Lea tomaba su café junto a un cigarrillo, había dejado ese mal hábito pero durante el último año lo retomo. Dejo salir el humo viendo la llamada entrante de su mejor amiga. Soltó un suspiro antes de contestar.

-Alo – bebió de su café

-Hey, extraña… ¿Cómo estás?-

-Estoy…simplemente bien, gracias por preguntar – dijo un poco desanimada

-¿Cuándo regresas? Todo el equipo de extraña…-

-Ya tengo mi boleto de regreso, solo serán unos días, mamá me ha obligado a pasar tiempo con ellos –

-Vale, te prometo que cuando llegues todos los días nos iremos de fiesta…todo para que estés bien- la animo

-Gracias, pero dudo que aguantes – soltó una ligera risa – además no es la solución, hablamos al rato, te quiero –

-También te quiero morena, besos –

Colgó el teléfono arrojándolo sobre su cama. La habitación permanecía tal cual la había dejado la primera vez que se fue de la casa. Su madre le dijo que siempre seria su habitación y que nadie entraba a ella.

Frente a la cama se encontraba un pequeño escritorio con fotografías de sus amistades y algunos amores pasados. Sonrió al recordar a la chica por la cual moría en el colegio, Camila siempre le dijo que era fea pero para ella era la más linda, el amor era ciego.

Miro el reloj a lado de su cama tenía el tiempo suficiente para darse un baño y encontrarse con uno de sus mejores amigos y ponerse al día.

El clima de Miami era demasiado húmedo a comparación de la Riviera Maya, así que fue lo más fresca a encontrar con su amigo con un bolso sobre su hombro.

-Pequeña Lea – saludo un chico alto con cuerpo de bailarín

-Hola Jonathan – se dieron un abrazo caluroso

-Pero que bien te trata el caribe – la hizo girar la mirarla

-Basta, o voy a creer que cambiaste de acera – lo miro levantando una ceja

-Por ti me lo pensaría, vamos a lo importante – dijo un poco serio

-Directo al grano como siempre – sonrió

Conoció a Jonathan cuando ingreso a sus primeras clases de baile, se hicieron inseparables pero este tuvo que irse a Las Vegas a trabajar, cuando regreso ella se había ido. Pese a la distancia siempre estaban en contacto.

Si no fuera por él y por Camila, hubiera hecho muchas idioteces, ellos son los que la mantienen con los pies en la tierra. Los hermanos que no tuvo.

-Necesito que vayas a este lugar, los días y horas marcadas – le entrego un planeador

-¿Y qué tengo que hacer? – pregunto al ver a su amigo levantarse de la mesa

-Sabrás que hacer, no es tan complicado, además eres la mejor bailarina que conozco – se despidió de su amiga dejándola sola

-Joder – miro a su amigo atravesar la puerta

Llego al lugar que marcaba la hoja, miro la fachada del lugar y se dio cuenta que era un estudio de baile. Su mejor amigo ni tuvo la decencia de decirle a donde iría.

Ingreso a este un poco temerosa, encontrándose con pequeñas corriendo por sus mochilas y madres esperando por ellas.

No podía ser tan mal, pensó.

Un chico rubio llamo su atención

-Hola, ¿Jonathan te envía? –pregunto

-Si, soy Lea – lo saludo

El chico le regreso el saludo y le indico que lo acompañara a la oficina.

-¿Jon te hablo de lo que harás?- la morena negó mirando la oficina – Lo imagine, solo tienes que dar algunas clases a las niñas –

-¿Así de simple? ¿Alguna rutina? –

-No – contesto después de pensarlo un rato – En realidad no tenemos clases planeadas, improvisamos según lo que quieran las pequeñas –

-Perfecto, entonces el lunes vengo para dar la primera clase – sonrió satisfecha

Se despidió del chico, cuando se preparaba para regresar a su casa, vio una figura muy familiar, el mismo color dorado, la misma altura pero sobre todo el mismo trasero.

Cerró los ojos pensando que era su imaginación. Pero no se quedaría con la duda por lo que camino rápido para acercarse a ella.

La chica rubia hablaba por teléfono, no alcanzaba a escuchar que decían. Agradecía que prestara atención a la llamada sino ya hubiera sido descubierta.

