Capítulo 3
Carrie
Danny y yo estábamos agotados cuando volvimos a la espesura de los árboles que llamábamos hogar. Después de no comer durante tanto tiempo y la lucha física, estábamos demasiado cansados.
Al aterrizar, caí de rodillas, el utilizar mi velocidad para escapar de la cárcel había terminado con la poca energía que me quedaba. Apoyé mi espalda contra el árbol y cerré mis parpados. Olvidándome de Danny y lo sucedido con los Titanes, perdí el conocimiento al instante.
-Dios,- Sam frunció el ceño. -No puedo creer lo que han hecho.-
-¿Qué?- Danny preguntó, mirándola con desánimo. -No es la primera vez que hemos estado así.-
Tucker rodo los ojos. -Sí, pero mira a tu alrededor.-
Danny y yo miramos los restos de Mainstreet. Casi todas las tiendas tenían las ventanas rotas, la calle tenía baches profundos y los edificios tenían agujeros en sus paredes.
-La lucha contra Skulker fue un poco difícil.- Admití con un bostezo reprimido.
-¿En serio?- Sam exclamó. -¡Yo sé que ustedes están cansados, pero no pueden seguir descuidando algo como esto!-
Me gire hacia ella. -Tú y Tucker ayudaron mucho.- Dije con sarcasmo.
Danny asintió. -¡Los necesitábamos chicos! ¡Dijiste que estarían ahí, entonces, de repente desaparecieron!-
-No necesitan nuestra ayuda.- Dijo Tucker. -Ustedes son los que tienen súper poderes, no nosotros.-
Danny negó con la cabeza, a la vez dando vuelta para mirarme. Actualmente, los dos estábamos sentados sobre la carretera, golpeados y agotados.
-¿Por qué eres tan negativo?- Danny cuestionó. -Sería un poco agradable escuchar un "¿están bien?" O algo así. -
-Estamos bien, en caso de que lo pregunten. Es sólo dolor.-
Tucker y Sam no dijeron nada por un momento, sólo nos miraban sin emoción alguna.
-Lo siento...- Tucker murmuró. Me ofreció su mano y la tomé, levantándome con bastante esfuerzo.
-Vamos Danny, levántate y será mejor que planeemos un nuevo plan de batalla.- Sam sugirió, ayudando a Danny a ponerse de pie.
-¿Podemos ir a la hamburguesa apestosa y conseguir comida primero?- Danny preguntó esperanzado. Mientras trataba de caminar, hizo una mueca. -¿O al hospital?-
Sam y Tucker nos miraron.
–No, vamos a ir a tu casa y hacer un plan de batalla.-
Danny y yo compartimos una mirada de confusión.
-Sam,- Comencé, sosteniendo mi muñeca adolorida cerca de mi pecho. -Elaboraremos un plan de batalla lo más pronto posible. Pero tenemos que descansar ahora.-
Danny asintió. -Quiero una ducha.- Comentó. -Comida. Y luego tomar algún analgésico y dormir. Entonces podemos resolver eso.-
Asentí con la cabeza estando de acuerdo. Sangre, ectoplasma, suciedad, polvo, sudor, y pedazos de cemento estaban adheridos tanto a mi cuerpo como al suyo. Y lo que más quería ahora era tomar una siesta.
-¡Esta bien!- Tucker levantó las manos en el aire, exasperado. -¡Pero cuando los fantasmas dominen el mundo, no digas que no se los dijimos!-
Tardamos un poco más de lo normal, pero, pronto estábamos en Laboratorios Fenton, mientras tanto, Sam y Tucker distraían a los padres de Danny, para poder ir a su habitación.
-Vaya.- Danny murmuró, tirando de su cajón de la cómoda. -Sam y Tucker están de un malhumor, ¿no?-
Yo asentí de acuerdo, sacando una caja de debajo de la cama de Danny. Habíamos pasado por esto suficientes veces por rutina, y aunque vivía a menos de tres cuadras de su casa tenía una caja con ropa y otras cosas bajo su cama para momentos como estos.
-¿Quieres tomar una ducha primero?- Danny ofreció, dejándose caer en su cama.
-Eso es tan generoso de tu parte.- Me senté a su lado. -¿Pero porque me dejarías tomar una ducha primero?-
Danny señaló a su pierna izquierda. -Creo que me lastime la pierna.-
Con cuidado doble su pantalon, hasta que su pierna era visible desde la rodilla hasta su pie.
