Desde que vi la película, hace algún tiempo, este personaje se ha quedado rondado por mi cabeza. Podríamos decir que se ha mudado: ha traído su viejo sillón, su casa, qué demonios, se ha traído su finca entera y la ha instalado en un rinconcito de mi mente.
Se sienta fuera, en un banco junto a su casa y espera pacientemente a que empiece a escribirle una historia. Me asomo y le veo. Alto, moreno, delgado (algo demacrado, en realidad), con su cazadora vaquera de forro de borreguito, fumándose un pitillo.
He intentado decirle alguna vez que se busque otro autor, que yo no tengo tiempo, que tal vez empiece y le deje colgado... y, ¡no va el tío y me dice que confía en mí! Así que supongo que tendré que escribirle esa historia, aunque ahora mismo no la tenga muy clara.
Me ve y me saluda con la mano, como diciendo «Eh, sigo aquí, no te olvides de mí, colega». Así que me acerco a hablar con él, a ver si consigo convencerle. Aunque, me temo que mas bien me va a convencer el a mí.
- No te rindes, ¿eh?
- Si conseguí que mis colegas hicieran una torre, también conseguiré que tú escribas una historia - me dice con una sonrisa cómplice.
Me siento junto a él y suspiro.
- Pero, ¿por qué no has empezado todavía? - se queja - Ya escribiste antes, y hasta hubo gente a quien le gustó.
- Aquella historia era algo corto, una escenita que no alteraba el resto de la historia original. La imagine, completa, y después «sólo» tuve que escribirla. Pero si empiezo contigo, voy a cambiar todo el argumento, sé donde empiezo pero no dónde acabo.
- Bah, pero eso ya se te irá ocurriendo. ¿Y por qué dices eso de «sólo» entre comillas?
- Pues porque escribir tiene su dificultad. Te lo imaginas, y te vienen las palabras a la cabeza, y tu piensas «que bien queda eso», y luego cuando vas a escribirlo, ¡desaparece! Y tienes que intentar recordar cómo era eso que te habías imaginado, y al final te sale algo parecido, y es lo que escribes.
- Mmmmm, ya lo pillo... - se queda un momento pensativo - sí, a mí también me resulta sencillo imaginarme cosas... como la torre. Pero no la hice... tan sólo llegué a dibujarla. Antes... antes podría haberla hecho, sí colega, igual que hice esta casa... ya hace muchos años de eso.
- «Si puedes imaginarlo, puedes hacerlo». - interrumpo de repente.
- ¿Y eso?
Ahora soy yo la que se queda pensativa.
- No sé, lo leí en algún sitio.
- Entonces, ¿lo harás?
- ¡Va a ser la única manera de echarte de mi cabeza!
- Estoy aquí porque tú me invitaste. - me dice, más serio.
- Lo sé.
De manera distraída, casi inconscientemente dibuja garabatos en un papel. Le observo atentamente: si voy a escribir sobre él, tendré que esforzarme en conocerle mejor.
- Te gusta dibujar - le digo.
- ¿Esto? Sí, bueno... - parece un poco avergonzado - yo lo hago a mi manera, ¿sabes? No sé dibujar bien.
- Yo tampoco sé escribir «bien».
Sonríe.
- ¿Y qué te llamó la atención de la película, para imaginarte una historia?
- Tu hermano.
- ¿Berto?
- Me atraen los personajes secundarios, las historias no contadas. Me atrajo aquel chico que abrazaba a la urna que guardaba las cenizas de su hermano.
Se revuelve en su asiento y baja la mirada, incómodo, mientras se lleva el cigarrillo a los labios.
- Siendo un personaje muy pequeño y, en cierto modo, antagonista, consigue que empatices con el, que comprendas por qué actúa como lo hace...
- Ya, bueno, verás... mis colegas, pues... al fin y al cabo una panda de desgraciaos, igual que yo - le da otra calada al cigarrillo - Mi hermano... mi hermano es la persona más noble y buena que he conocido en mi vida ¿Viste cómo hizo todo lo que le pedí? Yo sabía que podía confiar en él.
- Y estabas tú también. Decías que no te importaba irte, pero a mí me sonaba a todo lo contrario. A que te dejabas muchas cosas por hacer, y no me refiero precisamente a una torre.
- Entonces, ¿no va a haber torre?
- No creo.
- ¿Y cómo vamos a ver las cosas desde arriba?
Me quedo un rato pensando la respuesta.
- Mira a tu alrededor, aquí hay unas montañas estupendas para eso.
Parece que le convence.
- Pero harás volver a Cundo, ¿verdad?
- A ver qué se me ocurre para eso.
Nos quedamos callados un rato.
- Me imaginaste una vida... cuando ya no tenia ganas de vivir. ¿Entiendes por qué sigo aquí? De repente, tenía algo que había perdido... esperanza. ¿Sabes lo que es vivir sin esperanza? - sacude la cabeza, como queriendo espantar los malos pensamientos - No, mejor que no lo sepas.
Tira el cigarrillo ya consumido, lo pisa y me mira.
- ¡Bueno! ¿Cuándo empezamos?
