Capítulo II

—Nadie, absolutamente nadie— continuó explicando Rai con un gesto apenado— se merece la muerte que el pobre Snuffy tuvo la desgracia de sufrir. Para evitar rumores e historias, se dijo que Snuffy había muerto en cama debido a su edad. Ojalá hubiera sido tan sencillo.

»Los más jóvenes quizás no recordéis bien quien era. Snuffy era un anciano amistoso y rechoncho que llevaba en Discorde desde antes de que se formara. Cuando el rey Lynx reclamó las tierras para sí, el viejo sencillamente se encogió de hombros y ayudó a formar el reino. Junto al letrado Carlos y la sabiduría de Snuffy, Lynx pronto alzó una próspera ciudad. Por la ayuda prestada, a Snuffy se le condecoró como juez inquisidor junto a Arnold, aunque, como os he contado antes, no cumplía las funciones de uno. Snuffy era todo lo contrario a Arnold: mientras que uno era grande, corpulento, achuchable y cordial; el otro era enjuto, raquítico y frío como el hielo.

Snuffy estaba muy extraño el día en que murió. Estuvo nervioso todo el día, mirando por el rabillo del ojo a todos lados de manera inquieta, caminando pegado a las paredes, y sumamente irritable. Por la tarde tuvo una audiencia con la reina Geek y sus dos doncellas, Kumo y Banshee, nada extraño, pues Su Majestad tenía gran confianza en él. Por la noche, por alguna extraña razón, fue a la capilla rolera del palacio. Snuffy era una de las pocas personas de la corte que eran ateas, y era muy raro que hubiera entrado a rezar. A esas horas, los únicos que estarían en la sala serían el capellán y algunos devotos que estarían terminando de rezar sus oraciones.

Curioso, seguí a Snuffy por los pasillos y me quedé delante de la puerta. Me preguntaba que estaría el anciano haciendo allí dentro cuando escuché un estruendo. Me apresuré a sacar la espada de la vaina y empecé a caminar hacia la puerta. Súbitamente, esta estalló en astillas cuando algo la atravesó a una velocidad sobrehumana y chocó contra mí. Me empujó con tal fuerza que salí volando hacia la pared, me di un golpe en la cabeza y quedé inconsciente. Cuando desperté, aún tenía ese algo que había salido propulsado encima de mí. Cuando intenté sacármelo de encima, me di cuenta de dos cosas. La primera, que no era algo, sino alguien. Y la segunda, el hecho de que ese alguien había muerto ensartado por mi espada al chocar contra mí.

Rai calló, y el silencio se apoderó de la sala. Mirando alrededor, Dust observó las caras de los presentes. Los cuatro fedorados escondían su mirada bajo el ala del sombrero en señal de respeto. Los roleros rezaban una oración que se solía dar a los muertos, Press F to pay respects. Nadie sabía que decir. Y entonces Mogu habló:

—Basta de lamentaciones. Rai, acaba la historia.

—Sí, claro.—dijo el capitán, y reanudó la narración— Tras eso, investigué la zona, pero la capilla estaba vacía. Por mucho que miramos y remiramos, no había nada que incriminase a nadie. El funeral se celebró a la semana siguiente. El rey tuvo entonces la obligación de nombrar a un nuevo consejero. Pero Uber, el sustituto de Snuffy, no era exactamente alguien brillante.

El día después del funeral es cuando creemos que Arnold lanzó la Maldición. Tardó en hacer efecto, y era tan lenta y sutill que no nos dimos cuenta. El distrito Principal y el de Manganime se estaban… marchitando. La gente dejaba de hablar y discutir. Dejaban de comerciar. Pronto dejaron de salir de sus casas. Y para cuando nos dimos cuenta, la ciudad entera se estaba deteniendo. La gente dejó de moverse. El viento paró de soplar. Y entonces Arnold atacó.