-Ay.- Comente sobre la herida larga de casi 8 centímetros que había adquirido.
Él asintió con la cabeza, con los párpados caídos. -Eso explica la pérdida de sangre.- Dijo con voz débil.
Asentí y tome un botiquín de mi caja.
-Creo que tendré que coserla.- Dije simplemente. -Entonces puedo envolverla y echarle la culpa a una caída o algo así.- Era en momentos como estos, en los que agradecía que mi madre fuera doctora, pues gracias a ella había aprendido lo más básico del cuidado médico, desde primeros auxilios hasta como coser una herida y tratar de detener una hemorragia.
-¿No quedara una cicatriz?- Danny preguntó, parecía más cansado con cada segundo que pasaba.
Negué con la cabeza. -No, solo tengo que ser cuidadosa y trata de no moverte.-
Danny se limitó a asentir, como yo comencé a limpiar la herida abierta. No se quejó, simplemente dejó escapar silbidos agudos de vez en cuando.
-¿Que pasa contigo?- Preguntó él, justo cuando estaba terminando. -¿No necesitas ayuda?-
-No es nada tan grave. Pero mi muñeca me duele horrible.- Danny tomo mi mano, sujetándola más cerca de él para inspeccionándola.
-Parece que tu inmunidad fantasma ya lo está arreglando.- Comento.
Asentí. -Pero todavía duele.-
Danny sonrió y se recostó sobre las almohadas. -Lo sé. Pero estarás bien.-
-¿Seguro que no quieres una ducha primero?-
-No.- Danny respondió y cerró los ojos. -Quiero dormir. Todo el tiempo que sea necesario.-
Me deslicé en su cuarto de baño y me quite la ropa en ruinas. Los cortes, contusiones, raspaduras y arañazos cubrían la mayor parte de mi cuerpo.
-¿No me veo bonita?- Murmuré sarcásticamente.
Entré en el agua caliente, sintiendo como las gotas de agua se deslizaban en mi piel y a la vez sentía que dolía.
Lo único que todavía tenía que añadir a mi caja era shampoo, así que no me quedo de otra que usar el de Danny. No olía a los frutos rojos como el que usaba normalmente, en cambio olía a perfume masculino, pero servía.
Cuando había acabado de ducharme, la mayoría de mis cicatrices a causa de la batalla se habían ido. Me vestí con mi ropa habitual: unos jeans de mezclilla y una blusa rosa hasta el vientre con un corazón en el pecho. Abroche mis tenis y regresé la habitación de Danny.
El pobre chico se durmió rápidamente, la pierna herida apoyada sobre una almohada, con la cabeza inclinada hacia un lado.
-Danny.- Me incliné sobre él y sacudí su hombro ligeramente. –Hey, despierta.-
Él gimió y se movió un poco, pero no abrió los ojos. -Vamos chico fantasma.- Le dije un poco más fuerte. -Necesitas urgentemente una ducha.-
Danny finalmente abrió los ojos. –Gracias.- Dijo con una sonrisa cansada. -¿Te sientes mejor?-
Asentí bostezando. -Creo, ¿No importa si duermo un rato?-
-Claro que no.- Dijo con una sonrisa. Se levantó y salió cojeando hacia el cuarto de baño.
Sonreí y me acosté en su cama, era cálida y suave, además olía a Danny. No tarde mucho tiempo para que cayera dormida.
Me desperté cuando alguien entro golpeando la puerta abierta.
-¡Despierten!- Sam y Tucker gritaron.
Me senté aturdida y mire alrededor de la habitación. Danny se había acostado en el otro lado de su cama durmiéndose de nuevo, mientras que yo había perdido el sentido del tiempo. Tampoco era la primera vez que habíamos hecho algo como eso, quedarnos dormidos en la misma cama. No era como si alguna vez hicimos algo indebido, sería la última cosa que se me hubiera ocurrido.
-¿Qué sucede?- Danny murmuró adormilado arrastrando las palabras.
-Ya han pasado dos horas.- Explicó Tucker. -Jack y Maddie quieren verte, a ambos.-
Miré a Danny. Se veía tan confundido como yo.
-Tu madre también está aquí Carrie.- Sam añadió. Eso me llamó la atención. ¿Qué hacia mi mama aquí?
Antes de que alguno de los dos pudiéramos hacer cualquier pregunta adecuada, los dos salieron de la habitación a grandes zancadas.
