Ninguno de los dos pudo pegar el ojo hasta pasadas las 3 de la mañana.

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A la mañana siguiente un pelirrojo se asomó a la cama de Thomas y frunció el ceño.

— ¿Qué coño, Heffer? ¿Te has acostado con ella con nosotros aquí?

Thomas más dormido que despierto le arrojó una almohada.

— Vete a la mierda Douglas, no hicimos nada. —Dijo afectado por la luz de la mañana que entraba por las ventanas.

— Como sea. Ya levántense, el desayuno es en media hora. —Le dijo el mismo chico saliendo de la habitación. Los otros compañeros alertados de la presencia de Lily salieron con su ropa entre las manos para vestirse en el pasillo. Eran todos unos dulces caballeros pensó Lily, en Gryffindor seguro que la echaban a ella a gritos por invadir la privacidad de los chicos.

— No quiero ir a clases. —Dijo amodorrada, la desvelada le estaba sentando fatal.

— No podemos, primero tenemos que asegurarnos de…de que estés embarazada Lily o simplemente nos comerá la angustia de no saber.

— ¿Y cómo lo haremos?

— Se supone que tú eres la de las pociones ¿o no? Bastará con un pregna revelio.

— Nunca he hecho una.

— ¿No? ¿Te acostabas con él y nunca te dijo como hacer una pregna revelio?

— Se supone usábamos un método seguro. Y además no es como si viniera en el programa educativo.

— Estoy seguro de que te hizo muchas cosas que no venían en el programa. Igual podemos comprarla en Hongsmeade, hay una botica que ya las vende preparadas. — Dijo él comenzando a cambiarse el pijama por el uniforme. No había vergüenza, ellos ya se habían visto desnudos después de todo. —Saliendo de aquí te acompañaré a la torre de Gryffindor para que te cambies, tienes que coger ropa extra para cambiarte, ropa muggle o así y luego desayunaremos. Al salir del gran comedor nos veremos junto a la entrada del pasadizo que lleva a Hongsmeade, y ahí podemos comprarla.

Lily lo miró desde la cama, vio perfectamente como maquinaba su cabeza mientras de vestía, mientras se ponía los pantalones y no pudo evitar sonreír.

— Tengo algo que decir y algo que preguntar. —Dijo ella levantándose para ponerse las sandalias.

— ¿Qué?

— Que si yo no hubiese sido una tonta me habría encantado seguir siendo tu novia, eres el mejor Thomas y la pregunta es ¿Cómo fue que terminaste en Hufflepuff? Eres inteligente y responsable como un Ravenclaw, eres astuto y calculador como los Slytherin, es decir, mírate, estás haciendo todo un plan mientras te pones la corbata y eres valiente e impulsivo como un Gryffindor ¿Cómo acabaste aquí?

— Eso realmente me suena a eso que creen los Gryffindor de las otras casas, los Hufflepuffs somos geniales. Somos todo eso y más, sólo que no somos unos lucidos como ciertos leones. —Dijo colocándose la túnica del uniforme. —Anda, vamos, tenemos que ir a la torre.

— A esta hora ya casi no hay nadie, como estamos tan lejos del gran comedor tenemos que salir antes.

Se puso la capa y tomó la varita y el mapa.

Thomas abrió la puerta y ya no había casi gente, ni en el pasillo ni en la sala común así que no tuvieron que tener mucho cuidado para cruzarla. Lo bueno de estar en una escuela tan grande es que no había congestión en los pasillos.

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Draco estaba sentado tomando el desayuno por la mañana. El día estaba despejado y tenía ganas de ir a volar en el Pegaso que le había encargado a Theo, importado de Grecia. Un Pegaso, Theo le había escrito una carta con su, por el momento, única mano avisando que había llegado. Pensó que no había noticia que le pusiera de mejor humor hasta que de repente su madre le soltó una bomba.

Chima.

Su prima Chimamanda iba a contraer nupcias en Gran Bretaña con un famoso herbologo.

Se sintió muy feliz, sobre todo porque Chima iba a quedarse en Malfoy Manor un par de semanas mientras organizaban la boda.

Chima había sido una muy buena compañera de juegos, su personalidad era una extraña fusión entre la de Theo y Pansy y por lo tanto era hilarante.

Además estaba agradecido con ella porque le ayudó a conseguir las flores de luna roja, que eran muy escasas por pertenecer a una zona virgen de Borneo llena de bichos gigantes.

Su día no pudo haber sido mejor.

Ni se dio cuenta de que su madre le estaba hablando sólo lo necesario.

Lucius, para evitar problemas se hizo el desentendido.

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Lily le hacía una magnifica competencia a Mirtle la llorona. Estaba sentada en el baño de chicas del tercer piso y lloraba desconsolada sobre el segundo retrete. Una de sus manos, la derecha, sostenía un matraz circular con un líquido color azul fuerte y con la otra se tapaba la boca para no berrear como si se le estuviese muriendo alguien ahí.

Sentado en el primer retrete estaba Thomas, todo desgarbado y mirando hacia la nada. Había quedado como en una especie de estado de shock.

— Joder Lily… ¿Cómo se lo vas a decir a él? ... ¿CÓMO SE LO VAS A DECIR A TUS PADRES? Merlín bendito. —Preguntó Thomas más al cielo que a Lily pero de todos modos ella comenzó a llorar más fuerte tirando el matraz con la poción para hacer la prueba de embarazo y se cubrió la cara con ambas manos.

¿Qué rayos iba a hacer?

¿Tendría al niño?

¿Draco le aceptaría?

¿Su padre le aceptaría?

Merlín ¿Qué iba a hacer?

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