Capítulo IV
De cómo las vidas están conectadas.
La siguiente vez que se vieron fue después de que el niño se infiltrara en Camelot. Emrys podía escucharlo, porque los seres de magia se escuchan entre sí, hay una conexión especial entre todos nosotros y tiene que ver con los hilos.
Papá dice que la magia del niño siempre brilló en fuego azul, que era fría pero filosa. Y que Emrys se sentía atraído a ella de una u otra forma, como cuando los héroes se sienten conectados con sus respectivos villanos. Estas conexiones no siempre son buenas, a veces los seres de magia se corrompen y su veneno se abre paso hacia otros seres de magia.
Esto fue lo que pasó con el niño.
Un hechicero cuyo corazón se volvió el de un bandido, presa del miedo y la venganza, envenenó el corazón de Mordred haciéndole creer que su camino era el camino de la verdad. Fue así cómo lograron llegar a Morgana, envenando su corazón también.
En aquella ocasión, Emrys comprendió el mal que había hecho sin querer y su corazón aterrorizado sufrió por el chico al que le había arrebatado todo. Se enfrentó cara a cara con los caminos que Kilgharrah había abierto para él y se sintió sucio, enfermo. Eligiendo el camino del miedo, Emrys casi causó la muerte del niño.
"Nunca perdonaré esto, Emrys, y nunca olvidaré".
Las palabras resonaron en su cabeza a través de los años, tan claras como el agua de los ríos y el clamor de los vientos. Y esa fue la última vez que vio al niño druida.