-¿Qué les sucede hoy?- Danny suspiró, pasándose las manos por la cara.
Me encogí de hombros. -No lo sé, pero están actuando extraño.
Como caminamos hacia abajo, discutimos para que nos querían nuestros padres con urgencia. Por el tiempo que pasamos en la cocina, habíamos decidido que probablemente era el Sr. Lancer, para hablar con nuestros padres acerca de nuestras calificaciones reprobatorias. Claro, en especial sobre las calificaciones que tenía Danny.
Jack, Maddie, Lauren, Sam y Tucker estaban todos sentados en la mesa de la cocina cuando entramos. Ningún otro visitante estaba a la vista.
-Perdón por tardar tanto tiempo.- Danny se rio tímidamente. -Carrie me estaba ayudando con mi tarea de matemáticas y tomó más tiempo de lo esperado.
-Mentira.- Dijo Maddie sin perder tiempo.
Danny se quedó helado. -¿Qué?
-No estaban haciendo las tareas, dormían. Juntos. En la misma cama.
Las mejillas de Danny se tiñeron de rojo, como sentí como las mías hacían lo mismo.
-Miren.- Trate de explicar. -Prometo que no es lo que creen que es…
-Sabemos exactamente lo que es.- El padre de Danny me interrumpió.
-Papá, si están todos aquí para darnos una conferencia puedo prometerte…
-No me llames así.
Danny se aclaró la garganta. -¿De qué hablas?
-"Papá".- Dijo Jack. -Yo no soy tu padre.
De repente, cuatro hombres altos entraron. Uno agarró a Danny y otro me tomo a mí, sujetándonos de la cintura, aprisionando nuestros brazos.
-¡Oye!- gritamos. El pánico invadió mi cuerpo cuando me di cuenta de los trajes blancos.
Oh, Dios mío, no. No, no, no, no, por favor no.
-Lo sabemos.- Comenzó mi madre. -Sabemos lo que les pasó niños. O, mejor dicho, monstruos.
-¿De qué están hablando?- Danny preguntó sin aliento.
-Sobre los poderes fantasma, querido.- Maddie, fue la que respondió esta vez. Era aterrador ver como trataba ahora a su hijo.
-Los poderes que mataron a nuestros hijos.- Mi madre exclamo enojada. -Y en cambio unos fantasmas tomaron su lugar.-
Como termino de hablar, estábamos siendo arrastrados hacia la puerta principal.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¡¿Qué estás haciendo?!- Grité, tratando de soltarme del agarre.
-Nosotros no nos dimos cuenta al principio.- Explicó Tucker. -Pero después de lo que pasó hoy, sabemos la verdad. Ustedes no son nuestros amigos, ni siquiera son humanos.-
Sam asintió con la cabeza. -Después de ver lo que le han hecho a la ciudad.- Se giro a mirar a Danny con una mirada de odio. -Y tu comportamiento, no eres Danny.-
Danny dejó de luchar, para encontrarse con la mirada de Sam. -¿Qué? ¡¿Estás loca?! ¡Sam tu sabes que no es verdad, estabas allí cuando inició por primera vez este lío!-
Ella se burló. -Tienes razón, estuve allí. ¡Soy testigo del asesinato de mi mejor amigo!-
-¡Estás loca!- Grité como nos llevaban a una camioneta blanca en la parte delantera del edificio.
-¡Déjame ir!- Danny gritó.
Justo en ese momento, un coche de color rosa se detuvo. Jazz saltó y corrió para ver lo que estaba sucediendo.
-¡Oye!- Espetó ella. -¡Deja ir a mi hermano!- Ella me envió una mirada de reojo. -¡Y a Carrie!-
Los Hombres de blanco simplemente le entregaron un pedazo de papel frente a nosotros, para despues arrojarnos en la parte trasera de la furgoneta.
Tan pronto como cerraron las puestas, nos apresuramos a mirar a través de la ventana trasera, para observar como Jack tenía que sostener a Jazz mientras ella pateaba, gritaba y lloraba, tratando de decirles a los Hombres de Blanco que nos liberaran. Maddie la miró explicándole a Jazz lo que había sucedido, pero era evidente que ella no quiso escuchar.
-¡DANNY!- Ella gritó fuertemente.
Danny y yo tratamos de golpear la puerta trasera de la camioneta, sin conseguir que esta se abriera. Incluso nos transformarnos en fantasmas para tratar de derribar la puerta. Nada funcionó.
