Disclaimer: Miraculous Ladybug et Chat Noir son propiedad de Thomas Astruc

Capitulo 17

El llamado de Marinette la noche anterior le pareció extraño, pero prefirió no dar más vueltas e ir a su encuentro. Por consejo de Plagg decidió llevar un ramo de rosas "A las mujeres les gustan esas cursilerías" dijo y como agregado personal, le iba a regalar unas alianzas que demostrará que él era sólo de ella y ella era sólo de él.

Cuando llegó allí estaba ella, parada en el balcón mientras las hebras azabaches danzaban con el helado viento. Sin que ella se percatara de su presencia, dejó el ramo a un lado y guardó la caja en su traje; se acercó a ella, lo suficiente para que sus labios, rocen su oreja

-Mi ángel- dijo a modo de saludo.

-Chat...- murmuró, cuando este la envolvió en sus brazos.

La miró, ella estaba distante. -Marinette... ¿Estás bien?

-Chat Noir, yo...- Ella agachó la cabeza y unas cuantas lágrimas empezaron a correr por su mejilla. Él levantó delicadamente su cabeza y la obligó a mirarlo, con cuidado secó cada lágrima, dejando ambas manos en sus mejillas.

Se disponía a hablar, cuando ella lo interrumpió. -¿Puedo hacerte una petición?- dijo, al momento de colocar sus manos sobre las de él.

-La que quieras mi ángel. -respondió con una sonrisa seductora.

-Bésame.- dijo y una sonrisa seductora se formó en los labios del gato.

Sin decir más palabras, los labios de él se acercaron a los suyos y la besó, con todo el deseo y la desesperación que sentía. Un jadeo de sorpresa salió de Marinette al momento que lo apartaba.

-T-tú...- Ella agachó la cabeza y unas cuántas lágrimas comenzaron a correr por su mejilla.

Él dirigió una mano a su rostro y se sorprendió al sentir la piel húmeda de la azabache. Rápido, sacó la mano y se miró ¡Mi anillo! No está》, levantó la vista, sólo para encontrar su anillo en la palma de la mano que la azabache le extendía.

Se colocó de nuevo el anillo y dijo -Marine-

-¿Esto solo fue un juego para ti?- su voz estaba a punto de quebrarse.

-¿Qué?¿Un juego? - no entendía porque ella decía eso.

-Creí que eras distinto...-

-Ángel, escuch-

-¡No me digas nunca más así!- gritó -Adrien... vete por favor. -dijo, antes de volver a llorar.

-Marinette... y-yo...no-.

Las palabras vete se repetían una y otra vez mientras todo se volvía oscuro y ella se alejaba de él.

-¡Marinette!- gritó. Los ojos de Adrien se abrieron de golpe para encontrar la oscuridad de su dormitorio.

-Ahh... ya cállate, intento dormir.- dijo un somnoliento Plagg.

Otra pesadilla, pensó. Desde aquella noche, las pesadillas no acabaron, una y otra vez soñaba con ese instante, con ese preciso momento cuando su ángel decidió volar lejos de él.

Los días pasaron trayendo consigo la fría estación, la nieve caía dejando la ciudad de París más encantadora que de costumbre; y aunque hacía frío, eso no impidió que dos jóvenes salieran a esquiar y disfrutar de la compañía del otro.

-¡Mari, ten cuidado! Hay mucha nieve suelta en esa zona- advirtió el muchacho mientras corría tras de ella.

-Tengo cuidado. ¿Ves?- dijo al momento de que un pie se hundiera en la nieve, provocando su caída.

-¡Oh! Marinette, ¿te encuentra bien?- extendió su mano hacia ella.

La muchacha lo observó desde su posición, él se veía tan calmo, tan apacible con una sonrisa tierna en su rostro, extendiendo su mano para socorrerla. Agarró su mano y una idea cruzó por su cabeza, con toda la fuerza que tenía tiró de la mano del muchacho, logrando su caída.

Pero, no salió como ella esperaba y él terminó sobre la azabache. El silencio los inundó, se miraron fijamente, viéndose reflejados en los ojos del otro. El calor comenzaba a subirse al rostro del muchacho que rápidamente se separó de ella y la ayudó a incorporarse. Ninguno de los dos dijo nada, hasta que una bola de nieve se impactó en la cabeza de él.

-¡Nath, atrápame si puedes!- gritó la azabache mientras corría y le lanzaba otra bola de nieve.

Aunque no le gustaba este tipo de juegos, fue corriendo tras ella y le lanzó una bola de nieve, sola para poder verla reír; era simplemente hermosa.