Solo esperaba estar en lo correcto sino Camila se lo recordaría por el resto de su vida, claro si se lo llegaba a contar.

La chica se detuvo en un edificio de departamentos nada lindos. Miro atenta a que la chica se girara para mirar su rostro.

De pronto una sonrisa atravesó en su rostro, sabía que ese trasero lo conocía. La había encontrado, estaba en Miami.

Quiso por un momento salir tras ella pero sería demasiado por lo que se controló, ahora sabia donde vivía y tenía un plan que hacer.

Esa noche durmió con una sonrisa, a primera hora le informaría a Camila las noticias, claro omitiendo el acoso que había hecho.

Era lunes y nuevamente Dianna termino lanzando su almohada contra la pared. No había podido dormir nada la noche anterior.

Se levantó a desayunar con la noticia que se habían acabado su cereal y no lo repusieron. Se tapó la cara con las manos frustrada, no quería comenzar el día maldiciendo. Miro la hora, aún tenía tiempo para darse un baño e ir a desayunar antes de ir al trabajo.

Al llegar a su trabajo su jefe le informo que su primera sesión en solitario se atrasaría una semana. Por lo menos no se cancelo.

Durante su horario de trabajo, estaba cansada, la nueva becaria no dejaba de presumir cosas, que seguramente ni eran de ella. Se sintió de nuevo en el colegio con sus compañeras.

Solo quería que ese día terminara pero aún faltaba tiempo.

En una cafetería de Miami, Lea miraba el horario de clases, aún tenía tiempo para su primera clase. Por lo que bebía tranquila su té.

Después de darle la noticia a Camila, ambas estuvieron durante el fin de semana realizando un plan. Ambas concordaron que lo mejor era un encuentro casual.

No podía simplemente pararse en su casa. Porque al final no sabía que la rubia seguía sintiendo algo por ella.

El plan era sencillo a partir de mañana llegaría temprano al edificio donde esperaría a que saliera para seguirla y saber los lugares que frecuentaba para así elegir el mejor para el encuentro.

-Hola, morena, ¿te ofrezco algo más? – pregunto un lindo mesero

-Hola…-miro su placa- Noah, gracias estoy bien – dijo borde

-Lo siento, no quise molestarte- dijo suave – no estoy coqueteando ni mucho menos – le sonrió, Lea levantando una ceja – es verdad, soy gay – susurro solo para que ella escuchara

-Entonces lo siento, los chicos suelen hacer esa jugada cuando quieren mi número – dijo apenada

-No negare que no lo hago, los chicos lindos siempre caen – le guiño un ojo – ¿no te había visto nunca por aquí? –

-No vivo aquí, además no es mi zona, solo vine para hacerle un favor a un amigo – explico

-Espero verte más por estos rumbos…no sé por qué pero ya me caes bien… -

-Lea, soy Lea – se presento

-Me caes muy bien Lea, tengo que regresar al trabajo, cualquier cosa solo dime – le sonrió antes de regresar a su tarea.

Se le había hecho tarde, cuando miro el reloj de su escritorio solo tenía 5 minutos para llegar a su clase de baile. Este día no podía ser peor.

Corrió tan rápido como sus pies le permitían. Entró con la respiración agitada al lugar. Miro a sus compañeras que apenas se estaban alistando por lo que no perdió el tiempo y entro al vestuario.

Se cambió como flash esperando que el maestro sustituto no notara su retraso. Se miró al espejo cuidando que todo estuviera bien.

Al salir no se dio cuenta que había alguien agachado y se lo llevó por delante.

Las niñas rieron por la caída un poco aparatosa.

Definitivamente su día podía ir peor pensó, al pararse y ofrecerle la mano a quien había tirado

-Lo siento mucho, no me di cuenta- dijo penada

Cuando miro a la persona que estaba en el suelo no lo podía creer

-Joder- susurro mirando a los ojos a la otra persona

N/A: Tengo una duda ¿de cuentas palabras se les hace un capítulo corto?

Yo soy lectora de Fanfic y a veces capítulos tan largos hacen la lectura muy tediosa aunque me guste mucho la historia, ¿que les parece?