Los agentes de los Hombres de Blanco subieron a la camioneta, seguidos de Sam y Tucker.
Dedique toda mi energía a tratar de abrir las puertas, lanzando patadas, empujones y golpes.
-¡Jazz! ¡Ayuda! ¡Mamá! ¡Papá!- Danny gritó desesperadamente.
-¡Mamá! ¡Paren! ¡Por favor, detengan esto!- Grité, golpeando mi hombro contra la puerta.
La camioneta comenzó a alejarse lejos de Laboratorios Fenton. Y con eso bastó para ser totales presas del pánico.
-¡Jazz!- Danny prácticamente sollozó.
-¡Danny!- Oímos su grito. Luego la camioneta giro en una esquina y ya nos habíamos ido.
-¿Quieren callarse ya?- Sam cuestionó, girándose desde su lugar más allá de un muro de vidrio templado.
-¿Cómo…?- Espeté, lista para luchar contra la gótica. -¿Cómo puedes estar haciéndonos esto?-
-Es bastante simple en realidad.- Sam dijo con indiferencia. Se giró para mirar a Danny. -Es venganza. Tu... no puedo creer lo que hiciste.-
Él la miró sin poder hacer nada. -¡¿Qué he hecho?!-
-Y tú,- Sam me señaló con un dedo acusador. -¡Es tu culpa en el primer lugar! Si nunca hubieras venido a Amity Park, esto nunca habría tenido que pasar.-
-¡¿Qué?! Sam, ¿qué te sucede?- Grité, golpeando mi puño contra el cristal.
-Han arruinado todo.- Tucker dijo simplemente. -Estamos devolviéndoles el favor.-
Un vapor verde llenó la furgoneta, lo reconocí como un somnífero, que afectaba solo a los fantasmas, no a los humanos. Era absurdo no respirarlo cuando este estaba dominando tú alrededor.
Desde ese entonces, era imposible no sentir miedo.
Me senté de golpe, sintiendo a la vez que el aliento me faltaba.
Me tomó un momento darme cuenta de que estaba en el suelo, debajo de un árbol, en un parque en California.
Pasé mi mano por la cara, tratando de calmar mi respiración. No había tenido una pesadilla en mucho tiempo. Normalmente alejaba cualquier sentimiento que trajera esos recuerdos de vuelta, pero de alguna forma lograban colarse en mis sueños.
Se había sentido tan real, como si todo hubiera vuelto a suceder. Ese fue el último día que había tenido una verdadera ducha, dormí en una cama de verdad, había visto por última vez a mi madre, a Maddie, Jack, y a Jazz. Incluso, había sido el ultimo día en que habia visto a mi padre.
Calmándome un poco, miré a abajo para encontrarme con un Danny dormido. Él estaba acostado en su espalda, su brazo derecho estaba debajo de su cabeza y el izquierdo sobre su abdomen. Su cabello estaba hecho un desastre y su boca estaba ligeramente abierta. Sonreí, era agradable verlo tan tranquilo.
Cuando aparte mi mirada de él, me di cuenta de por qué empezaba a tener tanto frío. Una delgada nevada recién caída, cubría todo el lugar. Sonreí ligeramente, me recordaba las pequeñas guerras de nieve en Amity Park con Richard.
Me levante temblando y sacudiendo tierra y nieve de mi ropa, mis dientes seguían castañeando cuando se me había ocurrido una gran idea para despertar a Danny. Garre un puñado de nieve en mi mano y asegurándome de estar a una distancia segura, lance una bola de nieve a Danny, golpeándolo en pleno rostro.
Se despertó rápidamente, cambiando a una posición sentada, limpio la nieve con una mano y preparándose para pelear con la otra. Cuando se dio cuenta de que era sólo yo haciéndole una broma, él rodo los ojos.
-¿Estas tratando de darme un ataque al corazón?-
-No...- Sonreí. Lancé otra de bola de nieve en su dirección. -¡Bueno, tal vez un poco!-
Él se agachó para evitarla y sonrió. -Ten cuidado.- Él me advirtió. -Si disparas otra entonces oficialmente declararas…-
Una bola de nieve en el rostro le detuvo. Danny me miró, con una sonrisa divertida en su cara. No habíamos jugado en la nieve desde hace años.
-Oficialmente has declarado la guerra- dijo Danny. -¡Y ahora tienes que pagar!-
En un segundo, una bola de nieve estalló contra mi cuerpo. No había nadie más en el parque, por lo que éramos libres de correr, levantando nubes de polvo blanco a medida que nos resbalábamos o caíamos.
Danny era un buen lanzador, era capaz de dar en el blanco unas cuantas veces. Por otra parte, era fácil de devolverle el favor.
-¡Es injusto!- Grité como Danny apareció por detrás mío, cubriéndome de nieve la parte posterior de mi sudadera.
Una vez que estaba libre de nieve, busque a Danny con la mirada, quien al parecer había desaparecido. Solté un bufido y empecé a buscarlo por el parque.
No había familias ni niños al alrededor, quizás aun era temprano para que comenzaran a salir las familias, pero aun así era extraño encontrar un parque vacío. El silencio era abrumador y con ello, no se lograba escuchar ningún sonido que delatara a Danny. Mire a lo lejos en busca de una señal, pero no había nada que pudiera distinguir. Me giré y comencé a observar el lugar completamente, ahora veía solo arboles a mi alrededor.
Despues de varios minutos de no ver ninguna alguna señal de él empecé a entrar en pánico. Comencé a caminar más rápido por entre los arboles como el miedo invadía mis pensamientos. Tenía que calmarme, pero según yo ya habían pasado demasiado tiempo. Pero, ¿y si ellos están aquí? ¿Y si lo habían capturado? ¿Eso significaba que nos habían encontrado? ¿Y si ya estaba demasiado lejos para rescatarlo?
Una mano se posó en mi hombro provocando que gritara alejándome rápidamente del sujeto.
Y para mi grata sorpresa era Danny.
-Carrie, ¿estás bien?- Me pregunto, frunciendo el ceño.
¿Qué si estaba bien? ¿Hablaba en serio? ¿No veía las emociones de pánico en mi cara?Tome rápidamente un puñado de nieve en mi mano lanzándosela en pleno rostro. No perdí tiempo y empecé a reclamarle.
-¡¿Crees que estoy bien?! Te estuve buscando por casi todo el parque por todo este tiempo. Mientras que tu seguías en tu juego de niños. ¡Pensé que te habían encontrado! ¡Que te habían hecho daño! ¡Pensé que ya te habían llevado lejos de aquí!- Literalmente había explotado, mi cara de seguro estaba roja por el enojo. Danny me miro desconcertado, quitándose los restos de nieve de la cara, creo la había lanzado con bastante fuerza al ver su mejilla algo roja. Pero en este momento creía que lo merecía.
-¿Lo siento?- Murmuro sin dejar de mirarme.
Respire profundamente soltando un suspiro. -Me diste un gran susto. Al no encontrarte, yo pensé… que ellos te habían encontrado primero.- Mire hacia mis pies, la ira parecía desaparecer junto con el pánico, sustituyéndolos por vergüenza. No quería pelear con él, no de nuevo.
Sentí como sus brazos me rodeaban, dándome un abrazo para tranquilizarme. Apoye mi cara en su hombro, mi respiración al igual que los latidos de mi corazón se calmaban. -Estoy aquí, contigo, no te dejaría sola.- Dijo con una voz tranquila. –Además, creo que exageraste un poco. Ya dije que lo sentía, ¿no?- Podía sentir que sonreía, provocando que una sonrisa se escapara de mis labios. Lo abrace con más fuerza, disfrutando del momento.
Nos quedamos allí por un instante, hasta que Danny decidió arruinar el momento. Tiro de mí hacia abajo, provocando que gritara por la sorpresa y cayéramos al suelo. Nos reímos por la repentina caída, hasta que me di cuenta de la posición en la que estábamos, Danny estaba arriba mío, sus brazos se encontraban a cada lado de mi cabeza mientras que mis brazos estaban posados en la nieve, como también sentía que la distancia de nuestros rostros era corta.
-¿Es en serio? ¿Estás tratando de conseguir un resfriado?- Pregunte con sarcasmo en mi voz, evadiendo la incomodidad que había.
-No, y deja de ser sarcástica. Diviértete un poco.- Danny sonrió, como yo no podía dejar de perderme en sus ojos azules.
La distancia que quedaba entre ambos parecía desaparecer poco a poco, sentía su aliento cerca de mis labios…
Y fue ese momento cuando los Titanes decidieron interrumpir.
